martes, 15 de junio de 2021

Si quiere seguir como gran potencia, EE.UU. debe cambiar

 

Nuevos escenarios exigen nuevos guiones

La cumbre de Ginebra entre Biden y Putin ofrece una chance, para retornar a un equilibrio estratégico, pero, para lograrlo, EE.UU. debe abandonar las fórmulas de los siglos XIX y XX

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
15 de junio de 2021

Al concluir la cumbre del Grupo de los Siete (G-7) en el Reino Unido, el presidente Joe Biden declaró el domingo triunfalista que «Estados Unidos ha vuelto a la mesa». El anciano mandatario partió el domingo de Cornualles hacia Bruselas, donde este lunes habló ante la conferencia anual de la OTAN y de allí siguió viaje hacia Ginebra, Suiza, donde este miércoles se encuentra con su colega ruso Vladímir Putin.

Los estrategas norteamericanos esperan con esta gira recuperar un vínculo fluido con la diplomacia europea, afirmar su liderazgo y, de ser posible, atraer a Rusia a una “coexistencia pacífica” sin China. Por las dudas, ya afianzaron una nueva “alianza del Atlántico” con el Reino Unido, remedando la firmada en 1941 entre Roosevelt y Churchill. Los estadounidenses proponen al Kremlin invertir los términos de la segunda fase de la Guerra Fría: si entonces se aliaron con China (viaje de Nixon a Beijing en 1972), para aislar a la Unión Soviética, ahora quieren establecer con Rusia una cooperación que margine a la República Popular. Repiten las tácticas británicas de los siglos XIX y XX, sin darse cuenta de que el escenario cambió. De una errónea apreciación de la realidad no puede surgir una estrategia correcta.

Los líderes de la OTAN posan para una foto de grupo en la sede de la alianza en Bruselas el 14 de junio

Al terminar este lunes 14 la cumbre de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) en su sede central de Bruselas, los jefes de Estado y de gobierno presentes acordaron la agenda «OTAN 2030», una iniciativa global para garantizar que la alianza esté preparada para afrontar los retos del futuro. Según la agenda, la OTAN intensificará la consulta política y la resistencia de la sociedad, reforzará la defensa y la disuasión, afinará la ventaja tecnológica y desarrollará su próximo concepto estratégico a tiempo para la cumbre de 2022.

Los líderes también tomaron decisiones sobre los ámbitos operativos más recientes: el ciberespacio y el espacio. El bloque acordó en este sentido una nueva política de ciberdefensa que, se supone, debe garantizar que el bloque cuente con sólidas capacidades técnicas, consultas políticas y planificación militar para «mantener nuestros sistemas seguros». En cuanto a Rusia, los líderes de la OTAN dijeron que estaban abiertos a un diálogo político, pero que seguían siendo «claros» en cuanto a los desafíos que supuestamente plantea.

En su declaración sobre la situación internacional manifestaron que China representa “un riesgo para la seguridad”. En el comunicado final se afirma que las «ambiciones declaradas y el comportamiento asertivo de China presentan desafíos sistémicos al orden internacional basado en normas». La OTAN también advierte que está “preocupada” por las «políticas coercitivas» de China, la expansión de su arsenal nuclear y su «frecuente falta de transparencia y uso de la desinformación».

Nunca antes se había mencionado de este modo y con esta centralidad a China. Sin embargo, en el resumen publicado por la agencia oficial de noticias Xinhua no se mencionan los párrafos más agresivos del comunicado y se relativiza su importancia diciendo que “cuando se trata de China, las opiniones e intereses de los aliados europeos son diferentes a los de Washington. Después de la cumbre, la canciller alemana Angela Merkel dijo que la decisión de la OTAN de nombrar a China como un desafío ‘no debería ser exagerada’ porque China, al igual que Rusia, también es un socio en algunas áreas.”

Por su parte, el presidente ruso Vladímir Putin reiteró el domingo durante una entrevista con la cadena estadounidense NBC la necesidad de «previsibilidad y estabilidad» en las relaciones entre Rusia y EE.UU. La entrevista fue emitida este lunes por el canal norteamericano. Durante la tensa conversación en la que el presidente reprendió al periodista por interrumpirlo varias veces, Putin comentó las acusaciones de Washington de que unos piratas informáticos rusos perpetraron ciberataques en EE.UU. y las tachó de «farsa». En ese contexto, Putin instó a que Washington y Moscú sumen esfuerzos en la lucha contra la delincuencia cibernética. El mandatario declaró, asimismo, que está abierto a un intercambio de prisioneros entre los dos países.

La cumbre entre ambos presidentes se realiza a pedido de los norteamericanos, después de que, con un impresionante despliegue de tropas en las fronteras de Ucrania, Rusia puso un límite claro a la provocación británica y ucraniana, cuyo presidente, Volodymyr Zelensky, pretendía recuperar Crimea y el este del país. En ese momento se dio el punto de inflexión: Biden llamó a Putin y le propuso «una reunión en la cumbre en un tercer país en los próximos meses para discutir toda la gama de cuestiones que enfrentan los Estados Unidos y Rusia».

Según la Casa Blanca, el encuentro debería servir para iniciar una discusión sobre «una serie de cuestiones regionales y globales, incluyendo un diálogo de estabilidad estratégica sobre el control de armas”.

La cumbre tendrá lugar en momentos en los que las relaciones entre Moscú y Washington «se han deteriorado hasta su punto más bajo de los últimos años», según declaró Putin. A su vez, el canciller ruso Serguéi Lavrov, previamente había dicho que no se hacía ilusiones de que en Ginebra se vayan a producir grandes avances. No obstante, ambas partes esperan que el encuentro tenga un resultado positivo y se prevé que se discuta una amplia variedad de temas.

Durante su discurso en el marco del Ciclo de Conferencias Primakov, un foro internacional en honor del expresidente del Gobierno ruso y destacado diplomático Yevgueni Primakov, el ministro de Exteriores de Rusia informó el pasado miércoles 9 que Moscú y Washington están llevando a cabo «contactos bastante intensos» sobre estabilidad estratégica.

Vladímir Putin durante la entrevista con la NBC noteamericana el pasado domingo 13

«Hablando francamente, señaló, estamos a favor de un enfoque integral, para tener en cuenta en el diálogo con EE.UU. todos los factores que afectan la estabilidad estratégica.» Y precisó que esto incluye armas nucleares y no nucleares, ofensivas y defensivas.

Al mismo tiempo, durante la cumbre Moscú tiene previsto recordarle a EE.UU. la propuesta rusa para una moratoria en el despliegue de cohetes de medio y corto alcance en Europa, así como las medidas de verificación sugeridas. «Los invitamos a visitar la región de Kaliningrado y ver con sus propios ojos los misiles Iskander y, a cambio, queremos que nuestros especialistas visiten las bases de defensa antimisiles [de EE.UU.] en Rumania y Polonia», explicó Lavrov.

Lavrov recordó también que Vladímir Putin propuso en septiembre del año pasado a EE.UU. «medidas prácticas» para restaurar la cooperación entre ambos países en el campo de la seguridad en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación. En el mismo sentido, este martes 15 el viceministro de Exteriores Serguéi Riabkov sugirió que uno de los resultados de la cumbre podría ser el regreso de los embajadores ruso y estadounidense respectivamente a Washington y Moscú de donde fueron retirados en marzo pasado.

Por su parte, Joe Biden anunció que tiene la intención de reclamar, en particular, por las violaciones de derechos humanos. Asimismo, prevé abordar la supuesta injerencia rusa en las elecciones estadounidenses, así como los presuntos ataques cibernéticos a la infraestructura norteamericana. No obstante, el presidente de EE.UU. afirmó el domingo que está «abierto» a la propuesta de Putin de entregar ciberdelincuentes a EE.UU. si Washington hace lo mismo con quienes a atacan a Rusia desde las redes.

