miércoles, 15 de febrero de 2017

Provocando a Irán Trump arriesga un conflicto grave

Jugar con fuego

Los halcones en la Casa Blanca quieren empujar a Irán a un enfrentamiento frontal. Pero en la apuesta arriesgan un conflicto mundial.
Foto: Sipa/AP
Foto: Sipa/AP

Cuando el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sea recibido hoy en Washington por el presidente Donald Trump, ambos mandatarios tendrán que moderar mucho su ambición de abandonar la política de “dos estados” para alcanzar la paz entre Israel y Palestina y su agresiva retórica contra la República Islámica de Irán. Es que, al forzar con sus revelaciones la renuncia de Michael Flynn, principal consejero de seguridad nacional del Presidente, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y el New York Times recordaron en voz alta que la política exterior norteamericana sólo puede hacerse en consulta con la comunidad de inteligencia.

Desde que el nuevo jefe de Estado asumió el 20 de enero pasado, viene gobernando en solitario y ha criticado rudamente a los servicios de inteligencia. La devolución la obtuvo el domingo pasado, cuando el New York Times dio a conocer la conversación que el general Flynn tuvo con el embajador ruso en EE.UU. antes del traspaso del mando. Esta información sólo pudo provenir de la NSA, que es responsable por las escuchas a todas las conversaciones que funcionarios relevantes mantienen con representantes extranjeros. La infidencia sirvió para recordar al presidente y el primer ministro que la política exterior norteamericana sólo se ejecuta en consenso entre la Casa Blanca y numerosas agencias, especialmente las de inteligencia.

El nuevo gobierno estadounidense ha estado provocando a Teherán para empujarlo a romper el acuerdo nuclear de 2015, con la esperanza de aplicarle renovadas sanciones económicas, antes de invadirlo y apropiarse de los mayores yacimientos de hidrocarburos del mundo. Sin embargo, si EE.UU. va al choque con Irán, corre serios riesgos militares, ya que puede toparse con Rusia y China y quedarse sin aliados.

Teherán probó el 29 de enero un misil balístico convencional de medio alcance de carácter defensivo que las autoridades de EE.UU. calificaron, no obstante, como “muy provocativo” y amenazaron con una “amplia gama” de medidas de respuesta. Como réplica, el presidente de Irán, Hasán Rohaní, avisó el viernes 3 que “cualquiera que se dirija a los iraníes con amenazas lo lamentará”. “Es mejor que tengan cuidado”, retrucó Trump por Twitter. El miércoles 8, por su parte, la revista neoconservadora online Breitbart (cuyo editor, Steve Bannon, es el jefe de asesores del Presidente) informó que una flota aliada bajo mando norteamericano había realizado la semana anterior una maniobra en el Golfo de Omán a 65 kilómetros de la costa iraní.
 
Washington provoca a Teherán también en Yemen, escenario de una guerra entre los rebeldes hutíes del movimiento Ansar Alá (del norte del país) y los partidarios del expresidente Alí Abdalá Salé, por una parte, y las fuerzas leales al en 2014 renunciado presidente Abdu Rabu Mansur Hadi, por otra. Desde marzo de 2015 éste último quiere reasumir el mando apoyado por una coalición liderada por los sauditas. Esta guerra ya ha costado 16 mil muertos (de los cuales 10 mil eran civiles) y ha privado al 20 por ciento de los 27 millones de habitantes de todo alimento.

La conflagración ha fortalecido a al Qaeda en la Península Arábiga que ha expandido su control territorial en el sureste desértico del país. Contra este grupo se dirigió el pasado 29 de enero una fracasada incursión de Seals, la fuerza especial de los Marines norteamericanos. Los yihadistas imbricaron a los atacantes en combates en casas donde murieron mujeres y niños y las imágenes de los masacrados recorrieron el mundo. El fracaso fue atribuido a Trump, que lo había ordenado en una cena con sus colaboradores más estrechos y sin más consultas. En Yemen el gobierno norteamericano está tratando de provocar un choque con los asesores iraníes de los rebeldes para sacar a Teherán de las casillas, pero con su impericia está fortaleciendo a la vez a los hutíes y a al Qaeda.

Donald Trump eligió a Irán como el objetivo de su “cruzada”, en primer lugar, porque la nación persa se ha convertido en una potencia regional de consideración que empata a la alianza saudita-israelí. Pero además el martes 14 se confirmó el hallazgo de enormes yacimientos de petróleo y gas natural en la suroccidental provincia de Juzistán, junto a la frontera iraquí, donde tienen previsto invertir la angloholandesa Royal Dutch Shell PLC y la francesa Total. Con el descubrimiento el país persa tiene reservas para 21 años. Como, por otra parte, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) lo ha autorizado a no reducir la producción de crudo, está exportando a los cuatro vientos, lo que provoca la actuada irritación“ de Washington que teme por la baja del precio de sus propias empresas. No obstante, Trump está aún más molesto por la irrupción de los europeos en la industria petrolera iraní donde Chevron y Exxonmobil pensaban hacer su agosto.

