martes, 17 de julio de 2018

Entrevista sobre la cumbre Putin-Trump en Helsinki

Para quien tenga ganas de escuchar media hora de muy buenas preguntas y mis respuestas sobre la cumbre que celebraron Vladimir Putin y Donald Trump en Helsinki el lunes 16, pueden hacerlo a partir de la mitad de esta grabación de la emisión de "Voces del mundo" con la conducción de Telma Luzzani y Néstor Restivo: https://mundo.sputniknews.com/radio_voces_del_mundo/201807171080479408-eeuu-rusia-presidentes-cumbre-en-finlandia/

viernes, 13 de julio de 2018

Se asoma el planeta del bilateralismo

La guerra comercial da al mundo un nuevo perfil

Aunque China y EE.UU. superen su diferendo comercial, un eventual acuerdo bilateral entre ellos y las nuevas alianzas de muchos otros anuncian el fin del multilateralismo.
Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
13 de julio de 2018
Eduardo J. Vior
Después de que el miércoles 11 el gobierno norteamericano anunció una nueva ronda de aumentos tarifarios sobre productos importados de China y de que el presidente Trump y la canciller alemana Angela Merkel tuvieron un fuerte choque en la cumbre de la OTAN en Bruselas, nadie más duda de que la nueva política mundial norteamericana va en serio. Sin embargo, al abrir tantos frentes al mismo tiempo, el líder norteamericano está propiciando el surgimiento de nuevas alianzas que cambian radicalmente el escenario mundial.

El presidente Trump está decidido a revolucionar las reglas del comercio mundial. Al mismo tiempo castigó a China y a los miembros de la Unión Europea subiendo radicalmente los aranceles sobre productos importados de esas regiones. A los chinos les impuso tasas enormes sobre productos tecnológicos. Los europeos, en tanto, ven sus exportaciones de acero y aluminio enormemente encarecidas. El látigo arancelario laceró especialmente a Alemania a cuya industria automotriz amenazó con tarifas impagables.

Rápidamente europeos y chinos se acurrucaron para guarecerse. A principios de la semana la visita del primer ministro chino, Li Keqiang, a países de Europa del Este y Alemania inmediatamente dio frutos. Ya se firmaron acuerdos comerciales y de cooperación tecnológica por un valor total de 23.000 millones de dólares. Además, Beijing espera que se firme una declaración conjunta con la UE para condenar la política económica de Donald Trump.

La visita del alto mando chino tuvo por objetivo unir a los países afectados por la política de Trump. Como señuelo China ofreció a los europeos facilitarles el acceso a su mercado. Por su parte, la canciller alemana Angela Merkel destacó que los aranceles impuestos contra China dañan el negocio alemán. Para aumentar su atractivo, China prometió introducir profundas reformas de mercado y abrirse aún más a las inversiones europeas. A cambio obtuvo el compromiso de que Alemania intercederá ante la UE, para abrir el mercado europeo a las importaciones e inversiones chinas.

La unidad de la Unión Europea es otra cosa que apoya China, especialmente como reacción ante la oferta que Donald Trump hizo recientemente al presidente francés Emmanuel Macron, para que Francia abandone la UE y se asocie comercialmente con Estados Unidos.
 
Especialmente los fabricantes de automotores apuestan a una relación privilegiada con China. Durante la visita de Li Keqiang a Alemania los máximos directivos de Volkswagen, BMW, Dailer-Benz y otras firmaron muchos contratos con los representantes chinos. Los dos países se complementan bien en términos económicos. Sin embargo, es difícil que se acerquen políticamente. Los alemanes no quieren perder el paraguas de la OTAN, aunque Trump se los cobre caro. Los chinos, por su parte, mantienen una competencia hegemónica con Japón con el que Alemania tiene muchos vínculos históricos y económicos. China, finalmente, tiene una estrecha alianza con Rusia a la que necesita, entre otras cuestiones, para desarrollar el Camino de la Seda. Alemania, en tanto, ve en Rusia un buen socio comercial, pero con el que comité políticamente. Como balance, puede preverse que ambas potencias afiancen su vínculo comercial y coincidan en la defensa de la Organización Mundial del Comercio (OMC) contra los embates norteamericanos, pero no mucho más.

A pesar de que los tambores de guerra están redoblando, ya se insinúa una cierta disposición al diálogo por ambas partes. Después de que EE.UU. anunciara la nueva lista de aranceles sobre las importaciones chinas por valor de U$S 200.000 millones, el viceministro de Comercio de China, Wang Shouwen, dijo que “cuando tenemos un problema comercial debemos hablar sobre él”.

Si bien la declaración se hizo en un contexto de nuevas amenazas de represalias por parte de Beijing, coincide con cierta disposición del equipo de Trump a reanudar conversaciones de alto nivel, según versiones procedentes de la Casa Blanca.

Las comunicaciones entre altos miembros de los gobiernos de Trump y de Xi Jinping se han desvanecido desde que una tercera ronda de negociaciones formales finalizó sin acuerdo a principios de junio. Los EE.UU. siguieron adelante con un plan para imponer aranceles de 25 por ciento a 34.000 millones de dólares en productos chinos la semana pasada y generaron represalias por parte de los chinos.

Hacia el 20 de agosto están previstas las audiencias y consultas que el Departamento de Comercio de EE.UU. debe llevar adelante, antes de poner en vigencia las sanciones, de modo que ambos países tienen ahora unas siete semanas para llegar negociar. Si no alcanzan ningún acuerdo, los aranceles norteamericanos entrarán en vigor el 30 de agosto y abrirán el camino para nuevas sanciones sobre otros 250 mil millones de dólares. Una vez que 450 mil millones de dólares en bienes transables sean castigados por cada lado puede augurarse la parálisis del comercio mundial.

