viernes, 15 de octubre de 2021

Washington manda a Beirut una incendiaria muy peligrosa

 

14/10/2021 20:14 - Opinión

¿Pretende EE.UU. provocar una guerra en Líbano?

En llamativa coincidencia con la llegada a Beirut de la subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, francotiradores falangistas dispararon contra una pacífica manifestación chiíta y mataron a seis personas

Eduardo J. Vior

Por Eduardo J. Vior
Agencia Télam
15-10-21

Victoria Nuland, subsecretaria de Estado de EEUU. Foto: TW @UnderSecStateP
Victoria Nuland, subsecretaria de Estado de EEUU. Foto: TW @UnderSecStateP


Milicianos falangistas dispararon el jueves por la mañana en Beirut contra una manifestación de los partidos chiítas Amal y Hezbolá matando a seis personas. La marcha pedía la destitución por parcialidad del juez a cargo de la investigación sobre el incendio del puerto de la capital libanesa en agosto de 2020. Por su parte, el Partido Fuerzas Libanesas reconoció su autoría en la masacre y la reivindicó como “necesaria para librar a Líbano de la tiranía de Hezbolá”.

Sintomáticamente, el atentado coincidió con la llegada a Beirut de la subsecretaria de Estado de EE.UU. para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, la misma que en febrero de 2014 adquirió fama mundial, cuando ordenó a su embajador en Kiev hacer caso omiso de los reparos de la Unión Europea y forzar el golpe de estado. Para ello usó una frase soez (“f…ck the EU”, “me c… en la UE”) que rápidamente trascendió a los medios de todo el mundo. Nuland llegó a Beirut procedente de Moscú, donde el miércoles mantuvo una reunión con su par ruso, Serguei Riabkov. En un comunicado posterior de la cancillería rusa se calificó la reunión como “extremadamente franca”, una paráfrasis para indicar que no se pusieron de acuerdo en nada. Que Victoria Nuland llegara a Beirut en simultáneo con la masacre despertó las susceptibilidades de muchos.

Cientos de partidarios de Hezbolá y su principal aliado chiíta, Amal, marchaban el jueves a la mañana hacia el Palacio de Justicia de Beirut, cuando francotiradores les dispararon desde los tejados, lo que obligó a los atacados a ponerse a cubierto y a su servicio de orden a responder con las armas. El tiroteo se generalizó entonces y duró algunas horas, hasta que se pacificó.

Entre tanto, el canal de TV Al-Manar difundió los nombres de tres comandantes de las Fuerzas Libanesas (cristianos maronitas) que dirigieron a los emboscados y apuntó contra su jefe histórico, Samir Gaegae. Por su parte, Hezbolá y Amal emitieron un comunicado conjunto en el que condenaron el ataque terrorista y llamaron al gobierno y al Ejército Libanés a esclarecer el hecho. A su vez, el mando militar informó que tiene identificados a diez implicados en el ataque.


Esta violencia se produjo luego de semanas de intensas tensiones en torno al juez Tariq Bitar, quien lleva la investigación sobre la explosión en el puerto de Beirut el 4 de agosto de 2020, que dejó más de 200 muertos y miles de heridos. En la misma acusó a varios funcionarios por negligencia y corrupción pero fue denunciado por ser parcial y este miércoles había suspendido el procedimiento.

Tiroteo en Líbano. Foto: AFP.
Tiroteo en Líbano. Foto: AFP.


Mientras Beirut ardía, el primer ministro Nayib Mikati y el jefe del Parlamento, Nabih Berry, recibían a la subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos, Victoria Nuland, que acababa de llegar. Casada con Robert Kagan, uno de los mayores representantes del neoconservadurismo norteamericano, Victoria Nuland representa las corrientes más duras de la diplomacia de su país. Desde 1993 hasta 2017 sirvió bajo todos los gobiernos, hasta convertirse en subsecretaria de Estado para Europa (2013-17). En ese papel se dio su tristemente célebre desempeño en Ucrania.

La subsecretaria está haciendo su gira en el peor momento de la diplomacia norteamericana desde la Segunda Guerra Mundial. Derrotado en Afganistán, EE.UU. ha perdido pie en Asia Central y en los próximos meses deberá irse de la Mesopotamia y de Siria. En Europa Oriental, en tanto, su presión sólo ha conseguido una alianza más estrecha entre Minsk y Moscú, Turquía sigue dentro de la OTAN, pero compra artillería antiaérea a Rusia. Hezbolá está paliando la crisis energética libanesa con petróleo iraní y, si la elección de marzo permite formar gobierno, el país de los cedros podrá estabilizarse con ayuda ruso-siria y financiamiento chino. Por algo Israel dejó de atacar a Siria y Líbano, aunque siga apoyando a los falangistas libaneses y librando su guerra en las sombras contra Irán.

No hay evidencias que conecten la visita de Nuland en Beirut con la masacre del jueves a la mañana, pero la coincidencia es demasiado llamativa. Si Líbano se estabiliza, tenderá a integrarse con Siria y aumentará la marginación de EE.UU. en Oriente Medio. Sólo a ellos y a Israel puede interesarles que Líbano se hunda nuevamente en el caos de una guerra civil, como entre 1975 y 1990, pero ésta sería una catástrofe de dimensiones regionales o aún más. Sin embargo, 2021 no es 2014 y Líbano no es Ucrania. Esta vez Victoria Nuland no podrá vociferar “f..ck the Russians” (“me c… en los rusos”).

*Dr. en Ciencias Sociales y Analista internacional

miércoles, 13 de octubre de 2021

Perú busca un rumbo unificador y pacífico

 

13/10/2021 10:54 - opinión

Castillo, entre la ideología y el posibilismo

El presidente de Perú intenta devolver al gobierno de izquierda al curso votado en la elección de junio pasado, pero, más allá de dogmatismos y oportunismos, sólo las obras le darán el apoyo popular que necesita.

