domingo, 21 de diciembre de 2014

Rusia y Brasil defienden su soberanía energética

Vladimir Putin calienta la guerra del petróleo

El jefe de Estado ruso sube las tasas de interés y pacta una reconciliación con las corporaciones internas para paliar el déficit activado por el desplome del crudo.

Vladimir Putin calienta  la guerra del petróleo
Devaluación. El rublo retrocedió al ritmo de la caída en el precio del petróleo.

La calma transitoria que los gobiernos de Rusia y Brasil alcanzaron luego de las corridas cambiarias de principios de la semana sólo se obtuvo con concesiones estratégicas a las corporaciones internas y los Estados Unidos que debilitan su resistencia.
De acuerdo con las predicciones del presidente ruso Vladimir Putin en su conferencia de prensa anual el pasado jueves por la tarde, la actual crisis de la economía rusa puede durar a lo sumo dos años. El mandatario ruso consideró que las actuales reservas del Banco Central (419 mil millones de dólares) son suficientes para mantener la estabilidad económica, pero que no deben ser “quemadas” y que la diversificación productiva es “perentoria”.
El día anterior fue liberado Vladimir Yevtushenkov, presidente del holding Sistema, detenido en su domicilio desde septiembre pasado por lavado de dinero y fuga de divisas, al comprar la petrolera Bashneft en 2009. Sistema es el mayor conglomerado del país, presente en por lo menos diez ramas diversas. Bashneft, a su vez, es una de las mayores petroleras rusas. Al ser detenido Yevtushenkov, el Estado se apropió de sus acciones en la empresa petrolera, pero ahora se rumorea que se las devolverá.
Después de subir las tasas de interés del 10,5% al 17% a principios de la semana y de gastar siete mil millones de dólares para estabilizar las reservas, la liberación de Yevtushenkov calmó el mercado local. La semana cerró con una cotización de 60 rublos por dólar, 20 menos que el martes. Sin embargo, si las autoridades siguen gastando las reservas, reducirán sus chances para combatir la recesión prevista para 2015.
La crisis puso de manifiesto las diferencias entre las tendencias internas del gobierno ruso y la debilidad del presidente frente a las grandes corporaciones. La crisis rusa fue impulsada por las sanciones económicas occidentales y por la baja de los precios de los hidrocarburos, pero también por manipulaciones internas. Desde el fin de la Unión Soviética en 1991 la economía rusa está manejada por las grandes corporaciones que el presidente no logra controlar. Para peor, a principios de este mes Putin amnistió a los culpables de lavado de dinero y fuga de divisas. Su propio primer ministro, Dimitri Mevdeyev, propone hacer más concesiones a Occidente.
Por influencia del ex viceprimer ministro Vladimir Surkov –con gran ascendiente sobre Putin– el presidente ruso calculó mal la respuesta occidental al anexar Crimea en marzo pasado y sobreestimó la capacidad financiera rusa para resistir. Por otra parte, las autoridades rusas aprecian suficientemente el potencial subversivo de los ataques contra el rublo. Finalmente, en el reciente encuentro secreto del presidente con su par francés, François Hollande, en el aeropuerto de Moscú, se comprometió a respetar la “integridad territorial” de Ucrania, lo que aparece como una rendición ante la presión occidental.
Mientras tanto, en Brasil también repuntó el real, después de que el martes superara los 2,70 reales por dólar. Sin embargo, las tasas de interés a futuro se mantienen a un alto nivel y los observadores esperan que en enero vuelva a subir la tasa interbancaria Selic.
La economía brasileña registra muy buenos índices macroeconómicos y el Banco Central posee ingentes reservas, pero 2015 será un año de gigantescos pagos de intereses de la deuda pública, 98.150 millones de dólares, y ya hoy Brasil está pagando en los mercados internacionales tasas del 11,75%.
Los grupos especulativos impulsan al mismo tiempo la campaña mediática por los casos de corrupción en Petrobras, para hundir su valor bursátil. Durante 2014 sus acciones perdieron el 46% de su valor, aunque los pozos del presal están produciendo 600 mil barriles diarios a 45 dólares de costo por barril y el yacimiento tiene reservas de 45 mil millones de barriles.
La crisis brasileña es política: no se ha reformado el sistema electoral ni el financiamiento de los partidos políticos, que son muy dependientes del financiamiento privado o, como el PT, del manejo de las empresas estatales. Quienes más se beneficiaron esta vez fueron políticos del PMDB, uno de los dos partidos creados por la dictadura en 1969 que sobrevivió durante la democracia como un instrumento clientelar y nada más. Como el PT depende de sus votos (y de los de otros 16 partidos) para tener mayoría en el Congreso, el PMDB se ha adueñado de ministerios, gobernaciones y puestos en la administración pública y las empresas estatales, asegurando la continuidad de la corrupción.
Cuando el año pasado se produjeron masivas protestas en las grandes ciudades del país, Dilma Rousseff prometió la reforma política, pero fue frenada por sus aliados. El incumplimiento de su promesa casi le cuesta la elección pasada, pero se impuso, porque los electores valoraron las conquistas sociales de los últimos once años. Sin embargo, después de las elecciones el PT omitió movilizar a sus electores para realizar las reformas. Por el contrario, el gobierno entregó la política económica al neoliberalismo.
Mientras Rusia se desangra y Brasil se estanca, la Reserva Federal norteamericana anunciaba el miércoles pasado que las tasas de interés recién subirán después de abril próximo. La promesa de más dinero gratis para los bancos norteamericanos empujó los índices de los mercados financieros.
Para esta última corrida ha sido determinante la delirante estrategia norteamericana para Levante. John Kerry persuadió en junio pasado al gobierno saudita a inundar el mundo con petróleo, para debilitar a Rusia e Irán y derrocar a Assad. Desde entonces el precio del petróleo bajó en un 40%. Sin embargo, la baja en los precios del petróleo impide a las empresas energéticas conseguir fondos para trabajar. En esta situación deben vender sus reservas bajo el costo de producción o quebrar. El colapso puede afectar también los todavía descapitalizados bancos norteamericanos. Al mismo tiempo, esta industria está ligada a otros sectores y extiende el riesgo a todo el país.
En estas condiciones es normal que los fondos de inversión se lancen a arrollar los países emergentes con grandes reservas de hidrocarburos en consonancia con la estrategia de conquista de la Casa Blanca y el Pentágono. Sólo aquellos países que democraticen sus estados y diversifiquen su producción, industrializando con equidad, estarán en condiciones de resistir el embate.

