jueves, 23 de marzo de 2017

La elección de Le Pen o Macron definirá a Europa

Francia: la puesta en abismo

A un mes de unas elecciones que pueden definir el futuro de Europa, los franceses oscilan entre Macron y Le Pen. Integración y economía, los ejes principales de unos comicios claves.
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Después del debate televisivo entre los cinco candidatos mejor posicionados para la primera vuelta de la elección presidencial francesa del próximo 23 de abril, Emmanuel Macron alcanzó en los sondeos a Marine Le Pen. Al otro lado del Rin, Angela Merkel debe haber suspirado de alivio, pero la decisión sobre el futuro de la integración europea no es la única opción sobre la que deben decidir los votantes galos. También está en juego el modelo económico y social y la posición ante la nueva ola proteccionista que viene de Estados Unidos. La complejidad de las decisiones pendientes carga una enorme responsabilidad sobre los hombros de las y los votantes. De la decisión de los franceses depende la suerte de Europa.

El sábado pasado el Consejo Constitucional confirmó que once candidatos disputarán la primera vuelta de la elección presidencial. Sin embargo, sólo cinco tienen chances de pasar al segundo turno a realizarse el 7 de mayo: Marine Le Pen (Front National, FN), Emmanuel Macron (En Marche!/¡En Marcha!), François Fillon (Les Republicains/Los Republicanos), Benoît Hamon (Parti Socialiste, PS), Jean-Luc Mélenchon (France Insoumisse/La Francia Insumisa).

La undécima elección presidencial de la Vª República fundada en 1958 tiene la particularidad de que, por primera vez, el Presidente no se presenta a un segundo mandato, aunque está habilitado para hacerlo. Sin voluntad de poder ni capacidad de convocatoria, François Hollande prefiere volver a su casa.
 
Por eso este lunes a la noche había tanta expectativa antes del primer debate que el canal oficial TF1 realizaría entre los cinco candidatos “mayores”. Hubo mucha polémica por la exclusión de los seis restantes, pero se justificó por el éxito de público y la complejidad de los temas a discutir. Además de la profundización de la unidad europea que Alemania reclama, el debate se ocupó de la discusión entre globalistas y proteccionistas acicateada por el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos y de la progresiva reducción de la tradicional intervención del Estado francés en la economía que algunos candidatos proponen.
Las encuestas posteriores al debate demostraron que, por primera vez en la campaña Macron superó a Le Pen y alcanzó el primer puesto en las preferencias del electorado. Mientras que el primero alcanzó ya el 25,5 por ciento, la segunda se estanca en 25 puntos. Es que, gracias al descenso de François Fillon, dañado por el affaire sobre el empleo ficticio de su esposa Penélope, y al escándalo que estalló la semana pasada porque el Ministro del Interior Guido La Roux habría empleado ventajosamente a dos hijas en la administración pública, Macron está cosechando votantes en el centroderecha y el centroizquierda.

El joven dirigente (39 años) había explicado las grandes líneas de su política en su libro Révolution (2012) en el que se presenta a la vez como liberal y de izquierda y propone una “tercera vía” (a la Tony Blair) que, por ejemplo, proteja a los asalariados y no el empleo. Quiere reducir el presupuesto del Estado en 60 mil millones de euros, 25 mil de los cuales sólo en los programas sociales. Otros 10 mil pretende ahorrarlos en el subsidio de desempleo.

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Emmanuel Macron es especialista en inversión bancaria. Trabajó y acabó siendo socio de la Banca Rothschild hasta llegar al Palacio del Elíseo como asesor económico del Presidente François Hollande. Entre 2014 y 2016 se convirtió en uno de los más jóvenes ministros de Economía de la historia reciente. Como corresponde a un alto funcionario francés, realizó su formación de posgrado en la Escuela Nacional de Administración (ENA) entre 2002 y 2004, una de las “grandes escuelas” en las que se recluta la elite francesa.

En su programa electoral Macron combina fuertes bajas de impuestos a las empresas y las personas físicas con recortes presupuestarios. Propone eliminar 120.000 empleos en las administraciones públicas, descentralizar la negociación de los contratos colectivos y sustituirlos progresivamente por leyes. También promete un régimen de “tolerancia cero” hacia la delincuencia, endurecer las penas de cumplimiento efectivo e incorporar 15.000 efectivos a las fuerzas de seguridad. Del mismo modo se propone flexibilizar el acceso a la jubilación según los oficios y profesiones.

Un capítulo especial de su plataforma se dedica al fortalecimiento de la Unión Europea, por lo cual fue especialmente bien acogido por la Canciller alemana, cuando visitó Berlín hace dos semanas. Para la protección “inteligente” del mercado europeo, el ex-ministro sugiere coordinar las políticas anti-dumping. Como complemento de la unión monetaria aboga por un presupuesto común de la zona del euro.
 
