domingo, 23 de julio de 2017

La derrota del Estado Islámico prologa una nueva lucha

En Medio Oriente el después de la guerra es un antes de la guerra
Turquía reveló que en las bases norteamericanas en Siria se entrenan las milicias kurdas. La resolución de la crisis de Catar con sus vecinos árabes y la alianza de Israel con Arabia Saudita preanuncian conflictos.
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
23 de julio de 2017 
 


 
No fue casualidad que la agencia estatal turca de noticias Anadolu publicara el miércoles 18 un mapa del Kurdistán sirio con las bases militares estadounidenses donde se adiestra a las milicias kurdas que están derrotando al Estado Islámico (EI). En por lo menos dos de ellas también están estacionados 75 efectivos franceses. El artículo reveló, además, los tipos y números del personal, las armas y los vehículos.
Casi en simultáneo, el presidente Donald Trump canceló el programa de la CIA para armar y entrenar a grupos rebeldes en Siria. La medida –largamente reclamada por Rusia– es una concesión mayor a Vladimir Putin y reduce la influencia norteamericana en el país después de que el EI sea derrotado. "En Siria venció Putin", declaró un directivo de la agencia de inteligencia al The Washington Post. Ambos hechos forman parte de los realineamientos que se están produciendo en todo Levante luego de las reuniones que Trump y Putin mantuvieron en Hamburgo el pasado 7 de junio durante el G20.
Con la publicación, Turquía mostró el apoyo militar que Washington y París están dando al Partido de la Unión Democrática del Kurdistán (PYD) al que Ankara considera una prolongación del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que desde hace 30 años lleva una sangrienta guerra por la independencia de Kurdistán con el Estado turco.
El "desliz" turco se produjo al mismo tiempo que fuentes kurdas difundían fotos de un largo convoy motorizado estadounidense que entraba a Siria desde Irak con la intención –según observadores locales– de perpetuar la presencia estadounidense en el norte de Siria después de la próxima caída de Rakka, la "capital" del Estado Islámico.
Con su jugada, Turquía buscaría imponer al Kremlin y a la Casa Blanca su presencia en el norte de Siria, mientras que ambas superpotencias se estcionan en tres zonas desmilitarizadas del suroeste y sur del país y EE UU parece tener el visto bueno ruso para quedarse en el noreste.
No se sabe qué decidieron Putin y Trump durante sus conversaciones en Alemania, pero sus efectos se están viendo: la pacificación conjunta del sur de Siria coincide con el comienzo de solución para la crisis entre Catar y sus vecinos de la Península Arábiga. Efectivamente, la decisión de los cuatro países que desde hace un mes bloquean al pequeño emirato (Arabia Saudita, Baréin, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos) -al que acusan de apoyar internacionalmente a los Hermanos Musulmanes- de reducir sus trece demandas originales a seis, es resultado de la mediación de EE UU que quiere a sus aliados unidos, pero dejando de financiar el terrorismo islámico.
El gobierno turco de Recep Erdoğan ha salido victorioso de la crisis. Desde el inicio sostuvo a su aliado catarí y hasta aumentó el contingente turco allí, se acercó a Irán y ambos aprovisionaron al sitiado.
En alianza con Israel, por el contrario, la monarquía saudita (enfrascada en una conflictiva transición del Rey Salmán a su hijo Mohamed bin Salman) decretó el bloqueo de Catar, después de que durante su visita a Riad en mayo, Trump condenara públicamente a la Hermandad Musulmana. Los sauditas creyeron que su pequeño vecino era pan comido, pero se equivocaron. Kuwait y Omán no se sumaron al bloqueo, Irán afianzó su vínculo con Catar y Turquía se inmiscuyó en el Golfo. Rusia, en tanto, aumentó su rol mediador. Los sauditas y su aliado Benjamin Netanyahu han salido derrotados de la crisis. Al rechazar el plan ruso-norteamericano para Siria, además, el líder israelí se encontró con que los rusos se estacionaron al pie de las alturas ocupadas del Golán.
La crisis en torno a Catar profundizó la división de Levante entre dos coaliciones enfrentadas que Rusia y Estados Unidos intentan controlar. Para recuperar la iniciativa, es probable que Tel Aviv apoye a los kurdos contra Siria, Irak y Turquía. Por eso la publicación del mapa debe entenderse como una seria advertencia de Erdoğan. El cercano fin de la guerra preanuncia el avance confluyente de Ankara y Damasco sobre los kurdos. En Levante, el después de la guerra es antes de la guerra. «
Berlín y Ankara apuestan alto
Después del fallido golpe de Estado en Turquía en julio de 2016 y a medida que la guerra en Siria se acerca a su fin, las relaciones entre la Unión Europea (UE) y el gobierno de Recep T. Erdoğan han empeorado aceleradamente. En Turquía hay diez alemanes detenidos por motivos políticos y los dirigentes de ambos lados han cruzado duros epítetos. El valor estratégico que Turquía tenía durante el bipolarismo de Obama y la guerra en Siria desapareció por las buenas relaciones entre Alemania, Rusia y China y por el actual realineamiento en Levante, pero en Turquía sobreviven todavía tres millones de refugiados que podrían inundar Europa, si la UE cierra definitivamente las negociaciones para la admisión del país en la Unión. Ambas partes tienen a la vez intereses divergentes y convergentes que se balancearán la próxima semana, cuando en Bruselas se reúnan representantes de Turquía y de la UE donde mantendrán una reunión para discutir las relaciones bilaterales. Ese día se sabrá cuánto cuesta un compromiso.