domingo, 14 de diciembre de 2014

En Levante EE.UU. está preso de sus dilemas

Guerra en Siria

Los marines ceden terreno

La crisis por el precio del petróleo y las dilaciones por la estrategia militar a seguir debilitan la posición del Pentágono.

Los marines ceden terreno
En la mira. Esta semana la aviación israelí efectuó varios ataques aéreos contra Damasco, la capital Siria.

Los bombardeos israelíes del domingo pasado en las afueras de Damasco complementan un antiguo plan del Pentágono para dividir el Medio Oriente en cantones étnicos y confesionales, sin que la Casa Blanca haya resuelto qué estrategia aplicar en la región. Esta parálisis es aprovechada por el gobierno sirio y sus aliados, por un lado, y el Estado Islámico (EI), por el otro. Arabia Saudita, Turquía y los monarcas del Golfo, a su vez, usan el petróleo como arma para forzar la intervención estadounidense.
Medios árabes señalaron que el domingo 7 fueron bombardeados un depósito de misiles vecino a la terminal aérea de Damasco, un convoy de Hezbolá que transportaba cohetes rusos tierra-aire hacia la frontera con Líbano y fueron destruidos en tierra algunos drones iraníes utilizados por Siria y Hezbolá. Aparentemente el ataque buscó evitar que la milicia chií libanesa acceda a armamentos sofisticados, lo que el gobierno israelí advirtió que no admitiría.
Aunque el ataque israelí parece tener objetivos limitados, distintos observadores lo ven como parte de una estrategia general para atomizar el Levante y reorganizarlo en pequeños cantones según criterios étnicos y confesionales. Se trata de un antiguo plan del Pentágono para dividir Siria e Irak y hacer de Alepo la capital de un Estado sunita que abarcaría todo el Norte y el Este del país. La mitad sur del país se dejaría al actual gobierno y en la costa mediterránea se separaría un pequeño cantón alauita.
Esta ida tiene un siglo de antigüedad y fue replicada en distintos escenarios desde entonces. La otra corriente en puja dentro de la elite norteamericana aboga por el “nation-building”, esto es, el fortalecimiento de las instituciones nacionales según criterios de modernización económica y organizacional. Esta política se aplicó en muchos países después de la Segunda Guerra Mundial con éxito diverso y recientemente en Afganistán e Irak,  donde fracasó.
Los planes norteamericanos para Siria carecen hoy en día de sustento, porque ni sus propios aliados los creen. Según Charles Lister, de la Brookings Institution, muchos jefes rebeldes en la región de Alepo critican los bombardeos contra el Estado Islámico cerca de Kobani, porque –afirman– distraen del combate contra Al-Asad y de la batalla por Alepo, la segunda ciudad del país. “Si Alepo cae en manos del gobierno –sostienen–, el régimen habrá ganado la guerra.”
La mitad oriental de la milenaria ciudad fue conquistada por los rebeldes en 2012, pero entonces el ejército sirio los frenó y la ciudad quedó partida por la mitad. En los últimos meses refuerzos libaneses, iraquíes y afganos permitieron que el gobierno comenzara a aislar la ciudad de la ruta que por el norte conduce a la frontera turca (60 km), por donde llegan los pertrechos y suministros rebeldes. Si el cerco se cierra, la caída de Alepo será sólo cuestión de tiempo.
Los comandantes rebeldes desconfían de Washington, por la falta de ataques a las unidades del EI que ocupan el nordeste de la provincia. Además, rechazan la reciente propuesta del enviado de la ONU Staffan de Mistura para congelar las posiciones de ambos bandos en Alepo, porque –piensan– favorece al gobierno sirio. Estas percepciones deslegitiman a los aliados de EE.UU. e intensifican el pasaje de milicianos hacia las organizaciones islamistas. Los jefes laicos temen que pronto sólo tres fuerzas se mantengan en guerra: el gobierno, Al-Nusra y el Estado Islámico.
Ente tanto, el jefe de la milicia Jaysh al-Islam, hasta ahora financiada por los sauditas, anunció el martes 9 que pasaría con sus 45.000 hombres a combatir junto al ejército sirio en la región de Damasco. La milicia era parte del Frente Islámico y aceptó concesiones gubernamentales con la mediación de representantes rusos.
Por falta de fuerza y de tiempo probablemente la Casa Blanca no aplique el plan de división étnica y religiosa del Levante que tampoco conviene a sus aliados turcos y sauditas, porque soliviantaría a sus múltiples minorías. Más seguro parece que Washington se involucre militarmente –sobre todo en Irak– sin plan ni objetivo claro, pero es dudoso que mande tropas a Siria ni que decrete el bloqueo aéreo en el norte del país por el prestigio ganado por los defensores kurdos de Kobani.
En la guerra civil siria se están perfilando dos movimientos convergentes: por un lado el conflicto se internacionaliza crecientemente a lo largo de divisiones religiosas y étnicas, en las que Israel toma partido por los sunitas más radicales. Por el otro, en el campo opositor los islamistas se están imponiendo a las fuerzas laicas, mientras que el gubernamental está atrayendo a opositores que se acogen a las concesiones del gobieno. La intervención de Israel parece mantenerse limitada, aunque las cercanas elecciones parlamentarias pueden incitar a Benjamin Netanyahu a una aventura. En general, el campo chií consolida sus fuerzas y avanza paso a paso. Estados Unidos va a mantener su ambivalencia hasta que la Casa Blanca y el Senado de mayoría republicana lleguen a un acuerdo sobre la política exterior, lo que probablemente suceda hacia el fin del primer semestre de 2015. Hasta entonces los monarcas del Golfo seguirán usando la única arma efectiva que tienen: el petróleo. Todo el mundo seguirá de rehén de la guerra colonial en Levante.

