domingo, 29 de julio de 2012

Nueva publicación sobre Brasil en "Miradas al Sur"

Comparto con Uds. el artículo que publicó Miradas al Sur hoy, domingo 29 de julio:

El plástico que ahoga a los brasileños

El consumidor brasileño sigue sometido a tasas exorbitantes, muy superiores a la de otros países de la región.
Año 5. Edición número 219. Domingo 29 de julio de 2012
Vem aí ao Feirão Limpa Nome” (Vení a la gran feria limpia-nombre) convoca la página web de la consultora paulista Senasa Experian. Se trata de un evento que la empresa organizó en San Pablo del 25 al 28 de julio pasado junto con representantes de bancos y grandes cadenas comerciales para facilitar la negociación entre clientes y acreedores. Durante la feria, personal de la consultora se encargó de intermediar las negociaciones y de asesorar a los deudores para el buen resultado de sus tratativas, a veces con varias empresas al mismo tiempo.
Que esta feria de refinanciaciones haya reunido a más de 60.000 personas habla por sí sola. Según un relevamiento de la Confederación Nacional del Comercio de Bienes, Servicios y Turismo (CNC), divulgada el pasado día 24, el porcentual de familias con deudas llegó en julio al 57,6%. Si bien Tulio Maciel, director del departamento económico del Banco Central, en declaraciones formuladas el jueves 26, relaciona esta alta tasa de endeudamiento con la expansión del crédito inmobiliario, la misma entidad reconoció ya un mes antes que el 29,5% de las operaciones con tarjetas de crédito tenía un atraso en los pagos mayor a los 90 días. La explicación para tan alta morosidad está en el nivel de las tasas de interés que se pagan por el financiamiento con tarjetas de crédito. ProTeste, una de las más importantes asociaciones de consumidores, dio a conocer el 18 de julio un estudio comparando las tasas que se pagan por sobregiro en Brasil con las de otros seis países de América latina (Argentina, Chile, Colombia, Perú, Venezuela y México) y comprobó que el consumidor brasileño sigue sometido a tasas exorbitantes, a pesar de la caída de la tasa básica de intereses de la economía, la Selic.
El brasileño que financia sus consumos por medio de la tarjeta de crédito –que en Brasil se conoce como “crédito rotativo”– paga una tasa anual de 323,14%. En Perú, el segundo país más caro de América latina, la tasa más cara es del 55% al año, en Chile, del 54,24% y en la Argentina del 50%. El menor porcentual (29,23%) se paga em Colombia.
Las tasas que bancos y empresas de crédito cobran en el llamado crédito rotativo son una de las causas del creciente endeudamiento de los hogares brasileños. En Brasil, hasta los comercios más pequeños permiten pagar con tarjeta de crédito.
Según Renata de Almeida, analista de la asociación, los indicadores económicos de los países investigados no justifican la discrepancia entre las tasas. Para la ProTeste, las tasas de las tarjetas de crédito deberían seguir la trayectoria descendiente de la Selic, la tasa básica de intereses de la economía brasileña, que cayó del 11% al 8,5% anual entre enero y junio. En el mismo período, en contrapartida, las tasas de sobregiro cobradas por los bancos subieron del 237,9% al 323,14% anual. De acuerdo con la asociación, el pretexto de las entidades crediticias para esta tasa gigantesca es la altísima morosidad de los consumidores.
Mientras que el Banco de Brasil y la Caixa Económica Federal, ambos estatales, bajaron sus tasas de crédito en los últimos meses siguiendo los lineamientos del Banco Central, y que la tasa de inflación ronda el 5% anual, los bancos privados se resisten a acompañar las medidas de estímulo. Los bancos extranjeros están urgidos por sus casas matrices a remitir ganancias, pero los privados nacionales tampoco acompañan al gobierno.
En medio de la crisis mundial y con una tasa de crecimiento anual del PBI del 2,5% en el primer semestre, ante las elecciones municipales de octubre próximo (comparables a nuestras legislativas a mitad del mandato) el gobierno federal necesita relanzar el crecimiento económico. La inversión en infraestructura está demorada por la ineficiencia de los estados y municipios y por trabas políticas. El altísimo nivel de endeudamiento privado le impide a su vez fomentar el consumo. A la vuelta de las vacaciones de invierno esta semana seguramente se va a intensificar la pulseada para ver quién manda en la economía brasileña.

domingo, 15 de julio de 2012

La economía, en el centro de la coyuntura

Año 5. Edición número 217. Domingo 15 de julio de 2012
La baja de la tasa de interés del Banco Central al 8%, el pasado miércoles 11 es, por ahora, la última medida macroeconómica adoptada para reactivar la economía brasileña, cuya tasa de crecimiento no superará este año el 2%. Todos los actores piden un nuevo ciclo inversionista, pero la inminencia de las elecciones municipales del 7 de octubre traba los acuerdos.
Por ejemplo, dos Medidas Provisorias dictadas por el gobierno en abril pasado creando incentivos tributarios y crediticios para el sector productivo pueden perder vigencia, si el Congreso no las convierte en ley la semana próxima. La Medida Provisoria (MP) es un instrumento legislativo del Presidente de la República, similar a nuestros decretos de necesidad y urgencia, que debe ser ratificado por el Congreso dentro del mismo período de sesiones. Si la Cámara de Diputados no las aprueba antes del receso parlamentario que comienza el próximo martes 17 y las envía al Senado, el Poder Ejecutivo no podrá decretar otras sobre los mismos temas hasta el año próximo, por lo que el gobierno está intensamente movilizado para superar el bloqueo opositor.
La economía ya está en el centro de la incipiente campaña electoral. Para los conservadores no hay duda: “El gobierno continúa apostando al mercado interno, para enfrentar la crisis global –argumentaba Rolf Kuntz, columnista económico de O Estado de São Paulo, el pasado día 11–, pero hasta ahora la apuesta dio poco o ningún resultado. (…) A largo plazo el crecimiento depende de la tasa de inversión y de la eficiencia del capital invertido.” Según el mantra conservador, basta con que el Estado gaste menos y mejore las condiciones de mercado para que las empresas privadas crezcan. Por el contrario, el ex ministro de Economía de la dictadura (1967-74 y 1979-85) y ahora firme oficialista Delfim Netto afirmó el pasado día 10 en la revista de centroizquierda Carta Capital que “en lo que se refiere a Brasil, la sexta economía mundial desaceleró (como las otras), pero está en una situación relativamente mejor, con una política económica virtuosa que mantiene la línea de desarrollo con inclusión social, un control de la inflación bien ajustado y una política fiscal que, comparada a los demás países, es nítidamente superior en sus resultados”.
Algo más matizado, el día 11 Luis Nassif enumeraba en el mismo medio los obstáculos al crecimiento de la demanda: “(…) Las inversiones en el marco del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC, vigente desde 2010), las de las empresas estatales y de los Estados no carecen de recursos financieros, pero hay mucha lentitud en la implementación de los proyectos. La exigencia de Petrobras de que sus proveedoras aumenten el contenido nacional en los suministros para las plataformas petrolíferas dará un enorme impulso a la industria, pero ésta necesita tiempo. El Banco Nacional de Desarrollo Económico (Bndes) dispuso grandes líneas de financiamiento para los Estados, pero falta que éstos presenten proyectos de inversión en infraestructura. (…) El consumo de las familias está limitado por el alto nivel de endeudamiento alcanzado. El aumento de la demanda de productos de exportación, en tanto, depende de que la producción brasileña sea más competitiva. A corto plazo el gobierno apunta en esta dirección desvalorizando el real y subiendo los impuestos a las importaciones, pero toda la acción del Ministerio de Hacienda se está concentrando sobre los productos finales y sólo poco a poco está actuando sobre las cadenas productivas”.
Trabado por la coyuntura electoral y la ineficiencia del Estado, el gobierno de Dilma está agotando sus herramientas macroeconómicas y aparentemente sólo busca limitar el castigo de los votantes, mientras espera negociaciones más fluidas para después de octubre.