Eduardo J. Vior

Por Eduardo J. Vior
Agencia Télam

Pedro Castillo, presidente de Perú.
Pedro Castillo, presidente de Perú.

El 3 de octubre del 2021, en el 53º aniversario del inicio de la Revolución Peruana liderada por el general Juan Velasco Alvarado (1968-75), el presidente Pedro Castillo anunció una segunda reforma agraria desde la explanada de Sacsayhuamán en el Cusco. Con la elección de la fecha, el mandatario rememoró el proceso nacionalista que entonces estatizó el petróleo e inició la reforma agraria. Fue un intento por recuperar impulso con un fuerte simbolismo que el presidente reforzó el pasado miércoles 6, al nombrar a Mirtha Vásquez como Presidenta del Consejo de Ministros. Castillo intenta devolver al gobierno de izquierda al curso votado en la elección de junio pasado, pero, más allá de dogmatismos y oportunismos, sólo las obras le darán el apoyo popular que necesita.

El combativo y frontal Guido Bellido (41 años) fue el primer ministro escogido por Pedro Castillo a poco de asumir a fin de julio pasado. Sin embargo, el joven ingeniero cusqueño se enfrascó en choques dentro y fuera del oficialismo que lo desgastaron y llevaron a su remplazo. Por el contrario, su sucesora, la abogada de 46 años especializada en derechos humanos Mirtha Vázquez prefiere la búsqueda de compromisos. En este sentido declaró el sábado 9 a la estatal TV Perú que, para tener una nueva Constitución es necesario estar seguros de que la población siente la necesidad de reelaborar la Carta Magna. El tema genera rispideces dentro de la coalición de gobierno, porque Perú Libre (el partido mayoritario dentro de ella) está recolectando firmas para habilitar el referendo de convocatoria a la Asamblea Constituyente.

El presidente está empeñado en poner en marcha la agenda del gobierno impulsando la llamada Segunda Reforma Agraria y la renegociación de los contratos con el consorcio privado que explota los yacimientos gasíferos de Camisea (en el área selvática del Departamento de Cusco). Entre 1968 y 1975 Perú tuvo bajo el gobierno militar de izquierda de Juan Velasco Alvarado una de las reformas agrarias más radicales de Suramérica. La clase latifundista fue erradicada, pero errores en el proceso le restaron efectividad, por lo cual la población campesina sigue siendo mayormente pobre.

Según el ministro de Agricultura, Víctor Mayta, un abogado de 29 años nacido en una comunidad quechua del departamento de Cusco, la actual reforma se resume en cinco líneas estratégicas: “La creación de un Gabinete de Desarrollo Agrario y Rural, el ajuste a una franja de precios, la creación de un programa de compras públicas de alimentos para la agricultura familiar, la protección y cuidado del agua y la asociatividad y cooperativismo”.

Al mismo tiempo, la primera ministra se puso al frente de una comisión interministerial que renegociará Camisea con el consorcio formado por la empresa argentina Pluspetrol (27% de participación), la estadounidense Hunt Oil (25,4%), la surcoreana SK Innovation (17,6%), así como la argentina Tecpetrol, la española Repsol y la argelina Sonatrach (con 10% cada una). La negociación, compleja y técnica, apunta a que el yacimiento deje más utilidades para el Estado y masifique el abastecimiento de gas doméstico para la población.

Esta semana Castillo también ratificó la continuidad como presidente del Banco Central de Julio Velarde, economista ortodoxo que desde 2006 maneja la política monetaria. No obstante, el gobierno tiene todavía muchas promesas pendientes en salud, educación, empleo, pensiones, costo de servicios y políticas tributarias.

Los primeros dos meses de la presidencia de Pedro Castillo fueron muy desgastantes y poco productivos. Está acosado por una derecha cerril que aprovecha la Constitución fujimorista de 1993 para trabar todos sus pasos. Otra derecha “moderada” lo enreda en negociaciones y pactos inconducentes. Finalmente, le falta unidad por las luchas internas entre los leales a Vladimir Cerrón -que en cada concesión ven una traición a los principios- y los “caviares” (así se llama en Perú a la izquierda limeña tecnocrática y progresista) que reniegan de cualquier cambio de estructuras. El presidente sabe que el pueblo peruano ya ha tenido demasiadas decepciones y que no está dispuesto a esperar mucho tiempo. Por ello le urge mostrar obras, para lo cual necesita mantener la unidad de la heterogénea alianza que lo sostiene. De que lo logre depende la paz de Perú y la región.

*Dr. en Ciencias Sociales y analista internacional

viernes, 8 de octubre de 2021

SIn liderazgo político, en EE.UU. mandan los militares

 

Pasaron nueve meses y el bebé sigue sin nacer

En enero pasado Joe Biden prometió aplicar una estrategia de seguridad nacional libre de condicionamientos militares, pero todavía no la formuló y “la guerra interminable” continúa

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
8 de octubre de 2021

Hacía casi 70 años que Estados Unidos no elegía a un presidente con una experiencia en política exterior y seguridad nacional que rivalizara con la de Joe Biden.  Su único competidor en esta categoría, el presidente Dwight D. Eisenhower, colocó en puestos clave a trogloditas que por razones ideológicas se oponían a tratar diplomáticamente con la Unión Soviética. Como resultado, cuando la muerte de Joseph Stalin en 1953 abrió la puerta a posibles negociaciones con los nuevos dirigentes del Kremlin, Eisenhower perdió una importante oportunidad de distender la política mundial. Cuando cayó el muro de Berlín en 1989 y Mijail Gorbachov convocó a forjar “la Casa Común de Europa”, George Bush Sr. (1989-93) y Bill Clinton (1993-2001) desperdiciaron la oportunidad, expandieron la OTAN hacia el Este y con las guerras de Irak (1991) y Yugoslavia (1992-99) instauraron un dominio universal que creían eterno. Las guerras de Afganistán (2001-2021) e Irak (2003-2009), finalmente, sirvieron al secretario de Defensa Donald Rumsfeld, para reformar las fuerzas armadas, dándoles una autonomía inusitada que el actual presidente prometió reducir, hasta ahora sin efectos palpables.