En el debate del lunes Marine Le Pen necesitó sólo un minuto y medio para acusar a la Unión Europea de frenadora de la iniciativa francesa, reclamar la independencia respecto a Bruselas, aplaudir el Brexit, acusar a Merkel de hegemonista y responsabilizar a la moneda común por la disminución de la producción industrial en la mayoría de los países europeos. Sus contendientes no le respondieron.

A casi cinco semanas de la primera vuelta electoral parece haberse perfilado ya la bipolarización entre Macron y Le Pen. El primero puede aumentar su potencial electoral sumando votantes conservadores y socialistas, mientras que la segunda parece haber tocado techo. No obstante, más allá del enfrentamiento entre pro y antieuropeístas, la líder nacionalista todavía puede apelar al miedo de muchos sectores populares a perder los subsidios y las ayudas sociales, al de las corporaciones locales que se quedarían sin el impuesto inmobiliario, al de los pequeños y medianos empresarios que reniegan de la hegemonía alemana y, en general, al resentimiento popular contra el “niño bien” salido de la ENA.

Como en junio se hacen también las elecciones legislativas, los candidatos presidenciales sazonan sus campañas nacionales con los problemas regionales y locales. Junto a Alemania, Francia es uno de los pilares de la construcción europea. Del rumbo que ella tome dependerá el futuro de la UE. Con tantos factores a considerar, cualquier error que un candidato cometa puede tener consecuencias internacionales funestas. El juego está abierto y recién el 22 de abril comenzará a definirse.

martes, 14 de marzo de 2017

Los militares empujan a Trump a un choque con Irán

El camino a una nueva guerra

Por la carencia de una política consistente el presidente norteamericano avala decisiones de los militares que pueden tener consecuencias desastrosas para el mundo.
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Después de 16 años de reiteradas y fallidas intervenciones en Levante y Asia Central los Estados Unidos están ahora incrementando aceleradamente su presencia militar en Afganistán, Siria, el Golfo y Yemen, sin que Donald Trump u otro responsable político haya fijado los fines y alcances de estas operaciones. El riesgo de una confrontación con Irán aumenta, pero después del levantamiento del embargo en 2015 la nación persa retornó al mercado mundial y tiene en Rusia y China poderosos aliados. Un ataque norteamericano podría desatar un conflicto mundial que nos involucraría por la presencia de fuerzas de EE.UU., autorizada irresponsablemente por el gobierno argentino.

Ante una comisión del Senado de EE.UU. el jefe del Comando Centro del Ejército (Centcom), el general Joseph Votel, anunció el jueves pasado que solicitará al Congreso la autorización para enviar próximamente más tropas a Afganistán, Irak y Siria. Aunque el gobierno aún no se ha expedido sobre el tema, se supone que apoyará el pedido del comandante.

El reclamo es parte de un súbito incremento de la presencia militar norteamericana en la región. La semana pasada cientos de efectivos fueron desplegados en el noreste de Siria para controlar a las milicias kurdas en la decisiva batalla que se acerca para la toma de Rakka, el centro administrativo del llamado Estado Islámico (EI). Al mismo tiempo la aviación estadounidense lanzó una nueva campaña de bombardeos contra Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) en el sur de Yemen.

Los jefes militares norteamericanos se esfuerzan por presentar el repentino aumento de su presencia entre el Mediterráneo y el Hindu Kush como la continuación de una política ya iniciada bajo el gobierno de Barack Obama, pero la velocidad con la que están interviniendo en numerosos frentes a la vez revela que han dejado de lado las cavilaciones que antecedían cada operación bajo el anterior presidente.
 
El aumento de la intervención militar en Yemen ejemplifica esta falta de política. Después de semanas de intensos bombardeos en el sur del país la guerra civil entre el norte apoyado por Irán y el sur sostenido por los sauditas sigue empatada. Como la acción aérea no ha estado acompañada de gestiones diplomáticas, nadie tiene idea hasta cuándo y dónde piensa seguir bombardeando la Fuerza Aérea de EE.UU. (USAF).

Sin dudas el general Votel cumplió con su deber, cuando el pasado jueves asumió ante el Senado su responsabilidad como comandante de la desastrosa operación de fuerzas especiales que el pasado 29 de enero terminó matando a 30 civiles y causó la pérdida de un oficial estadounidense en una aldea del sur de Yemen. Éste, empero, no es el tema. Alguien debe tomar la responsabilidad política y decir qué piensan hacer en la región y qué límites están dispuestos a respetar.