El mandatario norteamericano también espera trabajar junto con Rusia «en términos de alguna doctrina estratégica» y sobre cuestiones relacionadas con el clima, declaró. Se prevé, además, que se discuta sobre cooperación económica.

Previamente, desde el Kremlin comunicaron que los mandatarios planean discutir el estado y las perspectivas de desarrollo de las relaciones entre Rusia, incluidas la lucha contra la pandemia de coronavirus y la solución de conflictos regionales.

La semana pasada el presidente Putin había señalado que entre los principales objetivos de Rusia para la cumbre destacan el restablecimiento de contactos personales y de un diálogo directo, así como la creación de mecanismos de interacción que realmente funcionen.

Villa La Grange, Ginebra (Suiza), sede del encuentro entre Joe Biden y Vladímir Putin el próximo 16 de junio

Quien más está influyendo para que Biden adopte una posición sensata es el jefe de la CIA, William Burns, quien tiene una extensa experiencia en el trato con Rusia. Cuando en 2008 en el gobierno de George W. Bush se planeaba convertir a Ucrania y Georgia en miembros de la OTAN, él era embajador en Moscú. El 1 de febrero de 2008, en un cable a Washington después de una reunión con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, el diplomático resumió correctamente la posición rusa al respecto titulando «NYET MEANS NYET: RUSSIA’S NATO ENLARGEMENT REDLINES» (Nyet quiere decir nyet: la línea roja de los rusos contra la ampliación de la OTAN). La fina y experimentada mano del ahora director de la CIA se nota ahora en la «Evaluación Anual de la Amenaza de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos 2021», publicada a principios de abril, un informe notablemente equilibrado y sincero sobre cómo ve Moscú las amenazas a su seguridad.

Rusia no quiere un conflicto directo con las fuerzas estadounidenses, pero denuncia que EE.UU. viene desde hace años tratando socavar a Rusia, debilitar al presidente Vladimir Putin e instalar regímenes pro-occidentales en los estados de la antigua URSS. Por ello, el Kremlin busca un acuerdo con Washington sobre la no injerencia mutua en los asuntos internos de ambos países y el reconocimiento de las respectivas esferas de influencia.

Desgraciadamente, al realismo de Burns se contrapone el simplismo ideológico del secretario de Estado Blinken. En Washington hay demasiados burócratas ideologizados y mercaderes de la muerte interesados en que la cumbre fracase. Hasta que ambos presidentes y sus asesores se reúnan y encuentren un tono sensato y realista, no hay seguridad de que el encuentro sirva para reducir las tensiones.

Al encontrarse en Ginebra, Joe Biden y Vladímir Putin tienen la posibilidad de recomenzar un diálogo estratégico entre ambas potencias que nunca debió abandonarse, pero, para que les sea posible emprender este camino, es necesario que EE.UU. cese de tratar de separar a Rusia de China. El viejo juego británico de los siglos XIX y XX sirvió a los occidentales para dominar Eurasia, colonizar a China y amenazar la unidad de Rusia, pero ahora la situación cambió completamente: la alianza entre Moscú y Beijing es indestructible, se profundiza y amplía cada día. Como entre los siglos XIII y XV, cuando el Imperio Mongol unificó la mayor masa continental del planeta, Eurasia habla con una sola voz y las potencias marítimas han quedado afuera. Ésta es la nueva realidad que enmarca el encuentro del miércoles. Si los norteamericanos dejan de oír a los británicos y aceptan la realidad, existen muchas chances de que puedan establecer con Rusia reglas de convivencia que los beneficien mutuamente. Si, por el contrario, insisten en aplicar esquemas ideológicos de la Guerra Fría o del período de la expansión colonial, se encontrarán con ventanillas cerradas en un contexto en el que ya no son la única potencia dominante. Nuevos desafíos requieren nuevas soluciones, pero para hallarlas, es preciso atenerse a la realidad y olvidar las ideologías.

viernes, 11 de junio de 2021

El problema está en el dinero de Gates, no en Wuhan

 

La elite de EE.UU. usa al mundo para su lucha interna

Sin adversarios internos, la oligarquía norteamericana utiliza la campaña contra China para dirimir en una acerba competencia el rumbo de su estrategia internacional

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
10 de junio de 2021

La orden del presidente Joe Biden a los servicios de inteligencia, para que investiguen, si en el Instituto de Virología de Wuhan hubo en noviembre de 2019 una filtración que pudo haber desatado la pandemia de Covid-19 y la actual campaña de prensa contra la República Popular han reactivado repentinamente las denuncias del gobierno de Donald Trump, cuando hablaba del “virus chino”. Más allá de que, genéricamente, se las pueda encuadrar dentro de la competencia estratégica entre ambas potencias, no parece haber ningún motivo, para el relanzamiento de la campaña antichina. Probablemente, entonces, haya que buscar el detonante en la política interior. Más aún, la chispa parece haberse encendido en una lucha por la riqueza y el poder entre el 1% de milmillonarios que concentra tanta renta como el 50% más bajo de la población. La elite globalista norteamericana está utilizando el espantajo chino, para dirimir el futuro rumbo del Imperio mundial en una feroz lucha interna con consecuencias mundiales. Sin embargo, los más ricos entre los ricos ya no están solos y sus discordias abren la puerta a los enemigos internos y externos.

El 8 de junio pasado el Wall Street Journal (WSJ) publicó un artículo de Michael R. Gordon y Warren P. Strobel reseñando un informe que el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore dio a conocer en mayo de 2020 considerando plausible que el virus que dio origen al Covid-19 haya salido de un laboratorio de Wuhan, en China. En su momento el estudio, preparado por la «División Z» (inteligencia) del laboratorio, fue aprovechado por el Departamento de Estado para sus denuncias contra China en los últimos meses del gobierno Trump.

En realidad, más interesante que el contenido del artículo son sus autores y las circunstancias de su publicación. Michael R. Gordon es corresponsal de seguridad nacional de The Wall Street Journal (WSJ) desde octubre de 2017. Anteriormente, fue corresponsal militar y diplomático de The New York Times durante 32 años. Desde ese medio fue el primero en informar junto con Judith Miller sobre el supuesto programa de armas nucleares de Saddam Hussein en septiembre de 2002. Luego, durante la primera fase de la guerra allí fue el único reportero del periódico incluido en el mando terrestre aliado. Por su parte, su coautor, Warren P. Strobel, cubre los temas de inteligencia y seguridad en la oficina del WSJ en Washington. Ha viajado con siete secretarios de Estado estadounidenses y dos presidentes. O sea que ambos pertenecen al riñón de la inteligencia militar.

La primera pregunta que suscita este “informe” es por qué el presidente Joe Biden ordenó en mayo pasado hacer esta investigación, la segunda se dirige al motivo para dar ahora publicidad a un informe de mayo de 2020 y la tercera indaga sobre el interés de los servicios de inteligencia en el tema.

Agregando más leña al fuego, el pasado 4 de junio el Dr Anthony Fauci, jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, dijo al Financial Times (FT) que los registros relacionados con los investigadores del Instituto de Virología de Wuhan (WIV) y los mineros que enfermaron después de entrar en una cueva de murciélagos en 2012 podrían proporcionar pruebas vitales en el esfuerzo en curso para entender el brote de coronavirus.

