viernes, 11 de agosto de 2017

La retórica de Washington arriesga la paz mundial

Un troll en el salón oval

Estrella de su propio call center, Trump se aferra a Twitter en medio de una lucha interna por el poder. El eje Corea del Norte y la guerra de más de 140 caracteres.


El viernes por la mañana el presidente Donald Trump volvió a amenazar al gobierno de la República Democrática Popular de Corea con una represalia militar, si actúa “insensatamente”. La insistencia del mandatario en hacer declaraciones altisonantes por Twitter es cada vez más frecuentemente relativizada por las principales figuras de su gabinete, generando la sensación de que el habitante del Salón Oval de la Casa Blanca sufre de incontinencia dactilar. ¿O será una hábil táctica para sobrevivir al copamiento del poder por el “Estado profundo”? En todo caso, los efectos de estos vaivenes pueden tener un impacto real y peligroso.

Desde el punto de vista práctico, el mensaje presidencial no añade nada a la ya vigente alerta temprana de las fuerzas armadas norteamericanas en el Pacífico. Sin embargo, hilando más fino, se nota que ha moderado el tono respecto a mensajes anteriores de esta misma semana. Todavía el martes pasado -parafraseando a Harry Truman en agosto de 1945- Trump prometió responder a la amenaza norcoreana de atacar a EE.UU. con cohetes intercontinentales y ojivas nucleares con “un fuego y una furia que el mundo nunca ha visto”. El mismo miércoles Pionyang respondió que, en caso de ataque estadounidense o surcoreano, enviaría sus cohetes contra la base norteamericana de Guam, en pleno Océano Pacífico.
Los analistas difieren en su evaluación de la seriedad de las balandronadas de ambos presidentes. Mientras que los republicanos y muchos demócratas toman literalmente las palabras de Kim Jong-Um y aconsejan aumentar la presión militar, el New York Times y el Washington Post, igual que muchos europeos, ven en los exabruptos del joven líder norcoreano una calculada táctica para subir el precio de la negociación con Washington y Seúl. Los medios no acuerdan asimismo sobre el significado de las contradictorias manifestaciones de los funcionarios norteamericanos: en tanto unos ven en las apaciguantes declaraciones del Secretario de Defensa James Mattis o del Secretario de Estado Rex Tillerson solamente correcciones a los desboques del primer mandatario, otros toman las contradicciones entre Trump y sus funcionarios como el juego del “policía bueno y el policía malo”.

De hecho, del comienzo al fin de esta semana ha ido mejorando la consonancia interna de Washington. Las últimas expresiones del presidente, por ejemplo, están en línea con las modulaciones previas de Tillerson y Mattis, quienes entre martes y miércoles habían aclarado que su país solo respondería en el caso de que Corea del Norte pasara de las amenazas a los hechos.

Sin embargo, esta “corrección” del discurso presidencial indicaría públicamente que las declaraciones de Donald Trump no representan necesariamente la posición oficial de su gobierno, una realidad que la élite política norteamericana ya ha aceptado, pero que resulta difícil de trasmitir a otros países que no están acostumbrados a tratar a su propio líder como a un troll de redes sociales.

Desde que el presidente debió ceder poder a los militares y a la comunidad de inteligencia y aceptar que sus asesores y familiares sean marginados de las decisiones más importantes, los medios difunden la imagen de que el mandatario es “un anciano extraño que deambula frente a los micrófonos y vocifera de manera impredecible y sin consecuencias”, con lo cual, “para minimizar este caos”, pretenden que Trump no es realmente el presidente. Para contrarrestar esta impresión, el habitante del Salón Oval hace esfuerzos desesperados por demostrar que sigue manejando el timón del país. Para ello, entre otros medios, acude a declaraciones estentóreas que lo devuelvan al centro del escenario.
Los actores de esta lucha interna por el poder político en Washington deberían, empero, entender que sus juegos tácticos tienen efectos allende el océano. El joven Kim Jong-Um se balancea cada día entre la satisfacción de las acuciantes necesidades económicas de su población y el ansia de poder de sus generales. Si éstos se sintieran efectivamente amenazados por Washington o –lo que es lo mismo- tuvieran la impresión de que el Pentágono no reaccionaría a un primer ataque norcoreano, podrían subir la apuesta sin medir las consecuencias. Por el contrario, si su líder –atendiendo a la supervivencia de su pueblo- se mostrara concesivo, podrían acusarlo de debilidad y remplazarlo o, simplemente, eliminarlo.