Ni siquiera Eisenhower tenía la experiencia que Biden acumuló a lo largo de casi 50 años en el gobierno, que incluyeron 20 años en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado (12 de ellos como presidente o miembro de mayor rango) y ocho años como vicepresidente del país. Durante la campaña de 2020 el postulante demócrata citó con frecuencia sus viajes a más de 60 países y sus encuentros personales con más de 100 jefes de Estado. El entonces candidato se jactaba en privado de su capacidad para dominar a la burocracia de seguridad nacional, subrayando que “ni siquiera los militares me van a joder», pero parece que todo quedó en meras palabras.

La estrategia de Seguridad Nacional es el conjunto de lineamientos para la Defensa que cada presidente elabora al principio de su mandato y aplica durante los cuatro años siguientes. No solamente es importante para todos los actores internos y externos, para saber cuáles serán las prioridades del período, sino que, al fijar las responsabilidades respectivas de civiles y militares, pone a éstos un límite. Sin embargo, esta vez no ha sucedido. El presidente lleva nueve meses en el gobierno y todavía no definió sus prioridades en política exterior, mucho menos una doctrina o “estrategia de Biden”. Prometió que acabaría con las «guerras eternas», pero las fuerzas estadounidenses siguen activas en Irak y Siria, donde hay más de 3.000 efectivos. En otros lugares, como Libia, Somalia y Yemen, EE.UU. sigue realizando operaciones encubiertas y ataques con drones.

 

En otros tiempos (hasta hace seis meses) el US-Army entrenaba a las Fuerzas Armadas de Malí
En otros tiempos (hasta hace seis meses) el US-Army entrenaba a las Fuerzas Armadas de Malí

Sus tropas están activas en Kenia, Malí y Nigeria y realizan entrenamientos y operaciones antiterroristas en docenas de países más. No hay indicios de que Biden vaya a reducir estas actividades, a pesar del importante número de víctimas civiles por los ataques con drones. Mientras tanto, sigue sin difundirse la lista de los grupos que en el mundo pueden ser blanco de los ataques con drones, así como tampoco se sabe nada sobre los lineamientos que regirán estas operaciones y las incursiones de comandos fuera de las zonas de guerra convencionales. Ya hace más de un mes que el equipo de seguridad nacional de la Casa Blanca prometió publicar las directivas pertinentes, pero aún no hay atisbos de que lo haga.

La patética retirada de Afganistán y el acuerdo sobre el submarino nuclear australiano plantean asimismo serias dudas sobre la profesionalidad de este equipo de seguridad nacional, así como sobre la claridad de su política exterior. Los aliados europeos se enojaron mucho por ambos episodios y están mucho menos dispuestos a apoyar las misiones militares estadounidenses. Estos socios prevén que la concentración del esfuerzo estadounidense en Asia se hará a expensas de su presencia en Europa y esperan también que EE.UU. les exija un mayor gasto en defensa. 

Mientras tanto, no hay indicios de que se esté abordando y mucho menos aliviando el ambiente de Guerra Fría instalado durante el gobierno de Trump en las relaciones entre Estados Unidos, por un lado, y Rusia y China, por el otro. La constante agitación de Biden sobre una confrontación entre la «democracia y el autoritarismo» sugiere que Washington ha reanudado la Guerra Fría, aunque sustituyendo el término «comunistas» por el de «autoritarios». El mes pasado el Departamento de Defensa destituyó discretamente al subsecretario de Defensa Nuclear y Cohetería, alejando así del gobierno a un experto serio en armas y desarme, cuando estaba finalizando su evaluación de la Política Nuclear. Todo relegamiento del desarme en las prioridades del gobierno norteamericano bloquea aún más el diálogo con su par ruso.

Con respecto a China impera un enfoque grupal que ha puesto a partidarios de la línea dura en los puestos clave. El Consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan y su adjunto más próximo, Kurt Campbell, son propensos a un trato confrontativo con China y el director de la oficina del Consejo de Seguridad Nacional encargada de formular la política hacia dicho país, Rush Doshi, cree firmemente que la República Popular compite con Estados Unidos por la preeminencia mundial. Por su parte, el secretario de Defensa Lloyd Austin carece de experiencia en Asia en general y en China en particular y le han puesto al lado a otro partidario de la línea dura, Ely Ratner, acólito de Sullivan, como subsecretario de Defensa para Asuntos de Seguridad Indo-Pacífica. 

Biden ha perdido una oportunidad de hacer valer la no proliferación nuclear, al no retornar al Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por su nombre en inglés), el acuerdo nuclear con Irán. Gracias a esta torpeza la reciente elección presidencial ha empujado a ese país hacia una línea dura y lo ha reorientado hacia el bloque euroasiático, lo que complica cualquier reactivación del acuerdo. El gobierno de Biden también ha hecho caso omiso de los insistentes pedidos de los surcoreanos para que reactive las conversaciones bilaterales con Corea del Norte.

El caos en Afganistán y el acuerdo del submarino están llevando a los funcionarios europeos a cuestionar las intenciones y la credibilidad de Estados Unidos. El «pivote» de Estados Unidos hacia el Pacífico marca la militarización de la política estadounidense hacia China, cuando el verdadero desafío es de naturaleza económica. Washington nunca debería haber abandonado el Tratado de Asociación Transpacífica (CPTPP, por su nombre en inglés), que era el vehículo perfecto para competir con China en el este y el sudeste asiático. El mes pasado los chinos incluso solicitaron su adhesión al CPTPP, poniendo de manifiesto el sentido del humor de Xi Jinping y la insuficiencia de la política estadounidense.

El presidente Biden está preocupado por los graves desafíos internos actuales, por lo que es esencial que su Consejo de Seguridad Nacional y el Departamento de Estado llenen el actual vacío en la política de seguridad nacional. Dos senadores republicanos (Ted Cruz y Josh Hawley) han contribuido a la debilidad de la diplomacia norteamericana, al bloquear la confirmación de secretarios adjuntos y subsecretarios clave y desde la toma de posesión de Joe Biden el Senado sólo ha confirmado a un embajador estadounidense.

