Los votantes de EE.UU. reclaman un proyecto de país
El empate estratégico tras la elección de medio término puede prolongar
la lucha por el poder, pero también impone a la elite alcanzar un
acuerdo para abrir una nueva senda de desarrollo
Por Eduardo J. Vior Agencia Télam
10-11-2022 | 00:46
Foto: AFP.
Cuando todavía falta escrutar los votos en algunos estados, el
resultado general de la elección de mitad del período en Estados Unidos
muestra que los republicanos han conquistado la mayoría en la Cámara de
Representantes, pero por un margen menor al previsto, y al cierre de
esta columna todavía están empatados en 48 senadores. Por más que el
electorado patriota se haya movilizado, mientras que el woke permanecía
en sus casas, los candidatos apoyados por el expresidente Donald Trump
han obtenido menos victorias de las esperadas y los potentes triunfos
conservadores en Texas y Florida han consagrado liderazgos alternativos
entre los rojos. En general, el panorama apunta a un corrimiento hacia
el centro. Da la impresión de que, frente a la urgencia para que se
resuelvan los problemas económicos y sociales, las y los electores han
optado por la moderación ideológica. En un panorama mundial en el que
EE.UU. es la única potencia occidental que sale indemne de la crisis y
la guerra, esta consolidación del bloque dominante permitiría una pronta
recuperación de la superpotencia.
Se trató de una noche mejor
de lo esperado para los demócratas, quienes respiraron cuando se hizo
evidente que la "ola roja" republicana prevista por algunos expertos y
encuestas no se había materializado. A nivel de gobernadores, las
carreras que habían causado cierto nerviosismo a los demócratas en el
último momento fueron ganadas cómodamente por la gobernadora de
Michigan, Gretchen Whitmer, y la gobernadora de Nueva York, Kathy
Hochul.
Por el lado republicano Ron DeSantis arrasó en Florida.
Se esperaba su reelección para un segundo mandato, pero los 20 puntos de
ventaja que obtuvo sobre su oponente demócrata lo proyectaron al
estrellato nacional. Hace cuatro años DeSantis ganó la gobernación por
menos de un punto y el ex presidente Trump venció hace dos años en el
Estado del Sol por unos tres puntos. Ahora, sin el apoyo del
expresidente, el gobernador multiplicó la ventaja.
También en
Florida, el senador Marco Rubio (R) alcanzó una fácil victoria sobre el
representante Val Demings (D). Dada la magnitud de estas dos victorias,
está claro que Florida es ahora un estado rojo. Durante décadas contó en
los cálculos preelectorales como un “estado péndulo” que podía oscilar
entre ambos partidos, pero esta idea es cosa del pasado.
En
Pennsylvania, en tanto, el Dr. Mehmet Oz, elegido por Trump para
representar al Partido Republicano, perdió ante el vicegobernador John
Fetterman. Éste había sufrido un derrame cerebral al principio de la
contienda, pero, a pesar de su movilidad limitada, venció al médico
televisivo. La victoria en Pennsylvania da un gran impulso a los
demócratas. Este triunfo demostró que la marca de populismo progresista
del candidato podía imponerse incluso en uno de los campos de batalla
más divididos del país.
En New Hampshire, en tanto, la senadora
en funciones Maggie Hassan defendió su escaño contra el general Dan
Bolduc, otro candidato de Trump, aunque con poca experiencia política.
Bolduc fue una apuesta arriesgada que no contaba con el apoyo del
aparato republicano, si bien en las últimas semanas se acercó a la meta.
En Arizona, de forma similar, el candidato al Senado Blake Masters
(otro elegido por Trump) perdió ante el titular demócrata Mark Kelly.
Masters también es un neófito político que remontó en las últimas
semanas. Fue apoyado por otro acólito de Trump, la candidata a
gobernadora Kari Lake, también derrotada por la demócrata Katie Hobbs.
Es cierto que en Ohio, J.D. Vance, otro hombre de Trump, ganó contra el
demócrata Tim Ryan, y que en Georgia, Hershel Walker, igualmente
respaldado por el expresidente, forzó al titular, Raphael Warnock, a una
segunda vuelta. Pero ambos candidatos al Senado fueron ayudados por
gobernadores populares que los impulsaron a la victoria. En resumen: no
hubo una “ola roja”.
El mayor ganador de las elecciones de mitad
de mandato fue sin duda Ron DeSantis. El mayor perdedor fue Donald
Trump. Muchos concluirán, basándose en los resultados de estas
elecciones de medio término, que el Partido Republicano está pronto a
seguir adelante sin Donald Trump como líder. Sin embargo, aunque Donald
Trump ha empalidecido como la alternativa patriótica y reaccionaria que
supo representar, va a dar una fiera pelea por la candidatura
presidencial en 2024. Casi dos años después de su derrota en la
reelección, sigue siendo el político más popular e influyente del
Partido Republicano y también el más exitoso recaudador de fondos, con
una inmensa influencia sobre legiones de donantes de base. Y un sondeo
tras otro indica que Trump partiría como el gran favorito para la
nominación del Partido Republicano.
Los demócratas deben haber
visto los resultados como lo máximo que podían conseguir, pero dos
pérdidas en las elecciones a gobernador los afectaron mucho: Stacey
Abrams (demócrata) perdió en Georgia ante el gobernador Brian Kemp
(republicano) y el ex representante Beto O'Rourke (demócrata) cayó ante
el gobernador Greg Abbott en Texas.
EE.UU. tiene la peor
inflación en cuatro décadas (9,1%), el peor desplome de los salarios
reales en 40 años, la peor ola de criminalidad desde los años 90, la
peor crisis fronteriza de la historia de Estados Unidos, tiene a Joe
Biden, que es el presidente menos popular desde Harry Truman, y no hubo
una marea roja. ¿Qué pasó?
Ni uno ni otro partido apreciaron en
su justa medida el estado de ánimo de la población. Obnubilados por la
competencia entre los candidateables para 2024, los trumpistas quisieron
comer el postre antes de sentarse a la mesa y el conservador aparato
partidario retaceó su apoyo en muchas de las peleas clave. Cansados del
boxeo en la sombra impuesto por la corrección política y alelados por el
vergonzoso espectáculo que da el presidente, los demócratas tampoco se
jugaron demasiado.
Fueron los votantes quienes estuvieron a la
vanguardia de la decisión. Si bien el voto rural más que el urbano y los
deciles de altos ingresos más que los bajos se orientaron por los
republicanos, el corrimiento hacia los conservadores se dio también
entre los afroamericanos y los hispanos, así como entre las mujeres y
las minorías de género. En general primó una suave inclinación hacia el
color rojo, pero el movimiento no ha traído ningún vuelco. Más bien, los
sufragantes han hecho a la clase política una advertencia y un reclamo:
dejen de lado la lucha ideológica y resuelvan los problemas concretos.
Un acuerdo interpartidario para impulsar la movilidad eléctrica puede
dar a EE.UU. un nuevo proyecto de desarrollo como el fordismo en el
siglo XX
El corrimiento de la
representación hacia el centro convalida el poder instituido de ambos
aparatos partidarios, la Justicia, los medios, las finanzas, los
servicios de seguridad y de inteligencia, así como las fuerzas armadas,
en suma, el establishment. Si alcanzan un gran acuerdo suprapartidario,
pueden implementar el plan de infraestructura y transición ecológica de
Biden, poniéndose a la vanguardia de la movilidad eléctrica en
Occidente. Ya frenada la industria alemana, para ello cuentan con la
enorme masa de capital financiero absorbida en los últimos meses gracias
al alza de las tasas de interés, la energía barata provista por la
explotación del petróleo y gas de esquistos, la disponibilidad sobre una
gigantesca masa laboral proveniente del crecimiento demográfico de los
2000 y de la inmigración y, finalmente, cuentan también (junto con
Canadá) con el control diplomático y militar sobre los minerales
estratégicos del este de África, así como sobre el litio de Argentina y
Chile. Si se ponen de acuerdo en desarrollar la movilidad eléctrica,
iniciarán un ciclo virtuoso como el fordista del siglo XX. Si, por el
contrario, anteponen sus anteojeras ideológicas y prolongan la fractura
interna, entrarán en un ciclo interminable de luchas fraticidas y de
retroceso ante las potencias competidoras.
Sin reparar en daños, Canadá y EE.UU. llevan a través del Atlántico una
estrategia bélica, para no perder el control sobre los minerales
críticos imprescindibles para la movilidad eléctrica
Por Eduardo J. Vior Agencia Télam
07-11-2022 | 19:12
Canadá no descuida su expansión minera en el continente americano
Por más de un siglo el petróleo fue la principal fuente para la
generación de energía. Muchas guerras y millones de muertos se explican
por el predominio de esta fuente energética. Fue útil, mientras
Occidente pudo aprovechar su control sobre las regiones productoras y se
aseguró la competitividad de su industria. La globalización de las
décadas de 1970 a 1990 se financió con el petróleo barato y la inversión
financiera de sus propietarios en la economía atlántica, pero, cuando
China superó la productividad occidental, América del Norte y Europa
Noroccidental decidieron abandonar la globalización.
