lunes, 17 de febrero de 2020

Argentina y Venezuela, envueltas en el conflicto mundial

Rusia marca la cancha desde Tierra del Fuego hasta el Caribe



Eduardo J. Vior
Mediante las maniobras “Escudo Bolivariano” Moscú advierte a Washington que no se meta con Venezuela y lo sorprende mostrando su solidaridad con Argentina contra Gran Bretaña

Por Eduardo J. Vior

Mientras casi 40.000 efectivos de la OTAN inician en Polonia y los países bálticos la maniobra “Defender Europe”, sofisticadas armas antiaéreas provistas por Moscú acompañaron este sábado 15 y domingo 16 la movilización de dos millones de efectivos venezolanos en el ejercicio “Escudo Bolivariano”. Por las dudas Washington no haya escuchado, el viernes 14 también el embajador ruso ante Argentina se solidarizó desde Ushuaia con nuestro reclamo por la reintegración de las Islas Malvinas, abriendo un nuevo frente diplomático contra la OTAN y demostrando el nivel de la cooperación estratégica ruso-argentina.

En un acto que contó con la participación del gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella, representantes de los veteranos de Malvinas y un nutrido público, el embajador ruso Dmitry Feoktistov tomó la palabra inesperadamente y declaró lo siguiente: “en Rusia tenemos la conmemoración del Regimiento Inmortal el Día de la Victoria, cuando la gente sale con retratos de sus seres queridos que murieron en la Guerra. En Argentina lo honramos en la Plaza San Martín y marchamos hasta el Monumento a los Caídos en Malvinas y siempre muchos argentinos se unen a nosotros en esta fecha”, expresó.

“En esta ocasión, continuó, los rusos nos unimos a ustedes para honrar la memoria de los caídos en las islas Malvinas. Quiero decirles a todos los veteranos y todos los argentinos que Rusia siempre los apoyará en todo y sobre todo en la cuestión de la soberanía de las Malvinas “, agregó. “La hora del colonialismo pasó y los ingleses deben devolver las islas a Argentina”, manifestó Feoktistov.

Las palabras pronunciadas por el diplomático ruso fueron entendidas como una advertencia de Moscú a Occidente que excede su relación con Argentina. Es que el pasado 4 de febrero la Organización del Atlántico Norte (OTAN) inició en Alemania, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia gigantescas maniobras que durarán cinco meses. Se trata de la práctica de la OTAN más grande de los últimos 25 años. Su objetivo declarado es entrenar el rápido despliegue de tropas norteamericanas en Polonia y los países bálticos ante un eventual ataque desde el Este. En el entrenamiento participan 20.000 efectivos estadounidenses y 13.000 unidades de equipamiento trasladadas a Europa por mar y aire.

Las maniobras incluyen en total a 37.000 soldados de 19 países. En tanto el mayor despliegue de tropas se realizará en Polonia, Alemania servirá de centro logístico y zona de tránsito. Por supuesto, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró que “Defender Europe no se dirige contra ningún país en particular”, pero es poco creíble. Después del golpe de estado en Ucrania en febrero de 2014, que provocó el alzamiento de la zona rusohablante del este del país y la reintegración de Crimea a Rusia, la alianza atlántica se dio cuenta de que a partir de entonces Rusia iba a responder a cada provocación occidental y comenzó a mejorar sus capacidades, para poder confrontar con el modernizado y bien entrenado ejército ruso.

Obviamente, realizar maniobras de estas dimensiones es un intento de provocación vinculado a la campaña electoral norteamericana. Por un lado, Trump necesita demostrar que es tan antirruso como el más furioso de sus opositores. Por el otro, su dependencia de los cristianos evangélicos liderados por el secretario de Estado Mike Pompeo lo obliga aún más a atizar el fuego antimoscovita.

La respuesta rusa se dio este fin de semana de este lado del Atlántico. El sábado 15 fueron activados en toda Venezuela los ejercicios “Escudo Bolivariano 2020”. En estas prácticas cívico-militares participan 2.370.430 efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y de la Milicia Bolivariana. Los ejercicios se ejecutaron en las ciudades de Caracas, Maracay, Valencia, Barquisimeto  y Maracaibo. Estas prácticas se realizan tras la entrada en vigor de la Ley de la FANB, que enfatiza la unión cívico-militar para la defensa territorial e incorpora a la Milicia Bolivariana como componente especial de esa institución.

Nicolás Maduro ha asegurado que los ejercicios militares no solo sirven para prevenir eventuales agresiones de EE.UU. y Colombia, sino también para responder a las mafias que contrabandean combustible hacia los países vecinos. Anticipando los ejercicios las fuerzas de seguridad venezolanas interceptaron el martes pasado en el estado de Lara (noroeste) un avión ligero que transportaba 500 kilogramos de cocaína y detuvieron a dos ciudadanos brasileños, informó el Ministerio del Interior.



Ese mismo martes un espectáculo sorprendente recibió al jefe opositor Juan Guaidó, cuando volvió a su país: unos grandes vehículos lanzamisiles aparecieron estacionados en la carretera que conecta Caracas con el aeropuerto de Maiquetía, bloqueada por efectivos militares. Al día siguiente unos equipos similares fueron vistos en la base aérea de La Carlota, en el centro de Caracas. Otros más fueron vistos en Puerto Cabello, sobre la costa del Caribe.

Según expertos, los vehículos mostrados en las fotografías eran parte de un grupo BUK M2E, un sistema de defensa antiaérea ruso de mediano alcance con el que cuenta el ejército venezolano. De acuerdo a informaciones de BBC Mundo, también se vieron vehículos de un S-125 Pechora, otro grupo de intercepción de origen ruso, pero más antiguo que el M2E. El BUK M2E y el S-125 Pechora, junto a los más sofisticados y avanzados S-300, forman el grueso de la artillería antiaérea de la FANB.

Aunque Venezuela cuenta también con sistemas RBS 70, de fabricación sueca, y los franceses Mistral, estos son mucho más modestos y no comparables a los BUK, Pechora o S-300, señalan los especialistas. También son rusos los lanzamisiles portátiles individuales Igla-S. Los sistemas antiaéreos rusos fueron entregados a Venezuela entre 2011 y 2014.



El país caribeño dispone asimismo de cazas Su-30Mk2, un modelo capaz de competir con los más avanzados aviones de combate de la OTAN. En su reciente visita a Caracas, entre tanto, el canciller ruso Serguéi Lavrov reafirmó que la cooperación militar entre ambos países es prioritaria para su país, formulando así una fuerte advertencia a Estados Unidos.

En el marco de la creciente confrontación entre la alianza occidental, por un lado, y Rusia, China e Irán, por el otro, que se está agudizando al calor de la retórica antirrusa que rezuma la campaña electoral estadounidense, tanto la maniobra de la OTAN en Europa Oriental como el ejercicio de las fuerzas venezolanas y la proclama del embajador ruso en Argentina deben entenderse como fintas previas a una pelea de boxeo que es de esperar no se dé nunca, pero –hagámonos conscientes- la confrontación mundial nos ha alcanzado.

viernes, 7 de febrero de 2020

Para dónde irá EE.UU. en noviembre y después

¿Qué Trump nos deparará 2021?