Cuando le preguntaron sobre posibles represalias militares contra Teherán, el presidente afirmó que “no se descarta ninguna opción”, pero si EE.UU. ataca a Irán, Rusia y China seguramente sostendrán a su principal aliado regional, mientras que los principales países europeos no abandonarán a tan prometedor socio. Puede que Washington sólo esté queriendo forzar a Teherán a hacer mayores concesiones, pero los iraníes están fuertes y no van a ceder. Si el gobierno norteamericano insiste, puede sufrir una grave derrota y provocar un gran conflicto mundial. Es de esperar, por lo tanto, que el Presidente se acuerde de consultar a la comunidad de inteligencia.

domingo, 15 de enero de 2017

Los tropezones de la revolución conservadora

Trump comienza a pagar las facturas que llegan por su retórica de campaña
 Antes de asumir el próximo viernes, el magnate ya enfrenta un grave conflicto diplomático con China. Adem´s, sus asesores y secretarios lo contradijeron en temas centrales
 Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
15 de enero de 2017

Donald Trump ganó la elección del 8 de noviembre pasado con una agresiva retórica nacionalista, xenófoba y misógina. Triunfó sin equipo y con un programa limitado. Pretendía, y pretende, hacer la revolución conservadora, pero los Estados Unidos no están solos en el mundo y los secretarios que rejuntó para completar su gobierno juegan cada uno para su equipo y ninguno para la selección.

El pasado viernes China advirtió extraoficialmente a través del periódico Global Times que si EE UU intenta impedirle el acceso a las islas artificiales que construyó en los últimos años en el Mar Meridional, habrá guerra. El conflicto data de hace algunos años, cuando Barack Obama intentó cercar al gigante asiático por el sur. Este respondió construyendo las islas para instalar allí bases militares y afianzar su soberanía sobre el Mar Meridional. Además de que Trump durante la campaña electoral tronó repetidamente contra la invasión de productos chinos, su designado Secretario de Estado, Rex Tillerson, prometió el pasado martes 10 en la audiencia para su confirmación que impediría a China acceder a las islas. El grave furcio diplomático es producto de la improvisación del equipo que acompañará al nuevo presidente a partir del próximo viernes 20.

La Constitución estadounidense diferencia entre los miembros del Gabinete presidencial que deben ser ratificados por el Senado y aquellos cargos que el Presidente puede ocupar con personal de confianza. Entre estos últimos el más importante es el de Jefe de Asesores, para el cual Trump designó a su yerno Jared Kushner, de 36 años, esposo de su hija Ivanka. Artífice del triunfo electoral de su suegro, Kushner es su persona de mayor confianza.
También sin necesidad de ratificación, Steve Bannon fue nombrado como Jefe de Asesores de la Casa Blanca. El nuevo consejero fue hasta hace poco editor del sitio web Breitbart, plataforma de la ciberderecha (“alt-right"), un movimiento blanco nacionalista, racista y misógino.

A su vez, como Asesor en Seguridad Nacional el mandatario eligió al general retirado Michael Flynn quien entre 2011 y 2013 dirigió la Agencia de Inteligencia para la Defensa. Prestigioso oficial de inteligencia, después de retirarse se desempeñó como lobista de empresas rusas y turcas.

Para la Jefatura del Gabinete, finalmente, fue nombrado Reince Priebus, presidente del Comité Nacional Republicano y uno de los pocos dirigentes partidarios con buenas relaciones con el presidente electo. Tiene asimismo buenos lazos con el republicano presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan, lo cual facilitará la relación con los republicanos en el Congreso.

Mientras que el equipo de asesores está compenetrado con las ideas del Presidente, aunque carece de muchos conocimientos específicos –entre otros, los internacionales-, los principales secretarios de departamentos gubernamentales oídos en el Senado han desentonado fuertemente.

El Secretario de Estado confirmado es Rex Tillerson, que entre 2006 y 2016 presidió ExxonMobil. Los medios criticaron duramente sus lazos con Vladimir Putin y sus críticas de 2014 a las sanciones contra Rusia. Sin embargo, durante la audiencia Tillerson se defendió exitosamente de las acusaciones de simpatía prorrusa y expresó su adhesión al Acuerdo Transpacífico de Comercio (TPP) que Trump rechaza. No obstante, su amenaza contra China demuestra cuán unilateral es su formación. Puede ser que se entienda bien con estados productores de hidrocarburos, pero carece de sensibilidad para tratar con el gigante asiático.

