lunes, 6 de abril de 2015

Washington tambièn fue derrotado en Tikrit

OPINIÓN

Cálculo e incoherencia de ee uu en levante

Durante la batalla por Tikrit, la ciudad natal de Saddam Hussein recuperada de manos del Estado Islámico (EI), el pasado miércoles pasado la aviación de la coalición liderada por Estados Unidos estuvo mayormente ausente hasta la tercera semana, cuando ayudó a destrabar el bloqueo de la ofensiva, aunque algunas de sus bombas cayeron sobre las fuerzas iraquíes que pujaban por reconquistar la plaza. Hay quien dice que no fue un error y allí reside el enigma de la política norteamericana en Levante: ¿se trata de una genial estrategia para dividir y reinar o de la incoherencia de un imperio en crisis?
El triunfo iraquí tiene un doble valor estratégico: por un lado, con la liberación de la ciudad se abrió la ruta hacia Mosul, en el Norte. La tercera ciudad del país (hace un año tenía casi 2 millones de habitantes) es la mayor bajo control del EI. Por otro lado, la batalla fue principalmente ganada por el ejército iraquí con el apoyo de milicias chiítas y suníes con el asesoramiento de Quds, la brigada exterior de la Guardia Revolucionaria Iraní.
Vista en el contexto regional, la batalla verifica la cooperación fáctica entre EE UU e Irán, ya que el liderazgo central correspondió al general Kassem Soleimani, comandante de Quds. En un reportaje concedido el pasado 20 de marzo al Washington Post, el general retirado David Petraeus resumió la alarma de muchos jefes norteamericanos: "Las milicias chiítas representan la mayor amenaza a la estabilidad y al equilibrio de la región." Voceros oficiosos del Pentágono, a su vez, dudan de que las milicias chiítas tengan interés en liberar la mayoritariamente suní ciudad de Mosul. La propia incerteza revela hasta el corsé ideológico en el que Washington se encerró. En Irak siempre hubo diferencias étnicas y confesionales, pero se hicieron políticas cuando el Estado iraquí fue destruido en 2003. La alianza irano-iraquí y la coalición interconfesional que recuperó Tikrit, por el contrario, ayudan a recuperar la unidad nacional de Irak y a derrotar los planes de muchos –también del Pentágono– para dividir el país.
Otros grandes derrotados en la batalla de Tikrit han sido los saudíes y sus aliados del Golfo. Ya el pasado 5 de marzo el príncipe Saud al-Feisal, ministro de Exteriores de Ryad, declaró que "la situación en Tikrit demuestra que Irán está tomando el control del país".
Desde el punto de vista geopolítico, el acuerdo nuclear firmado esta semana con Irán indica que Washington reconoce a la República Islámica como un interlocutor regional garantizado por Rusia y China, pero no impide que siga tratando de reducir su influencia regional. En este sentido sirve a la política de dividir para reinar.
Lo mismo sucede con la tan proclamada escisión entre suníes y chiítas. Se trata de un recurso retórico que sirve a las poderosas cadenas de TV del Golfo para cimentar la lealtad (y el sometimiento) de sus poblaciones, pero no se corresponde con la realidad, como lo demuestran las alianzas pluriconfesionales e interétnicas que respaldan a los gobiernos de Siria, Irak y Yemen.
La estrategia divisionista se combina con la crisis del poder norteamericano por la competencia entre agencias gubernamentales y la división sectaria de EE UU. Por primera vez desde la Guerra Civil en el siglo XIX chocan allí visiones irreductibles sobre el futuro del país y su lugar en el mundo.
Ambas fracturas se expresan en órdenes contradictorias, comandos divididos y cambios repentinos de frente. Si bien este desorden permite a Barack Obama gobernar sin poder propio, difuminó el perfil de la política norteamericana hacia la región.
"A río revuelto, ganancia de pescadores" es la máxima que orienta a los actores en Levante. La falta de claridad sobre la estrategia de Washington los induce a subir sus apuestas. Nadie sabe hoy a ciencia cierta quién es EL aliado preferido de Estados Unidos y nadie está a salvo de que Washington, apostando a la división o por incoherencia, realice maniobras dañinas para sus propios aliados. En esas condiciones la sobrepesca puede agotar rápidamente el cardumen.