sábado, 7 de julio de 2012

Democracia tumultuosa

En un seminario sobre el estado de la integración regional y de la democracia en el Cono Sur después del golpe de estado contra Lugo, realizado ayer en la Casa de la Patria Grande Néstor Kirchner en la Ciudad de Buenos Aires, Rafael Folonier, Coordinador de la Unidad Técnica Presidencia y principal asesor en política sudamericana de la Presidenta Cristina Fernández, dijo lo siguiente: 
“Nosotros defendemos las democracias tumultuosas, porque preferimos el tumulto al silencio de otras épocas. Y en el Cono Sur, hoy, tenemos la suerte de tener mujeres de la talla de Dilma y de nuestra jefa, Cristina Fernández de Kirchner, que nos hacen recordar a mujeres patriotas como Manuela Pedraza, que peleó tres días contra los invasores ingleses, fusil en mano, tras la muerte de su compañero”.
Se trata de una afirmación a tener en cuenta para la discusión estratégica y organizativa en el continente: en Argentina los avances de la democracia política realizados en los últimos años se enancan sobre oleadas repetidas de movimientos sociales, nuestro sistema político es caótico, pero vital, y el gobierno nunca pierde el contacto con el pueblo, porque, si lo perdiera, caería por falta de aparato de apoyo. En Paraguay se comenzó a hacer lo mismo en medio de muchas contradicciones. Una de las razones más importantes del golpe se dirigió a truncar este proceso que ahora la resistencia no puede abandonar. Si la resistencia paraguaya se encierra en la dinámica de los aparatos políticos, será derrotada. Debe canalizar políticamente las demandas del movimiento campesino sin intentar cooptarlo. En Uruguay, la lucha política e ideológica dentro del Frente Amplio se da entre los partidarios de la representación y los que siguen queriendo darle expresión a los movimientos sociales. En Brasil, finalmente, el contacto entre la conducción y los movimientos sociales está prácticamente rota. 
Para reflexionar y discutir. Retomaré el tema en próximas entradas. 

viernes, 6 de julio de 2012

Prejuicio e interés

Vivir y trabajar en las Tres Fronteras entre Argentina, Brasil y Paraguay tiene muchas desventajas: estar lejos de todos los centros de producción política, científica y cultural; vivir en una ciudad (Foz do Iguazú) con una sola librería decente, sin teatros ni cines; lidiar con elites locales que medran con la situación fronteriza y se cierran a todo cambio; percibir la cercanía del contrabando, el narcotráfico, la trata de personas, las medidas represivas concomitantes de los tres estados y la vigilancia norteamericana. Pero tiene también algunas ventajas: Foz do Iguazú es una inmejorable atalaya para observar comparativamente y en relación los tres países. Y para quien, como yo, investiga con pasión sobre migraciones y ciudadanía, un laboratorio perfecto.
En mis entradas anteriores en este blog caractericé el momento sudamericano por el relanzamiento de las revoluciones cívica y popular que están pendientes desde hace 200 años. La revolución cívica expande las libertades individuales, amplía la protección de individuos y grupos ante la arbitrariedad, consecuentemente fortalece el Estado de Derecho e impulsa la autonomía creadora de tod@s, incluida la multiplicación del espíritu empresario en todos los sectores de la sociedad. Enriquecerse con el trabajo digno y decente no es un pecado, sino que debe ser una opción disponible en condiciones de equidad.
La revolución popular, por su parte, reúne a los individuos y grupos en pueblos y a éstos los hace soberanos. Es inseparable del patriotismo cívico que no quiere dar, sino cuidar la vida por la Patria. El patriotismo hoy sólo puede ser latinoamericanista. Un patriotismo que hoy se oponga a la unidad latinoamericana y caribeña es tan sólo un nuevo disfraz del cipayismo. La revolución popular se dirige fundamentalmente a democratizar la vida en común en todos los aspectos: políticos, sociales, económicos y culturales. Por estas razones irrumpe en la política, en la economía y la cultura y las hace transparentes, a veces caóticamente, pero las somete al control de tod@s y cada un@. Si la revolución cívica expande el espacio de la libertad individual y grupal, la revolución popular forma la comunidad organizada de las mujeres y los hombres libres.
Ambas revoluciones son contradictorias en sí y entre sí. La expansión de la democracia y la igualdad necesariamente chocan con el espíritu empresario que propugna la revolución cívica. La ampliación de la autonomía y de las libertades individuales coliden con la primacía del interés popular y patriótico. La primacía de la comunidad por sobre los intereses particulares por momentos puede limitar la libertad individual. Pero además son contradictorias en sí mismas: la formación de la comunidad organizada sobre la soberanía popular debe armonizarse con los derechos a la participación de grupos y regiones. A su vez el desarrollo del espíritu empresario afecta la autnomía de quienes no se benefician directamente por él.
No existen fórmulas mágicas. Solamente el desarrollo constante de redes continentales de discusión e intercambio pueden hacer posible la formación de una opinión sudamericana emancipada. Sin embargo, existe una certeza abarcadora de ambas revoluciones: solamente la instrucción y la formación de las clases populares y las clases medias en la percepción de sus propias necesidades y de las de la comunidad pueden permitir resolver estos conflictos sobre la base del diálogo intercultural, interetario, interclasista e intergenérico.
En los últimos 200 años nuestros países han sido conformados por el colonialismo cultural, económico y político. Aun el modelo más exitoso de deglución antropofágica de las fórmulas coloniales, Brasil, las sigue incoporando y procesando con el discurso nacional del "blanco, pero también negro". En Hispanoamérica, donde no tuvimos ningún imperio mediador y la dominación poscolonial se sintió directamente, hemos optado en cambio por discursos de ruptura. Estos moldes coloniales condicionan las ópticas de nuestras clases medias y populares, aunque menos las de éstas. Deforman sujetos, clases y culturas en la pérdida de confianza en sí mismas y la imitación permanente. Pero más grave es que maleducan en el desprecio por los pobres, los desheredados, los expulsados de la sociedad y le ponen color al prejuicio: todo color de piel, negro o cobrizo, se hace sospechoso y amenazante. Sistemas nacionales mutilados, incapaces de extender la ciudadanía a todos sus habitantes, porque son incapaces de extender su soberanía a todos los ámbitos de la vida comunitaria, enseñaron a temer y dsconfiar de quien expulsaban.
En largas décadas de luchas algunos de nosotros construimos en el último tercio del siglo XX y la primera década del XXI naciones más pluralistas, estados más soberanos y ciudadanías más abarcadoras. Quienes más ampliaron el acceso a la ciudadanía, más éxito económico, social, político y cultural tienen, y vice versa.
La incorporación de las comunidades de origen inmigrante, de los indios y los afrodescendientes a la ciudadanía y a la construcción delpueblo soberano es la piedra de toque de estos procesos. No puede haber revoluciones cívica y popular, mientras subsistan rémoras coloniales en las relaciones entre los estados, los sistemas políticos y sociales y estas poblaciones. Aquí no voy a entrar a analizar los procesos de incorporación a la ciudadanía de las comunidades de origen inmigrante que ya he tratado muchas veces y sigo estudiando en los países del MERCOSUR (quien tenga interés, que vea mi libro Migraciones internacionales y ciudadanía democrática, Saarbrücken: EAE-Verlag, 2012), sino lo contrario: voy a exponer de qué modo la persistencia de prejuicios racistas en una comunidad de origen inmigrante puede impedirle satisfacer sus intereses, al mismo tiempo que desarticula una débil comunidad política con su poder de veto. Estoy refiriéndome a los llamados "brasiguayos", los colonos de origen brasileño que habitan en Paraguay.