Las
potencias occidentales decidieron, entonces, cerrar su área hegemónica a
cualquier competencia euroasiática. Primero rompieron las cadenas
mundiales de producción aprovechando la pandemia de Covid19 (2020-21);
luego se apalancaron en la actual guerra mundial. Esta clausura se
manifiesta especialmente en la competencia por los minerales críticos
imprescindibles para la transición hacia la movilidad eléctrica que cada
vez más es encarada con criterios militares.
Al cerrarse,
Occidente dibujó un nuevo mapa de la economía atlántica determinado por
los componentes de las nuevas fuentes energéticas. En las baterías
recargables se utiliza en proporciones diversas, según la tecnología
aplicada, litio, níquel, cobalto, grafito, manganeso, alúmina, estaño,
tántalo, magnesio y vanadio. A excepción del litio, concentrado
mayoritariamente en el triángulo entre Argentina, Bolivia y Chile,
Brasil ocupa entre el tercero y el quinto puesto mundial por sus
reservas de los demás minerales. No obstante, la anarquía y el
desgobierno provocados por casi 30 años de guerra ininterrumpida hacen
muy barato saquear las reservas de África Oriental. La sangre africana y
el oro blanco de los Andes son piezas complementarias de la nueva
estrategia trasatlántica de dominación en la que las empresas mineras
canadienses cumplen un rol central.
El presidente de la
República Democrática del Congo (RDC, capital Kinshasa), Félix
Tshisekedi, convocó el pasado jueves 3 a la movilización general y a la
juventud a formar milicias, para enfrentar la amenaza de los terroristas
del M23. Se trata de un grupo guerrillero tutsi que desde hace años
opera en el este del país con apoyo de la vecina Ruanda y que en los
últimos meses ha retomado su actividad con especial virulencia.
La semana pasada los rebeldes tomaron el control de otros dos grandes
asentamientos en el este del Congo, duplicando así la zona bajo su
control. El contingente de la ONU ubicado en la provincia de Kivu del
Norte (fronteriza con Ruanda y Uganda) se retiró sin intervenirl
provocando el pánico de la población civil que luego se convirtió en
protestas espontáneas en muchas ciudades del país con banderas rusas y
retratos de Vladimir Putin.
Ahora los destacamentos del M23 se
encuentran a sólo 30 km de la ciudad de Goma, la capital provincial.
Para el grupo se trata de un objetivo importante por su proximidad a
Ruanda, de donde recibe suministros, y por la posición de fuerza que
adquiriría ante el gobierno central, pero éste ya ha anunciado que no
piensa negociar y el conflicto va para largo.
Con 3,6 millones
de toneladas (el 70% del total), la República Democrática del Congo
tiene las mayores reservas de cobalto del mundo, un mineral esencial
para la fabricación masiva de baterías eléctricas. Es, asimismo, el
tercer mayor productor de cobre, con 1,8 millones de toneladas al año.
Casi todo el cobalto del país procede de los yacimientos de cobre.
Además, hay grandes reservas que aún no han sido exploradas con
tecnología moderna, por lo que las existencias pueden ser mucho mayores.
Si bien también influyen otros factores, estas riquezas naturales
explican buena parte de los enfrentamientos entre grupos armados que
desde hace casi 30 años azotan la parte oriental del país. A pesar de
reiterados ceses del fuego, especialmente en los últimos meses se ha
agudizado en la región lo que el presidente congoleño llama "guerra
económica por los recursos".
Por primera vez desde la
independencia en 1960 en enero de 2019 tuvo lugar un traspaso pacífico
del poder pacífico. Como resultado de unas elecciones consideradas por
los observadores como amañadas, Félix Tshisekedi sucedió a Joseph Kabila
(2001-19). Tras un año de luchas intestinas en la coalición de gobierno
entre los bloques parlamentarios del antiguo y del nuevo presidente,
desde mediados de 2020 el nuevo mandatario logró reducir la influencia
de su predecesor.
El M23 (por "Movimiento 23 de Marzo"), en
tanto, es un antiguo grupo rebelde tutsi que retomó las armas a finales
del año pasado culpando a Kinshasa de no haber respetado los acuerdos
que permitieron su desmovilización en 2013. A su vez, el gobierno
congoleño acusa a su vecino ruandés de apoyar a los rebeldes.
Los presidentes de la República Democrática del Congo, Félix Tsisekedi (izq.), y de Ruanda, Paul Kagamé (der.)
Tras diversos picos de ataques y desplazamientos forzados a principios
de 2021, el gobierno central declaró el estado de sitio en el este del
país, sustituyendo a los administradores civiles de Kivu del Norte e
Ituri por gobernadores militares. Mientras tanto, en Kivu del Sur se
libra una guerra en la que participan fuerzas de Burundi y Ruanda así
como grupos rebeldes congoleños. Por último, desde principios de 2022,
el regreso del M23 ha desestabilizado aún más la región.
Detrás
del conflicto asoma el robo de los recursos minerales de Congo. El
principal sindicado es el gobierno de Ruanda, sostenido por EE.UU. y
estrechamente asociado a empresas mineras occidentales. Este año un
informe de Global Witness estimó que el 90% del coltán (principal fuente
de tantalio), el estaño y el wolframio que exporta Ruanda entran de
contrabando desde la RDC. Muchos sindican como principal responsable por
el saqueo de las riquezas congoleñas al presidente ruandés Paul Kagamé,
un saqueo que se ve facilitado por el intenso intercambio entre ambos
países en los sectores agrícola, comercial y de servicios, a veces en
una sola dirección, porque la RDC no está en condiciones de satisfacer
sus necesidades básicas.
Con una economía en expansión (6,4% de
crecimiento anual promedio entre 2012 y 2021), aunque dependiente de la
inversión extranjera y de las subvenciones, Según datos oficiales, las
subvenciones internacionales representan el 16,1% de los ingresos en el
presupuesto de 2021-22. Ruanda rechaza las acusaciones vertidas contra
ella por la RDC y busca mantener relaciones sólidas con la comunidad
internacional. Por ello Kigali espera que la mediación de la Comunidad
de África Oriental (EAC, por su nombre en inglés) impida que el
conflicto se agrave e interrumpa el funcionamiento de las industrias
extractivas en la RDC.
No obstante, el gobierno ruandés parece
haber perdido el apoyo incondicional de sus aliados occidentales. El
Presidente Paul Kagamé (en el gobierno desde 2000) es muy criticado por
la prensa africana. Este fundador del Frente Patriótico Ruandés (FPR),
ex guerrillero entrenado por el US Army en los años 1970 en Fort
Leavenworth, Kansas, provocó en 1994 la masacre en la que fueron
asesinados 800.000 miembros de su pueblo tutsi, para, luego de
participar en 1998 en la Segunda Guerra del Congo, hacerse con el poder
en Kigali. Desde 2000 gobierna dictatorialmente su país y, gracias al
apoyo occidental, sus propios negocios y el saqueo de las riquezas de
Congo, ha mantenido una economía en crecimiento del PBI y un país
ordenado.
El fin de la globalización y la guerra mundial en
curso están cambiando vertiginosamente los alineamientos en África. Las
naciones del oeste y centro del continente se alejan crecientemente de
las antiguas potencias coloniales Francia y Reino Unido y se acercan a
Rusia y China. Como, al mismo tiempo, Occidente corre detrás de China en
la transición hacia las energías limpias, las potencias occidentales,
sobre todo EE.UU. y Canadá, defienden ferozmente su dominio sobre los
minerales estratégicos de África y no dudan en agudizar los
enfrentamientos.
El precio de muchos minerales importantes se
disparó tras el comienzo de la guerra en Ucrania. La economía rusa posee
el 7% del suministro mundial de níquel, el 10% del platino, el 20% del
titanio y el 25% del paladio. El precio de estos metales y otros, como
el aluminio, el cobalto y el cobre, subió en marzo de 2022, para
estabilizarse en los meses siguientes, aunque en muchos casos con
precios superiores a los normales.
En su Estrategia de Minerales
Críticos, Canadá ha incorporado algunos de los minerales más
fluctuantes. Con un presupuesto de 3.800 millones de dólares, fue
anunciada por el gobierno de Justin Trudeau en 2021, para asegurar
insumos para "aplicaciones de energía renovable y tecnologías limpias" y
garantizar la primacía económica de Canadá en los campos de
"tecnologías de defensa y seguridad, electrónica de consumo,
agricultura, aplicaciones médicas e infraestructura crítica."
Aunque el gobierno canadiense sigue apoyando la extracción de estos
minerales a nivel nacional, en las últimas décadas la industria minera
de Canadá ha asumido una orientación cada vez más global. América Latina
ha sido históricamente la región más rentable para las empresas mineras
canadienses, pero recientemente, tanto el gobierno de Biden como el de
Trudeau han destacado el rol de África como un proveedor cada vez más
importante.