miércoles, 19 de julio de 2017

El final de la guerra en Siria preanuncia nuevos conflictos

El búmerang catarí

Al bloquear a Catar, la familia Saud acató la demanda de Trump de romper con la Hermandad Musulmana, pero la aguda división de Levante amenaza su poder

La crisis desatada hace seis semanas entre Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, por un lado, y Catar, por el otro, se agrava día a día, generando una cadena de reacciones y desestabilizando a sus iniciadores. Acabando con el santuario catarí, la realeza saudí esperaba consolidar su hegemonía regional y asegurar que la sucesión venidera transcurra en paz, pero no dimensionó el alcance que tendría la crisis. Ésta es parte del tortuoso final de la guerra en Siria y de la subsecuente formación de nuevos alineamientos en Levante que Rusia y Estados Unidos intentan controlar. En el nudo entre las corrientes encontradas se encuentra hoy el pequeño emirato del Golfo.

Luego de que The Washington Post revelara el domingo que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) habían organizado en mayo pasado el hackeo de los servicios electrónicos de la Agencia de Noticias de Catar (QNA, por su sigla en inglés), para atribuir al Emir, Sheik Tamim Bin Hamad al-Tani, posiciones favorables a Irán, la Hermandad Musulmana y Hamás, el conflicto del Golfo Pérsico se trasladó al interior del gobierno norteamericano. Mientras que el Presidente Donald Trump había respaldado a los sauditas, el Secretario de Estado Rex Tillerson pasó casi toda la semana pasada viajando infructuosamente entre las capitales del Golfo en busca de un compromiso. Los EAU han rechazado la acusación, que deslegitima el bloqueo total que dispusieron junto con Baréin, Saudiarabia y Egipto el pasado 5 de junio.

El hackeo se produjo el 24 de mayo, apenas Trump en Riad condenó a la Hermandad Musulmana. Emiratíes, bareiníes y sauditas se sintieron entonces autorizados para bloquear Catar. Como respuesta, salieron a luz los intensos contactos entre el embajador emiratí en EE.UU. y la Fundación para la Defensa de las Democracias, un lobby pro-israelí con sede en Washington.

También los ministros de Exteriores británico, francés y alemán recorren la zona tratando de mediar. Los europeos temen la ruptura de la coalición antiiraní en el Golfo y compiten entre sí para sacar provecho de los cambios en la región.
Parece que la crisis detonó, porque en abril pasado Catar pagó a milicias suníes y chiítas en Irak y Siria un total de 900 millones de dólares, para rescatar a 26 rehenes cataríes y asegurar el traslado de civiles desde pueblos sunitas sitiados en Siria. Sin embargo, según la CNN, más importantes serían acusaciones mutuas de haber violado acuerdos secretos que los gobiernos de la región hicieron entre 2013 y 2014. Los bloqueadores acusan a Catar de estar apoyando a la Hermandad Musulmana en distintos países y a la TV catarí Al Jazeera de ser un órgano de agitación contra los regímenes regionales.

La Hermandad Musulmana fue refundada por la inteligencia británica en 1951 sobre la base de un grupo homónimo ya disuelto, para combatir al nacionalismo panárabe. Originariamente apelaba a métodos pacíficos, pero desde el surgimiento de Hamás en Gaza hace 30 años se radicalizó. Fuertemente reprimida en Egipto, la Hermandad tiene hoy sus bases principales en Turquía, Sudán y Catar, aunque sus milicianos combaten también en Libia, el Sahara, Yemen, Siria e Irak. Los sauditas los apoyaron intermitentemente, pero –presionados por Trump– ahora los combaten.