Brasiguayos: racismo contra racionalidad

El grupo de los denominados "brasiguayos" abarca unas 350.000 personas que habitan en el Este y Norte de Paraguay. Llegaron allí, en su mayoría pobrísimos, en los años 70 como masa de maniobra de las dictaduras brasileña y paraguaya. Los territorios del Este y Norte del Paraguay se habían despoblado durante la Colonia española, primero por efecto de la concentración de la población indígena en las misiones jesuíticas y luego como resultado de la disolución de las mismas. La guerra genocida entre 1864 y 1870 acabó por hacer de estas regiones desiertos. En las primeras tres décadas del siglo XX el litoral del Alto Paraná estaba ocupado por yerbatales argentinos que, si bien del lado brasileño acabaron cuando la "Columna Prestes" recorrió la zona en 1935, del paraguayo continuaron hasta los años 60. 
En esa época la dictadura de A. Stroessner (1954-89) repartió enormes extensiones de tierras supuestamente fiscales a sus seguidores. Como la región oriental de Paraguay sirvió de base entre las décadas del 50 y del 60 a dos movimientos guerrilleros sucesivos y la dictadura brasileña que ocupó el poder en 1964 tambien tenía interés en erigir un muro defensivo ante las amenazas que pudieran llegar de Argentina, como parte del mismo proceso que llevó en 1973 a la firma del tratado de Itaipú, para asegurar la región, se convocó al masivo poblamiento por agricultores brasileños de Rio Grande do Sul, Santa Catarina y del Oeste de Paraná. Estos campesinos, mayormente de ascendencia alemana e italiana del Norte, provenían de las colonias que en los dos primeros estados habían fundado sus antepasados en el siglo XIX y principios del XX. 
A partir de la década del 60 la concentración de la propiedad de la tierra y las rigideces de los sistemas hereditarios traídos de Europa dejaron a muchos de ellos sin tierra. Pasaron entonces a colonizar el Oeste de Paraná, pero de aquí también fueron expulsados muchos por la construcción de la represa de Itaipú a partir de 1974. Cruzaron entonces el río y comenzaron a comprar tierras baratas a las empresas inmobiliarias de brasileños y de testaferros de la dictadura paraguaya. Sin embargo, la mayoría de ellos no obtuvo la propiedad, sino sólo la posesión precaria. Ésta es una de las fuentes principales de los conflictos actuales, ya que estas propiedades no están adecuadamente catastradas y muchas veces los colonos aún hoy no tienen títulos de propiedad. Además muchas veces, ahora que las tierras están en plena producción de soja transgénica, aparecen herederos de los antiguos "propietarios" a reclamar por sus títulos. A esto hay que agregar que muchos colonos -inclusive sus hijos- no están documentados, de modo que no pueden poseer títulos legales.
Esta situación genera inseguridad y violencia permanentes. Los tribunales de Ciudad del Este están llenos de procesos en los que los antiguos beneficiarios del régimen reclaman la restitución de las tierras o los colonos demandan que se escriture. La regularización catastral dispuesta por el gobierno de Lugo debía resolver estos problemas, pero fracasó por varias razones: en primer lugar, los antiguos propietarios no tienen interés en el catastramiento y lo boicotean. Muy eficaz fue la campaña de los medios hegemónicos agitando el fantasma de la expropiación. En segundo lugar, hay que tener en cuenta el autoaislamiento de la colectividad brasiguaya. Si bien la mayoría de ellos son chacareros medianos y pequeños, siguen sin criticar las orientaciones de los pocos latifundistas entre ellos, aliados con los terratenientes colorados y liberales y, sobre todo, con las corporaciones multinacionales semilleras y herbicidas. 
Los agricultores brasiguayos se han enriquecido y han acumulado mucho capital, pero éste no se invierte en agregar valor a la producción, industrializándola y cuidando la tierra, sino en bienes inmuebles y de consumo. Muchos tienen una segunda vivienda en Foz do Iguaçu, para poder aprovechar los sistemas educativos y de salud brasileños.
Hay varias explicaciones para esta conducta: la inmensa mayoría de los colonos no ha aprendido castellano, aunque ya viven más de treinta años en el país. Quizás por sus orígenes en las colonias alemanas e italianas de Rio Grande do Sul mantienen un sentimiento racista de superioridad respecto de los paraguayos. La colectividad no tiene medios de comunicación ni centros educativos superiores propios. Tampoco ha desarrollado su vida cultural. Por esto carecen de contacto con la sociedad paraguaya y son rehenes de los personeros del régimen.
A su vez, el gobierno de Lugo equivocó el objetivo, al alentar ocupaciones de tierras contra estos agricultores. Ocupaciones de tierras -a veces realizadas por pobres urbanos sin trasfondo campesino- que intervenían en los procesos de demarcación catastral. Así emblocó a los brasiguayos con sus terratenientes, las grandes empresas del agronegocio y los politiqueros locales de los partidos tradicionales.
Finalmente hay que considerar el rol de Itamaraty. La diplomacia brasileña tiene una actitud ambigua ante Paraguay: por un lado, siguiendo la política de Lula (ahora, de Dilma), inspirada por Marco Aurélio Garcia y Samuel Pinheiro Guimaraes, para apoyar el fortalecimiento de la democracia paraguaya, alienta a los brasiguayos a integrarse en la sociedad y la política paraguayas; por el otro, sigue sin liberarse de la herencia dictatorial y persiste en intervenir ante el poder político paraguayo ante cada reclamación de la comunidad. De este modo la alienta a no asumir la iniciativa, a dejarse representar alternativamente por la derecha paraguaya y/o por la diplomacia brasileña.
La población brasiguaya se ha convertido en un importante freno a la democratización y la ciudadanización de Paraguay. No interviene directamente en la política y, en consecuencia, tampoco se ve obligada a formular sus puntos de vista, defenderlos e impulsarlos. De este modo mantiene su poder de veto, sin permitir que el país desarrolle su conciencia política. Pero tampoco alcanza la normalidad jurídica que tan imperiosamente necesita y vive en la zozobra permanente. Para capitalizarse necesitaría industrializar la producción agropecuaria, pero para ello requiere del Estado créditos e infraestructura que éste no puede darle, porque la mayoría de los brasiguayos apenas pagan impuestos. Mientras tanto, apuesta a incorporar más cultivos transgénicos, aumentando la concentración de la tierra, con lo que anticipa la agudización de los conflictos con los campesinos, pero también la ruina de más de uno de sus miembros. Un perro del hortelano perfecto.


El racismo no entiende razones, sino contenciones

La política paraguaya ha entrado en arenas movedizas. El golpe canadiense de Monsanto y Nidera fue avalado, pero no acompañado por la mayoría de las facciones coloradas. Los liberales y oviedistas están presionados para alcanzar resultados rápido. Para ello van a autorizar todo tipo de semillas transgénicas sin recaudo alguno y van a forzar las exportaciones, para multiplicar las ganancias de sus simpatizantes. La oligarquía colorada no se va a quedar quieta y va a reclamar su tajada. Los conflictos entre ellos y con los campesinos desposeídos van a aumentar. Las alianzas van a cambiar de un día al otro y los brasiguayos pronto pueden volver a ser el chvio expiatorio de los conflictos políticos y sociales del país. ¿Qué va a hacer Brasil entonces? ¿Va a intervenir nuevamente, para defender a sus connacionales o los va a empujar a defenderse solos? Si hace lo primero, estará legitimando el golpe que condenó el 22 de junio y creará un grave conflicto en el MERCOSUR. Si no lo hace, tendrá que argumentar bien, para que el fin de sus intervenciones en Paraguay sea bien digerido en el frente interno. 
Los brasiguayos, por lo pronto, se están emborrachando de soja, pero el despertar va a ser muy duro. dscubrirán que ni sus "amigos" liberales y colorados ni Itamaraty pueden remplazar su propia responsabilidad. Su racismo no entiende razones, sino los límites que Brasil primero, y el resto del MERCOSUR después les pongan. Sólo así pueden comenzar a razonar, enterrar a los abuelos y dscubrir que son paraguayos de origen brasileño.

lunes, 2 de julio de 2012

 Querid@s amig@s y compañer@s:
Comparto con Uds. la nota sobre Brasil que publiqué ayer en Miradas al Sur. Espero sus comentarios.
Cordialmente
Eduardo J. Vior