Por su parte, el nuevo secretario de Defensa James N. Matti es un teniente general retirado del Ejército que dirigió entre 2010 y 2013 el Comando Conjunto Centro. Dado el despliegue mundial de las fuerzas armadas, las opiniones políticas del Secretario de Defensa son relevantes. Mattis apoya la convivencia de un estado judío y otro palestino y critica la actual política israelí, piensa que Irán es la mayor amenaza para Medio Oriente y cuestiona el acuerdo nuclear con ese país. También elogió vivamente a la OTAN, pero no tiene idea de qué hacer en Asia Oriental.
Por su lado, Jeff Sessions será el nuevo Fiscal General. Sessions es partidario de no legalizar a los 12 millones de inmigrantes de hecho que viven en el país y de reducir aún más la inmigración legal, se opuso a la introducción del femicidio como figura penal, es radicalmente antiabortista y descree del cambio climático. Consecuentemente, su audiencia en el Senado duró dos días y estuvo jalonada de protestas populares.

En tanto, John Francis Kelly, nuevo secretario de Seguridad Interior, es un general retirado de la Infantería de Marina, que sirvió como último destino como jefe del Comando Sur con sede en Miami. Kelly rechazó que el planeado muro en la frontera con México sirva para frenar la inmigración.

Todos los auditados entre martes y jueves se opusieron a la reintroducción de la tortura, al registro de los musulmanes, apoyaron el informe de inteligencia sobre los ciberataques rusos y consideraron a Moscú un riesgo especial para la seguridad de Estados Unidos, pero omitieron referirse a China. El gobierno de Donald Trump comienza con serias contradicciones internas y graves falencias en su visión internacional. El presidente electo pretende modernizar el Estado y la economía con métodos reaccionarios, pero no le basta con asesores leales: necesita un equipo de gobierno coherente que no meta goles en contra y se ubique en un mundo multipolar. «

Girando el foco de la relación con el mundo

La política exterior de Donald Trump pretende reducir y racionalizar las intervenciones de EE UU en el mundo, para controlar la producción mundial de hidrocarburos y defender la propia área de influencia internacional. La única motivación ideológica es el apoyo a Israel, aunque al mismo tiempo busca una coexistencia pacífica con Rusia. Al comparecer ante el Senado, para que ratifique su designación, el nominado secretario de Estado Rex Tillerson(ex ExxonMobil) explicó la futura política exterior. La audiencia se concentró en el informe de las 17 agencias de inteligencia sobre los ciberataques desde Moscú para favorecer la elección de Trump. Tillerson consideró "preocupantes" las informaciones y anticipó que mantendrá las sanciones contra Rusia, a la que criticó también por la anexión de Crimea en 2014, aunque reprochó que previamente no se hayan desplegado tropas allí. También defendió la presencia de la OTAN en el este de Europa. Por otro lado, confirmó la dureza de Trump sobre las relaciones con China. Asimismo, Tillerson aprovechó su comparecencia para rebajar la tensión con México al que mencionó como "un viejo amigo". Trump sustituirá el multilateralismo demócrata por acuerdos bilaterales de comercio e inversión y “secará” el mercado mundial absorbiendo dólares para financiar las prometidas inversiones en infraestructura. Es dudoso que tanto unilateralismo sea factible, pero el empresario-presidente está acostumbrado a apostar fuerte para después negociar. Habrá que ver quién lo para.

¿Otra oportunidad perdida?

Argentina es importante para EE UU cuando en nuestro país hay gobiernos populares que pueden soliviantar al resto del continente pero, cuando en la Casa Rosada acampa una tropa afín al Imperio, nuestro país solo interesa por sus recursos energéticos y minerales, por el Acuífero Guaraní y las riquezas del mar periantártico, quizás por algunas inversiones inmobiliarias y como posta para la bicicleta financiera global. Nuestro país es una colonia angloholandesa y EE UU lo respeta. Lo demuestran los viajes periódicos de la reina Máxima entrando y saliendo por algún aeropuerto desconocido y la pleitesía que le rinde el presidente Macri, el reconocimiento de la soberanía británica sobre Malvinas por la ministra Malcorra, la base clandestina de Joe Lewis en la Patagonia y los honores al ex rey de España, testaferro de los fondos financieros angloholandeses titulares de las prestadoras españolas de servicios públicos. Barack Obama presionó brutalmente, hasta someter a Argentina. El gobierno de Donald Trump, por el contrario, amaga con desentenderse de América Latina, mientras sus negocios florezcan. El control sobre Argentina quedaría primordialmente librado a la sagacidad de los monarcas europeos y sus gerentes locales. El Reino Unido y los Países Bajos son fuertes por su poder financiero y militar, pero más poderosos por el servilismo de los gobernantes y la miopía de los opositores. Si Washington mira para otras latitudes, tendremos la chance de recuperar independencia. ¿Sabremos aprovechar la oportunidad?

