sábado, 28 de marzo de 2020

Tres tratamientos de la pandemia, tres liderazgos diversos

Dime cómo curas y te diré cómo gobiernas


La difusión mundial del coronavirus y el estallido de la crisis económica permiten comparar los modos y actitudes con los que los gobiernos tratan a sus poblaciones e inferir sus políticas futuras. 
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
28 de marzo de 2020
Eduardo J. Vior
Las imágenes comenzaron a llegar el sábado 22: largas columnas de M1117 Guardian recorrían las calles de Manhattan, mientras que en Miami Beach la policía local apaleaba literalmente a grupos de jóvenes afro- y latinoamericanos, para liberar los espacios públicos. En el otro extremo del globo, la ciudad de Wuhan –epicentro de la pandemia en China- puso este miércoles nuevamente en circulación sus 117 líneas de ómnibus, después de nueve semanas de clausura. Entre tanto, en Alemania el 23 de marzo gobierno y oposición se pusieron de acuerdo en limitar la circulación de personas y bienes para aumentar la distancia social. Tres criterios diferentes para el tratamiento de la pandemia se aparean con tres modelos para la economía mundial.
Tras unas sesiones en alza, los principales índices de Wall Street cayeron este viernes en la apertura de la Bolsa: el Dow Jones perdió 951,5 puntos (el 4,22 %), el Nasdaq (valores tecnológicos) cayó 254,67 puntos (el 3,27 %), mientras que el S&P 500 (las 500 empresas más importantes) bajó en 91,21 puntos (el 3,47 %). Simultáneamente cerca de 3,3 millones de personas solicitaron ayuda por desempleo en la semana que terminó este jueves 26. Es la cifra más alta desde 1982.
El desplome se produjo después de que en Estados Unidos se registraran 97.028 infectados, 1.475 de los cuales han resultado letales. El número de casos registrado en EE.UU. superó así al de China. El estado más afectado por el brote sigue siendo Nueva York, donde el gobernador del Estado, Andrew Cuomo, ha anunciado este 27 de marzo que en ese territorio se han contabilizado 7.300 nuevos casos durante las últimas 24 horas y que ya hay 44.635 infectados de los cuales 519 fueron letales.
Entre tanto, este viernes, finalmente, el Congreso de EE.UU. sancionó una ley de estímulo de 2,3 billones de dólares, para subsidiar a las industrias más afectadas por la pandemia, realizar pagos directos a las familias estadounidenses, dar préstamos a pequeños negocios, ayudar por desempleo y 75.000 millones de dólares para hospitales.
La conjunción de la pandemia y la crisis continúan asimismo hundiendo el precio del petróleo: el intermedio de Texas (WTI) cerró este viernes a 21,11 dólares el barril, en tanto el Brent Crude se cotizó a 27,76 dólares por barril. Esta brusca baja de las cotizaciones está llevando al desastre a numerosas empresas del área de petróleos no convencionales y arruinando la recaudación por exportaciones de muchos países exportadores de petróleo y gas.
A pesar de la grave crisis sanitaria que aqueja a EE.UU., el presidente y los gobernadores estaduales continúan por sendas divergentes: mientras que el mandatario neoyorquino insiste en aumentar la distancia social, para disminuir el número de casos mortales, Donald Trump sigue convencido de que el costo de cerrar la economía nacional supera en mucho a los beneficios. Su círculo más estrecho sostiene que es más económico mantener liberada la circulación de personas y bienes, hasta que por selección natural se dé una “inmunidad de rebaño”, que limitar la movilidad humana, para salvar vidas. Por ello no intenta proteger ni cuidar a la población, sino imponerle su fórmula, si es necesario, con violencia.
En el otro extremo del mundo, en tanto, China registra la normalización del 90% de sus empresas más grandes y del 60% de las pequeñas y medianas. Si bien al comienzo de la pandemia el gobierno y el PCCh tardaron en reaccionar, a partir del 12 de enero dispusieron una masiva prohibición de circulación que en su pico más alto confinó en sus casas a 930 millones de habitantes. Con severas restricciones, control de la información y el registro matutino y vespertino de los datos vitales de toda la población, la curva de reproducción de la pandemia bajó drásticamente, aun al costo de sufrir enormes pérdidas económicas, que las primeras estimaciones cifran en 9% interanual de caída del PBI en el primer bimestre y 13% de la inversión en capital fijo. La economía china sigue todavía corriendo el severo riesgo de una segunda ola de infección por la reanudación de los intercambios con el exterior, pero se calcula que, si todo va bien, su PBI termine 2020 creciendo entre 3 y 3,5%, la cifra más baja desde 1990.
Por su parte, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció este 25 de marzo su decisión de aplazar la fecha del referendo constitucional previsto para el próximo 22 de abril. “Nuestra prioridad absoluta son las vidas, la salud y la seguridad de las personas”, aseveró el jefe de Estado ruso. Además, el mandatario dispuso para la próxima semana una licencia generalizada con goce de sueldo para todos los trabajadores y empleados. No obstante, los servicios esenciales y el gobierno en todos sus niveles continuarán funcionando.
El presidente dispuso aumentar el pago a los ciudadanos en situación de desempleo, apoyar a las familias con niños, renovar automáticamente todas las prestaciones y apoyos sociales, otorgar moratorias para los préstamos de consumo e hipotecarios, pagar el salario mínimo hasta fin de año a quienes estén dados de baja por la enfermedad y adelantar a los primeros días de mayo los pagos a los veteranos por el 75º aniversario de la victoria de 1945. Rusia registra cifras de infección muy bajas y apenas unos pocos muertos, pero persiste en una política de restricción (no prohibición) de la circulación, para disminuir los riesgos de contagio.
A su vez, en un gesto de firme gobernanza la Canciller alemana Angela Merkel desestimó ayer reclamos, para que ya después de Pascua aflojen las restricciones a la movilidad que tanto le ha costado imponer. “Este no es el momento para hablar de distensión de las medidas”, declaró en una conferencia de prensa celebrada por Internet. Las medidas adoptadas el domingo pasado, dijo, en gran parte del país recién comenzaron a ser aplicadas al día siguiente. “Es muy temprano todavía para saber si tienen éxito”, sostuvo. Por eso pidió al pueblo alemán “que tenga paciencia”. La Canciller se ha recluido por propia voluntad en una cuarentena, después de que a su médico personal se le diagnosticó Covid19, pero el análisis le dio negativo.
Después de largas semanas de discusiones e indecisiones, el Estado federal y los estados federados se pusieron de acuerdo el domingo pasado en un paquete de medidas que restringen severamente los contactos sociales y así mantener la capacidad operatoria del sistema sanitario. De acuerdo a las últimas cifras informadas por el Instituto Robert Koch, en Alemania había este viernes 43.367 infectados y se había producido un total de 307 muertes.
Paralelamente a las medidas sanitarias, el Bundestag aprobó el miércoles 25 un paquete de gastos por 156 mil millones de euros (cerca de la mitad del presupuesto anual del país), para subsidiar empresas y puestos de trabajo. El Bundesrat, la cámara de los estados federados, ratificó el proyecto este viernes. De este modo la República Federal abandonó radicalmente la severa política de equilibrio fiscal que se había impuesto desde principios de la década de 1990 y a la que había sometido al resto de Europa (recordemos la crisis griega).
Evidentemente, los diferentes modos de tratar la pandemia se corresponden con orientaciones político-económicas divergentes. Ya hoy pueden avizorarse por lo menos tres modelos: la reversión neofascista norteamericana, el capitalismo social regimentado euroasiático y el capitalismo estatal semiliberal de Europa Central y del Norte. Mientras que para el primero es prioritario mantener a toda costa la actividad económica y no disminuir la tasa de ganancia, la previsible mortandad en masa que se produzca se evalúa sólo como un dato estadístico.
En el otro extremo, en el modelo chino se priorizó la salvación de vidas prohibiendo drásticamente la circulación de personas y bienes, se controló la vida privada, los movimientos y los contactos de hasta el último habitante del país y se toleró el hundimiento de la vida económica en la certeza de que, de ese modo, la pandemia pasaría rápidamente y China pronto se pondría nuevamente en marcha. Los “apenas” 3.292 muertos que el país (con 1.300 millones de habitantes) sufrió son muestra del éxito de esta estrategia.
Sobre todo Alemania, pero también Francia y otros países de Europa Central y Occidental han optado por un camino intermedio: se han tomado tiempo para discutir ampliamente los pro y contra de cada opción, dejando que la pandemia avanzase, pero, cuando se alcanzó el consenso en torno a un progresivo aislamiento y mayor distancia social, al mismo tiempo abandonaron los dogmas neoliberales de los últimos 30 años e hicieron que sus estados intervengan masivamente en el salvataje inmediato de sus economías, pero también en el régimen de propiedad.
No sabemos cómo será el mundo post-pandemia, pero seguro que no será como el que teníamos hasta hace sólo un mes. Las cadenas transnacionales de producción se han roto y es probable que muchas no se recompongan. Esto llevará a nuevas alianzas y asociaciones, mucho más si los estados vuelven a intervenir en el desarrollo económico de los países con agendas sociales y laborales. Probablemente, el país más dañado sea Estados Unidos por la dimensión del contagio, de las muertes y del consecuente dislocamiento de la producción y los servicios. No es para alegrarse y probablemente haya que pensar en un “Plan Marshall” en la dirección inversa para rescatar su economía, pero es una oportunidad para aprovechar.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La crisis y el coronavirus requieren un nuevo orden mundial

Ninguna locomotora puede tirar de un tren roto



Eduardo J. Vior
Mientras el coronavirus y la crisis económica se extienden por el mundo, China retoma su crecimiento, pero sin el resto del planeta no podrá avanzar mucho.
Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
18 de marzo de 2020