China, Rusia y Japón se muestran preocupados por la escalada de bravuconadas. Por ejemplo, Beijing hizo saber el viernes a través de los medios que, si Corea del Norte ataca primero, mantendrá la neutralidad, pero que, si EE.UU. ataca a Norcorea, saldrá en su defensa y generalizará el conflicto. También los demás vecinos buscan la salida al callejón.

Ojalá se trate tan sólo de la pirotecnia verbal previa a serias negociaciones distensivas. De lo contrario sobre el mundo caerá algo más que 140 caracteres.

miércoles, 2 de agosto de 2017

En Levante se sienten los acuerdos Trump-Putin

La guerra de las sociedades impensadas

Del Líbano a Hizbulá y de Rusia a Estados Unidos, el mapa de la guerra en Medio Oriente parece trazar el contorno de nuevos acuerdos y estrategias globales.

No parecía feliz el joven príncipe heredero saudita Mohamed bin Salmán (31 años) en la foto que el domingo pasado lo mostró con Muqtada al Sadr, jefe político de los chiítas iraquíes. Después de once años el iraquí fue a negociar con el próximo rey la posguerra del Medio Oriente en nombre de la coalición chiíta que, con el apoyo de Rusia, ha vencido en Siria. El momento era doblemente oportuno: después de haber expulsado a los terroristas de la frontera sirio-libanesa y antes del referendo por la independencia del Kurdistán iraquí.

Unos 70 autobuses salieron el lunes 31 de Wadi Jmayed, en las alturas de Arsal (en la frontera nororiental de Líbano con Siria), con 9.000 milicianos del antiguo Frente Al Nusra y sus familias en dirección a Siria. Se van a reubicar en la provincia de Idleb (noroeste), controlada por los yihadistas. Esta retirada fue posible gracias a una tregua acordada entre los islamistas y el movimiento de resistencia libanés Hizbulá el jueves 27, después de seis días de intensa ofensiva de la milicia chiíta. Además serán evacuados combatientes del grupo Saraya Ajl al Sham, que pidieron ser trasladados a la zona de Al Qalamun sirio (en la central provincia de Homs).

El acuerdo fue firmado con la mediación del jefe de la Seguridad General del Líbano, el general Abas Ibrahim. Las tropas libanesas evitaron enfrentar directamente a los islamistas, aunque tendieron por el oeste de la montañosa y árida región un cinturón de hierro, para que los yihadistas no huyeran hacia el interior de Líbano, mientras Hizbulá los atacaba desde Siria.

La región de Arsal era hasta hace poco la zona con mayores tensiones en la frontera sirio-libanesa. Con la liberación de la misma y de la vecina región siria de Flita la zona limítrofe ha quedado casi libre de terroristas. Actualmente, el Ejército Libanés, armado por EE.UU. y Arabia Saudita, lleva a cabo negociaciones indirectas con el Estado Islámico (EI) en el vecino valle de la Bekaa, para que se retire hacia Siria. No obstante, la aviación libanesa bombardeó el lunes 31 a milicianos del EI que se desplazaban por la región.

El arreglo entre Hizbulá y el Ejército Libanés para liberar la frontera es producto de los acuerdos que Vladimir Putin y Donald Trump lograron durante sus reuniones en Hamburgo, a principios de junio pasado. Hasta ahora, Estados Unidos y sus aliados habían tratado de dividir los Estados de la región en republiquetas impotentes y rivales, pero ahora aceptan aliarse con la coalición liderada por Rusia contra los yihadistas. En la retórica Irán, Siria y Hizbulá siguen siendo enemigos de Arabia Saudita y sus socios, pero en la práctica se han convertido en socios, aunque no aliados.

En Medio Oriente Donald Trump ha logrado con ayuda de su consejero de seguridad nacional, el general H.R. McMaster, y de su director de la CIA, Mike Pompeo, poner fin a los programas secretos de ayuda a los yihadistas.