miércoles, 4 de enero de 2017

Putin no choca con Obama, mientras Trump ataca a China

El pase del torero

Aunque preocupados porque Trump agudiza la tensión con China, los medios norteamericanos siguen profundizando la tirantez con Rusia, mientras Putin los elude.
vladimir-putin

Aunque se manifiestan preocupados porque el entrante presidente Donald Trump está agudizando la tensión con China, bajo la influencia de Barack Obama los medios demócratas norteamericanos siguen atacando a Rusia como forma de dirimir en la política mundial su propia polarización interna. Tanto más sabia aparece, entonces, la actitud de Vladimir Putin quien, con pases de torero, elude un ataque tras otro.

Después de que el martes 27 la Casa Blanca anunció la expulsión de 35 diplomáticos y numerosos agentes de la inteligencia rusa como represalia por intromisiones cibernéticas rusas en el Comité Nacional Demócrata (DNC, por la sigla en inglés) durante la última convención del partido en julio pasado y la difusión de mails privados de Hillary Clinton, el ministro ruso de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov amenazó primero con represalias contra representantes estadounidenses en Rusia. Sin embargo, el jueves 29 Vladimir Putin rechazó replicar las sanciones, envió saludos de fin de año a Barack Obama y su familia e invitó a los hijos de los diplomáticos norteamericanos acreditados en Moscú a acompañar las festividades en el Kremlin. Si Putin hubiera replicado las sanciones, habría empeorado las relaciones entre ambos países y dificultado sensiblemente el reacercamiento que Trump y él desean.
 
No obstante, la arremetida se repitió al día siguiente. El viernes 30 el Washington Post informó que hackers rusos habrían penetrado la red eléctrica del estado de Vermont, en el noreste de EE.UU. La información -mechada con referencias a “fuentes de la seguridad nacional”- se viralizó inmediatamente en Twitter y en medios de todo el país. Sin embargo, como reveló Glenn Greenwald el lunes 2, tal irrupción no existió. Lo que sucedió fue que, después de que la empresa proveedora local Burlington Electric recibió de la Secretaría de Seguridad Interior (Homeland Security) la información sobre el software dañino hallado en las computadoras del DNC, revisó sus computadoras y encontró el mismo código en una laptop no conectada a la red eléctrica. Como el periódico no consultó a la compañía eléctrica antes de publicar su denuncia sensacionalista, la empresa sacó su desmentida en un periódico local.

Considerando los mutuos ataques cibernéticos entre Rusia y Estados Unidos desde hace años, no sería imposible que el FSB ruso haya intervenido en la campaña electoral norteamericana, pero no hay pruebas que lo confirmen. Que en la laptop analizada en Burlington se haya encontrado software de origen ruso no quiere decir que los servicios de ese país lo hayan introducido allí, ya que el software maligno puede comprarse en el mercado casi tan fácilmente como el legal.

Aunque más tarde el Post corrigió en algo su versión, el múltiple retuiteo de su artículo ya había generado la esperada reacción histérica. Es que los medios demócratas y muchos de los republicanos no digieren todavía la victoria electoral de Donald Trump y toman su propósito de normalizar las relaciones con Rusia por evidencia de su alianza con Vladimir Putin. La prevención antirrusa extendida entre políticos, militares y empresarios norteamericanos sirve de base de legitimación a cualquier medida que agudice la tensión entre ambos países.
 
Los medios demócratas están realmente preocupados por el rango semioficial que el futuro presidente ha dado a sus vínculos con Taiwán, desconociendo 45 años de política de “una sola China” de los sucesivos gobiernos estadounidenses. El liderazgo militar chino, a su vez, está seriamente alarmado por el giro que se perfila y anunció la realización de maniobras navales frente a la isla rebelde, agudizando así la tensión en el sur de Asia. La preocupación de los medios demócratas tiene fundamento en este caso, pero también deberían llamar a la cautela en relación a Rusia.
Es probable que Donald Trump y Vladimir Putin mejoren la relación entre ambos países, contribuyendo seriamente a la distensión en Europa, Levante y el ciberespacio. No obstante, si el precio a pagar es el empeoramiento de los vínculos con China, salimos de la sartén para caer en el fuego. A los medios norteamericanos cabe una responsabilidad mayor sobre el clima psicológico que crean en la opinión pública norteamericana y occidental, por lo que sería bastante útil para la paz mundial que hallaran un medio para superar pacíficamente la propia polarización.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Trump quiere llevarse bien con Putin y con Israel