El negro lunes 9 de marzo confirmó, no sólo en Wall Street, lo que muchos temíamos desde hacía un par de años: llegó la crisis mundial. En tanto la epidemia de coronavirus viene siendo superada en China, se expande por Irán, Europa, Estados Unidos, África y pronto se la espera en el resto de Asia. Desde su presidencia pro tempore del G 20, Arabia Saudita está organizando para los próximos días una reunión virtual de líderes del bloque, para coordinar el combate contra la pandemia y la aguda recesión que ya comenzó, pero es difícil que se puedan poner de acuerdo, a juzgar por las disímiles actitudes ante la multifacética crisis.
Entre tanto, la economía china parece haber tocado fondo (muy profundo) y estar retomando el camino del crecimiento. Sin embargo, ni China puede sacar adelante un sistema mundial roto
La publicación el lunes 16 de los primeros datos oficiales sobre la economía de China en enero y febrero pasados asustó por las dimensiones de la caída: según Goldman Sachs, el PBI se redujo en un 9%, contra el 2,5% previsto en un informe anterior y para 2020 la previsión de crecimiento disminuyó del 5,5% al 3%. En el primer bimestre se hundieron casi todos los sectores de la economía: en relación a 2019 las ventas minoristas se redujeron en 20,5%; la producción industrial descendió 13,5% y la inversión en capital fijo, cerca de 25%. La publicación de los datos coincide con la reducción de la pandemia al mínimo. Por cuarto día consecutivo, el lunes 16 los casos importados (20) superaron a los locales (1), por lo cual varias regiones y ciudades extremaron los controles sobre los viajeros llegados del exterior.

A medida que los contagios remiten, la economía del país va reencendiendo los motores. A fines de la semana pasada el 95% de las mayores empresas fuera del epicentro de la provincia de Hubei habían reabierto, al igual que alrededor del 60% de las pymes. A su vez la ocupación de los trenes volvió ya a los niveles previos a la eclosión de la enfermedad. Asimismo, la aviación civil, los puertos y el transporte fluvial funcionan normalmente.
El índice Dow Jones, que mide el promedio de la actividad industrial en EE.UU., cayó el lunes un 12,9% y cerró a 20.188,52. La situación en Europa y Estados Unidos se está deteriorando aceleradamente. En Italia hay hoy en día 24.000 casos de coronavirus, en España, 9.000 y Estados Unidos reportó más de 4.660. Por lo menos 87 personas murieron allí por la enfermedad.
La combinación de pandemia y crisis económica llevó a Goldman Sachs el lunes a rebajar su previsión sobre el crecimiento del PBI norteamericano. La investigadora de mercados prevé una caída de 5% entre abril y junio después de un crecimiento nulo entre enero y marzo. Para todo 2020 redujo su pronóstico de 1,2% a 0,4%.

Por primera vez, este lunes el presidente Donald Trump reconoció la gravedad de la crisis, al referirse ante la prensa a un “enemigo invisible” que puede hundir la economía y requiere cuarentenas en algunas “áreas calientes”, sino en todo el país. Según estimó, la pandemia de COVID-19 podría estar controlada entre julio y agosto. Entre tanto, la economía norteamericana estaría avanzando hacia la recesión.
Según los expertos, la economía de EE.UU. se reducirá durante el segundo trimestre en el 8%, igual que en la crisis de 2008. Como preanuncio, en los últimos días han empeorado drásticamente las condiciones financieras y se espera que la crisis pronto alcance la economía real. En un mes las acciones de las empresas norteamericanas han perdido en promedio el 27% de su valor.
Por su parte, el gobierno francés ha dado un giro radical y de su neoliberalismo ha retornado al gaullismo de los años 60
Por ejemplo, el ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, declaró este martes que, para salvar a las grandes empresas en dificultades, el gobierno está hasta dispuesto a nacionalizarlas, si es necesario. Ya se está aplicando un paquete de medidas por €45 mil millones para ayudar a empresas y trabajadores a soportar la pandemia.
Asimismo, en otra voltereta notable, el gobierno británico acató este martes las recomendaciones de un comité de expertos del Imperial College e introdujo diversas medidas para alentar la distancia social e impedir la proliferación del virus. “Gran Bretaña no tiene tiempo que perder”, dice el informe, “y debe cambiar sus tácticas, para prevenir que miles de personas mueran y que el Sistema Nacional de Salud (NHS) sea rebalsado”. Un sistema, por otra parte, que está completamente en ruinas después de décadas de desfinanciamiento.
Según el reporte del Imperial College (uno de los consejos científicos que asesoran al gobierno), 250.000 personas podrían morir, si no se aplican medidas radicales para inducir la distancia social y retardar la difusión del virus. No obstante, las primeras decisiones oficiales en ese sentido sólo apelan a la buena voluntad de los británicos y no tienen carácter obligatorio.

Entre tanto, la Canciller alemana Angela Merkel anunció también este martes que la Unión Europea cerraría por 30 días sus fronteras exteriores. Al mismo tiempo, el ministro de Relaciones Exteriores Heiko Maas informó que se estaba poniendo en marcha una gran operación para llevar de regreso a Alemania a miles de ciudadanos varados en distintos países. Al igual que sus pares europeos, también la República Federal se encamina a la recesión.
Este panorama oscurece las posibilidades de recuperación de China. Su economía está fuertemente internacionalizada y depende de cadenas de producción transfronterizas. Además, restablecer esos lazos implica volver a poner en marcha rutas aéreas, navieras y ferroviarias que también son transmisoras del virus. China no se puede recuperar sola, ni puede ayudar a la economía mundial a salir de la crisis, si sus socios y/o sus consumidores no pueden movilizarse ni tienen poder de compra.
El tren de la economía mundial se ha roto y no hay locomotora que lo pueda sacar adelante, sin cambiar las vías. El sistema es uno, incluido China y Rusia, y desde fin del siglo pasado es impulsado por subsidios en reemplazo de las ganancias. Este ciclo de valorización financiera entre 2000 y 2020 ha hecho implosionar las instituciones económicas y financieras vigentes desde 1945.
Agotadas las sucesivas burbujas especulativas y ante la imposibilidad de seguir invadiendo países, el “Estado profundo” norteamericano acudió al coronavirus para desatar la crisis mundial y barajar de nuevo
Hoy en día nadie tiene la alternativa para reorganizar un sistema político y económico mundial fracturado e irreparable. Sólo el tendido de nuevas vías puede permitir que una o más locomotoras arrastren el tren de la economía mundial.

jueves, 12 de marzo de 2020

El estallido de la crisis mundial es una chance



La crisis financiera mundial y la expansión del Coronavirus están llevando la economía internacional a una recesión que, no obstante, implica una oportunidad para Argentina

Eduardo J. Vior
El fracaso de la reunión de la OPEP+ en acordar una reducción de la producción de petróleo para reducir la baja de su precio, en momentos en que la expansión internacional del Coronavirus ha reducido drásticamente los flujos de personas y de cargas, ha desatado una baja generalizada en las cotizaciones de las acciones, de los bonos de deuda y de los precios de las commodities en todos los mercados del mundo. Esta caída de las cotizaciones genera una corrida hacia el dólar, el oro y otros valores considerados seguros y una retracción de las inversiones y de la demanda que, necesariamente, acarrearán la quiebra de muchas empresas y un aumento del desempleo. Es decir, ha estallado una crisis mundial quizás mayor que la de 2008-09. En estas condiciones los bonos de la deuda argentina han perdido drásticamente su valor y sus tenedores (los principales fondos de inversión del mundo) deben decidir entre asegurarse su rescate por nuestro país o malvenderlos. Ambas alternativas indican que Argentina está en default y, pasado el momento de la negociación, abandonada a su suerte. De nosotros depende cómo salgamos.

Estallido de la crisis mundial

Los principales índices bursátiles de Estados Unidos caían con fuerza el miércoles, tras un intento de rebote en la sesión previa, debido a que los inversores se mostraban escépticos sobre el plan de estímulos del presidente Donald Trump para combatir el Coronavirus. Wall Street había remontado con fuerza el martes, ayudando a resarcir parte de las pérdidas del lunes, pero retrocedió fuertemente este miércoles, porque muchos analistas han entendido que las ayudas financieras de la Reserva Federal y del gobierno de Washington sólo sirven al sector financiero, pero no recuperan la demanda.
Entre tanto, China festeja su triunfo sobre la pandemia. El martes 10 el presidente Xi Jinping visitó por primera vez la ciudad de Wuhan, donde a fin de diciembre pasado comenzó la crisis sanitaria. Casi tres cuartos de los 80.000 infectados en todo el país se han curado. El día en el que Xi visitó Wuhan sólo hubo 19 nuevos casos comprobados. Al mismo tiempo, Ying Yong, secretario del Partido Comunista de China (PCCh) en la provincia de Hubei, donde está ubicada la ciudad en cuestión, ordenó a los funcionarios locales que prepararan el reinicio de las actividades productivas y de servicios y garantizaran el movimiento ordenado de las personas.
El giro chino hacia la normalización y la creciente baja en el número de infecciones en Corea del Sur contrastan con la expansión del virus en Occidente. Varias crisis están confluyendo en el mismo escenario:
–           En primer lugar, obviamente la crisis sanitaria. Desde Europa y Oriente, la pandemia está alcanzando EE.UU., donde el número de infectados puede explotar en los próximos días, a pesar de la actitud denegatoria del gobierno.
–           En segunda instancia, el virus adelantó la recesión que se venía anunciando. En el primer trimestre China no tuvo crecimiento económico y Estados Unidos se prepara a igual futuro.
–           Tercero, el fracaso de las negociaciones entre la OPEP y algunos socios externos (en particular, Rusia) sobre la reducción de sus envíos de crudo y el consecuente anuncio de ambas partes de que incrementarían las ventas hundieron el precio del barril. Aunque el martes las cotizaciones repuntaron, siguen en el nivel más bajo desde 2014.
Si bien los medios norteamericanos rieron por las enormes pérdidas de Rusia y la consecuente devaluación del rublo, la industria petrolera de EE.UU. avizora un futuro aterrador. Gracias a la perforación de esquistos la superpotencia mundial es desde 2019 la primera exportadora mundial de hidrocarburos, pero también la que más ha invertido en los últimos diez años. Sus empresas están muy endeudadas y la retracción del consumo por la crisis mundial puede empujar a la ruina a miles de productores y comercializadores. La UE, en tanto, se dirige rauda hacia una recesión. Ya estaba muy golpeada por la guerra comercial entre EE.UU. y China y el Coronavirus le asestó un golpe durísimo.