En el continente africano la extendida falta de
normativas medioambientales adecuadas abarata los proyectos mineros y
los políticos canadienses están ávidos por mantener y ampliar el acceso a
los minerales críticos en esa región del globo. Además de asegurarse su
aprovisionamiento, también aprovechan la neutralidad de la mayor parte
de África para incrementar sus reservas minerales y obtener ventajas
comaprativas ante Rusia y China.
El capital canadiense financia o
explota proyectos mineros en más de 100 países y la extracción crece
cada año. Para 2025 se estima que el mercado mundial de la minería y los
minerales alcanzará un valor de 2,4 mil millones de dólares, lo que
supone una tasa de crecimiento anual compuesto del 7%. Este crecimiento
sólo se logrará con un amplio apoyo gubernamental, por lo que los
gobiernos occidentales están concediendo subvenciones y fomentando las
inversiones extranjeras directas (IED) en la industria minera.
En las últimas décadas la inversión minera canadiense en el extranjero
ha aumentado considerablemente, hasta el punto de que los activos
mineros en el extranjero comprenden ahora el 70% del valor total de
todas las operaciones mineras canadienses, es decir, 188.000 millones de
dólares. En África, el valor total de dichos activos mineros
canadienses asciende a 36.500 millones de dólares.
En 2020, 106
empresas mineras de propiedad canadiense operaban en África. Sus
inversiones abarcan todo el continente, pero se concentran
principalmente en un puñado de países: Malí, Mauritania, Burkina Faso,
Ghana, la República Democrática del Congo, Tanzania, Zambia y Sudáfrica.
De todos estos países, Zambia es el más valioso para las empresas
canadienses, con activos valorados en unos 10.000 millones de dólares.
Proyectos de minería canadiense en la región
Proyectos mineros canadienses en América Latina
Mientras mantiene el control sobre sus reservas en la minería africana,
Canadá no descuida su expansión en el continente americano y la
exclusión de competidores. El 28 de octubre pasado el gobierno federal
publicó un lineamiento político aclarando cómo se aplicará la Ley de
Inversiones de Canadá (ICA) a las inversiones de empresas estatales
extranjeras (SOE, por su nombre en inglés) en el sector de los minerales
críticos. Esta política indica que las inversiones de las sociedades
estatales extranjeras en las empresas canadienses de minerales críticos
serán severamente supervisadas bajo criterios de seguridad nacional.
Dichas inversiones ya vienen siendo muy supervisadas y desde 2009 el
gobierno canadiense ha tenido el poder discrecional de bloquear o
cancelar dichos emprendimientos -y, de hecho, cualquier inversión-
utilizando sus poderes de seguridad nacional. Por lo tanto, la reciente
declaración debe entenderse más como una manifestación de voluntad
política que como una novedad legal. En los últimos años el gobierno
de Canadá ha prestado una atención especial a los minerales críticos.
Ya en enero de 2020 Canadá y Estados Unidos acordaron un Plan de Acción
Conjunto sobre la Colaboración en Minerales Críticos y Ottawa publicó en
marzo de 2021 la Lista de Minerales Críticos, que incluye 31 minerales.
Muchos de ellos se producen ya en Canadá, pero otros pueden ser
extraídos por empresas canadienses en el extranjero sobre cuya actividad
en otros países el Estado también legisla. El pasado mes de enero, por
ejemplo, el ministro de Industria fue citado ante el comité del ramo en
el Parlamento Federal, para aclarar por qué el gobierno permitió la
adquisición de una empresa canadiense con activos de litio en Catamarca,
Argentina (Neo Lithium) por parte de una empresa minera estatal china
(Zijin Mining), sin llevar a cabo una revisión completa de las
implicaciones de seguridad nacional. Debe subrayarse que el legislativo
canadiense se arroga por criterios de “seguridad nacional” el derecho de
autorizar o no la venta de una empresa canadiense en territorio
argentino y nuestro gobierno no ha dicho nada al respecto.
De
acuerdo con la declaración política del 28 de octubre, la supervisión
sobre la toma de control de un negocio canadiense en minerales críticos
por parte de una empresa pública extranjera sólo se producirá de forma
"excepcional". Esto no significa que nunca se apruebe, sino que muy
probablemente requerirá que se proporcionen amplias garantías de
seguridad.
Ya en virtud de la ICA todas las inversiones de
extranjeros en empresas canadienses, incluidas las inversiones
minoritarias e indirectas, independientemente de su valor, están sujetas
a un posible examen de seguridad nacional. La declaración política
también aclara que las disposiciones de seguridad nacional se aplican
ampliamente a toda la cadena de suministro, para incluir a las entidades
que participan únicamente en la exploración.
El miércoles
pasado Canadá ordenó a tres empresas chinas que se desprendieran de sus
inversiones en minerales críticos canadienses. En respuesta, Beijing
acusó a Ottawa de utilizar la seguridad nacional como pretexto y de
infringir las normas internacionales de comercio y mercado. Las tres
empresas afectadas son Sinomine Rare Metals Resources Co Ltd (de Hong
Kong), Chengze Lithium International Ltd, también con sede en Hong Kong,
y Zangge Mining Investment Co Ltd. (con sede en Chengdu).
La
competencia mundial por los recursos minerales y metálicos vitales para
las tecnologías de energía limpia ha adquirido ribetes estratégicos, es
mundial y, como tal, forma parte de la guerra en curso entre las
potencias atlánticas y las euroasiáticas. Especialmente en el campo de
la movilidad eléctrica las potencias occidentales están retrasadas
respecto a China e intentan recuperar terreno bloqueando el acceso de
las empresas orientales a los yacimientos de minerales estratégicos. En
este campo bélico las corporaciones canadienses tienen un rol central.
Ya tomaron el control de los recursos argentinos y brasileños y los
manejan como propios, pero, para evitar el avance de China, intentan
también mantener su control sobre las reservas africanas. Para ello no ahorran en sangre. Un solo río de sangre une los minerales estratégicos de África con el oro blanco de los Andes.
¿Se convertirá alguna vez en un lazo de cooperación para la ayuda mutua?
Cercado por sus enemigos de adentro y afuera, el líder brasileño busca
en la política exterior el apoyo, para recuperar la economía brasileña y
sacar a su pueblo del hambre y la violencia
Por Eduardo J. Vior
Agencia Télam 01-11-2022 | 11:07
Foto Leo Vaca.
“Uno no puede crear nada por sí mismo; sólo puede esperar hasta
escuchar el paso de Dios resonando a través de los acontecimientos;
entonces salta hacia adelante y agarra la punta de su manto. Eso es
todo.” (Otto von Bismarck, Canciller de Prusia y de Alemania, 1862-90)
Este domingo 30 Luis Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta de la
elección presidencial brasileña por una ínfima diferencia, su
contrincante venció en la mitad sur, la más rica y poderosa del país y
todavía tendrá durante dos meses oportunidad suficiente de hacer daño
desde el Planalto. El próximo gobierno estará apoyado en el Congreso por
diez partidos que muchas veces estuvieron enfrentados entre sí,
mientras que el legislativo estará conducido por el mayoritario Centrão
(el gran centro), que viene de sostener a Jair Bolsonaro y, con
seguridad, cobrará cara cada ley que apruebe. El vicepresidente electo,
Geraldo Alkmin, es un dirigente de centroderecha que en 2014 inició el
juicio político contra Dilma Rousseff. El futuro presidente, a su vez,
tiene 77 años, hace pocos años superó un cáncer y durante su prisión
perdió a la compañera de su vida, a un hermano y a un nieto. Tantos
golpes acumulados dejan rastros.
Estas circunstancias personales
y políticas se ven empeoradas por el contexto económico y social. En
Brasil hay hambre y millones de brasileños duermen en las calles. En la
Amazonía los fazendeiros queman una cancha de fútbol por día. Las
policías, las milicias y los civiles armados asesinan cotidianamente a
negros, indios y pobres. El narcotráfico controla el sur del país con la
benevolencia del alto mando militar y ramificaciones en Paraguay. La
Bolsa paulista ya avisó que no tolerará el mínimo desvío de la política
de estabilidad macroeconómica imperante.
Foto Julián Álvarez.
No obstante tanta adversidad, Lula vio la puerta abierta y entró. La
Historia mundial está dando un salto gigantesco: se acabó el orden
atlántico del último milenio y uno nuevo está surgiendo. Brasil y
Argentina juntos pueden reconducir el Mercosur. En cooperación con
México liderarían la CELAC y desde esta plataforma podrían negociar en
bloque con China y con EE.UU. La Unasur reconstruida ofrecería el
sustento político para pacificar y organizar el subcontinente, el
BRICS+, en tanto, puede brindar un escenario privilegiado para que
Brasil participe en el liderazgo mundial. La iniciativa de la Franja y
la Ruta, finalmente, interconectaría a Brasil con la nueva economía
mundial. Lo que su país no da, Lula lo busca en la nueva arquitectura
internacional.
Llamó la atención que el domingo por la noche
Lula leyera un discurso medido y cuidadosamente preparado. No es su
hábito. Fue un texto programático en el que hizo hincapié en la defensa
de la democracia; la lucha contra el hambre, el impulso del desarrollo
sostenible con inclusión social y en una "lucha implacable contra el
racismo, los prejuicios y la discriminación". Invitó también a la
cooperación internacional para preservar la selva amazónica y anunció
que luchará por un comercio mundial justo.