La cuadratura del círculo
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
31 de diciembre de 2016
Entre la aceptación de la intervención rusa en Siria y el apoyo al expansionismo israelí, la política levantina de Donald Trump busca una cuadratura del círculo que Barack Obama quiere impedir antes del 20 de enero próximo. 
El pasado jueves Vladimir Putin anunció que desde ese día a la cero hora (local) regiría en Siria un alto de fuego en el oeste y sur del país. Putin destacó el trabajo conjunto de Rusia, Turquía e Irán, para alcanzar en Siria esta tregua. Si la misma se mantiene, gobierno y oposición iniciarán durante enero tratativas de paz en Astana, capital de Kazajistán. 
Que Turquía sea aliada de Rusia es obra de Obama. Cuando después de la intervención rusa en Siria en septiembre de 2015 y del derribamiento de un avión ruso por Turquía dos meses después, y Rusia decretó sanciones comerciales contra Turquía, el presidente Recep T. Erdoğan buscó el diálogo, pero en julio pasado Obama lo castigó apañando el fracasado golpe de Estado. Vladimir Putin, entonces, estrechó las relaciones con Ankara. Irán, en tanto, se ganó en el campo de batalla el derecho de participar en el trío. 
El miércoles pasado el presidente electo cuestionó la abstención norteamericana durante la votación de la ONU que condenó los asentamientos israelíes en territorio palestino y acusó a Obama de obstaculizar la transición. Para confirmar que está dinamitando un puente cada día, el mandatario saliente expulsó el jueves a 35 agentes de la inteligencia rusa e impuso sanciones a los dos principales servicios de ese país. 
¿Cómo compatibiliza Trump su apoyo al expansionismo israelí (su próximo embajador, David Friedman, incluso mudaría la embajada norteamericana a Jerusalén) con su diálogo con Putin? Según la agencia Reuters, excepto el Estado Islámico, los beligerantes en Siria están dispuestos a hacer la paz repartiéndose áreas de influencia y manteniendo por algunos años al presidente Bashar al Assad, aunque casi sin poder. En el mismo sentido va el estatuto del Kurdistán sirio adoptado este viernes 30. Esta solución convendría a Israel, en tanto que Trump podría ganar mucho dinero reconstruyendo Siria. Consolidada la alianza Rusia-Irán-Turquía-Siria con la adhesión de Irak, Exxonmobil también podría tender junto con empresas rusas el gasoducto de Irán a Europa. El nuevo contexto forzaría asimismo a los palestinos a recrear la confederación que tuvieron con Jordania entre 1948 y 1967, mientras que Israel, finalmente, podría con apoyo ruso exportar su gas a Europa. Esta cuadratura del círculo podría ser muy exitosa. Si la CIA no la sabotea. «

sábado, 24 de diciembre de 2016

La CIA está detrás de los ataques en Europa

Turquía y Alemania miran con desconfianza a EE.UU. por los atentados

Los acontecimientos recuerdan la creación de la red Gladio por la CIA y el MI6 británico, para combatir a la izquierda y a los movimientos sociales en Europa en los '70
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
24 de diciembre de 2016
Aunque los contextos son muy diferentes, el asesinato del embajador ruso en Turquía y el arrollamiento de los concurrentes a un mercado de Navidad en Berlín con un camión polaco se parecen demasiado, como para pensar en casualidades. En ambos casos se atacó en Estados aliados de Estados Unidos que están mejorando sus relaciones con Rusia, los dos atentados se los atribuyó el Estado Islámico (EI) y en los dos casos se intentó provocar un giro autoritario.

Inmediatamente después del asesinato el lunes pasado en Ankara del embajador ruso Andrei Karlov por un joven expulsado de la policía turca luego del fallido golpe de Estado de julio pasado, tanto el gobierno de Turquía como el de Rusia declararon que se trataba de un “ataque terrorista” y prometieron profundizar la mejora de las relaciones ruso-turcas en curso. Voceros rusos oficiosos criticaron la falta de adecuadas medidas de seguridad, pero disculparon al gobierno turco y adjudicaron el atentado a servicios secretos occidentales, a pesar de que el Estado Islámico (EI) se lo había atribuido.

Después de haber apoyado a los islamistas en Siria durante cuatro años, los atentados perpetrados por estos en Turquía y la presión internacional obligaron a Erdogan a perseguir al EI. En julio pasado el intento de golpe de Estado de una secta iluminista dirigida desde EE UU por el clérigo Fetulá Gülenlo acercó a Ankara a Moscú y este último hecho lo puso definitivamente en sintonía con la política rusa para Levante. Así, el martes se encontraron en la capital rusa los ministros de relaciones exteriores de Rusia, Turquía e Irán, para extender a toda Siria el cese del fuego alcanzado en Alepo. Junto con la tregua estas potencias se están repartiendo el control de territorio sirio en acuerdo con el gobierno de Assad.

