lunes, 18 de junio de 2018

Trump juega a varias bandas

De Singapur a Beijing, pasando por Moscú

Tras reunirse con Kim, Trump agudizó el conflicto comercial con China, antes de presentar a Norcorea 47 exigencias y luego buscar encontrarse con Putin.
Por Eduardo J. Vior
Eduardo J. Vior
Después de la cumbre de Singapur entre los presidentes de EE.UU. y Corea del Norte la mayoría de los medios norteamericanos criticaron al presidente Donald Trump por sus concesiones a Kim Yong Um sin haber obtenido contrapartidas palpables. Es que el mandatario estadounidense sabía que dos días después haría estallar el conflicto comercial con China que, a su vez, distraería del entredicho en la península coreana. Recién entonces comunicó a Pyongyang la lista de reclamos que aquél debe satisfacer, para que se levanten las sanciones económicas. Para mantener ambos bajo control, ahora pide a su amigo Vladimir Putin que interceda, claro que a cambio de nuevas concesiones. El presidente norteamericano busca con China y Rusia una negociación global del equilibrio de poder, pero la sobreacumulación de conflictos puede producir un cóctel explosivo.

Primero el Washington Post y el propio presidente Donald Trump el pasado viernes 15, luego el domingo 17 el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, esbozaron la posibilidad de que el norteamericano se reúna en julio con su colega ruso. La semana pasada la Casa Blanca informó que Austria habría propuesto acoger la reunión, aunque todavía no lo podía confirmar. Según el periódico estadounidense, ya en marzo pasado se supo que en un diálogo telefónico entre ambos mandatarios Trump había invitado a Putin reunirse. El medio relata asimismo que desde noviembre pasado, cuando los mandatarios se encontraron en Vietnam, Trump venía insistiendo ante sus asesores, para que invitaran al ruso a Washington, pero que aquellos desacataron la orden presidencial, porque no estaban de acuerdo con la oportunidad del encuentro.

La publicitación de la posible cumbre sobrevino después de tres días de intensas críticas de los medios estadounidenses por los magros resultados que el presidente habría obtenido en su reunión con el norcoreano Kim Yong Um en Singapur el martes 12 y luego de que las sanciones norteamericanas contra las importaciones chinas desataran entre jueves y viernes una andanada de represalias de Beijing que agudizó sensiblemente el conflicto comercial entre ambos países. Es imposible no relacionar los tres acontecimientos.

Los medios norteamericanos –especialmente los liberales- han cuestionado que Trump sólo recibió de Kim la promesa de desmontar su programa de armamento nuclear, sin haber acordado inspecciones internacionales. A cambio, el estadounidense le dio garantías de seguridad y suspendió unilateralmente las maniobras militares anuales conjuntas con Corea del Sur. De hecho, gracias a la cumbre Kim ha logrado que su país deje de ser un paria de la política mundial.

Continuarán las sanciones internacionales, subrayó el mandatario estadounidense, mientras los norcoreanos tengan la bomba atómica, pero la distensión entre ambos depende en gran medida de China que va a intervenir en la negociación entre Norcorea y EE.UU. según evolucione su controversia comercial con el segundo. Beijing cumplió un papel fundamental como facilitador del encuentro de Singapur, pero, si se ve atacado por Washington, va a resistir y a dejar de mediar en la península.

Al mismo tiempo, la cumbre entre Trump y Kim marginó a Japón. Shinzo Abe había viajado a Washington poco antes de la reunión, para lograr, al menos, que Pyongyang se comprometiera a negociar sobre los japoneses sucesivamente secuestrados por Norcorea desde los años 70, por supuesto sin estar dispuesto a disculparse por los crímenes japoneses durante la ocupación de Corea (1910-45).

Para recuperar un rol activo, el domingo 17 el ministro de Asuntos Exteriores de Japón, Taro Kono, informó al canal de televisión NHK que Estados Unidos había presentado a Corea del Norte 47 demandas para lograr la desnuclearización “verificable e irreversible” de la península. La lista de exigencias la habría presentado el secretario de Estado Mike Pompeo durante su reciente visita a Pyonyang. Probablemente, la presentación de los 47 puntos fue una consecuencia de las críticas que recibió el presidente en la prensa norteamericana y el hecho de que fuera el canciller nipón quien revelara su existencia haya sido una concesión de la diplomacia norteamericana, para no alienar completamente a Tokio.

Entre tanto, el pasado viernes 15 Donald Trump anunció la imposición de aranceles al 25% de las importaciones chinas por valor de 50.000 millones de dólares. Los sectores más afectados serán el acero y el aluminio. China respondió inmediatamente con represalias arancelarias por valor de 50.000 millones de dólares sobre commoidties norteamericanas. Estas imposiciones se harán sobre 659 productos, como la soja, que es el bien más perjudicado, ya que China es el principal comprador de esta semilla a Estados Unidos, por un valor de 12.000 millones de dólares. Con esta nueva escalada se quiebra el principio de acuerdo alcanzado en mayo pasado por las autoridades comerciales de ambos países.

Una explicación plausible para este ataque norteamericano es que tenga motivaciones electorales. En noviembre se renuevan la mitad del Congreso, numerosos gobiernos y legislaturas estaduales. Con un gesto de fuerza la Casa Blanca muestra potencia ante sus electores. Sin embargo, Beijing lo sabe y golpea precisamente sobre los productos de exportación elaborados en regiones adictas al presidente. En realidad, más que los bienes transables, a Trump le interesa bloquear el traspaso de tecnología a China, para frenar su avance hacia el primer puesto mundial, pero ésta no va a ceder fácilmente.