La guerra de los precios del petróleo.

Después del fracaso de las negociaciones en Viena la semana pasada, Arabia Saudita anunció que, a partir del 1º de abril, enviará al mercado mundial 2,5 millones de barriles diarios más. Este miércoles la siguieron los Emiratos Árabes Unidos (EAU). El petróleo extra que los dos aliados del Golfo Pérsico planean agregar es equivalente al 3,6% de los suministros mundiales y llegará al mercado en momentos en que se pronostica que la demanda global de combustible en 2020 se contraerá por primera vez en casi una década debido a la pandemia.
El argumento de Rusia contra la reducción de sus exportaciones es simple: por cada barril que la OPEP y sus socios sacan del mercado, EE.UU. vende uno más. El dato fue también registrado por los saudíes, quienes salieron a competir con Rusia en su enfrentamiento con el fracking norteamericano. Como cada barril de crudo producido cuesta a Saudi-Aramco (la empresa estatal saudita de petróleo) sólo 2,80 dólares contra los 16 dólares que paga la estadounidense Exxon Mobil o los 20 oblados por la rusa Rosneft, los saudies pueden seguir abaratando su fluido negro.
El conflicto petrolero tiene, pues, razones políticas: ni rusos ni sauditas –aunque por razones diferentes- quieren entregar el mercado mundial a los norteamericanos. El aumento en las exportaciones y la baja de los precios causa a ambos grandes perjuicios, pero con perspectivas disímiles. Mientras que las subvenciones a las exportaciones de petróleo amenazan con consumir rápidamente los 500 mil millones de dólares de las reservas internacionales del reino, en los últimos años Rusia ha desacoplado sus costos de producción de hidrocarburos del dólar y puede aprovechar la previsible rápida recuperación de la economía china en los próximos meses, para abastecerla a través del poliducto “Poder de Siberia” inaugurado en diciembre pasado.

La tormenta perfecta

El hundimiento de las cotizaciones petroleras impulsa la baja de todas las commodities y, con ello, déficits en las balanzas comerciales y de pagos de los países emergentes que, a su vez, suscitan la fuga de capitales hacia el dólar y el oro. Consecuentemente, se devalúan los bonos de sus deudas soberanas. Como al mismo tiempo el abaratamiento del petróleo empuja a la quiebra a las altamente endeudadas empresas norteamericanas involucradas en los yacimientos de esquistos, la crisis financiera y cambiaria pronto puede alcanzar la economía real. Si las empresas no pueden pagar sus deudas y el mercado internacional de bonos se derrumba, los bancos y fondos de inversión dejarán de prestar.
Durante 2019 la economía mundial ya estaba muy débil y la norteamericana, en particular, sólo se sostenía por el consumo privado. Desde abril de ese año las inversiones privadas se contrajeron y las existencias crecieron desmedidamente. La guerra comercial liderada por Trump en 2018 y 2019 hizo el resto. Los inversores han concluido ahora que el ciclo de 11 años de crecimiento se acabó. Están retirando ganancias y comprando divisas duras u oro.
El desorden provocado por el Coronavirus es, por lo tanto, sólo una “causa precipitante” de la crisis financiera y comercial. Si bien China no cayó en recesión y se anuncia su pronta recuperación, el efecto retardado de su menor demanda agregada en el primer trimestre va a pesar sobre la economía mundial en los próximos meses. La economía mundial se está precipitando en una crisis mundial peor que la de 2008-09 y esta vez ya no van a alcanzar los estímulos monetarios para superarla. Se necesitan medidas mucho más radicales para estimular la demanda agregada, pero no se ven las condiciones políticas, para que las principales potencias occidentales las adopten. Por el contrario, la próxima recuperación de la economía china, además de satisfacer su demanda interna, propenderá a aumentar el peso mundial de ese país.
La economía argentina está enormemente endeudada y con vencimientos a muy corto plazo. Por eso es que el FMI declaró la deuda argentina como “insostenible”. Los bonos entregados a los mayores fondos internacionales de inversión se han devaluado mucho y las duras condiciones que el gobierno de A. Fernández impone para renegociar la deuda debilitan la posición de los acreedores. O aceptan los términos propuestos por Argentina y postergan las cobranzas o declaran unilateralmente nuestro default, la cotización de los bonos se hunde y sus inversores pierden sus depósitos. En cualquiera de ambos casos nuestro país está en camino de desacoplarse de una economía mundial en crisis, pero puede sacar provecho de la crisis. Para ello, debe recuperar su soberanía monetaria, cambiaria y crediticia e inyectar dinero en la economía real, mientras aprovecha los vínculos estratégicos con China y Rusia para activar las inversiones necesarias y exportar. La ruina de la economía de casino internacional puede ser nuestra salvación.

miércoles, 4 de marzo de 2020

En Montevideo se congregaron golpistas y golpeados

Romper el cerco con inteligencia y astucia


Mientras Alberto Fernández inauguraba el período parlamentario, en Uruguay se congregaba la derecha regional buscando aislar a Argentina
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
2 de marzo de 2020
Eduardo J. Vior
Más allá de la reafirmación de los valores “tradicionales” del Uruguay ruralista, la asunción de Luis Lacalle Pou mostró el retorno de la más rancia oligarquía oriental al poder acompañada de reminiscencias de la dictadura y la adhesión a un neoliberalismo duro. La falta de definiciones políticas y la cantidad de vacantes en el gabinete auguran un gobierno en crisis permanente. No obstante, la coincidencia de toda la derecha regional en la ceremonia, con el aval norteamericano y del Rey de España, anuncian un cerco que Argentina deberá desarmar con firmeza y prudencia.
Luis Lacalle Pou asumió la Presidencia de Uruguay en una ceremonia en la que afirmó que “el pueblo pidió un cambio, pero un cambio basado en acuerdos”, y prometió un “diálogo constante con los partidos que no participan de este gobierno y con las asociaciones civiles”. Lacalle Pou y la vicepresidenta Beatriz Argimón llegaron el domingo 1º minutos antes de las 14.00 para ser investidos en sus respectivos cargos por el presidente del Senado, José Mujica, frente a la Asamblea General. Además de senadores y diputados, estaban los familiares de la nueva fórmula presidencial y las delegaciones extranjeras. Allí estaban Jair Bolsonaro (Brasil), Mario Abdo Benítez (Paraguay), Sebastián Piñera (Chile), Iván Duque (Colombia) y Abdul Hamid (Bangladesh), también el rey Felipe de España, el vicepresidente de Ecuador, Otto Sonnenholzner, y los cancilleres de Argentina, Felipe Solá, y Karen Longarik, de Bolivia. Además, asistió el administrador de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, Andrew Wheeler, y el líder del oficialismo en la Cámara de los Comunes de Canadá, Pablo Rodríguez, de origen argentino.
El mandatario comenzó su discurso destacando que la Constitución se viene cumpliendo desde hace 35 años, que la democracia del país ha sido reconocida como “una de las mejores del mundo” y que el nuevo gobierno tiene “la responsabilidad de continuarla”. Luego aseguró que los gobernantes son “inquilinos del poder” y “empleados de los ciudadanos” y que están para “servirlos”. En esa misma línea, aseguró que el nuevo gobierno pretende “tener una relación transparente y de comunicación constante para poder generar confianza”.
Destacó que por primera vez el país será gobernado por una coalición de cinco partidos. Luego aclaró que “el cambio” que la ciudadanía votó se hará “en diálogo constante con los partidos políticos que no forman parte de nuestro gobierno y con todas las organizaciones civiles”. Los aplausos más fuertes que se ganó el presidente fueron cuando dijo que el nuevo Poder Ejecutivo se negaba a que esta “nueva etapa” consistiera en “cambiar una mitad por la otra”, ya que “la unión es lo que nos piden los uruguayos”. Según dijo, se buscará “continuar lo que se hizo bien, corregir lo que se hizo mal y, sobre todo, hacer lo que no se supo o no se quiso hacer en estos años”.
Acto seguido, Lacalle comenzó a presentar algunos de los objetivos de su gobierno: uno de ellos será bajar el desempleo, cuya cifra es “la más alta de los últimos años”. Por eso, afirmó, es necesario “iniciar urgentemente una recuperación de la competitividad nacional” y del “precio de los servicios públicos”, así como “ordenar adecuadamente los recursos humanos del Estado”. Además, Lacalle Pou dijo que se comprometerá a dar un “apoyo directo a las micro, pequeñas y medianas empresas” y generar una “apertura de mercado en mejores condiciones para nuestros bienes”.
Respecto de la situación fiscal, expresó que el actual es el déficit fiscal “más alto de los últimos 30 años”. Recordó su promesa de campaña de tener un gobierno austero y aseguró que impulsará una “verdadera regla fiscal”. Además, el presidente dijo que es “inminente” una reforma de la seguridad social.
Uno de los temas que Lacalle Pou destacó con más insistencia fue “la crisis de la seguridad humana” que, a su entender, vive el país. “No tenemos dudas de que estamos ante una emergencia”, aseguró. Recordó la reunión que tendrá este lunes con las jerarquías policiales y dijo que en su gobierno “se cuidará a los que cuidan”. “No estamos dispuestos a ceder territorio a la delincuencia o al narcotráfico, y vamos a perseguir el abigeato, que desola gran parte del interior de nuestro país”, aseguró.
El presidente fue muy crítico con la situación actual de la educación del país y dijo que estos años “han sido un período de retroceso en nuestra enseñanza”, a pesar de las “grandes cantidades de dinero invertido”.
Seguidamente, Lacalle Pou pidió fortalecer el Mercosur, pero al mismo tiempo “flexibilizar el bloque para que cada socio pueda avanzar en procesos bilaterales con otros países”. Además, sostuvo que es necesario internalizar el acuerdo comercial del Mercosur con la Unión Europea: “Los procesos iniciados deben terminarse: si no se terminan, generan descreimiento”. El presidente aseguró que para afianzar los intereses del bloque “no debe importar el signo político de cada uno de los miembros”.
No obstante su rechazo a las políticas exteriores ideológicas, Lacalle Pou no invitó a representantes de Venezuela y Cuba y se mostró amistoso con Jair Bolsonaro. Lacalle Pou recibió a Bolsonaro e invitó al secretario general de la OEA, Luis Almagro, a su ceremonia de asunción por cuya reelección votará.
La falta de definiciones en su discurso inaugural coincide con la ausencia de lineamientos en varias áreas cruciales de la “coalición multicolor”. La diversidad de la misma, la participación del retirado excomandante del Ejército Guido Manini Ríos –de ruidosas posturas reaccionarias- y la difícil coyuntura internacional preanuncian un gobierno plagado por crisis y enfrentamientos. Sin embargo, la coincidencia en el traspaso del mando de los mandatarios de Brasil, Paraguay, Chile y la canciller del régimen de facto de Bolivia muestra la voluntad de aislar a Argentina e imponerle soluciones “multilaterales” aperturistas y autoritarias.
Argentina no puede volver a pelearse con Uruguay, como sucedió en los años 2000. Se trata de un país pequeño, pero tradicionalmente vinculado a Gran Bretaña y a Estados Unidos y muy integrado con las economías de Argentina y Brasil. Si el Río de la Plata se convierte en una frontera, Uruguay se transforma inmediatamente en una base de operaciones político-económica que puede provocarnos serios daños. Al mismo tiempo, Argentina necesita que la República Oriental ayude a controlar la fuga de capitales y clausure su cooperación con la ocupación de las Islas Malvinas.
Esta situación y nuestras necesidades imponen llevar adelante una relación firme, pero incluyente. De Uruguay obtendremos más encaminando proyectos económicos comunes que enfrentándolo. Nuestro nuevo embajador allí es la persona ideal para este trato callado. No perturbemos su trabajo haciendo demasiado ruido.