 Anthony Fauci, presidente del Instituto Nacional de Alergias

Por su parte, BuzzFeed publicó autorizadamente el lunes 7 un conjunto de correos electrónicos de Fauci, que fue el principal especialista en enfermedades infecciosas del gobierno durante la pandemia del sida en los años 80, durante los ataques con ántrax en 2002 y lo es desde que comenzó la pandemia de COVID. Entre otras cosas, los mensajes revelan que en febrero y marzo del año pasado Fauci y sus asociados y colegas discutían en privado la posibilidad de que el virus se hubiera escapado del Instituto de Virología de Wuhan (WIV, por su nombre en inglés), posiblemente como parte de un programa conjunto financiado por Estados Unidos con los científicos de ese laboratorio. Era por la misma época en la que el jefe de asesores y otros descartaban en público cualquier posibilidad de que el coronavirus se hubiera originado en algún accidente de laboratorio.

Un equipo científico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) visitó el WIV en una misión de investigación en febrero pasado e informó asimismo que era «extremadamente improbable» que el virus se hubiera escapado del laboratorio. Según el equipo de la OMS, la transmisión de animal a humano a través de un intermediario es la hipótesis «más probable» sobre el origen del coronavirus.

China ha invitado en dos ocasiones a expertos de la OMS para realizar estudios de rastreo del origen, durante los cuales expertos internacionales y chinos realizaron conjuntamente visitas sobre el terreno, analizaron un gran número de datos, emitieron informes de misión conjuntos y llegaron a conclusiones autorizadas. Según el gobierno chino, el estudio conjunto de la OMS y China “demostró” que la introducción del Covid-19 a través de un incidente de laboratorio era «extremadamente improbable».

Bill y Melinda Gates

Los medios chinos acusan a los norteamericanos de querer interrumpir la “cooperación internacional”, pero en realidad no se trata de cualquiera, sino de la que llevó durante años la Fundación Bill & Melinda Gates con el Instituto de Virología de Wuhan. La fundación, que se encuentra entre las mayores entidades privadas del mundo en su tipo, tiene más de 51.000 millones de dólares en activos. A pesar del recientemente anunciado divorcio de dos de sus presidentes (el tercero es Warren Bufett), la pareja dijo en un comunicado que seguirán trabajando juntos en la entidad benéfica, que dona unos 5.000 millones de dólares anuales a causas de todo el mundo.

Ya en 2010 los Gates decidieron donar la mayor parte de su fortuna -estimada por Forbes en unos 133.000 millones de dólares- a la fundación, a la que entre tanto han transferido más de 36.000 millones. Aunque los abogados especializados en divorcios dicen que la suma comprometida ya no se consideraría propiedad conyugal, no está claro qué puede suceder después del divorcio.

Entre tanto, está aumentando la presión sobre el gobierno norteamericano, para que aclare su compromiso en las investigaciones realizadas en Wuhan: de 2014 a 2019 los Institutos Nacionales de Salud dieron a una organización sin fines de lucro llamada EcoHealth Alliance 3,4 millones de dólares para estudiar los coronavirus de los murciélagos. Esa subvención debía seguir vigente hasta 2024, pero se canceló abruptamente en abril de 2020. Por su parte, el Dr. Fauci ha reconocido que el gobierno de EE.UU. financió indirectamente dichos estudios, pero negó que fuera para la llamada investigación de «ganancia de función», Se trata de un campo de investigación centrado en el crecimiento de generaciones de microorganismos para provocar mutaciones en un virus. Estos experimentos se denominan «ganancia de función», porque implican la manipulación de los patógenos de manera que obtengan una ventaja en o a través de una función como, por ejemplo, una mayor transmisibilidad.

La EcoHealth Alliance es un grupo de investigación no gubernamental concentrado en investigar sobre enfermedades emergentes causadas por interacciones entre humanos y animales. El grupo está regularmente financiado por la Fundación Gates y es dirigido por el Dr. Peter Daszak, una conocida figura de la salud pública que ha trabajado en enfermedades emergentes y es también uno de los fundadores de lo que se conoce como medicina de la conservación, que trata de la conservación del medio ambiente como una de las intervenciones que pueden reducir los problemas de salud pública. Se dice que Daszak fue el organizador de la carta publicada a principios de 2020 en The Lancet, también firmada por otros científicos de renombre, en la que se descartó cualquier posibilidad de que el SARS-CoV-2 se hubiera filtrado desde un laboratorio chino.

Sin embargo, desde entonces el papel de EcoHealth Alliance (EHA) ha estado bajo el escrutinio mundial como «tercera parte» utilizada por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Anthony Fauci, para financiar la arriesgada investigación sobre el virus en el instituto de Wuhan, aprobada en 2014 por el gobierno de Obama y renovada en 2019 durante la presidencia de Donald Trump.

Preventivamente, desde el comienzo de esta pandemia EcoHealth Alliance redirigió su apoyo hacia India, para crear allí una plataforma integrada de intervenciones de salud pública capaz de hacer frente a las enfermedades zoonóticas transmitidas por los animales a los seres humanos. Para tal fin recibió una subvención de 1,5 millones de dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates, que ahora evalúa retirar la subvención.

El reavivamiento de la discusión sobre la eventualidad de que el virus Sars-Covid19 haya escapado de un laboratorio en el Instituto de Virología de Wuhan no parece apuntar principalmente contra el gobierno chino, sino ser parte de una feroz lucha por el poder dentro de los Estados Unidos mismos. No se ha conocido públicamente ningún dato nuevo que justifique relanzar la discusión. Por el contrario, el informe final de la misión investigadora de la OMS después de su estadía en China pareció cerrar las discusiones al respecto. En su momento ese informe fue sostenido por las autoridades de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. y por la mayor parte de la comunidad científica internacional. Por lo tanto, corresponde preguntarse por qué en mayo pasado el presidente Biden ordenó que la comunidad de inteligencia investigara sobre esta hipótesis y por qué el Dr. Fauci se desdice ahora de su posición de hace cuatro meses y acusa a China de haber provocado el accidente que habría dado origen a la pandemia.

Ahora bien, la maniobra parece sólo secundariamente dirigirse contra China. Los datos publicados en los últimos meses muestran que el Instituto de Wuhan era sólo uno de los muchos laboratorios en los que la EcoHealth Alliance cooperaba en la investigación de “ganancias de función” por cuenta de la Fundación Bill & Melinda Gates. Este compromiso explica el redireccionamiento de los subsidios hacia India y el apoyo de Fauci a la Alliance.

Desde su fundación en 2000 la Fundación Gates se ha especializado en financiar proyectos de investigación que aplican la técnica de la “ganancia de función”. La misma promete alcanzar resultados de vanguardia, pero encierra enormes riesgos. Por esto, en el marco del divorcio entre Bill Gates y su esposa Melinda se ha sabido que desde hace años ella se había alejado de esta línea de investigación para en su lugar apoyar proyectos de género.

133 mil millones de dólares es mucha plata. Si, tal como acordó el matrimonio, el 95 por ciento de su patrimonio se dona a la fundación, ésta dispondría de una artillería poderosa para orientar el mercado mundial de vacunas, pero también para amenazar a Rusia y China desde la cadena de laboratorios biotecnológicos que se extiende desde Asia Oriental hasta Europa Central.

Los principales competidores de Gates en el mercado farmacéutico tienen interés en intervenir en el proceso de divorcio del matrimonio, para impedir que el patrimonio familiar se invierta en el desarrollo de un gigante farmacéutico y biotecnológico. Por el contrario, la República Popular China no quiere quedar involucrada en una discusión interna de EE.UU., ni ser víctima de multmillonarias demandas civiles y rechaza toda sospecha sobre el instituto de Wuhan.