“Cuando dos gobiernos llegan a este tipo de situación, incluso si en el frente oficial están peleando, es muy importante que más atrás haya algo que les permita declarar un cese del fuego llegado cierto punto”, dijo el miércoles Rufus Yerxa, presidente del Consejo Nacional de Comercio Exterior de EE.UU., en una entrevista de Bloomberg TV. “Por el momento, es algo que ninguna de las dos partes va a reconocer. Se están posicionando para el juego final”.

Si bien no hay conversaciones formales previstas, el diálogo entre ambos países continúa entre burócratas de menor nivel y el presidente Trump ha seguido destacando su amistad personal con Xi.
En algún momento ambas potencias se sentarán a negociar, pero los acuerdos bilaterales que puedan alcanzar torpedearán en la línea de flotación el sistema multilateral de comercio vigente desde la década de 1990. Por otra parte, cuanto más tarden en ponerse de acuerdo, mayores serán los daños para la economía mundial. El sistema multilateral era dañino para muchos países emergentes, pero la falta de reglas comerciales lo es más. Al mismo tiempo, las alianzas que los contrincantes van tejiendo por las dudas permanecerán. Roto el sistema multilateral de la globalización, cada cual atiende su juego y el que no, una prenda tendrá.

martes, 10 de julio de 2018

En Levante asoma el entendimiento

En Medio Oriente se abre un paréntesis esperanzador

Ante el eclipse de la influencia de los Estados Unidos en la convulsionada región y el ascendente rol mediador de Rusia, una actitud más prudente de los gobiernos de Israel, Irán y Siria podría ayudar a que esta vez un camino hacia la paz sea vea posible. El papel crucial que juegan Arabia Saudita y Turquía.
Revista T
Por Eduardo J. Vior
24 de Junio de 2018

En un gesto inusual, el Estado Mayor israelí anunció el sábado 2 de junio que está investigando las circunstancias en que sus tropas mataron por la espalda el día anterior, en el sur de la franja de Gaza, a Razan al-Najar, una enfermera voluntaria de 21 años que corría con su uniforme blanco a socorrer a un herido junto a la valla. El poco habitual gesto informativo israelí parece inscribirse en un cambio epocal que en las últimas dos semanas se ha iniciado en Medio Oriente. Gracias a la mediación rusa, se renueva la posibilidad de alcanzar una paz negociada para la región entera.
Fuentes estadounidenses e israelíes dieron cuenta ese sábado del retiro de las fuerzas iraníes y del Hezbolá libanés del sur y el suroeste de Siria. La retirada iraní sigue a un acuerdo ruso-israelí que permitirá al Ejército Árabe Sirio (EAS) avanzar hasta la frontera jordana en el sur y el confín con los territorios ocupados del Golán, en el suroeste. Los grupos terroristas estacionados en esas provincias entregarían sus armas a los rusos, en tanto los norteamericanos se retirarían del límite sirio-jordano para pasar a vigilar esa frontera junto a Rusia.
Ya a mediados de mayo, representantes iraníes e israelíes habrían acordado en una reunión en Jordania el retiro de los iraníes y de Hezbolá del confín con el Golán, a cambio de que Israel cese de atacar objetivos iraníes en Siria. Finalmente, el jueves 31, el presidente ruso Vladimir Putin y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu hablaron por teléfono, mientras el ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, se encontraba en Moscú discutiendo la seguridad del borde sirio-israelí.
Como demuestra la reanudación de los choques en la valla que circunda Gaza, sobran las fuerzas que intentan sabotear las negociaciones, sea porque quieren la guerra o, simplemente, porque quieren conquistar su asiento en la mesa de diálogo. Entre los incendiarios está el teniente general Kenneth McKenzie, jefe del Estado Mayor Conjunto de EE UU, quien advirtió a Bashar al Assad que no intente recuperar los territorios del tercio noreste del país, ocupados por el Frente Democrático Sirio (FDS) –alianza liderada por las milicias kurdas con el apoyo de 3000 efectivos estadounidenses–, como amenazó el presidente sirio en una entrevista con la televisión rusa, si el FDS no se aviene a negociar. La clave de la liberación del norte de Siria, empero, depende mucho más de la estabilización de Turquía.

Turquía, en el cruce entre dos mundos
Unos 50 millones de votantes turcos se preparan para ir el próximo 24 de junio a las urnas, en una elección anticipada que no sólo puede cambiar radicalmente su régimen político sino también el lugar del país en el Medio Oriente ampliado. Cuando en abril pasado el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan convocó a los comicios, justificó el adelantamiento (originariamente tendrían lugar en 2019) por la cambiante situación internacional, que exigiría acelerar la actual fase de transición hacia el sistema presidencialista.
Entre los desafíos más urgentes de Turquía se encuentran la lucha contra la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) –hoy financiada desde Occidente–; el conflicto con EE UU por la protección que éste da a los kurdos en el norte de Siria; la extradición del clérigo Fetulá Gülen (acusado por el intento de golpe de estado de 2016), refugiado en Estados Unidos; la paralización del proceso de adhesión turco a la Unión Europea; el viejo conflicto en Chipre; y las problemáticas relaciones del país con Egipto, Israel, Libia y Yemen.
A partir de la intervención rusa en Siria en septiembre de 2015, Turquía dio un giro de 180 grados y pasó a sostener la unidad del país árabe, aunque manteniendo la ocupación de una franja en el norte del país. Para ello acaba de acordar con EE UU el retiro de las milicias kurdas de la ciudad de Manbij (ver recuadro) y su remplazo por tropas turcas, pero sin que los norteamericanos deban retirarse.
A los factores internacionales se han sumado las malas condiciones económicas internas. Tanto la inflación como el desempleo han superado el 10% y siguen subiendo. El déficit presupuestario se incrementó el 58% en 2017, y en lo que va de 2018, la lira turca se devaluó un 20% respecto del dólar. Como agravante, por primera vez desde que llegó al gobierno en 2003, Erdoğan afronta el acuerdo entre tres partidos opositores, para apoyar juntos al candidato que llegue a la segunda vuelta.
En estas condiciones, la convivencia con Rusia e Irán es vital para el sostenimiento del régimen religioso conservador.