El jefe del Estado Mayor Conjunto, General Mark Milley, prestando declaración ante la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado

El Pentágono está explotando claramente este vacío en la toma de decisiones exagerando la amenaza de China y del terrorismo en sus reuniones informativas en el Congreso, que han sido reproducidas literalmente por la prensa.  El jefe del Estado Mayor Conjunto Mark Milley ha aprovechado dichas apariciones mediáticas, para advertir sobre el renovado protagonismo de Al Qaeda tras la retirada de Estados Unidos de Afganistán, aunque en el plazo venidero la mayor amenaza para el gobierno talibán la representa el Estado Islámico de Jorasán (ISIS-K, por el nombre que le dan en inglés). En realidad, teniendo en cuenta la experiencia de los veinte años de guerra en el país asiático el Pentágono no parece no es el juez más calificado, para opinar sobre amenaza terrorista alguna en el Hindu Kush.

Donald Trump ciertamente empeoró una mala situación de seguridad nacional, pero hay pocos indicios de que Joe Biden esté dispuesto a abordar aquellos problemas internacionales que son susceptibles de intervención diplomática. Nada hay peor en política que dejar que los militares se autogobiernen. Mientras no haya una estrategia aprobada por el Congreso, que fije las competencias de civiles y militares, éstos últimos manejarán a su antojo el presupuesto de defensa más grande del mundo y ejecutarán a su gusto acciones bélicas, maniobras, ejercicios y amenazas en cualquier parte del mundo. Serán un peligro para su propio país y para el mundo todo. Otto von Bismarck dijo una vez que «Dios tiene una providencia especial para los tontos, los borrachos y los Estados Unidos de América». Hay que confiar en que así sea.

jueves, 7 de octubre de 2021

El que a hierro mata, a hierro muere

07/10/2021 13:10 - opinión

Los Pandora Papers revierten sobre sus inspiradores

La denuncia de la arbitrariedad con la que Estados Unidos y sus aliados seleccionaron los paraísos fiscales y a las personas denunciadas desnuda su intencionalidad política y económica

Eduardo J. Vior

Por Eduardo J. Vior
Agencia Télam
7 de octubre de 2021

AddThis Sharing Buttons
Share to WhatsAppShare to ImprimirShare to Más...
Los informes de los últimos años sobre fuga de capitales y paraísos fiscales fueron elaborados por el consorcio de los servicios de inteligencia los “Cinco Ojos"
Los informes de los últimos años sobre fuga de capitales y paraísos fiscales fueron elaborados por el consorcio de los servicios de inteligencia los “Cinco Ojos"


El pasado domingo 3 el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) difundió en todo el mundo los llamados “Papeles de Pandora”, casi 12 millones de archivos basados en las filtraciones de registros confidenciales de 14 empresas de servicios patrimoniales con sedes en paraísos fiscales de Europa, el Caribe, Asia y Oceanía. Un día después, como réplica inmediata, se conoció un intercambio reservado de información de la Casa Blanca de junio pasado con algunos medios escogidos que confirma que los informes de los últimos años sobre fuga de capitales y paraísos fiscales fueron elaborados por el consorcio de los servicios de inteligencia de los EE.UU., Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda (los “Cinco Ojos”). ¿Con qué finalidad?

Dado que la información difundida en los Pandora Papers concierne exclusivamente a estudios y consultoras no norteamericanas, apenas menciona a ciudadanos estadounidenses. No obstante, los archivos demuestran que estados norteamericanos como Dakota del Sur (con 81 fideicomisos), Florida (37), Delaware (35), Texas (24) y Nevada (14) rivalizan ahora con jurisdicciones de Europa y el Caribe para atraer capitales fugitivos del fisco.

Según el blog Moon of Alabama del 4 de octubre, el 3 de junio pasado la Casa Blanca convocó a una reunión de prensa off the record con altos funcionarios del gobierno, para presentar un memorando de seguridad nacional sobre la lucha contra la corrupción. El documento es bastante breve, pero en la "Sección 2: Estrategia" propone “un mayor intercambio de información y recopilación y análisis de inteligencia, (…) trabajar con socios internacionales para contrarrestar la corrupción estratégica por parte de líderes extranjeros, empresas extranjeras de propiedad estatal o afiliadas, organizaciones criminales transnacionales y otros actores extranjeros y sus colaboradores nacionales (…)”.

En la sesión informativa, "altos funcionarios de la administración" (no nombrados) confirmaron que EE.UU. “utiliza sus diversos activos y capacidades, incluida la comunidad de inteligencia, para exponer casos específicos de corrupción en el extranjero (…). Así que [en la operación] (…) están incluidos el Director de Inteligencia Nacional y la Agencia Central de Inteligencia. (…) en gran medida, la forma en que se expone la corrupción es a través del trabajo de los periodistas de investigación y las ONG de investigación. (…) El gobierno de EE.UU. (…) proporciona apoyo a estos actores. Y estudiaremos qué más podemos hacer también en ese frente.”

Estas organizaciones son "servicios de inteligencia no estatales" que difunden documentos sobre personas que no les gustan a los “Cinco Ojos”. Uno de los principales objetivos de estas publicaciones de datos robados es la propaganda. El otro es proteger a multimillonarios y políticos corruptos de Estados Unidos. Para ello los documentos son cuidadosamente depurados antes de su publicación.

Las denuncias sobre corrupción en el extranjero buscan también promover paraísos fiscales estadounidenses como Alaska, Nevada y Delaware, pero en los últimos años el destino más popular ha sido Dakota del Sur, donde en la última década se han depositado más de 360.000 millones de dólares gracias a que en este Estado las leyes permiten crear fideicomisos secretos totalmente libres de impuestos y que pueden transmitirse sin límite a las generaciones futuras.