Resulta absurdo tener que meterse con un divorcio, para escribir sobre política mundial, pero dada la extrema concentración de la riqueza y el poder en EE.UU., los avatares familiares de la oligarquía pueden decidir sobre la vida de decenas de millones de seres humanos. En este debate se juega sobre todo la disposición sobre una inmensa fortuna y su instrumentación para fijar el rumbo del proyecto globalista. La pequeñísima clase dominante de EE.UU. se pelea por el poder y el dinero, como si no tuviera competidores internos y externos, pero ya no está sola ni en su país ni en el mundo. Mientras ellos se pelean, el resto de la humanidad construye futuro y pronto les pasará la cuenta

miércoles, 2 de junio de 2021

Damasco fortalece el eje de la Resistencia

 

El éxito de la elección siria completa el de Palestina

El silencio de los medios occidentales es el mayor elogio de la masiva concurrencia a las urnas y de la solidez que ha adquirido el Eje de la Resistencia contra EE.UU. e Israel

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
2 de junio de 2021

No se puede tapar el sol con las manos. El unánime silenciamiento en los medios occidentales de la elección presidencial en Siria del 27 de mayo pretende ocultar el éxito de movilización, unidad y convalidación del liderazgo de Bashar Al Ássad que la misma evidenció y silenciar el consecuente fortalecimiento del Eje de la Resistencia ante un Israel derrotado y unos EE.UU. desorientados. La noticia es la no-noticia: al evitar informar y comentar la manifestación del jueves 27, EE.UU. y sus aliados han demostrado que no han aprendido la lección de la derrota de Gaza y que carecen de rumbo.

En realidad, el resultado de la elección presidencial en Siria no importa; lo significativo es que el proceso electoral se haya realizado y que el 76,64% de los votantes habilitados haya concurrido a las urnas. Resultado tanto más importante cuanto que cerca de un 25% de la población vive en los territorios del norte y noreste, ocupados por las milicias islamistas, el ejército turco y las milicias kurdas protegidas por EE.UU. O sea que en los territorios liberados asistió a votar más del 95% de los electores. 

Mucho antes del sufragio era evidente que Bashar al-Ássad ganaría abrumadoramente, ya que no había competidores con posibilidades, pero no se sabía que eco tendría en la población la convocatoria a votar. Es por ello que la verdadera noticia es la participación electoral, que demuestra la voluntad masiva de permanecer unidos y convivir en un Estado nacional laico, pluriconfesional y pluriétnico.

El convalidado liderazgo de al-Ássad se fundamenta en tres razones: primero, porque nadie cambia de líder en medio de una guerra y una crisis tan brutal. Segundo, porque, quedándose en el país durante toda la guerra, el presidente se ha convertido en el símbolo de la resiliencia siria. Y tercero, porque ni dentro ni fuera del país existen liderazgos alternativos.

Antes de que se anunciaran los resultados de las elecciones, el mismo jueves 27 por la noche decenas de miles de personas se reunieron en varias ciudades para celebrarlo, ondeando banderas nacionales y portando fotos del presidente.

Más del 80% de la población vive en la pobreza y la libra siria se ha desplomado frente al dólar, provocando una inflación galopante. Por esto fue que el lema de la campaña de Ássad («La esperanza a través del trabajo») convocó al pueblo a movilizarse para reconstruir el país. No existen datos fiables sobre el PBI de Siria. Como resultado de la destrucción de la economía, el desempleo (estimado en un 50 por ciento) y la emigración masiva, es probable que en términos reales el PBI de 2020 haya alcanzado sólo el 40% del PBI de 2010 -estimado en unos 60 mil millones de dólares-, el año anterior al comienzo de la guerra. El Banco Mundial calcula que entre 2011 y 2018 Siria perdió de sumar 300.000 millones de dólares a su PBI. La Unidad de Inteligencia de The Economist, por su parte, predice que el PBI sirio también se reducirá en 2021 en términos reales como resultado de la caída del consumo privado real.

Los daños sufridos por la industria y la agricultura durante la guerra civil agravaron la dependencia del país de las importaciones. Sin embargo, la escasez de divisas y la debilidad de la moneda restaron al Estado capacidad para financiar las compras en el exterior, incluidas las de alimentos. Al estallar la crisis del COVID-19, además, las remesas de los trabajadores emigrados también disminuyeron por las crisis económicas resultantes en los países que los emplean. Según un informe del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, que proporciona ayuda alimentaria en Siria, 12,4 millones de habitantes padecen actualmente inseguridad alimentaria, de los cuales 4,5 millones se añadieron a la lista en el último año (durante la pandemia).

El presupuesto sirio para 2021 asciende a 8,5 billones de libras sirias (SYP, 6.770 millones de dólares), mientras que los ingresos del Estado alcanzarán aproximadamente 6 billones de SYP, por lo que el déficit presupuestario previsto es de 2,5 billones de SYP (casi el 30% del gasto previsto). Los ingresos previstos son un 83% inferiores en términos reales a los del presupuesto de 2010. Según un informe del Centro Sirio de Investigación Política, los ingresos no fiscales representaron en 2019 sólo un tercio de los ingresos públicos anuales en comparación con dos tercios en 2010, en gran parte como resultado de la caída de las ventas estatales de petróleo (los principales yacimientos están ocupados por los norteamericanos, que exportan el fósil a través de Turquía). En la última década las pérdidas del país en el sector de los hidrocarburos se estiman en 91.500 millones de dólares.

En 2018 la ONU evaluó que la reconstrucción completa de Siria costaría 250.000 millones de dólares. Irán y Rusia tienen pocas posibilidades de auxiliar financieramente a su aliado, aunque contribuyen enérgicamente a su defensa y a la reconstrucción de sus instituciones. Mientras que Rusia se concentra en sostener la masiva expansión del Estado sirio y su intervención regulatoria en la economía, la República Islámica pone el acento en el desarrollo de las organizaciones religiosas, sociales y asistenciales. Por su parte, China acaba de ratificar esta misma semana su entusiasta apoyo a la reconstrucción del país árabe. Siria tiene sobre el Mediterráneo el puerto de Tartus y, si Irak se estabiliza un poco, puede servir como salida alternativa al mar occidental para la Ruta de la Seda, en paralelo a la ampliación del puerto israelí de Haifa.

El camino de la reconstrucción será largo y difícil, mucho más si los territorios del este y norte siguen ocupados y Occidente mantiene sanciones económicas y comerciales que alcanzan también a las empresas que hagan negocios con el país árabe. Tanto más importante es la demostración de fuerza que el gobierno de al-Ássad ha realizado al conseguir una tan grande concurrencia a las urnas y los multitudinarios festejos. Sólo puede estabilizar el país y atraer inversiones quien demuestre que lo controla y asegura la paz.

Si en 2012 Hillary Clinton decía que los días de Bashar al-Ássad estaban contados, el 26 de mayo de 2021, tras depositar su papeleta en Duma, el presidente sirio respondió a los dirigentes de Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos que su opinión al respecto de Siria no vale nada.

Bashar Al-Ássad y su esposa Asma

Al-Ássad ha dejado muy claro que no se va a ir y que ha sobrevivido, resistido y superado la guerra, la insurrección yihadista financiada por terceros países y unas sanciones salvajes.

El Estado sirio cuenta con una base de apoyo suficiente como para mantener el orden y el monopolio de la fuerza. Esta solidez interna repercute en sus relaciones internacionales. Egipto ya propone la vuelta de Siria a la Liga Árabe y Damasco cada día mejora más sus relaciones con países que en la década pasada le fueron hostiles, como Jordania, Emiratos Árabes Unidos o, de manera más tímida, Arabia Saudita, que la semana pasada ha reanudado los vuelos entre ambas capitales. Reincorporar a Siria al mundo mediooriental supone aceptar a Bashar Al-Ássad y su gobierno como interlocutores legítimos.