La ofensiva que el Ejército Árabe Sirio emprendió en Arsal junto con Hizbulá y en coordinación con el Ejército Libanés es el primer resultado visible del acuerdo ruso-norteamericano. Por su parte, aunque el primer ministro libanés Saad Hariri critica la participación de Hizbulá en esa ofensiva, a pedido de Arabia Saudita autorizó al Ejército Libanés a participar por primera vez en la operación junto con los chiítas.

La progresiva expulsión de los yihadistas de la mayor parte del territorio sirio, empero, prepara el terreno para una nueva confrontación: apoyados por EE.UU. e Israel, en el norte de Siria e Irak los kurdos han aprovechado la guerra contra el islamismo para armarse y expandir su área de influencia. Turquía cuestiona el apoyo que Washington da a los milicianos kurdos en el norte de Siria, porque los identifica con los guerrilleros del Partido de los Trabajadores que desde hace 30 años combaten en Turquía por la independencia de Kurdistán. En Irak después de la liberación de Mosul el presidente de la región autónoma kurda, Mazud Barzani, ha convocado para el 25 de setiembre próximo a un referendo independentista que Bagdad, Damasco, Teherán y Ankara rechazan. Aprovechando las múltiples crisis (con Catar y en Yemen) en que se ha metido el heredero del trono saudita, Muqtada Sadr ha viajado, entonces, a Riad para ofrecerle buena vecindad a cambio de su oposición al referendo kurdo. A Mohamed bin Salmán no le queda otra, aun al precio de dejar solo a su aliado Benjamin Netanjahu.

domingo, 23 de julio de 2017

La derrota del Estado Islámico prologa una nueva lucha

En Medio Oriente el después de la guerra es un antes de la guerra
Turquía reveló que en las bases norteamericanas en Siria se entrenan las milicias kurdas. La resolución de la crisis de Catar con sus vecinos árabes y la alianza de Israel con Arabia Saudita preanuncian conflictos.
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
23 de julio de 2017 
 