Así planteado, el conflicto comercial puede prolongarse y China tiene espalda para aguantar. El presidente norteamericano lo sabe. Por ello acude ahora a Putin, quizás con la oferta de reducir las sanciones económicas que afectan a Rusia y con amplias concesiones en Oriente Medio, a cambio de que el ruso medie ante China, para vehiculizar una negociación comercial bilateral que supere el actual conflicto y persuada a Kim de seguir cediendo, aun si el mediador chino se retira. El camino de Beijing pasa por Singapur y Moscú.

sábado, 9 de junio de 2018

Todo el mundo observa la cumbre con Kim

En Singapur, Trump se juega su credibilidad


Si el presidente norteamericano quiere alcanzar un acuerdo nuclear con Irán y evitar la guerra comercial con China y otros países, el 12 deberá entenderse con Kim
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
8 de junio de 2018
Eduardo J. Vior
El presidente norteamericano acostumbra amenazar, mentir y crear incertidumbre sobre sus intenciones como forma de sacar la máxima ventaja posible en las negociaciones. Sin embargo, al retirar a su país del acuerdo nuclear con Irán, simultáneamente poner en duda la reunión cumbre con el líder norcoreano para después reconfirmarla y lastrar con amenazas las tratativas comerciales con China, está aumentando excesivamente el riesgo de que algún interlocutor lo malentienda y responda desmedidamente. En todo caso, la reunión cumbre entre Donald Trump y Kim Jong Um el próximo martes 12 en Singapur será una prueba de fuego para la credibilidad del mandatario estadounidense.
Ambos líderes han previsto la posibilidad de prolongar el encuentro un segundo día “si todo va bien”, según informó CNN. Trump, incluso, se plantea invitar a Kim a la Casa Blanca “para empezar”. Todavía no se lo lleva a su soleada residencia Mar-a-Lago en Florida. Ambos mandatarios se reunirán sin asesores, por lo que será un diálogo entre dos machos, como le gusta a Trump.
Para evitar su exclusión, las demás potencias de Asia Oriental se están apresurando a forjar sus propias relaciones con Pyongyang. Kim, que nunca antes había sido recibido por ningún líder extranjero, este año ha visitado China dos veces y recibió el miércoles 6 al ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Lavrov.
Japón no está invitado a la cumbre de Singapur, recalcó Trump en el Despacho Oval, pero su primer ministro Shinzo Abe lo visitó el jueves 7 por segunda vez en poco más de un mes. Para los medios éste declaró que quiere ayudar a que la cumbre “sea un éxito”, pero no dejó de destacar su relevancia como principal aliado de EE.UU. en Asia y se aseguró de que su aliado no haga demasiadas concesiones a Norcorea.
En la reunión el primer ministro japonés logró arrancar a su anfitrión una promesa pública de reclamar a Kim el paradero de los japoneses secuestrados por Norcorea en los años 70 y 80. Por supuesto, no se comprometió a disculparse por los crímenes cometidos por los agresores japoneses en Corea durante la Segunda Guerra Mundial.
El primer golpe de efecto que Trump ambiciona es firmar el tratado que ponga fin a la guerra de 1950-53 entre EE.UU. y Corea del Norte. El líder estadounidense ha manifestado también su interés en retirar las cerca de 25.000 efectivos estacionados en Corea del Sur. No obstante, para que nadie se sienta tranquilo, adelantó el jueves que “todo puede pasar” y dijo a la prensa que “sabrán si ha ido bien si no me oyen usar el término de ‘máxima presión’”.
Pocas veces desde el fin de la guerra fría ha habido cumbres tan inciertas como ésta. Después de que se anunció, se canceló y se volvió a anunciar, nadie puede jurar que el martes a las 9 de la mañana ambos líderes se encuentren en el hotel Singapore Capella. Sin embargo, para distender el clima antes de la cumbre, ambos gobiernos han hecho gestos significativos: Corea del Norte paralizó sus pruebas nucleares y con cohetes de largo alcance, y habría comenzado a desmantelar un centro de pruebas, aunque no se sabe en qué medida. Por su parte, al recibir el viernes 1º efusivamente en la Casa Blanca al enviado norcoreano Kim Yong-chol (ex jefe del servicio de inteligencia y principal asesor de Kim Yong-um) y hacer importantes concesiones, Trump hizo un reconocimiento sin precedentes del gobierno norcoreano. Aceptó, por ejemplo, que la desnuclearización de su interlocutor se haga por etapas y no de una sola vez, como exigía hasta la semana pasada. También abandonó su retórica agresiva contra Pyongyang. Además, aunque las sanciones de la ONU y de EE.UU. aún están vigentes, Trump está tolerando que China esté aligerando el tráfico fronterizo con Norcorea.
El éxito de la reunión depende exclusivamente de que ambos presidentes acuerden un plan para el desmantelamiento del arsenal nuclear de Norcorea. Como devolución Trump puede comprometerse a no atacar al país asiático, abrir una oficina de contacto en Pyongyang y autorizar la apertura de una norcoreana en Washington, reduciendo asimismo los ejercicios militares anuales con Surcorea. Pero los demás temas que acuerden son secundarios.
El resto del mundo va a observar esta primera gran maniobra pacificadora, para decidir cuán confiable es el presidente norteamericano. Sus permanentes balandronadas, amenazas, mentiras y el tono grosero que usa en la comunicación internacional han hecho que muchos de sus interlocutores desconfíen de su voluntad negociadora. Por ello es que el encuentro en Singapur es visto como un examen de su confiabilidad.
Este test es especialmente importante para Irán, que debe decidir sobre su permanencia en el acuerdo nuclear de 2015, después de que Donald Trump el pasado 8 de mayo retirara del mismo a EE.UU. Si el norteamericano se muestra en Singapur como un negociador creíble, el ayatolá Alí Jamenei puede aceptar que las negociaciones sobre el programa nuclear iraní se extiendan a otros temas reclamados por EE.UU. como el programa de cohetería, la presencia de fuerzas iraníes en distintos países de Oriente Medio o, incluso, el reconocimiento de Israel.
Como señal de distensión, el 1º de junio pasado el presidente Donald Trump suspendió durante seis meses el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén con el argumento de que hay que esperar hasta hallar una residencia adecuada para el embajador. La decisión recién fue difundida el miércoles 6. O sea que no había necesidad de hacer el papelón de querer jugar en Jerusalén.
También los presidentes de China, Xi Jinping, y de Rusia, Vladimir Putin, que este viernes se encontraron en Beijing como prólogo a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, por su nombre en inglés) que este fin de semana sesiona en Qiangdao, han intercambiado pareceres sobre la seriedad del norteamericano. Rusia tiene pendiente el levantamiento de las sanciones norteamericanas contra su dirigencia y las mayores empresas y China, por su parte, debe decidir cómo responder a las medidas proteccionistas de EE.UU.
En un mundo estrechamente vinculado ningún gesto pasa desapercibido. Donald Trump quiere reestructurar las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo bilateralmente y mediante su intervención personal, pero su estilo lo hace muchas veces imprevisible y suscita desconfianza. Por ello el resultado de la cumbre de Singapur con Kim Yong Um será un test con repercusiones mundiales.