La tarea de Sísifo de
Lula comienza ahora. Hereda una nación devastada: al menos 33 millones
de brasileños están sumidos en el hambre, otros 115 millones luchan
contra la "inseguridad alimentaria" y el 79% de las familias son rehenes
de altos niveles de endeudamiento personal. Deberá enfrentarse a un
Congreso y un Senado profundamente hostiles e incluso a gobernadores
bolsonaristas, por ejemplo, en el estado más poderoso de la federación,
São Paulo, que concentra más poder de fuego industrial que muchas
latitudes del Norte Global.
Foto Leo Vaca.
El vector absolutamente clave es que el sistema financiero
internacional y el "Consenso de Washington", que ya controlan la agenda
de Bolsonaro, han capturado el gobierno de Lula incluso antes de que
comience. No es casualidad que la revista neoliberal británica The
Economist ya haya "advertido" al presidente electo que se desplace hacia
el centro, es decir, que permita que su gobierno sea dirigido por la
mafia financiera internacional. Probablemente Lula designe a Henrique
Meirelles como ministro de Economía. Este ex director general de
FleetBoston (el segundo mayor acreedor externo de Brasil después del
CitiGroup) ya ha expresado un apoyo irrestricto a Lula, para quien
trabajó anteriormente como jefe del Banco Central. Si es nombrado,
seguramente Meirelles mantendrá la política de estabilización
macroeconómica del actual ministro Paulo Guedes, confirmando así la
línea que el propio Meirelles trazó en 2016, durante el gobierno de
Michel Temer, tras el golpe institucional contra Dilma Rousseff.
El cerco internacional en torno a Lula se viene construyendo desde hace
meses. El pasado mes de abril la subsecretaria de Estado para Asuntos
Políticos de Estados Unidos, Victoria Nuland, la autora del golpe de
estado de 2014 en Ucrania, visitó Brasil "extraoficialmente". Se negó a
reunirse con Bolsonaro y alabó el sistema electoral brasileño. Más
tarde, Lula prometió a la UE una especie de "cogobernanza" de la
Amazonía y condenó públicamente la "Operación Militar Especial" rusa en
Ucrania. Todo esto después de que en 2021 hubiera elogiado a Joe Biden.
La "recompensa" por la actuación fue una portada de la revista Time.
Todo lo anterior puede sugerir que el entrante gobierno del Partido de
los Trabajadores se alineará en una pseudoizquierda (neoliberalismo con
rostro humano) y estará infiltrado por todo tipo de vectores de derecha
al servicio de Wall Street y del Departamento de Estado. Los puntos
clave serían, entonces, la adquisición de activos económicos clave por
parte de los sospechosos globalistas habituales y el estrangulamiento
del espacio soberano de Brasil.
Lula, por supuesto, es demasiado
inteligente para ser reducido al papel de mero rehén del capital
financiero internacional especulativo y concentrado, pero su margen de
maniobra interno es extremadamente limitado.
Foto Leo Vaca.
En el exterior, Lula jugará una partida totalmente diferente. Habiendo
sido fundador del BRICS en 2006, es muy respetado por Xi Jinping y
Vladimir Putin. Ha prometido cumplir un solo mandato, hasta finales de
2026, pero ése es precisamente el tramo clave para atravesar la década
que Putin describió en su reciente discurso en la conferencia anual del
Club Valdai como la más peligrosa e importante desde la Segunda Guerra
Mundial.
El impulso hacia un mundo multipolar, representado
institucionalmente por una congregación de organismos que van desde los
BRICS+ hasta la Organización de Cooperación de Shangai y la Unión
Económica Euroasiática, se beneficiará enormemente de tener a Lula a
bordo como líder natural del Sur Global.
Por supuesto, su
política exterior inmediata se centrará en América del Sur: ya ha
anunciado que su primera visita presidencial lo traerá a Argentina.
Efectivamente, en enero se celebrará en nuestro país la cumbre anual de
la CELAC en la que la Casa Rosada espera obtener nuevamente la
presidencia pro tempore. En la reunión seguramente Brasil se reintegrará
al bloque. Allí Lula tendrá oportunidad de conversar con sus pares de
todos los colores, desde Nicolás Maduro y Daniel Ortega hasta Guillermo
Lasso y Luis Lacalle Pou.
Luego visitará Washington. Tiene que
hacerlo. Mantené a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca, dice
el refrán. Nadie duda en el Sur Global de que bajo Barack Obama y Joe
Biden se orquestó la compleja operación para derrocar a Dilma en 2014 y
expulsar a Lula de la política, pero al mal tiempo hay que ponerle buena
cara.
Por cierto, en la cumbre del G20 que se celebrará en Bali
dentro de dos semanas Brasil tendrá una representación meramente
formal, pero seguramente el mandatario electo enviará una delegación
extraoficial a la que Argentina abrirá la puerta. Ya en enero próximo,
en la próxima cumbre del BRICS en Sudáfrica, los roles se invertirán y
será Brasil quien dé la bienvenida a Argentina. Allí también se sumarán
Arabia Saudí y, probablemente, Irán y Turquía.
Lula ya ha
declarado que el BRICS será el instrumento central de su política
exterior. Se explica, primero, por una razón lógica: esta plataforma
intercontinental reúne potencias emergentes de Asia, África y América
Latina con distintos regímenes y orientaciones, pero concordantes en
construir un orden internacional paritario. Sobre todo, empero, pesa el
antecedente histórico: desde el principio de su gobierno, en 2003, Lula
apostó por una asociación estratégica con China y consideró su primer
viaje a Beijing en 2004 como su máxima prioridad en política exterior.
Desde 2009 Brasil ha sido el socio comercial clave de China en América
Latina, absorbiendo aproximadamente la mitad de las inversiones de la
potencia asiática en la región y más inversión que cualquier otro
destino latinoamericano en 2021. Se sitúa también como el quinto mayor
exportador de crudo para el mercado chino, el segundo de hierro y el
primero de soja. Lula es considerado por China como un viejo amigo y ese
capital político le abrirá prácticamente todas las puertas rojas.
Foto Julián Álvarez.
Esto puede incluir que Lula inscriba formalmente a Brasil como socio de
la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por su nombre en inglés) de
una manera que no moleste a Estados Unidos. El presidente electo,
después de todo, es un maestro en este arte.
El tiempo es corto:
no se sabe cuánto tiempo de vida resta a Lula y el líder no tiene
sucesor. En algún momento de esta década EE.UU. va a haber saldado su
lucha interna e intentará volver por sus fueros. Nadie sabe cuándo ni
cómo se resolverá la guerra mundial en curso ni se conoce cómo será el
orden de la posguerra. Por eso no hay un minuto que perder. En la noche
de la elección Lula leyó un discurso programático, para iniciar al día
siguiente las tratativas con las distintas facciones políticas y
económicas y no dejar el más mínimo resquicio por donde pueda colarse la
violencia reaccionaria. Alberto Fernández viajó inmediatamente a
Brasil, para acordar la agenda regional e internacional. Las cumbres del
G20, de la CELAC y del BRICS+ están a la vuelta de la esquina y la
coordinación brasileño-argentina es imprescindible. Sólo juntos podemos
tapar en Mercosur el agujero bajo la línea de flotación que ha abierto
Uruguay al iniciar negociaciones para un acuerdo de libre comercio con
China. Cuando la Historia da un salto, hay que montarla sin titubear,
pero con el impulso justo, porque, si uno falla el envión, quedará por
mucho tiempo con las piernas para arriba y la espalda rota.
La irritación que EE.UU. manifiesta después del chasco que los asesores
de Biden se llevaron con Arabia Saudita demuestra la pérdida de sentido
de realidad del Imperio en decadencia
Por Eduardo J. Vior
Agencia Télam 27-10-2022 | 20:55
Antony Blinken
El secretario de Estado estadounidense Antony Blinken dijo el miércoles
que Estados Unidos reevaluaría su relación con Arabia Saudita por la
decisión del reino de poner en práctica el acuerdo adoptado por la OPEP+
(la asociación de la OPEP con otros países exportadores de petróleo)
para recortar la producción de petróleo a partir del próximo mes, una
medida sobre la que la Casa Blanca afirma que ayuda al esfuerzo bélico
de Moscú contra Ucrania. Ofendida por el fracaso de sus gestiones, para
que Riyad no se sumara al parcial boicot petrolero, la diplomacia
norteamericana impulsa ahora que el Congreso suspenda la ayuda militar a
Arabia Saudita. Con la iniciativa Washington se malquista con un viejo
aliado en Medio Oriente, sin un provecho visible.
Los líderes
sauditas decidieron a principios de este mes unirse a Rusia para liderar
un cártel de productores de petróleo y anunciar el recorte de la
producción en dos millones de barriles diarios, lo que podría elevar los
precios y, secundariamente, ayudar a Rusia que está gastando mucho en
su guerra en Ucrania.