 
No fue casualidad que la agencia estatal turca de noticias Anadolu publicara el miércoles 18 un mapa del Kurdistán sirio con las bases militares estadounidenses donde se adiestra a las milicias kurdas que están derrotando al Estado Islámico (EI). En por lo menos dos de ellas también están estacionados 75 efectivos franceses. El artículo reveló, además, los tipos y números del personal, las armas y los vehículos.
Casi en simultáneo, el presidente Donald Trump canceló el programa de la CIA para armar y entrenar a grupos rebeldes en Siria. La medida –largamente reclamada por Rusia– es una concesión mayor a Vladimir Putin y reduce la influencia norteamericana en el país después de que el EI sea derrotado. "En Siria venció Putin", declaró un directivo de la agencia de inteligencia al The Washington Post. Ambos hechos forman parte de los realineamientos que se están produciendo en todo Levante luego de las reuniones que Trump y Putin mantuvieron en Hamburgo el pasado 7 de junio durante el G20.
Con la publicación, Turquía mostró el apoyo militar que Washington y París están dando al Partido de la Unión Democrática del Kurdistán (PYD) al que Ankara considera una prolongación del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que desde hace 30 años lleva una sangrienta guerra por la independencia de Kurdistán con el Estado turco.
El "desliz" turco se produjo al mismo tiempo que fuentes kurdas difundían fotos de un largo convoy motorizado estadounidense que entraba a Siria desde Irak con la intención –según observadores locales– de perpetuar la presencia estadounidense en el norte de Siria después de la próxima caída de Rakka, la "capital" del Estado Islámico.
Con su jugada, Turquía buscaría imponer al Kremlin y a la Casa Blanca su presencia en el norte de Siria, mientras que ambas superpotencias se estcionan en tres zonas desmilitarizadas del suroeste y sur del país y EE UU parece tener el visto bueno ruso para quedarse en el noreste.
No se sabe qué decidieron Putin y Trump durante sus conversaciones en Alemania, pero sus efectos se están viendo: la pacificación conjunta del sur de Siria coincide con el comienzo de solución para la crisis entre Catar y sus vecinos de la Península Arábiga. Efectivamente, la decisión de los cuatro países que desde hace un mes bloquean al pequeño emirato (Arabia Saudita, Baréin, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos) -al que acusan de apoyar internacionalmente a los Hermanos Musulmanes- de reducir sus trece demandas originales a seis, es resultado de la mediación de EE UU que quiere a sus aliados unidos, pero dejando de financiar el terrorismo islámico.
El gobierno turco de Recep Erdoğan ha salido victorioso de la crisis. Desde el inicio sostuvo a su aliado catarí y hasta aumentó el contingente turco allí, se acercó a Irán y ambos aprovisionaron al sitiado.
En alianza con Israel, por el contrario, la monarquía saudita (enfrascada en una conflictiva transición del Rey Salmán a su hijo Mohamed bin Salman) decretó el bloqueo de Catar, después de que durante su visita a Riad en mayo, Trump condenara públicamente a la Hermandad Musulmana. Los sauditas creyeron que su pequeño vecino era pan comido, pero se equivocaron. Kuwait y Omán no se sumaron al bloqueo, Irán afianzó su vínculo con Catar y Turquía se inmiscuyó en el Golfo. Rusia, en tanto, aumentó su rol mediador. Los sauditas y su aliado Benjamin Netanyahu han salido derrotados de la crisis. Al rechazar el plan ruso-norteamericano para Siria, además, el líder israelí se encontró con que los rusos se estacionaron al pie de las alturas ocupadas del Golán.
La crisis en torno a Catar profundizó la división de Levante entre dos coaliciones enfrentadas que Rusia y Estados Unidos intentan controlar. Para recuperar la iniciativa, es probable que Tel Aviv apoye a los kurdos contra Siria, Irak y Turquía. Por eso la publicación del mapa debe entenderse como una seria advertencia de Erdoğan. El cercano fin de la guerra preanuncia el avance confluyente de Ankara y Damasco sobre los kurdos. En Levante, el después de la guerra es antes de la guerra. «
Berlín y Ankara apuestan alto
Después del fallido golpe de Estado en Turquía en julio de 2016 y a medida que la guerra en Siria se acerca a su fin, las relaciones entre la Unión Europea (UE) y el gobierno de Recep T. Erdoğan han empeorado aceleradamente. En Turquía hay diez alemanes detenidos por motivos políticos y los dirigentes de ambos lados han cruzado duros epítetos. El valor estratégico que Turquía tenía durante el bipolarismo de Obama y la guerra en Siria desapareció por las buenas relaciones entre Alemania, Rusia y China y por el actual realineamiento en Levante, pero en Turquía sobreviven todavía tres millones de refugiados que podrían inundar Europa, si la UE cierra definitivamente las negociaciones para la admisión del país en la Unión. Ambas partes tienen a la vez intereses divergentes y convergentes que se balancearán la próxima semana, cuando en Bruselas se reúnan representantes de Turquía y de la UE donde mantendrán una reunión para discutir las relaciones bilaterales. Ese día se sabrá cuánto cuesta un compromiso.

miércoles, 19 de julio de 2017

El final de la guerra en Siria preanuncia nuevos conflictos

El búmerang catarí

Al bloquear a Catar, la familia Saud acató la demanda de Trump de romper con la Hermandad Musulmana, pero la aguda división de Levante amenaza su poder

La crisis desatada hace seis semanas entre Arabia Saudita, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, por un lado, y Catar, por el otro, se agrava día a día, generando una cadena de reacciones y desestabilizando a sus iniciadores. Acabando con el santuario catarí, la realeza saudí esperaba consolidar su hegemonía regional y asegurar que la sucesión venidera transcurra en paz, pero no dimensionó el alcance que tendría la crisis. Ésta es parte del tortuoso final de la guerra en Siria y de la subsecuente formación de nuevos alineamientos en Levante que Rusia y Estados Unidos intentan controlar. En el nudo entre las corrientes encontradas se encuentra hoy el pequeño emirato del Golfo.