Tras superar el juicio político y sin competidores, el presidente norteamericano se encamina a su reelección, pero ¿con qué política?
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
7 de febrero de 2020
Eduardo J. Vior
Al día siguiente de haber sido sobreseído por el Senado, Donald Trump se descargó contra sus adversarios dentro y fuera del gobierno. Fue un mes duro, pero al presidente finalmente pudo empezar la campaña electoral con el pie derecho. A esta altura del año, faltando nueve meses para la elección presidencial, nadie duda del triunfo de Donald Trump. La incógnita se plantea sobre la política que éste llevará adelante en su segundo mandato.
En una alocución espontánea ante el personal de la Casa Blanca el jueves 6 por la mañana el jefe del Estado empezó descargando las tensiones que pasó durante 36 meses: “primero pasamos por el griterío de ‘Rusia, Rusia, Rusia,'”, dijo, aludiendo a las acusaciones de complicidad con Rusia, para ganar la elección de 2016. “Fue todo una bosta [sic] que nos obligó a soportar el Informe Mueller”, continuó refiriéndose a la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre si Trump había obstruido la Justicia durante las pesquisas sobre la intromisión rusa.
“Ésta no es ni una conferencia de prensa ni un discurso; es solamente una celebración”, sintetizó. “No niego haberme equivocado en mi vida ni haber hecho cosas incorrectas, aunque siempre sin intención, pero el resultado es éste”, culminó, mostrando la tapa del The Washington Post con el titular del día: “Trump sobreseído”.
Al absolver al presidente por 52 contra 48 votos en un cargo y por 53 contra 47 en el otro, el Senado de Estados Unidos dio el miércoles a la noche por terminado el juicio político que habilitó la Cámara de Representantes en diciembre pasado por los delitos de abuso de poder y de obstrucción al Congreso.
La votación en el Senado se realizó apenas unas horas después de que Trump presentara el martes su informe anual sobre el estado de la Unión ante la Asamblea Legislativa. Las escenas de Donald Trump negando el saludo a su anfitriona, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y la de ésta rompiendo el texto del discurso, apenas el mandatario hubo terminado, fueron cuidadosamente representadas, para inaugurar la campaña electoral. Un novelón perfecto, que el pleno subrayó aplaudiendo unánimemente a su huésped Juan Guaidó, cuando Trump lo presentó como “verdadero presidente de Venezuela”.
Las asambleas del Partido Demócrata (DP, por su sigla en inglés) en Iowa el pasado lunes 3 debían dar el puntapié inicial para la campaña preelectoral de la oposición, pero un grave desmanejo informático hizo que el partido pasara un papelón. Tres días después del comicio, con el 97% de las mesas escrutadas, Pete Buttigieg, exalcalde de South Bend, Indiana, superaba el jueves al senador Bernie Sanders ¡por 3 votos! Consecuentemente, el Comité Nacional Demócrata (DNC, por su nombre en inglés) ordenó la repetición de las asambleas.
El martes 11 se realizará la primera elección primaria en Nueva Hampshire, a la que el 22 suceden las asambleas demócratas en Nevada y el 29 la primaria demócrata en Dakota del Sur. Ya el martes 3 de marzo las primarias en 16 estados perfilarán más claramente las candidaturas. Mientras que en el Partido Republicano el liderazgo de Trump es incuestionable (en Iowa sacó el 97% de los votos), el Partido Demócrata aparece atomizado y sin liderazgo.
También el martes se conocieron los resultados de la última encuesta electoral de Gallup. Según la misma, el 49% de los votantes norteamericanos aprueba la gestión de Donald Trump. Es el índice más alto desde que asumió la presidencia en enero de 2017 e incluye tanto a un 94% de republicanos como a un 42% de electores autodefinidos como independientes. Sin embargo, el porcentaje de sostén entre los demócratas bajó a un inédito 7%. La diferencia de 87 puntos entre los partidarios de uno y otro partido es, según Gallup, la mayor polarización registrada desde que se realizan estas mediciones.
Para todo observador atento de la política mediooriental, en tanto, es evidente que el espacio político perdido por Irán tras el asesinato del comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica, Qasem Suleimaní, el pasado 2 de enero, fue ocupado por Rusia y no por EE.UU. En el mes que pasó desde que Donald Trump ordenara su muerte, la diplomacia de Moscú consiguió reducir la influencia iraní en Siria e Irak y se afianzó como garante del orden postbélico en Medio Oriente. Sin embargo, en Estados Unidos el presidente logró imponer la sensación de que el magnicidio sirvió para evitar futuros atentados.
Asimismo, dos semanas después de que China y EE.UU. firmaran el llamado Acuerdo de Fase 1 para resolver su entredicho comercial, este lunes pasado el Departamento de Comercio sacó una resolución que permite imponer tasas aduaneras suplementarias a los productos de países que hayan devaluado artificialmente sus monedas en relación al dólar, para mejorar sus chances ante los productos norteamericanos. Si bien los medios predominantes han puesto el acento en el mayor volumen de bienes y servicios que la República Popular se ha comprometido a comprar a Estados Unidos, el acuerdo se destaca en realidad por la rigurosa protección de la propiedad intelectual de los productos y servicios estadounidenses y por la eliminación de la obligación de transferir tecnología a China. Al mismo tiempo, la potencia asiática se obligó a aumentar sus importaciones de EE.UU. en 200 mil millones de dólares tan sólo entre 2020 y 2021, lo que va a impulsar fuertemente el crecimiento de la economía. Si bien se trata sólo de un acuerdo inicial y todavía quedan muchos sectores de ambas economías sobre los cuales negociar, Donald Trump puede vanagloriarse de haber alcanzado un triunfo enorme.
En el mismo sentido, una encuesta publicada el lunes 3 muestra que el 61% de los norteamericanos aprueban el modo en que el gobierno federal está manejando el riesgo de extensión de la epidemia de coronavirus. Si bien muchos temen que la misma se expanda a EE.UU., muy pocos sienten temor a un contagio inminente.
Durante su discurso sobre el estado de la Unión, el pasado martes, Trump no se privó de alabar enfáticamente su llamado “plan de paz” para Oriente Medio. El presidente había presentado el proyecto el 28 de enero en la Casa Blanca ante un auditorio compuesto por líderes republicanos e importantes financiadores del partido, como el magnate del juego Sheldon Adelson. Según la propuesta, EE.UU. reconocería la soberanía israelí sobre los asentamientos judíos en Cisjordania, a Jerusalén como capital de Israel y daría a éste la custodia de todo el territorio, especialmente del valle del Jordán. Al mismo tiempo, permitiría la constitución de un Estado palestino en los retazos territoriales que quedarían en Cisjordania y Gaza y la instalación de su sede gubernamental en Jerusalén Oriental.
La propuesta, que no fue consultada con los palestinos, fue informada previamente al primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, y a su contendiente, Benny Gantz, quien también la aprobó. Para los observadores se trata de una grosera intromisión en la campaña israelí para la elección parlamentaria de marzo próximo, pero sobre todo un recurso propagandístico para asegurarse el apoyo de las iglesias y congregaciones evangélicas sionistas.
A pesar de sus éxitos políticos, diplomáticos y económicos es dudoso que el presidente obtenga en noviembre la mayoría del voto popular, sobre todo por el rechazo que experimenta en los estados más poblados de las costas Este y Oeste. Igual que en 2016, va a recurrir entonces a conquistar la mayoría del Colegio Electoral. Por ello es que está tan pendiente del voto evangélico, predominante en los estados rurales del Sur, Medio Este y Medio Oeste, y del voto latinoamericano anticastrista y antichavista, determinante en Florida.
Donald Trump dista de ser un líder ideológico. Más bien es una veleta que gira con el viento. Según su visión estratégica, EE.UU. debería retirarse del Medio Oriente ampliado y llegar a una mutuamente provechosa partición de áreas de influencia con Rusia y China. Sin embargo, el secretario de Estado Mike Pompeo, lo ha atenazado eficazmente desde el gobierno, el Alto Mando, la CIA y el sionismo evangélico y el presidente se ha plegado a la política de los sectores ultrarreaccionarios. Gracias a ellos piensa ganar la elección. Después dependerá de la correlación de fuerzas. No hay dudas de que Donald Trump será reelecto, pero nadie sabe qué política llevará adelante en su segundo mandato.

martes, 21 de enero de 2020

EL VIAJE DE ALBERTO A ISRAEL

Una oportunidad de tener voz en la reconfiguración de Medio Oriente:

Argentina, Israel e Irán necesitan la paz en Medio Oriente


El imam Hussein recibe al general Soleimani en el cielo.

La autocontención del liderazgo iraní y la mediación de Rusia y China tras el asesinato de Qasem Soleimaní alinean a Netanyahu con Eurasia y disminuyen la tensión también en Suramérica

Canciller Solá, presidente Fernández y embajador Sergio Uribarri. Una oportunidad de tener voz en la región más candente del globo.