Este miércoles el secretario de Estado
Antony J. Blinken reiteró que considera "equivocada" la decisión
anunciada el 5 de octubre en Viena por la OPEP+, un grupo de 23 países
productores de petróleo que incluye a Rusia. También dijo que la
reevaluación de la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita se
haría "en consulta con los miembros del Congreso, para asegurarnos de
que la relación refleje mejor nuestros propios intereses".
Los
funcionarios sauditas responden que la OPEP+ toma sus decisiones
exclusivamente en base a un análisis económico del mercado del petróleo y
no por motivos políticos. También niegan estar cooperando con Rusia en
materia de política petrolera.
En la entrevista con Bloomberg,
Blinken dijo que el gobierno de EE.UU. reconocía que desde el anuncio de
la OPEP+ Arabia Saudita había hecho algunos gestos “para ayudar a
Ucrania”, incluyendo el apoyo a una reciente resolución de la Asamblea
General de la ONU que condena la incorporación a Rusia de cuatro
provincias del sur y del este y un anuncio de Riad de que dará a Ucrania
400 millones de dólares en ayuda humanitaria adicional. "Ambos son
avances positivos", dijo el secretario, pero "no compensan la decisión
que tomó la OPEP+ sobre la producción".
Estados Unidos y sus
aliados han impuesto amplias sanciones económicas a Rusia desde que ésta
emprendió las hostilidades contra Ucrania en febrero, pero Rusia ha
seguido obteniendo importantes ingresos de las exportaciones de petróleo
debido a los altos precios mundiales del crudo. Entre tanto, éstos dan
señales de descender, porque el aumento de las tasas de interés en
EE.UU. revalorizó el dólar y está bajando los precios relativos de los
productos transables (commodities). Ciertamente, el anuncio de la OPEP+
no ha provocado todavía un aumento de los precios del petróleo, pero los
funcionarios estadounidenses están pendientes de lo que ocurra, cuando
la disminución de la producción entre en vigor en noviembre.
Estados Unidos y sus aliados europeos también están tratando de elaborar
un complejo mecanismo para imponer un tope de precios al petróleo ruso,
en tanto a principios de diciembre entra en vigor un embargo parcial de
Europa sobre el producto. Sin embargo, el anuncio de la OPEP+ en
octubre complicó estas iniciativas.
A finales de septiembre los
funcionarios estadounidenses trataron de persuadir a Arabia Saudita de
que no se adelantara a la decisión del cártel petrolero anunciando por
su cuenta el recorte de la producción. Entonces pensaron que los
sauditas respetarían el acuerdo confidencial que habían alcanzado en
mayo, para que el reino presionara a la OPEP+ para que anunciara
aumentos graduales de la producción de petróleo a lo largo del otoño y
así ayudara a bajar los altos precios del hidrocarburo. Sin embargo, los
sauditas niegan haber hecho tal acuerdo y afirman que ellos actúan
exclusivamente en función de las condiciones del mercado.
Evidentemente, la diplomacia norteamericana hizo sus cálculos en base a
un esbozo de promesa saudita que nunca se concretó. Ahora el
Departamento de Estado está ofendido por la supuesta deslealtad saudita y
reacciona irritado.
Tras el anuncio de que la OPEP+ recortará
drásticamente la producción de petróleo, el presidente Biden pidió que
se "reevaluara" la relación de Washington con Arabia Saudita y varios
miembros del Congreso han propuesto leyes para castigar a su más antiguo
aliado en Oriente Medio. Sin embargo, sólo un instrumento legislativo
-la Resolución de Poderes de Guerra de Yemen (WPR, por sus siglas en
inglés)- tiene perspectivas realistas de ser adoptada y transformar la
relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita.
La Resolución de
Poderes de Guerra fue adoptada en 1973 para sacar a Estados Unidos de
Vietnam. La ley daba al Congreso el control sobre el uso que el
ejecutivo puede hacer de la fuerza militar. De acuerdo con sus normas,
los proyectos de ley que invocan la WPR reciben un estatus especial
acelerado que requiere que el Congreso los vote en los 15 días
legislativos siguientes a su presentación.
La promulgación de
una WPR sobre Yemen cambiaría fundamentalmente la relación entre Estados
Unidos y Arabia Saudita, al poner fin al apoyo de Washington a la
agresión de Riyad contra Yemen. También pretende demostrar al príncipe
heredero saudí Mohamed bin Salman el enojo de Estados Unidos, si lleva a
cabo políticas contrarias a los intereses norteamericanos.
El
proyecto de ley ya cuenta con un importante apoyo en el Congreso, con
118 miembros de la Cámara y 12 senadores y está a la espera de ser
presentado. En medio del enfado por la decisión de la OPEP+, los
congresistas han propuesto también otras respuestas. El senador Bob
Menéndez (demócrata de Nueva Jersey), por ejemplo, declaró recientemente
que "como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado no
daré luz verde a ninguna cooperación con Riad hasta que el reino
reevalúe su posición respecto a la guerra en Ucrania".
Otros
representantes fueron aún más lejos, pidiendo la retirada completa de
los sistemas de defensa antimisiles y de las tropas estadounidenses
tanto de Arabia Saudita como de los Emiratos Árabes Unidos. Asimismo se
presentaron en la Cámara y en el Senado proyectos para prohibir durante
un año la transferencia de armas, piezas de repuesto y apoyo logístico
al ejército saudita. Si bien es saludable que, después de ocho años
de agresión saudita y emiratí contra Yemen, EE.UU. decida cortar su
ayuda militar a los invasores, es sintomático que suceda en momentos en
que Saudiarabia da claras señales de autonomía, al acompañar la decisión
de la OPEP+. Desde que los norteamericanos comenzaron hace cinco años a
exportar hidrocarburos, se convirtieron en competidores de los
sauditas. Por otra parte, después de que el apoyo ruso a Siria frustrara
allí la intervención saudita, luego de que Israel llegara a una
convivencia respetuosa con Rusia y de que el estrechamiento de los lazos
entre Moscú y Teherán desbalanceara peligrosamente la relación de
fuerzas en Oriente Medio, Riyad entendió que Estados Unidos ya no podía
ni quería apoyarlo. El príncipe heredero Mohamed bin Salman salió
entonces a transitar nuevos caminos. Uno de ellos lo llevó a Moscú.
Si el Congreso norteamericano suspende la ayuda militar a Arabia
Saudita, pero no reencauza su vínculo con la sufriente Yemen, no habrá
hecho otra cosa que deteriorar aún más sus relaciones con los sauditas,
sin obtener a cambio ninguna ventaja ni producir ningún efecto positivo.
Es el típico caso de un Imperio que se durmió en las glorias pasadas:
cree que sigue controlando los procesos globales, cuando en realidad ha
roto él mismo los hilos con los que antes los conducía. El Imperio ya no
comprende lo que sucede a su alrededor y choca cada vez más
frecuentemente con la nueva realidad de un mundo multipolar. Cazador cazado.
Sólo los neutrales activos sobrevivirán la guerra mundial
En momentos en que el conflicto en Ucrania llega a un punto de
inflexión, los países no alineados que no implementen políticas
independientes serán arrastrados por las potencias en pugna
Por Eduardo J. Vior Agencia Télam
25-10-2022 | 09:13
Vista de Kiev a oscuras en la noche del 24/25 de octubre / Foto: AFP.
Al cumplirse ocho meses de iniciadas las hostilidades en Ucrania, queda
claro que allí se dirime la primera fase militar de una conflagración
entre Occidente y las potencias euroasiáticas que va a continuar en
otros escenarios, en todos los ámbitos y durante muchos años, hasta
tanto se defina un nuevo orden mundial. Ya ha quedado claro que EEUU y
Gran Bretaña distan de haber alcanzado su objetivo estratégico: imponer
el cambio de régimen, fracturar y dividir Rusia. El Kremlin, por su
parte, ha corregido sus tácticas y métodos, pero no desiste de
desmilitarizar y desnazificar Ucrania como condición de supervivencia de
una Rusia unida. Sin embargo, la crisis política y económica en los
países occidentales, por un lado, la activa neutralidad de Turquía y el
triunfo de Xi Jinping en el 20º Congreso del PCCh, por el otro, han
permitido a Rusia redoblar su esfuerzo de guerra destruyendo la
infraestructura ucraniana y movilizando un enorme potencial de efectivos
y medios que pronto se hará sentir en el campo de batalla. El conflicto
ha llegado a un punto de inflexión. Los países no alineados –la mayoría
del mundo- pueden elegir ser arrastrados por los acontecimientos o
ejercitar una neutralidad activa.
Desde el sábado 22 de octubre
se produjeron nuevas olas de ataques rusos a la infraestructura crítica
de Ucrania. Varias ciudades en todas las regiones han quedado sin
suministro de energía eléctrica. El gobierno de Kiev informó que los
trenes se operarán con las pocas locomotoras diésel (de la época
soviética) disponibles que, por otra parte, son difíciles de transferir a
líneas por las que no circulan. La falta de electricidad afectará
seriamente la logística de las fuerzas armadas de Ucrania.