Luego de que The Washington Post revelara el domingo que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) habían organizado en mayo pasado el hackeo de los servicios electrónicos de la Agencia de Noticias de Catar (QNA, por su sigla en inglés), para atribuir al Emir, Sheik Tamim Bin Hamad al-Tani, posiciones favorables a Irán, la Hermandad Musulmana y Hamás, el conflicto del Golfo Pérsico se trasladó al interior del gobierno norteamericano. Mientras que el Presidente Donald Trump había respaldado a los sauditas, el Secretario de Estado Rex Tillerson pasó casi toda la semana pasada viajando infructuosamente entre las capitales del Golfo en busca de un compromiso. Los EAU han rechazado la acusación, que deslegitima el bloqueo total que dispusieron junto con Baréin, Saudiarabia y Egipto el pasado 5 de junio.

El hackeo se produjo el 24 de mayo, apenas Trump en Riad condenó a la Hermandad Musulmana. Emiratíes, bareiníes y sauditas se sintieron entonces autorizados para bloquear Catar. Como respuesta, salieron a luz los intensos contactos entre el embajador emiratí en EE.UU. y la Fundación para la Defensa de las Democracias, un lobby pro-israelí con sede en Washington.

También los ministros de Exteriores británico, francés y alemán recorren la zona tratando de mediar. Los europeos temen la ruptura de la coalición antiiraní en el Golfo y compiten entre sí para sacar provecho de los cambios en la región.
Parece que la crisis detonó, porque en abril pasado Catar pagó a milicias suníes y chiítas en Irak y Siria un total de 900 millones de dólares, para rescatar a 26 rehenes cataríes y asegurar el traslado de civiles desde pueblos sunitas sitiados en Siria. Sin embargo, según la CNN, más importantes serían acusaciones mutuas de haber violado acuerdos secretos que los gobiernos de la región hicieron entre 2013 y 2014. Los bloqueadores acusan a Catar de estar apoyando a la Hermandad Musulmana en distintos países y a la TV catarí Al Jazeera de ser un órgano de agitación contra los regímenes regionales.

La Hermandad Musulmana fue refundada por la inteligencia británica en 1951 sobre la base de un grupo homónimo ya disuelto, para combatir al nacionalismo panárabe. Originariamente apelaba a métodos pacíficos, pero desde el surgimiento de Hamás en Gaza hace 30 años se radicalizó. Fuertemente reprimida en Egipto, la Hermandad tiene hoy sus bases principales en Turquía, Sudán y Catar, aunque sus milicianos combaten también en Libia, el Sahara, Yemen, Siria e Irak. Los sauditas los apoyaron intermitentemente, pero –presionados por Trump– ahora los combaten.

Cuando Riad y sus aliados decretaron el bloqueo, esperaban la pronta rendición de Doha, pero el activo apoyo turco, primero, y la apertura de Irán para los suministros a Catar, después, complicaron el conflicto. Aunque prudentemente, también Rusia interviene a favor de los civiles cataríes. Turquía, incluso, ha enviado mil militares a Doha. El pliego de 13 condiciones para levantar el bloqueo llevó, al contrario, a fortalecer la alianza turco-catarí y acercó a Ankara con Teherán.

Para hacer aún más compleja la relación de fuerzas en la región, el pasado miércoles 12 China informó que su primera base naval en el extranjero ha comenzado a funcionar en Yibutí. Se trata de una ex-colonia francesa situada enfrente de Yemen, en la conexión entre el Océano Índico y el Mar Rojo. Aunque sea para combatir a los piratas somalíes y asegurar el tráfico comercial con Europa, China se instala en Levante y al lado de una base de la Marina de EE.UU.
En su encuentro del 7 de julio pasado en Hamburgo Vladimir Putin y Donald Trump alcanzaron acuerdos aún desconocidos para regular sus conflictos, pero fueron inmediatamente torpedeados por sus adversarios internos y externos. La decisión de habilitar el estacionamiento de tropas norteamericanas en tres regiones del sur de Siria habría llevado al fin de la guerra en ese país, en tanto Estados Unidos habría dejado de cuestionar la ocupación rusa en Crimea, pero el pasado viernes 14 Benjamin Netanjahu rechazó el plan. Las nuevas sanciones adoptadas el martes 18 contra Irán y las altisonantes declaraciones antirrusas en el Congreso norteamericano tampoco contribuyen al aumento de la confianza mutua.