POR EDUARDO J. VIOR (aprovechando aportes de Pepe Escobar, Thierry Meissan y Guillermo Robledo)

El anuncio oficial de que el primer viaje del presidente Alberto Fernández al exterior lo llevaría hoy a Israel, donde el viernes participará en Jerusalén junto a numerosos líderes mundiales en la conmemoración del 75º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el Ejército Rojo, despertó en Argentina encendidas y controvertidas reacciones.
En la discusión se metió el secretario de Estado Mike Pompeo quien el sábado 18 tuiteó «en el quinto aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman, recordamos el ataque de 1994 contra el centro judío AMIA en Buenos Aires y su esfuerzo incansable para llevar a sus responsables a la justicia.» Luego de esto, nadie puede tener dudas acerca de la imbricación internacional del aniversario argentino ni de su estrecho vínculo con las movidas que se producen en Oriente Medio.
Precisamente por este complicado entramado es aconsejable comenzar el análisis determinando algunos hechos duros sobre la conmemoración en Yad Vashem. Según informa el portal oficial Noticias de Israel, el evento fue organizado por el presidente de ese país, Reuven Revlin, y el centro conmemorativo del Holocausto que cuenta con el financiamiento del empresario ruso-judío y filantropista Viatcheslav Moshe Kantor, presidente del Congreso Judío Europeo y muy cercano al presidente ruso Vladimir Putin. Concurren representantes de 46 países, entre ellos el propio Putin, quien ya se encuentra en Israel para una visita de Estado, el presidente francés Emmanuel Macron, el príncipe Charles del Reino Unido, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier y el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, con una delegación bipartidista del Congreso. No concurre Donald Trump.
Se espera que Rivlin se reúna con casi todos los líderes durante media hora cada uno. En cambio, el primer ministro Benyamin Netanyahu, en principio, sólo tiene planeado encuentros con Putin, Macron y Pence. La Casa Rosada ha anunciado que Alberto Fernández se reunirá con Putin, Macron y Netanyahu.
La figura central de la reunión será el mandatario ruso. Según el diario La Nación del jueves 17 de enero, el gobierno argentino comunicó a la embajadora de Israel, Galit Ronen, la decisión de Alberto Fernández de concurrir a la conmemoración, sorprendiéndola. ¿Quién lo invitó, si no Israel? Este domingo 19, en tanto, la embajada intentó hacer como que todo estaba previsto, pero no convenció. En una nota de Román Lejtman en Infobae se informó que la invitación ya había sido formulada por la embajadora el pasado 12 de noviembre, pero que Alberto Fernández recién se habría decidido a viajar el miércoles 15 de enero, cuando Cristina Fernández, a la vuelta de Cuba, lo invitó a cenar y le “aconsejó” acudir a la cita en Jerusalén.
El remiendo es peor que la versión originaria, ya que, si Cristina indicó al presidente la conveniencia de viajar a Israel después de su vuelta de Cuba, es necesario inferir que lo hizo inspirada por alguna conversación que tuvo en la isla. Como se sabe, el liderazgo cubano está en fluido contacto con el Papa Francisco y con Vladimir Putin. O sea que la corrección hecha oficiosamente por la embajada lleva a pensar que el presidente tomó la decisión siguiendo un acuerdo entre Raúl Castro, el Papa y Vladimir Putin.
En segundo lugar, el viaje se produce pocos días después de que Mauricio Macri ordenara escenificar el recordatorio por el quinto aniversario de la muerte de Alberto Nisman, del que la embajada se abstuvo, retirando también a la DAIA y la AMIA. Tercero, el presidente viaja a Israel, pero a la reunión del Foro Económico Mundial en Davos que comienza el lunes 20 sólo envía a Guillermo Nielsen (YPF). Tan importante como los foros a los que concurren nuestros representantes son aquéllos donde pegan el faltazo.
De estos primeros datos es preciso inducir que Alberto Fernández participa por alguna razón más que en la negociación de la deuda externa en el recordatorio del Holocausto con un mensaje universal de tolerancia y de lucha contra el antisemitismo. Para entender por qué, es necesario situar la conmemoración en su contexto regional.

Trump quiere retirar a EE.UU. de Medio Oriente

Al ordenar el asesinato del general iraní Soleimaní en Irak el pasado 2 de enero, Donald Trump puso al mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial. Lo hizo para consumar un giro estratégico que está cambiando la historia mundial, afirma el internacionalista francés ‎Thierry Meyssan (https://www.voltairenet.org/article208908.html, 14-01-20), refugiado en Siria desde hace diez años.
Meyssan estima que Putin y Trump están organizando ‎una retirada coordinada de Estados Unidos e Irán de Medio Oriente. Sin embargo, ambos países sufren profundas divisiones internas que se reflejan en la incoherencia de sus políticas internacionales:‎
  • Donald Trump enfrenta no sólo la oposición de los demócratas, sino también la de muchos republicanos y de casi toda la administración federal, que no sigue sus instrucciones y conspira abiertamente para eyectarlo ‎de la Casa Blanca. Al mismo tiempo, como la elección del presidente se hace en EE.UU. por Colegio Electoral, no importan tanto la cantidad de votos que cada candidato obtiene como el número de unidades federadas en los que obtiene la mayoría. Así son tan relevantes los denominados “estados oscilantes” que de una elección a otra cambian su voto. El principal de ellos es Florida, y dentro de él, Miami, donde el voto de los inmigrantes latinoamericanos puede decidir el comicio. Por ello es que en esta campaña electoral los temas de la política hemisférica son mas centrales que nunca. Por el Partido Republicano (GOP, por su nombre en inglés) el senador Marco Rubio tiene un liderazgo indiscutido sobre la minoría cubanoamericana y lo usa para presionar al presidente junto con su colega Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur y miembro prominente del lobby pentecostal dentro del GOP. Ambos están aliados a Mike Pompeo, secretario de Estado, quien aún sigue controlando la CIA (su cargo anterior) y mantiene una gran influencia sobre el secretario de Defensa, Mark Esper. El juego se vuelve, entonces, sumamente complejo y difícil de discernir: ¿el presidente está amenazando a Irán, para después negociar desde mejores posiciones o –presionado por la ultraderecha- efectivamente está iniciando una guerra contra la nación persa y, por extensión, contra Rusia y China?
  • En Irán, en tanto, compiten entre sí el presidente Hassan Rohaní y su gobierno y el poder estatal que depende del Guía de la Revolución, el ayatolá Alí Jamenei. El presidente Rohaní representa los intereses de la burguesía comercial de Teherán e Ispahán, que sufre mucho por las sanciones ‎estadounidenses. Rohaní fue ‎el primer contacto iraní del gobierno de Reagan y de Israel, cuando ambos ejecutaron en 1985 y 1986 el ilegal plan Irán-Contras (la venta de armas a Irán –que estaba sancionado por el Congreso estadounidense- para recaudar fondos con los que financiar a los contras nicaragüenses) y es, por lo tanto, un viejo conocido del “Estado profundo” norteamericano. Ya en 2013, durante las ‎negociaciones secretas irano-estadounidenses en Omán, el jeque Rohaní fue el ariete de Obama y de Alí Akbar Velayati (canciller iraní entre 1981 y 1997 y actual consejero internacional del ayatolá Jamenei), contra el nacionalismo laico del entonces ‎presidente Mahmud Ahmadineyad, lo que lo convirtió en negociador del acuerdo nuclear de 2015.
  • Por el contrario, la función del Guía de la Revolución fue creada por el Imam Ruholá Jomeini, para dar la jefatura del Estado a un “sabio”. La función del ayatolá Jamenei es, entonces, garantizar que las decisiones políticas sigan ‎los preceptos del Islam y los principios de la Revolución. De él ‎dependen los Guardianes de la Revolución, el cuerpo armado al que pertenecía el general Qassem ‎Soleimaní. Sin embargo, a pesar de tantas facultades políticas, el presupuesto del Guía de la Revolución se determina según las fluctuaciones de los ingresos por la exportación del petróleo y, por consiguiente, está sumamente afectado por las sanciones norteamericanas.
Tanto en Estados Unidos como en Irán la mayoría de las decisiones adoptadas por uno de los poderes ‎descritos encuentra de inmediato la oposición de sus adversarios internos. ‎Por esta razón los cursos de acción de ambos contendientes son tan contradictorios y difíciles de prever. No obstante, hay hechos duros que todos conocen:
  • La República Islámica no reconoce el Estado de Israel, pero nunca ha planteado nunca la ‎liquidación de los judíos. Muy por el contrario, para resolver el estatuto de Israel y Palestina propone aplicar el principio de “una persona, un voto”, ‎incluyendo también a la diáspora palestina.
  • Aunque los medios presentan a Irán e Israel como enemigos ‎irreconciliables, ambos países explotan juntos y comparten la propiedad del oleoducto Eilat-Ascalón‎. El petróleo iraní llega por el Mar Rojo al sureño puerto israelí de Eilat, el oleoducto atraviesa el país y sale hacia Europa, refinado, por el puerto de Ascalón.
  • Si bien las potencias occidentales y la propaganda israelí afirman querer impedir que Irán tenga bombas atómicas, saben bien que una “fetua” o pronunciamiento legal del Imam Jomeini de 1988 declaró ‎las armas de destrucción masiva incompatibles con el Islam. Por consiguiente, la única potencia nuclear en Oriente Medio es Israel.