miércoles, 1 de abril de 2015

En Yemen pierde el Imperio

EE.UU. y la Liga Árabe, empantanados

Ambos contendientes en la guerra abierta la semana pasada entre la coalición de la Liga Árabe y la resistencia yemení liderada por la milicia Ansar Alá (Seguidores de Alá) buscan posicionarse para negociar la partición del poder en el Suroeste de Arabia, pero la multiplicidad de los actores y la tendencia de muchos a subir las apuestas pueden fragmentar Yemen, potenciar el extremismo y extender la guerra a los países vecinos.
A pesar de una semana de bombardeos masivos sobre posiciones civiles y militares y del bloqueo de todos los puertos por la coalición de 20 países árabes más Pakistán, la alianza entre las milicias chiíes, gran parte del ejército y de la policía y milicias nacionalistas continúa su avance en el sureño puerto de Adén, reacciona al ataque saudita incursionando más allá de la frontera y en el Este y el Sur mantiene a raya a las milicias beduinas aliadas a Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA).
Según la Liga Árabe, la operación “Tormenta de la Firmeza” responde al pedido del ex-presidente Abd-RabbuMansur Hadi (2012-14) que quiere ser repuesto en su cargo. Cuando éste subió al gobierno luego del derrocamiento de Alí Abdulá Salé (1990-2012), tenía el apoyo de la minoría chiíta de los Zaydis (llamados hutíes por el nombre de su líder), un tercio de la población del país que este grupo gobernó durante un milenio hasta 1962.Sin embargo, Hadi perdió credibilidad por su política oscilante. En setiembre pasado todavía quiso modificar la Constitución dividiendo el país en Norte y Sur y quitando a los hutíes el acceso al mar. Entonces la alianza nacionalista ocupó Sanaá y confinó al presidente. Para recuperar la iniciativa, el mandatario renunció en enero pasado, para luego desdecirse y ser sometido a arresto domiciliario de donde huyó en febrero, exiliándose finalmente en la capital saudita.
Medios occidentales y árabes afirman que la ofensiva hacia el Sur responde a un plan de Irán para conquistar Adén, llave de la ruta hacia el Canal de Suez, pero los nacionalistas yemeníes no necesitanla ayuda iraní, porque el ejército y la policía los proveen con armas norteamericanas, y buscan formar un gobierno de compromiso étnico y regional.
Las circunstancias empujan al Rey saudita Salman a buscar la solución de sus conflictos en el campo de batalla. Con 79 años y de mala salud, el monarca busca en el campo de batalla legitimar su joven reinado de dos meses. Como sus tropas han sido siempre derrotadas en Yemen (la última vez, en 2009), ha delegado ahora el mando en su hijo, el ministro de Defensa Mohamed bin Salmán, de 34 años. Éste logró integrar en una sola coalición poderes tan disímiles como los emiratos del Golfo, Pakistán, Egipto, Marruecos, Turquía y Somalía con el de Sudán del Norte, todavía considerado por Washington un “Estado terrorista”.
La guerra contra Yemen es parte de la competencia entre Arabia Saudita, Turquía y Egipto, por un lado, con Irán, por el otro, por la hegemonía sobre Levante, pero sigue reglas propias. La alianza patriótica surgida en el mayoritario Norte del país va más allá de los milicianos de Ansar Alá y se ha convertido en un movimiento popular. Esta coalición no puede impedir los ataques de la Liga Árabe y es difícil que pueda conquistar Adén, pero puede desgastar a sus adversarios mediante una guerra prolongada. Por su parte, Arabia Saudita también busca una negociación que devuelva al ex -presidente Hadi al poder en un gobierno compartido con los hutíes, pero, si la guerra se prolonga, Yemen se dividirá como lo estuvo desde la ocupación británica en el Sur en el siglo XIX hasta 1990. Si así sucediera, un reducido Noryemen quedaría cercado por el Norte y el Sur, pero las milicias hutíes comenzarán a operar en todo Levante y nunca habría paz. Al mismo tiempo, si el país se fractura, AQPA erigiría en el Sur un reino del terror que perpetuaría y expandiría la guerra al infinito. Por ello todos los contendientes necesitan sofrenar a sus propios perros de guerra, para evitar que el conflicto se difunda como una mancha de aceite.

