domingo, 4 de junio de 2017

La decadencia norteamericana nos afecta a todos

El ocaso de una gran nación en un mundo plagado de peligros
La decisión de Donald Trump de retirarse del Acuerdo de París es otro gesto en su batalla por despegarse de los aliados históricos de EE.UU. y ganar apoyo popular
Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
4 de junio de 2017
Donald Trump ganó las elecciones de noviembre pasado tronando contra la decadencia del poder norteamericano en el mundo. Para revertir esta tendencia, quiere retornar al proteccionismo y, como anunció el jueves, retirar a su país del Acuerdo sobre Cambio Climático de París signado por su antecesor Barack Obama en 2015. Con estas medidas, el mandatario intenta devolver a su nación su anterior posición dominante, pero el tiro puede salir por la culata. 
Mientras Trump anunciaba el retiro de su país del Acuerdo y la intención de renegociarlo o de buscar uno totalmente nuevo, la Unión Europea y China ratificaron este jueves y viernes en una cumbre en Bruselas su compromiso con el libre comercio y la reducción de las emisiones de carbono. El día anterior, en Berlín, la canciller Angela Merkel y el primer ministro chino Li Kechiang, abogaron por fronteras comerciales abiertas y por la concertada reconversión ecológica de sus respectivas industrias automotrices.
El primer ministro le garantizó a Alemania, además, el apoyo de China en la reunión del G-20 (la conferencia de los 20 países más desarrollados, incluso Argentina) prevista para el 7 y 8 de julio próximos en Hamburgo.
A partir de 2018 la industria automotriz china debe vender cada año más vehículos eléctricos. Como el país asiático es también el principal mercado para los automotores alemanes, las automotrices de ambos países aprovecharon la reunión para intensificar su cooperación. 
"Los efectos crecientes del cambio climático requieren una respuesta decidida", expresa la declaración conjunta de la Unión Europea (UE) y China dada a conocer el viernes. China es el mayor contaminador mundial de la atmósfera, pero recientemente ha encarado una enérgica política de reconversión ecológica de su industria, un magnífico negocio también para sus socios europeos. Por el contrario, Trump busca aumentar las exportaciones de bienes producidos con tecnologías viejas y reducir los costos medioambientales para recuperar porciones del mercado mundial. Antes de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebrará en noviembre en Bonn habrá, por lo tanto, duras negociaciones.
La visita de Li y la declaración conjunta coinciden con la posición pública de Merkel en el sentido de que los europeos deben tomar su destino en sus manos, porque ya no pueden confiar en Estados Unidos. También Rusia salió a apoyar el cumplimiento del acuerdo climático de 2015 en un comunicado de la Presidencia. 
La simultaneidad de la cumbre en Bruselas con el anuncio de Trump indica el desplazamiento producido en el poder mundial, pero también necesidades internas de los contendientes. En Gran Bretaña hay elecciones el próximo 8, en Francia el 11 y el 18 de junio, en Alemania el 24 de septiembre, en China se reúne en algunos meses el 19º Congreso del Partido Comunista y Trump necesita recuperar puntaje entre su electorado. Todos los líderes mundiales propenden, por consiguiente, a mostrarse enérgicos y decididos. Las verdaderas negociaciones vendrán después.
Para compensar la relación con China, la canciller alemana recibió el miércoles al primer ministro de India Narendra Modi. El país surasiático rehusó la invitación a participar en el reciente Foro de Beijing y Shanghai sobre la Ruta de la Seda (la construcción de puertos, rutas, gasoductos y otros tipos de infraestructura en más de 60 países de Asia, Europa y África), mas no busca aliados en EE UU, sino en Europa.
La única líder europea que no critica a Trump es Theresa May. Viendo peligrar su mayoría en la elección del 8, la primera ministra británica ha cerrado filas con el mandatario norteamericano para contrapesar a Alemania y Francia. 
El esquema diseñado al fin de la Segunda Guerra Mundial suponía que el Atlántico Norte sería un lago interior de la Alianza Occidental. Ahora ambas orillas del océano se distancian, pero no solo por responsabilidad de Trump. En múltiples ocasiones Washington actuó unilateralmente e impuso a sus aliados las consecuencias. Entretanto, China, Rusia, India y la Unión Europea acaudillada por Alemania se han convertido en potencias fuertes e independientes. Ahora el presidente norteamericano recluye a su país en sí mismo, para preparar una nueva ofensiva. Donald Trump no es el causante de la declinación de Estados Unidos, sino su emanación.
Se ha abierto un período de alianzas cambiantes y conflictos frontales entre las potencias en el que los países medianos y pequeños seremos las primeras víctimas. Gobiernos patriotas e inteligentes están reorientándose, para sobrellevar la nueva competencia hegemónica. El argentino, no. «
  



jueves, 1 de junio de 2017

El gobierno agravó los efectos de los acuerdos con China

Gracias a Macri el camino de la seda puede aplastarnos

China: un viaje fallido para despedir la gestión Malcorra. Los negocios del presidente con las empresas italianas de obras públicas y el conflicto que se abrió con el gigante asiático.

El Gobierno nacional presentó como un éxito el viaje a China que Mauricio Macri hizo hace dos semanas, pero fue un desastre que nuestro país pagará muy caro. Éste es el precio que afrontaremos porque el presidente antepone sus intereses a los del país.