martes, 29 de mayo de 2018

Los conflictos Asia son inseparables

La paz en Corea depende del acuerdo con Irán

Tanto la cooperación nuclear norcoreano-iraní como la confianza que este tipo de negociaciones requiere entrelazan ambos procesos y los hacen aún más complicados
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
29 de mayo de 2018
Eduardo J. Vior
Cuando el viernes 25 un periodista preguntó al presidente Donald Trump, si el líder norcoreano Kim Jong Un no estaba “jugando”, el viejo zorro le respondió con una sonrisa que “todos estamos jugando”. El problema con el espíritu lúdico de Trump y Kim es que los conflictos en la península coreana y en Medio Oriente están tan estrechamente interrelacionados que un error cualquiera en un extremo de Asia puede provocar un desastre en el otro.
Intentando salvar la cumbre entre Trump y Kim prevista para el próximo 12 de junio en Singapur, una delegación norteamericana cruzó este domingo 27 la línea de alto el fuego entre ambas Coreas, para reunirse con representantes del gobierno norcoreano. En las reuniones de trabajo que durarán hasta este martes 29 participan el ex embajador de EE.UU. en Seúl, Sung Kim, quien ya estuvo en 2005 en las conversaciones a seis bandas sobre el programa nuclear de Pyongyang. La representación del Norte, a su vez, está encabezada por la viceministra de Exteriores, Choe Son Hui, quien provocó la semana pasada a Trump, al amenazar por segunda vez con la retirada de su país de las conversaciones. Como reacción, fue el norteamericano quien el jueves 24 canceló la cumbre de Singapur, para retractarse a medias un día después.
A quien no le hizo gracia el jugueteo fue al presidente surcoreano Moon Jae-in, que el sábado se reunió sin preaviso con Kim Jong Un en Panmunjon, sobre la línea de tregua. La reunión urgente mostró también la preocupación de Kim por salvar la cumbre con Trump, para obtener que Washington cancele las sanciones económicas y dé seguridades. Ambos países todavía difieren sobre la sucesión de los pasos a dar, ya que, mientras los norteamericanos exigen un desarme nuclear total y unilateral, Kim pretende que el desmonte del plan atómico se combine paso por paso con la reducción de las sanciones y el aumento de las garantías de seguridad.
El programa nuclear norcoreano fue posible gracias a la asistencia del físico paquistaní Abdul Kadir Jan (AQK, por su nombre en inglés) quien, entre los 1980 y los 1990 colaboró en el desarrollo de la bomba atómica de su país y organizó una red internacional para la venta de centrifugadoras y otros equipamientos para el enriquecimiento de uranio, entre otros a Corea del Norte, Libia, Irak e Irán. Hasta que fue descubierto y encarcelado en 2003 (fue liberado en 2009), AQK proveyó a Corea del Norte e Irán con tecnología e insumos para sus programas nucleares. Sin embargo, hay más conexiones entre Irán y Norcorea. Kim Il-Sung (presidente de Corea del Norte entre 1948 y 1994) estuvo entre los primeros en congratular a Ruholá Jomeini, cuando tomó el poder en 1979. Ante la invasión iraquí a Irán en 1980, Kim puso a disposición de Jomeini cohetes de alcance medio de diseño soviético y asesoró a la Guardia Revolucionaria Islámica. Parece, incluso, que la táctica iraní de “ataque en enjambre” se derivó de una similar utilizada en 1950 por Kim contra los norteamericanos.
Cuando en 1988 terminó la guerra entre Irak e Irán, Norcorea ayudó al segundo a desarrollar sus cohetes Shahab. El actual Shahab-3 se basa en el norcoreano Nodong-1. Incluso los submarinos iraníes lanzacohetes Ghadir reproducen los norcoreanos Ono. Donald Trump, por lo tanto, está mucho más preocupado por la difusión de las tecnologías armamentistas norcoreanas que por el propio plan nuclear del país asiático. Del mismo modo, en su denuncia del acuerdo nuclear con Irán pesa mucho más el control del programa persa de cohetería que el inexistente desarrollo de armas nucleares.
Ante este panorama complejo y volátil, China, Rusia y la Unión Europea (liderada por Angela Merkel) están haciendo enormes esfuerzos por contener diplomáticamente a Pyongyang y Teherán. Para ello, Beijing se asoció con Seúl, tratando de dar a Pyongyang todas las garantías de seguridad y promesas económicas que ésta requiera. Al mismo tiempo, Rusia mantiene el diálogo con Israel, para evitar que los bombardeos de éste sobre objetivos iraníes en Siria se desborden. Este mismo lunes 28 el jefe del Estado Mayor israelí ha anunciado que a fin de la semana estará en Moscú, para conversar con sus pares rusos sobre el desescalamiento en Siria. Moscú y Damasco ya han anunciado que, a cambio de un pacto de no agresión, Israel deberá aceptar que el Ejército Árabe Sirio (EAS) avance hasta el confín de las alturas del Golán y libere las sureñas provincias de Deraa y Sweida, lindantes con Jordania.
Debido a la aguda lucha por el poder entre la facción del presidente Hassán Rohaní y la Guardia Revolucionaria, que busca expandir la revolución islámica en Oriente Medio, no está aún claro, si Irán se avendrá a un compromiso con Israel y EE.UU. Por lo pronto, el pasado miércoles 23 el Guía Espiritual de la Revolución, el ayatolá Alí Jamenei, presentó a la Unión Europea una dura lista de condiciones a cumplir, si pretende que Irán se mantenga dentro del acuerdo nuclear. Europa debería condenar el abandono norteamericano del tratado, oponerse a la reactivación de las sanciones económicas contra Irán y garantizar la continuidad de las transacciones petroleras y bancarias bilaterales, pero sin tocar el programa iraní de desarrollo de cohetes tácticos. Según cómo responda Bruselas, Teherán decidirá en las próximas semanas si continúa en el acuerdo nuclear de 2015.
El gobierno de Trump desea usar su retiro del acuerdo nuclear con Irán, para señalizar a Norcorea una genuina voluntad de negociación. Sin embargo, Pyongyang puede también entender que Washington quiere ponerla de rodillas y hacerle firmar su rendición, como condición para levantar las sanciones económicas. Si así fuera, los norteamericanos estarían muy errados, ya que para Kim el programa nuclear es la carta principal para defender la soberanía del acosado país.
En la medida en que el relanzamiento de las negociaciones entre EE.UU. e Irán sobre el plan nuclear de éste último depende de la evolución del conflicto entre Irán e Israel y el avance de las tratativas entre EE.UU. y Corea del Norte, a su vez, se relaciona con la exportación de tecnología balística para el desarrollo de los cohetes iraníes de alcance medio, la complejidad de los escenarios involucrados exige una altísima precisión y mucho cuidado. El más mínimo desajuste puede desatar una catástrofe. Por ello es tan importante que Rusia mantenga calma a Israel y China y Surcorea, por su lado, a Corea del Norte.