domingo, 7 de diciembre de 2014

EE.UU. va a pagar muy cara su ambigüedad en Levante

La encrucijada del conflicto en Siria

La encrucijada del conflicto en Siria
El “pasero” sacó del camión el paquete alargado envuelto en plástico negro, se lo cargó al hombro y se sumó a la larga fila que atravesaba la frontera siria. La cámara lo siguió, hasta que en medio de la tierra de nadie que separa la turca Mursitpinar de la siria Kobani lo alcanzaron las balas de las Unidades de Defensa Popular (YPG) kurdas. Se dobló y cayó. Los demás “paseros” siguieron su marcha hacia los camiones que del otro lado esperaban para llevar suministros al territorio controlado por el Estado Islámico (EI).
El documental de La Voz de Alemania (Deutsche Welle) sólo fue emitido el miércoles 26 en su edición en inglés, pero es la prueba irrefutable de la complicidad del gobierno turco con el terrorismo sunita. Durante 4’47 minutos, el periodista alemán conversa con los camioneros turcos que han traído las cargas hasta el confín. Ninguno sabe quiénes son sus contratistas. Les han dado direcciones de contacto en “ciudades del oeste de Turquía” donde han cobrado y recogido la carga, prolijamente rotulada. El espectador puede leer en una caja “Rakka” como destino, la “capital” del EI en el norte de Siria. En una panorámica se ve una larga fila de camiones de 45 toneladas y más.
El terrorismo del Estado Islámico (EI) se apoya en una trama de negocios e influencias que abarcan todo el Levante. Mientras no se afecten esos intereses, los continuos bombardeos de la aviación aliada servirán de poco.
Esta impresión fue ratificada por Louise Shelley en un artículo publicado en Foreign Affairs el pasado domingo 30 quien niega que bombardeando los pozos y refinerías de petróleo bajo control terrorista se dañe sustancialmente su financiamiento. “Por el contrario –argumenta– el EI es una empresa diversificada en la que el petróleo es sólo una rama de negocios. Por cierto, se ha apropiado de los yacimientos más productivos de Siria e Irak y embolsa un millón de dólares diarios ‘exportando’ petróleo, pero también sus enemigos sacan provecho de sus negocios”, añade. Los contrabandistas kurdos en Irak ganan 300.000 dólares mensuales comprándoles petróleo y vendiéndolo a las propias refinerías. Un diario de Erbil (la capital de la región autónoma del Kurdistán oriental) denunció recientemente a los dignatarios kurdos y sus parientes que hacen negocios con el EI. A su vez venden a los terroristas camiones, garrafas de gas y otros implementos.
Además del petróleo, señala la autora, el EI recibe ayudas desde el Golfo, se financia con contrabando en general, secuestros, extorsión y saqueos. El tráfico de celulares, documentos y cigarrillos hacia Turquía, por ejemplo, ha subido dramáticamente en los últimos meses. La estructura del Estado Islámico asemeja a un holding de empresas que distribuye el riesgo superponiéndose a la pérdida de producción petrolera por los bombardeos aliados. Al mismo tiempo, mediante el comercio cultiva fuera de su zona de influencia una red de lealtades con la que debilita a sus enemigos. Mientras EE.UU. no adopte una estrategia integral en la guerra contra los islamistas –concluye Shelley– los bombardeos tendrán poca efectividad.
Los enemigos de mis enemigos. Como corolario de la reunión de la alianza de 60 países coaligados contra el EI en la sede de la OTAN en Bruselas, el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, por el contrario, evaluó el martes como “positivos” los bombardeos aéreos de los últimos meses. Según Kerry, los bombardeos aliados detuvieron el avance del EI, aunque advirtió que llevaría años derrotar al terrorismo. Comentando la información dada el mismo día por el Pentágono sobre la intervención de la aviación iraní en los combates en la provincia oriental iraquí de Diyala, el funcionario de Obama sugirió que existe un acuerdo tácito para que Teherán emplee sus antiguos F4 en el Este del país, donde la USAF no actúa. Se trata de rezagos de la guerra de Vietnam recibidos por Teherán antes de la revolución de 1979. Irán, por su parte, niega su intervención.