Lo cierto es que las elecciones presidenciales en Siria no han sido más que un espectáculo, pero un gran espectáculo. El Estado nacional laico ha reafirmado su consolidación, su victoria en la guerra y se ha legitimado de cara a la reconciliación con sus vecinos árabes. Estas elecciones presidenciales probablemente no hayan sido plenamente democráticas, pero han sido el proceso que necesitaban Ássad, el gobierno sirio y la gran mayoría de la población para avanzar e ir poco a poco dejando atrás todo lo que ha supuesto la crisis iniciada en 2011. Junto al triunfo palestino en Gaza y frente a la profunda crisis del régimen político israelí, en vísperas de la elección presidencial iraní, de la que previsiblemente salga vencedor un candidato de la línea dura que acabe con los buenos gestos de Rohaní hacia Occidente, la elección presidencial siria completa un frente que por primera vez en un siglo tiene chances de triunfar contra los imperialismos occidentales y sus colonias en Medio Oriente.

martes, 25 de mayo de 2021

Después de la batalla de Gaza Palestina resurge

 

La derrota de Israel abre una nueva oportunidad a la paz

A pesar de los enormes sufrimientos, el movimiento nacional palestino resurgió victorioso y, no obstante los grandes riesgos, se avizora una nueva arquitectura política y constitucional

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
25 de mayo de 2021

El martes 25 el secretario de Estado, Antony Blinken, llegó a Israel y se reunió con el primer ministro interino Benyamin Netanyahu, para tratar de dar permanencia al acuerdo de cese de hostilidades en la Franja de Gaza, y anunció que EE.UU. ayudará a la reconstrucción de la devastada ciudad, “pero sin dialogar con Hamás”. Algo así como ducharse sin mojarse.

El alto el fuego que entró en vigor el viernes puso fin a 11 días de enfrentamientos entre Israel y la resistencia palestina. Sin embargo, esta batalla ha sido muy diferente a las anteriores y ha tenido otros resultados. Por primera vez desde el asesinato de Yasser Arafat en 2004 el movimiento nacional tiene la posibilidad de unirse y negociar con Israel una salida política, aunque abunden los interrogantes sobre su liderazgo y muchas nubes de guerra oscurezcan el horizonte.

Al menos 243 palestinos murieron por los bombardeos israelíes, según el Ministerio de Sanidad de Gaza. En Israel, en tanto, perdieron la vida 12 personas.

La batalla ha terminado, por el momento, tras un alto el fuego declarado unilateralmente por Israel y aprobado inmediatamente por la resistencia palestina el pasado viernes 21 de mayo, luego de una intensa negociación en la que participaron Estados Unidos, Egipto y Catar. Al cesar el fuego, Israel aceptó también dejar de expulsar a los habitantes del barrio árabe de Sheikh Jarrah y permitir el libre acceso a la mezquita de Al Aqsa, en Jerusalén Oriental. Cumplidas las condiciones que habían puesto, la resistencia palestina aceptó el alto el fuego, aunque mantuvo los misiles apuntados, por si Israel rompe el acuerdo.

Los palestinos de los territorios ocupados celebraron la victoria de Hamás y Yihad Islámica. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, es criticado internamente por quienes lo acusan de haber puesto fin a la guerra antes de tiempo. Netanyahu se justificó diciendo que Israel infligió grandes daños a las capacidades militares de Hamás, a pesar de que Israel nunca logró detener el lanzamiento de cohetes palestinos contra su territorio.Las milicias palestinas lanzaron masivas andanadas de cohetes (se calcula que más de 4.000) que, a veces, superaron las defensas aéreas de Israel. La FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) dice que tuvo una tasa de interceptación del 70% y que cientos de cohetes cayeron en Gaza, pero reconoce que un 30% cayó en distintos puntos de su Estado. Por ello fue que, cuando el jueves Joe Biden exigió a Netanyahu que cesara las hostilidades, éste se apresuró a obedecer por temor a que una ráfaga final de cohetes de Hamás destruyera la poca credibilidad que resta al ejército israelí.

Por primera vez los cohetes disparados desde la Franja han alcanzado blancos en todo el territorio controlado por Israel. Como la “cúpula de hierro”, el sistema de defensa antiaérea, funciona por radar, se ve sobrepasado, cuando los disparos son rasantes y muy masivos, lo que aprovecharon Hamas y Yihad Islámica hasta convertirse en serios contendientes de la FDI. En el futuro próximo se espera que el triunfo de la resistencia aliente el alzamiento en Cisjordania, en el mismo Israel e, incluso, entre los palestinos que viven en Jordania. También en Estados Unidos un número cada vez mayor de ciudadanos se manifiesta a favor del pueblo palestino. Si su activismo crece, podría obligar a la Casa Blanca a moderar su apoyo a los sionistas.

Cuando la violencia escaló, Netanyahu estaba a punto de ser remplazado por una extraña coalición de ultranacionalistas y árabes, pero el inicio de las hostilidades le permitió pulir su imagen de líder duro. El primer ministro se aferra al cargo, para evitar que los tres procesos por corrupción en su contra lo arrojen a la cárcel. Ahora, el cese del fuego ha alentado nuevas críticas. Sin embargo, no se sabe si los oponentes de Netanyahu son capaces de dejar de lado sus diferencias para apartarlo del cargo. Si así no fuera, los israelíes deberán concurrir a las urnas a finales de este año, por quinta vez en menos de tres años.

Los 11 días de bombardeos han dejado también un aterrador saldo económico. Según un comentarista de asuntos económicos del Canal 13, en cohetes antiaéreos se gastaron 86 millones dólares; en combustible para aviones de combate, 37 millones de dólares; en municiones y equipamiento, 337.500.000 dólares; en reclutamiento de reservistas, otros 7 millones de dólares. Por las pérdidas materiales el ejército israelí ha gastado unos 600.520.000 dólares más. Israel está al borde de un abismo económico y en estas condiciones, el gobierno interino puede verse tentado a reducir aún más los servicios sociales y subsidios, generando más descontento, especialmente entre el 20% de árabes israelíes, que, por primera vez, en esta batalla salieron a la calle en solidaridad con sus compatriotas de Gaza. Por eso, preventivamente, la policía israelí comenzó este lunes 24 redadas masivas contra quienes manifestaron contra la guerra.

Esta crisis y su desenlace han puesto de relieve graves falencias de la inteligencia israelí. En primer lugar, el Alto Mando pensó erróneamente que el ultimátum de Hamás del 10 de mayo era puro teatro y fue sorprendido por las primeras salvas de cohetes. Además, subestimó la capacidad de la resistencia palestina para lanzar misiles pesados a larga distancia y la ciudad de Tel Aviv fue sorprendida por la precisión de los bombardeos. La elite israelí está presa de sus prejuicios racistas e ideológicos y no ha registrado el resentimiento de la población palestina ni su voluntad de combatir. Por el contrario, Hamás ha salido de esta contienda como la única capaz de reunificar y liderar el movimiento nacional, pero cumplir este rol le implica dar un giro más de los tantos que lleva en sus más de tres décadas de existencia.

Hamás surgió como el ala palestina de la Hermandad Musulmana -un movimiento panislamista con sede en Egipto, refundado después de 1945 con apoyo del MI6 británico y siempre ligado a él-, también apoyado clandestinamente por Israel, para que compitiera con la Organización de Liberación de Palestina (OLP) liderada por Yasser Arafat.