domingo, 20 de mayo de 2018

Israel está cada vez más aislado

Netanyahu no remontará la derrota
en Gaza sin diálogo
Mientras continúan las Marchas del Retorno e Irán unifica a la resistencia palestina, Israel queda más aislado. En ese contexto, toma cada vez más fuerza el movimiento que propone boicot, desinversión y sanciones para obligar a Tel Aviv a negociar un Estado laico
Después de seis semanas de protestas junto a la frontera con Israel, la Franja de Gaza pasó el primer viernes de Ramadán en una relativa calma. Indudablemente, la apertura del paso fronterizo hacia Egipto descomprimió en algo la situación. Mientras, el primer ministro israelí Benjamín "Bibi" Netanyahu busca recomponer su imagen dañada por la brutal represión de la protesta. En tanto, ante la imposibilidad de que un eventual Estado palestino pueda sobrevivir al ahogo israelí, crece la demanda por un Estado binacional democrático y multiétnico.
Rechazando los rumores circulantes de que Egipto estaría mediando entre Israel y Hamás, el líder de esta, Ismail Haniye, declaró el viernes que las movilizaciones en Gaza para pedir el derecho al retorno de los refugiados y el fin del bloqueo continuarán.
No obstante la pausa en las protestas, francotiradores, tanques y blindados israelíes permanecían desplegados a lo largo de la valla que aísla la Franja. El jueves aviones de la FDI (Fuerza de Defensa de Israel) bombardearon objetivos en Gaza, en tanto el viernes topadoras militares arrasaron tierras en el área colindante con la valla, mientras sus drones sobrevolaban los acampes palestinos en el sur de la Franja.
A una cierta tranquilidad contribuyó que el presidente egipcio, Abdel Fattaj al-Sisi, ordenara la apertura de la frontera con la Franja de Gaza durante el mes del Ramadán. Al-Sisi explicó que esta decisión se tomó para "aliviar los sufrimientos" de los dos millones de personas sometidas al bloqueo israelí desde hace más de diez años.
Los gazatíes iniciaron la "Gran Marcha por el Retorno" a fin de marzo, para exigir el derecho de los cinco millones de palestinos en la diáspora a regresar a su tierra, pero el episodio más violento ocurrió el pasado lunes, cuando más de 60 palestinos murieron y otros 2000 resultaron heridos por la FDI. Esta masacre se produjo el mismo día que EE UU inauguraba su nueva embajada en Jerusalén. La masividad de las protestas y la brutalidad de la represión perjudicaron la imagen de Israel y su gobierno. Tel Aviv perdió la batalla en la opinión pública mundial y quedó sumamente aislado. 
Como reacción ante la masacre del lunes pasado, Turquía y Sudáfrica retiraron a sus embajadores de Israel y despidieron a los representantes de Tel Aviv. Al mismo tiempo Turquía convocó de urgencia a una reunión de la Liga Islámica Mundial cuya presidencia temporaria ejerce. La reunión tiene lugar este fin de semana en Estambul.
A pesar del ferviente apoyo del gobierno norteamericano y las iglesias pentecostales, Israel está en una situación cada vez más precaria. Su paranoia, las medidas terroristas contra la población civil y sus provocaciones permanentes contra las fuerzas iraníes en Siria sólo lograron el efecto contrario: la población palestina está más movilizada e Irán ha tejido una sólida alianza con las distintas facciones resistentes en Gaza unificándolas. 
El proceso de paz que debía llevar a la convivencia de un Estado israelí y uno palestino codo a codo ha sucumbido a la represión y la ocupación de Cisjordania por colonias israelíes. La situación es comparable a la del apartheid sudafricano entre 1948 y 1994. Por eso el creciente movimiento internacional BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) propone una solución similar a la sudafricana. Con el boicot comercial, la desinversión de las empresas extranjeras y las sanciones internacionales se busca forzar a Israel a negociar con los palestinos, acabar con la represión, permitir el retorno de los cinco millones de refugiados y darse una Constitución (hoy no tiene ninguna) que reconozca a toda la población plenos derechos ciudadanos e instituya un Estado laico binacional. Actualmente la propuesta puede parecer utópica, pero en el largo plazo es más realista que declamar la convivencia de dos Estados, cuando uno no tiene dónde asentarse. Si al final del camino israelíes y palestinos conviven en un único Estado democrático, los muertos del lunes pasado en Gaza no habrán sido en vano. «