Arabia Saudita, en una transición sin rumbo
Desde que en junio de 2017 el hijo del rey Salmán, de 82 años, Mohammed bin Salmán, de 32, desplazó de la línea sucesoria a su primo Mohammed bin Nayef, puso en marcha un proceso de modernización autoritaria que lo ha enemistado con buena parte de la familia real saudí, y eso sin resolver ninguno de los problemas internos y externos que afronta.
El principal dilema exterior del reino está en la guerra que desde hace tres años lleva en Yemen. Al menos mil soldados saudíes han muerto ya desde el inicio, en marzo de 2015, de una guerra que nadie sabe cómo acabar. En los últimos días, el movimiento noryemení Ansaralá (conocidos como “los huti”), apoyado por la mayoría del ejército, intensificó sus ataques al suroeste de Arabia. La guerra se inició cuando sauditas, emiratíes y bahreiníes invadieron Yemen para reponer al renunciado presidente Abd Rabuj Mansur Hadi. Ya costó las vidas de más de 10 mil yemeníes, hambrunas y epidemias. No obstante, la coalición todavía no ha logrado restaurar en el poder al exmandatario ni eliminar al movimiento chiíta Ansaralá, que cuenta con el activo apoyo de Irán.
Tanto más desconcertante resulta para los observadores el avance de la coalición hacia el puerto norteño de Hodeida, principal vía de abastecimiento de la capital Sana’a. Informes recientes sostienen que los atacantes se han acercado a 20 kilómetros del puerto. Hasta no hace mucho, rusos y norteamericanos –cada uno respaldando a uno de los bandos– se habían opuesto a que los sureños atacaran esta ciudad de 400.000 habitantes, por la catástrofe humana que se desencadenaría. La Casa Blanca dice que no levantó su veto al avance. El Kremlin, en tanto, no se manifestó. El ex embajador norteamericano Gerald Feierstein supone que los huti piensan luchar en la propia ciudad, lo que provocaría un desastre entre la población civil. Otro ex embajador, Stephen Seche, interpreta el avance sureño como una presión, para obligar a los norteños a retornar a la mesa de negociaciones auspiciadas por la ONU, pero nadie puede asegurar que sea así.
No sería de extrañar que exista un medio guiño ruso y norteamericano para el ataque, pero es más probable que la solución provenga de Irán, que desde febrero pasado ha venido negociando la paz en Yemen con las potencias europeas como parte de los intentos por mantener a EE UU dentro del acuerdo nuclear de 2015. Si este común interés iraní y europeo tiene éxito, Yemen reencontraría la paz.

Irán busca su camino
En tanto, en Irán las cosas no están tan claras. Cuando Donald Trump anunció la retirada de EE UU del Joint Comprehensive Plan of Action, es decir, el acuerdo nuclear 5+1 con Irán, Hasan Rohaní (un “reformador” contrario a la propagación de la revolución islámica) reaccionó recurriendo a los europeos. Los Guardianes de la Revolución, por su parte, convencieron a su aliado sirio de atacar el Golán ocupado (el pasado 10 de mayo); Hezbolá anunció que esa operación iniciaba una nueva estrategia regional; y Hamás intensificó las movilizaciones contra la valla que rodea la franja de Gaza. Como Israel temió que los Guardianes la atacaran simultáneamente desde Siria, Líbano y Gaza, lanzó una serie de bombardeos contra objetivos iraníes en Siria que movieron a los diplomáticos hacia los acuerdos de los últimos días.
Los Guardianes de la Revolución han logrado el repudio unánime de los pueblos de la región a la represión israelí contra los manifestantes palestinos. Dentro de Irán, en tanto, han mostrado que el acuerdo nuclear estaba en un callejón sin salida. Ahora negocian con todas las potencias desde sus posiciones. Vladimir Putin y Donald Trump lo han entendido. Por eso el acuerdo sobre el retiro de las tropas iraníes se limita al sur de Siria, y Teherán es parte de las conversaciones sobre Yemen.

¿Qué chance tiene Palestina?
Después de la Guerra Fría, Estados Unidos tuvo la oportunidad de negociar una paz ampliada para todo Oriente Medio, pero fracasó por la resistencia del Likud israelí. Bill Clinton y George Bush hijo se limitaron a negociar la solución bautizada “dos naciones, dos estados”, en la que Israel nunca creyó. Desde principios de la década pasada, Netanyahu la sepultó con la ocupación de Cisjordania, adonde se establecieron 800 mil colonos. El territorio palestino quedó allí segmentado y sin posibilidad alguna de sostener un Estado.
El plan trazado por el yerno del presidente Trump, Jared Kushner –hoy asediado por los fiscales que investigan el Rusigate–, pretende sólo detener la adquisición de territorios por parte de Israel y que los árabes acepten el nuevo trazado, pero esto es imposible.
La salida de la guerra en Siria mediante acuerdos ruso-israelíes e irano-israelíes ofrece, paradójicamente, la posibilidad de que una mediación rusa a varias bandas contemple los intereses de turcos y sirios, de israelíes e iraníes, de norteamericanos y kurdos, y restablezca de ese modo un cierto equilibrio regional. Para que los palestinos también tengan su parte, Netanyahu debería ser persuadido de abandonar su política de apartheid a cambio de obtener el reconocimiento internacional del río Jordán como la nueva frontera de un Estado israelí-palestino binacional.
El 4 de mayo se supo que es inminente una cumbre Trump-Putin para tratar las condiciones de la paz en el Oriente Medio ampliado. Ante el ocaso de la hegemonía norteamericana en la región, el creciente rol arbitral de Rusia, la prudencia de los liderazgos de Irán, Siria y Turquía y el súbito realismo de la conducción israelí están preparando una paz negociada. Es la primera chance realista en muchos años de salir de la guerra, al menos, por ahora.