Cohetes lanzados contra Israel desde el sur de Gaza el pasado 17 de mayo

Sobre la base de movimientos caritativos la organización fue fundada durante la primera Intifada en 1987, siguió el mismo camino pero a partir de 1994, cuando la OLP reconoció a Israel, Hamás comenzó con campañas de atentados suicidas, asesinatos y ataques con cohetes, lo que provocó crueles represalias israelíes. La OLP venció en las elecciones palestinas de 1996, pero Hamás ganó las de 2006 y desde entonces gobierna la Franja de Gaza, que entonces fue bloqueada por Israel y Egipto. En esa época Hamás estableció vínculos con Irán, el que respaldó al grupo financiera y militarmente. No obstante, cuando en 2011 comenzó la guerra en Siria, Hamás apoyó a los islamistas, mientras que Irán respaldó al gobierno de Bashar al-Assad y Teherán cortó la ayuda financiera, impulsando a su competidor en la Franja, la Yihad Islámica.

Cuando en 2015 Rusia intervino en Siria a pedido de Assad y los islamistas fueron derrotados, Hamas se reencontró con Irán. Por esa época, Teherán también decidió que sus aliados debían ser capaces de construir cohetes por sí mismos y Hamás desarrolló entonces su capacidad para construir cohetes con desechos. Así fue que sus brigadas Al-Qassam  almacenaron una enorme cantidad de proyectiles con los que en el último choque cubrieron todo Israel.

Si hoy hubiera elecciones para la Autoridad Palestina, Hamás ganaría tanto en Gaza como en Cisjordania. También en el aspecto militar. Es posible que ahora el grupo pase a elevar su arsenal al nivel de disuasión que posee Hezbolá.

La imagen del Estado sionista ha quedado seriamente dañada en todo el mundo y el pueblo palestino ha recibido muestras de apoyo generalizadas, incluso en Estados Unidos.

Después de muchos años la lucha palestina por su derecho a la existencia ha vuelto a la agenda internacional. Sin embargo, su eje se ha desplazado, ya que frente a la colonización de Cisjordania es impensable organizar allí un Estado palestino sostenible. Cada vez más la opinión pública en Medio Oriente y el mundo todo se convence de que Israel tiene un régimen de apartheid similar al de Suráfrica antes de 1991 y que la única solución factible es fundar un Estado árabe-israelí laico y democrático.

La correlación de fuerzas ha cambiado. Si el liderazgo israelí no entiende la necesidad de refundar el Estado, buscará una nueva confrontación militar, pero ahora frente a un movimiento nacional palestino reunificado y con fuertes apoyos internacionales. Por su parte, si Hamas quiere liderar a todo su pueblo, debe tomar distancia de la Hermandad Musulmana y de sus mentores turcos y cataríes, así como de los británicos que los empujan.

Por ahora, la tregua que se alcanzó el viernes 21 parece ser sólo el prólogo de una nueva batalla. Sin embargo, las constelaciones de poder han cambiado y paso a paso se van perfilando los contornos de una negociación constituyente. Sólo falta que las grandes y medianas potencias circundantes la apoyen y no la entorpezcan.

martes, 18 de mayo de 2021

Sólo Rusia puede parar la masacre contra Palestina

 

Gaza evidencia el apartheid colonialista de Israel y EE.UU.

Sorprendidos por la magnitud y potencia de la resistencia palestina, el terrorismo estatal sionista y su aliado norteamericano están aislados en una encerrona de la que no logran salir

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
18 de mayo de 2021

Aunque aún no se sabe cuándo cesarán los combates entre israelíes y palestinos en la Franja de Gaza, después de una semana larga de contienda Tel Aviv y Washington aparecen como los primeros derrotados. El alto mando israelí desoyó el ultimátum que Hamás y Yihad Islámica le dieron el domingo 9, para que cesara en Jerusalén el desalojo de los pobladores del barrio de Sheikh Jarrah y las irrupciones en la mezquita de Al Aqsa. Entonces fue sorprendido por las primeras descargas de cohetes y más tarde por el alto porcentaje de proyectiles que, volando a muy baja altura, perforó la “cúpula de hierro”, el sistema de defensa antiaérea que supuestamente haría invulnerable al Estado sionista. A pesar de los intensos bombardeos sobre la Franja, nueve días después de haber comenzado el combate los cohetes siguieron volando, las bombas siguen cayendo sobre la población del gueto y el desconcierto cunde entre los perpetradores.

En su ambición por retrotraer la situación de Medio Oriente a 2016, el gobierno de Joe Biden inició hace un mes negociaciones indirectas con Irán para revivir el Acuerdo Nuclear de 2015 y desconsideró el peso de la alianza entre Israel, Arabia Saudita, los Emiratos y Bajréin tejida por el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, en los años pasados. Al estallar la crisis actual, se encontró, entonces, sin el pan y sin la torta: no sólo que la República Islámica no está dispuesta a abandonar su programa de enriquecimiento de uranio, sino que incrementa su ingente y eficaz fabricación de cohetes de corto y mediano alcance, con los que abastece al “Eje de la Resistencia”, incluida Gaza. El gobierno norteamericano fue sorprendido por el estallido de las hostilidades. No quiere que Israel lo empuje a una guerra con Irán, pero está obligado a darle su apoyo. Entonces juega a postergar las negociaciones, en la esperanza de que Tel Aviv derrote a Hamás y se acabe el problema. Pero los días pasan y los palestinos no sólo resisten, sino que contragolpean con mucha fuerza.

El domingo 16 se reunió el Consejo de Seguridad de la ONU convocado por China, su presidente durante mayo. La embajadora estadounidense ante las Naciones Unidas, Linda Thomas-Greenfield, dijo durante el encuentro que su país estaba «trabajando incansablemente a través de los canales diplomáticos» para detener los combates. Sin embargo, se negó a que el organismo sacara una mínima declaración pidiendo el fin de las hostilidades, cuando sabe que bastaría con una llamada de teléfono de Biden a Netanyahu para detener el bombardeo israelí y Hamas cesaría inmediatamente sus disparos. Por su parte, el propio secretario de Estado Tony Blinken prefirió estos días seguir en una gira por los países nórdicos, en lugar de dirigirse a Oriente Medio.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en la frontera con la Franja de Gaza

Ante la parálisis del máximo órgano de gobierno mundial, por iniciativa del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, este lunes 17 el Cuarteto de Oslo (ONU, UE, EE.UU. y Rusia) discutió virtualmente cómo alcanzar un alto el fuego, aunque sin avanzar con medidas concretas. Por lo menos, convinieron seguir discutiendo bajo ese formato.

Entre tanto, como si nada pasara, el gobierno de Joe Biden autorizó la venta a Israel de armamento teledirigido de alta precisión por un total de 735 millones de dólares, según informó este lunes The Washington Post. Según detalla el medio vocero de la CIA, el Congreso de EE.UU. fue notificado el pasado 5 de mayo sobre los planes para efectuar la transacción, es decir, casi una semana antes de que el grupo Hamás iniciara sus ataques con misiles contra territorio israelí, pero cuando ya se habían agudizado los enfrentamientos en Jerusalén Oriental. EE.UU. mantiene una posición ambigua cada vez más difícil de sostener: se ha pronunciado a favor de un alto el fuego inmediato, mientras sigue defendiendo el supuesto “derecho de Israel a defenderse”.

La indefinición del conflicto llamó al ruedo a la diplomacia rusa. «Condenamos los ataques que se lanzan desde la Franja de Gaza contra los barrios residenciales [israelíes] y también, por supuesto, los ataques —absolutamente inadmisibles— contra instalaciones civiles en el territorio palestino», dijo el ministro de Relaciones Exteriores Serguei Lavrov ante la prensa en Moscú.