Dilma esquiva el tema de la inflación

Año 5. Edición número 215. Domingo 1 de julio de 2012


El aumento de la inflación asusta a los tecnócratas brasileños, pero no se entiende por qué Rousseff no obvia esos temores y lleva adelante una política ofensiva de reactivación de la inversión. La respuesta está en las elecciones de octubre.
El gobierno brasileño anunció el miércoles pasado su propósito de gastar 8.400 millones de reales para reactivar la alicaída economía, pero se quedó muy por debajo de las expectativas previas. La motivación electoral es obvia: el próximo 7 de octubre se realizan en todo el país elecciones municipales en las que se juega el control de las mayores ciudades. En la perspectiva de las presidenciales y parlamentarias de 2014 el gobierno necesita ganar sobre todo São Paulo, para frenar a la oposición, pero anda a los tropezones, porque el PT ha perdido los lazos con sus bases sociales. Falta de fuerza política propia, la presidenta teme al fantasma de la inflación agitado por los medios y los especuladores. Por eso, el programa de reactivación acabó en una canilla libre, para que tres ministerios (Educación, Defensa y Desarrollo Urbano) absorban los excedentes de las fábricas de camiones y ómnibus. La mayor parte de los gastos previstos irá para la compra de ocho mil camiones, para acciones contra la sequía y para el reequipamiento de las Fuerzas Armadas. En segundo lugar está la compra de 8.570 ómnibus para escuelas rurales. También se comprarán mobiliario escolar, tractores e implementos agrícolas, motoniveladoras y retroexcavadoras para municipios rurales, ambulancias, motos para la Policía Federal y otras maquinarias de uso municipal. Así no se reactiva la economía y Dilma lo sabe.
Todavía el día anterior el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior Fernando Pimentel anunciaba ufano que “ya hicimos mucho para expandir el consumo. Ahora nos estamos concentrando en la inversión”. Por su parte, el ministro de Hacienda, Guido Mantega, también comunicó el miércoles la reducción de la Tasa de Intereses de Largo Plazo (Tjlp) de 6% a 5,5% anual y nuevas bajas para el futuro.
La timidez de las medidas puede explicarse por los datos dados a conocer el jueves por el Banco Central que redujo su proyección de crecimiento del PBI de 3,5% a 2,5% para el año en curso. Para 2013 también fueron alteradas las previsiones, pasando de 4,25% la semana anterior para 4,20% el jueves. La tasa de inflación estimada por el Banco Central para este año también fue corregida de 4,4% a 4,7%, superando la meta fijada de 4,5%.
Evidentemente, el renovado crecimiento de la inflación asustó a los tecnócratas, pero no se entiende por qué Dilma no obvia esos temores y lleva adelante una política ofensiva de reactivación de la inversión, aun haciéndose cargo de un cierto aumento de la inflación.
La respuesta puede hallarse en las elecciones municipales de octubre próximo y en la pérdida de conexión del PT con su base social. El Partido dos Trabalhadores, surgido en 1980 de la fusión del nuevo movimiento obrero del ABC paulista con grupos de base de la Iglesia Católica e intelectuales de izquierda, ya no es más el partido socialdemócrata apoyado en una fuerte Central Única dos Trabalhadores (CUT) capaz de dirigir y controlar la movilización obrera. Otras centrales sindicales han crecido, el Movimiento de los campesinos Sin Tierra (MST) ha ganado autonomía y, sobre todo, el partido ha perdido a sus mejores cuadros políticos en la devastadora crisis conocida como “Mensalão” (la gran mensualidad) que estalló en 2005. A partir de agosto próximo (para peor) serán juzgados en el Supremo Tribunal Federal (STF).
El llamado “Mensalão” era un gigantesco sistema de desvío de fondos estatales a través de bancos privados, para financiar las campañas electorales del PT y la fidelidad de voto de parlamentarios de los partidos aliados, que estalló en 2005, obligando a renunciar a gran parte de la dirección del PT y a muchos parlamentarios, entre ellos cuadros fundadores del partido.
A partir de ese momento el PT vivió del carisma de Lula. Él fue quien ganó las elecciones de 2006 e impuso exitosamente a la antes desconocida Dilma Rousseff quien, a su vez, tomó la posta en 2010 con un estilo propio que le dio una gran independencia respecto de su mentor. Dilma es más técnica y menos extrovertida, pero igualmente exitosa en su control de los aparatos formales e informales del poder. Junto con Lula cogitó ahora el desembarco del ex-ministro de Educación Fernando Haddad en São Paulo, para disputar la alcaldía a José Serra, el ex candidato presidencial del Psdb.
Aunque el foco de la campaña del PT estará puesto en la capital paulista, dirigentes partidarios consideran que la presencia de Lula será fundamental en por lo menos otras tres capitales (Porto Alegre, Salvador y Recife), pero todo va a depender de la salud del ex presidente. Para éste, en cambio, no tienen tanta importancia. Venciendo a José Serra en São Paulo el partido debilita al Psdb a nivel nacional. En las demás ciudades, el PT tiene aliados importantes que, si ganan, no le crearán problemas.
Consciente de la debilidad de su partido, Dilma cierra acuerdos de elite, mientras se comunica con sus bases por encima de los partidos, pero no se atreve a lanzar programas de inversiones neokeynesianos que podrían empujar la inflación hacia arriba. Sin embargo, si la economía no repunta, no le quedan muchas otras alternativas. En los próximos meses tendrá que decidirse, si quiere ganar las elecciones aun con un partido rengo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Revolución cívica y revolución popular




Buenos Aires está en efervescencia y es un lujo sumergirse en ella. El pasado miércoles 13 estuve en la presentación del libro de Dante A. Palma El adversario: periodistas y política en la era kirchnerista (v. fotos en esta entrada), el sábado en la asamblea de Carta Abierta y en la jornada de discusión sobre la Ley de Educación Superior que organizó el Frente Grande, ambas en la Biblioteca Nacional. Ayer, martes 19, finalmente, participé en el lanzamiento del Movimiento por una Nueva Constitución Emancipatoria en el teatro Margarita Xirgu. 

Viej@s y jóvenes militantes olfatean el paso de la Historia y tratan de montarse en ella. Una pasión febril se ha apoderado de l@s activistas. Las utopías de justicia e igualdad caminan nuevamente por las calles, bulliciosas y de espíritu inquieto.

Sin que nadie lo ordene, de a poco se van definiendo proyectos de largo plazo. Aunque no lo habíamos conversado antes, me llamaron mucho la atención las argumentaciones de Ricardo Forster y Hernán Brienza durante la presentación del libro de Palma. Parecía que hubieran leído la introducción a mi última entrada en este blog sobre la revolución cívica y la revolución popular. Sin embargo, sé (y me lo confirmaron) que no lo habían hecho. Fue una feliz coincidencia, pero no casual.

La misma consonancia noté el sábado pasado en la mayoría de las manifestaciones sobre la situación de las universidades argentinas y las prioridades que debería tener la futura Ley de Educación Superior: si queremos tener una universidad democrática y popular, ésta debe adecuarse a las necesidades del desarrollo económico, político, social y cultural. Autonomía no puede ser sinónimo de violación sistemática de las leyes de la Nación. 




Durante la asamblea de Carta Abierta Jaime Sorín obtuvo un aplauso masivo, cuando destacó que el plan de construcción de 100.000 viviendas puesto en marcha por la Presidenta Cristina es más importante porque realiza un derecho social que por la enorme activación de la economía que tendrá como consecuencia.

Al lanzar el Movimiento por una Nueva Constitución Emancipatoria, Hugo Yasky (CTA) lo ubicó en la línea de la Asamblea de 1813 y de la Constitución de 1949. No hace falta señalar que Hugo no procede del Peronismo. Entonces, ¿por qué tanta consonancia manifiesta en escenarios diversos y por compañer@s de procedencias tan variadas? Podría argumentarse que todos los mencionados se alinean en el "centroizquierda", pero esto sería una tautología, ya que lo que define al "centro" es su equidistancia de ambos extremos y en Argentina hace mucho tiempo que no sabemos cuáles son las posiciones de la izquierda. En cambio están claras las posiciones y el proyecto nacional de la derecha: neocolonial, neoliberal, racista, xenófobo y partidario de una "democracia de elites". El PRO es su mejor representante político, el diario La Nación, su "tribuna de doctrina".

Tampoco se trata de construir antagonismos contra "los de arriba" para unir fuerzas sociales disímiles y contradictorias, como sugieren las tesis de Ernesto Laclau sobre el mal llamado "populismo" y que algunos periodistas usan para negar entidad al movimiento popular que empuja al kirchnerismo. No es el antagonismo lo que define el proyecto nacional que está tomando cada día más nítidos contornos, sino sus contenidos morales y simbólicos: la recuperación de las banderas democráticas y sociales de las tradiciones patrióticas y populares y su combinación con ideales de emancipación individual y social nunca antes realizados. El antagonismo resulta lógicamente de la resistencia de los privilegiados.

Dos tradiciones se están entrelazando en la conformación de un nuevo movimiento emancipador en Argentina: el plebeyismo patriótico, democrático y social gestado desde las primeras rebeliones mestizas durante la Colonia española y el liberalismo político, siempre opacado por su contracara demoníaca: el liberalismo económico cipayo y antisocial.