Sin embargo, el presidente sirio Bashar al-Asad se mostró escéptico sobre el resultado de la campaña aérea. Entrevistado por la francesa Paris Match, Al-Asad sostuvo que no se puede vencer al terrorismo con ataques aéreos, sino que “es esencial utilizar sobre el terreno tropas que conozcan el país”.
Para entender la dispersión y ambivalencia de las alianzas entre las fuerzas contrarias al Estado Islámico, es útil dar una ojeada al campo de batalla, especialmente en Siria. Así, en la sureña provincia de Dera’a, nuevas unidades del Ejército Libre Sirio (ELS) formadas por la CIA en la vecina Jordania han lanzado en las últimas semanas una ofensiva que logró ocupar varias aldeas buscando cortar la ruta que comunica con Damasco y controlar una faja de territorio que hacia el Oeste se comunique con la zona que ocupa el Frente al Nusra (representante oficial de al Qaeda en Siria), en el confín del Golán bajo dominio israelí desde 1973. A partir de esta base territorial la coalición CIA-Al Qaeda espera poder forzar a Assad a una salida negociada y a renunciar.
Según el Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, las fuerzas gubernamentales, apoyadas por unidades de Hezbolá, milicianos chiítas iraquíes y unidades de la Guardia de la Revolución Iraní respondieron al ataque tomando nuevas posiciones sobre la estratégica ruta.
Por su parte, la batalla de Alepo, comenzada hace dos años, parece acercarse a su fin. Las fuerzas oficiales controlan el Oeste de la ciudad, mientras que los rebeldes son fuertes en el Este, pero, como el ejército sirio apoyado por milicias chií y refuerzos iraníes (según Al-Jazeera) avanzó sobre la ruta que por el Nordeste conecta la ciudad con Turquía, Al-Nusra respondió atacando al noroeste, sobre la otra ruta hacia la frontera. Sin embargo, la coalición pro-Assad se sostiene en la población civil local, mayoritariamente chiíta, y en su aviación. Si logra defenderse y a la vez cortar las comunicaciones de Alepo con Turquía, la ciudad más grande de Siria caerá en manos del gobierno.
Entre tanto, en Kobani, los milicianos de las YPG, apoyados por los peshmerga del Kurdistán iraquí, rechazaron el martes un ataque del EI que buscaba cortar la comunicación de la ciudad con la frontera. Según las YPG, el ataque provino de territorio turco, lo que Ankara negó. El mismo día dos milicianos chechenos atacaron el este de la ciudad sufriendo fuertes pérdidas, entre ellas un comandante del mismo origen.
Este panorama demuestra que la guerra en Siria está altamente internacionalizada y que no existe por el momento la posibilidad de unir a las fuerzas que se oponen al Estado Islámico.
En Irak, a su vez (como informa la agencia oficial iraní de noticias Fars), el ejército iraquí retomó el miércoles 3, junto con los peshmerga y ayudado por el alzamiento de los nómades sunitas locales, una amplia área al Sur de Mosul. El levantamiento siguió al llamado del primer ministro iraquí Haidar al-Abadi para liberar Nínive, cuya capital es Mosul.
Ente tanto, buscando diferenciarse de Asad, el gobierno norteamericano reclamó el miércoles 3 controles más estrictos sobre el cumplimiento del cronograma acordado en septiembre de 2013, para que el gobierno sirio desmantele su arsenal químico.
En estas condiciones, la campaña de bombardeos es indudablemente útil, pero insuficiente, porque lo que la coalición anti-EI destruye desde el aire lo reconstruyen sus miembros por tierra. Washington está encerrado en un dilema del que sólo puede salir mediante un acuerdo con Rusia, Siria, Irán y Hezbolá con el que perdería a todos sus aliados regionales que siguen impertérritos, haciendo negocios con el Estado Islámico, o mandando a sus propias tropas a combatir por largos años y en varios frentes simultáneamente. Cualquiera de las decisiones que adopte tendrá costos altos, pero cuanto más tarde en decidirse, éstos serán aún mayores.

domingo, 30 de noviembre de 2014

EE.UU. retrocede ante la creciente importancia de Irán

“Es la dignidad, ¡estúpido!”