Sin embargo, este acercamiento a Moscú debilita a Erdogan ante los nacionalistas civiles y militares que controlan las fuerzas armadas y de seguridad. Tanto los neofascistas como los iluminados y los guerrilleros kurdos mantienen fuertes contactos con la CIA, de modo que el presidente está bajo una presión múltiple de la que espera salir alcanzando el cese del fuego para el oeste de Siria junto con el gobierno sirio, Rusia e Irán. Si se alcanza esta meta, los socios esperan acordar la construcción del gasoducto iraní-iraquí-sirio-turco para exportar gas iraní a Europa, pero este proyecto depende de que Donald Trump y Vladimir Putin se pongan de acuerdo y tiene la condición previa de que Barack Obama no derribe a Erdogan antes del 20 de enero.

Berlín grita a la vida

Entretanto, hasta el viernes seguía prófugo el terrorista que el mismo lunes a la noche mató a 12 personas en un mercado de Navidad en el centro de Berlín y dejó 49 heridos. El Estado Islámico se adjudicó también esta masacre. En la cabina del camión Scania utilizado se encontró al chofer polaco del vehículo, muerto de un balazo en el momento del atentado, el permiso de residencia precaria del tunecino Anis Amri y en la puerta sus huellas digitales. 

En Alemania se ha desatado una gran polémica, al saberse que los servicios de inteligencia conocían desde hace algunos meses el plan de Amri para cometer un atentado. Sin embargo, expertos serios sospechan que el DNI y las huellas podrían haber sido colocadas intencionalmente para desorientar la pesquisa.

Aunque se temen nuevos atentados, Angela Merkel ordenó que la búsqueda del sospechoso se realice discretamente, que los tradicionales mercados de Navidad se mantengan y no se suspenda el fútbol. Especialmente los habitantes de Berlín han intensificado su presencia en los espacios públicos conla consigna de “vivir como en épocas normales“.

Viejos y nuevos nazis y muchos oportunistas aprovechan la ocasión para alzarse contra la política inmigratoria de la canciller. Su tradicional socio socialcristiano en Baviera, la CSU, ha amenazado con romper el acuerdo que la une con la CDU (Unión Demócrata Cristiana) de Merkel, aunque en este caso debería coaligar con la neonazi Alternativa por Alemania (AfD). En esta hipótesis se desharía la gran coalición gobernante CDU/CSU-SPD (socialdemócratas), sin que una alianza SPD-Verdes-Izquierda pueda conquistar la mayoría en las elecciones del año que viene aún con fecha a determinar. Evidentemente, el atentado del lunes apuntó a que se forme un gobierno entre conservadores y neonazis, por lo que es razonable sospechar que se trató de un atentado de falsa bandera, para derrocar a la canciller e instaurar un gobierno autoritario y anti ruso.

Entre fines de los años '60 y fines de los '70, la CIA y el británico MI6 movilizaron la red Gladio para combatir a la izquierda y a los movimientos sociales en auge en Europa Occidental. Esta red operaba como un gobierno clandestino que, mediante atentados con falsa bandera, intentaba crear una conmoción que justificara erigir gobiernos autoritarios. Gladio realizó atentados terroristas en Italia, Francia, Bélgica y Alemania que nunca fueron totalmente esclarecidos y hay indicios de que nunca se disolvió. El hecho de que los atentados de esta semana se dirigieran contra dos aliados de EE UU que buscan mejorar sus vínculos con Rusia permite inferir que la red criminal volvió a actuar.

Barack Obama y la CIA buscan evitar que Donald Trump y Vladimir Putin puedan alcanzar una nueva coexistencia pacífica. Para ello está dispuesto a atacar a todos los gobiernos díscolos. Más atentados están en la agenda hasta la asunción del nuevo gobierno el 20 de enero. De la calma de los gobernantes no involucrados y la templanza de sus poblaciones depende que el realismo y la sensatez primen sobre la ideología. «  

martes, 20 de diciembre de 2016

Antes de retirarse, Obama quiere dejar el caos

Alepo y el rompecabezas de la guerra
El asesinato del embajador ruso en Turquía representa un nuevo capítulo del ajedrez bélico y comercial que atraviesa Siria. Trump, Obama y el escenario que se viene.
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En todo país ordenado, cuando un inquilino termina su alquiler debe hacer una limpieza a fondo de la propiedad que deja. Parece, empero, que Barack Obama entendió la consigna al revés y, antes de abandonar la Casa Blanca, se está esforzando por sembrar el caos. Los motines en Venezuela, el conato opositor en Cuba, los violentos tiroteos en Ucrania, el asesinato del embajador ruso en Turquía y el incendio de seis ómnibus del gobierno sirio que se dirigían a evacuar a la población de dos aldeas chiitas sitiadas por los islamistas muestran que la CIA y su presidente se rehusan a reconocer su derrota en Alepo, creando el caos para que Vladimir Putin y Donald Trump no alcancen la paz en Siria y acuerden el control sobre el petróleo y el gas de Levante.