lunes, 30 de marzo de 2015

Europa busca neutralizar el Banco de Inversión Asiático

OPINIÓN

En Asia se juega nuestro lugar en el mundo

En las últimas semanas la prensa china ha desmentido reiteradamente a los medios estadounidenses que acusan a Beijing de fundar el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por su nombre en inglés) para remplazar el sistema financiero y monetario mundial con centro en Washington por uno bajo su hegemonía. Razón no les falta, ya que el aluvión de pedidos de incorporación al AIIB antes del cierre de presentaciones el 31 de marzo confirma que el mundo ya tiene un segundo centro en el Este, pero la maniobra envolvente con la que los principales aliados de los EE UU han respondido a la convocatoria también puede afectar a los países emergentes.
Entre los solicitantes de incorporación figuran estrechos aliados de los EE UU, como el Reino Unido, Alemania y Francia. Esta semana pasada se sumaron Suiza, Austria, Corea del Sur y Australia. Japón todavía deshoja la margarita.
La carta de intención para el nuevo Banco fue firmada por veintiún países en Beijing en octubre pasado. La presión norteamericana evitó entonces que Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur se adhirieran, pero, cuando a principios de marzo el Canciller del Tesoro británico, George Osborne, anunció la adhesión del Reino Unido, impulsó a casi todos los aliados norteamericanos con intereses en Asia a acompañarlo. Osborne justificó la decisión diciendo que Gran Bretaña entra como país fundador para influir sobre la institución. Ante la avalancha, finalmente, el pasado domingo 22 el presidente Obama pidió que la nueva entidad, el FMI y el Banco Mundial (BM) cooperen estrechamente, a lo que adhirió la presidenta del Fondo, Christine Lagarde.
El AIIB resulta de una propuesta china para financiar proyectos de infraestructura en toda Asia. Se calcula que, para mantener una tasa de desarrollo aceptable, la región debería invertir unos 800 mil billones de dólares en los próximos veinte años. Entre los proyectos más urgentes para China se encuentran ferrocarriles que unan la sureña Yunnan con todo el Sureste Asiático, puertos en Indonesia, Pakistán y Sri Lanka (la llamada Ruta de Zheng-he, en homenaje al almirante que a principios del siglo XV exploró el Océano Índico) y la Nueva Ruta de la Seda que por Asia Central lleva a Europa.
Las potencias occidentales se adhieren al AIIB para condicionar sus decisiones. Según el Financial Times del pasado 18 de marzo en un comentario titulado “Con estos amigos …”, “China debe dejar de dar créditos por razones políticas a países corruptos y populistas como Sri Lanka, Zimbabue o Argentina, que luego caen en default, para guiarse más por criterios técnicos”. Con su crítica los conservadores ingleses quieren evitar que China use el nuevo Banco para ampliar su influencia internacional y pretenden ahogar a países emergentes independientes. Como además, por el peso del yuan en su volumen crediticio la nueva institución amenazaría la hegemonía del dólar, los europeos buscan limarle los dientes.
Las inversiones de Beijing en infraestructura en América del Sur y sus créditos a países de la región aumentan la circulación del yuan y permiten a la industria china acceder a recursos estratégicos. Tienen objetivos predominantemente políticos que dependen del liderazgo de Xi Jinping. Si la adhesión de potencias occidentales al Banco tuerce esta línea, el financiamiento de las potencias emergentes estará en riesgo y disminuirá la influencia mundial de Beijing.
Por ello es de esperar que China dosifique el ingreso de los nuevos socios. Al mismo tiempo, si los países de desarrollo medio pueden acceder con sus productos de consumo al mercado chino, fortalecerán la política del presidente chino para reducir las desigualdades entre las clases y regiones de su inmenso país y se beneficiarán con los proyectos de infraestructura del nuevo Banco.
La Nueva Ruta de la Seda y la Ruta del Almirante Zheng-he tienen más que ver con nosotros de lo que nos imaginamos.