Cuando Riad y sus aliados decretaron el bloqueo, esperaban la pronta rendición de Doha, pero el activo apoyo turco, primero, y la apertura de Irán para los suministros a Catar, después, complicaron el conflicto. Aunque prudentemente, también Rusia interviene a favor de los civiles cataríes. Turquía, incluso, ha enviado mil militares a Doha. El pliego de 13 condiciones para levantar el bloqueo llevó, al contrario, a fortalecer la alianza turco-catarí y acercó a Ankara con Teherán.

Para hacer aún más compleja la relación de fuerzas en la región, el pasado miércoles 12 China informó que su primera base naval en el extranjero ha comenzado a funcionar en Yibutí. Se trata de una ex-colonia francesa situada enfrente de Yemen, en la conexión entre el Océano Índico y el Mar Rojo. Aunque sea para combatir a los piratas somalíes y asegurar el tráfico comercial con Europa, China se instala en Levante y al lado de una base de la Marina de EE.UU.
En su encuentro del 7 de julio pasado en Hamburgo Vladimir Putin y Donald Trump alcanzaron acuerdos aún desconocidos para regular sus conflictos, pero fueron inmediatamente torpedeados por sus adversarios internos y externos. La decisión de habilitar el estacionamiento de tropas norteamericanas en tres regiones del sur de Siria habría llevado al fin de la guerra en ese país, en tanto Estados Unidos habría dejado de cuestionar la ocupación rusa en Crimea, pero el pasado viernes 14 Benjamin Netanjahu rechazó el plan. Las nuevas sanciones adoptadas el martes 18 contra Irán y las altisonantes declaraciones antirrusas en el Congreso norteamericano tampoco contribuyen al aumento de la confianza mutua.

Al mismo tiempo, la detención el sábado 15 del hermano y asesor del presidente iraní Hasán Rohaní por delitos financieros es una advertencia de la inteligencia militar a los ayatolás, para que mantengan la distancia con los Hermanos Musulmanes, fuertes en Turquía, contra quienes combate Irán en Siria y Yemen.

Urgido por la búsqueda de éxitos exteriores, para asegurarse una calma asunción del trono saudita, el joven Mohamed bin Salmán (31 años), hijo del Rey Salmán y Ministro de Defensa, se equivocó por tercera vez en poco tiempo. Apoyó a los salafistas en Siria y fue derrotado, invadió Yemen en 2015 y está empantanado en una guerra sin fin. Ahora bloqueó a Catar, dividiendo Levante en dos bloques, fortaleciendo a Irán y aumentando la influencia de Rusia. No hay más margen de error.

Mientras que Moscú se mueve entre bambalinas, Washington está amarrado a ambos lados de la fractura. Teherán, a su vez, busca aprovechar la ruptura entre sus enemigos, pero está tironeado por el conflicto interno entre militares y ayatolás.

Si la crisis se prolonga, es previsible que Israel desempate provocando una guerra por delegación. Si turcos y sirios convergen sobre el norte de Siria, Tel Aviv podría empujar a la guerra a los kurdos en Siria, Irak y Turquía. El fin de la guerra en Siria preanuncia el comienzo de otra más abarcadora que puede acabar con la dinastía de Ibn Saud y aislar a Israel.