El asesinato este lunes a la mañana del embajador ruso ante Turquía, Andrei Karlov, ejecutado por un ex oficial de la policía turca dado de baja después del frustrado golpe de estado de julio pasado, no pudo impedir que a partir de este martes se encontraran en Moscú los ministros de relaciones exteriores de Rusia, Turquía e Irán, para acordar el guión que deberán seguir las próximas negociaciones de paz entre el gobierno sirio y las organizaciones rebeldes. Cada uno con sus intereses particulares, estos tres países son los que más influencia ejercen sobre los actores en la guerra en Siria.

Mientras que Rusia necesita un Estado amigo para tallar en el Mediterráneo Oriental y controlar el trazado de los oleo y gasoductos de la región hacia Europa, Irán trata de romper el cerco de las potencias reaccionarias del Golfo e Israel, proteger a las minorías chiitas dispersas en Siria y Líbano y, después del levantamiento de las sanciones, hallar una salida hacia Europa de su petróleo y gas. Turquía, en tanto, protege al islamista Yabhat Fatej al-Sham (el frente antes llamado al Nusra en el que al Qaeda tiene un papel central), activo en el noroeste del país, y quiere evitar que los kurdos de la frontera sirio-turca se expandan hacia Turquía y hacia el centro de Siria. Si bien sigue reclamando la renuncia del presidente Baschar al Assad, coincide con él en enfrentar a los kurdos y al Estado Islámico (EI). Se trata de intereses encontrados, pero no irreconciliables. Será tarea de buenos diplomáticos urdir una solución que convenga al gobierno sirio y a estas tres partes externas.

Al revés de los fracasados intentos multilaterales impulsados por la ONU, este encuentro sigue un nuevo formato: se encuentran las potencias con influencia sobre las fuerzas combatientes, para acordar un cese del fuego regional que después pueda extenderse al resto del país. Ya el pasado viernes 16, en conferencia de prensa en Japón el presidente ruso Vladimir Putin dijo a los periodistas que el siguiente paso para restablecer la paz en Siria después de la reconquista de Alepo es alcanzar un alto el fuego en todo el país.

Como hay muchos más involucrados en la guerra siria y cada una de estas potencias tiene sus propios conflictos internos, abundan las operaciones de inteligencia y las campañas de rumores. Si bien fueron los servicios secretos de Rusia y Turquía quienes convinieron el cese del fuego y la evacuación de combatientes y civiles desde la recuperada parte oriental de Alepo, el gobierno turco rechazó este lunes haber hecho un acuerdo secreto con Rusia sobre el futuro de Siria. El rumor fue puesto en circulación por fuentes norteamericanas que temen el creciente acercamiento entre los dos países después del fracaso del golpe de estado que Washington impulsó contra el presidente Recep T. Erdoğan en julio pasado. Como todos los rumores, tiene una base cierta, ya que Ankara últimamente ha sido muy tolerante hacia el apoyo que Moscú da a Assad, mientras que la segunda cierra los dos ojos ante la intervención del ejército turco en el noroeste de Siria para combatir a los islamistas y los kurdos.

El acuerdo ruso-norteamericano
Si algo debe agradecer el sufrido pueblo sirio al norteamericano, es la elección de Donald Trump. Ni bien el magnate fue electo, cesó el apoyo militar norteamericano para los islamistas y el gobierno sirio pudo liberar Alepo con apoyo ruso. Aunque la recuperación de la segunda ciudad del país implica el restablecimiento fáctico de la unidad del Estado, la simultánea recuperación de Palmira por el Estado Islámico (EI) amenaza seriamente el centro del país y obliga al rápido desplazamiento de las mejores unidades del ejército sirio. También por esta razón Turquía y Rusia están interesadas en alcanzar un cese del fuego en el noroeste.

La toma de Alepo sepultó la conspiración para dividir Siria que los monarcas del Golfo e Israel llevan adelante desde 2011 con el apoyo de los Estados Unidos. Esta derrota norteamericana podría haber replicado la de Vietnam, si el 8 de noviembre pasado los votantes estadounidenses no hubieran dado un volantazo a su política mundial. El presidente electo de los EE.UU., Donald Trump, está convencido del fracaso de la estrategia ejecutada por Barack Obama y la CIA, por lo que busca contener los daños externos seleccionando mejor las prioridades de las intervenciones norteamericanas y buscando la cooperación con Rusia en Levante y el Mediterráneo Oriental.