Éste no es un fenómeno puramente argentino. Todo el subcontinente sudamericano está viviendo una doble revolución, cívica y popular, que está transformando nuestras sociedades y culturas, mientras cambia nuestra ubicación en el mundo. La revolución cívica es el proceso de realización de los derechos y las libertades de individuos y grupos, para aumentar su autonomía. En Europa y los Estados Unidos esta revolución fue realizada entre los siglos XVIII y XX. En América Latina fue interrumpida por las oligarquías y los imperialismos cada vez que se puso en marcha. Hoy, cuando nuestros países han desarrollado clases medias complejas y sofisticadas que en la coyuntura de la lucha contra el neoliberalismo se coaligan con los movimientos populares, se hace posible por primera vez profundizar el consenso democrático con reformas emancipatorias. Pero no podemos perder de vista su carácter contradictorio: al ampliar los derechos y las libertades, esta revolución posibilita el individualismo. Muchos miembros de las clases medias pueden sentirse tentados a desprenderse de sus incómodos aliados populares en la creencia ingenua de gobernar sin ellos, pero sin recaer en las manos de las oligarquías. Perú y Paraguay se encuentran hoy al borde de la ruptura de las grandes alianzas que llevaron a los reformismos al gobierno. También pueden tender a frenar las reivindicaciones populares para no "asustar" a las elites reaccionarias, a las Fuerzas Armadas, las iglesias y la Justicia corrupta. Algo de esto le pasa actualmente al PT brasileño que, de tanto pacificar y desmovilizar a sus bases, se encuentra que los movimientos sociales se dan contra su gobierno. 

Impulsar la revolución popular, por su parte, quiere decir restablecer el sentido de comunidad organizada y autogobernada. "Nadie puede liberarse en una Nación que no se emancipa", decía el Gral. Perón. Para la revolución popular, patriótica y democrática, la comunidad del trabajo y la producción es un valor y la Patria, su símbolo. Ella se conjuga con las tradiciones democráticas y sociales de los movimientos obreros y campesinos, indígenas y estudiantiles. Pero el pueblo no se reúne de la nada; tiene historias y tradiciones, buenas y menos buenas. Los movimientos obreros arrastran también rémoras corporativas y están muchas veces dirigidos por burocracias que anteponen sus intereses y alianzas a las de los procesos revolucionarios. Los movimientos sociales surgidos en la época del neoliberalismo están muchas veces tan habituados a autogobernarse que resienten de toda conducción de conjunto, como puede verse en Ecuador y Bolivia. Las revoluciones populares también pueden estancarse o desbordarse, perder el rumbo y atomizarse.

No hay recetas, ni fines, ni metas a priori. No sabemos adónde vamos ni por dónde debemos ir. No tenemos vanguardias esclarecidas ni líderes mesiánicos. Por fortuna, tod@s l@s conductor@s actuales de las revoluciones sudamericanas son pragmátic@s y flexibles y han aprendido a reconocer sus errores. El desafío es acompañarl@s con equipos de cuadros y militantes bien formad@s, pero con sensibilidad popular y emancipatoria, crític@s, pero no iluminad@s, pragmátic@s, pero no oportunistas, y, sobre todo, solidari@s y con sentido de justicia. Sólo así será posible mantener la combinación de ambas revoluciones y evitar las cuñas que la derecha reaccionaria constantemente quiere colocar.

Nuestros movimientos son caóticos y contradictorios. Nadie puede arrogarse en ellos el rol de juez, para definir sus  límites. Sólo la solidaridad hacia adentro y la capacidad de sacrificio hacia afuera pueden ser la vara para medir los méritos de cada un@.























domingo, 10 de junio de 2012

La verdad tiene tranco largo


La verdad tiene tranco largo

Nuestro subcontinente sudamericano está viviendo una doble revolución, cívica y democrática, que está transformando nuestras sociedades y culturas, mientras cambia nuestra ubicación en el mundo. Al hablar de revolución cívica me refiero a un proceso en el que se reconocen y amplían los derechos y las libertades individuales y grupales, no sólo para defender mejor al individuo ante el Estado y las grandes corporaciones, sino también para expandir sus esferas de actuación. Es la revolución burguesa que nuestros países nunca profundizaron y que en Paraguay abortamos hace 140 años. Esta revolución implica necesariamente desarrollar el capitalismo con sus alcances y lacras. Desarrollar la revolución democrática, por su parte, quiere decir agrupar a los individuos en pueblos que se autogobiernen en todas las esferas de la vida. Es la única forma de compensar y controlar las barbaridades inherentes al capitalismo y mantener viva la perspectiva de un mundo más humano, aunque a veces implique limitaciones para algunos individuos y grupos y no garantice necesariamente la adecuada convivencia con el entorno natural.
La complejidad e incertidumbre de este doble proceso me hace acordar a El mar de las historias que se bifurcan, el maravilloso cuento de Salman Rushdie. Lo bueno y lo malo conviven en cada historia. Solamente la combinación de ambos polos hace una historia completa.
Visto desde una perspectiva histórica, puede afirmarse que estamos retomando los caminos truncados por los terrorismos de Estado en las décadas de 1960 y 1970. En ellos se despliegan muchas contradicciones de las que ya no tenemos memoria y que entonces fueron suprimidas por la barbarie imperial. Pero, como vivimos en el mundo de 2012, estos viejos conflictos se entrelazan con los actuales.
El proceso no sólo es contradictorio sino abarcador. Estas revoluciones están transformando la política, las relaciones internacionales y la economía, pero también el mundo de la vida cotidiana. “Es la hora de los hornos y ningún pan puede quedar en el horno”, dijo José Martí. Aunque por primera vez en nuestra Historia estas revoluciones no están propulsadas por la violencia política, la violencia recorre todos los reacomodamientos de las relaciones interpersonales, sociales, culturales, económicas y políticas. Por eso el período es tan terriblemente caótico. Somos parte de revoluciones que nos abarcan y nos incluyen, se meten en nuestras casas y en las maneras de trato con nuestros semejantes. Nos arrastran, sin que estemos suficientemente preparados para vivir en ellas y no tenemos certezas sobre sus derroteros.
No solamente que la resistencia del imperio y las oligarquías viejas y nuevas es constante y permanente. También actúa por las líneas interiores de los procesos populares y emancipatorios. Como las rupturas con el viejo sistema nunca son totales y, al menos en los países del MERCOSUR, hemos incorporado a los procesos revolucionarios gran parte de los viejos sistemas políticos, económicos, sociales y culturales, también hemos tomado la mayoría de sus hábitos y conductas. El espíritu competitivo y el arribismo, el oportunismo y la corrupción caracterizan nuestras revoluciones sólo un poco menos que el patriotismo, la solidaridad, la búsqueda de justicia, el sentimiento democrático y la libertad de conciencia. Por ello no son raras las operaciones encubiertas, las campañas de difamación y calumnias, las intrigas y las conspiraciones. Debe entendérselas como un lastre necesario de la emancipación y la democracia, aunque para nada aceptables.
Cuando presenté este blog la semana pasada anuncié que en él publicaría contenidos políticos y académicos. Uno de los grandes temas latinoamericanos del momento es la clarificación de los frentes: ¿quién está realmente del lado de las revoluciones ciudadanas y populares que están viviendo nuestros países y quiénes sólo se aprovechan de ellas para medrar y, en el momento oportuno, saltar la cerca y aliarse con las oligarquías viejas y nuevas? No se trata de hacer campañas “puristas”, señalando a los “falsos patriotas”. Esto sería hacerle el juego a la reacción que pretende dividir las grandes coaliciones sociales que están hoy impulsando las transformaciones cívicas y democráticas. No obstante sí se trata de trabajar permanentemente sobre la política de Memoria, Verdad y Justicia restableciendo la vigencia de los hechos duros y la memoria de las utopías compartidas y desenmascarando las campañas confusionistas que engañan a desprevenidos y sirven a otros que no lo son tanto.
Desde 2009 vengo sufriendo arteras campañas de calumnias y difamaciones que intentan ensuciar mi nombre y convertirme en un paria social, sin trabajo ni amigos. Sin embargo, no lo han conseguido ni lo conseguirán. Tengo fuerza de resistencia y no tengo odio, aunque sí bronca. Tengo el amor fabuloso de mi esposa, compañera e inspiradora Alcira. Tengo amigos viejos que son de fierro y otros nuevos que han llegado en la crisis por sentimiento de justicia. Tengo el apoyo silencioso de mujeres y hombres de valía en el mundo académico y en la militancia nacional y popular. Por eso puedo resistir y seguir andando contra el golpe artero, la intriga, la ofensa y la mentira.