Excesos en Gaza
La sesión de emergencia del miércoles 13 de junio, convocada al cierre de esta edición por la Asamblea General de las Naciones Unidas, difícilmente haya terminado de otro modo que con EE UU utilizando su derecho al veto, con lo que no habrá condena a Israel por el “uso excesivo de la fuerza” en Gaza.
La crítica situación humanitaria en la Franja, luego de la muerte de decenas de manifestantes por la violenta represión del ejército israelí allí y en los territorios ocupados de Cisjordania, disparó una petición formal de Argelia y Turquía para que la asamblea debatiera un proyecto de resolución instando a detener “cualquier fuerza excesiva, desproporcionada e indiscriminada” contra los palestinos, además de exigir “medidas inmediatas para poner fin a las restricciones impuestas por Israel a la libertad de movimiento de la población en la Franja de Gaza”, sitiada desde 2007.
No hay mayores diferencias entre este documento y otro que el Consejo de Seguridad analizó a principios de junio, que recibió diez votos a favor y cuatro abstenciones, pero cuyo borrador fue vetado por Estados Unidos.
Al menos 135 palestinos murieron en Gaza desde el 30 de marzo pasado, y otros 12 mil resultaron heridos a manos de las fuerzas armadas israelíes, mientras se movilizaban en las llamadas “marchas del Retorno”, que reclaman el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares.
Desde la organización Human Rights Watch denunciaron que fotografías y videos de la represión muestran ”un patrón de las fuerzas israelíes, que disparan con munición real contra personas que no representan una amenaza inminente a la vida”, y exigieron que la ONU identifique a los oficiales “responsables de emitir órdenes ilegales de abrir fuego”.

No todos van a la paz
Los partidos oficialistas israelíes presentaron un proyecto de ley para que Israel promueva la creación de un Estado kurdo. Ya durante la Guerra Fría, Tel Aviv se alió con los kurdos iraquíes. Ambos combatieron juntos a los kurdos de Turquía y ayudaron en 1999 al secuestro de Abdulá Öcalan, líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), desde entonces preso en Turquía. En 2017, Israel fue el único país que reconoció la independencia del Kurdistán iraquí, pero la supresión del autogobierno regional por Bagdad –con la aprobación internacional– abortó la invención de un Estado tapón entre Irán, Irak y Turquía.
Entre tanto, el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo y el ministro de Relaciones Exteriores turco Mevlüt Çavuşoğlu acordaron el lunes 4 de junio en Washington el remplazo progresivo por unidades del ejército turco de las milicias kurdas en Manbij, al norte de Alepo. El acuerdo fortalece la faja de seguridad que Turquía ha erigido en el noroeste de Siria y le evita chocar con los estadounidenses acantonados en la ciudad fronteriza.

jueves, 5 de julio de 2018

Rusia y EE.UU. están creando un nuevo orden mundial

Trump y Putin saltan el cerco

Si la próxima cumbre entre los presidentes de Rusia y EE.UU. tiene éxito, habrán derrotado gravemente al globalismo y fundado un nuevo sistema mundial
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
5 de julio de 2018
Eduardo J. Vior
Si Vladimir Putin y Donald Trump logran celebrar su planeada reunión en Helsinki el próximo 16 de agosto y armonizar sus contrapuestos intereses, se pondrá en marcha un nuevo sistema internacional basado en bilateralismos concatenados, aunque las resistencias dentro de ambas potencias serán enormes y los peligros que acechan, aún mayores.

La crisis migratoria como pantalla

En su discurso ante el Bundestag el pasado martes 3 la canciller alemana Angela Merkel unió –no casualmente- el riesgo de que EE.UU. desate una guerra comercial total con la urgencia de que la Unión Europea (UE) aplique una política inmigratoria común.
Hace tres semanas se desató una doble crisis política (alemana y europea) en torno a la acogida y distribución dentro de Europa de los cientos de miles de refugiados e inmigrantes que llegan a través del Mediterráneo. Para mediar en la crisis europea, en la cumbre de la UE que se celebró los pasados jueves 28 y viernes 29 de junio sus líderes alcanzaron un flojo compromiso. Allí se decidió erigir centros de recepción de refugiados que deriven a los recién llegados rápidamente hacia otros países, centros de tránsito en Libia y un programa de asistencia a la economía africana subsahariana por 500 millones de euros.
En Alemania, en tanto, el conflicto, que estalló en el seno del gobierno de coalición se centró en el ingreso al país de solicitantes de asilo que ya han pasado por otros países de la Unión. Finalmente, el fin de semana pasado se pusieron de acuerdo en instalar en la frontera con Austria centros de tránsito que reciban a los refugiados y en el lapso de 48 horas los devuelvan a los países europeos de primer arribo. Tanto uno como el otro compromiso son gestos demagógicos, para convencer al público alemán y europeo de que los políticos “hacen algo” para frenar la inmigración, pero sólo sirven para hacer más difícil la vida de los refugiados, no para disuadirlos de pagar fortunas a los traficantes, para poder llegar a Europa.