También en Siria las fuerzas norteamericanas se están involucrando en el conflicto sin planificación ni concepto y pueden producir una catástrofe. El viernes pasado las fuerzas turcas que actúan en el noroeste del país junto con milicias árabes anunciaron que durante la semana habían matado a más de 70 kurdos. Ankara identifica a los milicianos kurdos del norte de Siria con los guerrilleros que combaten dentro de su territorio, pero para Estados Unidos los milicianos kurdos son por su efectividad y control del territorio norte el mejor aliado en el norte de Siria, sobre todo ante la próxima batalla por Rakka. Los kurdos, a su vez, han declarado que están en condiciones de tomar la capital del EI sin ayuda externa, o sea que desprecian la ayuda norteamericana y rechazan toda colaboración con los turcos y el gobierno sirio.

Como los turcos y los kurdos -cada uno por su lado- están cercando en el noroeste la ciudad de Manbij, las tropas estadounidenses han debido colocarse en medio de ambos para que no choquen antes de la toma de la posición islamista. Al mismo tiempo se publicaron fotografías que muestran a oficiales rusos junto con milicianos kurdos equipados por Estados Unidos, o sea que Washington no puede confiar en ninguno de sus aliados.

Sin concepto ni plan los norteamericanos están aumentando vertiginosamente su presencia militar simultáneamente en Siria, el Golfo, Yemen y Afganistán. En todos estos frentes pueden chocar con fuerzas apoyadas por Irán y/o Rusia. Si Washington no define públicamente su política para la región, acciones irreflexivas de los militares pueden fácilmente producir reacciones difíciles de controlar que obliguen a Irán, Rusia y China a intervenir para proteger sus intereses y a sus aliados. Una escalada de este nivel podría tener consecuencias mundiales, por lo que es aconsejable que el gobierno argentino, que ha abierto tan generosamente cuarteles y bases navales y aéreas argentinas a tropas norteamericanas, intervenga para moderar en algo a su poderoso aliado.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Argentina no puede ser el "aliado privilegiado" de EE.UU.

Macri go home

A pesar de su autopostulación como “interlocutor privilegiado”, el gobierno argentino no encaja con la Casa Blanca y Trump lo empuja de vuelta hacia América Latina.
Foto: AFP
Foto: AFP

El gobierno de Mauricio Macri subió el 10 de diciembre de 2015 con el objetivo de alejar a Argentina de América Latina, alinearla con el proyecto globalista de Barack Obama y Hillary Clinton y ofrecerse como bisagra entre las zonas de libre comercio del Pacífico y el Atlántico. Catorce meses más tarde, la estrategia de Donald Trump para fracturar el mercado mundial en áreas comerciales dominadas por grandes potencias rivalizantes empuja a los conservadores argentinos de vuelta a su continente. Ahora bien, como este imprevisto y brutal retorno a nuestro entorno histórico les repele, el regreso se perfila como más desastroso aún que la ida hacia el globalismo.

Mauricio Macri se muestra mucho más cauto que hace unos meses cuando le preguntan por Donald Trump. Ya no dice que es un hombre “totalmente chiflado”. Entrevistado el pasado jueves 23 en Madrid por el fundador del grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, prefirió definirlo como “un personaje particular” al que “hay que darle tiempo”. No obstante, dejó en claro en sus presentaciones que no comparte la visión proteccionista del nuevo presidente de los Estados Unidos y se presentó como un “convencido defensor del libre comercio”. También manifestó su voluntad de intensificar lazos con México y Brasil para coordinar posiciones en el G-20 y en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Del mismo modo, insistirá para impulsar la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur.

Tanto globalismo no podía caer bien en Washington. 48 horas tardó la embajada de EE.UU. en Buenos Aires hasta sacar un comunicado de forma sobre la conversación telefónica que ambos mandatarios mantuvieron el pasado 14 de febrero. El informe tiene apenas tres líneas y media en las que consta que Trump destacó “las fuertes y duraderas relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Argentina”. Luego, subrayó “el liderazgo que el Presidente Macri está desempeñando en la región”. Como último punto menciona que el jefe de Estado fue invitado a visitar Washington “en los próximos meses”. La tardanza en publicar el comunicado y la insistencia -como único tema- en la valoración que Trump haría de Macri sugieren que varias llamadas de la Casa Rosada fueron necesarias para que la minuta saliera a la luz.
 
El gobierno de Cambiemos confió desde el inicio en “la lluvia de inversiones” y la apertura hacia el Acuerdo Transpacífico (TPP) que -en su cálculo- le permitiría jugar como bisagra hacia la Unión Europea y beneficiarse a dos bandas. Pero la llegada de Trump, la retirada norteamericana del TPP y su bloqueo a las importaciones de limones argentinos, combinados con la resistencia de varios países europeos a abrirse a las importaciones agropecuarias provenientes de nuestro país, así como la desconfianza generalizada con la que potencias y empresas europeas ven la capacidad de la resistencia popular para bloquear las políticas neoliberales han dejado a los conservadores a la intemperie. Ni los norteamericanos los cuidan ni los europeos les dan cheques en blanco.