jueves, 27 de febrero de 2020

El "Estado profundo" no puede vivir sin guerras

En Afganistán Trump busca la paz y su reelección

26 de febrero de 2020
Rusia, China, Irán y los talibanes permiten al presidente norteamericano alcanzar un acuerdo para sacar a las tropas del país asiático, pero el “Estado profundo” aún puede arruinar todo

Eduardo J. Vior
Después de 18 años de guerra, al acordar el pasado viernes 21 con los talibanes afganos el cese de las operaciones ofensivas durante una semana, los Estados Unidos comenzaron a recorrer el camino para salirse de su “peor desastre estratégico” (Foreign Policy, 21-02-20) en 45 años y para que el presidente Donald Trump en la campaña presidencial pueda mostrar que cumplió su palabra de 2016 de “traer a los muchachos de vuelta a casa”. Todas las potencias vecinas apoyan la tregua, pero todas ellas, también, aspiran a ocupar el espacio abandonado por los derrotados norteamericanos. Para no perder completamente pie en la región, entonces, este lunes 24 el presidente inició una visita estratégica a India.
Entre tanto, dentro del “Estado profundo” estadounidense son muchos los que no quieren abandonar el lucrativo negocio de la droga afgana y rehusarán firmar al presidente un cheque en blanco para su reelección. Dentro del país centroasiático, finalmente, la mayoría de los actores políticos teme que la retirada de EE.UU. reavive la guerra civil. Ante este oscuro horizonte sólo el sufrido pueblo afgano puede obligar a los numerosos contendientes a buscar la paz.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó el lunes 24 a la ciudad india de Ahmedabad en su primera visita oficial al país asiático, siendo recibido por el primer ministro indio, Narendra Modi. El evento central de la jornada fue una manifestación multitudinaria en el que las autoridades congregaron a 100.000 espectadores para el “Namaste Trump”. Por su tamaño, economía y ubicación, India es para EE.UU. un aliado fundamental para contrarrestar la influencia china en Surasia y Asia Central. Trump viajó luego a Nueva Delhi, donde centró su agenda en los asuntos comerciales. Obviamente, también la seguridad de la península y su entorno fueron motivo de tratativas entre los líderes.
Mientras tanto, desde el sábado está en vigencia en Afganistán un alto el fuego de siete días previo a la firma de un acuerdo de paz entre Estados Unidos y los talibanes, para tratar de poner fin a una brutal guerra de casi dos décadas, que ha dejado más de 100.000 víctimas civiles sólo en los últimos diez años, según estima la ONU.
El movimiento islamista talibán, las fuerzas estadounidenses y el ejército afgano se han comprometido a respetar una llamada “reducción de la violencia”. Si este acuerdo se respeta, el próximo sábado 29 se firmará la paz entre EE.UU. y los talibanes quienes a continuación comenzarán a negociar con el gobierno afgano. Cientos de afganos festejaron este sábado en las calles este inicio del fin de la guerra.
La tregua de siete días es el resultado de más de un año de negociaciones entre ambas partes en Catar. El entendimiento prevé que Washington retirar a sus tropas del país centroasiático, llevándolas de unos 12.000 a 8.000 soldados. Los talibanes, además, se comprometieron a no cobijar a organizaciones “terroristas” como Al Qaeda. Además, luego del el acuerdo del día 29, ambas partes liberarán respectivamente a 5.000 prisioneros talibanes y a 1.000 norteamericanos y aliados.
Casi nadie en Afganistán se lamentó por la relegitimización del movimiento islamista y la perspectiva de que dentro de poco vuelva a gobernar el país (ya lo hizo entre 1996 y 2002). El Pentágono ha dejado en claro que continuará combatiendo al Estado Islámico, presente allí desde 2016, y a Al Qaeda, aunque no dejó en claro cómo evitará afectar a la población civil.
El acuerdo deberá soportar sabotajes internos y externos. Por ejemplo, después del asesinato de Qasem Suleimaní el pasado 2 de enero, Irán buscó golpear a los estadounidenses en Afganistán mediante sus aliados afganos. Incluso, a pesar de que los talibanes tienen una ideología cercana al wahabismo saudita, recientemente también son apoyados por su vecino iraní, al menos en las provincias occidentales fronterizas.
Decenas de dirigentes afganos hasta ahora apoyados por EE.UU., inclusive el jefe de gabinete Abdulá Abdulá, manifestaron su preocupación por no haber sido incluidos en la tregua y, probablemente, reclamen el inmediato retiro del país de todas las tropas estadounidenses. La fractura del gobierno de unidad nacional también amenaza la pacificación. Recién el martes 18 el presidente Ashraf Ghani fue declarado vencedor en la elección del pasado 28 de septiembre y el todavía jefe de gobierno Abdulá Abdulá ya impugnó los cómputos. Mientras que el presidente Ghani es un académico formado en EE.UU. y apoyado por éstos, Abdulá es el heredero de una casta de funcionarios de la antigua monarquía derrocada en 1973 que durante la guerra contra los soviéticos en la década de 1980 se ligó a los caudillos de la llamada coalición del Norte. Afganistán está segmentado en clanes, etnias, confesiones y liderazgos regionales, todos ello mezclado con el narcotráfico y la intromisión norteamericana, paquistaní, saudita, iraní y del EI.
Durante años los líderes talibanes se mostraron como humildes siervos de la causa islámica. Sin embargo, se han convertido en los principales traficantes de heroína y han creado empresas de construcción y transportes en Paquistán y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), para lavar el dinero del tráfico. Las mismas supuestamente sirven para financiar la resistencia, pero de hecho muchos dirigentes las usan para enriquecerse. Entre tanto, desde 2016 diversos jefes locales de los talibanes se sumaron al Estado Islámico.
A este complejo escenario hay que sumar la influencia de China. Beijing aprovechó su influencia sobre su estrecho aliado paquistaní, para facilitar las negociaciones entre los talibanes y EE.UU., pero evitando inmiscuirse en la política interna afgana, para no provocar reacciones norteamericanas contra su programa de la Nueva Ruta de la Seda. China tiene miedo de que cualquier interrupción en el proceso de paz afgano lleve a Donald Trump a retirar unilateralmente las tropas del país y que se desate una nueva guerra civil que, a su vez, podría alentar a cientos de militantes uigures a instalarse en Afganistán, para erigir allí una base desde donde amenazar a China. Así como Beijing trata de no inmiscuirse en la política interna afgana, impulsa a su aliado paquistaní a apoyar el proceso de paz. No obstante esta alianza, éste continúa bloqueando las conexiones entre India y Afganistán.
Un factor de inestabilidad suplementario lo representa el narcotráfico. Para acelerar la búsqueda del alto del fuego, la Casa Blanca omitió este tema, pero el hecho de que Afganistán sea el productor del 90% de la heroína consumida en el mundo no puede ser ignorado. Precisamente, entre 1979 y 2019 la producción de heroína creció veinte veces, en paralelo con las intervenciones norteamericanas en el país, y se convirtió en un monocultivo. Todo comenzó por la tolerancia de la CIA hacia el cultivo de la flor por parte de las guerrillas antisoviéticas en la década de 1980, pero rápidamente sus agentes descubrieron que el tráfico de heroína era un buen medio para financiar operaciones encubiertas que el Congreso de EE.UU. nunca habría autorizado.
De esta experiencia de intervención a extender el tráfico hacia otros teatros de operaciones había un solo paso. Muchas empresas se crearon para blanquear lo recaudado y grandes bancos internacionales participaron en el reciclado de estas inmensas riquezas. Hoy en día es impensable el tráfico de heroína sin la participación de las agencias norteamericanas y británicas. Si ahora EE.UU. relegitima a los talibanes y no quiere ahogar la economía afgana, deberá buscar la legalización y regulación del tráfico mundial de heroína, el único medio serio para controlarlo y reducir la epidemia de drogadicción.
Casi todas las potencias vecinas a Afganistán están de acuerdo con y esperan beneficiarse de la salida de los norteamericanos de ese país. En contra están los generales estadounidenses, la DEA y la CIA, porque se les acaba el negocio. Mucho sabotaje y muchas resistencias van a surgir de las propias filas norteamericanas y del Estado Islámico (EI). Donald Trump, en tanto, urge a los negociadores, para que hasta noviembre se retire aunque sea un contingente simbólico, suficiente para mostrar a sus votantes que está trayendo “a los muchachos de vuelta”.
El comienzo del repliegue estadounidense no va a traer la paz a Afganistán, sino muy probablemente una nueva guerra civil. Los talibanes, el corrupto gobierno de Kabul y los señores de la guerra se van a disputar el control sobre las exportaciones de opio. Aun a su pesar, las potencias vecinas van a tener que intervenir en el país. Sólo la cooperación entre todas ellas podría forzar a las facciones en pugna a buscar la paz. El riesgo del retorno de EE.UU. está siempre pendiente.
Los cientos de miles de muertos y los millones de víctimas que el país ha tenido en los últimos 40 años deberían haber servido, para demostrar que la epidemia mundial de drogadicción sólo se resuelve con la legalización y la regulación de este mercado, que EE.UU. sigue siendo la mayor superpotencia del globo, aunque muy vulnerable, si se le opone una voluntad nacional consecuente, y que, finalmente, no existe sustituto válido para la responsabilidad de cada país y cada sociedad de encontrar pacífica y concertadamente por sí mismos la solución a sus propios problemas. Pero a Donald Trump, probablemente, le interese más su reelección.