Irán ganó la guerra, pero puede perder la paz

Sobre la base de estos hechos, Thierry Meissan pasa a analizar el asesinato del general Soleimaní y la ‎crisis posterior: ‎
Soleimaní era un soldado excepcional. Ingresó a la Guardia Revolucionaria en el momento de su fundación, en 1979. De 1980 a 1988 luchó en la guerra iniciada por Irak contra Irán. Bajo su mando, la fuerza Al-Quds (el nombre ‎árabe y persa de Jerusalén) de los Guardianes de la Revolución auxilió a las ‎víctimas de la agresión occidental en toda la región. En 2006, durante la invasión israelí a Líbano, estuvo en Beirut dirigiendo la resistencia junto al general sirio Hassan ‎Turkmani y el jefe de Hezbolá, Hassan Nasralá. Sin embargo, no tuvo empacho en negociar con EE.UU., cuando las circunstancias lo aconsejaban. En 2001, por ejemplo, se alió con George W. Bush para ‎luchar contra los talibanes afganos. Y en mayo de 2018 cumpió la ‎orden de limitarse a defender a las comunidades chiitas en todo Medio Oriente.
Donald Trump comprendía el enorme papel militar del general Soleimaní como principal ejecutor de la política regional del ayatolá Jamenei, pero no entendió que el gran estratega se había convertido en un héroe de todos los pueblos de la región, admirado‎ en las academias militares del mundo entero. Al autorizar su asesinato, el presidente norteamericano arruinó la reputación que había ganado desde 2017 al tratar de contrarrestar el anterior apoyo estadounidense a ‎al-Qaeda y el Estado Islámico (EI), perdiendo su rol de árbitro regional.‎
El asesinato de Qasem Soleimaní unificó temporalmente a los dos poderes políticos iraníes alrededor de un mismo ‎sentimiento y obligó al gobierno israelí a adoptar una actitud ambigua, casi prescindente.‎ Estados Unidos esperaba que Irán reaccionara automáticamente, contragolpeando, pero el Guía Jamenei y el presidente Rohaní, en consulta con Rusia y China, prefirieron negociar con la mayoría de los países de la región, incluso con sus enemigos del Golfo. En ese momento sucedieron dos hechos: por un lado, el miércoles 8 un ataque con cohetes de la Fuerza Quds afectó con precisión instalaciones de las bases de Ayn al Asad en el norte de Irak, aunque solamente hirió a numerosos norteamericanos. La precisión del ataque y la incapacidad de la defensa antiaérea estadounidense para derribar ni un solo cohete demostraron a todos los países vecinos quién tiene la supremacía.
Por el otro lado, pocas horas más tarde la defensa antiaérea iraní derribó un avión ucraniano que despegaba de Teherán. Aunque tardío, el reconocimiento del presidente iraní de que se trató de un error de la defensa antiaérea y su disposición (aún no concretada) a entregar a Ucrania la caja negra le sirvieron para restablecer el intercambio diplomático con Europa y Canadá. El análisis de los datos técnicos conocidos revela, empero, que la aeronave no fue derribada por error: alguien quiso crear un casus belli, para romper toda negociación con Occidente. Nuevamente la lucha interna por el poder trabó una estrategia internacional brillante. Y sirvió para opacar la condena al asesinato de Solemaini y sus acompañantes.
A raíz del asesinato de Solemaini –continúa T. Meissan– Irán anunció que no seguiría respetando ‎el acuerdo 5+1 y los diputados chiitas iraquíes exigieron la retirada de las tropas estadounidenses de ‎su país. Los medios de prensa occidentales entendieron esos gestos como muestras de agravación del conflicto, pero ‎en realidad eran ofertas de paz. Finalmente, el lunes 20 la cancillería iraní confirmó que su país no se ha retirado del acuerdo. Por su parte, la retirada de las ‎tropas estadounidenses, no sólo de Irak sino de todo el Medio Oriente, es un compromiso contraído por Trump durante su campaña electoral.
Durante los últimos años Irán consiguió eludir la presión norteamericana en Siria mediante la brillante conducción militar de Soleimaní y la participación en el proceso diplomático de Astana (Kasajistán) liderado por Rusia y con la actuación de Turquía. Tal como comentó Shaiel Ben-Ephraim en Asia Times (Putin calls on Netanyahu amid struggle for Syria, 15-01-20), este exitoso precedente es la fórmula que el ayatolá Jamenei aplica ahora, para expulsar a EE.UU. de Medio Oriente: acudir a negociaciones regionales, bajo el paraguas de Rusia y China, alcanzar acuerdos de seguridad colectiva (por ejemplo, en el Golfo) y arreglar bilateralmente los conflictos con sus vecinos.
La decisión de acudir a la diplomacia en lugar de a las armas tiene en cuenta, por un lado, el debilitamiento de la hegemonía norteamericana tras el asesinato de Soleimaní, pero, por el otro, refleja también la consciencia del liderazgo iraní sobre los propios límites: la exitosa estrategia del general asesinado trajo una relativa paz a la región, pero Irán está exhausto y necesita hallar rápidamente alternativas económicas.
Tras el fracaso de EE.UU., Rusia lo ha sucedido como árbitro entre todas las fuerzas de Oriente Medio y es aceptada incluso por Israel. Por supuesto que los halcones estadounidenses seguirán boicoteando ese liderazgo, al igual que la ultraderecha israelí o las familias más retrógradas de la península arábiga. Del mismo modo que los revolucionarios iraníes y sus aliados (Hezbolá, la Yihad Islámica, los hutíes yemenitas, etc.).
En tanto, tambien en Asia Times la periodista Siavash Fallahpour sostiene que, aunque Rusia y Turquía podrían ayudar a Irán a expulsar a EE.UU. de Medio Oriente, prefieren apuntar a obtener simultáneamente el retiro de las fuerzas norteamericanas e iraníes de las posiciones que ocupan.
Los principios de la paz no serán fijados todavía y su plena vigencia demorará. Durante el periodo de duelo por la muerte del general Soleimaní, Irán no podrá admitir públicamente ‎haber llegado a un acuerdo con Estados Unidos que, por otra parte, necesita el consenso de todos los estados de la región y, ‎por supuesto, de Rusia. A pesar de sus maniobras disolventes y de su apoyo al terrorismo islámico, ni siquiera el Reino Unido podrá hacerlo fracasar y tendrà que aceptar que se lo convalide en una conferencia regional. ‎
Durante algún tiempo en todo Medio Oriente seguirán sonando los tambores de la guerra. Habrá atentados, levantamientos y represiones violentas. Las potencias regionales, en tanto, estarán tentadas de aprovechar las ventajas temporarias que les da la pérdida de hegemonía norteamericana.