Al prolongar ocho meses la negociación sobre el programa nuclear iraní, Occidente reconoce la importancia de Teherán en el futuro ordenamiento del Levante y Asia Central.

“Es la dignidad, ¡estúpido!”
Cuando sonó la hora cero del lunes 24, ni John Kerry estaba bañado en champaña ni Mohamed Y. Zarif, el canciller iraní, se refugió llorando en los rincones del palacio vienés donde los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, Alemania e Irán venían negociando sobre el programa nuclear de este último. La prolongación de las negociaciones hasta el 30 de junio próximo es un gran triunfo de la República Islámica.
Consecuente fue el festejo del líder máximo de la Revolución Iraní: “Irán no va a ponerse de rodillas ante los colonialistas norteamericanos y europeos”, tronó el ayatolá Seyyid Alí Jamenei el lunes en Teherán.
EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Rusia, China y Alemania acordaron el lunes firmar con Irán el 1° de marzo de 2015 un acuerdo político y el 1° de julio siguiente otro técnico que zanjen el conflicto en torno del programa nuclear persa.
Por su parte, en un mensaje a la nación, el presidente Hasán Rouhaní comunicó el lunes que “se ha alcanzado una gran victoria” y que “se va a llegar tarde o temprano a un acuerdo”.
Los comentaristas norteamericanos se preguntan azorados por qué fracasaron. Hasta hace seis meses las potencias occidentales apretaban el torniquete para que Irán desmantelara su programa atómico. Impusieron sanciones económicas brutales que casi ahogaron la vida de los 80 millones de iraníes. ¿Por qué la derrota?
Nuevamente las potencias occidentales no entendieron la diferencia de perspectivas y mentalidades con una potencia emergente:
1. Creyeron poder oponer al presidente Rouhaní y al ministro Zarif al líder Alí Jamenei y se equivocaron. Puede ser que ambos sean más flexibles que su jefe, pero ni juegan su propio partido ni son pronorteamericanos. Irán es un Estado teocrático, pero con una vida política riquísima, llena de tensiones y debates resumidos en la cúspide por una elite religiosa conservadora, pero inteligentísima y muy despierta. Rouhaní respeta el espacio que le deja el Líder Supremo. 2. Supusieron que Irán negociaría a toda costa y fallaron. La República Islámica necesita acordar, para superar el bloqueo económico, pero tiene tiempo. Mientras que los gobiernos estadounidenses tienen agendas a cuatro u ocho años, Alí Jamenei conduce la Revolución Islámica desde 1989, tiene sólo 75 años y, cuando muera, será sucedido por otro Seyyid (descendiente de Husein, hijo de Fátima, hija del Profeta), electo por una asamblea de clérigos que saben que de su unidad depende la suerte de la República. Irán ha demostrado una (para Washington) inesperada capacidad para resistir las sanciones económicas y la baja en el precio del petróleo. Redirigió las ventas de hidrocarburos hacia China y otros países asiáticos y hasta las aumentó. El mes pasado, además, Irán y Rusia acordaron el trueque de petróleo por bienes de todo tipo por un volumen de 20 mil millones de dólares. Por otra parte, después de 30 meses de recesión la economía iraní está creciendo nuevamente al 2,5% anual. 3. El Departamento de Estado apostó a que el interés por los negocios pesaría más que el orgullo y la embarró. El ayatolá Jamenei vinculó exitosamente el programa nuclear con la dignidad de la patria y el pueblo lo acompaña. El honor nacional primó sobre el bolsillo. 4. Washington apuntó a alcanzar un acuerdo a mitad de camino entre ambas partes, mientras que Irán buscaba permanentemente defender la porción más grande posible de su programa nuclear. Para ello tuvo un auxilio inesperado: la ofensiva del Estado Islámico en las vecinas Irak y Siria a partir de junio pasado valorizó enormemente su influencia sobre ambos países y la ayuda de Hezbolá en la guerra contra el terrorismo wahabita. Los ayatolás saben que las negociaciones sancionarán su nuevo rol regional con la firma de las mayores potencias mundiales y por eso no piensan renunciar a su poder nuclear como disuasión contra las potencias atómicas circundantes.
¿Qué pasa si el nuevo Senado republicano quiere a su vez subir la cota para un entendimiento? Que chocarán con Rusia y China, que presionan a Washington para imponerle un acuerdo antiterrorista general para el Levante. Puede ser que en los meses venideros los halcones republicanos escenifiquen todavía algún berrinche, pero al final tendrán que firmar. Cuanto más tarden, peor para ellos.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Tokio amenaza con profundizar la crisis económica

Japón presiona al mundo

En el límite de sus reformas conservadoras, el primer ministro Shinzo Abe usa una “recesión de papel” para ganar posiciones en la economía global.