martes, 24 de marzo de 2015

Las elecciones andaluzas cambian el sistema

OPINIÓN

El bipartidismo español ha muerto sin dejar heredero

Las elecciones autonómicas de Andalucía dieron la victoria al gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con 47 escaños y un importante desgaste al Partido Popular (PP), que cae de 50 a 33 escaños. Sin embargo, la presidenta de la Junta regional, Susana Díaz (40 años, al frente del gobierno desde 2013)  no obtendría la mayoría absoluta (55 diputados) y necesitaría coaligar con otro(s) partido(s), para conseguir los parlamentarios que le faltan. Otro dato importante de ayer es que la participación electoral aumentó del 47% en 2012 a casi el 64%, lo que marca el interés que despertó esta elección.
Podemos, la joven formación de izquierda popular dirigida en el Sur por Teresa Rodríguez (gaditana, 34 años, eurodiputada), ratificó todas las encuestas e ingresó al parlamento andaluz con 15 bancas, convirtiéndose en la tercera fuerza política. El dato llamativo, empero, no es tanto que Izquierda Unida (IU), hasta ahora socia menor de los socialistas, haya perdido a manos de Podemos la mitad de sus diputados, bajando de 12 a 5, sino el ingreso al Parlamento de Ciudadanos, un partido liberal que aumenta las opciones en el centro, con nueve bancas.
Ciudadanos–Partido de la Ciudadanía (C's) fue fundado en 2006 en Barcelona, tiene como presidente a Albert Rivera y se orienta por el liberalismo progresista y el socialismo democrático. El partido se define como liberal constitucionalista y afirma ubicarse en el centro, pero en Cataluña hasta sus propios votantes lo ubican entre el centroderecha y la derecha. La irrupción de C’ses casi tan importante como la de Podemos, porque si bien este moviliza a sectores populares, todavía debe consolidar este apoyo en políticas de gobierno. Por el otro lado, la aparición de una formación liberal es una novedad absoluta para España y llamativa para Europa en momentos en que el liberalismo político está en crisis.
La aparición de ambas fuerzas modifica el sistema partidario español, caracterizado por el bipartidismo del PP y el PSOE. Si este cambio se confirma en las elecciones municipales del próximo 24 de mayo, España estará enterrando el sistema que organizó la transición a la democracia, para adentrarse en una desconocida constelación de cinco partidos estatales con particularidades regionales que permitiría formar coaliciones de geometría variable: PP-Ciudadanos o PSOE-Podemos-IU o PP-PNV-CiU-Ciudadanos o PP-PSOE-Ciudadanos, etc.
Esta ampliación de las opciones políticas impide que alguna fuerza alcance la mayoría absoluta. Queda por saber cómo se van a conducir las distintas fuerzas en esta transición. Si el PP asume racionalmente su pérdida de influencia y se abre a coaliciones diferentes entre el Estado central y las autonomías, el nuevo esquema puede conducir a morigerar el neoliberalismo brutal de los últimos cuatro años. Si, por el contrario, el PP se abroquela en su actual reaccionarismo cerril, probablemente sea derrotado en las elecciones generales del 20 de diciembre próximo, sin que todavía se perfile una alternativa apta para sucederlo y en un clima de gran polarización.
A su vez, el Partido Socialista debe resolver entre varias alternativas: marchar hacia una gran coalición con los conservadores y desgajarse aún más por la izquierda o construir un polo de izquierdas con Podemos e Izquierda Unida más alguna formación regional, eventualmente también con coaliciones regionales variables. El primer paso hacia la nueva constelación lo dará Susana Díaz, cuando elija socio para su nuevo gobierno. Según con quién y sobre qué se entienda estará indicando el rumbo que propone a su partido a nivel estatal, cuya conducción pretende arrebatar al secretario general Pedro Sánchez, y esbozando el perfil del próximo arco partidario español.
Dos cosas ya se pueden afirmar a estas horas: la España que franquistas, comunistas, socialistas y liberales pergeñaron después de 1975 ha muerto, pero el parto de la próxima será doloroso.