lunes, 17 de febrero de 2020

Argentina y Venezuela, envueltas en el conflicto mundial

Rusia marca la cancha desde Tierra del Fuego hasta el Caribe



Eduardo J. Vior
Mediante las maniobras “Escudo Bolivariano” Moscú advierte a Washington que no se meta con Venezuela y lo sorprende mostrando su solidaridad con Argentina contra Gran Bretaña

Por Eduardo J. Vior

Mientras casi 40.000 efectivos de la OTAN inician en Polonia y los países bálticos la maniobra “Defender Europe”, sofisticadas armas antiaéreas provistas por Moscú acompañaron este sábado 15 y domingo 16 la movilización de dos millones de efectivos venezolanos en el ejercicio “Escudo Bolivariano”. Por las dudas Washington no haya escuchado, el viernes 14 también el embajador ruso ante Argentina se solidarizó desde Ushuaia con nuestro reclamo por la reintegración de las Islas Malvinas, abriendo un nuevo frente diplomático contra la OTAN y demostrando el nivel de la cooperación estratégica ruso-argentina.

En un acto que contó con la participación del gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella, representantes de los veteranos de Malvinas y un nutrido público, el embajador ruso Dmitry Feoktistov tomó la palabra inesperadamente y declaró lo siguiente: “en Rusia tenemos la conmemoración del Regimiento Inmortal el Día de la Victoria, cuando la gente sale con retratos de sus seres queridos que murieron en la Guerra. En Argentina lo honramos en la Plaza San Martín y marchamos hasta el Monumento a los Caídos en Malvinas y siempre muchos argentinos se unen a nosotros en esta fecha”, expresó.

“En esta ocasión, continuó, los rusos nos unimos a ustedes para honrar la memoria de los caídos en las islas Malvinas. Quiero decirles a todos los veteranos y todos los argentinos que Rusia siempre los apoyará en todo y sobre todo en la cuestión de la soberanía de las Malvinas “, agregó. “La hora del colonialismo pasó y los ingleses deben devolver las islas a Argentina”, manifestó Feoktistov.

Las palabras pronunciadas por el diplomático ruso fueron entendidas como una advertencia de Moscú a Occidente que excede su relación con Argentina. Es que el pasado 4 de febrero la Organización del Atlántico Norte (OTAN) inició en Alemania, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia gigantescas maniobras que durarán cinco meses. Se trata de la práctica de la OTAN más grande de los últimos 25 años. Su objetivo declarado es entrenar el rápido despliegue de tropas norteamericanas en Polonia y los países bálticos ante un eventual ataque desde el Este. En el entrenamiento participan 20.000 efectivos estadounidenses y 13.000 unidades de equipamiento trasladadas a Europa por mar y aire.

Las maniobras incluyen en total a 37.000 soldados de 19 países. En tanto el mayor despliegue de tropas se realizará en Polonia, Alemania servirá de centro logístico y zona de tránsito. Por supuesto, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró que “Defender Europe no se dirige contra ningún país en particular”, pero es poco creíble. Después del golpe de estado en Ucrania en febrero de 2014, que provocó el alzamiento de la zona rusohablante del este del país y la reintegración de Crimea a Rusia, la alianza atlántica se dio cuenta de que a partir de entonces Rusia iba a responder a cada provocación occidental y comenzó a mejorar sus capacidades, para poder confrontar con el modernizado y bien entrenado ejército ruso.

Obviamente, realizar maniobras de estas dimensiones es un intento de provocación vinculado a la campaña electoral norteamericana. Por un lado, Trump necesita demostrar que es tan antirruso como el más furioso de sus opositores. Por el otro, su dependencia de los cristianos evangélicos liderados por el secretario de Estado Mike Pompeo lo obliga aún más a atizar el fuego antimoscovita.

La respuesta rusa se dio este fin de semana de este lado del Atlántico. El sábado 15 fueron activados en toda Venezuela los ejercicios “Escudo Bolivariano 2020”. En estas prácticas cívico-militares participan 2.370.430 efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y de la Milicia Bolivariana. Los ejercicios se ejecutaron en las ciudades de Caracas, Maracay, Valencia, Barquisimeto  y Maracaibo. Estas prácticas se realizan tras la entrada en vigor de la Ley de la FANB, que enfatiza la unión cívico-militar para la defensa territorial e incorpora a la Milicia Bolivariana como componente especial de esa institución.

Nicolás Maduro ha asegurado que los ejercicios militares no solo sirven para prevenir eventuales agresiones de EE.UU. y Colombia, sino también para responder a las mafias que contrabandean combustible hacia los países vecinos. Anticipando los ejercicios las fuerzas de seguridad venezolanas interceptaron el martes pasado en el estado de Lara (noroeste) un avión ligero que transportaba 500 kilogramos de cocaína y detuvieron a dos ciudadanos brasileños, informó el Ministerio del Interior.



Ese mismo martes un espectáculo sorprendente recibió al jefe opositor Juan Guaidó, cuando volvió a su país: unos grandes vehículos lanzamisiles aparecieron estacionados en la carretera que conecta Caracas con el aeropuerto de Maiquetía, bloqueada por efectivos militares. Al día siguiente unos equipos similares fueron vistos en la base aérea de La Carlota, en el centro de Caracas. Otros más fueron vistos en Puerto Cabello, sobre la costa del Caribe.

Según expertos, los vehículos mostrados en las fotografías eran parte de un grupo BUK M2E, un sistema de defensa antiaérea ruso de mediano alcance con el que cuenta el ejército venezolano. De acuerdo a informaciones de BBC Mundo, también se vieron vehículos de un S-125 Pechora, otro grupo de intercepción de origen ruso, pero más antiguo que el M2E. El BUK M2E y el S-125 Pechora, junto a los más sofisticados y avanzados S-300, forman el grueso de la artillería antiaérea de la FANB.

Aunque Venezuela cuenta también con sistemas RBS 70, de fabricación sueca, y los franceses Mistral, estos son mucho más modestos y no comparables a los BUK, Pechora o S-300, señalan los especialistas. También son rusos los lanzamisiles portátiles individuales Igla-S. Los sistemas antiaéreos rusos fueron entregados a Venezuela entre 2011 y 2014.



El país caribeño dispone asimismo de cazas Su-30Mk2, un modelo capaz de competir con los más avanzados aviones de combate de la OTAN. En su reciente visita a Caracas, entre tanto, el canciller ruso Serguéi Lavrov reafirmó que la cooperación militar entre ambos países es prioritaria para su país, formulando así una fuerte advertencia a Estados Unidos.

En el marco de la creciente confrontación entre la alianza occidental, por un lado, y Rusia, China e Irán, por el otro, que se está agudizando al calor de la retórica antirrusa que rezuma la campaña electoral estadounidense, tanto la maniobra de la OTAN en Europa Oriental como el ejercicio de las fuerzas venezolanas y la proclama del embajador ruso en Argentina deben entenderse como fintas previas a una pelea de boxeo que es de esperar no se dé nunca, pero –hagámonos conscientes- la confrontación mundial nos ha alcanzado.

viernes, 7 de febrero de 2020

Para dónde irá EE.UU. en noviembre y después

¿Qué Trump nos deparará 2021?