domingo, 9 de julio de 2017

En Hamburgo cambió el sistema de alianzas

 Más allá de la Cumbre entre Trump y Putin, apenas un poco más que nada
 El encuentro se focalizó en reuniones bilaterales, y entre ellas las de los mandatarios de EE.UU. y Rusia se llevó todas las miradas
Trump contó por Twitter lo que pasó con Vladimir Putin en la cumbre del G-20
Angela Merkel quería capitalizar en la campaña para la elección general de setiembre próximo los acuerdos que esperaba se dieran en la Cumbre del G20 en Hamburgo, pero el vandalismo del Bloque Negro y la tozudez de Donald Trump le robaron la escena. En el documento final difundido ayer sólo se alcanzó un impreciso acuerdo comercial y la constatación de la diferencia de opiniones sobre el cambio climático. La canciller alemana logró impedir que la Cumbre estallara, pero el comunicado final está lleno de aire.
Donald Trump estaba exultante, ya que, envuelto en una vaga defensa del comercio libre, el documento acordado lo autoriza explícitamente a aplicar medidas proteccionistas cuando lo considere necesario. A cambio, Washington se comprometió a concertar con sus socios del G20 la regulación de los mercados financieros. Al mismo tiempo, 19 de los 20 países ratificaron su adhesión al Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, mientras reconocían la opinión diferente de Estados Unidos. 
En su discurso final Merkel subrayó los acuerdos alcanzados para promover inversiones privadas en algunos países africanos y para apoyar a mujeres empresarias en países emergentes, pero todos coincidieron en que lo más productivo de estos dos días fueron los encuentros bilaterales. Quienes más aprovecharon esta modalidad fueron Vladimir Putin y Donald Trump con su encuentro del viernes a la tarde, pero los demás líderes no se quedaron atrás.
La reunión entre ambos mandatarios estaba planeada para media hora, pero duró dos horas y media. Se realizó a puertas cerradas y en ella sólo participaron los presidentes, sus intérpretes, el ministro de Exteriores ruso Serguei Lavrov y el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson. Con la mira puesta en el público norteamericano, Trump comenzó inquiriendo por las interferencias rusas en la campaña electoral de 2016, pero Putin le respondió que no había pruebas y que mejor miraran al futuro. Que fue lo que hicieron. La mayor parte del tiempo la dedicaron a Siria, hasta alcanzar un acuerdo para el cese del fuego en el suroeste del país, en la cuádruple frontera entre Siria, Líbano, Jordania y los territorios del Golán ocupados por Israel donde al-Qaeda lleva desde hace semanas una ofensiva contra las fuerzas gubernamentales apoyada por la artillería israelí y las fuerzas especiales norteamericanas ingresadas desde Jordania. Si se produjera un enfrentamiento directo entre Siria e Israel, se desataría una guerra en gran escala que Trump y Putin buscan ahora evitar. También convinieron moderar juntos las crisis en Corea y en Ucrania.
Según informó más tarde el ministro Lavrov, conversaron asimismo sobre ciberseguridad, aunque, en realidad, ninguno de los dos lo toma muy en serio. Si lo hicieran, Washington debería reconocer que los últimos ataques informáticos fueron realizados con armas robadas a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) por un grupo que se hace llamar “Los corredores de Bolsa en las sombras” (Shadow Brokers) y que vende en las redes suscripciones para recibir periódicamente virus actualizados, sin preocuparse por su uso. Hasta ahora Washington sigue sin reconocer el robo ni ha informado a sus aliados qué armas le fueron hurtadas. Por el otro lado, ambas potencias desean poder continuar espiando y saboteando a las empresas y personas que les convenga.
En Hamburgo los países del G20 acordaron, además, combatir el financiamiento del terrorismo y su propaganda en Internet. Los europeos ambicionaban también acordar medidas para superar la crisis causada por la afluencia de centenares de miles de refugiados, pero sólo lograron vagas promesas de combatir el tráfico de personas. En este contexto de desunión, pocos atendieron al mensaje del Papa Francisco en el que pidió a los líderes mundiales que se hagan cargo de la miseria y las catástrofes naturales que provocan las masivas migraciones internacionales, que sean solidarios con quienes más lo necesitan y que resuelvan los conflictos pacíficamente. 
Desde el inicio la Cumbre se apartó del plan de viaje fijado por los organizadores alemanes: los temas políticos impusieron su peso sobre los económicos y ecológicos, las reuniones bilaterales ocuparon más tiempo que las multilaterales y hasta el plan de actividades para las y los consortes de los mandatarios debió ser alterado varias veces por los choques en las calles de la ciudad.
Para los europeos el único saldo de esta reunión ha sido que el G20 no se rompió. En cambio, el presidente de los Estados Unidos vuelve a casa sin haber hecho ni una concesión de importancia y después de haber legitimado –como quería- a su colega ruso como interlocutor privilegiado. No es extraño, entonces, que Xi Jinping haya intensificado sus lazos con Angela Merkel. 
La Cumbre no resolvió ningún problema y dejó una ciudad muy dañada. Las reuniones bilaterales, en cambio, fueron muy provechosas, pero profundizaron los alineamientos de las potencias en bloques. Ahora el paquete pasó a manos de Mauricio Macri, quien en 2018 debe organizar la reunión en Buenos Aires. Un paquete muy, muy pesado. «

viernes, 30 de junio de 2017

Trump sigue entregando el poder al Pentágono


Vigilados y en riesgo

Publicado: 29 jun 2017 17:14 GMT

Share to WhatsApp
La decisión de Trump de delegar en el Pentágono la política de EE. UU. en Afganistán incrementa la posibilidad de que aumente el contingente estadounidense allí. En momentos en que el Estado Islámico se fortalece en el país de Asia Central y, cuando Rusia y China intentan negociar con el Talibán, para enfrentar la amenaza mayor y alcanzar la paz en la sufrida tierra, EE.UU. sigue queriendo meter una cuña en el centro de Asia.
Vean y escuchen en el programa de ayer "Detrás de la noticia" que Eva Golinger dirige en RT mi análisis de la decisión norteamericana de mandar más tropas a Afganistán y sus implicaciones internacionales: https://actualidad.rt.com/programas/detras_de_la_noticia/242897-mexico-vigilados-riesgo. https://youtu.be/Rl_Hn_w2tII