lunes, 16 de marzo de 2015

En la UE todos descargan sobre Italia la crisis de Trípoli

OPINIÓN

Italia busca neutralizar la situación en Libia

Italia busca neutralizar la situación en Libia
Después de haberse firmado el jueves pasado el acuerdo para el cese del fuego entre los principales contendientes en la guerra civil libia, la encargada de las relaciones exteriores de la Unión Europea, la italiana Federica Mogherini, presiona a los cancilleresde la UE para que hoy den a Italia apoyo naval para controlar la afluencia de refugiados a la isla de Lampedusa.
La jefa de la diplomacia europea ha estado maniobrando a varias bandas para evitar que el enfrentamiento interno libio desborde e involucre a Italia. El control del petróleo y del agua que fluye desde un gigantesco acuífero bajo el desierto, así como el dominio sobre el tráfico del uranio de Níger para la multinacional francesa Areva y el multimillonario negocio del tráfico de migrantes hacia Europa se confunden allí con los intereses de las grandes potencias y las rencillas entre los países árabes y magrebíes. Del éxito de la ministra depende la paz en el Mediterráneo Central.
Los participantes en la reunión de hoy de Ginebra auspiciada por la Misión de Naciones Unidas para Libia (MISNUL), dirigida por el español Bernardino León, llegaron el jueves a un acuerdo para formar un gobierno de unidad, cesar las hostilidades y retirar las milicias de las ciudades. Las facciones firmantes del documento de diez puntos acordaron además combatir el terrorismo islamista que en los últimos meses ha surgido con fuerza en la costa central del país. Para desafiar el acuerdo, en tanto, combatientes del Estado Islámico (EI) atacaron el jueves una comisaría de policía en Trípoli, hiriendo a un policía y dañando el edificio.
La crisis actual nace con el derrocamiento violento de Muammar al Khadafi en 2011, del que participó una coalición heterogénea de políticos y militares junto con grupos beduinos que se combaten mutuamente desde hace siglos. El conflicto se agravó, primero, por la intervención aérea anglofrancesa y la indecisión norteamericana, y luego por la intromisión de Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que sostienen al gobierno reconocido, con sede en la oriental ciudad de Tobruk, por un lado, y por el otro de Turquía, Qatar y Túnez, que apoyan al gobierno islamista moderado de Trípoli.
Esta división regional y clánica del país se complica por la competencia entre las potencias. Mientras que EE UU y Francia soportan al gobierno de Tobruk, Gran Bretaña aprovecha las exportaciones del petróleo bajo control tripolitano. A ellos se suman distintas milicias regionales que escapan a todo control. Ante este panorama los países occidentales impusieron el lunes pasado en el Consejo de Seguridad de la ONU una moción contra el envío de armamento a Libia y ratificaron la misión de paz de MISNUL. Rusia se opuso, porque desconfía de que las negociaciones actuales puedan traer la paz.
Por el contrario, la diplomacia italiana busca desesperadamente que en Libia se alcance un acuerdo, para evitar que la guerra revierta en atentados en la península. Además, 170.000 refugiados han llegado en 2014 a Italia, muchos de ellos, libios. Al mismo tiempo, para pagar el apoyo que Silvio Berlusconi está dando a Matteo Renzi en su esfuerzo por centralizar el poder, el Cavaliere no se contenta con que la justicia lo sobresea en todas las causas penales, sino que exige al Palacio Chigi que recupere las cuantiosas inversiones italianas perdidas cuando Khadaffi fue derrocado.
El presidente del Consejo ha delegado la tarea en su adelantada en Bruselas, Federica Mogherini, quien viene negociando para acabar la guerra civil libia, contener la intervención extranjera y obtener ayuda naval europea para controlar el tráfico de refugiados.
El derrocamiento de Khadafi y la intervención extranjera destruyeron la unidad del país. La aparición del Estado Islámico en este caos alarma a Europa, Washington y Moscú, pero Gran Bretaña, Francia y EE UU están sólo relativamente interesados en la paz, porque mediante el control del petróleo libio mantienen bajo el precio internacional. Al mismo tiempo utilizan el tráfico de migrantes para bloquear a Italia y mantener viva en el continente la xenofobia y el racismo que necesitan para desviar la protesta social.
Ante este panorama el Estado Islámico se frota las manos porque, de fracasar el cese del fuego, quedará como único “representante auténtico de los creyentes”. En esta hipótesis las empresas occidentales seguirán haciendo negocios con las milicias locales, los migrantes continuarán muriendo a cientos en el mar, los jefes de los clanes libios se repartirán malamente el botín, el país africano atraerá y repartirá aún más yihadistas por África y Levante y la guerra se internacionalizará. Ante tantos interesados en el fracaso del acuerdo recién firmado, si Renzi quiere neutralizar la guerra, deberá conquistar más aliados en Europa y el Magreb.