La ONU investigará la masacre
El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Hussein, dijo el viernes en la sesión de emergencia del Consejo de Derechos Humanos (CDH) que debe ponerse fin a la ocupación de los territorios palestinos. El máximo responsable de DD HH de la organización sostuvo que los que han muerto en las manifestaciones “estaban completamente desarmados”, pero recibieron disparos “en la espalda, en el pecho, en la cabeza y en las extremidades” e informó que apoyará la realización de una investigación internacional independiente.
Por su parte, en su intervención ante el CDH el relator especial de la ONU sobre los Derechos Humanos de los palestinos, Michael Lynk, afirmó que la responsabilidad por la violencia en Gaza recae sobre Israel y recordó que el “asesinato deliberado” es un crimen de guerra de acuerdo al Estatuto de Roma.
En tanto, la embajadora de Israel ante la ONU en Ginebra, Aviva Raz Scechter, negó cualquier responsabilidad de su gobierno por las muertes del lunes pasado.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Victoria palestina a 70 años de la Nakba

Israel perdió la batalla de Gaza

La astucia iraní, la torpeza de Trump y de Netanyahu y el heroísmo palestino convirtieron el 70º aniversario de la fundación del Estado judío en su mayor derrota
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
16 de mayo de 2018
Eduardo J. Vior
El 14 de mayo debía ser un día de gloria para Israel: la inauguración de la embajada norteamericana en Jerusalén certificaría su capitalidad y consagraría la incorporación fáctica de Cisjordania al Estado judío, pero Washington y Tel Aviv hicieron la cuenta sin el heroísmo del pueblo palestino y la astucia iraní que, juntos, convirtieron la jornada en una gigantesca denuncia del apartheid israelí.

Cuando los 59 muertos producidos por las balas de la Fuerza de Defensa de Israel (FDI) en el límite entre la Franja de Gaza y el Estado judío aún no habían sido enterrados y muchos de los 2400 heridos de la jornada del lunes todavía seguían luchando por su vida, nuevos choques ocasionaron dos muertes y 160 heridos.

Durante la jornada del martes el conflicto, empero, se trasladó a los pasillos de la diplomacia. Luego de que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, acusara a Israel de aplicar una política de apartheid y perpetrar crímenes contra los palestinos, Benjamin Netanyahu le negó autoridad para criticar a Israel. Mientras tanto, Turquía llamó a consultas a sus embajadores en Washington y Tel Aviv y convocó a reunión de la Liga Mundial Islámica cuya presidencia pro tempore ejerce actualmente.

Entre tanto, la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, convocada de urgencia por pedido de Kuwait en nombre de la Liga Árabe, fue el ámbito para una batalla retórica. De un lado, el embajador israelí Danny Danon acusó a Hamas de ser responsable de las muertes del lunes, al haber empujado a los manifestantes a traspasar la frontera, rompiendo así el bloqueo impuesto a la Franja desde hace diez años. Del otro el observador del Estado de Palestina, Riyad Mansur, acusó a Israel de haber cometido un crimen de lesa humanidad. La norteamericana Nikki Haley, en tanto, asumió la defensa de la “moderación” con la que actuó la FDI en la represión y desligó los hechos de la inauguración de la embajada.