domingo, 4 de junio de 2017

La decadencia norteamericana nos afecta a todos

El ocaso de una gran nación en un mundo plagado de peligros
La decisión de Donald Trump de retirarse del Acuerdo de París es otro gesto en su batalla por despegarse de los aliados históricos de EE.UU. y ganar apoyo popular
Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
4 de junio de 2017
Donald Trump ganó las elecciones de noviembre pasado tronando contra la decadencia del poder norteamericano en el mundo. Para revertir esta tendencia, quiere retornar al proteccionismo y, como anunció el jueves, retirar a su país del Acuerdo sobre Cambio Climático de París signado por su antecesor Barack Obama en 2015. Con estas medidas, el mandatario intenta devolver a su nación su anterior posición dominante, pero el tiro puede salir por la culata. 
Mientras Trump anunciaba el retiro de su país del Acuerdo y la intención de renegociarlo o de buscar uno totalmente nuevo, la Unión Europea y China ratificaron este jueves y viernes en una cumbre en Bruselas su compromiso con el libre comercio y la reducción de las emisiones de carbono. El día anterior, en Berlín, la canciller Angela Merkel y el primer ministro chino Li Kechiang, abogaron por fronteras comerciales abiertas y por la concertada reconversión ecológica de sus respectivas industrias automotrices.
El primer ministro le garantizó a Alemania, además, el apoyo de China en la reunión del G-20 (la conferencia de los 20 países más desarrollados, incluso Argentina) prevista para el 7 y 8 de julio próximos en Hamburgo.
A partir de 2018 la industria automotriz china debe vender cada año más vehículos eléctricos. Como el país asiático es también el principal mercado para los automotores alemanes, las automotrices de ambos países aprovecharon la reunión para intensificar su cooperación. 
"Los efectos crecientes del cambio climático requieren una respuesta decidida", expresa la declaración conjunta de la Unión Europea (UE) y China dada a conocer el viernes. China es el mayor contaminador mundial de la atmósfera, pero recientemente ha encarado una enérgica política de reconversión ecológica de su industria, un magnífico negocio también para sus socios europeos. Por el contrario, Trump busca aumentar las exportaciones de bienes producidos con tecnologías viejas y reducir los costos medioambientales para recuperar porciones del mercado mundial. Antes de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebrará en noviembre en Bonn habrá, por lo tanto, duras negociaciones.
La visita de Li y la declaración conjunta coinciden con la posición pública de Merkel en el sentido de que los europeos deben tomar su destino en sus manos, porque ya no pueden confiar en Estados Unidos. También Rusia salió a apoyar el cumplimiento del acuerdo climático de 2015 en un comunicado de la Presidencia. 
La simultaneidad de la cumbre en Bruselas con el anuncio de Trump indica el desplazamiento producido en el poder mundial, pero también necesidades internas de los contendientes. En Gran Bretaña hay elecciones el próximo 8, en Francia el 11 y el 18 de junio, en Alemania el 24 de septiembre, en China se reúne en algunos meses el 19º Congreso del Partido Comunista y Trump necesita recuperar puntaje entre su electorado. Todos los líderes mundiales propenden, por consiguiente, a mostrarse enérgicos y decididos. Las verdaderas negociaciones vendrán después.
Para compensar la relación con China, la canciller alemana recibió el miércoles al primer ministro de India Narendra Modi. El país surasiático rehusó la invitación a participar en el reciente Foro de Beijing y Shanghai sobre la Ruta de la Seda (la construcción de puertos, rutas, gasoductos y otros tipos de infraestructura en más de 60 países de Asia, Europa y África), mas no busca aliados en EE UU, sino en Europa.
La única líder europea que no critica a Trump es Theresa May. Viendo peligrar su mayoría en la elección del 8, la primera ministra británica ha cerrado filas con el mandatario norteamericano para contrapesar a Alemania y Francia. 
El esquema diseñado al fin de la Segunda Guerra Mundial suponía que el Atlántico Norte sería un lago interior de la Alianza Occidental. Ahora ambas orillas del océano se distancian, pero no solo por responsabilidad de Trump. En múltiples ocasiones Washington actuó unilateralmente e impuso a sus aliados las consecuencias. Entretanto, China, Rusia, India y la Unión Europea acaudillada por Alemania se han convertido en potencias fuertes e independientes. Ahora el presidente norteamericano recluye a su país en sí mismo, para preparar una nueva ofensiva. Donald Trump no es el causante de la declinación de Estados Unidos, sino su emanación.
Se ha abierto un período de alianzas cambiantes y conflictos frontales entre las potencias en el que los países medianos y pequeños seremos las primeras víctimas. Gobiernos patriotas e inteligentes están reorientándose, para sobrellevar la nueva competencia hegemónica. El argentino, no. «
  