Trump y Macri comparten la misma ideología reaccionaria. Ambos son hijos de empresarios exitosos que acrecentaron la riqueza y el poder de sus familias por métodos cuasi-mafiosos. Llegados al poder, los dos armaron gobiernos de CEOs y se presentan como ajenos a la política. Sin embargo, los ejecutivos de Trump buscan hacer nuevamente de Estados Unidos una potencia, mientras que los de Macri aumentan la riqueza de los capitales y monarcas extranjeros.

El gobierno argentino cometió el enorme error de inmiscuirse a favor de los demócratas en la campaña electoral norteamericana. Este error lo cobró ásperamente Ivanka Kushner Trump al meterse en la primera conversación que su padre y Macri mantuvieron el pasado 14 de noviembre después del triunfo del primero y reclamar a Macri que facilitara la construcción de una torre en Puerto Madero, a lo que éste accedió raudo.

El gobierno argentino insiste en su optimismo de oficio sobre el desarrollo de las relaciones con EE.UU., pero “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Mauricio Macri ganó las elecciones del 25 de octubre de 2015 como ejecutor de un plan de los fondos buitre, el J.P. Morgan, el HSBC y las coronas de Gran Bretaña y Holanda, para apropiarse de los recursos energéticos y mineros argentinos, entregar el Atlántico Sur a la marina británica y -golpe en Brasil mediante- alinear el continente con el globalismo. Sin embargo, la realidad le pegó una patada en la nuca. En vez de Hillary vino Donald y en lugar del libre comercio, la fractura del mundo en cotos de caza exclusivos de las grandes potencias. Argentina entró en el angloholandés, no en el norteamericano.

La expulsión del área comercial norteamericana y las persistentes barreras que bloquean el ingreso a Europa están devolviendo a los conservadores argentinos al ámbito del que nunca debieron salir: a América Latina. En los países mayores del continente, empero, no gobiernan patriotas con visión estratégica, sino mediocres reaccionarios que buscan un imperio al que someterse. Tanto Peña Nieto como Temer y Macri ansían acceder al mercado estadounidense, pero Trump impide su ingreso. Ante el cercano colapso los tres se ven forzados a coordinar su salida al mundo. La realidad los empuja a unirse defensivamente, lo que termina por alejarlos de todo acuerdo de libre comercio con potencias exteriores. Buscando a Estados Unidos, Mauricio Macri puede terminar por descubrir América Latina, pero de la peor manera.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Provocando a Irán Trump arriesga un conflicto grave

Jugar con fuego

Los halcones en la Casa Blanca quieren empujar a Irán a un enfrentamiento frontal. Pero en la apuesta arriesgan un conflicto mundial.
Foto: Sipa/AP
Foto: Sipa/AP

Cuando el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sea recibido hoy en Washington por el presidente Donald Trump, ambos mandatarios tendrán que moderar mucho su ambición de abandonar la política de “dos estados” para alcanzar la paz entre Israel y Palestina y su agresiva retórica contra la República Islámica de Irán. Es que, al forzar con sus revelaciones la renuncia de Michael Flynn, principal consejero de seguridad nacional del Presidente, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y el New York Times recordaron en voz alta que la política exterior norteamericana sólo puede hacerse en consulta con la comunidad de inteligencia.

Desde que el nuevo jefe de Estado asumió el 20 de enero pasado, viene gobernando en solitario y ha criticado rudamente a los servicios de inteligencia. La devolución la obtuvo el domingo pasado, cuando el New York Times dio a conocer la conversación que el general Flynn tuvo con el embajador ruso en EE.UU. antes del traspaso del mando. Esta información sólo pudo provenir de la NSA, que es responsable por las escuchas a todas las conversaciones que funcionarios relevantes mantienen con representantes extranjeros. La infidencia sirvió para recordar al presidente y el primer ministro que la política exterior norteamericana sólo se ejecuta en consenso entre la Casa Blanca y numerosas agencias, especialmente las de inteligencia.

El nuevo gobierno estadounidense ha estado provocando a Teherán para empujarlo a romper el acuerdo nuclear de 2015, con la esperanza de aplicarle renovadas sanciones económicas, antes de invadirlo y apropiarse de los mayores yacimientos de hidrocarburos del mundo. Sin embargo, si EE.UU. va al choque con Irán, corre serios riesgos militares, ya que puede toparse con Rusia y China y quedarse sin aliados.