La hora de Rusia

Inmediatamente después del asesinato de Soleimaní, Vladimir Putin inició una diplomacia viajera que lo llevó a Ankara, Damasco y, esta semana, a una larga visita en Tel Aviv. El presidente ruso puede obtener la retirada de los iraníes de Siria y, por consiguiente, el alejamiento de sus invencibles cohetes de alcance medio tierra-tierra, pero no lo hará gratis. Por lo pronto, la fuerza aérea israelí deberá dejar de bombardear bases persas en Siria. Pero, exige Moscú, si Tel Aviv quiere la paz en su frontera norte, debe apoyar también el levantamiento de las sanciones occidentales contra Damasco, para que Assad pueda reconstruir su devastado país. Se trata de un precio muy alto que Netanyahu todavía no puede pagar.
Para los israelíes Moscú se está convirtiendo en el destino diplomático más importante y el primer ministro necesita el apoyo ruso en la elección parlamentaria de marzo próximo, para ganar los votos del millón de inmigrantes rusos que viven en el país. Las encuestas todavía dan al bloque Azul y Blanco como ganador y al Likud como segundo y no está aún definido quién ganará la elección.
Al mismo tiempo, es evidente que Donald Trump se apartó de la política unilateralmente prosionista de su secretario de Estado Pompeo. Contra el histórico expansionismo de la ultraderecha nacionalista de Tel Aviv, el presidente parece estar favoreciendo el retorno al proyecto de Confederación Jordano-Palestina. Este giro estratégico se guía por el sentido común: si Israel anexa Cisjordania, una minoría judía gobernará a una mayoría palestina a la que –al igual que sucedió en Suráfrica– a la larga no podrá negar los derechos cívicos, con el riesgo de que el nuevo Estado pase a ser dirigido por los árabes. El reflotamiento de este viejo plan es una señal de alerta para Netanyahu. El primer ministro a cargo ya está anoticiado de que no puede mantener impunemente su red internacional de tráfico de armas y su complicidad con el de drogas contando sin más con el apoyo estadounidense.
Como es obvio, no todos los actores siguen sobre el terreno la lógica de la modificada constelación geopolítica del Medio Oriente y su influencia sobre la relación de fuerzas en América del Sur. Muchos se guían por sus intereses particulares, por convicciones ideológicas superadas por la evolución u obligados por alianzas de antaño. La reunión cumbre del 24 de enero nos mostrará –si Benyamin Netanyahu entendió que Israel ya no puede ganar una guerra contra Irán– que, ante la nueva hegemonía ruso-china sobre Eurasia, la retirada norteamericana del Medio Oriente es inexorable. Si el líder israelí acepta que, para mantener el poder, le conviene plegarse a la nueva “pax eurasiana”, integrar a su país al Camino de la Seda y la Franja, y remplazar las exportaciones de armas por las de gas, perderá interés en desatar guerras regionales y en participar en el riesgoso tráfico de drogas. De cumplirse estas complejas condiciones, dejará a sus aliados suramericanos librados a su propia suerte y priorizará los negocios pacíficos.
Puede ser que esta hipótesis esté influida por un deseo de paz e independencia. No es de esperar que los actores del cambio epocal que estamos viviendo anticipen sus jugadas. Deberemos interpretarlas por las señales que den. Por esto, es preciso prestar atención a la coreografía de la cumbre de Jerusalén, para poder juzgar la estrategia internacional del gobierno argentino. Si Alberto Fernández sabe equilibrar los encuentros con los líderes presentes, priorizar el intercambio con Vladimir Putin y lanzar a árabes e israelíes un audible mensaje de paz, habremos entendido que Donald Trump llamó a la retirada y está dispuesto a negociar un nuevo reparto del poder. Por lo pronto, queda claro que el presidente de todos los argentinos no viaja a Israel sólo para negociar sobre la deuda externa, sino para que empecemos a jugar en las ligas mayores del nuevo mundo.

martes, 14 de enero de 2020

Los conflictos intestinos complejizan la crisis mediooriental

La crisis entre Irán y EE.UU. se complica por las luchas internas


El derribamiento del avión ucraniano puso de relieve conflictos por el poder dentro de Irán y de EE.UU. que pueden descontrolar la gobernabilidad de Oriente Medio
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
14 de enero de 2020
Eduardo J. Vior
Tanto Estados Unidos como Irán estilizan su enfrentamiento actual como una lucha contra el terrorismo, que cada uno adjudica a la otra parte. Sin embargo, por un lado, las circunstancias en las que el presidente Donald Trump ordenó el asesinato del teniente general Qassem Soleimaní y su discurso posterior al hecho, como el modo en que la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) abatió el pasado miércoles 8 una aeronave civil ucraniana, provocando la muerte de 180 personas, y las contradictorias justificaciones posteriores indican que las luchas por el poder dentro de cada uno de ambos países condicionan sus decisiones externas y complican la resolución negociada de los conflictos.
De los asesinatos de Qassem Soleimaní, jefe de la Fuerza Quds (Jerusalén) de la CGRI, Abu Mahdi Al-Muhandis, subjefe de las Unidades de Movilización Popular (Al Hashd al Shaabi), y diez jefes más, el pasado 2 de enero, se sabe que fueron decididos en la Casa Blanca por el presidente y un pequeño círculo de asesores sin facultades legales para ordenar la muerte de un alto funcionario de un país con el que EE.UU. no está en guerra. Las circunstancias políticas permiten sospechar que se debió a una arremetida de Pompeo, para comprometer al mandatario en una guerra de gran magnitud en Oriente Medio. El secretario de Estado controla indirectamente a los militares y la CIA y está aliado a la ultraderecha evangelista republicana cuyos votos deciden la presidencia en el Colegio Electoral. Además, Trump necesita el respaldo de la mayoría republicana en el Senado, para salir absuelto del juicio político.
Por su parte, tanto los datos técnicos del hecho como la disculpa luego del abatimiento del avión ucraniano y la furia de sectores de la población que exigen la renuncia de los principales líderes iraníes constituirían la evidencia de que el disparo contra la aeronave ucraniana no fue un accidente, sino parte de una aguda lucha por el poder dentro de la Guardia Revolucionaria Iraní (CGRI).
El domingo 12 se reunió el Consejo de Guardianes de la Constitución (Consejo de la Shura) con la presencia del convocado Comandante de la CGRI, General Hussein Salamí, y del jefe de la Fuerza Aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, el general Amir Haji Zadeh, para discutir el derribamiento del aeroplano ucraniano y sus consecuencias. No trascendió lo discutido, pero el presidente del Consejo, Alí Larinjani, se manifestó conforme con las explicaciones dadas por los jefes del CGRI. A su vez, el Ministerio de Relaciones Exteriores anunció la formación de un comité especial para atender a los familiares de las víctimas.
Después de varios días de ambigüedad sobre las razones de la caída del avión de pasajeros ucraniano al oeste de la capital, Teherán, el gobierno iraní busca acabar la discusión declarando que la causa fue un error humano.
Según el general Hajji Zadeh, “la persona que lanzó el misil tenía solo diez segundos para tomar una decisión y alcanzó un objetivo equivocado. Asumimos toda la responsabilidad y estaremos sujetos a cualquier decisión tomada por las autoridades iraníes”, dijo. El comandante iraní explicó también que, por su altura y ángulo de vuelo, el avión ucraniano fue confundido con un cohete de crucero entrante y derribado. Sin embargo, desde el punto de vista técnico la argumentación iraní es insostenible. Las baterías de fabricación rusa que utiliza la defensa antiaérea de Teherán están preparadas para convivir con el intenso tráfico aéreo civil de una gran capital. Tienen dos radares, uno para la identificación de los objetos voladores y otro para guiar los cohetes hacia el objetivo. Además, ningún operador toma solo la decisión de disparar, sino que la consulta con su mando, generalmente instalado en otra parte. O sea, que entre el reconocimiento de un objeto volador en aproximación y la decisión de abatirlo trascurre un lapso bien mayor de los diez segundos referidos por el comandante de la Fuerza Quds. Asimismo, ningún radar ruso confundiría el vuelo a ras del suelo de los cohetes norteamericanos Tomahawk, con un perfil longilíneo, con el vuelo ascendente de un avión que despega y tiene un perfil redondeado. Da la impresión de que, ante el vacío producido por el asesinato de un líder tan impresionante como Soleimaní, alguien quiso poner a la conducción en serios problemas internos e internacionales.
Sobre la indignación popular por la muerte de 82 iraníes y 63 canadienses, de los cuales 57 tenían origen iraní, se ha montado una nueva ola de protestas en las cuales es difícil distinguir a los honestos de los agitadores instigados por las potencias occidentales. Absurdamente, entre los manifestantes fue detectado, detenido y expulsado el embajador británico Rob Macaire.
Mientras tanto, se agita el carrusel diplomático. El domingo se entrevistaron en Mascate, la capital de Omán, el canciller iraní Mohammad Javad Zarif y el nuevo sultán, Haitham bin Tariq Al Said, quien sucedió a su hermano Kabus que murió el viernes después de 50 años de reinado. Por su neutralidad, el Sultanato de Omán cumple en la región un central papel mediador. Los viajes se suceden. Rusia y China, en tanto, están sumamente activos en la región, la segunda, entre bambalinas.
En este contexto se inserta la reacción de Donald Trump ante los 22 cohetes iraníes de alcance medio que el miércoles 8 impactaron en las bases de Ain al Asad y Erbil. Aunque el presidente había amenazado previamente con serias represalias, si Irán se atrevía a atacar instalaciones o personal norteamericano, tras el ataque del miércoles se limitó a constatar que no se habían producido bajas entre el personal de las bases y que “el hecho de que tengamos el mayor potencial militar del mundo no significa que tengamos que usarlo”. La razón de tanta autocontención hay que buscarla en que la defensa antiaérea norteamericana no volteó ni un solo cohete iraní, porque no es capaz de detectarlos. Fue así que Benyamin Netanyahu se apresuró a declarar que “se trata de un problema entre norteamericanos e iraníes que no atañe a Israel” y Arabia Saudita manifestó su preocupación por el mantenimiento de la paz.
A pesar de la agudización de las hostilidades, ambas potencias intercambian señales de diálogo. El día del asesinato del general iraní, por ejemplo, Washington envió a través de intermediados suizos una advertencia a Irán para que sus represalias “fueran proporcionales” al agravio sufrido. A su vez, poco después del bombardeo del miércoles 8, Irán mandó a través de la embajada suiza un fax encriptado instando a EE.UU. a no planear más represalias.
El abatimiento del avión ucraniano modificó los cálculos. El liderazgo iraní está fuertemente presionado interna y externamente y los medios internacionales han olvidado el asesinato de Soleimaní, para concentrarse en la tragedia aérea. Es temprano para saber quién incurrió en el “error” voluntario, pero da la impresión de haber sido alguien que, ante la ausencia del gran líder militar, quiso desacreditar a la conducción de la Guardia Revolucionaria, sin reparar en las consecuencias políticas.
Ambos países están atravesando una severa crisis de liderazgo. Trump se esfuerza por ser reelecto en noviembre próximo y, para ello, está dispuesto a pactar a diestra y siniestra, sin atender a las consecuencias. La muerte de Soleimaní parece, en tanto, haber dejado a Irán a la deriva en medio de una grave crisis económica, corrupción y deslegitimación de la conducción.
Oriente Medio y el mundo no soportan tanto vacío de poder. Si no se restablecen rápidamente los puentes, la crisis en ambas potencias (la mundial y la regional) alentará a aventureros que quieran entronizarse a costa del conjunto.