Así que Estados Unidos impulsa la difusión de acusaciones por corrupción contra paraísos fiscales y líderes extranjeros, mientras ofrece el mayor refugio posible para corruptos propios y ajenos. Es evidente, entonces, que los acusados en los Pandora Papers fueron escogidos con el ánimo de dañarlos patrimonial y políticamente, aunque entre ellos figuren dirigentes políticos y empresarios de indiscutible alineamiento pronorteamericano. Probablemente, al iniciarse la recuperación post-pandemia, alguien en el poder norteamericano haya decidido hacer una “limpieza profunda”, para mejorar la imagen propia y eliminar competidores, pero esta distribución internacional de abono animal recae rápidamente sobre sus iniciadores. Quien siembra vientos, cosecha tormentas.



*Dr. en Ciencias Sociales y Analista internacional

miércoles, 6 de octubre de 2021

El apagón informático reveló la debilidad del capitalismo

 

05/10/2021 19:34 - Opinión

Facebook y la fragilidad de la economía digital

Aun cuando parece que el apagón del lunes 4 fue sólo un accidente, sus terribles efectos imponen a la comunidad internacional discutir sobre su regulación. El doctor en Ciencias Sociales Eduardo J. Vior analiza lo ocurrido con la mega empresa

Eduardo J. Vior

Por Eduardo J. Vior
agencia Télam
5-10-21

AddThis Sharing Buttons
Share to WhatsAppShare to ImprimirShare to Más...


Según fuentes oficiales, "problemas de red" fueron los culpables de la interrupción masiva de todos los servicios de Facebook Inc. este lunes 4. "Nuestros equipos de ingeniería han averiguado que los cambios de configuración en los enrutadores troncales (…) causaron problemas que interrumpieron la comunicación", declaró el vicepresidente de Ingeniería de la empresa, Santosh Janardhan. Aparentemente, al tratar de reconfigurar el servidor central que distribuye el tráfico por la red mundial de la empresa, éste habría caído. Como consecuencia, todo equipo que haya intentado comunicarse con las redes de la compañía recibió como respuesta que las mismas no existían.

El problema se agravó todavía, porque la interrupción también afectó a los propios sistemas y herramientas internos de Facebook. The New York Times hasta publicó un rumor según el cual los técnicos tuvieron que usar una moladora, para abrir en Santa Clara, California, la sala donde se encuentran los routers, dado que todas las puertas de la compañía se operan con tarjetas comandadas por el mismo servidor que colapsó.

Facebook Inc. no sólo es propietaria de Instagram y WhatsApp, sino también del gigante de la realidad virtual Oculus, de Workplace, de los productores de altavoces inteligentes Portal y de la empresa de monederos digitales Novi. El año pasado sus ingresos por publicidad ascendieron a 84.000 millones de dólares, 15.000 millones de dólares más que en 2019.

Ahora, en cambio, se estima que por el colapso de la red la riqueza personal de Zuckerberg se redujo en más de 6.000 millones de dólares en unas pocas horas. Una venta masiva hizo que las acciones del gigante cayeran el lunes un 4,9%, lo que se sumó a una caída de alrededor del 15% desde mediados de septiembre por las denuncias de “incorrección política”.

En septiembre del 2020 una denunciante anónima había presentado una queja ante fuerzas federales afirmando que la propia Facebook reconocía internamente que su falta de interés en combatir el odio y la desinformación en la plataforma. Durante una entrevista con el programa 60 Minutes que se emite por CBS, el domingo pasado esa mujer se identificó como Frances Haugen y relató que fue ingeniera de datos en la unidad de Integridad Cívica de Facebook desde 2019 hasta mayo de 2021 y fue responsable de censurar las informaciones engañosas durante la campaña electoral de 2020.

En esa época Haugen copió en secreto decenas de miles de páginas de una investigación interna en la que la empresa reconoció que estaba mintiendo al público sobre su lucha contra el odio y la desinformación en la plataforma.

Este martes 5, en tanto, la ingeniera declaró ante el Subcomité de Comercio del Senado, ocasión en la que sostuvo que "la gerencia de la compañía sabe cómo hacer que Facebook e Instagram sean más seguros, pero no harán los cambios, porque saben que, si cambian el algoritmo para impedir la publicación de contenidos agresivos, racistas o violentos, la gente pasará menos tiempo en el sitio y [la empresa] ganaría menos dinero, explicó. Los productos de Facebook dañan a los niños, avivan la división y debilitan nuestra democracia, sintetizó, por lo cual se requiere la intervención del Congreso. [La empresa] no puede superar esta crisis sin su ayuda", terminó Haugen.

Obviamente, si alguien hubiera querido hacer colapsar la economía mundial, no habría encontrado mejor lugar para golpear. Sin embargo, por ahora no hay evidencia de que haya habido una acción intencional. De todos modos, el episodio demuestra la extrema fragilidad de esta economía digital. Millones de pequeñas y medianas empresas en todo el planeta dependen de las redes de una única empresa para su desempeño cotidiano y este lunes han perdido decenas de miles de millones de dólares. La catástrofe ha hecho sonar todas las alarmas y el debate sobre la regulación estatal e internacional de Internet se ha hecho insoslayable.

*Doctor en Ciencias Sociales y analista internacional.

jueves, 30 de septiembre de 2021

La indecisión de Berlín paraliza a Europa

 

Alemania no escapa a su destino de país central

Aunque el 27-9 la Socialdemocracia salió primera y la Democracia Cristiana perdió, en Berlín se mantiene el paralizante empate entre atlantistas y continentalistas y nadie tiene claro el rumbo

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
29 de septiembre de 2021

Las elecciones del 26 de septiembre en Alemania relegaron al segundo lugar al hasta ahora dirigente bloque de la Unión Demócrata Cristiana y la Unión Social Cristiana de Baviera (CDU/CSU), clausuraron la Gran Coalición entre éste y el Partido Socialdemócrata (SPD) y despidieron del mando tras 16 años a la Canciller Angela Merkel, quien ya había anunciado que no intentaría reelegirse. Sin embargo, la tercera economía del globo y primera de Europa sigue esquivando la definición sobre su rol futuro en el escenario europeo y mundial.