Teherán probó el 29 de enero un misil balístico convencional de medio alcance de carácter defensivo que las autoridades de EE.UU. calificaron, no obstante, como “muy provocativo” y amenazaron con una “amplia gama” de medidas de respuesta. Como réplica, el presidente de Irán, Hasán Rohaní, avisó el viernes 3 que “cualquiera que se dirija a los iraníes con amenazas lo lamentará”. “Es mejor que tengan cuidado”, retrucó Trump por Twitter. El miércoles 8, por su parte, la revista neoconservadora online Breitbart (cuyo editor, Steve Bannon, es el jefe de asesores del Presidente) informó que una flota aliada bajo mando norteamericano había realizado la semana anterior una maniobra en el Golfo de Omán a 65 kilómetros de la costa iraní.
 
Washington provoca a Teherán también en Yemen, escenario de una guerra entre los rebeldes hutíes del movimiento Ansar Alá (del norte del país) y los partidarios del expresidente Alí Abdalá Salé, por una parte, y las fuerzas leales al en 2014 renunciado presidente Abdu Rabu Mansur Hadi, por otra. Desde marzo de 2015 éste último quiere reasumir el mando apoyado por una coalición liderada por los sauditas. Esta guerra ya ha costado 16 mil muertos (de los cuales 10 mil eran civiles) y ha privado al 20 por ciento de los 27 millones de habitantes de todo alimento.

La conflagración ha fortalecido a al Qaeda en la Península Arábiga que ha expandido su control territorial en el sureste desértico del país. Contra este grupo se dirigió el pasado 29 de enero una fracasada incursión de Seals, la fuerza especial de los Marines norteamericanos. Los yihadistas imbricaron a los atacantes en combates en casas donde murieron mujeres y niños y las imágenes de los masacrados recorrieron el mundo. El fracaso fue atribuido a Trump, que lo había ordenado en una cena con sus colaboradores más estrechos y sin más consultas. En Yemen el gobierno norteamericano está tratando de provocar un choque con los asesores iraníes de los rebeldes para sacar a Teherán de las casillas, pero con su impericia está fortaleciendo a la vez a los hutíes y a al Qaeda.

Donald Trump eligió a Irán como el objetivo de su “cruzada”, en primer lugar, porque la nación persa se ha convertido en una potencia regional de consideración que empata a la alianza saudita-israelí. Pero además el martes 14 se confirmó el hallazgo de enormes yacimientos de petróleo y gas natural en la suroccidental provincia de Juzistán, junto a la frontera iraquí, donde tienen previsto invertir la angloholandesa Royal Dutch Shell PLC y la francesa Total. Con el descubrimiento el país persa tiene reservas para 21 años. Como, por otra parte, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) lo ha autorizado a no reducir la producción de crudo, está exportando a los cuatro vientos, lo que provoca la actuada irritación“ de Washington que teme por la baja del precio de sus propias empresas. No obstante, Trump está aún más molesto por la irrupción de los europeos en la industria petrolera iraní donde Chevron y Exxonmobil pensaban hacer su agosto.

Cuando le preguntaron sobre posibles represalias militares contra Teherán, el presidente afirmó que “no se descarta ninguna opción”, pero si EE.UU. ataca a Irán, Rusia y China seguramente sostendrán a su principal aliado regional, mientras que los principales países europeos no abandonarán a tan prometedor socio. Puede que Washington sólo esté queriendo forzar a Teherán a hacer mayores concesiones, pero los iraníes están fuertes y no van a ceder. Si el gobierno norteamericano insiste, puede sufrir una grave derrota y provocar un gran conflicto mundial. Es de esperar, por lo tanto, que el Presidente se acuerde de consultar a la comunidad de inteligencia.

domingo, 15 de enero de 2017

Los tropezones de la revolución conservadora

Trump comienza a pagar las facturas que llegan por su retórica de campaña
 Antes de asumir el próximo viernes, el magnate ya enfrenta un grave conflicto diplomático con China. Adem´s, sus asesores y secretarios lo contradijeron en temas centrales
 Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
15 de enero de 2017

Donald Trump ganó la elección del 8 de noviembre pasado con una agresiva retórica nacionalista, xenófoba y misógina. Triunfó sin equipo y con un programa limitado. Pretendía, y pretende, hacer la revolución conservadora, pero los Estados Unidos no están solos en el mundo y los secretarios que rejuntó para completar su gobierno juegan cada uno para su equipo y ninguno para la selección.

El pasado viernes China advirtió extraoficialmente a través del periódico Global Times que si EE UU intenta impedirle el acceso a las islas artificiales que construyó en los últimos años en el Mar Meridional, habrá guerra. El conflicto data de hace algunos años, cuando Barack Obama intentó cercar al gigante asiático por el sur. Este respondió construyendo las islas para instalar allí bases militares y afianzar su soberanía sobre el Mar Meridional. Además de que Trump durante la campaña electoral tronó repetidamente contra la invasión de productos chinos, su designado Secretario de Estado, Rex Tillerson, prometió el pasado martes 10 en la audiencia para su confirmación que impediría a China acceder a las islas. El grave furcio diplomático es producto de la improvisación del equipo que acompañará al nuevo presidente a partir del próximo viernes 20.