La reunión del Foro del Cinto y la Ruta para la Cooperación Internacional sobre Infraestructuras y Transporte, realizada el 14 y 15 de mayo en Beijing y Shanghai avanzó en el programa anunciado por el Presidente Xi Jinping en 2013. Al encuentro asistieron representantes de 50 países. El BRI (por su sigla en inglés) se dirigía originariamente a vincular Asia, África y Europa mediante una red carretera y ferroviaria (el camino), por un lado, y una ruta marítima con sus respectivos puertos (el cinto que rodearía “la panza” de Asia), por el otro. No obstante, como cada vez más países se suman al programa, se piensa extender el programa a América Latina y Oceanía.

El plan originario preveía inversiones por 100 mil billones de dólares, pero China aprovechó la reunión para aumentar su aporte de $40 mil a $100 mil millones de dólares, por lo que se supone que el importe final será mucho más alto. Aprovechando la ausencia de EE.UU. la República Popular se presenta como campeona del globalismo, si bien basado en la multiplicación de relaciones bilaterales y equilibradas. Como demuestran las cuantiosas inversiones chinas en África Oriental, es verdad que Beijing no impone su voluntad a sus socios, pero la presión de hecho que ejerce su inmensa presencia económica y humana condiciona las débiles sociedades en las que se realizan las obras de infraestructura. Al mismo tiempo, sus socios africanos se financian con créditos chinos que aumentan su dependencia del gigante asiático.
No obstante este desbalance de poder, las diferencias pueden relativizarse con una política inteligente. Por ejemplo, antes de sumarse a BRI, Bolivia y Chile han resuelto incorporarse como socios capitalistas al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por su sigla en inglés), para de ese modo tener aunque sea un voto en los proyectos que se financien.

Sin mencionar específicamente a América Latina, el comunicado final de la conferencia sugirió extender el programa allende el mar y el presidente Xi declaró que esta incorporación sería “una extensión natural de la Ruta de la Seda del siglo XXI”.

Sacando las lógicas consecuencias de esta proyección, Filipinas propuso oficialmente este lunes 29 la construcción de un tercer Camino de la Seda que desde el sur de China llegue a nuestro continente por Chile.

Una cualidad especial del programa BRI es que, a diferencia de los proyectos habituales en la cooperación internacional, sólo se financian paquetes enteros por países o grupos de países y de manera paritaria, o sea que tanto China como sus socios asumen importantes riesgos financieros.

 
Beijing estima su inversión total en el programa en los 400 mil billones de dólares. Los socios deben poner otro tanto y, si no lo tienen, tomar créditos internacionales. Hasta ahora en muchos países imperó una suerte de confianza ciega en que, si China continúa creciendo, seguiría dando a sus socios préstamos a bajo costo, pero los dólares están empezando a escasear. La semana pasada Moody’s bajó la calificación de la deuda china argumentando que las crecientes deudas del gigante podrían hacerse ingobernables y que sus medidas para desinflar la burbuja financiera podrían paralizar la economía china y afectar la del mundo entero.

En estas condiciones, antes de firmar cualquier dirigente prudente analizaría los costos y los plazos de vencimiento de los créditos necesarios para llevar adelante la cooperación con China. No así el presidente argentino.

El embajador argentino en China, Diego Guelar, había pedido al Presidente que demorara su visita hasta septiembre, cuando se estima que estén prontos los informes de impacto ambiental sobre las represas en Santa Cruz acordadas en 2014 por Cristina Fernández, pero Macri no lo escuchó, porque quería participar en el foro. Por lo tanto, los chinos sólo se interesaron por la construcción de la planta de energía renovable Cuchari Solar, en Jujuy (un negocio personal de Gerardo Morales) y exigieron que Argentina siga adelante con las represas. Si no se construyen, se caen todos los proyectos acordados y nuestro país deberá pagar exorbitantes multas. Además, China ha endurecido sus condiciones para el otorgamiento de los créditos requeridos.
No es casual la oposición del presidente al proyecto santacruceño y su enojo por la planta fotovoltaica en la Puna jujeña. Del escándalo por las coimas de Odebrecht en Argentina, especialmente en el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, surge que el 50% de Iecsa pertenece desde 2007 al gigante italiano de la obra pública Ghella SpA, o sea, cuando se supone que Angelo Calcaterra la compró a Macri. La corporación italiana está activa en la construcción de carreteras, túneles, ferrovías, puentes… y represas y plantas de energía solar. Para obras públicas de estas dimensiones en Europa hay sólo dos fuentes de financiamiento disponibles: el fondo financiero de la Corona holandesa y los grandes inversores árabes, especialmente los de los Emiratos Árabes Unidos.

El gran capital financiero especulativo de la Península Arábiga invierte en una de las dos más grandes empresas italianas de construcción de infraestructura -con gran presencia en Venezuela y Argentina-, mientras Mauricio Macri insiste en traer al país el fondo soberano de Dubai. Obviamente, el principal socio de los italianos y los árabes en el país no desea que los chinos construyan a la vez las represas santacruceñas y la planta en la Puna.

Anteponiendo los intereses familiares y sus vínculos con capitales amigos Macri intentó violar los contratos firmados por Cristina Fernández, sin tener un plan B, pero China le cobró cara su impudicia y aventurerismo. Lástima que en las próximas décadas todos los argentinos pagaremos los costos de tanta angurria desenfrenada. Gracias a Macri el camino de la seda puede aplastarnos.