jueves, 1 de junio de 2017

El gobierno agravó los efectos de los acuerdos con China

Gracias a Macri el camino de la seda puede aplastarnos

China: un viaje fallido para despedir la gestión Malcorra. Los negocios del presidente con las empresas italianas de obras públicas y el conflicto que se abrió con el gigante asiático.

El Gobierno nacional presentó como un éxito el viaje a China que Mauricio Macri hizo hace dos semanas, pero fue un desastre que nuestro país pagará muy caro. Éste es el precio que afrontaremos porque el presidente antepone sus intereses a los del país.

La reunión del Foro del Cinto y la Ruta para la Cooperación Internacional sobre Infraestructuras y Transporte, realizada el 14 y 15 de mayo en Beijing y Shanghai avanzó en el programa anunciado por el Presidente Xi Jinping en 2013. Al encuentro asistieron representantes de 50 países. El BRI (por su sigla en inglés) se dirigía originariamente a vincular Asia, África y Europa mediante una red carretera y ferroviaria (el camino), por un lado, y una ruta marítima con sus respectivos puertos (el cinto que rodearía “la panza” de Asia), por el otro. No obstante, como cada vez más países se suman al programa, se piensa extender el programa a América Latina y Oceanía.

El plan originario preveía inversiones por 100 mil billones de dólares, pero China aprovechó la reunión para aumentar su aporte de $40 mil a $100 mil millones de dólares, por lo que se supone que el importe final será mucho más alto. Aprovechando la ausencia de EE.UU. la República Popular se presenta como campeona del globalismo, si bien basado en la multiplicación de relaciones bilaterales y equilibradas. Como demuestran las cuantiosas inversiones chinas en África Oriental, es verdad que Beijing no impone su voluntad a sus socios, pero la presión de hecho que ejerce su inmensa presencia económica y humana condiciona las débiles sociedades en las que se realizan las obras de infraestructura. Al mismo tiempo, sus socios africanos se financian con créditos chinos que aumentan su dependencia del gigante asiático.
No obstante este desbalance de poder, las diferencias pueden relativizarse con una política inteligente. Por ejemplo, antes de sumarse a BRI, Bolivia y Chile han resuelto incorporarse como socios capitalistas al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por su sigla en inglés), para de ese modo tener aunque sea un voto en los proyectos que se financien.

Sin mencionar específicamente a América Latina, el comunicado final de la conferencia sugirió extender el programa allende el mar y el presidente Xi declaró que esta incorporación sería “una extensión natural de la Ruta de la Seda del siglo XXI”.

Sacando las lógicas consecuencias de esta proyección, Filipinas propuso oficialmente este lunes 29 la construcción de un tercer Camino de la Seda que desde el sur de China llegue a nuestro continente por Chile.

Una cualidad especial del programa BRI es que, a diferencia de los proyectos habituales en la cooperación internacional, sólo se financian paquetes enteros por países o grupos de países y de manera paritaria, o sea que tanto China como sus socios asumen importantes riesgos financieros.

 
Beijing estima su inversión total en el programa en los 400 mil billones de dólares. Los socios deben poner otro tanto y, si no lo tienen, tomar créditos internacionales. Hasta ahora en muchos países imperó una suerte de confianza ciega en que, si China continúa creciendo, seguiría dando a sus socios préstamos a bajo costo, pero los dólares están empezando a escasear. La semana pasada Moody’s bajó la calificación de la deuda china argumentando que las crecientes deudas del gigante podrían hacerse ingobernables y que sus medidas para desinflar la burbuja financiera podrían paralizar la economía china y afectar la del mundo entero.

En estas condiciones, antes de firmar cualquier dirigente prudente analizaría los costos y los plazos de vencimiento de los créditos necesarios para llevar adelante la cooperación con China. No así el presidente argentino.