La carnicería de Israel en Gaza puede ser detenida inmediatamente por Joe Biden, pero la pregunta que paraliza a Washington es qué hacer después. Ninguno de los actores en el teatro de combates cree ya en la solución de dos estados pergeñada por Itzjak Rabin y Yasser Arafat en Oslo en 1993. Ambos fueron asesinados por haberse atrevido a tanto y desde entonces es letra muerta. Netanyahu desea una solución de tres estados en la que Hamás gobierne en Gaza, la Autoridad Palestina en Cisjordania e Israel en todas partes. Hamás, a su vez, aspira a apoderarse de la representación de todos los palestinos, en la patria y en la diáspora y a dirimir con Israel la suerte del territorio en nombre de sus más de 12 millones de compatriotas.

En EE.UU. todavía se mantiene el apoyo bipartidista a Israel, pero la opinión pública está cambiando perceptiblemente. El reciente acento sobre los derechos humanos de los palestinos más que sobre su reivindicación nacional está haciendo que más personas se solidaricen con ellos. 30 representantes demócratas han criticado en la Cámara los bombardeos contra la población civil de Gaza, Bernie Sanders ha pedido un alto el fuego y en varias ciudades se han producido manifestaciones a favor de los palestinos. Claro que el lobby sionista en el Congreso y en los medios es muy dominante, pero el piso está crujiendo. Cada vez más norteamericanos y europeos están viendo la dominación israelí sobre los territorios ocupados y Gaza como un régimen de apartheid similar al que ejercía la minoría blanca de Suráfrica antes de 1991.

El crimen de apartheid se define como «actos inhumanos cometidos con el fin de establecer y mantener la dominación de un grupo racial sobre cualquier otro y oprimirlo sistemáticamente». En la actualidad, Israel es la única potencia gobernante o que ejerce un control primario sobre los palestinos desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo; sus políticas hacia el pueblo palestino constituyen innegablemente un crimen de apartheid y el público occidental poco a poco está abriendo los ojos ante este hecho.


El edificio de la prensa en Gaza, la torre al-Jalaa, que fue bombardeado intencionalmente por Israel el pasado 14 de mayo 

Como explica Elijah Magnier en su blog, la crisis en Gaza unificó a los palestinos y quebró el prestigio de Israel. El detonante fue la escalada y agresiva campaña israelí contra el barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Oriental, habitado por más de 38 familias palestinas amenazadas con ser desalojadas de sus hogares. Israel también atacó salvajemente a manifestantes y creyentes en la mezquita de Al-Aqsa hacia el final del mes sagrado de Ramadán. Especialmente digno de mención es el levantamiento de los árabes israelíes. Tras 72 años de convivencia han demostrado que la nueva generación quiere recuperar su territorio ocupado. Sin embargo, la batalla en Gaza continuará algunos días más, porque Israel necesita cuidar la imagen que los cohetes palestinos han perforado a la vista de todo el mundo.

Precisamente, por la pérdida de prestigio sufrida por Israel y EE.UU. se les hace más difícil hallar la salida. Cualquier cese de las operaciones sería percibido en todo el mundo como el reconocimiento de una derrota. Hamás y Yihad Islámica, por su parte, tampoco tienen prisa en dejar de disparar sus cohetes, al menos mientras la población de la Franja aguante los bombardeos. Para que la violencia cese un tanto, todos los actores deben poder salvar su cara. Quien medie, si quiere tener éxito, debe edulcorar las concesiones que las partes hagan, para que nadie aparezca como derrotado. Rusia se ofrece como el mediador con más chances, porque Putin tiene una muy buena interlocución con Netanyahu y todos en la región saben de la seriedad del Kremlin a la hora de cumplir sus compromisos. El acuerdo que se alcance ahora no será definitivo, sino el prólogo de la próxima contienda, pero ya con un nuevo árbitro, impensado hasta la semana pasada. Después de 75 años de hegemonía en Medio Oriente, Estados Unidos no va a abandonar el mito de los dos Estados de un día para otro e Israel va a persistir en su  política colonial racista por un tiempo más, pero después de esta crisis el ordenamiento de la región va a quedar en gran parte confiado a Rusia y, lógicamente, también a China.

jueves, 13 de mayo de 2021

Cada vez es más difícil que EE.UU. y Rusia dialoguen

 

Para tener éxito, la cumbre debe estar bien preparada

Eduardo J. Vior

Biden y Putin evalúan la posibilidad de encontrarse en junio próximo, pero hasta entonces deberán alcanzar consensos múltiples y cuidar los efectos de sus demostraciones de fuerza

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
12 de mayo de 2021

Los astros parecen alinearse para que los presidentes de Estados Unidos y de Rusia se reúnan durante el extenso viaje que el primero realizará por Europa en junio próximo. Del encuentro puede surgir una agenda que regule las diferencias entre ambas potencias, pero para que el mismo sea exitoso, primero deben controlar sus propios gobiernos, luego, alcanzar difíciles acuerdos dentro de sus propias alianzas y, finalmente, cuidar los efectos que pueden tener sus reiteradas demostraciones de fuerza.

Este martes 11 el embajador norteamericano Robert Wood, representante ante la Conferencia Permanente de la ONU para el Desarme, confirmó que se está preparando una reunión cumbre entre los presidentes Vladímir Putin y Joe Biden. “Ambos mandatarios están de acuerdo en explorar la posibilidad de mantener discusiones estratégicas sobre una cantidad de temas relativos al control de armamentos y nuevos riesgos para la seguridad internacional,» informó el diplomático.


Serguei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores de la Federación de Rusia

Por su parte, durante una visita a Bakú, donde se entrevistó con el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, Serguei Lavrov confirmó las declaraciones de Wood diciendo que, dado que EE.UU. se ha retirado de muchos tratados internacionales para el control de distintos tipos de armamentos, este tema y la estabilidad global en general deberían ser los tópicos principales de la reunión.

Aunque la relación entre ambas potencias se ha tensionado sensiblemente desde el inicio del gobierno de Biden, existe una serie de áreas en las que pueden cooperar, como por ej. el control de las armas nucleares, el Acuerdo Nuclear con Irán, la relación con Corea del Norte, y la búsqueda de estabilidad en Afganistán, después de que los norteamericanos y la OTAN se retiren de allí. Asimismo, la participación de Putin en la cumbre virtual sobre el cambio climático que Biden presidió el mes pasado es un aliciente para la búsqueda de entendimiento. De igual manera, aunque los dos países han salido del Tratado de Cielos Abiertos (OST, por su nombre en inglés) -un acuerdo internacional que permite los vuelos de observación sobre instalaciones militares extranjeras-, estarían dispuestos a renegociarlo, para adherirse nuevamente.

Para que una reunión entre ambos presidentes tenga éxito, debe ajustarse a una agenda de trabajo muy bien preparada y sin exigencias irreales. En este momento Rusia no podría exigir que EE.UU. y sus aliados en la OTAN cesen las maniobras militares en los países bálticos, Polonia y el Mar Negro, pero, a cambio, Putin va a negarse a quitar el apoyo a los autonomistas rusohablantes del este de Ucrania y no va a conceder la libertad a Alexei Navalny. Mucho menos negociará cualquier acuerdo con EE.UU. sin la participación de China.