Sin embargo, llamativamente los representantes de Gran Bretaña y Francia pusieron reparos ante el exceso de violencia en la represión israelí. Ya previamente el presidente francés Emmanuel Macron manifestó su protesta en una conversación telefónica con Netanyahu. Por su parte, en una conferencia de prensa junto con su huésped Erdogan, la primera ministra británica Theresa May reclamó una investigación independiente sobre los choques y las muertes en la frontera. A su vez, el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lu Kang, declaró el martes que su país apoya al pueblo palestino en su esfuerzo por recuperar sus derechos nacionales y establecer un Estado independiente en los límites de 1967, con Jerusalén Oriental como capital.

El traslado de la embajada estadounidense, hasta ahora situada en la ciudad de Tel Aviv, se adelantó para hacerlo coincidir con el 70º aniversario de la creación del Estado de Israel. Para el acto oficial viajaron hasta Jerusalén la hija del presidente estadounidense, Ivanka Trump, y su esposo, Jared Kushner, ambos asesores de alto rango de la Casa Blanca. La policía y el ejército israelí desplegaron un fuerte dispositivo de seguridad ante las celebraciones previstas, mientras miles de palestinos protestaban desde hace semanas en la frontera entre la Franja de Gaza e Israel en la denominada “Marcha del Retorno”, con la que querían forzar el levantamiento del bloqueo que Israel y Egipto mantienen desde hace diez años sobre el manchón territorial en el que se hacinan dos millones de personas.

La mayoría de los países occidentales no participó en los actos organizados para la apertura de la embajada estadounidense en prueba de su desacuerdo. En la Unión Europea el asunto causó división. Pese a que los Estados con más peso, como Francia, Alemania o Reino Unido, se mostraron en contra, diplomáticos de países como Rumanía, Hungría o la República Checa acudieron a la invitación del gobierno israelí.

La inauguración tuvo dos objetivos: por un lado, Netanyahu quería mostrar el apoyo incondicional de Estados Unidos en ocasión del 70º aniversario y en un momento en que se encuentra acosado por una denuncia de corrupción; por el otro, Trump deseaba satisfacer una promesa hecha a su base evangélica durante la campaña electoral de 2016. Varios líderes de iglesias pentecostales participaron en la ceremonia.

Sin embargo, ambos gobiernos ignoraron el cercano contexto internacional. La salida de EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán, anunciada por el presidente la semana pasada, agudizó dentro de la República Islámica la competencia entre sus facciones por definir el mejor modo, para obligar a los norteamericanos a volver a la mesa de negociaciones en condiciones ventajosas para Irán. Una de ellas, la más enérgica, es la que se expresa en la Guardia Revolucionaria y, particularmente, en la brigada al Quds, encargada de sus operaciones exteriores. El comandante de la misma, el general Qassem Suleimani, es un excelente estratega que ha tenido un gran papel en la derrota del Estado Islámico en Irak y en Siria y ahora –según fuentes sirias- conduce a la Yihad Islámica y a un sector de Hamás que impulsan el alzamiento palestino en la Franja de Gaza. Iraníes y palestinos sabían que, provocando a las fuerzas israelíes, ocasionarían un baño de sangre que aguaría la fiesta de Trump y Netanyahu. Pero la FDI cayó en la trampa, reprimiendo a mansalva a miles de civiles –muchos de ellos mujeres y niños- que heroicamente ponían el pecho ante las balas.

Sin dudas, las fuerzas militares israelíes tienen el derecho a proteger la frontera legal de su país, pero hay muchas formas menos brutales de controlar manifestaciones civiles. Además, Israel y Egipto están atentando contra la vida de dos millones de palestinos confinados en lo que ellos mismos llaman “un campo de concentración a cielo abierto”. Por otra parte, Hamás ha hecho últimamente serias propuestas de desescalamiento del conflicto que el gobierno israelí ha ignorado.

Israel y EE.UU. han perdido la batalla de Gaza y el 70º aniversario de la fundación del Estado de Israel ha sido opacado por la masacre. El derecho de los palestinos a circular libremente y a entrar y salir de su territorio ha pasado al tope de la agenda internacional y no bajará fácilmente. Por otra parte, Netanyahu ha logrado lo que más temía: que Irán pueda atacarlo por dos frentes a la vez. Solamente un gran acuerdo internacional puede poner paños fríos y evitar una catástrofe.