El embajador argentino en China, Diego Guelar, había pedido al Presidente que demorara su visita hasta septiembre, cuando se estima que estén prontos los informes de impacto ambiental sobre las represas en Santa Cruz acordadas en 2014 por Cristina Fernández, pero Macri no lo escuchó, porque quería participar en el foro. Por lo tanto, los chinos sólo se interesaron por la construcción de la planta de energía renovable Cuchari Solar, en Jujuy (un negocio personal de Gerardo Morales) y exigieron que Argentina siga adelante con las represas. Si no se construyen, se caen todos los proyectos acordados y nuestro país deberá pagar exorbitantes multas. Además, China ha endurecido sus condiciones para el otorgamiento de los créditos requeridos.
No es casual la oposición del presidente al proyecto santacruceño y su enojo por la planta fotovoltaica en la Puna jujeña. Del escándalo por las coimas de Odebrecht en Argentina, especialmente en el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, surge que el 50% de Iecsa pertenece desde 2007 al gigante italiano de la obra pública Ghella SpA, o sea, cuando se supone que Angelo Calcaterra la compró a Macri. La corporación italiana está activa en la construcción de carreteras, túneles, ferrovías, puentes… y represas y plantas de energía solar. Para obras públicas de estas dimensiones en Europa hay sólo dos fuentes de financiamiento disponibles: el fondo financiero de la Corona holandesa y los grandes inversores árabes, especialmente los de los Emiratos Árabes Unidos.

El gran capital financiero especulativo de la Península Arábiga invierte en una de las dos más grandes empresas italianas de construcción de infraestructura -con gran presencia en Venezuela y Argentina-, mientras Mauricio Macri insiste en traer al país el fondo soberano de Dubai. Obviamente, el principal socio de los italianos y los árabes en el país no desea que los chinos construyan a la vez las represas santacruceñas y la planta en la Puna.

Anteponiendo los intereses familiares y sus vínculos con capitales amigos Macri intentó violar los contratos firmados por Cristina Fernández, sin tener un plan B, pero China le cobró cara su impudicia y aventurerismo. Lástima que en las próximas décadas todos los argentinos pagaremos los costos de tanta angurria desenfrenada. Gracias a Macri el camino de la seda puede aplastarnos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Dimitiendo al jefe del FBI Trump concentra poder