El SPD superó a la CDU/CSU, pero sólo por 1,6 puntos (25,7% contra 24,1%). Fue el peor resultado en la historia de la Unión. Aunque existirían alianzas alternativas para alcanzar la mayoría de 366 escaños necesarios para elegir al/a la Canciller, probablemente se forme una coalición del SDP con la Alianza 90/Los Verdes (Bündnis 90/Die Grünen) y el Partido Democrático Liberal (FDP). Sin embargo, las concesiones que estas alianzas de gobierno imponen moderan las aspiraciones de todos los socios. Este imperativo de mantener la estabilidad, que en circunstancias normales sería una virtud, empero, dificulta a Alemania tomar decisiones relevantes sobre su rumbo en un contexto geopolítico que cambia aceleradamente.

Sede central de la ONU en Nueva York. Alemania tiene un desempeño muy por debajo de su peso específico

Durante 16 años Angela Merkel gobernó a los bandazos. Hizo un arte de la demora en la toma de decisiones: dejaba que las discusiones recorrieran el gabinete, el parlamento y los medios, hasta que al final se decantaba por la opinión mayoritaria. Lo mismo hizo en la política internacional: defendió los negocios con Rusia y China, pero embarcó a su país en aventuras militares en Afganistán y Malí. Impuso la exitosa conclusión con Rusia del gasoducto Nord Stream 2, pero acaba de respaldar la prohibición de funcionamiento en Alemania de la cadena de televisión RT en alemán. Sólo en 2015 decidió contra la mayoría de los medios y de su propio bloque parlamentario autorizar el ingreso de un millón de refugiados, la mayoría procedente de Siria. De este modo calculó rejuvenecer la población trabajadora y asegurar las jubilaciones para el futuro, pero la maniobra generó muchas reacciones y el crecimiento de la derecha conservadora que en 2017 ingresó al Bundestag. Mientras tanto, el liderazgo alemán en Europa se fue debilitando por la dureza de sus posiciones ante la crisis de la deuda de los países del Sur del continente, por su aperturismo hacia la migración y sus choques con Barack Obama y con Donald Trump. En cada vuelta del camino tuvo conflictos con algún miembro distinto de la UE. Sólo la Francia de Emmanuel Macron le siguió siendo fiel, pero muy debilitada. 

El próximo gobierno alemán deberá tomar decisiones trascendentes en distintas áreas de la política internacional que incidirán en su rumbo interno y en su ubicación externa. Por eso es bueno comparar las posturas de la probable futura coalición “semáforo” (rojo, amarillo y verde, por los colores del SPD, el FDP y Los Verdes), por un lado, y las de la CDU/CSU, por el otro. Las propuestas de la Alternativa por Alemania (AfD) y de La Izquierda (Die Linke), en tanto, son dignas de mención, pero no influyen en la agenda venidera.

El cambio climático es la mayor preocupación de los votantes, sobre todo después de las desastrosas inundaciones en Renania hace dos meses. Por ello es el primer punto de la agenda política, también de la exterior. SPD y verdes se diferencian en este capítulo sólo en el grado y la velocidad de las reformas propuestas. Sin embargo, éstos últimos coinciden con el FDP en utilizar mecanismos de mercado para la protección del clima, claro que los liberales son en este aspecto mucho más radicales.

La CDU/CSU, finalmente, quiere preservar a Alemania como emplazamiento industrial, espera lograr la neutralidad climática «mucho antes de mediados de siglo», pero mediante la aplicación de «tecnologías innovadoras e inversiones económicas». 

En resumen, se puede decir que la próxima coalición posible buscará el cumplimiento de los Acuerdos de París y la reconversión ecológica de la industria. Aprovechando el desarrollo tecnológico y la capacidad exportadora de sus empresas, probablemente el futuro gobierno se alinee con la política ecológica internacional del actual gobierno norteamericano.

Alemania, país de inmigración

Otro capítulo central de la política exterior está constituido por las migraciones internacionales. El SPD está a favor de facilitar la ciudadanía múltiple y de ampliar la reagrupación familiar y los Verdes ven a Alemania como una «sociedad de inmigración diversa», mientras que los liberales ven a Alemania como un país de inmigración, pero quieren prestar más atención a los intereses de las empresas. Es previsible, entonces, que el próximo gobierno ahonde las diferencias con la mayoría de sus socios europeos, que han cerrado rígidamente sus fronteras, y se aboque al reclutamiento de jóvenes profesionales y trabajadores calificados, tanto dentro como fuera de la UE.

La CDU, en tanto, ha completado un camino de ida y vuelta. Cuando en 2015 Angela Merkel abrió las fronteras a los refugiados de Siria y Afganistán, tomó una decisión sorprendentemente favorable a la migración y al rejuvenecimiento de la población alemana. Para la CDU actual, en cambio, la migración debe producirse de manera ordenada y según reglas claras. 

Durante la pandemia los miembros de la Unión Europea suspendieron la aplicación de los criterios de estabilidad fiscal tan caros a los defensores del euro, pero ahora las grandes finanzas, que tienen una representación excelsa en el Banco Central Europeo (BCE) presidido por Christine Lagarde, temen por sus rendimientos especulativos y presionan para su reintroducción. El SPD propone, por el contrario, es alcanzar una auténtica unión fiscal, económica y social y salarios mínimos europeos. Se trata de una posición neokeynesiana que muy probablemente sea frenada por el BCE. Con un matiz ecológico Los Verdes acompañarían esta política.

 El Parlamento Europeo, en Estrasburgo

Los liberales, a su vez, abogan por una constitución europea, para crear un «Estado federal europeo descentralizado». Si bien son partidarios de la estabilidad fiscal, no desdeñan la aplicación de subsidios, para mejorar la competitividad de determinadas ramas de la economía europea. Por el contrario, la CDU/CSU quiere que los criterios de estabilidad presupuestaria se restablezcan lo antes posible.