lunes, 9 de marzo de 2015

Las elecciones británicas de mayo cambiarán la isla

OPINIÓN

Hasta la isla cambia

Aunque nos cueste creerlo, Gran Bretaña está cambiando y nadie sabe hacia dónde. Las encuestas preelectorales registran el crecimiento del Partido Laborista (LP) y un retroceso del Partido Conservador (CP). Sin embargo, las diferencias regionales y el crecimiento de partidos menores tornan imprevisible la formación del nuevo gobierno. No es probable que la política económica británica cambie radicalmente si sube al poder una coalición diferente a la actual entre el CP y el Partido Liberal Democrático (LDP), pero las relaciones con la Casa Real y entre las regiones del reino, así como su ubicación internacional se alterarían profundamente.
Hasta hace pocos días parecía que el LP superaría al CP por el 36-37% al 33-35% (dependiendo de las encuestadoras). Sin embargo, el jueves The Guardian dio a conocer un nuevo relevamiento específico para Escocia, según el cual el Partido Nacional Escocés (SNP), desde noviembre pasado presidido por Nicola Sturgeon, ganaría 56 de los 59 distritos de la región a costa de los laboristas, reduciendo las chances de estos de alcanzar la mayoría en Westminster. La encuesta fue encargada por Lord Aschcroft, un miembro conservador de la Cámara de los Lores que desde hace algunos años financia encuestas electorales distritales que habitualmente no se hacen porque son muy caras. El par afirma ser imparcial, pero los medios opositores dudan de los resultados y habrá que esperar otros estudios para tener más certeza.
De todos modos la encuesta confirma la transformación del sistema partidario británico de uno basado en "dos partidos y medio" (CP, LP y LDP como hermano pequeño necesario para formar coaliciones) a otro de seis (los tres mencionados más el SNP, los Verdes o GP, y el Partido para la Independencia del Reino Unido, UKIP). Además la ley electoral de 2011 le quitó a la reina la facultad de disolver el Parlamento y convocar a elecciones según conveniencia del partido de gobierno. Por ello la fecha del 7 de mayo está fijada desde hace cuatro años. A cambio de esta concesión a los liberales los conservadores mantuvieron en el referendo de 2011 el sistema de mayoría por distrito. Quien gana en su circunscripción se lleva el mandato y deja a las minorías sin representación. Este sistema favorece a los partidos con mayor implantación territorial, pero desperdicia muchos votos y perjudica a los distritos más poblados. Otra picardía de David Cameron y sus huestes fue pasar de la inscripción en el registro electoral por residencia, en la que una persona anotaba a todos los que vivían bajo su responsabilidad, al registro individual. Esto implicó que las universidades y otras residencias colectivas dejaran de inscribir a sus habitantes, dejando afuera del padrón electoral a un millón de jóvenes que en las actuales circunstancias habrían votado contra los conservadores.
Tres grandes temas organizan el debate electoral: 1) la continuidad de las políticas de ajuste; 2) una mayor "restitución" de facultades al Parlamento escocés y a la Asamblea galesa, lo que genera una contracorriente en favor de la "restitución" de facultades a Inglaterra y la formación de un parlamento regional propio; 3) el posicionamiento del Reino ante la Unión Europea y en la política internacional. Aunque en recientes encuestas el UKIP ha perdido simpatías, se mantiene alrededor del 14% y podría convertirse en aliado de los conservadores, si estos siguen siendo primera minoría, pero no logran acordar con los liberales. En este caso el gobierno se distanciaría de la UE y el resultado del referendo de 2017 sería imprevisible. Si, en cambio, se forma un gobierno minoritario de los laboristas apoyado por los nacionalistas escoceses y galeses, los socialdemócratas norirlandeses y los verdes, este adoptaría algunas medidas sociales para compensar los brutales ajustes de años recientes, profundizaría la devolución de soberanía a las regiones, metería en caja a los Windsor y preferiría una línea proeuropea al avance del libre comercio transatlántico. Por ahora, una gran coalición o que partidos del centro-izquierda coaliguen con el UKIP resulta impensable.
En cualquiera de las opciones se reactualizará la discusión sobre la reforma del sistema electoral porque todo partido pequeño que apoye al gobierno reclamará la introducción del sistema proporcional, para aumentar la representación de las minorías en Westminster.
El bajo crecimiento económico, las extremas desigualdades sociales y regionales, la incapacidad del Estado para incorporar a los inmigrantes y el consecuente crecimiento del racismo y la xenofobia, la reducción de los privilegios de la realeza, la restitución de los derechos y la propiedad robados desde hace siglos a las regiones dominadas son componentes de un cóctel explosivo pronto a estallar. Gran Bretaña está habituada a mirarse en un espejo que la muestra como un poder imperial siempre igual a sí mismo, pero hasta el que usaba Dorian Grey estalló.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Implicaciones internacionales de la muerte de Nemtsov

La conexión chechena de la modelo

Los investigadores de la muerte de Boris Nemtsov apuntan hacia una conspiración ucraniana junto con activistas chechenos para desestabilizar a Rusia, aprovechando la supuesta relación entre la novia del asesinado, la exuberante Anna Durítskaya, y el comandante checheno al servicio de Ucrania Adam Osmayev.