A pesar de las altisonantes declaraciones de sus representantes, EE.UU. encuentra más dificultades que Rusia en el camino hacia la cumbre, en primer lugar con su principal aliado en el continente europeo. Ante todo, Washington quiere impedir la terminación del gasoducto Nord Stream 2 que, procedente de Rusia, atraviesa el Mar Báltico, para entrar en Alemania por el norte. Sólo falta colocar 25 km de tuberías y se estima que para fin de año puede estar funcionando. La Canciller Angela Merkel y buena parte del empresariado industrial del país lo consideran imprescindible para asegurar el abastecimiento durante la transición energética, después de que el país, por imposición de los Verdes, cerrara sus centrales nucleares. La alternativa ambicionada por Washington es vender a Berlín el gas licuado que manda a través del Atlántico. Ante un candidato demócrata cristiano (Armin Laschet) débil y una candidata verde (Annalena Baerbock) fuerte, la opción de Washington está clara, pero deberá esperar hasta la elección del 26 de septiembre y la formación del nuevo gobierno. Se trata de una carrera contra el tiempo entre partidarios y oponentes al gasoducto de cuyo resultado dependerá el futuro de la relación entre EE.UU. y Alemania.

Con suma prudencia, Joe Biden es reticente a presionar abiertamente a Alemania, para que cancele la obra, pero un fuerte lobby bipartidista en el Congreso logró sancionar en 2019 y 2020 sendas leyes que sancionan a empresas estadounidenses o extranjeras que participen en la construcción del gasoducto (significativamente, exceptuaron a las alemanas). Como ya ha hecho muchas veces Angela Merkel, lo más probable es que haga todo tipo de concesiones a Washington, mientras termina la obra a toda prisa antes de octubre.

Aunque los estrategas de EE.UU. están muy contentos de provocar a Rusia en sus propias narices, sus aliados en Europa Oriental muchas veces los comprometen en desafíos inconvenientes y riesgosos. Así, después de que británicos y ucranianos entre febrero y abril tensaron al máximo la crisis en el Don, este lunes 10 tuvo lugar una reunión virtual de Joe Biden con nueve miembros de la OTAN en Europa Oriental que fue organizada por Rumania y Polonia y estuvo concentrada en la “seguridad” (=militarización) en Ucrania y el Mar Negro. Al avanzar sus líneas hasta la misma frontera de Rusia, la superpotencia se ha comprado los conflictos e intereses de un puñado de líderes locales corruptos e irresponsables dispuestos a confrontar con Moscú sin arriesgar ellos nada.

Jen Psaki, vocera de la Casa Blanca

No sólo en el exterior el presidente de EE.UU. da la impresión de estar haciendo un esfuerzo denodado para mantener el control de las decisiones. La semana pasada la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, confesó en el programa de su amigo y excolega David Axelrod por CNN que a menudo los asesores de Biden le aconsejan que no hable con los periodistas fuera de encuentros pautados y se quejó de que «muchas veces le decimos que no acepte preguntas, pero va a hacer lo que quiera, porque es el presidente de los Estados Unidos».

La difusión de este conflicto entre Biden y sus asesores explica que el mandatario sólo llame a una lista predeterminada de periodistas que rara vez le repreguntan y, cuando el presidente acepta preguntas, sus respuestas sean a menudo confusas o erróneas. Claro que los interlocutores y adversarios registran que el equipo de la Casa Blanca no confía en su capacidad para hablar, si no está guionado por gente ideológicamente formateada por largos años de trabajo conjunto. Jen Psaki y David Axelrod, por ejemplo, trabajaron juntos en el gobierno de Obama-Biden y después de 2017 siguieron juntos en CNN, hasta que la primera volvió a la presidencia. Estas puertas giratorias quitan mucha independencia al mandatario. Se notó nuevamente este martes 11:

«El presidente (de EEUU, Joe) Biden dijo que la comunidad de inteligencia todavía no ha hecho una evaluación completa (…), pero el FBI (Buró Federal de Investigaciones) ha concluido que el ataque se originó en Rusia, por lo que el país tiene la responsabilidad de actuar responsablemente», dijo la portavoz en rueda de prensa refiriéndose al ataque al gasoducto Colonial, paralizado por háckers el lunes 10. O sea, que el jefe de Estado avisa que todavía no se puede confirmar la autoría, pero a su vocera le basta con un informe del FBI para advertir ella a Moscú. Evidentemente, no sólo en América Latina ciertos periodistas ligados a los servicios de inteligencia dirigen la política de sus gobiernos.

Las relaciones internacionales giran actualmente en torno a las percepciones mutuas entre Rusia y China, por un lado, y Estados Unidos, por otro. Durante la crisis con Ucrania el Kremlin ha demostrado decididamente su disposición a utilizar la fuerza en gran escala, si Kiev seguía provocando, confiada como estaba en la ayuda de Estados Unidos. Entre tanto, China ha realizado maniobras militares frente a las costas de Taiwán y los países occidentales han introducido nuevas sanciones contra Rusia y China, mientras hablaban de diálogo. Ante este cúmulo de roces y provocaciones nadie cree en la disposición de sus contrincantes a mejorar las relaciones.

El hecho de que EE.UU. agudice la tensión del clima político internacional es bastante comprensible. Sigue comportándose como el actor más importante, pero sin darse cuenta de que no puede restaurar el orden anterior a 2017. Como demuestran las recientes expulsiones de diplomáticos rusos de Estados Unidos, Polonia, Bulgaria y la República Checa, la reducción de las representaciones de los contrarios se ha hecho habitual en Occidente, pero se trata de acciones caóticas que han desestabilizado aún más la política internacional y paralizado las instituciones mundiales. En realidad, la administración Biden utiliza la «amenaza rusa» más como una herramienta adicional para disciplinar a sus aliados europeos y cimentar la asociación transatlántica que para castigar a Moscú. Por su parte, para muchos miembros europeos de la OTAN las expulsiones de diplomáticos rusos y chinos son una forma simbólica de demostrar su fidelidad a Estados Unidos.

En tiempos de crisis, cuando el coste de cualquier error crece exponencialmente, es esencial preservar e incluso ampliar los canales diplomáticos existentes. Cada diplomático, independientemente de su rango y cargo, es, entre otras cosas, un canal de comunicación, una fuente de información y una parte de un diálogo que puede ayudar a comprender la lógica, los temores, las intenciones y las expectativas de su oponente. El adagio de Nicolás Maquiavelo, «Mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca» sigue siendo igual de pertinente cinco siglos después. Por desgracia, estas sabias palabras están fuera de circulación en la mayoría de las capitales occidentales hoy en día.

Poco a poco se está escribiendo la historia de una nueva era en el desarrollo del orden mundial. La Guerra Fría, que terminó hace 30 años, dejó una huella profunda en la conciencia y la estructura del sistema político internacional que todavía pervive. Los viejos esquemas ideológicos han renacido con fuerza. Sin embargo, la puerta de las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia sigue abierta. Hasta ahora, ambas partes han tratado de evitar acciones concretas que hicieran absolutamente imposible el diálogo. Las recientes sanciones de EE.UU. contra Rusia han sido sobre todo simbólicas, y los dirigentes rusos no han demostrado hasta ahora ningún deseo de una nueva y rápida escalada. Una reunión entre los presidentes Joe Biden y Vladímir Putin sigue siendo una opción y una oportunidad. Una reunión de este tipo no conducirá seguramente a ningún «reinicio» de las relaciones bilaterales, pero aportará más claridad a los intercambios. Estabilizar el vínculo entre Estados Unidos y Rusia, aunque sea a un nivel muy bajo, ya sería un gran logro, pero, para subir a la cumbre de esa colina, ambas partes todavía deben moderar las provocaciones y controlar tanto a sus propios gobiernos como a sus aliados. Falta mucho tiempo hasta junio.