Japón presiona al mundo
Mientras la noticia de la sorpresiva recesión de la economía japonesa comienza a ser digerida en las principales economías del mundo, el primer ministro Shinzo Abe aprovecha para llamar a elecciones anticipadas para aumentar su poder, profundizar las reformas conservadoras y comprometer al globo en la solución de la crisis nipona.
Después de que el viernes 14 se supiera que la economía nipona se había reducido en un 8,9% por ciento acumulado en el segundo y tercer trimestre de 2014, el lunes 17 el primer ministro Abe anunció la convocatoria a elecciones parlamentarias anticipadas para el 14 de diciembre, dos años antes de lo previsto, y pospuso a 2017 la programada subida del IVA. El impuesto había sido aumentado del 1% al 5% en 2012 y entró en vigor en abril pasado, provocando –dicen– la actual retracción. La segunda etapa, del 5% al 10%, debía regir a partir de octubre próximo. La introducción del impuesto fue un instrumento para reducir el déficit fiscal del 227% del PBI, el mayor de los países industrializados, pero fue resentida por los consumidores y el país cayó en la tercera recesión desde 2008.
La reducción del PBI se produjo por la retracción de la compra de inmuebles y la acumulación de stocks en los depósitos, porque la introducción del IVA hace siete meses elevó la inflación al 3% anual después de más de veinte años de inflación cero, en tanto salarios y pensiones apenas subieron. El 25% de la población es mayor de 65 años y recibe ingresos fijos. Además proporcionalmente pocas mujeres participan en el mercado de trabajo por tradición y por la falta de infraestructura para la atención de los niños y el ingreso de muchas familias depende de un solo salario. Por ello, no hay espacio para la inflación que la macroeconomía tan imperiosamente necesita.
Sin embargo, no todos son perdedores. Sus mayores corporaciones –Mitsubishi, Sony y Panasonic– aprovechan la debilidad actual del yen para aumentar sus ventas al exterior. Las exportaciones subieron 9,6% en un año, mientras que las importaciones lo hicieron en un 2,7%, dejando de todos modos un déficit de balanza comercial de seis mil millones de dólares debido a las compras de hidrocarburos forzadas por el cierre de las centrales nucleares después del desastre de Fukuyima en 2011. No obstante, se espera que la baja del pecio del petróleo disminuya ya en noviembre los gastos externos.
Gracias a las gigantescas inyecciones de liquidez que el Banco de Japón (BoJ, por su sigla en inglés) dio al sector financiero en estos dos años, el yen perdió durante 2014 el 11% de su valor frente al dólar, forzando a las corporaciones a invertir más dentro del país, en tanto los bancos dan más créditos. Es lo que Abe quería: más inflación, inversiones y créditos. Si en las elecciones anticipadas logra aumentar su poder parlamentario (como se estima), puede llegar a 2018 sin mayores tropiezos y hasta inaugurar como jefe de gobierno los Juegos Olímpicos de 2020 en Tokio.
Desde noviembre de 2012 Shinzo Abe gobierna el país en coalición con el partido budista Nuevo Komeito. Durante su gobierno se propuso relanzar la economía, paralizada desde hace un cuarto de siglo. Sin embargo, por su nostalgia del Japón militarista y sus reivindicaciones territoriales en el Mar de la China Meridional agudizó las tensiones con China y ambas Coreas. Al mismo tiempo pidió la reforma de la Constitución, para que el país vuelva a tener fuerzas armadas, prohibidas en la Constitución autorizada por los ocupantes norteamericanos en 1955. Para calmarlo, Xi Jinping y Barack Obama lo llevaron hace dos semanas a acordar con China un mecanismo de consulta mutua para evitar choques militares.
Las reformas económicas de Abe incluyen estímulos monetarios y financieros, el desarrollo de la industria de la salud y de los cuidados para mayores, la incorporación de más mujeres al mercado de trabajo, la reorientación de los fondos de pensiones hacia inversiones productivas, el aumento de la producción de alimentos y la innovación tecnológica para recuperar competitividad.
Al principio, las reformas hicieron crecer la economía durante 2013, pero durante 2014 ésta se contrajo. Uno de los mayores logros de Abe fue elevar la inflación a cerca del uno por ciento anual, para superar uno de los dramas de su economía que consiste en que desde 1990 la inflación se mantuvo en cero y por lo tanto no aumentó la masa monetaria, aunque sí las deudas. De modo que la proporción deuda/PBI aumenta constantemente. Por eso la promesa del Banco de Japón de subir la inflación al 2% anual es crucial para el éxito del proyecto.
Al terminar la cumbre del G20 en Brisbane el pasado domingo 16, David Cameron previno en un artículo que publicó The Guardian que la economía mundial está al borde de un nuevo estallido. Por su parte, Peter Cardillo, de la consultora londinense Rockwell Global Capital, opinó que “Japón va a impactar tarde o temprano sobe la economía norteamericana”. En mayor riesgo está empero el intercambio chino-nipón. La mayoría de las maquinarias que Japón exporta van hacia China y, si los productos medidos en yen se hacen más caros y el tipo de cambio no varía, los equipos serán demasiado caros para los chinos, agravando el efecto que el menor ritmo de la economía china tiene ya sobre las compras a su vecino. En la medida en que la economía china crece más lenta y la europea está estancada, algunos analistas prevén para los próximos meses una mayor volatilidad de los mercados financieros que también puede dañar la recuperación japonesa.
La recesión nipona no va a afectar la economía mundial en lo inmediato, pero, como una población atada a ingresos fijos no puede aumentar su consumo, si la inflación sube, la solución debe provenir de la coyuntura internacional. Si la economía mundial no levanta vuelo, Japón seguirá estancado y, al comprar menos, lastrará los intercambios globales.
Shinzo Abe busca relanzar la economía japonesa mejorando la oferta interna y recuperando competitividad, pero en tanto él y sus pares occidentales no mejoren la participación de los salarios y pensiones en las respectivas economías, la cuenta global no cerrará. Esta decisión política requiere empero mucho más que trucos electoralistas.