domingo, 13 de mayo de 2018

Israel busca una guerra que puede involucrarnos

Tras la movida de Trump
cada cual atiende su juego
La decisión de EEUU de abandonar el acuerdo nuclear con Irán provocó una serie de reacciones, algunas impensadas, en los países involucrados
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
13 de mayo de 2018
“Cuando el gato duerme, los ratones danzan sobre la mesa”, reza el viejo refrán. Al cumplir el pasado martes su promesa electoral y retirar a EE UU del acuerdo nuclear con Irán firmado en 2015, el presidente Donald Trump apostó a que durante el plazo hasta la concreción de un nuevo pacto, las relaciones de fuerza en el Medio Oriente se mantendrían equilibradas, pero no calculó que el vacío que dejó Washington sería inmediatamente llenado por los demás actores del drama regional.
El jueves Israel lanzó unos 60 cohetes contra supuestas infraestructuras iraníes en territorio sirio. Su ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, exigió luego al presidente sirio, Bashar al Assad, que “eche a los iraníes".
Según el Ministerio de Defensa ruso, en el ataque participaron 28 aviones israelíes F-15 y F-16 que lanzaron cohetes aire-tierra contra distintas regiones sirias. Además, Israel también disparó 10 cohetes tierra-tierra desde las alturas del Golán. Más de la mitad de los proyectiles fueron interceptados por la defensa antiaérea siria. El ataque se produjo como respuesta al disparo, el miércoles, de por lo menos 20 cohetes sobre una decena de objetivos israelíes en el Golán sirio ocupado desde 1967.
Tel Aviv acusó a Irán de haber realizado este ataque en respuesta al bombardeo israelí del martes pasado. Apenas Trump hubo anunciado la salida del acuerdo nuclear, aviones israelíes atacaron al oeste de Damasco lo que supuestamente era un convoy militar iraní. El jueves Teherán negó toda responsabilidad en el ataque a posiciones israelíes, una versión confirmada por distintas fuentes sirias consultadas para esta nota. De acuerdo a las mismas, el ataque contra las posiciones israelíes en el Golán fue realizado por el Regimiento 137 de la 7ª división del Ejército Árabe Sirio (EAS) que disparó 27 proyectiles. Además, Israel no habría afectado ningún objetivo iraní, sino todos sirios. 
El ataque sirio representa un salto cualitativo, ya que por primera vez desde 1978 Damasco se atreve a atacar a Israel y lo hace exitosamente. El EAS perforó la defensa antiaérea en el Golán y demostró su porosidad. Damasco llevó el ataque solo, aunque en consulta con Teherán, pero no con Moscú. Israel lo sabe, pero insiste en que ha atacado objetivos iraníes, porque necesita una guerra con Irán que involucre a EE UU y sus aliados árabes y no quiere reconocer su vulnerabilidad. 
El gobierno de Assad arriesga mucho al atacar el territorio ocupado por Israel, pero le pareció necesario como prólogo a la recuperación en el sur y sureste del país de las provincias de Deraa y Kuneitra, todavía en poder de los terroristas. Cuando sus fuerzas se aproximen al pie del Golán, pueden darse choques con Israel que los sirios quisieron prevenir con esta advertencia. 
En Damasco nadie se hace ilusiones. Los sirios saben que Benjamin Netanyahu está a punto de ser inculpado por corrupción y que está desesperado por provocar una gran guerra con Irán. 
Sin dudas, Siria reconoce la importancia de Rusia en la derrota de la agresión exterior. Sin embargo, Assad no quiere ser espectador de los acuerdos que Putin haga y sabe que éste es el mejor momento para golpear a un enemigo políticamente débil y negociar después. Por su parte, Washington sabe que Irán cesó en 1988 por razones religiosas de producir armas atómicas, pero agita el fantasma de las mismas para negociar sobre los cohetes iraníes de medio alcance y las intervenciones externas de Teherán. 
Con la salida norteamericana del acuerdo nuclear, Trump quiere imponer a sus interlocutores en la región un nuevo acuerdo que le permita recuperar el papel arbitral que EE UU alguna vez tuvo allí, pero superar el choque provocado por su decisión, hallar una nueva agenda de diálogo y hacerlo culminar exitosamente demandarán demasiado tiempo, durante el cual el entrecruzamiento de los intereses de los actores intervinientes puede provocar un desastre. 

Gira la calesita diplomática
El anuncio de Donald Trump de abandonar el acuerdo nuclear con Irán puso en marcha un frenético carrusel de llamadas y encuentros entre los principales líderes de los países firmantes del Acuerdo de 2015 (EE UU, Gran Bretaña, Francia, China, Rusia y Alemania), con actores internacionales y regionales. El presidente ruso Vladimir Putin habló entre miércoles y jueves con su colega francés Emmanuel Macron y con la canciller alemana Angela Merkel. Por su parte, el gobierno turco de Recep T. Erdogan manifestó el viernes su interés en incrementar su comercio con Irán, si el restablecimiento de las sanciones económicas contra el país persa crea una demanda insatisfecha. 
En tanto, el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohammad J. Zarif, se reunirá, primero, el lunes 14 en Moscú con su colega ruso, Serguei Lavrov, y el martes 15 en Bruselas con miembros de la Comisión Europea. El mismo lunes en el balneario de Sochi, junto al Mar Negro, Putin discutirá la cuestión con Yukiya Amano, director general de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). «