I.       El pretexto de las difamaciones

Desde hace casi tres años se agita contra mí una campaña anónima que intenta reescribir la Historia y convertirme en cómplice de la última dictadura. A pesar de que la Justicia Federal ha confirmado mi inocencia y de que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el CELS han aceptado mis presentaciones[1], periódicamente circulan por Internet mails anónimos o con identidades apócrifas que quieren ensuciar mi nombre, dejarme sin trabajo y sin existencia pública. Existen fundadas sospechas e indicios sobre el origen, las motivaciones y las y los actores de esa campaña, pero, como la reforma de la legislación argentina sobre difamación y calumnias en 2009 impide accionar judicialmente en la materia[2], sólo resta argumentar, explicar y hacerse presente en todos los espacios públicos para desenmascarar la infamia.
Voy a contar de qué se trata y, si alguien quiere honestamente más aclaraciones, estoy a su disposición por este medio. Todas mis afirmaciones están documentadas.
La campaña pública contra mí comenzó a fin de 2009 y continúa. Toma como pretexto inicial mi desempeño como redactor de la Sección Internacional del diario Convicción entre 1978 y 1980 y como colaborador de la misma desde Alemania entre 1980 y 1982. Su fuente de información son listas de redactores y colaboradores del diario que fueron primero publicadas sin adjetivación alguna por Claudio Uriarte en su capítulo “Recuerdo de redacción: invierno en Convicción”, que integra el libro de E. Blaustein y M. Zubieta Decíamos ayer: la prensa argentina bajo el Proceso (Buenos Aires: Colihue, 1999). Poco después de la muerte de éste, en 2007, la lista apareció nuevamente en Internet, pero con el epíteto de “Colaboracionistas de la dictadura en el diario ‘Convicción’”. Con una sola palabra se convirtió a cientos de periodistas en cómplices del terrorismo de Estado.
En los últimos años varios de esos periodistas ya dieron adecuadas explicaciones en distintos medios de difusión y en libros.
Claudio Uriarte, quien se inició en el periodismo a los dieciocho años como compañero mío en la sección de Información Internacional donde trabajó entre 1978 y 1980, describió la sección y el diario en el capítulo mencionado (pp. 314-318) del modo siguiente:
“Convicción era como los demás diarios: con la misma variedad ideologica en la composición de su redacción y la misma inconsistencia editorial y de línea política.”
“El director era Hugo Ezequiel Lezama (…) [y] así se consiguió una redacción que se repartía entre a) liberales (…), b) una porción nada desdeñable de izquierdistas de distinto pelaje (…), c) una importante facción peronista y d) algunos radicales. (…) La redacción era así un muestrario bastante representativo de las tendencias de la época, y la mayoría de sus integrantes eran periodistas profesionales de reconocida trayectoria.”
“Cuando entré a Convicción, a Política internacional para ser más precisos, la sección estaba dirigida (en orden de autoridad decreciente) por un liberal (Mariano Montemayor, ya fallecido), por un nacionalista de derecha extremadamente culto y astuto (Edgardo Arrivillaga) y por un marxista (Alejandro Horowicz). (…) de lo que puedo dar fe es que Convicción no era un pasquín de servicios de informaciones.”
“Algunos de los que trabajaron en Convicción han preferido deletear el dato de sus currículums, (…). No entiendo (…) qué vergüenza pueden tener de haberse ganado la vida, en tiempos muy duros, escribiendo notas a veces muy buenas, y al mismo tiempo sin comprometerse nunca en posiciones políticas o sociales aberrantes.”
Más recientemente Daniel Muchnik, quien estuvo a cargo de la sección Economía de Convicción, reseñó en la edición del diario Perfil del 12 de noviembre de 2010 que:
“(…) En Convicción nos congregamos, en diferentes años y entre tantos, Pascual Albanese, Julio ardiles Gray, Hugo Beccacece, Vicente Muleiro, Sibila Camps, Mauro Viale, Fernando Niembro, Jorge Dorio, Giselle Casares, Vilma Colina, [Ricardo] Fermín Chávez, Osiris Chiérico, Oscar Delgado, Luis Domeniani, Carlos [‘Charly’] Fernández, Pedro Larralde, Enrique Macaya Márquez, Jorge Manzur, Juan Carlos Montero, Marcelo Moreno, Martín Olivera, J.C. Pérez Loizeau, Luis Lanús, Ernesto Schóo, Any Ventura, Alejandro Horowicz, Nelson Marinelli, Alberto Guilis, Edgardo Arrivillaga, León Epstein, Tito Livio La Rocca, H.H. Rodríguez Souza, Ángel Faretta, el que esta nota suscribe, etc., etc. Y firmaron colaboraciones Mario Rapoport, Luis Alberto Romero, María Moreno y Germán García entre muchos otros.”
“Cada uno de nosotros asumía su propia ideología. Había ideologías de todos los colores y posiciones [y] puede decirse sin temor al equívoco que los de ‘derecha’ eran minoría frente a los de ‘centroizquierda’ o ‘izquierda bien izquierda’. (…) Desde mi interés periodístico mis notas de análisis y cuestionamiento a la política de apertura de la economía, protección de la importación y destrucción de la industria nacional y a las facilidades otorgadas al sistema financiero con su correspondiente quiebra de instituciones bancarias en cadena, nada había cambiado entre lo que yo venía firmando en Clarín y aquello de lo que luego me hice cargo en Convicción con nombre y apellido. No padecí límites ni censuras, ni presiones, y nadie desde la conducción me sugirió títulos o temas determinados. (…) Como bien advierte Marcelo Borrelli en su libro El diario de Massera, no había en la Redacción signos evidentes de una ligazón del matutino con los marinos. No había en los pasillos personal naval en uniforme realizando tareas de control.” (…)
Por su parte, hace un año y medio, en un “contraeditorial” del diario El Argentino del 7 de diciembre de 2010, bajo el título “Convicción contado por uno de sus trabajadores”, Alejandro Horowicz, también compañero y jefe mío en la sección de Información Internacional, coincidió con Muchnik y ofreció “in memoriam Claudio Uriarte” una reseña similar de esa redacción y del diario:
“Sin embargo, no es ése el recuerdo instalado. ¿El motivo? Simple, al sobreimprimir la salvaje represión de la Marina (la ESMA) con el diario, una cosa se volvió la otra. En la simplificación liberal una sociedad aterrada soportó una dictadura militar y las FF.AA. pasaron a ser las únicas culpables; se omitía un pequeño detalle: sólo fueron el instrumento con que la dictadura burguesa terrorista ejecutó su terrible programa. Y los trabajadores de Convicción, al igual que los trabajadores de los demás medios, deben ser considerados por lo que publicaron con su firma. Todo lo demás, al igual que hoy, pasa por la responsabilidad editorial.”
Coincido con la caracterización de Horowicz. Toda la sociedad argentina fue campo de batalla. Había colaboracionistas en el quiosco de la esquina y resistentes en las redacciones y vice versa. Como ejemplo recuerdo un artículo mío de mediados de 1978 que acababa abogando por un orden mundial con vigencia de los derechos humanos (¡!). También hay que citar que Horowicz perdió su trabajo como Secretario de Redacción de la Sección Internacional a mediados de 1980 después de publicar una contratapa titulada “León Trotzky, fundador del Ejército Rojo”.
Claro que las transgresiones no eran gratuitas. Cuando a principios de 1979 me entusiasmé informando sobre las huelgas metalúrgicas en el ABC paulista (Brasil era mi especialidad) y el retorno de Leonel Brizola del exilio, Mariano Montemayor me llamó y me dijo que tuviera cuidado, que los servicios están interrelacionados y que no le gustaría verme “acabar en un zanjón”. Cuando se lo conté al Padre Jacinto Luzzi S.J., del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús, donde yo participaba regularmente en reuniones de la oposición sindical que luego formaría el “Grupo de los 25” que organizó la primera huelga general contra la dictadura el 25 de abril de 1979, se quedó pálido y no dijo nada. A los tres meses, en una conversación casual, me impulsó a presentarme a una selección de becarios para Alemania que organizaría la Fundación Konrad Adenauer. Así obtuve la beca que me llevó en 1980 con mi familia a Alemania.
Todavía poco antes de partir Edgardo Arrivillaga me preguntó si, al irme yo a Alemania, dejaba familia en Argentina. Extrañado, le respondí que sí, que quedaban mis padres y mi hermana con su familia, a lo que me respondió “¡ah, viejito! ¿Entonces vas a seguir colaborando con el diario, no?” Ante tan sutil insinuación lo hice. Colaboré con el diario hasta la Guerra de las Malvinas. Cuando ésta acabó, juzgué que ya no había riesgo y dejé de mandar colaboraciones. Todos los artículos de opinión que publiqué llevan mi firma, no fueron manipulados y expresan mi pensamiento. Quien quiera verlos, puede hacerlo en la Biblioteca Nacional o en la Hemeroteca de la Biblioteca del Congreso.
Aclaro para los malintencionados: mi beca ascendía en los tres primeros años a los 1.100 marcos alemanes y yo pagaba 600 de alquiler. No era tan lujosa, como figura en algunos de los ataques contra mí de los últimos años. Pero, además, el pago por las colaboraciones lo percibía mi padre que me lo hacía llegar cuando podía, así que en los primeros años de mi estadía en Alemania trabajé de lo que encontraba para sostener a mi familia: como lavaplatos en un restaurante, como jardinero, haciendo mudanzas, etc. Recién a partir de 1982 comencé a dar clases de español en la Universidad de Heidelberg y en institutos privados, actividad que mantuve en paralelo hasta mi regreso al país en 2004.
Por otra parte, a partir de marzo de1981, con el advenimiento del gobierno Viola y el comienzo de las devaluaciones, las colaboraciones perdieron completamente valor, de modo que seguí escribiendo gratis, sólo para proteger a mi familia en Argentina.