La guerra comercial como realidad y como amague

En realidad, el esfuerzo por evitar la dispersión de la Unión se dirige al venidero enfrentamiento con Trump y Putin por el lugar de Europa en la economía mundial. El próximo viernes 6 entra en vigor la suba de los aranceles de importación norteamericanos por un valor de 34 mil millones de dólares. Al mismo tiempo China aumenta los aranceles de importación sobre 500 productos norteamericanos. Europa recibe los golpes de ambos lados.
El gobierno chino no quiere agudizar el enfrentamiento y evita responder a las usuales provocaciones del presidente estadounidense. Sin embargo, analistas serios temen que el enfrentamiento tarifario afecte el crecimiento y la estabilidad de su economía, muy dependiente de las ventas al área del dólar. Claro que la potencia asiática puede dar batalla y propinar duros golpes a su adversario, pero a disgusto. Beijing preferiría alcanzar rápidamente un acuerdo duradero. Esto es lo que Trump quiere. Por eso sube el precio.
El presidente norteamericano rechaza el actual sistema multilateral de comercio y exige una serie de acuerdos bilaterales. No por casualidad el embajador norteamericano en Berlín, Richard Grenell, se reunió el miércoles 4 con los máximos jefes de Volkswagen, BMW, Daimler-Benz y Continental, para ofrecerles oficialmente no subir las tarifas para la importación de vehículos alemanes en EE.UU., si la UE hace lo mismo con los estadounidenses. La jugada puede meter una cuña entre los negociadores europeos, ya que la industria automotriz alemana se está reconvirtiendo a vehículos eléctricos, para abastecer a China, su principal mercado. Si Washington acuerda con ella, los europeos, a su vez, presionarán a Beijing para que ceda ante los norteamericanos.
La evolución del conflicto comercial dependerá en gran parte del resultado de la reunión que Putin y Trump mantendrán el próximo 16 de agosto en Helsinki. Además de las crisis en Ucrania y Siria, la expansión de la OTAN hacia el este de Europa y la economía ocuparán un lugar central en su agenda. Rusia necesita que EE.UU. levante las sanciones que afectan su comercio exterior desde 2014 y deje de vetar la construcción del gasoducto North Stream 2, con el que Gazprom pretende transportar el gas ruso hasta la costa alemana atravesando el Mar Báltico, para asegurar el aprovisionamiento del mercado europeo. Trump, por el contrario, quiere disputarle dicho mercado con el gas licuado norteamericano que llega a las costas atlánticas del continente.
Como el jefe de la Casa Blanca es muy crítico de la OTAN, cuya conferencia anual se reúne el 12 y 13 de julio en Bruselas, existe la chance de que ambos líderes concuerden en limitar la expansión de la alianza en Europa Oriental a cambio de repartirse el mercado gasífero europeo. En ese punto habría que ver qué rol reservan a las empresas del continente (Total, British Gas/Shell, RWE, ENI, etc.). Probablemente, Trump lo haga depender de las concesiones comerciales que obtenga de la UE, con las cuales también presionaría a China. El levantamiento de las sanciones contra Rusia, en tanto, depende del resultado de la elección legislativa norteamericana del 6 de noviembre. Para mejorar sus chances, precisamente, el norteamericano necesita que su amigo ruso la haga importantes concesiones.
La mera hipótesis de que ambos jefes de Estado se pongan de acuerdo al margen de los centros de poder nacionales e internacionales está aterrando al “Estado profundo” norteamericano y a la oligarquía rusa. En sendos editoriales, que parecen escritos por la misma mano, The New York Times y The Washington Post arremetieron el fin de semana pasado contra la planeada cumbre, advirtiendo contra el riesgo de que Donald Trump se deje arrastrar por su colega ruso a compromisos dañinos para la soberanía de EE.UU. y recordando la necesidad de castigar a Rusia por sus supuestas violaciones del Derecho Internacional.
Del lado ruso la situación es sólo un poco más sencilla por el inmenso prestigio que Vladimir Putin tiene en su población. Sin embargo, los oligarcas enriquecidos en la década de 1990 y representados en el gobierno por el primer ministro Dmitri Medvedyev prefieren medrar con la actual tensión internacional que una distensión internacional que permita el desarrollo productivo de Rusia. Ellos son extractivistas y especuladores financieros y no quieren que una industria en crecimiento amenace su poder.
El globalismo multilateralista se está hundiendo, pero las oligarquías y aparatos de inteligencia y militares que viven de la guerra permanente ofrecen una tenaz resistencia. Todavía no se reconoce claramente el perfil del nuevo orden internacional, pero sí queda claro que cada nación y cada bloque debe defender sus propios intereses, si quiere sobrevivir.

viernes, 29 de junio de 2018

Trump y Putin pueden obviar la UE

La crisis migratoria es sólo una parte del problema 

Detrás de la discusión entre los líderes europeos sobre los refugiados asoma el temor a que Rusia y EE.UU. se pongan de acuerdo a espaldas de la UE

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
28 de junio de 2018
Eduardo J. Vior
La reunión que el Consejo Europeo comenzó el jueves en Bruselas, para acordar una política común de la Unión Europea (UE) hacia los cientos de miles de refugiados e inmigrantes llegados a través del Mediterráneo, tiene como trasfondo la preocupación generada entre los gobernantes europeos por la reunión que Donald Trump y Vladimir Putin mantendrán el 16 de julio en Helsinki. La crisis migratoria es sólo un síntoma de las múltiples diferencias internas sobre el curso de la Unión Europea.

El Kremlin y la Casa Blanca han confirmado que  Putin y Trump se encontrarán el próximo 16 de julio en Helsinki. Según fuentes rusas la reunión se centrará en “el estado actual y las perspectivas de desarrollo de las relaciones ruso-estadounidenses así como en temas actuales de la agenda internacional”.

Desde hace meses se especula con una posible cumbre entre ambos presidentes. Ambos jefes de Estado se encontraron ya en julio de 2017 durante la reunión del G 20 en Hamburgo y en Vietnam en noviembre pasado. Entonces, el norteamericano encomendó a sus asesores organizar una nueva cumbre, pero éstos boicotearon el intento, según informó The New York Times.

Yuri Ushakov, asesor del presidente de Rusia, propuso el jueves que ambos presidentes traten “las relaciones bilaterales [ente Rusia y EE.UU.], la normalización siria, la estabilidad internacional y el tema del desarme”, aunque agregó que también podrían sacar una declaración conjunta fijando los lineamientos futuros de su relación bilateral y su acción internacional.

Desde el punto de vista ruso, el mayor obstáculo para un entendimiento con Trump lo pone la aguda lucha por el poder dentro de EE.UU. Durante su reunión con el consejero de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, el pasado 27 de junio, el propio Putin lamentó que las relaciones entre ambas potencias “no estén en su mejor momento” por causa de las “luchas políticas internas en EE.UU.” Por su parte, Bolton aseguró que su presidente piensa que la cumbre de Helsinki “beneficiaría a EE.UU. tanto como a Rusia”, “al facilitar la paz y seguridad en todo el mundo”.

