miércoles, 3 de febrero de 2021

Dos visiones del mundo contrapuestas

 

I 
 Brigitte Bardot contra un futuro decente de la humanidad
 Eduardo J. Vior

Más que bloques geopolíticos, en el reciente Foro de Davos chocaron dos visiones contrapuestas sobre el mundo por venir: el elitismo tecnofeudal contra una comunidad de paz

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
3 de febrero de 2021

Brigitte Bardot lo dijo con claridad: “Sobre la Tierra somos demasiados y el Covid restablece el orden de la Naturaleza”. Por su parte, Klaus Schwab, fundador y coordinador del Foro Económico Mundial (Davos), dijo lo mismo en su discurso inaugural de la reunión virtual del encuentro el pasado 21 de enero, pero con más finura. Sin embargo, la elite política y empresarial que asistía al encuentro fue sorprendida por la arrasadora ofensiva de Vladímir Putin y la suave pero enérgica línea que marcó Xi Jinping. La tercera década del siglo comienza con un ruidoso enfrentamiento ideológico y cultural. El futuro inmediato nos dirá cómo seguirá en los materiales terrenos de la política, la economía y las armas.

 

Para los tecnócratas del Foro la crisis sanitaria provocada por la pandemia y la catástrofe económica y social que ha desatado han cambiado, sobre todo, las condiciones para la toma de decisiones. Ya en junio de 2020 Klaus Schwab publicó su libro “El Gran Reinicio” (The Great Reset) en el que, ante el estallido de la doble crisis sanitaria y económica, propuso un nuevo acuerdo del liderazgo mundial, para la aplicación de estrategias que reordenen completamente el mundo y resuelvan las incongruencias y falencias del capitalismo actual.

La propuesta –reiterada durante las sesiones del Foro- reconoce como problema prioritario la depresión y la ansiedad provocadas por la doble crisis en vastos sectores de la población. Para estos afectados propone apoyos financieros e intervenciones terapéuticas de bajo costo (sic). La deriva hacia el teletrabajo forzada por el confinamiento forzoso al principio de la pandemia alteró los hábitos laborales de grandes sectores, pero brinda una oportunidad de cambio, dice el Foro. En muchas áreas de la economía la migración debe considerarse como definitiva.

Asimismo, afirman, la escasez de recursos, la brecha digital, la creciente desigualdad y el cambio climático plantean desafíos complejos que requieren de los líderes empresarios mundiales voluntad política, habilidad y visiones de largo plazo, para inducir cambios en las conductas sociales capaces de modificar el sistema. 

El Foro propone un mundo (bien) gobernado por las grandes corporaciones, los principales gobiernos y los mayores organismos multilaterales, planificado, medido, eficiente y sólo atravesado por conflictos menores. En este planeamiento no entran los pueblos, ni la democratización de la economía, ni una gestión del cambio climático respetuosa con las particularidades de cada cultura. Se trata de un plan tecnocrático para la administración de la crisis «desde arriba”. Los de abajo quedan afuera. Para los tecnócratas Brigitte Bardot tiene razón.

 

Se sabía con antelación que, después de doce años, Vladímir Putin volvería a participar en el Foro, pero los líderes políticos y empresarios occidentales se vieron sorprendidos por la ofensiva retórica del líder ruso: “La pandemia de coronavirus (…) sólo ha estimulado y acelerado cambios estructurales cuyas condiciones previas ya se formaron hace bastante tiempo. (…) Por supuesto, continuó, no hay paralelos directos en la historia, pero algunos expertos comparan la situación actual con la de los años 30 del siglo pasado. (…) en términos de la escala y la naturaleza compleja y sistémica de los desafíos se sugieren ciertas analogías.”

Y explicó: “Como saben, la incapacidad y la falta de voluntad para resolver estos problemas se convirtió en la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, relativizó, ahora espero que un conflicto global tan ‘candente’ sea básicamente imposible, porque significaría el fin de la civilización. Pero, repito, (…) existe la posibilidad de que haya un colapso real en el desarrollo mundial, plagado de una lucha de todos contra todos, con intentos de resolver contradicciones urgentes mediante la búsqueda de enemigos ‘internos’ y ‘externos’, con la destrucción no sólo de esos valores tradicionales, sino también de las libertades básicas, incluida la de elección y la privacidad.”

Más adelante cuestionó las recientes tendencias del capitalismo: “¿Dónde está la línea entre negocios globales exitosos, la consolidación de la big data y los intentos por manejar la sociedad con rudeza, a su propia discreción, reemplazar instituciones democráticas legítimas, usurpar o restringir el derecho natural de una persona para decidir por sí misma cómo vivir, qué elegir, qué posición expresar libremente? E infirió: “Tal juego sin reglas aumenta críticamente los riesgos del uso unilateral de la fuerza militar bajo uno u otro pretexto inverosímil. Esto multiplica la probabilidad de nuevos ‘puntos calientes’ en nuestro planeta.”

Y concluyó esbozando cuatro prioridades:

“Primero. Una persona debe tener un entorno de vida cómodo. Se trata de vivienda e infraestructura accesible: transporte, energía, servicios públicos. Y, por supuesto, el bienestar ambiental, esto nunca debe olvidarse.