II.    Mi actividad en Alemania y mi retorno a Argentina

Junto con mis estudios de posgrado en Maestría y Doctorado en Ciencia Política en Alemania seguí militando políticamente con pocas interrupciones, Durante los primeros años 80 participé en las reuniones de las agrupaciones peronistas en Europa, en una gran reunión de exiliados en París en 1981 (donde denuncié públicamente al colaboracionista Enrique “Quique” Padilla en presencia del ex-senador Hipólito Solari Yrigoyen) y mantuve luego regularmente el contacto con algunos compañeros, como Carlos Flaskamp, entonces exiliado en Colonia, o Emilio García Méndez, quien hizo su doctorado en Saarbücken. Ya en los años 90 milité durante diez años (1989-99) en el Partido Verde alemán[3] y a partir de 1993 participé regularmente en las reuniones de los grupos argentinos en Alemania. Todos los argentinos con quienes trabajé entonces supieron que yo había colaborado con Convicción. Nunca lo oculté y siempre figuró en mi CV. No es un honor, pero tampoco una mácula.
Pude regresar al país en 2004 gracias a que mi enamorada Alcira me ayudó a encontrar a Hugo Chumbita, a quien yo había conocido años atrás en París y con quien había colaborado a la distancia, cuando él editaba en Barcelona una buena revista de exiliados. Así conseguí un nombramiento como profesor de Ciencia Política en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) que me permitió obtener un subsidio de la Oficina Federal alemana del Trabajo para mi retorno a Argentina que incluyó pago del viaje, del transporte de mis enseres y muebles, subsidio compensatorio del sueldo por un año y medio y seguro de salud. Vinculada con esta ayuda estaba la posibilidad de que mi Universidad obtuviera del World University Service (WUS) un subsidio para equipamiento por hasta 10.000 euros con la sola obligación de garantizar mi contratación por dos años. Aclaro que la UNLaM no daba contratos, sino que renovaba los nombramientos cada cuatro meses (¡!). Sobre este subsidio conversé a principios de 2005 con las autoridades del Departamento de Derecho y Ciencia Política donde trabajaba, el decano Alejandro Finocchiaro y la Secretaria Académica Andrea Peroceschi. Al poco tiempo me respondieron que no había interés ni posibilidad de que la Universidad garantizara mi contrato hasta mediados de 2007.
Aclaro este punto, porque en algunas de las difamaciones anónimas contra mí se lee que la UNLaM me habría echado, porque intenté chantajearla con este subsidio. La acusación es llamativa, porque supuestamente quienes me atacan se identifican como de izquierda, pero Finocchiaro pertenece a los cuadros de conducción del PRO, se proclama amigo de Mauricio Macri, llevó a trabajar a La Matanza a Rodolfo Barra y a Ciro James y quedó tan envuelto en el escándalo por las escuchas telefónicas en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que debió renunciar al decanato en 2011. Muy pocas personas sabían de la oferta que hice a la Universidad, de modo que la información debió venir de ese círculo. ¿Qué cuadros de la derecha están detrás de los ataques contra mí? ¿Quienes me atacan son izquierdistas despistados o provocadores infiltrados que quieren crear un clima de zozobra para asaltar posiciones en el gobierno popular usando estas campañas como pretexto? ¿Por qué nunca dan la cara, no presentan denuncias ante la Justicia ni muestran pruebas de sus afirmaciones?
De hecho seguí trabajando en La Matanza hasta que a fines de 2006 acabó el proyecto de investigación sobre “Condiciones de la participación política de comunidades de origen inmigrante: el caso de los bolivianos en el Partido de La Matanza” que dirigía (ver conclusiones en mi libro de reciente aparición: Migraciones internacionales y ciudadanía democrática, Saarbrücken: EAE, 2012). En ese momento dejaron de designarme y me quedé sin trabajo. Aclaro que la UNLaM nunca pagó antigüedad y que, al momento de dejar de trabajar allí, ganaba poco más de 2.000 pesos mensuales.
Mientras estaba sin empleo, participé en 2008 en la fundación de “Carta Abierta”, donde fundé y organicé la Comisión de Derechos Humanos que coordiné hasta principios de 2009.