domingo, 16 de noviembre de 2014

China fija sus condiciones a un Estados Unidos debilitado

Cumbres borrascosas

Las citas del eje Asia-Pacífico en China y del G-20 en Brisbane confirman el desplazamiento del poder mundial hacia el este, pero también cierta tensión entre los principales bloques.

Cumbres borrascosas
Al igual que sus antecesoras desde 2008, la actual conferencia del G-20 en la nordaustraliana Brisbane está cruzada por las diferencias sobre la mejor estrategia para salir de la crisis mundial. No se esperan de esta cumbre medidas concretas para superar la crisis mundial y los varios conflictos regionales que enfrentan a sus participantes, pero tampoco que haya grandes choques.
La cumbre del G-20 sólo puede entenderse en el contexto de los movimientos que se produjeron durante los días previos en Asia Oriental y el Pacífico. La semana se abrió con la decisiva victoria de China sobre Estados Unidos, cuando la Conferencia de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC, por su nombre en inglés), que se celebró los pasados lunes y martes en Beijing, decidió incluir en las negociaciones sobre el Área de Libre Comercio de Asia y el Pacífico (FTAA, por su nombre en inglés) todas las agendas regionales para la liberalización del comercio, incluida la Cooperación Transpacífica (TPP, por su nombre en inglés) que Washington impulsaba junto con países de ambas márgenes del océano, pero sin China. Con esta decisión Beijing neutralizó la iniciativa norteamericana y, en tanto bisagra de la cooperación económica con Asia Central y Rusia, se colocó en el centro de la economía mundial.
En general los encuentros y acuerdos que se dieron en Beijing hasta el miércoles dieron la impresión de que Xi aprovechó la debilidad de Obama después de las elecciones del 4 de noviembre, para avanzar posiciones, pero dándole argumentos en materias sensibles como acordar medidas contra el cambio climático, cooperar en la lucha antiterrorista, crear mecanismos de confianza mutua en materia militar y consultar regularmente sobre conflictos regionales, para que pueda resistir mejor los embates del Senado opositor.
China consolidó sus acuerdos con EE.UU. mediante entendimientos con otros participantes en la conferencia. Con Rusia, por ejemplo, convino comenzar la construcción del gasoducto transiberiano que la ayudará a superar su fatal dependencia del carbón. Con Japón, por su parte, estableció mecanismos de consulta regulares sobre el Mar de la China Meridional, para prevenir conflictos bélicos.
Todavía durante la semana sesionaron en Brisbane las conferencias empresaria (B20) y sindical (L20) preparatorias de las cumbres de los jefes de Estado (G20) y de los ministros de Economía y Finanzas (F20) que se están reuniendo en paralelo ayer y hoy. La reunión del G20 cristaliza desplazamientos severos en las relaciones internacionales de poder.
Como anfitrión de la conferencia, Australia propuso una agenda centrada en el relanzamiento del crecimiento económico y una mayor creación de empleos, la resiliencia de la economía mundial ante futuras crisis y la reforma de las instituciones internacionales (especialmente el FMI y el BM).
Aunque no estaba originariamente previsto, los últimos acontecimientos hicieron que la imposición de las grandes corporaciones y del capital internacional ocupe un lugar central en las discusiones. La resistencia de monstruos como Google, Facebook o Ikea a pagar impuestos en los países donde obtienen sus ganancias, las críticas de los países europeos a su vecino Luxemburgo por ofrecer beneficios fiscales a empresas que actúan en todo el continente y las multas que varios países están aplicando a los mayores bancos internacionales por manipulación de las cotizaciones de divisas han despertado la ira de la opinión pública europea que presiona a sus gobernantes.
Menos acuerdo existe sobre el camino para superar la crisis económica mundial. Los líderes de los países occidentales insisten en impulsar el crecimiento, mientras que los emergentes ponen el acento en la regulación de los flujos de capital y algunos de ellos –como Argentina y Brasil– en la distribución de la riqueza.
Para evitar que la agenda se “sature y distraiga del tratamiento del crecimiento económico”, según dijo, el conservador primer ministro australiano Tony Abbott retiró el cambio climático del temario, generando bastante irritación entre los asistentes a la cumbre. Por eso, Estados Unidos y China acordaron ya el miércoles bilateralmente la reducción combinada de sus emisiones de gases de efecto invernadero a partir de 2020.
La reunión cumbre está teñida por agudas tensiones entre Australia y Rusia después del derribo del avión de Malaysian Airlines sobre Ucrania en junio pasado, cuando murieron 43 australianos. Canberra acusa a Moscú de no colaborar en el esclarecimiento del incidente e incluso consideró la posibilidad de excluir a Vladimir Putin de la conferencia, pero los demás participantes se opusieron. Subrayando las malas relaciones, Rusia envió entonces una pequeña flota que estacionó frente a la costa norte del país oceánico.
Además de la agenda general, cada país intenta poner sobre la mesa sus problemas más acuciantes. Argentina aprovecha para advertir sobre el accionar de los fondos buitre y la necesidad de acordar medidas que permitan dar certeza a los canjes de deuda soberana. Nuestro país está representado por el ministro de Economía, Axel Kicillof, y el canciller Héctor Timerman, debido a que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner debe permanecer en reposo por cuestiones de salud.
Por su parte, la presidenta brasileña Dilma Rousseff se encontrará durante la cumbre con los presidentes de Estados Unidos, Rusia, China y la canciller alemana Ángela Merkel.
Quien está más solicitado es el primer ministro de India, Narendra Modi. En el gobierno desde junio pasado, todavía hay muchos líderes mundiales que no han conversado con el millonario hinduista y tienen prisa por hacer negocios con el gigante surasiático.
A pesar de que la cumbre tiene un temario fundamentalmente económico, las conversaciones políticas sobre las crisis más candentes (Ucrania, Irán, Siria, ébola, terrorismo e inmigración) darán el tono.
Desde que en 2008 se abrió la brecha entre los miembros del Brics y los del G-7 las reuniones del G-20 se han devaluado, aunque siguen sirviendo como foro para presentar las plataformas políticas de los bloques enfrentados y son muy útiles para buscar acuerdos en reuniones bilaterales o en pequeñas rondas.
Ante la debilidad norteamericana y el avance chino, esta conferencia del G-20 en el extremo norte de Australia se recordará como la del enfrentamiento entre bloques cada vez más perfilados que compiten sobre la conducción del mundo, mientras buscan puentes para enfrentar juntos los problemas más acuciantes. La polarización –lo enseñó la Guerra Fría– puede ser muy mala, pero tiene la virtud de poner en claro las diferencias de intereses y orientaciones y de colocar a los contendientes ante la responsabilidad de entenderse para no caer al abismo. ¿Podrán? Cuando en la próxima reunión en Estambul el presidente Barack Obama llegue con los pasos marcados por un Senado opositor, se sabrá.