Esta reunión tendrá lugar justo después de la cumbre de la OTAN del 11 y 12 de julio en Bruselas y ha suscitado gran alarma entre los miembros europeos de la Alianza que temen que Trump “debilite” el bloque, si alcanza “un ‘acuerdo de paz’ con Putin”. Washington podría reducir sus compromisos militares, disminuir su despliegue en Europa y hasta suspender su participación en maniobras conjuntas. De hecho, el presidente norteamericano viene insistiendo a los europeos que deben asumir más responsabilidad en su propia defensa.

Paradójicamente, la preocupación de los líderes europeos ante la eventualidad de un acuerdo entre Trump y Putin puede impulsarlos a ponerse de acuerdo en la cuestión migratoria. Este jueves y viernes los jefes de Estado y de gobierno de la UE están reunidos en Bruselas para discutir la creación de campos de acogida para refugiados e inmigrantes que serían confinados allí hasta que se resuelva sobre sus pedidos. Según Federica Mogherini, Encargada de las Relaciones Exteriores de la UE, el proyecto no viola los derechos humanos ni el estatuto internacional de los refugiados.

Italia, Grecia y España, principales receptores de refugiados, se niegan a seguir soportando solos los costos por su hospedaje. Alemania y Francia, por su parte, quieren impedir que los recién llegados sigan su viaje hacia el norte. Los países de Europa Central y Oriental, finalmente, se niegan completamente a que la UE acepte fugitivos extraeuropeos. Angela Merkel quiere alcanzar un compromiso común, pero su ministro del Interior y presidente de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU, por su sigla en alemán), Horst Seehofer, exige que Alemania cierre las fronteras por sí sola. Esta diferencia ha puesto en crisis la coalición de gobierno en Berlín, ya que el otro socio, los socialdemócratas del SPD, junto con Los Verdes y La Izquierda en la oposición, reclaman más medios para acoger a los actuales y futuros refugiados e integrarlos en la sociedad alemana. Mientras tanto, la neonazi Alternativa por Alemania (AfD) exige la expulsión de los refugiados y especula con la ruptura de la coalición.

Si los miembros de la UE no llegan a un compromiso sobre los refugiados, es difícil que se pongan de acuerdo en una posición única en el conflicto comercial con EE.UU., sobre las sanciones contra Rusia y en torno a la defensa común. El nuevo presidente del gobierno italiano, Giuseppe Conte, ya amenazó con vetar el documento final de la cumbre, si no se arriba a un acuerdo sobre la responsabilidad indivisa de los estados miembros en la atención de los refugiados y se vota un fondo fiduciario de 500 millones de euros para financiar el desarrollo de África (y así desalentar la salida de migrantes). La amenaza italiana obligó a cancelar la conferencia de prensa que al fin del día pensaban dar el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el de la Comisión, Jean-Claude Juncker.

El premier Conte anunció hace algunos días, asimismo, el voto de su país por la no prolongación de las sanciones económicas y culturales de la UE contra Rusia que, en principio, caducan a fin de julio. Similar bandera enarbola el derechista gobierno austríaco. Las sanciones adoptadas en 2014 contra Rusia perjudican mucho a los países industriales del centro y sur de Europa.

Especialmente Alemania está interesada en mejorar sus lazos con Rusia, primero, por las enormes pérdidas que sus empresas han sufrido al no poder exportar a ese país, segundo, porque por Rusia pasa todo el tráfico del Camino de la Seda a y desde China y, tercero, porque las empresas energéticas germanas están muy interesadas en la construcción del gasoducto North Stream 2, que por el Mar Báltico debe traer a Alemania el gas ruso, contorneando los países bálticos y Polonia. Entre los directivos del consorcio constructor liderado por Gazprom figura el ex canciller Gerhard Schroeder. Precisamente, para lograr el levantamiento del veto norteamericano contra este gasoducto, días pasados el ministro de Energía ruso Aleksandr Nóvak estuvo en Washington. Es que Estados Unidos, convertido en exportador neto de petróleo y gas gracias a la producción de esquistos, ha construido en los últimos cinco años en su costa este y en la costa atlántica europea numerosas plantas para la regasificación de gas licuado (GNL) que quiere vender en el mercado de la UE.

Los conflictos en torno a las relaciones con Rusia, la acogida de los refugiados, el diferendo comercial con EE.UU. y el aumento de los presupuestos militares europeos dividen a la Unión Europea. Si en Bruselas sus líderes no llegan a un compromiso mínimo sobre la recepción de los fugitivos, más de un miembro se verá obligado a adoptar soluciones nacionales en varias o todas las cuestiones litigiosas. Si no los une el amor, que los una el espanto.

lunes, 18 de junio de 2018

Trump juega a varias bandas

De Singapur a Beijing, pasando por Moscú

Tras reunirse con Kim, Trump agudizó el conflicto comercial con China, antes de presentar a Norcorea 47 exigencias y luego buscar encontrarse con Putin.
Por Eduardo J. Vior
Eduardo J. Vior
Después de la cumbre de Singapur entre los presidentes de EE.UU. y Corea del Norte la mayoría de los medios norteamericanos criticaron al presidente Donald Trump por sus concesiones a Kim Yong Um sin haber obtenido contrapartidas palpables. Es que el mandatario estadounidense sabía que dos días después haría estallar el conflicto comercial con China que, a su vez, distraería del entredicho en la península coreana. Recién entonces comunicó a Pyongyang la lista de reclamos que aquél debe satisfacer, para que se levanten las sanciones económicas. Para mantener ambos bajo control, ahora pide a su amigo Vladimir Putin que interceda, claro que a cambio de nuevas concesiones. El presidente norteamericano busca con China y Rusia una negociación global del equilibrio de poder, pero la sobreacumulación de conflictos puede producir un cóctel explosivo.