Trump no es Nixon
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
14 de mayo de 2017
"A James Comey le conviene que no haya grabaciones de nuestras conversaciones", tuiteó el Presidente de los Estados Unidos (Potus, por su sigla en Twitter) a las 14,40 h (de Buenos Aires) del pasado viernes 12. Desde que el martes 9 despidió al Director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) sus advertencias han ido subiendo de tono. La mayoría de los observadores subrayan las similitudes entre esta crisis y el affaire Watergatede 1973-74. Sin embargo, Donald Trump no es comparable con Richard Nixon. Las apariencias engañan.
Cuando fue despedido, Comey conducía una investigación sobre posibles connivencias entre los funcionarios de la campaña electoral de Trump y Rusia. Según trascendió, el Presidente no estaba contento con el modo en que su equipo de prensa venía explicando su decisión de despedir a Comey y decidió abordar el tema con sus propias manos.
El argumento de la Casa Blanca para justificar el despido fue que Comey no era digno de confianza por el mal manejo que había hecho en 2016 de la investigación sobre el uso por Hillary Clinton de un servidor de correo electrónico personal para enviar mensajes con información clasificada, cuando era Secretaria de Estado de Barack Obama (2009-13). En el primer momento el Presidente y su equipo negaron que el despido tuviera que ver con su investigación sobre las relaciones de ellos con representantes rusos, pero, como el sucesor de Comey en la dirección interina del FBI, Andrew McCabe, dijo el jueves que sigue siendo "una investigación muy significativa", el Potus aceptó el desafío y denunció al jefe expulsado por "deslealtad".
La crisis presente es casi inédita: desde la creación del FBI en 1908 es la segunda vez en la historia que un presidente estadounidense despide a un director. La primera ocasión fue en 1993, cuando Bill Clinton destituyó a William Sessions acusándolo de faltar a la ética que debe mantener un funcionario de su rango.
No sólo demócratas, sino también algunos republicanos opinan que el súbito despido responde a que el mandatario quiere frenar las investigaciones y lo asocian con el escándalo Watergate. "Esto es nixoniano", declaró el senador demócrata Bob Casey. Esa frase se refiere a la noche del 20 de octubre de 1973, conocida como la "Masacre del sábado a la noche", cuando el Presidente Richard Nixon hizo renunciar al fiscal general Elliot Richardson y a su adjunto William Ruckelshaus por no obedecer la orden de despedir al fiscal especial Archibald Cox.
A mediados de octubre de 1973, este procurador había pedido formalmente al Presidente que le entregara las grabaciones de las reuniones que aquél había mantenido con su equipo en la Oficina Oval. De esas cintas esperaba obtener pistas sobre lo ocurrido en torno al escándalo Watergate. El suceso había empezado con la detención de cinco hombres por la intrusión en Washington el 17 de junio de 1972 en el complejo de ese nombre perteneciente al Partido Demócrata. El FBI encontró conexión entre los ladrones y dinero negro utilizado por el Comité para la Reelección del Presidente (CRP), la organización oficial de la campaña electoral de Nixon y el Partido Republicano. En julio de 1973, gracias a los testimonios de antiguos funcionarios y colaboradores del mandatario, las investigaciones del Comité Watergate del Senado de Estados Unidos revelaron que Nixon tenía en sus oficinas un sistema de cintas de grabación y que muchas conversaciones habían sido grabadas.
Nixon no sólo se negó a entregar los audios íntegros, sino que ordenó a su fiscal general, Elliot Richardson, el cierre de la oficina a la que Cox estaba adscrito. Richardson decidió renunciar antes de cumplir esa orden. Su reemplazante, el fiscal general adjunto Ruckelshaus, también presentó su dimisión. Fue entonces Robert Bork, el procurador general de EE UU, quien se quedó con el cargo y cumplió con la orden presidencial. No obstante, tras varias batallas legales la Corte Suprema de la Unión dictaminó por unanimidad que el presidente debía entregar las cintas a los investigadores gubernamentales, a lo que finalmente accedió.
Las grabaciones revelaron que el mandatario había tratado de encubrir el robo. Debido a que con casi total seguridad habría sido sometido a juicio político por las dos cámaras del Congreso, Nixon renunció a la presidencia el 9 de agosto de 1974.
El pasado 20 de marzo, el propio Comey declaró ante una subcomisión del Senado que el FBI estaba investigando los posibles nexos entre miembros del equipo de Donald Trump y Rusia. La catarata de dichos y contradichos abrió nuevos cuestionamientos a la credibilidad del Presidente, quien el miércoles mantuvo en la Casa Blanca un inesperado encuentro a puertas cerradas con el canciller ruso, Serguei Lavrov. Manejar a discreción el ritmo de las investigaciones sobre Rusia que el Congreso realiza por su cuenta parece una tarea cada vez más difícil para los republicanos. Con semejante ambiente de intriga y la perspectiva de otra batalla política para designar al próximo director del FBI, el gobierno puede sufrir atrasos en temas sensibles de su agenda.
Algunos analistas creen que el problema para el presidente está cada vez más en la débil lealtad de su propio partido. Comey es republicano y ayudó al triunfo del Potus difundiendo pocos días antes del 8 de noviembre pasado la copia de los mails de Hillary Clinton. Sin embargo, como la mayor parte del Partido Republicano, el ex director del FBI sólo adhirió a la candidatura triunfante en el último momento y estaría feliz si el Presidente fuera remplazado por el Vicepresidente Mike Pence, más leal al aparato.
A pesar de las aparentes similitudes, Trump no es Nixon. En 1973 el republicano estaba en su segundo mandato y, por lo tanto, sin poder ser reelecto. Era lo que en la jerga política norteamericana llaman "un pato rengo". A pesar de llevar nombre de pato, Trump se encuentra al principio de su primer período y con ganas de gobernar a su país ocho años más.
Nixon firmó en enero de 1973 los acuerdos de París por los que EE UU retiró en poco tiempo sus tropas de Vietnam. Estos acuerdos nunca fueron aprobados por el Senado. Finalmente, en octubre del mismo año se produjo la “Guerra de los Seis Días” entre Israel y sus vecinos árabes que, como medio de presión, suspendieron las ventas de petróleo, desatando la primera gran crisis económica mundial de la posguerra.
Es probable que Donald Trump haya mantenido tratativas ilegales con representantes rusos. También lo hizo Kissinger en aquella época. A diferencia de Nixon, empero, ante la presión el Potus se apoyó en los militares y se avino a intervenir en Siria, para delimitar su zona de influencia, aun arriesgando una crisis con Turquía.
A diferencia de 1973, finalmente, la economía está creciendo, el desempleo es bajísimo, EE UU prácticamente se autoabastece de hidrocarburos y la progresiva suba de las tasas de interés obra como una aspiradora que chupa dólares de toda la economía mundial.
Indudablemente la investigación sobre las relaciones entre el equipo de Trump y Rusia va a perturbar su gobierno durante varios meses, pero el Presidente tiene iniciativa y poder suficientes como para marcar la agenda con nuevos temas cada día. Éste puede ser el Watergate de los aparatos partidarios y mediáticos, no el suyo.