La
primera ola de cohetes contra el sistema eléctrico y los ferrocarriles
de Ucrania llegó el 9 de octubre. Tanto entonces como ahora Rusia se ha
abstenido de atacar la red de 750MW que une Ucrania con el resto de
Europa. Si lo hiciera, obligaría a su enemigo a apagar las tres
centrales nucleares que restan al país, con los consecuentes riesgos de
accidente nuclear. Según coinciden diversas fuentes, el gobierno ruso
habría informado a los norteamericanos esta autolimitación,
advirtiéndoles, empero, que bombardearía la red, si Ucrania ataca la
represa de Kajovka, sobre el río Dniéper, en la provincia de Zaporiyia
(recién incorporada a Rusia).
El ejército ucraniano está también
indefenso ante los masivos ataques con drones suicidas Geranium-2, una
barata reproducción del iraní Shahed 136, que Rusia está produciendo
masivamente. Vuelan en enjambre, a bajísima altura, cada uno con su
objetivo y con autonomía para reprogramar su curso en el aire. Por su
pequeñez y la baja altura a la que se mueven son difíciles de detectar
por los radares. La fuerza aérea ucraniana trata de derribarlos con sus
modernos Mig 29, pero de ese modo convierte a los aviones en blanco
fácil para la cohetería rusa. La defensa antiaérea proporcionada por la
OTAN tampoco puede detenerlos.
Entre tanto, el ejército
ucraniano se desangra lanzando inútiles ofensivas que le producen
enormes pérdidas humanas y de material. En la sureña región de Jersón
(igualmente ahora parte de Rusia) el ejército ucraniano sigue intentando
reconquistar la capital provincial y arrojar a los rusos a la margen
oriental del río Dniéper. Ucrania concentró grandes fuerzas en el área,
pero no puede superar las defensas rusas y, cuando las sobrepasa, éstas
se parapetan en nuevas líneas y siguen combatiendo. Es que Rusia aplica
una táctica de “defensa móvil” y no se ata a un espacio determinado. El
ejército ruso espera los ataques, para golpear a su enemigo a campo
abierto con ayuda de la artillería y la aviación. Además, en las últimas
semanas ha multiplicado los puentes sobre pontones sobre el Dniéper y
así asegurado el aprovisionamiento y el refuerzo de sus tropas.
Desde principios de octubre se combate en toda la línea del frente (de
más de 1.000 km de extensión). En el centro del mismo, en Donetsk, la
compañía rusa privada Wagner continúa su avance paulatino. Si en los
próximos días termina de conquistar Bajmut, amenazará Kramatorsk, la
última ciudad que a Kiev le queda en la región y el frente ucraniano
estará en peligro de quebrarse por la mitad.
Probablemente, Rusia no emprenda ninguna gran ofensiva antes del comienzo del invierno / Foto: AFP.
Más al norte las fuerzas rusas han emprendido una contraofensiva para
recuperar Limán, conquistada por los ucranianos en septiembre pasado. No
obstante la intensidad de los combates y estas ofensivas localizadas,
desde hace semanas la línea del frente se mantiene a grandes rasgos en
las mismas posiciones.
A principios de esta semana circuló por
numerosos medios y redes sociales la denuncia rusa de que el gobierno
ucraniano habría pedido a sus aliados británicos material radiactivo
para perpetrar un atentado de falsa bandera con una llamada “bomba
sucia”. Se trataría de un tonel con material radiactivo y un explosivo
que se haría explotar en alguna zona poblada, para acusar a Rusia de
haber utilizado un arma nuclear. De ese modo, esperan sus autores
instigadores, se concitaría la solidaridad de todos los países
occidentales en la lucha contra Rusia. Es evidente que Moscú se toma la
versión muy en serio, ya que el lunes 24 el ministro de Defensa Sergei
Shoigú lo conversó con sus colegas de EEUU, Lloyd Austin, y Gran
Bretaña, Ben Wallace, y la vocera de la cancillería rusa, Maria
Zajárova, lo denunció en su conferencia de prensa matutina.
El
presidente ucraniano Volodymir Zelensky está urgido por expulsar a los
rusos de la margen derecha del Dniéper, en el sur, para alcanzar algún
triunfo que ofrecer a Joe Biden antes de la elección de medio término
del próximo 6 de noviembre. Si lo consiguiera, éste quizás contenga la
esperada derrota de los demócratas y obtenga del Congreso más dinero y
armas para Kiev.
Rusia, en cambio, tiene tiempo. Con el aumento
de su fuerza militar en la zona de guerra -se han movilizado 300.000
soldados más 70.000 voluntarios- y el masivo despliegue de armamento de
última generación, la operación militar entrará pronto en una fase
clave. Probablemente Rusia no emprenda ninguna gran ofensiva antes del
comienzo del invierno. Va a esperar que los amotinamientos de las
poblaciones europeas por el frío y el hambre y las rivalidades dentro de
la UE debiliten el apoyo a Kiev. Si, como se espera, los republicanos
ganan la mayoría en el Congreso de EEUU y congelan los gastos,
disminuirían los suministros para Kiev.
El alto mando ruso
quiere evitar tener que avanzar sobre grandes ciudades ucranianas. “No
voy a mandar a mis soldados a luchar en entornos urbanos defendidos por
guerrillas y francotiradores entrenados y dirigidos por la OTAN”,
graficó el comandante de las fuerzas rusas conjuntas, el general Sergei
Surovikin. Rusia apuesta, más bien, a una negociación con EEUU que
desarme a Ucrania, deponga al gobierno de Zelenski y convalide la
incorporación a su país de las cuatro regiones del este y sur.
La campaña de Ucrania ha llegado a un punto de inflexión que ya se nota
en la macropolítica y pronto lo hará en el campo de batalla. Cuando
comenzó la operación contra Ucrania y sufrió una ola de sanciones, para
sobrevivir Rusia dependía de las posiciones que adoptaran China y
Turquía. Sin embargo, estos países están recorridos por procesos
complejos, con sus propias luchas por el poder y problemas específicos
de alineamiento internacional. Por eso Vladimir Putin debió esperar
hasta ver, si en cada uno de ambos países se imponían los partidarios de
la soberanía nacional o sus oposiciones proestadounidenses.
En
invierno y primavera todavía faltaba mucho para el Congreso del PC chino
y Estados Unidos aprovechó todas las oportunidades que halló para
aplicar sanciones secundarias y, mediante su lobby interno, sabotear la
economía china, buscando impedir la reelección de Xi Jinping en octubre.
Entonces Washington presionó a Beijing para que persuadiera a Moscú de
abandonar el campo de batalla y negociara. Rusia, entonces, inició en
marzo negociaciones en Estanbul que fracasaron un mes después, cuando
ambas partes estaban a punto de firmar un acuerdo y EEUU prohibió a
Zelenski que cerrara el acuerdo.
Si en ese momento Rusia se
hubiera negado a negociar y hubiera demostrado que Xi Jinping no influía
sobre ella, la República Popular China tendría ahora un secretario
general del partido proestadounidense. Se habría repetido la historia de
hace medio siglo, cuando el acuerdo sino-estadounidense aisló a la URSS
de entonces. Esto no significa que la conducta de China determine el
curso de la campaña militar en Ucrania, pero sí influyó en que Rusia
sacara el pie del acelerador hasta noviembre, evitando así tener que
luchar en dos frentes contra la OTAN y contra una posible China
antirrusa.
El 19 de octubre tuvo lugar en Rusia una pequeña
revolución. Comenzó la transición y se crearon nuevas administraciones
para tiempos de guerra. Esto sucedió justo después de que el 20º
Congreso del PCCh mostrara que Xi Jinping no solo logró asegurar su
reelección, sino que también homogeneizó todos los órganos dirigentes en
una línea nacionalista y social. ¿Coincidió casualmente con la
movilización en Rusia, el nombramiento de Sergei Surovikin y el
bombardeo metódico del sistema energético ucraniano?
Turquía aprovecha su posición privilegiada para servir como distribuidora del gas ruso hacia Europa / Foto: AFP.
Lo mismo aconteció con Turquía. A pesar del oportunismo y de las
oscilaciones que lo caracterizan, Rusia prefiere a Recep Tayyip Erdogan
antes que a su oposición proestadounidense. Por eso lo fortaleció
firmando el acuerdo de Estambul sobre el comercio de granos,
oficializando así su rol mediador. Además, le concedió el fabuloso
negocio de organizar en la parte europea del país un nodo para la
distribución del gas ruso en Europa.
Con estos apoyos y su
superioridad militar Rusia tiene fuertes cartas de triunfo. El quiebre
ya se ha producido; en el campo de batalla será visible en un mes. ¿Qué
hará entonces el resto del mundo?
Desde febrero pasado sólo un
pequeño bloque de aliados occidentales se ha alineado decididamente
contra Rusia, ha aplicado las sanciones y suministrado armas y
pertrechos a Ucrania. Otra minoría importante de países euroasiáticos y
algunos aliados en otros continentes han apoyado a Rusia, aunque muchos
con reparos. La mayoría de los miembros de la ONU ha oscilado
fuertemente: condenaron a Rusia en el Consejo de Derechos Humanos y en
la Asamblea General de la organización, pero no adhirieron a las
sanciones ni mandaron armas a Ucrania. Sin embargo, faltos de una línea
independiente, muchos se fueron plegando a la presión norteamericana.