Al nombrar a Rex Tillerson, presidente de Exxonmobil, como Secretario de Estado, Trump señaliza a Moscú su disposición a compartir el control del petróleo y el gas entre la cuenca del Mar Caspio y la iraní. Exxonmobil tiene desde hace años una intensa cooperación con el gigante ruso Rosneft en el Ártico y perdió más de mil millones de dólares por las sanciones impuestas a Rusia por el gobierno de Obama después del golpe de estado en Ucrania en febrero de 2014. La designación de Tillerson preanuncia también una decisión para construir junto con los socios rusos e iraníes el gasoducto iraní-iraquí-sirio-libanés, bloqueado desde el inicio de la guerra por ser competidor de otros dos proyectos (el Transcaspiano y el del Golfo a Turquía) propulsados por Chevron y Shell. Se trata de saber quién llevará el fluido a las cocinas europeas. Si la tubería continúa hacia Turquía o acaba en el puerto sirio de Latakia, bajo la vigilancia de la base naval rusa de Tartus, depende de la habilidad que tenga la diplomacia turca para acomodarse al venidero acuerdo ruso-norteamericano en la región.

Si en la reunión ministerial de Moscú se diseña un plan de ruta para progresivos ceses del fuego, intercambios de prisioneros y evacuaciones de civiles, a partir del 20 de enero Siria y los tres actores regionales pueden combinar sus esfuerzos con los que por vía paralela realice la diplomacia norteamericana. Ésta tendrá la difícil tarea de controlar a los israelíes y los jeques árabes, así como a los kurdos y a los terroristas que la propia CIA armó en el sur del país. Si ambos rieles marchan al unísono y Obama no logra dinamitarlos, en algún momento puede avanzar el tren de la paz.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Ante la caída de Alepo, EE.UU. busca reducir daños

Putin y Trump celebran
Tiempo Argentino
18 de diciembre
por Eduardo J. Vior

Si algo debe agradecer el sufrido pueblo sirio al norteamericano es la elección de Donald Trump. Apenas este fue electo, cesó el apoyo militar norteamericano para los islamistas y el gobierno sirio hoy controla casi toda Alepo.
Aunque la recuperación de la segunda ciudad del país aproxima la reunificación del Estado, la paz aún no asoma. Siria y Rusia se concentran ahora en retomar Palmira, ocupada por el Estado Islámico (EI) la semana pasada. La competencia representada por los bombardeos de EE UU y sus aliados para destruir el armamento capturado por los islamistas al Ejército Sirio (SAA, por su sigla en inglés) decidieron al mando ruso-sirio a priorizar la recuperación del sitio arqueológico sobre el avance contra la noroccidental Idlib, principal base de Yabat Fatej al-Sham, filial de Al Qaeda en Siria.
Por su parte, Irán forzó a Turquía y Rusia a modificar su acuerdo de cese del fuego enAlepo, para que también incluyera a dos villorrios chiítas sitiados en la vecina Idlib. Y aún quedan grupos rebeldes que rehúsan aceptar la tregua.
La toma de Alepo sepultó la conspiración que los sauditas, los jeques del Golfo y los israelíes urdieron con el apoyo de la CIA para dividir Siria. Esta derrota norteamericana habría replicado la de Vietnam, si el 8 de noviembre pasado no hubiera sido elegido Donald Trump, quien, convencido del fracaso de la estrategia ejecutada por Barack Obama para instaurar un imperio norteamericano universal, busca por la fuerza contener los daños externos e internos.
Con el nombramiento de RexTillerson, presidente de Exxonmobil, como secretario de Estado, Trump ofrece a Moscú compartir el control del petróleo mundial.
Exxonmobil coopera desde hace años estrechamente con la rusa Rosneft y fue afectada por las sanciones impuestas por Obama y la Unión Europea contra Rusia a raíz de la crisis en Ucrania. La designación de Tillerson implica también impulsar junto con rusos e iraníes la construcción del gasoducto iraní-iraquí-sirio-libanés contra el Transcaspiano y el del Golfo a Turquía, propulsados por Chevron y Shell. Que la tubería continúe hacia Turquía o acabe en el puerto sirio de Latakia, depende de cómo se recomponga el equilibrio ruso-turco-norteamericano.
En el norte los kurdos no aspiran a otra cosa que a la autonomía de su región. Sin embargo, como demuestran las idas y vueltas de los últimos días en Alepo y las amenazas del todavía presidente Barack Obama de tomar represalias contra Rusia por la intervención cibernética de esta en la campaña electoral norteamericana, Siria continúa siendo el nudo gordiano de la política mundial que hasta ahora nadie pudo desatar ni cortar.
El acuerdo ruso-norteamericano para repartirse el petróleo y el gas de Levante no se alcanzará fácilmente ni bastará por sí solo para calmar a los numerosos poderes regionales que intervienen en ese país, pero Vladimir Putin y Donald Trump tienen buenos motivos para brindar. El pueblo sirio, también.