lunes, 6 de enero de 2020

donald Trump ha traspasado una línea roja sin retorno

Si EE.UU. ataca a Irán, se va a encontrar con Rusia y China


Al ordenar el asesinato de Qassem Soleimaní, Donald Trump ha subido la apuesta desconsiderando la multiplicidad de las respuestas posibles y sin prever cómo zafar del pantano
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
6 de enero de 2020
Eduardo J. Vior
Con el asesinato del comandante de la fuerza Quds (Jerusalén) de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), el teniente general Qassem Soleimaní, Estados Unidos provocó a Irán, para arrastrarlo a una guerra en la que espera poder derrotarlo e imponerle condiciones ruinosas. Sin embargo, el alto mando estadounidense parece no haber tenido en cuenta la complejidad de las reacciones que ha despertado, la multiplicidad de alternativas a disposición de Teherán ni el forzoso involucramiento de Rusia y China.
“Que esto sirva como advertencia, hemos puesto en la mira 52 sitios [por los 52 rehenes tomados por la CGRI en 1979)] importantes para Irán y la cultura iraní y esos blancos serán golpeados muy rápido y muy fuertemente. ¡EEUU no quiere más amenazas!”, escribió Donald Trump este domingo en su cuenta de Twitter. Al presidente, obviamente, no le importó que muchos fueran sitios del patrimonio cultural de la Humanidad.
Desde el otro lado le replicó el general Hossein Salamí, jefe de los Guardianes de la Revolución Islámica que “el asesinato del mártir general Qassem Soleimaní será seguido por una venganza estratégica que definitivamente pondrá fin a la presencia de EEUU en la región”. Salamí agregó que la represalia iraní “vendrá en una vasta geografía, a lo largo del tiempo y con impactos determinantes”.
El general Soleimaní, comandante de la Fuerza Quds, a cargo de las operaciones especiales exteriores de la Guardia Revolucionaria, murió en la noche del 2 al 3 de enero, cuando abandonaba el aeropuerto de Bagdad a donde había llegado desde Damasco, alcanzado por dos cohetes Hellfire R9X Ninja disparados desde un dron MQ-9 Reaper que había despegado desde Catar. Junto con él fallecieron Abu Mahdi Al-Muhandis, subjefe de las Unidades de Movilización Popular (Al Hashd al Shaabi), la coalición de 40 milicias iraquíes que derrotó al Estado Islámico (EI), otros cuatro oficiales del CGRI y varios altos mandos iraquíes.
Como protesta ante el atentado, en todo Irán se realizaron masivas procesiones fúnebres. La primera tuvo lugar este domingo en la ciudad de Ahwaz, a donde llegó el cuerpo desde Kerbala (Irak). Posteriormente sus restos se trasladarán al santuario Imam Reza en Mashhad. En un hecho de significación mundial, este domingo la televisión iraní transmitió el izamiento de una bandera roja sobre la cúpula de la mezquita de Jamkaran, en la ciudad santa de Qom, en la que residen las principales autoridades religiosas del país. El estandarte traía la inscripción en farsi Ya la-Thārat al-Husayn (“¡Oh los asesinos de Husáyn!”) con la que se homenajea el sacrificio del Imán Husáyn en la batalla de Kerbala (683 dne) y se apostrofa a sus asesinos. El color rojo representa la sangre de los mártires. El martirio de Husáyn marca el inicio del Islam chiíta. La bandera no se había izado nunca desde que Irán se hizo chiíta en 1501. Cuando se la izó, el imán de la mezquita clamó “¡Oh, Alá! Acelera la reaparición de tu custodio”, pidiendo la venida del Mahdi (el Guiado). El Mahdi es el duodécimo Imán de la tradición chiíta, desaparecido en el siglo IX, que –según la tradición- volverá a la Tierra para dirigirla durante algunos años antes del fin del mundo, librándola del mal y restaurando la verdadera religión.
Este domingo se sucedían agitados intercambios diplomáticos entre representantes iraníes y extranjeros, para hallar una salida a la crisis creada por EE.UU. Teherán pidió una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar el asesinato de Qassem Soleimaní y la Unión Europea invitó al canciller iraní Mohamad Javad Zarif a Bruselas, mientras que la cancillería iraní advertía al embajador de Suiza (representante de los intereses de EE.UU.) que “un ataque contra sitios históricos o culturales constituye un crimen de guerra“. Entre tanto, fuentes de Teherán informaron que EE.UU. ha pedido insólitamente a Irán, a través del mismo mediador, que no lleve a cabo “una respuesta desproporcionada”. Por su parte, la región mediooriental está conmocionada. Diplomáticos sauditas, cataríes y emiratíes se distanciaron del ataque. En Bagdad, a su vez, el gobierno de transición declaró haber sido informado pocos minutos antes del bombardeo, pero haberse expresado en desacuerdo con el mismo, mientras que el parlamento exigió al gobierno que reclame el retiro de todas las tropas de la OTAN.
Entre tanto, en un aparente acto fallido, el primer ministro israelí Benyamin Netanyahu confirmó que su país es la única potencia nuclear de Oriente Medio. En una reunión de gabinete en la que se trataban sus negociaciones con Chipre y Grecia para construir un gasoducto, este domingo el procesado jefe de gobierno anunció que “de este modo Israel se convierte en potencia nuclear”, para corregirse inmediatamente y decir “potencia energética”. El acto fallido de “Bibi” debe entenderse como una terrible amenaza contra Irán. Lógicamente, Irán respondió canceló el cumplimiento de las obligaciones que le imponía el Acuerdo Nuclear de 2015.
El gobierno norteamericano habría apostado a que se produzca una respuesta iraní en Irak o en el Golfo Pérsico, pero Teherán tiene muchas opciones disponibles. En Irak, por ejemplo, las FMP pueden paralizar la salida del petróleo controlado por los estadounidenses, en Yemen los hutíes cerrarían el tránsito naviero por el Mar Rojo, mientras que en Afganistán, las milicias chiítas harían la vida imposible a las tropas de EE.UU.
Ante la inminencia de una guerra entre Irán y Estados Unidos China y Rusia ya se alinearon la semana pasada, al realizar maniobras navales junto con la marina iraní en el Golfo de Omán. No obstante, China todavía está pidiendo a ambas partes que mantengan la calma. Beijing no quiere guerras en Asia, porque dañarían su iniciativa del Nuevo Camino de la Seda y la Franja. Además, es la principal compradora de petróleo iraní, su mayor socio comercial en general e Irán es un nodo privilegiado para las comunicaciones hacia Occidente, por lo que China tiene un especial interés en la estabilidad de ese país.
Hasta ahora Beijing intentó equilibrar su apoyo a Teherán con buenas relaciones hacia Saudiarabia, pero esto cambiaría en caso de guerra. Por otra parte, sobre el Golfo de Omán también tiene costa Paquistán, donde la República Popular expandió el puerto de Gwadar como salida del ferrocarril Transhimalaya que le permitiría exportar hacia el Oeste, sin pasar por los mares del Sur de China y el Estrecho de Malaca. Por consiguiente, la gran potencia oriental no soportaría callada un ataque contra Irán. Del mismo modo, Rusia tampoco se mantendría quieta ante una agresión a su vecino que podría dejarla expuesta a ataques desde el sur.
EE.UU. asesinó al de facto segundo líder de la República Islámica, para provocar a Irán a comenzar una guerra frontal, en la que calcula derrotarlo fácilmente e imponerle una negociación desventajosa, para que entregue su arsenal de cohetería, se retire de Siria, Irak, Yemen y Afganistán y clausure definitivamente su programa nuclear. La operación fue ordenada, evidentemente, previendo una confrontación en territorio iraquí o en el Golfo, pero Washington no calculó la posible reacción de las milicias que el general Soleimaní organizó en la región ampliada ni la implicación de Rusia y China.
Donald Trump ordenó el asesinato del líder iraní en una fuga hacia adelante, presionado por la amenaza de juicio político y por las condiciones que la ultraderecha evangélica republicana le impuso para apoyarlo en la venidera elección presidencial de noviembre. En su lógica supone que hay que golpear fuerte al adversario, para imponerle condiciones de negociación ventajosas, pero este pensamiento binario no tiene en cuenta los sentimientos y las emociones de otras culturas y cosmovisiones. A esta altura de los acontecimientos es difícil avizorar quién podría interceder, para evitar una catástrofe de alcance planetario, pero sí se puede determinar que Estados Unidos se ha metido en un pantano sin salida. La pregunta es qué pasará después de su derrota.