III.  Mi paso por la Universidad Nacional de Río Negro

Después de pasar dos años dando cursos de posgrado en numerosas universidades nacionales, en enero de 2009 gané una convocatoria interna para trabajar en el Instituto de Investigaciones en Políticas Públicas y Gobierno de la recién fundada Universidad Nacional de Río Negro. Mi esposa Alcira fue invitada por el Rector Juan C. Del Bello a fundar un instituto de investigaciones de su interés. Así nació el Instituto de Investigaciones en Filosofía Práctica y Pensamiento de Asia, África y América Latina. Ella solicitó licencia en la UBA y ambos nos mudamos a Viedma.
En ese momento dejé la coordinación de la Comisión de Derechos Humanos de “Carta Abierta”. Quiero aclararlo, porque otra infamia que circula es que me habrían echado de este colectivo de centroizquierda. Nada más lejos de la verdad, como pueden atestiguarlo mi amigo Horacio González u otros miembros fundadores como Aurelio Narvaja o Ricardo Forster. Simplemente dejé de participar regularmente por razones de distancia, pero, cuando estoy en Buenos Aires y coincido con una asamblea, participo, como lo hice en el brindis de fin del año pasado. Hay suficientes testimonios y fotos que lo demuestran.
No cabe aquí indagar las causas, pero desde el inicio de nuestro trabajo en la UNRN fuimos aislados de la comunidad local, mi esposa jamás tuvo lugar de trabajo y mis investigaciones en el marco del proyecto “Condiciones y consecuencias políticas e institucionales de la participación ciudadana de las comunidades de origen inmigrante en la Provincia de Río Negro desde una aproximación intercultural a los derechos humanos” tuvieron escaso financiamiento y fueron muy mal miradas, en la medida en que acompañaba los proyectos para la organización de los quinteros bolivianos que viven superexplotados por la elite local en el Valle Inferior del Río Negro. En ese contexto fui convocado por el INTA de la Patagonia Norte para evaluar proyectos de asesoría a la horticultura regional que llevarían adelante sus técnicos.
Las trabas y los conflictos fueron escalando hasta que el 8 de diciembre de 2009, cuando mi esposa estaba volviendo del quirófano donde se le había trasplantado la cadera (estábamos en Buenos Aires) y recién despertándose de la anestesia, me llamó por teléfono para entrevistarme Alicia Miller, Jefa de Redacción del diario Río Negro. A pesar de que le manifesté la situación en que nos encontrábamos, insistió en entrevistarme sobre mi trabajo en Convicción, hasta que accedí. Obviamente no eligió el momento por causalidad. Como en Viedma es usual que los poderes locales accedan a las historias clínicas de quien quieran espiar y mi esposa se había hecho allí los estudios prequirúrgicos, ella conocía la fecha de la operación y sabía que me encontraría desconcentrado y con los pensamientos en otra cosa.
A partir de la publicación (tergiversada) de la entrevista tres días después se generó un escándalo (preparado por los conspiradores) en la sede local de la Universidad. Todavía en vísperas de Nochebuena en una reunión con el Rector éste me manifestó que el error era mío, por haber dado la entrevista y por haber puesto la verdad en mi CV, al mencionar mi paso por Convicción (¡!). Por otra parte, él no creía que mis atacantes se animaran a pedir el juicio académico contra mí y que, si lo hacían, podía quedarme tranquilo, porque el reglamento de juicio académico de la UNRN era tan garantista como el de la Universidad Nacional de Córdoba (efectivamente muy bien hecho).
Cuál no sería mi y su sorpresa, cuando el 11 de enero de 2010 se publicó en el Río Negro la noticia de que un grupo de docentes y funcionarios no docentes solicitarían el juicio académico contra mí. Recién días después de habérselo informado al Rector en sus vacaciones, me mandó por mail el reglamento en cuestión que había sido adoptado en octubre del mismo año (casi hecho a medida). Se trata de un documento de antología que obra en mi poder, porque viola todas las normas internacionales y nacionales de defensa en juicio:
·       Una de las causales posibles para solicitar un juicio académico contra un profesor pueden ser “conductas de algún modo vinculadas con violaciones de los derechos humanos”. O sea, el pizzero que llevaba las pizzas a las comisarías.
·       El juicio puede ser solicitado por cualquier miembro de la comunidad universitaria.
·       El juicio se realiza en instancia única, sin derecho a apelación.
·       El tribunal se reserva el derecho a  aceptar las pruebas presentadas por el acusado.
·       No existe posibilidad de asistencia letrada.
Como mi contrato vencía el 31 de enero y el Rector no quería tener escándalos, concertamos mi separación de la Universidad. Puede preguntarse, por qué no presenté un amparo ante la Justicia Federal local. Mi esposa y yo consideramos esta posibilidad, pero ante la colusión de las elites locales, las flagrantes violaciones a los derechos procesales que se dan en esa jurisdicción (conocemos el caso cercano y reciente de un fiscal federal a quien se sometió a un sumario viciado de nulidad y, sin embargo, debió pedir el traslado) y la falta de un abogado penalista local de confianza que me defendiera, decidimos regresar a Buenos Aires. En esas condiciones el pedido de juicio académico –que nunca había sido presentado al Rectorado- quedó sin objeto y nunca se sustanció. Lo digo para responder a otra maledicencia: NUNCA FUI SOMETIDO A JUICIO ACADÉMICO.
Cuando volvimos a Buenos Aires, llegaron mails anónimos a nuestras amistades, colegas y relaciones políticas y nuestro teléfono estuvo intervenido entre marzo y abril de 2010, hasta que con ayuda de organismos oficiales se liberó nuevamente.

IV.             Mi desempeño en la UNILA y mi defensa pública

En mayo de 2010 gané el concurso para profesor regular adjunto de Ciencia Política en la recién fundada Universidade Federal da Integração Latino-Americana (UNILA) en Foz do Iguaçu, Brasil, donde sigo trabajando. Comencé a desempeñarme en septiembre de ese año y a viajar regularmente entre Buenos Aires e Iguazú, ya que mi esposa –reintegrada a la UBA e investigadora principal del CONICET con lugar de trabajo en Buenos Aires- no puede trasladarse.
En diciembre del mismo año se realizó en Foz la Cumbre de Presidentes del MERCOSUR y en ese marco se reunió el Foro de la Sociedad Civil. Como hace diez años que investigo y publico sobre el acceso de las comunidades de origen inmigrante a los derechos políticos, se me ofreció y acepté la coordinación de la mesa sobre “Migraciones y derechos humanos” que debía reunirse dentro de ese Foro. Cuál no sería mi sorpresa, cuando, al reunirse la mesa, se me informó que la misma estaba estructurada desde tiempo atrás, con grupos de trabajo y coordinadores. De todos modos se me dio la posibilidad de coordinar un bloque de las discusiones, pero, al comenzar, un grupo argentino (más tarde identificado) comenzó a increparme por mi supuesto colaboracionismo con la dictadura. Como la gritería aumentaba y no tuve ninguna posibilidad de defenderme, me retiré del Foro.
En los meses siguientes arreciaron los llamados y los mails sobre el Rectorado de la Universidad reclamando mi separación. Finalmente, en abril de 2011, una alumna puso en circulación dentro de la Universidad un mensaje electrónico con un texto bajado del periódico virtual Rebelión, en el cual se acumulaban todos los infundios sobre mí. Ante este ataque, de común acuerdo con el Sr. Rector de la Universidad, tomé una licencia en Buenos Aires, me presenté a la Justicia Federal, que inmediatamente certificó que no existe imputación alguna contra mí (certificado del Juez Federal Sergio Torres, del TOF 12, a cargo de la causa ESMA) y regresé a la Universidad, reintegrándome a mis tareas. En los meses siguientes me presenté a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) solicitando información sobre si existe algún tipo de investigación sobre mí vinculada con eventuales complicidades con violaciones de los derechos humanos durante la dictadura, pero ni uno ni otro dieron cuenta de la existencia de investigaciones al respecto. Reunidos estos antecedentes, finalmente, en enero de 2012 fui entrevistado por un periodista de la sección “Lesa Humanidad” del semanario Miradas al Sur en la que por primera vez pude dar a conocer públicamente la verdad de los acontecimientos.
Habiéndome presentado a la Justicia Federal, no existiendo investigación alguna contra mí por violaciones de los derechos humanos y después de que yo hice públicas tanto mi historia como los pasos emprendidos para limpiar mi nombre y honor, sin que nadie me contradijera, no existe justificación alguna para continuar los ataques en mi contra. Sin embargo, todavía aparecen en Argentina y en Brasil algunos anónimos que insisten en la mentira.
No sé qué los mueve ni por qué tienen tal afán por ensuciarme. Yo tengo la conciencia tranquila, todo lo que he afirmado en las líneas precedentes está debidamente documentado y a disposición de quien quiera saber la verdad. Tanto las autoridades de mi Universidad como las autoridades ejecutivas y judiciales pertinentes de Argentina están debidamente informadas. A mis atacantes les toca ahora explicar sus motivaciones, salir del anonimato, mostrar pruebas, si las tienen, o callarse.

V.   Operaciones distorsivas

Esta oscura trama de ataques con argumentos de izquierda e informaciones de la derecha (como demuestra el ejemplo de La Matanza) es parte de las maniobras distorsivas que se realizan actualmente para ganar posiciones aprovechando la fluidez de los movimientos sociales en curso, la flexibilidad de las alianzas y la persistencia de figuras, organizaciones e instituciones conservadoras, aun dentro de los procesos emancipatorios. En Argentina operan grupos provocadores que gritan contra mí para asaltar posiciones oficiales y amedrentar a los compañeros. En Brasil, por su parte, quienes se oponen al proyecto latinoamericanista de la UNILA agitan contra mí para golpear por elevación contra el Rector H. Trindade y la propia Presidenta de la República que respalda activamente el proyecto. Lo nuevo está naciendo, pero lo viejo todavía no ha muerto. En este espacio intermedio se dan estas batallas mediáticas que la extrema liberalidad de legislación argentina sobre calumnias y difamación hace posibles.
Yo sigo adelante, amando a mi queridísima Alcira, a mi hija y nietos, investigando, publicando y desempeñando normalmente mi vida académica. Como decía mi viejo maestro:
“Quienes quieran oír, que oigan;         
quienes quieran seguir, que sigan; 
alta es mi empresa y clara, mi divisa;         
mi causa es la causa del pueblo,    
mi guía, la bandera de la Patria”    
(Juan D. Perón).



[1]              Todas las afirmaciones factuales de este texto están documentadas y a disposición de quien quiera verlas.
[2]              Sobre el Derecho a Réplica –especialmente en Internet- publicaré un pequeño ensayo próximamente.
[3]              Me separé en protesta por su complicidad en la guerra contra Yugoslavia.