Tras superar el juicio político y sin competidores, el presidente norteamericano se encamina a su reelección, pero ¿con qué política?
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
7 de febrero de 2020
Eduardo J. Vior
Al día siguiente de haber sido sobreseído por el Senado, Donald Trump se descargó contra sus adversarios dentro y fuera del gobierno. Fue un mes duro, pero al presidente finalmente pudo empezar la campaña electoral con el pie derecho. A esta altura del año, faltando nueve meses para la elección presidencial, nadie duda del triunfo de Donald Trump. La incógnita se plantea sobre la política que éste llevará adelante en su segundo mandato.
En una alocución espontánea ante el personal de la Casa Blanca el jueves 6 por la mañana el jefe del Estado empezó descargando las tensiones que pasó durante 36 meses: “primero pasamos por el griterío de ‘Rusia, Rusia, Rusia,'”, dijo, aludiendo a las acusaciones de complicidad con Rusia, para ganar la elección de 2016. “Fue todo una bosta [sic] que nos obligó a soportar el Informe Mueller”, continuó refiriéndose a la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre si Trump había obstruido la Justicia durante las pesquisas sobre la intromisión rusa.
“Ésta no es ni una conferencia de prensa ni un discurso; es solamente una celebración”, sintetizó. “No niego haberme equivocado en mi vida ni haber hecho cosas incorrectas, aunque siempre sin intención, pero el resultado es éste”, culminó, mostrando la tapa del The Washington Post con el titular del día: “Trump sobreseído”.
Al absolver al presidente por 52 contra 48 votos en un cargo y por 53 contra 47 en el otro, el Senado de Estados Unidos dio el miércoles a la noche por terminado el juicio político que habilitó la Cámara de Representantes en diciembre pasado por los delitos de abuso de poder y de obstrucción al Congreso.
La votación en el Senado se realizó apenas unas horas después de que Trump presentara el martes su informe anual sobre el estado de la Unión ante la Asamblea Legislativa. Las escenas de Donald Trump negando el saludo a su anfitriona, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y la de ésta rompiendo el texto del discurso, apenas el mandatario hubo terminado, fueron cuidadosamente representadas, para inaugurar la campaña electoral. Un novelón perfecto, que el pleno subrayó aplaudiendo unánimemente a su huésped Juan Guaidó, cuando Trump lo presentó como “verdadero presidente de Venezuela”.
Las asambleas del Partido Demócrata (DP, por su sigla en inglés) en Iowa el pasado lunes 3 debían dar el puntapié inicial para la campaña preelectoral de la oposición, pero un grave desmanejo informático hizo que el partido pasara un papelón. Tres días después del comicio, con el 97% de las mesas escrutadas, Pete Buttigieg, exalcalde de South Bend, Indiana, superaba el jueves al senador Bernie Sanders ¡por 3 votos! Consecuentemente, el Comité Nacional Demócrata (DNC, por su nombre en inglés) ordenó la repetición de las asambleas.
El martes 11 se realizará la primera elección primaria en Nueva Hampshire, a la que el 22 suceden las asambleas demócratas en Nevada y el 29 la primaria demócrata en Dakota del Sur. Ya el martes 3 de marzo las primarias en 16 estados perfilarán más claramente las candidaturas. Mientras que en el Partido Republicano el liderazgo de Trump es incuestionable (en Iowa sacó el 97% de los votos), el Partido Demócrata aparece atomizado y sin liderazgo.
También el martes se conocieron los resultados de la última encuesta electoral de Gallup. Según la misma, el 49% de los votantes norteamericanos aprueba la gestión de Donald Trump. Es el índice más alto desde que asumió la presidencia en enero de 2017 e incluye tanto a un 94% de republicanos como a un 42% de electores autodefinidos como independientes. Sin embargo, el porcentaje de sostén entre los demócratas bajó a un inédito 7%. La diferencia de 87 puntos entre los partidarios de uno y otro partido es, según Gallup, la mayor polarización registrada desde que se realizan estas mediciones.
Para todo observador atento de la política mediooriental, en tanto, es evidente que el espacio político perdido por Irán tras el asesinato del comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica, Qasem Suleimaní, el pasado 2 de enero, fue ocupado por Rusia y no por EE.UU. En el mes que pasó desde que Donald Trump ordenara su muerte, la diplomacia de Moscú consiguió reducir la influencia iraní en Siria e Irak y se afianzó como garante del orden postbélico en Medio Oriente. Sin embargo, en Estados Unidos el presidente logró imponer la sensación de que el magnicidio sirvió para evitar futuros atentados.
Asimismo, dos semanas después de que China y EE.UU. firmaran el llamado Acuerdo de Fase 1 para resolver su entredicho comercial, este lunes pasado el Departamento de Comercio sacó una resolución que permite imponer tasas aduaneras suplementarias a los productos de países que hayan devaluado artificialmente sus monedas en relación al dólar, para mejorar sus chances ante los productos norteamericanos. Si bien los medios predominantes han puesto el acento en el mayor volumen de bienes y servicios que la República Popular se ha comprometido a comprar a Estados Unidos, el acuerdo se destaca en realidad por la rigurosa protección de la propiedad intelectual de los productos y servicios estadounidenses y por la eliminación de la obligación de transferir tecnología a China. Al mismo tiempo, la potencia asiática se obligó a aumentar sus importaciones de EE.UU. en 200 mil millones de dólares tan sólo entre 2020 y 2021, lo que va a impulsar fuertemente el crecimiento de la economía. Si bien se trata sólo de un acuerdo inicial y todavía quedan muchos sectores de ambas economías sobre los cuales negociar, Donald Trump puede vanagloriarse de haber alcanzado un triunfo enorme.
En el mismo sentido, una encuesta publicada el lunes 3 muestra que el 61% de los norteamericanos aprueban el modo en que el gobierno federal está manejando el riesgo de extensión de la epidemia de coronavirus. Si bien muchos temen que la misma se expanda a EE.UU., muy pocos sienten temor a un contagio inminente.
Durante su discurso sobre el estado de la Unión, el pasado martes, Trump no se privó de alabar enfáticamente su llamado “plan de paz” para Oriente Medio. El presidente había presentado el proyecto el 28 de enero en la Casa Blanca ante un auditorio compuesto por líderes republicanos e importantes financiadores del partido, como el magnate del juego Sheldon Adelson. Según la propuesta, EE.UU. reconocería la soberanía israelí sobre los asentamientos judíos en Cisjordania, a Jerusalén como capital de Israel y daría a éste la custodia de todo el territorio, especialmente del valle del Jordán. Al mismo tiempo, permitiría la constitución de un Estado palestino en los retazos territoriales que quedarían en Cisjordania y Gaza y la instalación de su sede gubernamental en Jerusalén Oriental.
La propuesta, que no fue consultada con los palestinos, fue informada previamente al primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, y a su contendiente, Benny Gantz, quien también la aprobó. Para los observadores se trata de una grosera intromisión en la campaña israelí para la elección parlamentaria de marzo próximo, pero sobre todo un recurso propagandístico para asegurarse el apoyo de las iglesias y congregaciones evangélicas sionistas.
A pesar de sus éxitos políticos, diplomáticos y económicos es dudoso que el presidente obtenga en noviembre la mayoría del voto popular, sobre todo por el rechazo que experimenta en los estados más poblados de las costas Este y Oeste. Igual que en 2016, va a recurrir entonces a conquistar la mayoría del Colegio Electoral. Por ello es que está tan pendiente del voto evangélico, predominante en los estados rurales del Sur, Medio Este y Medio Oeste, y del voto latinoamericano anticastrista y antichavista, determinante en Florida.
Donald Trump dista de ser un líder ideológico. Más bien es una veleta que gira con el viento. Según su visión estratégica, EE.UU. debería retirarse del Medio Oriente ampliado y llegar a una mutuamente provechosa partición de áreas de influencia con Rusia y China. Sin embargo, el secretario de Estado Mike Pompeo, lo ha atenazado eficazmente desde el gobierno, el Alto Mando, la CIA y el sionismo evangélico y el presidente se ha plegado a la política de los sectores ultrarreaccionarios. Gracias a ellos piensa ganar la elección. Después dependerá de la correlación de fuerzas. No hay dudas de que Donald Trump será reelecto, pero nadie sabe qué política llevará adelante en su segundo mandato.

martes, 21 de enero de 2020

EL VIAJE DE ALBERTO A ISRAEL

Una oportunidad de tener voz en la reconfiguración de Medio Oriente:

Argentina, Israel e Irán necesitan la paz en Medio Oriente


El imam Hussein recibe al general Soleimani en el cielo.

La autocontención del liderazgo iraní y la mediación de Rusia y China tras el asesinato de Qasem Soleimaní alinean a Netanyahu con Eurasia y disminuyen la tensión también en Suramérica

Canciller Solá, presidente Fernández y embajador Sergio Uribarri. Una oportunidad de tener voz en la región más candente del globo.