sábado, 28 de diciembre de 2019

El juicio político contra Trump no es sólo un circo

En la batalla del Impeachment se juega la paz mundial


En la última semana la polémica por el juicio contra Donald Trump ha implicado a George Soros, mostrando que en el proceso se dirime la futura estrategia global de EE.UU.

Eduardo J. Vior
En momentos en que el juicio político contra Donald Trump está en un impasse, al acusar a George Soros de estar detrás del intento de deponer al jefe de Estado, el abogado de éste, Rudolph “Rudy” Giuliani, ha marcado la creciente distancia entre el presidente y el lobby israelo-norteamericano. En el impeachment contra Donald Trump no se dirime tanto la moralidad del presidente como la estrategia internacional de Estados Unidos.
En una entrevista con la revista New York Magazine, Rudy Giuliani afirmó el martes 24 que Soros usó su influencia para imponer a cuatro embajadores estadounidenses en Ucrania. El abogado no especificó los nombres a los que se refiere, mencionando solo a la última embajadora “controlada” por Soros, Marie Yovanovitch (2017-19). Según Giuliani, la diplomática presionaba a las autoridades ucranianas, para que cerraran las investigaciones anticorrupción que salpicaban a una ONG dirigida por el multimillonario húngaro-norteamericano. “No digan que soy antisemita si me opongo a él”, advirtió Giuliani, “Soros es apenas judío y yo soy más judío que él”, aseveró. “Es una persona abominable”, finalizó.
El asesor de Trump describió, cómo en 2017 una organización que llamó la “autoridad contable ucraniana” hizo un estudio y reveló que faltaban 5.300 millones de dólares en ayuda extranjera e intentó investigarlo. “De repente, miembros de la embajada de EE.UU. bajo el control de Marie Yovanovitch llegaron y dijeron a los ucranianos que no había necesidad de investigar ese gasto'”, agregó Giuliani. La historia coincide con la versión del entonces fiscal general de Ucrania, Yuri Lutsenko, quien en marzo de 2019 acusó a la representante estadounidense de presionarlo. En palabras de Giuliani, el dinero desviado de la ayuda humanitaria terminaba en las ONG de “Soros y los hijos de Soros”. La fundación Vidrodzhenia, la principal estructura de éste en Ucrania, ha financiado durante años a activistas y líderes antirrusos en el país. No obstante, el poder del magnate sobre Kiev ha disminuido en los últimos años, primero con la entrada de Donald Trump a la Casa Blanca, y luego con la elección de Volodímir Zelenski como presidente de Ucrania.
Al acusar al magnate, Giuliani intentó complicarlo con Joe Biden, uno de los principales precandidatos demócratas a la elección presidencial de noviembre próximo, cuyo segundo hijo Hunter fue entre el golpe de estado de 2014 y 2019 miembro del directorio de la empresa gasífera ucraniana Burisma, implicada en turbios negocios con el gas importado de Rusia. Precisamente, el proceso contra Trump está supuestamente motivado en la presión que el presidente habría ejercido en julio pasado en una conversación telefónica con Zelenski, para que éste investigara al hijo de Biden. Según la acusación, el presidente habría amenazado al ucraniano con retener la ayuda militar norteamericana, hasta obtener las informaciones requeridas.
La declaración de Giuliani suscitó la inmediata respuesta de Jonathan Greemblatt, presidente de la Liga Antidifamación, quien declaró que “la afirmación del Sr. Giuliani es ofensiva y desconcertante. Seamos claros, el Sr. Giuliani no es un árbitro para decidir quién es judío y quien no lo es”, dijo Greenblatt.
Con la diatriba contra Soros, Giuliani todavía no pudo sacar el proceso contra Donald Trump de su parálisis actual ni sumar puntos ante la opinión pública. Después de que el plenario de la Cámara de Representantes el pasado 13 de diciembre aprobó elevar al Senado la acusación contra el presidente por abuso de poder y por haber obstruido la labor del Congreso, la presidenta de la Cámara ha congelado el envío de los cargos al Senado, hasta tanto la mayoría republicana del mismo se avenga a actuar independientemente de la Casa Blanca y a citar a funcionarios del Ejecutivo cuya comparecencia hasta ahora ha sido prohibida por el presidente.
La batalla para fijar los parámetros del juicio se reanudará el próximo 3 de enero, cuando los congresistas vuelvan al trabajo tras dos semanas de vacaciones. Los demócratas quieren llamar entonces a declarar a varios testigos que la Casa Blanca les negó durante la primera fase del proceso, pero también buscan que la Administración haga públicos los documentos relacionados con el caso. Flojos de pruebas, los demócratas lo estarían reteniendo hasta imponer sus condiciones. Sin embargo, nada indica por el momento que los republicanos vayan a dar su brazo a torcer. El problema es que, aunque la ley obliga a los senadores a actuar como “un jurado imparcial”, Mitch McConnell, el líder del bloque republicano en la Cámara Alta, ya ha avisado que sus correligionarios están “coordinando totalmente” con la Casa Blanca. Esa actitud, empero, no sólo ha suscitado críticas internas, sino el rechazo de una parte de la opinión pública que desea que el juicio sea tan “objetivo” como se supone que es un juicio normal.
La actitud obstruccionista de los republicanos está volcando a la opinión. Según una nueva encuesta, el 55 por ciento de los norteamericanos dice estar a favor de la condena del presidente contra el 48 por ciento de la semana anterior. El día de Navidad sólo el 40 por ciento se oponía a la condena al presidente, el porcentaje más bajo desde que se pregunta por el tema. Tanto las posibles fisuras entre los senadores republicanos como estas encuestas dan a los demócratas la esperanza de dividir a sus oponentes. Los republicanos controlan 53 de los 100 escaños del Senado, pero unas pocas deserciones bastarían a los demócratas para imponer su lista de testigos.
El problema con la institución del juicio político es que está muy poco reglamentado. En las dos experiencias anteriores (en 1868, contra Andrew Johnson, y en 1998, contra Bill Clinton) se convinieron normas específicas y en ambos casos los presidentes fueron absueltos. Se trata de un mecanismo eminentemente político en el que no hay actores judiciales. No se busca la verdad, sino ventajas tácticas. Por ello, en los meses venideros, mientras que los demócratas tratarán de demostrar que el presidente es un corrupto que chantajeó a un mandatario extranjero para obtener información dañina para su competidor electoral y retaceó indebidamente información al Congreso, los republicanos se esforzarán por evidenciar que los demócratas no tienen pruebas contra el presidente y sólo quieren derrocarlo, porque no lo pueden vencer en las elecciones.
Que en este contexto Rudy Giuliani ataque a George Soros, arriesgando una confrontación con el lobby proisraelí en Washington, no es casual. Al mismo tiempo se intensifican las versiones de que Donald Trump está buscando un remplazante para el secretario de Estado Mike Pompeo. Para, finalmente, alcanzar la deseada negociación global con Rusia y China, el presidente necesita ser menos dependiente de la agenda israelí. Si vence a los demócratas (mayoritariamente globalistas y prosionistas) en la batalla del impeachment, espera ganar las elecciones y tener las manos libres para establecer con Moscú y Beijing las bases de una convivencia global. Pero si el mandatario es derrotado, el “Estado profundo” volverá por sus fueros e intentará recuperar por las armas el dominio que tuvo entre 1991 y 2015. En la batalla del impeachment se juega la paz mundial.