La Constitución estadounidense diferencia entre los miembros del Gabinete presidencial que deben ser ratificados por el Senado y aquellos cargos que el Presidente puede ocupar con personal de confianza. Entre estos últimos el más importante es el de Jefe de Asesores, para el cual Trump designó a su yerno Jared Kushner, de 36 años, esposo de su hija Ivanka. Artífice del triunfo electoral de su suegro, Kushner es su persona de mayor confianza.
También sin necesidad de ratificación, Steve Bannon fue nombrado como Jefe de Asesores de la Casa Blanca. El nuevo consejero fue hasta hace poco editor del sitio web Breitbart, plataforma de la ciberderecha (“alt-right"), un movimiento blanco nacionalista, racista y misógino.

A su vez, como Asesor en Seguridad Nacional el mandatario eligió al general retirado Michael Flynn quien entre 2011 y 2013 dirigió la Agencia de Inteligencia para la Defensa. Prestigioso oficial de inteligencia, después de retirarse se desempeñó como lobista de empresas rusas y turcas.

Para la Jefatura del Gabinete, finalmente, fue nombrado Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano y uno de los pocos dirigentes partidarios con buenas relaciones con el presidente electo. Tiene asimismo buenos lazos con el republicano presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan, lo cual facilitará la relación con los republicanos en el Congreso.

Mientras que el equipo de asesores está compenetrado con las ideas del Presidente, aunque carece de muchos conocimientos específicos –entre otros, los internacionales-, los principales secretarios de departamentos gubernamentales oídos en el Senado han desentonado fuertemente.

El Secretario de Estado confirmado es Rex Tillerson, que entre 2006 y 2016 presidió ExxonMobil. Los medios criticaron duramente sus lazos con Vladimir Putin y sus críticas de 2014 a las sanciones contra Rusia. Sin embargo, durante la audiencia Tillerson se defendió exitosamente de las acusaciones de simpatía prorrusa y expresó su adhesión al Acuerdo Transpacífico de Comercio (TPP) que Trump rechaza. No obstante, su amenaza contra China demuestra cuán unilateral es su formación. Puede ser que se entienda bien con estados productores de hidrocarburos, pero carece de sensibilidad para tratar con el gigante asiático.

Por su parte, el nuevo secretario de Defensa James N. Matti es un teniente general retirado del Ejército que dirigió entre 2010 y 2013 el Comando Conjunto Centro. Dado el despliegue mundial de las fuerzas armadas, las opiniones políticas del Secretario de Defensa son relevantes. Mattis apoya la convivencia de un estado judío y otro palestino y critica la actual política israelí, piensa que Irán es la mayor amenaza para Medio Oriente y cuestiona el acuerdo nuclear con ese país. También elogió vivamente a la OTAN, pero no tiene idea de qué hacer en Asia Oriental.
Por su lado, Jeff Sessions será el nuevo Fiscal General. Sessions es partidario de no legalizar a los 12 millones de inmigrantes de hecho que viven en el país y de reducir aún más la inmigración legal, se opuso a la introducción del femicidio como figura penal, es radicalmente antiabortista y descree del cambio climático. Consecuentemente, su audiencia en el Senado duró dos días y estuvo jalonada de protestas populares.

En tanto, John Francis Kelly, nuevo secretario de Seguridad Interior, es un general retirado de la Infantería de Marina, que sirvió como último destino como jefe del Comando Sur con sede en Miami. Kelly rechazó que el planeado muro en la frontera con México sirva para frenar la inmigración.

Todos los auditados entre martes y jueves se opusieron a la reintroducción de la tortura, al registro de los musulmanes, apoyaron el informe de inteligencia sobre los ciberataques rusos y consideraron a Moscú un riesgo especial para la seguridad de Estados Unidos, pero omitieron referirse a China. El gobierno de Donald Trump comienza con serias contradicciones internas y graves falencias en su visión internacional. El presidente electo pretende modernizar el Estado y la economía con métodos reaccionarios, pero no le basta con asesores leales: necesita un equipo de gobierno coherente que no meta goles en contra y se ubique en un mundo multipolar. «