jueves, 10 de mayo de 2018

Israel y Siria ocupan el lugar que EE.UU. dejó

Una apuesta extremadamente riesgosa

EE.UU. se retiró del acuerdo con Irán para negociar uno mejor, abriendo un vacío que Rusia quiere llenar, mientras se separan los caminos de Damasco y Teherán
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
9 de mayo de 2018
Eduardo J. Vior
Al cumplir el martes pasado su promesa electoral y retirar a los Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán firmado en 2015 por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, el presidente Donald Trump apostó a que Rusia, China y las potencias europeas se encarguen de mantener el orden en Medio Oriente y a que Israel, Siria e Irán no se enfrenten frontalmente, mientras él arrastra a la República Islámica a una renegociación y ampliación del pacto que incluya los cohetes persas de alcance medio y sus intervenciones militares en la región. Son demasiados supuestos, como para que salga bien, pero, si lo logra, habrá avanzado seriamente hacia una paz duradera en Oriente Medio.
Por el Acuerdo 5+1 se levantaban las sanciones internacionales contra Irán a cambio de que éste limitara su programa nuclear y aceptara un estricto régimen de inspecciones. Desde 2015 el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) certificó repetidamente que la nación persa cumplía el acuerdo y los países europeos fueron levantando las sanciones. En rigor de verdad, la República Islámica ya había puesto fin a su investigación nuclear militar en 1988, porque el padre de la revolución, el ayatolá Ruholá Khomeini, decretó que las armas de destrucción masiva contradicen los principios del islam. O sea que el único país de Oriente Medio que posee armas atómicas y rechaza toda inspección internacional es Israel. El aspecto nuclear del acuerdo es, por consiguiente, una farsa. La preocupación de Washington se dirige, en realidad, a los cohetes de medio alcance desarrollados exitosamente por Irán y a las intervenciones externas de su Guardia Revolucionaria.
En las próximas semanas habrá que estar atentos a la evolución interna tanto en Arabia Saudita e Israel como en Irán. Los sauditas están felices con el retiro norteamericano del acuerdo, porque aspiran al cambio de régimen en Teherán. Riyad ve con temor la creciente influencia iraní en Oriente Medio, sobre todo después de la derrota en Irak y Siria de los terroristas que la monarquía apañó durante años, aunque, como el reino se halla en una transición autoritaria hacia un neoliberalismo moderno, no se atreve a meterse en un nuevo conflicto externo.
En tanto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu está acusado de corrupción y, para adelantarse a la presentación de cargos formales, quiere convocar a elecciones parlamentarias adelantadas que pretende ganar con gestos duros en lo interno y en el exterior. No obstante, debe reconocérsele un cierto grado de sensatez. Desde el comienzo de las operaciones rusas en Siria, en septiembre de 2015, los estados mayores de Moscú y Tel Aviv han evitado choques directos. Para continuar el contacto, el primer ministro llegó el miércoles 9 a Moscú, donde asistió junto a Vladimir Putin al desfile del Día de la Victoria sobre la Alemania nazi y mantuvo conversaciones sobre Oriente Medio.
En Irán, por su parte, pesan mucho los Guardianes de la Revolución que ambicionan la expansión de la revolución islámica y la destrucción del Estado de Israel. En segundo lugar está el presidente Hassán Rohaní, quien busca el acercamiento a Occidente, para atraer inversiones y relanzar el crecimiento económico y, finalmente, hay que considerar al ayatolá Alí Jamenei, Guía de la Revolución, quien arbitra entre los otros dos poderes.
Cuando en 2011 comenzó la agresión exterior, Irán acudió en ayuda de Siria en virtud de un tratado anterior. Gracias a esa ayuda Siria pudo resistir a la Hermandad Musulmana y, desde septiembre de 2015, con el apoyo ruso pudo derrotarla.
Hoy en día, cuando los terroristas están prácticamente vencidos, los objetivos de Irán y Rusia divergen. Ésta última quiere erradicar las organizaciones yihadistas, restablecer la paz en la región y restaurar el vínculo histórico entre su cultura ortodoxa y Damasco, la cuna del cristianismo. Para la Federación Rusa, Israel es un Estado internacionalmente reconocido, con más de un millón de ciudadanos provenientes de la antigua URSS, y tiene derecho a defenderse, a pesar de que haya robado territorios y de su actual régimen de apartheid.
Para Siria, en tanto, Israel es el ocupante ilegal del Golán que durante la guerra apoyó a los yihadistas y bombardeó Siria un centenar de veces. Sin embargo, Damasco no desconoce al Estado hebreo y busca un tratado de paz con su vecino.
Por el contrario, para Irán, Israel es sólo una entidad ilegítima que ocupa Palestina y oprime a los habitantes históricos de esa tierra y debe ser destruida.
Junto a esta diferencia estratégica, hay que considerar cálculos tácticos. Detrás del tratado nuclear multilateral firmado en julio de 2015 se esconde un acuerdo bilateral secreto entre EE.UU. e Irán cuyos términos se desconocen. No obstante, desde la conclusión del mismo, las fuerzas norteamericanas e iraníes no han chocado en ninguno de los numerosos teatros de guerra del Medio Oriente en los que compiten. La amenaza que Teherán ejerce desde Siria puede interpretarse, entonces, también como una forma de presionar, para que se mantengan las cláusulas secretas del acuerdo 5+1 y que Washington levante las sanciones económicas que hunden la economía iraní.
Desde hace tres años Israel exige que Rusia impida a Irán instalar bases militares a menos de 50 kilómetros de la línea de demarcación. Hasta hace poco tiempo Moscú respondía que Tel Aviv no podía exigir nada, porque en Siria había perdido frente a Irán, pero, al acercarse el fin de la guerra, Rusia ha cambiado de opinión y quiere evitar un choque iraní con Israel.
Apenas Trump hubo hablado, el mismo martes por la tarde aviones israelíes atacaron al oeste de Damasco lo que parece haber sido un convoy militar iraní. Por lo menos ocho efectivos habrían sido muertos. No queda claro, si los israelíes querían impedir una concentración de fuerzas enemigas cerca del Golán o si sus militares querían boicotear el viaje del primer ministro a Rusia, pero el choque aumentó la tensión.
El presidente Trump conoce y aprovecha estas contradicciones entre sus adversarios, así como las limitaciones de sus aliados. Habrá que ver cómo reaccionan, entonces, Teherán y Tel Aviv. Las potencias occidentales, a su vez, dependen del petróleo iraní y de su mercado y buscarán todas las vías de negociación. China, por su parte, necesita que en Medio Oriente haya paz, para avanzar con la Ruta de la Seda que por allí debe pasar. Rusia, finalmente, quiere la paz, para asegurar su rol de mediador regional.
Trump aplica una política de riesgo controlado que, de tener éxito, puede llevar a la paz en Medio Oriente. Pero, si alguno de los actores se desmadra o si sucede algo inesperado, puede desatarse una catástrofe mundial. Durante meses viviremos en vilo, pendientes de que ningún idiota o criminal encienda la mecha del polvorín.