La conexión chechena de la modelo
Los investigadores de la muerte de Boris Nemtsov apuntan hacia una conspiración ucraniana junto con activistas chechenos para desestabilizar a Rusia, aprovechando la supuesta relación entre la novia del asesinado, la exuberante Anna Durítskaya, y el comandante checheno al servicio de Ucrania Adam Osmayev.
El gobierno afirma que con el asesinato se intentó desestabilizar la situación política rusa. Todo indica la intervención de profesionales: el asesinato se produjo a metros del Kremlin, en un ángulo del puente no cubierto por ninguna cámara y cuando pasaba la barredora de nieve cuyo ruido ocultó el de los disparos. El coche utilizado se perdió inmediatamente en el tránsito del centro.
Las primeras declaraciones de la modelo fueron contradictorias. Durítskaya se negó a someterse al detector de mentiras, aunque su abogado aseguró que respondió a todas las preguntas de los investigadores. La testigo regresó el martes a Ucrania donde, según su abogado, se mantendrá a disposición de las autoridades rusas.
Miembros del batallón checheno de sabotajes del ejército ucraniano podrían haber intervenido para vengar la muerte de su comandante Isa Munayev en el frente de Debáltsevo el 1 de febrero. Munayev fue jefe rebelde en la segunda guerra chechena (1999-2009) y condujo el terrorismo islamista en la región, hasta que en 2006 se refugió en Dinamarca. De allí se trasladó a Ucrania en marzo de 2014 con una brigada chechena. Curiosamente ha sido hasta ahora la única baja del batallón Dudayev, especializado atentados detrás de las líneas pro rusas.
Lo sucedió Adam Osmayev, joven comandante checheno formado desde su niñez en Inglaterra, donde en 2000 recibió instrucción militar, en Wycliffe. En marzo de 2012 fue detenido en Odessa, después de que estallara un explosivo en el departamento donde estaba, y hasta enero de 2014 estuvo preso a pedido de Rusia, acusado de complotar para asesinar a Putin. Se salvó de ser extraditado por la intervención de la Corte Europea de Derechos Humanos y por el golpe de estado ucraniano de febrero de ese año.
Hubo casos anteriores que también se achacaron al presidente Putin y nunca se investigaron a fondo, como la muerte del magnate exiliado Boris Berezovsky, en Londres en marzo de 2013; la del ex-espía ruso Aleksandr Litvinenko, envenenado con polonio 210 en Londres en noviembre de 2006; Anna Politkóvskaya, periodista rusa de origen estadounidense, tiroteada en el ascensor de su departamento moscovita en octubre de 2006; y Sergei Yushenkov, opositor liberal, asesinado en Moscú en abril de 2003. Pero ninguno tuvo las implicaciones que puede tener el presente.
Si la acusación se dirige contra Osmayev, puede fomentar el rechazo de la mayoría rusa contra los chechenos, incluidos muchos opositores, pero unificar a este pueblo caucásico hoy dividido entre partidarios y enemigos de Moscú. En efecto, el Kremlin no sólo derrotó militarmente a los islamistas, sino que obtuvo cierta paz en la región gracias a ingentes transferencias financieras que aprovechó el presidente Ramzán Kadýrov. Este paga con su lealtad y con unidades especiales que participan de la custodia del Kremlin, pero desde que se redujeron los pagos por la crisis económica estaría presionando por más fondos junto con funcionarios de otras regiones. Hoy nadie garantiza su lealtad y las manifestaciones proislámicas que se realizaron en Grozny en enero después del atentado en París sugieren un acercamiento entre las facciones islamistas moderadas y radicalizadas. Además, durante la batalla de Debáltsevo trasmisiones en checheno desde las filas pro rusas llamaban a sus connacionales del otro lado a la unidad.
Si el gobierno ruso consigue hacer creíble su hipótesis de un  conspiración ucraniano-chechena para matar a Nemtsov y crear el caos, salvará su buen nombre, pero puede detonar el polvorín caucásico que tanto le costó apagar.