Esto sucedió especialmente con la mayoría de los países
latinoamericanos, incluida Argentina.
En Ucrania se libra sólo
una batalla de la guerra mundial que Occidente ha declarado a las
potencias euroasiáticas que amenazan su hegemonía. Otras seguirán. El
conflicto será largo, abarcará varios continentes y distintos ámbitos de
la vida sobre el planeta. Los no alineados pueden dejar que los
vaivenes de la guerra los arrojen contra las rocas o los dejen varados
en una playa. O, por el contrario, pueden comprender que en el mundo del
futuro próximo sólo se salvará quien ejerza una neutralidad activa,
negociando en bloque y poniendo límites a los beligerantes. Ésta es la
única opción que puede salvar la soberanía y la libertad de los no
contendientes.
El empeoramiento de la crisis económica y la reacción de los grupos
financieros concentrados acabaron con el frágil gobierno conservador y
apresuran las elecciones anticipadas
Por Eduardo J. Vior
Agencia Télam 20-10-2022 | 13:55
Apenas 45 después de asumir, la primera ministra de Gran Bretaña anunció su renuncia al cargo / Foto: AFP.
Tras sólo 45 días en el gobierno, este jueves dimitió Liz Truss como
primera ministra de Gran Bretañ. Fue derribada por su política
económica, que hizo temblar a los mercados y dividió al Partido
Conservador. En la próxima semana se llevará a cabo en el bloque
parlamentario tory una elección para la presidencia del mismo de la
cual debería surgir el próximo premier, si el Rey Charles III no decide
disolver el Parlamento y convocar a elecciones anticipadas. Como éstas
sellarían, empero, la derrota de los conservadores tras doce años de
gobierno, es poco probable que el monarca dé tal paso. En momentos de
grave crisis económica, con pobreza en aumento y una guerra en el este
de Europa en la que Gran Bretaña está totalmente comprometida, el reino
acelera su marcha hacia el hundimiento.
Hablando a la puerta de
su despacho del número 10 de Downing Street, Truss aceptó este jueves
por la mañana que no podía cumplir las promesas que hizo cuando se
presentó como candidata a la jefatura de los conservadores, al haber
perdido la confianza de su partido. Con sólo 45 días, Truss ha tenido el
mandato más corto en la historia del Reino Unido.
Liz Truss
dejará el cargo tras un trámite de urgencia de una semana para encontrar
a su sucesor. La dimisión se produce después de 45 días turbulentos en
los que el minipresupuesto presentado por la primera ministra hizo caer
los mercados, dos ministros clave renunciaron y la mayoría de los
parlamentarios tory le retiró la confianza. La premier anunció su salida
del cargo después de haberse reunido con Graham Brady, presidente del
Comité 1922 de diputados conservadores. Se trata de una dirección
coordinadora informal del bloque que, además, regula el procedimiento
sucesorio.
Los partidos de la oposición pidieron inmediatamente
la convocatoria de elecciones generales con el argumento de que los
conservadores no tienen mandato para gobernar. La atención se centrará
ahora en el sucesor de Truss, en medio de las especulaciones previas de
que personas como Rishi Sunak o Penny Mordaunt podrían presentarse como
candidatos de unidad autodeclarados o que Suella Braverman o Kemi
Badenoch podrían montar una candidatura desde la derecha del partido.
Jeremy Hunt, quien la semana pasada sustituyó a Kwasi Kwarteng como
canciller del Tesoro, ha indicado que no quiere presentarse. Truss hizo
que Kwarteng asumiera la culpa del minipresupuesto de septiembre, a
pesar de que se consideraba un proyecto conjunto. Una reacción de pánico
del mercado a los 45.000 millones de libras de recortes fiscales, en
gran medida sin financiación, provocó la caída de la libra y el aumento
del costo de la nueva deuda pública. Es que en un país completamente
financiarizado, en el que la industria sólo aporta el 10% de su PBI,
poner nervioso a los mercados puede producir una hecatombe.
Truss, que se enfrentó a un motín de sus diputados al dispararse las
tasas hipotecarias, despidió a Kwarteng, pero no pudo explicar por qué
debía seguir en su puesto, ya que las medidas de recorte de impuestos
también habían sido defendidas por ella. Otra humillación llegó cuando
Hunt anunció la supresión de casi todos los recortes fiscales y la
reducción del plan insignia de Truss para limitar las facturas de
energía, en un intento de restaurar la estabilidad.
La gota que
colmó el vaso para muchos diputados tories fueron las caóticas escenas
del miércoles, en las que la votación de una moción laborista sobre el
fracking desembocó en un caos en los vestíbulos del Parlamento, con
gritos y empujones. Después una docena o más de diputados conservadores
que se rebelaron ni siquiera sabían si el vocero del bloque (quien da
las consignas y alienta a los parlamentarios, una institución
exclusivamente británica).
Quien fuera el contendiente derrotado
por Truss. Rishi Sunak, se anuncia como probable competidor también
esta vuelta. Ganó fácilmente la ronda de diputados en el concurso de
liderazgo del verano y advirtió sobre el peligro de los recortes de
impuestos. En otro bando están los diputados que están decididos a
frenar a Sunak (y hay muchos que todavía están dolidos tras la dura
contienda por el liderazgo) y están buscando a un candidato que lo
derrote.
Ese candidato principal puede ser Boris Johnson. Hay
una gran coincidencia entre Johnson y los partidarios de Truss, de modo
que puede fácilmente presentarse contra Sunak. Una encuesta de opinión
realizada esta semana entre los miembros del partido les pidió que
votaran por diferentes posibles líderes y Boris Johnson salió primero.
Por supuesto, el Rey podría aceptar la exigencia del líder laborista,
Keir Stamer, y disolver el Parlamento convocando a elecciones
anticipadas, pero es dudoso que se atreva a romper con sus principales
sostenedores. La Reina Elizabeth II mantuvo durante casi todo su reinado
la confianza de la mayoría de los británicos y podía disolver
parlamentos, arriesgando que los laboristas llegaran a Downing Street
10, pero Charles es mirado por sus súbditos con una mezcla de
desconfianza y rechazo. Por lo tanto, él depende más del apoyo
parlamentario que los diputados de él.
No es posible que Gran
Bretaña resuelva rápidamente su crisis. Por el contrario, si asume otro
gobierno más sin el voto popular, el caos económico y social se
profundizará. Si, además, el Reino Unido es derrotado en Ucrania, deberá
cargar con enormes costos. La solución vendrá, casi seguramente, de la
movilización popular en las calles. Se acerca un invierno caliente.
El informe de Xi Jinping ante el 20º Congreso del PCCh propone
convertir a China hasta 2035 en locomotora de la economía mundial y
garante de la paz y la cooperación internacional
Por Eduardo J. Vior
Agencia Télam 17-10-2022 | 08:45
De frente a las cámaras de televisión, con los 25 miembros del Buró
Político detrás de él, el presidente habló en el marco monumental del
salón dorado y rojo / Foto: AFP.
Este domingo
16 se abrió en Beijing el 20º Congreso del Partido Comunista de China
(PCCh) que sesionará hasta el sábado 22. Si bien las principales
resoluciones ya fueron acordadas previamente, los sucesivos discursos y
la composición que finalmente tengan sus órganos directivos indicarán el
rumbo que adoptará la República Popular para construir hasta 2035 una
sociedad “moderadamente próspera” –como propone el partido- en medio de
la guerra mundial, mientras responde a su crisis demográfica y supera el
desempleo juvenil.
Existe un consenso amplio en que Xi, de 69
años, será nuevamente designado secretario general del PCCh con miras a
que el año que viene sea reelegido presidente de China por tercera vez
aprovechando una reforma constitucional de 2018 que habilita la
reelección indefinida. En su discurso de apertura ante el 20° Congreso
del PCCh, Xi presentó un informe que repasa los logros conseguidos por
el partido en los últimos cinco años en particular y en los últimos diez
(desde que asumió) en general.
En el Gran Palacio del Pueblo,
frente a la plaza Tiananmen, en transmisión directa para los 1.400
millones de chinos, el líder mencionó como mayores acontecimientos de la
última década el centenario de la fundación del partido, celebrado en
julio de 2021, el ingreso en "el socialismo con peculiaridades chinas" y
la "liberación de la pobreza y consiguiente culminación de la
construcción integral de una sociedad modestamente acomodada".
Calificó el último logro como "una victoria histórica obtenida por el
PCCh y el pueblo chino" que "tiene una influencia de largo alcance en el
mundo". El PIB de China ha crecido hasta los 114 billones de yuanes
(unos 16 billones de dólares) desde los 54 billones de yuanes de la
última década y ha llegado a representar el 18,5% de la economía
mundial, un aumento de 7,2 puntos porcentuales, dijo.