Segundo. Una persona debe estar segura de que tendrá un trabajo que le proporcionará un ingreso en constante crecimiento y, en consecuencia, un nivel de vida decente. Debe tener acceso a mecanismos de aprendizaje efectivos a lo largo de su vida; hoy es absolutamente necesario que le permita desarrollar y construir su carrera y luego de su culminación recibir una pensión digna y un paquete social.

Tercero. Una persona debe estar segura de que recibirá una atención médica eficaz y de alta calidad cuando se requiera, que el sistema de salud en cualquier caso le garantice el acceso al nivel moderno de servicios.

Cuarto. Independientemente de los ingresos de la familia, los niños deben poder recibir una educación decente y desarrollar su potencial. Cada niño tiene este potencial.”

Finalizando: “nuestras prioridades se construyen en torno a una persona, su familia, orientadas al desarrollo demográfico y la salvación de las personas, a mejorar el bienestar de las personas, protegiendo su salud. Trabajamos para crear las condiciones para un trabajo digno y eficaz y un emprendimiento exitoso, para asegurar la transformación digital como base del orden tecnológico del futuro de todo el país y no de un grupo reducido de empresas.”

Como señaló el analista ucraniano Rostislav Ishchenko, el contenido del discurso de Putin fue inesperado, tanto como el que pronunció en Múnich en 2007 (que marcó el retorno de Rusia a la primera línea de la política mundial), pero, a diferencia de aquél, no provocó risas entre sus oyentes, sino que muchos de los 80 máximos líderes políticos y empresarios que lo escucharon inmediatamente después de que terminó solicitaron reuniones privadas con el Presidente.

Con tonos diferentes, las alocuciones de Putin y Xi Jinping fueron convergentes.

“La historia siempre sigue adelante, comenzó el líder chino, y el mundo nunca podrá regresar al pasado. (…) En este sentido, debemos dar solución a las cuatro principales asignaturas pendientes de nuestra era:
Primera, fortalecer la coordinación de políticas macroeconómicas para promover juntos el crecimiento vigoroso, sostenible, equilibrado e inclusivo de la economía mundial.

Segunda, desechar los prejuicios ideológicos para tomar juntos el camino de coexistencia pacífica, beneficio mutuo y ganancia compartida. La civilización humana no hubiera existido sin la diversidad, que es una realidad perdurable. La diferencia en sí misma no da miedo alguno, pero sí lo hacen la arrogancia, los prejuicios y el odio, y aquellos que pretenden discriminar a otras civilizaciones e imponer culturas y sistemas sociales propios.

Tercera, superar la brecha entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo para impulsar juntos el desarrollo y la prosperidad.

Cuarta, enfrentarnos juntos a los desafíos globales, en aras de crear juntos un futuro promisorio de la humanidad.”

Una vez fijadas las grandes cuestiones del presente, Xi pasó a proponer los caminos para resolverlas: “frente a los intrincados y complejos problemas del mundo, el camino correcto es defender y practicar el multilateralismo y promover la construcción de la comunidad de futuro compartido de la humanidad. Insistir en la apertura y la inclusión, en lugar del enclaustramiento y la exclusión.”

Estos caminos se orientan por valores universales: “Debemos guiarnos con el concepto de la comunidad de futuro compartido de la humanidad, persistir en los valores comunes de la humanidad de la paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y la libertad, desechar los prejuicios ideológicos y hacer todo lo posible para que los mecanismos, las ideas y las políticas de cooperación sean más abiertos e incluyentes, con vistas a salvaguardar la paz y la estabilidad mundiales. Insistir en respetar las leyes y reglas internacionales, en lugar de la supremacía y el egoísmo, así como insistir en las consultas y la colaboración, en lugar del conflicto y la confrontación. Necesitamos desechar los conceptos anacrónicos como la mentalidad de la guerra fría y el juego de suma cero. Y finalizó: insistir en avanzar con los tiempos en vez de rechazar cambios.”

Para terminar, enunció los cinco compromisos que su país asume en la coyuntura actual: “China seguirá participando activamente en la cooperación antiepidémica internacional; seguirá la estrategia de apertura orientada al beneficio mutuo y la ganancia compartida, promoviendo el desarrollo sostenible, fomentando la innovación científico-tecnológica y promoviendo el nuevo tipo de relaciones internacionales.”

La vieja diva de la “nouvelle vague” de los años 50 y 60 del siglo pasado puso en una frase brutal la misma idea que el Foro Económico Mundial más finamente difunde: el gobierno del mundo es muy complejo, como para dejarlo a los pueblos.

Por el contrario, los discursos de Putin y Xi fueron coincidentes. Partieron de la afirmación de las percepciones y necesidades cotidianas de los seres humanos comunes en tanto partícipes en grupos y culturas que los modelan y les dan identidad, para exigir estrategias de superación de las crisis respetuosas de la dignidad de cada uno y de cada pueblo, que se adopten por concertación y no por imposición y que tengan como finalidad que todos los habitantes del planeta puedan llevar una vida decente en un contexto de cuidado social, cultural y ambiental.

La lucha contra la pandemia de coronavirus enfrenta, más que dos bloques geopolíticos, dos visiones del mundo radicalmente opuestas: la de un mundo de robots que gobiernan a los seres humanos y los ponen a su servicio vs. un mundo humanizado, respetuoso de cada persona, cada grupo, cada cultura y el entorno natural.

A la geoestrategia de Brigitte Bardot se opone la cooperación entre los pueblos y culturas para la vida digna, la paz y la solidaridad universal.

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Eduardo J. Vior