Primero el Washington Post y el propio presidente Donald Trump el pasado viernes 15, luego el domingo 17 el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, esbozaron la posibilidad de que el norteamericano se reúna en julio con su colega ruso. La semana pasada la Casa Blanca informó que Austria habría propuesto acoger la reunión, aunque todavía no lo podía confirmar. Según el periódico estadounidense, ya en marzo pasado se supo que en un diálogo telefónico entre ambos mandatarios Trump había invitado a Putin reunirse. El medio relata asimismo que desde noviembre pasado, cuando los mandatarios se encontraron en Vietnam, Trump venía insistiendo ante sus asesores, para que invitaran al ruso a Washington, pero que aquellos desacataron la orden presidencial, porque no estaban de acuerdo con la oportunidad del encuentro.

La publicitación de la posible cumbre sobrevino después de tres días de intensas críticas de los medios estadounidenses por los magros resultados que el presidente habría obtenido en su reunión con el norcoreano Kim Yong Um en Singapur el martes 12 y luego de que las sanciones norteamericanas contra las importaciones chinas desataran entre jueves y viernes una andanada de represalias de Beijing que agudizó sensiblemente el conflicto comercial entre ambos países. Es imposible no relacionar los tres acontecimientos.

Los medios norteamericanos –especialmente los liberales- han cuestionado que Trump sólo recibió de Kim la promesa de desmontar su programa de armamento nuclear, sin haber acordado inspecciones internacionales. A cambio, el estadounidense le dio garantías de seguridad y suspendió unilateralmente las maniobras militares anuales conjuntas con Corea del Sur. De hecho, gracias a la cumbre Kim ha logrado que su país deje de ser un paria de la política mundial.

Continuarán las sanciones internacionales, subrayó el mandatario estadounidense, mientras los norcoreanos tengan la bomba atómica, pero la distensión entre ambos depende en gran medida de China que va a intervenir en la negociación entre Norcorea y EE.UU. según evolucione su controversia comercial con el segundo. Beijing cumplió un papel fundamental como facilitador del encuentro de Singapur, pero, si se ve atacado por Washington, va a resistir y a dejar de mediar en la península.

Al mismo tiempo, la cumbre entre Trump y Kim marginó a Japón. Shinzo Abe había viajado a Washington poco antes de la reunión, para lograr, al menos, que Pyongyang se comprometiera a negociar sobre los japoneses sucesivamente secuestrados por Norcorea desde los años 70, por supuesto sin estar dispuesto a disculparse por los crímenes japoneses durante la ocupación de Corea (1910-45).

Para recuperar un rol activo, el domingo 17 el ministro de Asuntos Exteriores de Japón, Taro Kono, informó al canal de televisión NHK que Estados Unidos había presentado a Corea del Norte 47 demandas para lograr la desnuclearización “verificable e irreversible” de la península. La lista de exigencias la habría presentado el secretario de Estado Mike Pompeo durante su reciente visita a Pyonyang. Probablemente, la presentación de los 47 puntos fue una consecuencia de las críticas que recibió el presidente en la prensa norteamericana y el hecho de que fuera el canciller nipón quien revelara su existencia haya sido una concesión de la diplomacia norteamericana, para no alienar completamente a Tokio.

Entre tanto, el pasado viernes 15 Donald Trump anunció la imposición de aranceles al 25% de las importaciones chinas por valor de 50.000 millones de dólares. Los sectores más afectados serán el acero y el aluminio. China respondió inmediatamente con represalias arancelarias por valor de 50.000 millones de dólares sobre commoidties norteamericanas. Estas imposiciones se harán sobre 659 productos, como la soja, que es el bien más perjudicado, ya que China es el principal comprador de esta semilla a Estados Unidos, por un valor de 12.000 millones de dólares. Con esta nueva escalada se quiebra el principio de acuerdo alcanzado en mayo pasado por las autoridades comerciales de ambos países.

Una explicación plausible para este ataque norteamericano es que tenga motivaciones electorales. En noviembre se renuevan la mitad del Congreso, numerosos gobiernos y legislaturas estaduales. Con un gesto de fuerza la Casa Blanca muestra potencia ante sus electores. Sin embargo, Beijing lo sabe y golpea precisamente sobre los productos de exportación elaborados en regiones adictas al presidente. En realidad, más que los bienes transables, a Trump le interesa bloquear el traspaso de tecnología a China, para frenar su avance hacia el primer puesto mundial, pero ésta no va a ceder fácilmente.

Así planteado, el conflicto comercial puede prolongarse y China tiene espalda para aguantar. El presidente norteamericano lo sabe. Por ello acude ahora a Putin, quizás con la oferta de reducir las sanciones económicas que afectan a Rusia y con amplias concesiones en Oriente Medio, a cambio de que el ruso medie ante China, para vehiculizar una negociación comercial bilateral que supere el actual conflicto y persuada a Kim de seguir cediendo, aun si el mediador chino se retira. El camino de Beijing pasa por Singapur y Moscú.