“A partir
de este día, la tarea central del PCCh será dirigir al pueblo chino de
todos los grupos étnicos en un esfuerzo concertado para hacer realidad
el objetivo del segundo centenario de convertir a China en un gran país
socialista moderno en todos los aspectos y avanzar en el
rejuvenecimiento de la nación china en todos los frentes a través de un
camino chino hacia la modernización”, dijo Xi al exponer las misiones y
tareas del PCCh en marcha hacia la nueva era.
El presidente dijo
que desde el congreso anterior de 2017, China atravesó "un lustro
sumamente fuera de lo común" en el que debió "afrontar con eficacia la
severa y compleja situación internacional", la pandemia de Covid19, las
"turbulencias" en Hong Kong por las protestas antichinas y "las severas
provocaciones manifestadas como intervenciones en los asuntos de Taiwán
por parte de fuerzas extranjeras".
"Frente a los bruscos cambios
de la situación internacional, hemos mantenido la firmeza estratégica"
que "nos ha permitido salvaguardar en la lucha la dignidad e intereses
clave del país y tomar firmemente la iniciativa para su desarrollo y
seguridad", señaló. La interrelación entre las medidas de política
interna y la política exterior fue permanente en su discurso.
El
PCCh se propone realizar básicamente la modernización socialista desde
2020 hasta 2035 y convertir a China en “un gran país socialista moderno,
próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y
bello desde 2035 hasta mediados de este siglo”, anunció.
El máximo evento de los comunistas chinos debatirá acerca de la tensa relación con Washington / Foto: AFP.
La hoja de ruta para el próximo quinquenio confirma y profundiza
vectores en los que el PCCh ya trabajó, con un fuerte énfasis en lo que
el gobierno chino llama "seguridad nacional" y que implica el reaseguro
del funcionamiento de todos los factores de la economía con
independencia de los avatares del frente externo, básicamente la
alimentación, las cadenas de suministro y la "soberanía tecnológica". Es
que, ante un horizonte de guerra mundial de amplio espectro, prolongada
y que se extiende a todo el planeta, China no quiere depender de
cadenas de suministros inseguros que puedan cortarse por una crisis o
ser saboteadas por Estados Unidos.
El informe presentado por el
primer mandatario también pone proa a un "desarrollo de alta calidad",
que implica mejorar la "economía de mercado socialista", un sistema
industrial más sofisticado, la "vigorización de las zonas rurales", una
mayor coordinación entre las regiones y una "apertura al exterior de
alto nivel". Es necesario a la vez esforzarse por un lado por aumentar
la fuerza motriz endógena y la confiabilidad de la gran circulación
nacional y mejorar la calidad y nivel de la circulación internacional
por el otro, puntualizó.
También se impulsará la apertura al
exterior de alto nivel. China ampliará a paso seguro la apertura en
sistemas referentes a las normas, regulaciones, gestión y estándares, y
promoverá el desarrollo de alta calidad de la construcción conjunta de
la iniciativa de la Franja y la Ruta, concluyó. Cuando comenzaron las
reformas modernizadoras, hace cuatro décadas, China recibió muchas
inversiones extranjeras, pero con la condición de que compartieran sus
patentes. Desde la pandemia las líneas de producción que unen a China
con las principales potencias occidentales se vienen rompiendo.
Construir otras, con regiones más confiables, requiere sistematizar
nuevamente las normas de producción.
En su mensaje Xi se refirió
al tema de Taiwán señalando que impulsará "invariablemente la gran
causa de la reunificación de la patria" y que "la rueda histórica de la
reunificación del país y la revitalización de la nación gira veloz hacia
adelante". Aseguró que "siempre con respeto, afectuosa atención y
beneficio a los compatriotas taiwaneses, continuaremos dedicándonos a la
promoción de los intercambios y la cooperación económica y cultural
entre ambos lados del estrecho (de Taiwan)", pero advirtió que "nunca
renunciaremos al uso de la fuerza armada". Sostuvo que tal restricción
"no va dirigida de ninguna manera contra los numerosos compatriotas
taiwaneses, sino contra la intromisión de fuerzas externas".
El
informe presentado por Xi reafirmó que entre los objetivos de China
persiste la propuesta de una "comunidad de destino compartido" para la
humanidad, en momentos en que "el mundo se encuentra otra vez en una
encrucijada histórica y el rumbo que tome dependerá de la elección de
los pueblos de los diversos países", dijo. China ha persistido siempre
en el propósito de su política exterior de salvaguardar la paz mundial y
fomentar el desarrollo en común, señaló Xi.
Tras destacar que
la sociedad humana afronta desafíos nunca vistos antes, el secretario
general exhortó a los diversos países del mundo a desplegar los valores
comunes a toda la humanidad (paz, desarrollo, equidad, justicia,
democracia y libertad) y promover el conocimiento mutuo y acercamiento
entre los pueblos.
Su país participará también activamente en la
reforma y vertebración del sistema de la gobernanza global, se atendrá a
un multilateralismo genuino y promoverá la democratización de las
relaciones internacionales.
China se prepara para participar en
la Cumbre del G-20 a realizarse en Indonesia los próximos 15 y 16 de
noviembre, primer evento tras el inicio de la operación militar especial
rusa en Ucrania en el que posiblemente participen de forma presencial
los líderes de Estados Unidos y Rusia y en el cual se espera que Beijing
juegue un papel determinante.
Desde el punto de vista
económico, el cónclave hará una evaluación de la lucha contra la
pandemia de Covid19 y las implicaciones que ha tenido para la vida
nacional en particular para la economía. Otros problemas que se
analizarán en el Congreso serán los de la crisis demográfica y el
desempleo juvenil que ha estado aumentando en los últimos años.
Para 2049, cuando la República Popular celebre su centenario, China
deberá convertirse en una potencia líder en todos los aspectos, dijo Xi.
Aprovechando el impulso, China se esforzará por convertirse en una
potencia mundial de primer orden a mediados de siglo. Esta potencia no
sólo se medirá por el tamaño de la economía china, sino también por sus
logros en los campos de la ciencia y la tecnología y la cultura, señaló
el presidente.
Quizás por condescendencia con los ancianos
líderes anteriores que acompañaron el discurso desde la tribuna, Xi
Jinping no leyó la totalidad del informe del Buró Político que, empero,
fue dado a conocer inmediatamente después de su alocución.
Aunque el mandatario no mencionó a Estados Unidos en su discurso,
advirtió contra la mentalidad de guerra fría (un eslogan para describir
los intentos de Washington de aislar a China), así como contra el doble
rasero occidental, mientras afirmaba que el país no se dejaría
intimidar. Los críticos norteamericanos apostrofan el discurso de Xi
como “autoritario y agresivo”. Como reacción ante el menor crecimiento
económico alcanzado debido a las paralizaciones ordenadas para contener
los brotes de Covid19, dicen, el líder chino habría concentrado el
poder, prolongado su mandato al frente del partido y del país y
proyectado su poder militar hacia el exterior. Sin embargo, a pesar de
los problemas –que Estado y partido no niegan- el país mantiene una
envidiable tasa de crecimiento de 5,5% (previsto) para 2022, tiene el
segundo PBI del mundo y no participa en guerra alguna (contra 27
intervenciones norteamericanas en curso).
Que la República
Popular tiene intereses y los defiende duramente, es indudable. Pero
también es indiscutible que sabe ceder, cuando sus interlocutores hacen
valer sus necesidades. Los líderes chinos han entendido hace tiempo que
nadie en el mundo puede salvarse solo ni vivir duraderamente sometiendo a
los demás. Por ello la República Popular encara sus relaciones
internacionales bajo el principio de “win/win” (todos ganan). En 2017
introdujo la “economía de doble circulación”: la inserción en el mercado
mundial y el desarrollo del mercado interno se retroalimentan. Por ello
es tan importante para Beijing tener cadenas de suministro
internacionales y mercados consumidores seguros. Ante la ofensiva
occidental, que ha roto las cadenas de suministro mediante la pandemia
de Covid19 y la guerra en Ucrania, la República Popular busca circuitos
seguros. Una parte la está organizando mediante las distintas
asociaciones de cooperación euroasiática, otras mediante el BRICS+ (al
que ahora se incorpora Argentina), y otras gracias a la asociación
comercial con el Sureste de Asia.
Esas asociaciones reúnen a
países de sistemas e ideologías diferentes y, a veces, contrastantes
(como es el caso de India). La permanencia de las mismas depende de que
todos sus miembros ganen y del establecimiento de normas y reglas
consensuadas que den seguridad al conjunto. Construir estas redes es el
gran desafío que China afronta en el futuro inmediato frente a la
agresión occidental.
La guerra mundial en curso tiende a
prolongarse, expandirse y agudizarse. Más y más regiones del globo se
verán envueltas en sus torbellinos. Sería deseable que muchos poderes
regionales estuvieran en condiciones de poner un freno al expansionismo
occidental. China es uno de los más importantes y busca precaverse para
cumplir con su responsabilidad, pero es sólo uno. Por ello es deseable
que redes regionales surjan y se desarrollen, para frenar el hegemonismo
occidental y asegurar la paz, el desarrollo y la cooperación
internacional.