Girando el foco de la relación con el mundo

La política exterior de Donald Trump pretende reducir y racionalizar las intervenciones de EE UU en el mundo, para controlar la producción mundial de hidrocarburos y defender la propia área de influencia internacional. La única motivación ideológica es el apoyo a Israel, aunque al mismo tiempo busca una coexistencia pacífica con Rusia. Al comparecer ante el Senado, para que ratifique su designación, el nominado secretario de Estado Rex Tillerson(ex ExxonMobil) explicó la futura política exterior. La audiencia se concentró en el informe de las 17 agencias de inteligencia sobre los ciberataques desde Moscú para favorecer la elección de Trump. Tillerson consideró "preocupantes" las informaciones y anticipó que mantendrá las sanciones contra Rusia, a la que criticó también por la anexión de Crimea en 2014, aunque reprochó que previamente no se hayan desplegado tropas allí. También defendió la presencia de la OTAN en el este de Europa. Por otro lado, confirmó la dureza de Trump sobre las relaciones con China. Asimismo, Tillerson aprovechó su comparecencia para rebajar la tensión con México al que mencionó como "un viejo amigo". Trump sustituirá el multilateralismo demócrata por acuerdos bilaterales de comercio e inversión y “secará” el mercado mundial absorbiendo dólares para financiar las prometidas inversiones en infraestructura. Es dudoso que tanto unilateralismo sea factible, pero el empresario-presidente está acostumbrado a apostar fuerte para después negociar. Habrá que ver quién lo para.

¿Otra oportunidad perdida?

Argentina es importante para EE UU cuando en nuestro país hay gobiernos populares que pueden soliviantar al resto del continente pero, cuando en la Casa Rosada acampa una tropa afín al Imperio, nuestro país solo interesa por sus recursos energéticos y minerales, por el Acuífero Guaraní y las riquezas del mar periantártico, quizás por algunas inversiones inmobiliarias y como posta para la bicicleta financiera global. Nuestro país es una colonia angloholandesa y EE UU lo respeta. Lo demuestran los viajes periódicos de la reina Máxima entrando y saliendo por algún aeropuerto desconocido y la pleitesía que le rinde el presidente Macri, el reconocimiento de la soberanía británica sobre Malvinas por la ministra Malcorra, la base clandestina de Joe Lewis en la Patagonia y los honores al ex rey de España, testaferro de los fondos financieros angloholandeses titulares de las prestadoras españolas de servicios públicos. Barack Obama presionó brutalmente, hasta someter a Argentina. El gobierno de Donald Trump, por el contrario, amaga con desentenderse de América Latina, mientras sus negocios florezcan. El control sobre Argentina quedaría primordialmente librado a la sagacidad de los monarcas europeos y sus gerentes locales. El Reino Unido y los Países Bajos son fuertes por su poder financiero y militar, pero más poderosos por el servilismo de los gobernantes y la miopía de los opositores. Si Washington mira para otras latitudes, tendremos la chance de recuperar independencia. ¿Sabremos aprovechar la oportunidad?

miércoles, 4 de enero de 2017

Putin no choca con Obama, mientras Trump ataca a China

El pase del torero

Aunque preocupados porque Trump agudiza la tensión con China, los medios norteamericanos siguen profundizando la tirantez con Rusia, mientras Putin los elude.
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Aunque se manifiestan preocupados porque el entrante presidente Donald Trump está agudizando la tensión con China, bajo la influencia de Barack Obama los medios demócratas norteamericanos siguen atacando a Rusia como forma de dirimir en la política mundial su propia polarización interna. Tanto más sabia aparece, entonces, la actitud de Vladimir Putin quien, con pases de torero, elude un ataque tras otro.

Después de que el martes 27 la Casa Blanca anunció la expulsión de 35 diplomáticos y numerosos agentes de la inteligencia rusa como represalia por intromisiones cibernéticas rusas en el Comité Nacional Demócrata (DNC, por la sigla en inglés) durante la última convención del partido en julio pasado y la difusión de mails privados de Hillary Clinton, el ministro ruso de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov amenazó primero con represalias contra representantes estadounidenses en Rusia. Sin embargo, el jueves 29 Vladimir Putin rechazó replicar las sanciones, envió saludos de fin de año a Barack Obama y su familia e invitó a los hijos de los diplomáticos norteamericanos acreditados en Moscú a acompañar las festividades en el Kremlin. Si Putin hubiera replicado las sanciones, habría empeorado las relaciones entre ambos países y dificultado sensiblemente el reacercamiento que Trump y él desean.
 
No obstante, la arremetida se repitió al día siguiente. El viernes 30 el Washington Post informó que hackers rusos habrían penetrado la red eléctrica del estado de Vermont, en el noreste de EE.UU. La información -mechada con referencias a “fuentes de la seguridad nacional”- se viralizó inmediatamente en Twitter y en medios de todo el país. Sin embargo, como reveló Glenn Greenwald el lunes 2, tal irrupción no existió. Lo que sucedió fue que, después de que la empresa proveedora local Burlington Electric recibió de la Secretaría de Seguridad Interior (Homeland Security) la información sobre el software dañino hallado en las computadoras del DNC, revisó sus computadoras y encontró el mismo código en una laptop no conectada a la red eléctrica. Como el periódico no consultó a la compañía eléctrica antes de publicar su denuncia sensacionalista, la empresa sacó su desmentida en un periódico local.