Al mismo tiempo, la detención el sábado 15 del hermano y asesor del presidente iraní Hasán Rohaní por delitos financieros es una advertencia de la inteligencia militar a los ayatolás, para que mantengan la distancia con los Hermanos Musulmanes, fuertes en Turquía, contra quienes combate Irán en Siria y Yemen.

Urgido por la búsqueda de éxitos exteriores, para asegurarse una calma asunción del trono saudita, el joven Mohamed bin Salmán (31 años), hijo del Rey Salmán y Ministro de Defensa, se equivocó por tercera vez en poco tiempo. Apoyó a los salafistas en Siria y fue derrotado, invadió Yemen en 2015 y está empantanado en una guerra sin fin. Ahora bloqueó a Catar, dividiendo Levante en dos bloques, fortaleciendo a Irán y aumentando la influencia de Rusia. No hay más margen de error.

Mientras que Moscú se mueve entre bambalinas, Washington está amarrado a ambos lados de la fractura. Teherán, a su vez, busca aprovechar la ruptura entre sus enemigos, pero está tironeado por el conflicto interno entre militares y ayatolás.

Si la crisis se prolonga, es previsible que Israel desempate provocando una guerra por delegación. Si turcos y sirios convergen sobre el norte de Siria, Tel Aviv podría empujar a la guerra a los kurdos en Siria, Irak y Turquía. El fin de la guerra en Siria preanuncia el comienzo de otra más abarcadora que puede acabar con la dinastía de Ibn Saud y aislar a Israel.

domingo, 9 de julio de 2017

En Hamburgo cambió el sistema de alianzas

 Más allá de la Cumbre entre Trump y Putin, apenas un poco más que nada
 El encuentro se focalizó en reuniones bilaterales, y entre ellas las de los mandatarios de EE.UU. y Rusia se llevó todas las miradas
Trump contó por Twitter lo que pasó con Vladimir Putin en la cumbre del G-20
Angela Merkel quería capitalizar en la campaña para la elección general de setiembre próximo los acuerdos que esperaba se dieran en la Cumbre del G20 en Hamburgo, pero el vandalismo del Bloque Negro y la tozudez de Donald Trump le robaron la escena. En el documento final difundido ayer sólo se alcanzó un impreciso acuerdo comercial y la constatación de la diferencia de opiniones sobre el cambio climático. La canciller alemana logró impedir que la Cumbre estallara, pero el comunicado final está lleno de aire.
Donald Trump estaba exultante, ya que, envuelto en una vaga defensa del comercio libre, el documento acordado lo autoriza explícitamente a aplicar medidas proteccionistas cuando lo considere necesario. A cambio, Washington se comprometió a concertar con sus socios del G20 la regulación de los mercados financieros. Al mismo tiempo, 19 de los 20 países ratificaron su adhesión al Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, mientras reconocían la opinión diferente de Estados Unidos. 
En su discurso final Merkel subrayó los acuerdos alcanzados para promover inversiones privadas en algunos países africanos y para apoyar a mujeres empresarias en países emergentes, pero todos coincidieron en que lo más productivo de estos dos días fueron los encuentros bilaterales. Quienes más aprovecharon esta modalidad fueron Vladimir Putin y Donald Trump con su encuentro del viernes a la tarde, pero los demás líderes no se quedaron atrás.