POR EDUARDO J. VIOR (aprovechando aportes de Pepe Escobar, Thierry Meissan y Guillermo Robledo)

El anuncio oficial de que el primer viaje del presidente Alberto Fernández al exterior lo llevaría hoy a Israel, donde el viernes participará en Jerusalén junto a numerosos líderes mundiales en la conmemoración del 75º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz por el Ejército Rojo, despertó en Argentina encendidas y controvertidas reacciones.
En la discusión se metió el secretario de Estado Mike Pompeo quien el sábado 18 tuiteó «en el quinto aniversario de la muerte del fiscal Alberto Nisman, recordamos el ataque de 1994 contra el centro judío AMIA en Buenos Aires y su esfuerzo incansable para llevar a sus responsables a la justicia.» Luego de esto, nadie puede tener dudas acerca de la imbricación internacional del aniversario argentino ni de su estrecho vínculo con las movidas que se producen en Oriente Medio.
Precisamente por este complicado entramado es aconsejable comenzar el análisis determinando algunos hechos duros sobre la conmemoración en Yad Vashem. Según informa el portal oficial Noticias de Israel, el evento fue organizado por el presidente de ese país, Reuven Revlin, y el centro conmemorativo del Holocausto que cuenta con el financiamiento del empresario ruso-judío y filantropista Viatcheslav Moshe Kantor, presidente del Congreso Judío Europeo y muy cercano al presidente ruso Vladimir Putin. Concurren representantes de 46 países, entre ellos el propio Putin, quien ya se encuentra en Israel para una visita de Estado, el presidente francés Emmanuel Macron, el príncipe Charles del Reino Unido, el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier y el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, con una delegación bipartidista del Congreso. No concurre Donald Trump.
Se espera que Rivlin se reúna con casi todos los líderes durante media hora cada uno. En cambio, el primer ministro Benyamin Netanyahu, en principio, sólo tiene planeado encuentros con Putin, Macron y Pence. La Casa Rosada ha anunciado que Alberto Fernández se reunirá con Putin, Macron y Netanyahu.
La figura central de la reunión será el mandatario ruso. Según el diario La Nación del jueves 17 de enero, el gobierno argentino comunicó a la embajadora de Israel, Galit Ronen, la decisión de Alberto Fernández de concurrir a la conmemoración, sorprendiéndola. ¿Quién lo invitó, si no Israel? Este domingo 19, en tanto, la embajada intentó hacer como que todo estaba previsto, pero no convenció. En una nota de Román Lejtman en Infobae se informó que la invitación ya había sido formulada por la embajadora el pasado 12 de noviembre, pero que Alberto Fernández recién se habría decidido a viajar el miércoles 15 de enero, cuando Cristina Fernández, a la vuelta de Cuba, lo invitó a cenar y le “aconsejó” acudir a la cita en Jerusalén.
El remiendo es peor que la versión originaria, ya que, si Cristina indicó al presidente la conveniencia de viajar a Israel después de su vuelta de Cuba, es necesario inferir que lo hizo inspirada por alguna conversación que tuvo en la isla. Como se sabe, el liderazgo cubano está en fluido contacto con el Papa Francisco y con Vladimir Putin. O sea que la corrección hecha oficiosamente por la embajada lleva a pensar que el presidente tomó la decisión siguiendo un acuerdo entre Raúl Castro, el Papa y Vladimir Putin.
En segundo lugar, el viaje se produce pocos días después de que Mauricio Macri ordenara escenificar el recordatorio por el quinto aniversario de la muerte de Alberto Nisman, del que la embajada se abstuvo, retirando también a la DAIA y la AMIA. Tercero, el presidente viaja a Israel, pero a la reunión del Foro Económico Mundial en Davos que comienza el lunes 20 sólo envía a Guillermo Nielsen (YPF). Tan importante como los foros a los que concurren nuestros representantes son aquéllos donde pegan el faltazo.
De estos primeros datos es preciso inducir que Alberto Fernández participa por alguna razón más que en la negociación de la deuda externa en el recordatorio del Holocausto con un mensaje universal de tolerancia y de lucha contra el antisemitismo. Para entender por qué, es necesario situar la conmemoración en su contexto regional.

Trump quiere retirar a EE.UU. de Medio Oriente

Al ordenar el asesinato del general iraní Soleimaní en Irak el pasado 2 de enero, Donald Trump puso al mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial. Lo hizo para consumar un giro estratégico que está cambiando la historia mundial, afirma el internacionalista francés ‎Thierry Meyssan (https://www.voltairenet.org/article208908.html, 14-01-20), refugiado en Siria desde hace diez años.
Meyssan estima que Putin y Trump están organizando ‎una retirada coordinada de Estados Unidos e Irán de Medio Oriente. Sin embargo, ambos países sufren profundas divisiones internas que se reflejan en la incoherencia de sus políticas internacionales:‎
  • Donald Trump enfrenta no sólo la oposición de los demócratas, sino también la de muchos republicanos y de casi toda la administración federal, que no sigue sus instrucciones y conspira abiertamente para eyectarlo ‎de la Casa Blanca. Al mismo tiempo, como la elección del presidente se hace en EE.UU. por Colegio Electoral, no importan tanto la cantidad de votos que cada candidato obtiene como el número de unidades federadas en los que obtiene la mayoría. Así son tan relevantes los denominados “estados oscilantes” que de una elección a otra cambian su voto. El principal de ellos es Florida, y dentro de él, Miami, donde el voto de los inmigrantes latinoamericanos puede decidir el comicio. Por ello es que en esta campaña electoral los temas de la política hemisférica son mas centrales que nunca. Por el Partido Republicano (GOP, por su nombre en inglés) el senador Marco Rubio tiene un liderazgo indiscutido sobre la minoría cubanoamericana y lo usa para presionar al presidente junto con su colega Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur y miembro prominente del lobby pentecostal dentro del GOP. Ambos están aliados a Mike Pompeo, secretario de Estado, quien aún sigue controlando la CIA (su cargo anterior) y mantiene una gran influencia sobre el secretario de Defensa, Mark Esper. El juego se vuelve, entonces, sumamente complejo y difícil de discernir: ¿el presidente está amenazando a Irán, para después negociar desde mejores posiciones o –presionado por la ultraderecha- efectivamente está iniciando una guerra contra la nación persa y, por extensión, contra Rusia y China?
  • En Irán, en tanto, compiten entre sí el presidente Hassan Rohaní y su gobierno y el poder estatal que depende del Guía de la Revolución, el ayatolá Alí Jamenei. El presidente Rohaní representa los intereses de la burguesía comercial de Teherán e Ispahán, que sufre mucho por las sanciones ‎estadounidenses. Rohaní fue ‎el primer contacto iraní del gobierno de Reagan y de Israel, cuando ambos ejecutaron en 1985 y 1986 el ilegal plan Irán-Contras (la venta de armas a Irán –que estaba sancionado por el Congreso estadounidense- para recaudar fondos con los que financiar a los contras nicaragüenses) y es, por lo tanto, un viejo conocido del “Estado profundo” norteamericano. Ya en 2013, durante las ‎negociaciones secretas irano-estadounidenses en Omán, el jeque Rohaní fue el ariete de Obama y de Alí Akbar Velayati (canciller iraní entre 1981 y 1997 y actual consejero internacional del ayatolá Jamenei), contra el nacionalismo laico del entonces ‎presidente Mahmud Ahmadineyad, lo que lo convirtió en negociador del acuerdo nuclear de 2015.
  • Por el contrario, la función del Guía de la Revolución fue creada por el Imam Ruholá Jomeini, para dar la jefatura del Estado a un “sabio”. La función del ayatolá Jamenei es, entonces, garantizar que las decisiones políticas sigan ‎los preceptos del Islam y los principios de la Revolución. De él ‎dependen los Guardianes de la Revolución, el cuerpo armado al que pertenecía el general Qassem ‎Soleimaní. Sin embargo, a pesar de tantas facultades políticas, el presupuesto del Guía de la Revolución se determina según las fluctuaciones de los ingresos por la exportación del petróleo y, por consiguiente, está sumamente afectado por las sanciones norteamericanas.
Tanto en Estados Unidos como en Irán la mayoría de las decisiones adoptadas por uno de los poderes ‎descritos encuentra de inmediato la oposición de sus adversarios internos. ‎Por esta razón los cursos de acción de ambos contendientes son tan contradictorios y difíciles de prever. No obstante, hay hechos duros que todos conocen:
  • La República Islámica no reconoce el Estado de Israel, pero nunca ha planteado nunca la ‎liquidación de los judíos. Muy por el contrario, para resolver el estatuto de Israel y Palestina propone aplicar el principio de “una persona, un voto”, ‎incluyendo también a la diáspora palestina.
  • Aunque los medios presentan a Irán e Israel como enemigos ‎irreconciliables, ambos países explotan juntos y comparten la propiedad del oleoducto Eilat-Ascalón‎. El petróleo iraní llega por el Mar Rojo al sureño puerto israelí de Eilat, el oleoducto atraviesa el país y sale hacia Europa, refinado, por el puerto de Ascalón.
  • Si bien las potencias occidentales y la propaganda israelí afirman querer impedir que Irán tenga bombas atómicas, saben bien que una “fetua” o pronunciamiento legal del Imam Jomeini de 1988 declaró ‎las armas de destrucción masiva incompatibles con el Islam. Por consiguiente, la única potencia nuclear en Oriente Medio es Israel.