La cumbre del G20 avala la posición argentina

OPINIÓN

Controlando al capital

Después de que Xi Jinping y Barack Obama definieran esta semana en Beijing la agenda para la gobernanza mundial de los próximos años, y de que la crisis en el este de Ucrania recrudeciera violentamente, la cumbre del G-20 reunida este fin de semana en Brisbane se aparta de su agenda para discutir sobre los conflictos geoestratégicos.
El gobierno australiano del conservador Tony Abbott propuso para la conferencia una agenda centrada en el relanzamiento del crecimiento económico mundial y la creación de empleo, así como en el fortalecimiento de las instituciones globales.
Sin embargo, ya en los últimos meses se produjo un sensible desplazamiento en las discusiones preparatorias hacia la búsqueda de mecanismos para obligar a las grandes corporaciones multinacionales y los megabancos a pagar impuestos allí donde ganan su dinero. Aunque Canberra sigue una línea neoliberal y en la ONU ha votado contra la propuesta argentina, para que el organismo internacional regule el pago de las deudas soberanas, la indignación de las opiniones públicas en Europa y los países emergentes contra la evasión impositiva y las manipulaciones monetarias la compele a solidarizarse con los afectados. Este posicionamiento legitima el embate argentino, para que la reunión se aboque al tratamiento de la regulación de las deudas soberanas. Representada por el ministro de Economía, Axel Kicillof, y el canciller, Héctor Timerman, Argentina –junto a otras naciones emergentes– reclama la necesidad de acordar medidas que permitan dar certeza a los canjes de deuda.
Sin embargo, será difícil evitar que el foro sea absorbido por cuestiones geopolíticas como los conflictos en Ucrania y Medio Oriente, así como la amenaza del ébola. Acusando a Rusia de falta de colaboración en el esclarecimiento del derribamiento del avión malayo MH-17 en junio pasado, que provocó la muerte de 43 australianos, el primer ministro de ese país evocó inclusive la posibilidad de desinvitar a Rusia de la cumbre, pero los demás participantes se opusieron.
Como respuesta Moscú acaba de estacionar una flotilla naval frente a la costa norte de Australia y sus diplomáticos cuestionan extraoficialmente la cumbre, argumentando que "para discutir los temas importantes de la economía mundial tenemos el BRICS". Los mandatarios de China y EE UU, a su vez, sólo tienen interés en la conferencia para los contactos bilaterales con representantes europeos, africanos y latinoamericanos, porque en días pasados, reunidos en Beijing, mediante una serie de acuerdos económicos, medioambientales, militares y de seguridad ya fijaron la hoja de ruta mundial para los próximos años.
Las condiciones en las que se desenvuelve la cumbre demuestran la inextricable vinculación entre los grandes temas de la economía mundial y el transcurso del conflicto geoestratégico entre los países eurasiáticos y los occidentales. Sin posicionamiento estratégico no habrá resolución de nuestros problemas económicos internacionales.