sábado, 9 de junio de 2018

Todo el mundo observa la cumbre con Kim

En Singapur, Trump se juega su credibilidad


Si el presidente norteamericano quiere alcanzar un acuerdo nuclear con Irán y evitar la guerra comercial con China y otros países, el 12 deberá entenderse con Kim
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
8 de junio de 2018
Eduardo J. Vior
El presidente norteamericano acostumbra amenazar, mentir y crear incertidumbre sobre sus intenciones como forma de sacar la máxima ventaja posible en las negociaciones. Sin embargo, al retirar a su país del acuerdo nuclear con Irán, simultáneamente poner en duda la reunión cumbre con el líder norcoreano para después reconfirmarla y lastrar con amenazas las tratativas comerciales con China, está aumentando excesivamente el riesgo de que algún interlocutor lo malentienda y responda desmedidamente. En todo caso, la reunión cumbre entre Donald Trump y Kim Jong Um el próximo martes 12 en Singapur será una prueba de fuego para la credibilidad del mandatario estadounidense.
Ambos líderes han previsto la posibilidad de prolongar el encuentro un segundo día “si todo va bien”, según informó CNN. Trump, incluso, se plantea invitar a Kim a la Casa Blanca “para empezar”. Todavía no se lo lleva a su soleada residencia Mar-a-Lago en Florida. Ambos mandatarios se reunirán sin asesores, por lo que será un diálogo entre dos machos, como le gusta a Trump.
Para evitar su exclusión, las demás potencias de Asia Oriental se están apresurando a forjar sus propias relaciones con Pyongyang. Kim, que nunca antes había sido recibido por ningún líder extranjero, este año ha visitado China dos veces y recibió el miércoles 6 al ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Lavrov.
Japón no está invitado a la cumbre de Singapur, recalcó Trump en el Despacho Oval, pero su primer ministro Shinzo Abe lo visitó el jueves 7 por segunda vez en poco más de un mes. Para los medios éste declaró que quiere ayudar a que la cumbre “sea un éxito”, pero no dejó de destacar su relevancia como principal aliado de EE.UU. en Asia y se aseguró de que su aliado no haga demasiadas concesiones a Norcorea.
En la reunión el primer ministro japonés logró arrancar a su anfitrión una promesa pública de reclamar a Kim el paradero de los japoneses secuestrados por Norcorea en los años 70 y 80. Por supuesto, no se comprometió a disculparse por los crímenes cometidos por los agresores japoneses en Corea durante la Segunda Guerra Mundial.
El primer golpe de efecto que Trump ambiciona es firmar el tratado que ponga fin a la guerra de 1950-53 entre EE.UU. y Corea del Norte. El líder estadounidense ha manifestado también su interés en retirar las cerca de 25.000 efectivos estacionados en Corea del Sur. No obstante, para que nadie se sienta tranquilo, adelantó el jueves que “todo puede pasar” y dijo a la prensa que “sabrán si ha ido bien si no me oyen usar el término de ‘máxima presión’”.
Pocas veces desde el fin de la guerra fría ha habido cumbres tan inciertas como ésta. Después de que se anunció, se canceló y se volvió a anunciar, nadie puede jurar que el martes a las 9 de la mañana ambos líderes se encuentren en el hotel Singapore Capella. Sin embargo, para distender el clima antes de la cumbre, ambos gobiernos han hecho gestos significativos: Corea del Norte paralizó sus pruebas nucleares y con cohetes de largo alcance, y habría comenzado a desmantelar un centro de pruebas, aunque no se sabe en qué medida. Por su parte, al recibir el viernes 1º efusivamente en la Casa Blanca al enviado norcoreano Kim Yong-chol (ex jefe del servicio de inteligencia y principal asesor de Kim Yong-um) y hacer importantes concesiones, Trump hizo un reconocimiento sin precedentes del gobierno norcoreano. Aceptó, por ejemplo, que la desnuclearización de su interlocutor se haga por etapas y no de una sola vez, como exigía hasta la semana pasada. También abandonó su retórica agresiva contra Pyongyang. Además, aunque las sanciones de la ONU y de EE.UU. aún están vigentes, Trump está tolerando que China esté aligerando el tráfico fronterizo con Norcorea.
El éxito de la reunión depende exclusivamente de que ambos presidentes acuerden un plan para el desmantelamiento del arsenal nuclear de Norcorea. Como devolución Trump puede comprometerse a no atacar al país asiático, abrir una oficina de contacto en Pyongyang y autorizar la apertura de una norcoreana en Washington, reduciendo asimismo los ejercicios militares anuales con Surcorea. Pero los demás temas que acuerden son secundarios.
El resto del mundo va a observar esta primera gran maniobra pacificadora, para decidir cuán confiable es el presidente norteamericano. Sus permanentes balandronadas, amenazas, mentiras y el tono grosero que usa en la comunicación internacional han hecho que muchos de sus interlocutores desconfíen de su voluntad negociadora. Por ello es que el encuentro en Singapur es visto como un examen de su confiabilidad.
Este test es especialmente importante para Irán, que debe decidir sobre su permanencia en el acuerdo nuclear de 2015, después de que Donald Trump el pasado 8 de mayo retirara del mismo a EE.UU. Si el norteamericano se muestra en Singapur como un negociador creíble, el ayatolá Alí Jamenei puede aceptar que las negociaciones sobre el programa nuclear iraní se extiendan a otros temas reclamados por EE.UU. como el programa de cohetería, la presencia de fuerzas iraníes en distintos países de Oriente Medio o, incluso, el reconocimiento de Israel.
Como señal de distensión, el 1º de junio pasado el presidente Donald Trump suspendió durante seis meses el traslado de la embajada norteamericana a Jerusalén con el argumento de que hay que esperar hasta hallar una residencia adecuada para el embajador. La decisión recién fue difundida el miércoles 6. O sea que no había necesidad de hacer el papelón de querer jugar en Jerusalén.
También los presidentes de China, Xi Jinping, y de Rusia, Vladimir Putin, que este viernes se encontraron en Beijing como prólogo a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, por su nombre en inglés) que este fin de semana sesiona en Qiangdao, han intercambiado pareceres sobre la seriedad del norteamericano. Rusia tiene pendiente el levantamiento de las sanciones norteamericanas contra su dirigencia y las mayores empresas y China, por su parte, debe decidir cómo responder a las medidas proteccionistas de EE.UU.
En un mundo estrechamente vinculado ningún gesto pasa desapercibido. Donald Trump quiere reestructurar las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo bilateralmente y mediante su intervención personal, pero su estilo lo hace muchas veces imprevisible y suscita desconfianza. Por ello el resultado de la cumbre de Singapur con Kim Yong Um será un test con repercusiones mundiales.