En materia de defensa el SPD tiene una postura crítica respecto al objetivo de la OTAN de que cada aliado dedique el dos por ciento de su PBI a financiarla, pero en cualquier caso quiere equipar mejor a la Bundeswehr, para que esté a la altura de su responsabilidad como socio fiable en Europa y la OTAN. El SPD aboga por la distensión con Rusia, pero condenó la reincorporación de Crimea y la segregación de las regiones orientales de Ucrania. 

Según el programa de los Verdes, en tanto, Alemania debe quedar libre de armas nucleares, rechazan el objetivo del dos por ciento de la OTAN, pero también el Nord Stream 2. Por su parte, el FDP quiere que Alemania desempeñe un mayor papel a nivel internacional, para lo cual propone la creación de un Consejo de Seguridad Nacional. Los liberales también abogan por la creación de una unión europea de defensa, en franca contradicción con la OTAN que la rechaza.

Diferenciándose una vez más, la CDU/CSU apoya el objetivo de la OTAN de que cada miembro gaste el dos por ciento de su PBI en defensa, aunque Alemania está hasta ahora muy por debajo, con un buen 1,5 por ciento. Al mismo tiempo, los democristianos están a favor de la creación de fuerzas armadas europeas conjuntas, pero no a costa de la OTAN. El número de soldados de la Bundeswehr debería, según ellos, aumentar de los 184.000 actuales a 203.000. Al mismo tiempo reafirman la amistad franco-alemana como esencial para la política exterior de Alemania.

En tiempos de recuperación tras la crisis desatada por la pandemia de coronavirus, aparecen temas acuciantes para la agenda económica internacional. En su programa, por ejemplo, el SPD hace hincapié en la sostenibilidad del comercio. Un capítulo particular lo representa la exportación de armas, una de las “estrellas” entre las exportaciones alemanas que el SPD pretende regular con más fuerza. Por su parte, los Verdes quieren orientar más el comercio hacia la protección del clima y la sostenibilidad. El FDP, en tanto, es el clásico partido del libre comercio. Por consiguiente, apoya la celebración de nuevos acuerdos comerciales de la UE.

En esta cuestión los liberales coinciden con la CDU/CSU, que está muy a favor del multilateralismo, aunque sólo sea porque uno de cada cuatro puestos de trabajo en Alemania depende de las exportaciones. Los democristianos y socialcristianos quieren reforzar la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero al mismo tiempo retomar las negociaciones con Estados Unidos sobre un acuerdo de libre comercio.

Los partidos menores (AfD e Izquierda) no incidirán en las votaciones parlamentarias, porque el próximo gobierno –cualquiera sea su composición- va a contar con una sólida mayoría propia, pero pueden influir sobre la opinión pública. En particular, la Alternativa por Alemania (AfD), que mantuvo un caudal de votos de alrededor del 10%, mantiene una efectiva capacidad de canalizar la protesta, especialmente en el empobrecido Este. Son refractarios a las políticas contra el cambio climático, a la acogida de inmigrantes y postulan el abandono de la UE. Sin embargo, fieles a su ideario nacionalista y neutralista, proponen mejorar las relaciones con Rusia y China, que la Bundeswehr sea puramente defensiva y que cancele misiones fuera de Europa. Particularmente llamativa es su propuesta de estrechar vínculos económicos y comerciales con Rusia y China y que Alemania intervenga agresivamente en el desarrollo del Nuevo Camino de la Seda. 

Por su parte, el partido La Izquierda, resultado de la fusión del sucesor del partido gobernante en la extinta RDA con una escisión de izquierda de la Socialdemocracia, se refugió en posiciones de “corrección política” que no fueron acompañadas por el electorado y perdió la mitad de sus votos. Obtuvo 4,9% y sólo pudo saltar la valla del 5% gracias a que tiene tres mandatos ganados mayoritariamente en sendos distritos (en Alemania el votante elige a la vez por mitades al/a la representante de su distrito y a diputados seleccionados proporcionalmente).

El sistema político alemán fuerza a todos los actores a buscar consensos en torno al mantenimiento de su economía industrial exportadora, la pertenencia a la UE y a la OTAN. Como, empero, al mismo tiempo el ascenso de China como potencia mundial y la consolidación de Rusia como potencia energética y militar obligaron a las grandes empresas alemanas a asociarse con el desarrollo del gigante asiático, la República Federal se encuentra en un dilema: ante la creciente polarización entre el bloque atlántico y el euroasiático, se hace cada vez más difícil acompañar, por ejemplo, las provocaciones anglo norteamericanas en el Este de Europa y al mismo tiempo hacer negocios con Rusia. Del mismo modo se perjudica el trato con China, cuando Biden mantiene las sanciones decretadas por Donald Trump.

La crisis y la polarización entre los bloques dificultan mantener la política de “tanto … como …” que Merkel escenificó durante 16 años, pero el imperativo del consenso impide tomar las decisiones necesarias para ajustarse a un contexto muy cambiante. En las negociaciones para formar coalición de gobierno se verá si Olaf Scholz tiene pasta de líder. De lo contrario, la mayor potencia de Europa se paralizará y será desgarrada por sus contradicciones internas.

lunes, 27 de septiembre de 2021

China quiebra los mecanismos de la confrontación

 

El entrecruzamiento entre el AUKUS y el CPTPP contrasta la lógica de la Guerra Fría con la del beneficio mutuo

OPINIÓN. Al mismo tiempo que se anunciaba el pacto militar entre EE.UU., el Reino Unido y Australia, China pidió incorporarse al Tratado Transpacífico, cruzando las líneas y rompiendo los bloques

Desde que subió al gobierno Joe Biden en enero pasado, su equipo ha retomado la estrategia de Barack Obama (2009-17) y trasladado el centro de la disputa por la hegemonía mundial a Asia Oriental y el Pacífico. Para ello se retiró abruptamente de Afganistán y firmó sorpresivamente el pacto militar AUKUS (Australia-Reino Unido-Estados Unidos, por su nombre en inglés). La misma lógica de formación de bloque rigió la reunión del QUAD (Estados Unidos, India, Japón y Australia) que se realizó este viernes 24 en Washington. Por el contrario, China no sólo aprovechó la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, por su nombre en inglés), que se cerró en Duyambé (Tayiquistán) el pasado 16 de septiembre, para afirmar junto a Rusia su liderazgo euroasiático, sino que incrementa aceleradamente sus capacidades defensivas en los mares litorales, mientras solicita el ingreso al Tratado Transpacífico. A la lógica de bloques Pekín opone la búsqueda del beneficio mutuo.