La reunión entre ambos mandatarios estaba planeada para media hora, pero duró dos horas y media. Se realizó a puertas cerradas y en ella sólo participaron los presidentes, sus intérpretes, el ministro de Exteriores ruso Serguei Lavrov y el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson. Con la mira puesta en el público norteamericano, Trump comenzó inquiriendo por las interferencias rusas en la campaña electoral de 2016, pero Putin le respondió que no había pruebas y que mejor miraran al futuro. Que fue lo que hicieron. La mayor parte del tiempo la dedicaron a Siria, hasta alcanzar un acuerdo para el cese del fuego en el suroeste del país, en la cuádruple frontera entre Siria, Líbano, Jordania y los territorios del Golán ocupados por Israel donde al-Qaeda lleva desde hace semanas una ofensiva contra las fuerzas gubernamentales apoyada por la artillería israelí y las fuerzas especiales norteamericanas ingresadas desde Jordania. Si se produjera un enfrentamiento directo entre Siria e Israel, se desataría una guerra en gran escala que Trump y Putin buscan ahora evitar. También convinieron moderar juntos las crisis en Corea y en Ucrania.
Según informó más tarde el ministro Lavrov, conversaron asimismo sobre ciberseguridad, aunque, en realidad, ninguno de los dos lo toma muy en serio. Si lo hicieran, Washington debería reconocer que los últimos ataques informáticos fueron realizados con armas robadas a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) por un grupo que se hace llamar “Los corredores de Bolsa en las sombras” (Shadow Brokers) y que vende en las redes suscripciones para recibir periódicamente virus actualizados, sin preocuparse por su uso. Hasta ahora Washington sigue sin reconocer el robo ni ha informado a sus aliados qué armas le fueron hurtadas. Por el otro lado, ambas potencias desean poder continuar espiando y saboteando a las empresas y personas que les convenga.
En Hamburgo los países del G20 acordaron, además, combatir el financiamiento del terrorismo y su propaganda en Internet. Los europeos ambicionaban también acordar medidas para superar la crisis causada por la afluencia de centenares de miles de refugiados, pero sólo lograron vagas promesas de combatir el tráfico de personas. En este contexto de desunión, pocos atendieron al mensaje del Papa Francisco en el que pidió a los líderes mundiales que se hagan cargo de la miseria y las catástrofes naturales que provocan las masivas migraciones internacionales, que sean solidarios con quienes más lo necesitan y que resuelvan los conflictos pacíficamente. 
Desde el inicio la Cumbre se apartó del plan de viaje fijado por los organizadores alemanes: los temas políticos impusieron su peso sobre los económicos y ecológicos, las reuniones bilaterales ocuparon más tiempo que las multilaterales y hasta el plan de actividades para las y los consortes de los mandatarios debió ser alterado varias veces por los choques en las calles de la ciudad.
Para los europeos el único saldo de esta reunión ha sido que el G20 no se rompió. En cambio, el presidente de los Estados Unidos vuelve a casa sin haber hecho ni una concesión de importancia y después de haber legitimado –como quería- a su colega ruso como interlocutor privilegiado. No es extraño, entonces, que Xi Jinping haya intensificado sus lazos con Angela Merkel. 
La Cumbre no resolvió ningún problema y dejó una ciudad muy dañada. Las reuniones bilaterales, en cambio, fueron muy provechosas, pero profundizaron los alineamientos de las potencias en bloques. Ahora el paquete pasó a manos de Mauricio Macri, quien en 2018 debe organizar la reunión en Buenos Aires. Un paquete muy, muy pesado. «