martes, 17 de diciembre de 2019

La elección británica extrema el riesgo internacional

Boris Johnson pone en peligro la paz mundial


El reelecto primer ministro británico prometió sacar a su país de la UE como sea, pero las dificultades de su aventura pueden inducirlo a poner en riesgo el orden internacional

Eduardo J. Vior
En la elección parlamentaria del pasado jueves 12 el líder conservador apostó muy fuerte y ganó en grande. Obtuvo el mayor éxito de los conservadores desde la elección de 1988 en la que Margaret Thatcher aplastó a los laboristas. Ahora tiene que cumplir su promesa de sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea (UE) a la brevedad. Entre tanto, pretende efectivizar el compromiso secreto que contrajo con Donald Trump a cambio del apoyo de éste para ganar la elección y cerrar pronto un acuerdo de libre comercio: privatizar el Servicio Nacional de Salud (NHS, por su nombre en inglés). Sin embargo, la resistencia que este paso puede despertar entre sus nuevos votantes venidos del laborismo y la negativa europea a aceptar sus condiciones en la transición hacia el Brexit pueden inducirlo a emprender aventuras demagógicas que pongan en peligro la paz mundial.
Este lunes 16 Boris Johnson recibió en Westminster a 109 nuevos diputados conservadores elegidos el pasado jueves, para planificar la votación parlamentaria de su acuerdo con los europeos para comenzar la salida de la Unión el próximo 31 de enero y encarar el financiamiento del sistema de salud y la policía. El primer ministro, quien conquistó el apoyo de miles de tradicionales votantes laboristas en los distritos populares del centro y norte de Inglaterra, ha proclamado que quiere hacer un “gobierno del pueblo” y “merecer la confianza del público poniendo en práctica el Brexit”.
Los conservadores están especialmente contentos por la incorporación a su bloque de una cantidad de diputados originariamente procedentes del laborismo. Por eso, quieren aprovechar su renovada potencia para apresurar la votación del acuerdo que el primer ministro alcanzó y comenzar a salir de la Unión Europea el próximo 31 de enero.
Una vez iniciada la separación, Johnson quiere negociar sendos acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y con Estados Unidos. Especialmente este último desea firmarlo antes de la elección presidencial norteamericana del 3 de noviembre próximo. Entre sus tareas prioritarias está también conseguir un remplazante confiable para la presidencia del Banco de Inglaterra, ya que Mark Carney deja el cargo a fin de enero después de seis años de gestión. Quien presida el Banco central de la quinta potencia industrial del mundo tendrá un rol relevante para el futuro de Londres como segunda capital financiera del planeta.
Después de su sensacional triunfo Johnson, guiado por su asesor Dominic Cummings, pretende reorganizar rápidamente el Estado británico y asegurar el financiamiento del sistema de salud y la policía. Asimismo debe decidir, si permite a Huawei instalar la red de telefonía celular 5G, un tema sensible que puede acarrearle un fuerte conflicto con EE.UU. Consciente del escaso margen de maniobra que tiene, el primer ministro ya declaró que “no es posible oponerse a la inversión extranjera en nuestro país, pero –aclaró- no podemos perjudicar nuestra capacidad para colaborar con nuestros aliados dentro de los Cinco Ojos”. Cinco Ojos (“Five eyes”) se llama a la asociación para el intercambio de información de inteligencia entre EE.UU., Canadá, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda. Washington ya ha amenazado a diversos aliados con suspender el intercambio de información sensible, si estos incorporan tecnología de Huawei.
Entre tanto, el Partido Nacional Escocés (SNP, por su nombre en inglés), que ganó 48 de las 59 bancas correspondientes a Escocia en el Parlamento de Londres, ha anunciado ya que, si Gran Bretaña sale de la UE, pugnará por que se autorice la realización de un nuevo referendo sobre la salida del reino, como se hizo en 2014. En aquel momento la mayoría de los votantes optó por permanecer dentro de GB, pero la salida del país de la Unión podría llevar a los escoceses a separarse, para seguir dentro del bloque europeo de quien dependen en gran medida.
El sábado pasado Boris Johnson agradeció a sus votantes por la victoria en las elecciones calificando el próximo Brexit como “una maravillosa aventura”. Ahora debe negociar con Bruselas las condiciones de la salida, pero no hay chances de que la mayoría de los europeos acepte las condiciones que pretende imponerles Londres. Si no hay acuerdo de transición con Europa, la frontera irlandesa se convertiría en un límite “duro”, con pedido de documentos y aduanas, lo que atizaría el nacionalismo de la población católica del norte, relativamente calmo desde los acuerdos de la Pascua de 1998. Además, los ciudadanos y mercancías británicas tendrían dificultades para ingresar a la UE, mientras se mantienen las obligaciones financieras del Reino Unido con la Unión. Se calcula que una salida tan dura costaría al reino el 8% de su PBI o 2.500 libras esterlinas por persona.
La alternativa pasa por aceptar las condiciones que Bruselas impone, pero, aunque menos dañina desde el punto de vista económico, esta solución también implicaría que las industrias automotriz y química y los servicios deberían someterse a las imposiciones de sus competidores europeos. Johnson ya estaba en octubre pasado confrontado con esta alternativa de hierro, pero salió aceptando que el control aduanero e inmigratorio esté entre Inglaterra e Irlanda y no en medio de ésta. Claro que esto implica que Irlanda del Norte de hecho permanezca dentro de la UE, mientras el resto del reino se va, pero este compromiso le permitió arrancar a Bruselas importantes concesiones para la circulación de productos y servicios británicos.
El sector fabril del Reino Unido registró en diciembre de 2019 el desempeño más débil en más de siete años, lo que aumenta las posibilidades de que la economía se contraiga en el cuarto trimestre, según IHS Markit. La lectura preliminar del sector de servicios, el componente más grande de la economía, se contrajo a 49 puntos, el mínimo en nueve meses. La posibilidad de abandonar la Unión Europea y la desaceleración global han afectado la demanda durante 2019. La decisiva victoria electoral de Boris Johnson la semana pasada podría apaciguar algunas preocupaciones a corto plazo, aunque quedan muchos interrogantes en torno a la futura relación del Reino Unido con la UE.
El panorama del futuro próximo es tremendamente duro para el Reino Unido. Cualquier acuerdo que haga con la Unión Europea y/o con Estados Unidos le implicará ceder posiciones fundamentales, a cambio de mantener el rol de Londres como capital financiera internacional. El intento de privatizar el sistema de salud puede volcar contra el gobierno conservador a los miles de votantes y a algunos dirigentes laboristas que ahora lo apoyaron por nacionalismo. La tentación del demagógico Johnson de inventar una aventura exterior en cualquier parte del mundo (incluso en el Atlántico Sur) para obligar a su pueblo a cerrar filas detrás de la reina va a ser muy grande. Para el reelecto primer ministro el Brexit es “una aventura maravillosa”. Nadie duda de que es una aventura, pero todos los demás estamos seguros de que no será maravillosa.