Considerando los mutuos ataques cibernéticos entre Rusia y Estados Unidos desde hace años, no sería imposible que el FSB ruso haya intervenido en la campaña electoral norteamericana, pero no hay pruebas que lo confirmen. Que en la laptop analizada en Burlington se haya encontrado software de origen ruso no quiere decir que los servicios de ese país lo hayan introducido allí, ya que el software maligno puede comprarse en el mercado casi tan fácilmente como el legal.

Aunque más tarde el Post corrigió en algo su versión, el múltiple retuiteo de su artículo ya había generado la esperada reacción histérica. Es que los medios demócratas y muchos de los republicanos no digieren todavía la victoria electoral de Donald Trump y toman su propósito de normalizar las relaciones con Rusia por evidencia de su alianza con Vladimir Putin. La prevención antirrusa extendida entre políticos, militares y empresarios norteamericanos sirve de base de legitimación a cualquier medida que agudice la tensión entre ambos países.
 
Los medios demócratas están realmente preocupados por el rango semioficial que el futuro presidente ha dado a sus vínculos con Taiwán, desconociendo 45 años de política de “una sola China” de los sucesivos gobiernos estadounidenses. El liderazgo militar chino, a su vez, está seriamente alarmado por el giro que se perfila y anunció la realización de maniobras navales frente a la isla rebelde, agudizando así la tensión en el sur de Asia. La preocupación de los medios demócratas tiene fundamento en este caso, pero también deberían llamar a la cautela en relación a Rusia.
Es probable que Donald Trump y Vladimir Putin mejoren la relación entre ambos países, contribuyendo seriamente a la distensión en Europa, Levante y el ciberespacio. No obstante, si el precio a pagar es el empeoramiento de los vínculos con China, salimos de la sartén para caer en el fuego. A los medios norteamericanos cabe una responsabilidad mayor sobre el clima psicológico que crean en la opinión pública norteamericana y occidental, por lo que sería bastante útil para la paz mundial que hallaran un medio para superar pacíficamente la propia polarización.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Trump quiere llevarse bien con Putin y con Israel

La cuadratura del círculo
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
31 de diciembre de 2016
Entre la aceptación de la intervención rusa en Siria y el apoyo al expansionismo israelí, la política levantina de Donald Trump busca una cuadratura del círculo que Barack Obama quiere impedir antes del 20 de enero próximo. 
El pasado jueves Vladimir Putin anunció que desde ese día a la cero hora (local) regiría en Siria un alto de fuego en el oeste y sur del país. Putin destacó el trabajo conjunto de Rusia, Turquía e Irán, para alcanzar en Siria esta tregua. Si la misma se mantiene, gobierno y oposición iniciarán durante enero tratativas de paz en Astana, capital de Kazajistán. 
Que Turquía sea aliada de Rusia es obra de Obama. Cuando después de la intervención rusa en Siria en septiembre de 2015 y del derribamiento de un avión ruso por Turquía dos meses después, y Rusia decretó sanciones comerciales contra Turquía, el presidente Recep T. Erdoğan buscó el diálogo, pero en julio pasado Obama lo castigó apañando el fracasado golpe de Estado. Vladimir Putin, entonces, estrechó las relaciones con Ankara. Irán, en tanto, se ganó en el campo de batalla el derecho de participar en el trío. 
El miércoles pasado el presidente electo cuestionó la abstención norteamericana durante la votación de la ONU que condenó los asentamientos israelíes en territorio palestino y acusó a Obama de obstaculizar la transición. Para confirmar que está dinamitando un puente cada día, el mandatario saliente expulsó el jueves a 35 agentes de la inteligencia rusa e impuso sanciones a los dos principales servicios de ese país. 
¿Cómo compatibiliza Trump su apoyo al expansionismo israelí (su próximo embajador, David Friedman, incluso mudaría la embajada norteamericana a Jerusalén) con su diálogo con Putin? Según la agencia Reuters, excepto el Estado Islámico, los beligerantes en Siria están dispuestos a hacer la paz repartiéndose áreas de influencia y manteniendo por algunos años al presidente Bashar al Assad, aunque casi sin poder. En el mismo sentido va el estatuto del Kurdistán sirio adoptado este viernes 30. Esta solución convendría a Israel, en tanto que Trump podría ganar mucho dinero reconstruyendo Siria. Consolidada la alianza Rusia-Irán-Turquía-Siria con la adhesión de Irak, Exxonmobil también podría tender junto con empresas rusas el gasoducto de Irán a Europa. El nuevo contexto forzaría asimismo a los palestinos a recrear la confederación que tuvieron con Jordania entre 1948 y 1967, mientras que Israel, finalmente, podría con apoyo ruso exportar su gas a Europa. Esta cuadratura del círculo podría ser muy exitosa. Si la CIA no la sabotea. «