viernes, 30 de junio de 2017

Trump sigue entregando el poder al Pentágono


Vigilados y en riesgo

Publicado: 29 jun 2017 17:14 GMT

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La decisión de Trump de delegar en el Pentágono la política de EE. UU. en Afganistán incrementa la posibilidad de que aumente el contingente estadounidense allí. En momentos en que el Estado Islámico se fortalece en el país de Asia Central y, cuando Rusia y China intentan negociar con el Talibán, para enfrentar la amenaza mayor y alcanzar la paz en la sufrida tierra, EE.UU. sigue queriendo meter una cuña en el centro de Asia.
Vean y escuchen en el programa de ayer "Detrás de la noticia" que Eva Golinger dirige en RT mi análisis de la decisión norteamericana de mandar más tropas a Afganistán y sus implicaciones internacionales: https://actualidad.rt.com/programas/detras_de_la_noticia/242897-mexico-vigilados-riesgo. https://youtu.be/Rl_Hn_w2tII

domingo, 4 de junio de 2017

La decadencia norteamericana nos afecta a todos

El ocaso de una gran nación en un mundo plagado de peligros
La decisión de Donald Trump de retirarse del Acuerdo de París es otro gesto en su batalla por despegarse de los aliados históricos de EE.UU. y ganar apoyo popular
Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
4 de junio de 2017
Donald Trump ganó las elecciones de noviembre pasado tronando contra la decadencia del poder norteamericano en el mundo. Para revertir esta tendencia, quiere retornar al proteccionismo y, como anunció el jueves, retirar a su país del Acuerdo sobre Cambio Climático de París signado por su antecesor Barack Obama en 2015. Con estas medidas, el mandatario intenta devolver a su nación su anterior posición dominante, pero el tiro puede salir por la culata. 
Mientras Trump anunciaba el retiro de su país del Acuerdo y la intención de renegociarlo o de buscar uno totalmente nuevo, la Unión Europea y China ratificaron este jueves y viernes en una cumbre en Bruselas su compromiso con el libre comercio y la reducción de las emisiones de carbono. El día anterior, en Berlín, la canciller Angela Merkel y el primer ministro chino Li Kechiang, abogaron por fronteras comerciales abiertas y por la concertada reconversión ecológica de sus respectivas industrias automotrices.
El primer ministro le garantizó a Alemania, además, el apoyo de China en la reunión del G-20 (la conferencia de los 20 países más desarrollados, incluso Argentina) prevista para el 7 y 8 de julio próximos en Hamburgo.
A partir de 2018 la industria automotriz china debe vender cada año más vehículos eléctricos. Como el país asiático es también el principal mercado para los automotores alemanes, las automotrices de ambos países aprovecharon la reunión para intensificar su cooperación. 
"Los efectos crecientes del cambio climático requieren una respuesta decidida", expresa la declaración conjunta de la Unión Europea (UE) y China dada a conocer el viernes. China es el mayor contaminador mundial de la atmósfera, pero recientemente ha encarado una enérgica política de reconversión ecológica de su industria, un magnífico negocio también para sus socios europeos. Por el contrario, Trump busca aumentar las exportaciones de bienes producidos con tecnologías viejas y reducir los costos medioambientales para recuperar porciones del mercado mundial. Antes de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebrará en noviembre en Bonn habrá, por lo tanto, duras negociaciones.
La visita de Li y la declaración conjunta coinciden con la posición pública de Merkel en el sentido de que los europeos deben tomar su destino en sus manos, porque ya no pueden confiar en Estados Unidos. También Rusia salió a apoyar el cumplimiento del acuerdo climático de 2015 en un comunicado de la Presidencia. 
La simultaneidad de la cumbre en Bruselas con el anuncio de Trump indica el desplazamiento producido en el poder mundial, pero también necesidades internas de los contendientes. En Gran Bretaña hay elecciones el próximo 8, en Francia el 11 y el 18 de junio, en Alemania el 24 de septiembre, en China se reúne en algunos meses el 19º Congreso del Partido Comunista y Trump necesita recuperar puntaje entre su electorado. Todos los líderes mundiales propenden, por consiguiente, a mostrarse enérgicos y decididos. Las verdaderas negociaciones vendrán después.
Para compensar la relación con China, la canciller alemana recibió el miércoles al primer ministro de India Narendra Modi. El país surasiático rehusó la invitación a participar en el reciente Foro de Beijing y Shanghai sobre la Ruta de la Seda (la construcción de puertos, rutas, gasoductos y otros tipos de infraestructura en más de 60 países de Asia, Europa y África), mas no busca aliados en EE UU, sino en Europa.
La única líder europea que no critica a Trump es Theresa May. Viendo peligrar su mayoría en la elección del 8, la primera ministra británica ha cerrado filas con el mandatario norteamericano para contrapesar a Alemania y Francia. 
El esquema diseñado al fin de la Segunda Guerra Mundial suponía que el Atlántico Norte sería un lago interior de la Alianza Occidental. Ahora ambas orillas del océano se distancian, pero no solo por responsabilidad de Trump. En múltiples ocasiones Washington actuó unilateralmente e impuso a sus aliados las consecuencias. Entretanto, China, Rusia, India y la Unión Europea acaudillada por Alemania se han convertido en potencias fuertes e independientes. Ahora el presidente norteamericano recluye a su país en sí mismo, para preparar una nueva ofensiva. Donald Trump no es el causante de la declinación de Estados Unidos, sino su emanación.
Se ha abierto un período de alianzas cambiantes y conflictos frontales entre las potencias en el que los países medianos y pequeños seremos las primeras víctimas. Gobiernos patriotas e inteligentes están reorientándose, para sobrellevar la nueva competencia hegemónica. El argentino, no. «