Irán ganó la guerra, pero puede perder la paz

Sobre la base de estos hechos, Thierry Meissan pasa a analizar el asesinato del general Soleimaní y la ‎crisis posterior: ‎
Soleimaní era un soldado excepcional. Ingresó a la Guardia Revolucionaria en el momento de su fundación, en 1979. De 1980 a 1988 luchó en la guerra iniciada por Irak contra Irán. Bajo su mando, la fuerza Al-Quds (el nombre ‎árabe y persa de Jerusalén) de los Guardianes de la Revolución auxilió a las ‎víctimas de la agresión occidental en toda la región. En 2006, durante la invasión israelí a Líbano, estuvo en Beirut dirigiendo la resistencia junto al general sirio Hassan ‎Turkmani y el jefe de Hezbolá, Hassan Nasralá. Sin embargo, no tuvo empacho en negociar con EE.UU., cuando las circunstancias lo aconsejaban. En 2001, por ejemplo, se alió con George W. Bush para ‎luchar contra los talibanes afganos. Y en mayo de 2018 cumpió la ‎orden de limitarse a defender a las comunidades chiitas en todo Medio Oriente.
Donald Trump comprendía el enorme papel militar del general Soleimaní como principal ejecutor de la política regional del ayatolá Jamenei, pero no entendió que el gran estratega se había convertido en un héroe de todos los pueblos de la región, admirado‎ en las academias militares del mundo entero. Al autorizar su asesinato, el presidente norteamericano arruinó la reputación que había ganado desde 2017 al tratar de contrarrestar el anterior apoyo estadounidense a ‎al-Qaeda y el Estado Islámico (EI), perdiendo su rol de árbitro regional.‎
El asesinato de Qasem Soleimaní unificó temporalmente a los dos poderes políticos iraníes alrededor de un mismo ‎sentimiento y obligó al gobierno israelí a adoptar una actitud ambigua, casi prescindente.‎ Estados Unidos esperaba que Irán reaccionara automáticamente, contragolpeando, pero el Guía Jamenei y el presidente Rohaní, en consulta con Rusia y China, prefirieron negociar con la mayoría de los países de la región, incluso con sus enemigos del Golfo. En ese momento sucedieron dos hechos: por un lado, el miércoles 8 un ataque con cohetes de la Fuerza Quds afectó con precisión instalaciones de las bases de Ayn al Asad en el norte de Irak, aunque solamente hirió a numerosos norteamericanos. La precisión del ataque y la incapacidad de la defensa antiaérea estadounidense para derribar ni un solo cohete demostraron a todos los países vecinos quién tiene la supremacía.
Por el otro lado, pocas horas más tarde la defensa antiaérea iraní derribó un avión ucraniano que despegaba de Teherán. Aunque tardío, el reconocimiento del presidente iraní de que se trató de un error de la defensa antiaérea y su disposición (aún no concretada) a entregar a Ucrania la caja negra le sirvieron para restablecer el intercambio diplomático con Europa y Canadá. El análisis de los datos técnicos conocidos revela, empero, que la aeronave no fue derribada por error: alguien quiso crear un casus belli, para romper toda negociación con Occidente. Nuevamente la lucha interna por el poder trabó una estrategia internacional brillante. Y sirvió para opacar la condena al asesinato de Solemaini y sus acompañantes.
A raíz del asesinato de Solemaini –continúa T. Meissan– Irán anunció que no seguiría respetando ‎el acuerdo 5+1 y los diputados chiitas iraquíes exigieron la retirada de las tropas estadounidenses de ‎su país. Los medios de prensa occidentales entendieron esos gestos como muestras de agravación del conflicto, pero ‎en realidad eran ofertas de paz. Finalmente, el lunes 20 la cancillería iraní confirmó que su país no se ha retirado del acuerdo. Por su parte, la retirada de las ‎tropas estadounidenses, no sólo de Irak sino de todo el Medio Oriente, es un compromiso contraído por Trump durante su campaña electoral.
Durante los últimos años Irán consiguió eludir la presión norteamericana en Siria mediante la brillante conducción militar de Soleimaní y la participación en el proceso diplomático de Astana (Kasajistán) liderado por Rusia y con la actuación de Turquía. Tal como comentó Shaiel Ben-Ephraim en Asia Times (Putin calls on Netanyahu amid struggle for Syria, 15-01-20), este exitoso precedente es la fórmula que el ayatolá Jamenei aplica ahora, para expulsar a EE.UU. de Medio Oriente: acudir a negociaciones regionales, bajo el paraguas de Rusia y China, alcanzar acuerdos de seguridad colectiva (por ejemplo, en el Golfo) y arreglar bilateralmente los conflictos con sus vecinos.
La decisión de acudir a la diplomacia en lugar de a las armas tiene en cuenta, por un lado, el debilitamiento de la hegemonía norteamericana tras el asesinato de Soleimaní, pero, por el otro, refleja también la consciencia del liderazgo iraní sobre los propios límites: la exitosa estrategia del general asesinado trajo una relativa paz a la región, pero Irán está exhausto y necesita hallar rápidamente alternativas económicas.
Tras el fracaso de EE.UU., Rusia lo ha sucedido como árbitro entre todas las fuerzas de Oriente Medio y es aceptada incluso por Israel. Por supuesto que los halcones estadounidenses seguirán boicoteando ese liderazgo, al igual que la ultraderecha israelí o las familias más retrógradas de la península arábiga. Del mismo modo que los revolucionarios iraníes y sus aliados (Hezbolá, la Yihad Islámica, los hutíes yemenitas, etc.).
En tanto, tambien en Asia Times la periodista Siavash Fallahpour sostiene que, aunque Rusia y Turquía podrían ayudar a Irán a expulsar a EE.UU. de Medio Oriente, prefieren apuntar a obtener simultáneamente el retiro de las fuerzas norteamericanas e iraníes de las posiciones que ocupan.
Los principios de la paz no serán fijados todavía y su plena vigencia demorará. Durante el periodo de duelo por la muerte del general Soleimaní, Irán no podrá admitir públicamente ‎haber llegado a un acuerdo con Estados Unidos que, por otra parte, necesita el consenso de todos los estados de la región y, ‎por supuesto, de Rusia. A pesar de sus maniobras disolventes y de su apoyo al terrorismo islámico, ni siquiera el Reino Unido podrá hacerlo fracasar y tendrà que aceptar que se lo convalide en una conferencia regional. ‎
Durante algún tiempo en todo Medio Oriente seguirán sonando los tambores de la guerra. Habrá atentados, levantamientos y represiones violentas. Las potencias regionales, en tanto, estarán tentadas de aprovechar las ventajas temporarias que les da la pérdida de hegemonía norteamericana.

La hora de Rusia

Inmediatamente después del asesinato de Soleimaní, Vladimir Putin inició una diplomacia viajera que lo llevó a Ankara, Damasco y, esta semana, a una larga visita en Tel Aviv. El presidente ruso puede obtener la retirada de los iraníes de Siria y, por consiguiente, el alejamiento de sus invencibles cohetes de alcance medio tierra-tierra, pero no lo hará gratis. Por lo pronto, la fuerza aérea israelí deberá dejar de bombardear bases persas en Siria. Pero, exige Moscú, si Tel Aviv quiere la paz en su frontera norte, debe apoyar también el levantamiento de las sanciones occidentales contra Damasco, para que Assad pueda reconstruir su devastado país. Se trata de un precio muy alto que Netanyahu todavía no puede pagar.
Para los israelíes Moscú se está convirtiendo en el destino diplomático más importante y el primer ministro necesita el apoyo ruso en la elección parlamentaria de marzo próximo, para ganar los votos del millón de inmigrantes rusos que viven en el país. Las encuestas todavía dan al bloque Azul y Blanco como ganador y al Likud como segundo y no está aún definido quién ganará la elección.
Al mismo tiempo, es evidente que Donald Trump se apartó de la política unilateralmente prosionista de su secretario de Estado Pompeo. Contra el histórico expansionismo de la ultraderecha nacionalista de Tel Aviv, el presidente parece estar favoreciendo el retorno al proyecto de Confederación Jordano-Palestina. Este giro estratégico se guía por el sentido común: si Israel anexa Cisjordania, una minoría judía gobernará a una mayoría palestina a la que –al igual que sucedió en Suráfrica– a la larga no podrá negar los derechos cívicos, con el riesgo de que el nuevo Estado pase a ser dirigido por los árabes. El reflotamiento de este viejo plan es una señal de alerta para Netanyahu. El primer ministro a cargo ya está anoticiado de que no puede mantener impunemente su red internacional de tráfico de armas y su complicidad con el de drogas contando sin más con el apoyo estadounidense.
Como es obvio, no todos los actores siguen sobre el terreno la lógica de la modificada constelación geopolítica del Medio Oriente y su influencia sobre la relación de fuerzas en América del Sur. Muchos se guían por sus intereses particulares, por convicciones ideológicas superadas por la evolución u obligados por alianzas de antaño. La reunión cumbre del 24 de enero nos mostrará –si Benyamin Netanyahu entendió que Israel ya no puede ganar una guerra contra Irán– que, ante la nueva hegemonía ruso-china sobre Eurasia, la retirada norteamericana del Medio Oriente es inexorable. Si el líder israelí acepta que, para mantener el poder, le conviene plegarse a la nueva “pax eurasiana”, integrar a su país al Camino de la Seda y la Franja, y remplazar las exportaciones de armas por las de gas, perderá interés en desatar guerras regionales y en participar en el riesgoso tráfico de drogas. De cumplirse estas complejas condiciones, dejará a sus aliados suramericanos librados a su propia suerte y priorizará los negocios pacíficos.
Puede ser que esta hipótesis esté influida por un deseo de paz e independencia. No es de esperar que los actores del cambio epocal que estamos viviendo anticipen sus jugadas. Deberemos interpretarlas por las señales que den. Por esto, es preciso prestar atención a la coreografía de la cumbre de Jerusalén, para poder juzgar la estrategia internacional del gobierno argentino. Si Alberto Fernández sabe equilibrar los encuentros con los líderes presentes, priorizar el intercambio con Vladimir Putin y lanzar a árabes e israelíes un audible mensaje de paz, habremos entendido que Donald Trump llamó a la retirada y está dispuesto a negociar un nuevo reparto del poder. Por lo pronto, queda claro que el presidente de todos los argentinos no viaja a Israel sólo para negociar sobre la deuda externa, sino para que empecemos a jugar en las ligas mayores del nuevo mundo.