Los líderes norteamericanos, británicos (sobre todo) y australianos están eufóricos tras haber anunciado el pasado 15 de septiembre la firma del pacto militar. La elite australiana percibe como belicosa la afirmación de los derechos soberanos de China en el Mar Meridional y se recuesta en la alianza con Estados Unidos. Ahora están exultantes, porque –sostienen- “Australia pasa a jugar en la primera liga de la política mundial”.

Los líderes norteamericanos, por su parte, ven AUKUS como una victoria, porque mostrar músculo sería el recurso ideal para “disuadir” a China.

Y para el Reino Unido, finalmente, AUKUS es una expresión tangible de la estrategia de “Gran Bretaña Global” que aplican tras el Brexit, dirigida especialmente hacia el Pacífico y complementada con los acuerdos comerciales con Japón, Corea del Sur y Australia. AUKUS reafirma también la posición del Reino Unido como aliado principal de Estados Unidos y su capacidad para marcarle la agenda.

La atención internacional se ha centrado en el compromiso de ambas potencias anglosajonas para dotar a Australia de una flota de submarinos de propulsión nuclear. Se trata, sin duda, de un paso con importantes implicaciones estratégicas y operativas para Australia. Junto con la adquisición prevista de misiles de crucero lanzados desde el mar y el aire, los submarinos de propulsión nuclear aumentarán sustancialmente las capacidades de ataque de largo alcance de las Fuerzas de Defensa australianas, dado que estos sumergibles ofrecen mayor velocidad, sigilo y alcance. Sin embargo, no se han especificado los plazos de entrega de las unidades, ni su costo, ni el grado de participación (si lo habrá) de la industria naval australiana, de modo que Australia ha subordinado su ubicación internacional por una promesa de cumplimiento todavía lejano.

Aún más importante que los submarinos es la cooperación tripartita que AUKUS promete en el desarrollo de capacidades avanzadas en áreas como la cibernética, la inteligencia artificial y la computación cuántica. Los primeros indicios apuntan a que en Australia AUKUS gozará de un importante apoyo bipartidista. No obstante, es sorprendente que su gobierno haya firmado este acuerdo "histórico" sin ningún debate parlamentario o público previo. Todo induce a pensar que el acuerdo tiene cláusulas secretas que el gobierno de Morrison no quiere dar a publicidad o, por lo menos, no antes de que sea aprobado en el Parlamento.

La adquisición de submarinos de propulsión nuclear aumentará la dependencia tecnológica, política y económica de Australia que, así, abandona todo intento de política exterior independiente, sobre todo en la región. El previsible retraso en la entrega de los submarinos, especialmente, hará que la brecha sea rellenada con un mayor despliegue de activos navales y aéreos estadounidenses en Australia que aumentarán los riesgos para el país-continente. Al adherir al pacto, éste está violando también el Tratado de No Proliferación de Armas nucleares que ratificó en 1973. Del mismo modo, al adquirir misiles de crucero, trasgrede el marco del Régimen de Control de la Tecnología de Misiles (RCTM).

Como era de esperar, China ha respondido negativamente al AUKUS, porque aumenta el riesgo de confrontación en el Mar Meridional y amenaza la ruta comercial por el Estrecho de Malaca, por la que pasa el 30% del comercio mundial. “El acuerdo entre EEUU, Reino Unido y Australia de crear una alianza en la esfera de defensa y seguridad como AUKUS pone en riesgo la paz en la región”, comunicó el portavoz de la Cancillería de China, Zhao Lijian. El pacto AUKUS es para China lo que la OTAN para Rusia: una amenaza directa. Para Pekín, el proyecto socava la paz y la estabilidad regional.

Como confirmando este temor, un día después de que AUKUS se presentara al público, el destructor estadounidense USS Barry realizó un paso por la isla de Taiwán, desencadenando unas maniobras militares de urgencia por parte del Ejército Popular de Liberación chino. Para calentar aún más el ambiente, este viernes 24 el portaaviones USS Ronald Reagan llegó a Singapur con la intención de entrar al Mar Meridional de China.



 El portaaviones USS Ronald Reagan llegó el viernes 24 al puerto de Singapur

En el otro lado del tablero, en tanto, Japón y Taiwán han acogido con gran satisfacción el AUKUS como prueba visible de la disposición australiana a involucrarse en la política de cerco contra China.

Nueva Zelanda, en cambio, está feliz de no haber sido incluida en el acuerdo ni quiere serlo. Desde 1984 se ha declarado territorio libre de armas atómicas y, aunque ligada a EE.UU. por el tratado ANZUS de alianza de 1951, ha procurado mantener la coexistencia pacífica en la región, al tiempo que incentiva los lazos comerciales con China.

Al introducir armas nucleares en el Asia-Pacífico, esta asociación abre una caja de Pandora. Los submarinos nucleares son un tema muy sensible en el ámbito de la no-proliferación nuclear, porque funcionan con uranio enriquecido con el que se pueden fabricar armas nucleares. Es muy probable, por lo tanto, que este club militar provoque en el Asia-Pacífico una carrera en pos de la adquisición de armas nucleares con consecuencias imprevisibles.

Dado el secreto con el que se negoció y la cancelación de un contrato para la compra de 12 submarinos diésel a la empresa francesa Naval Group por un valor de 66 mil millones de dólares, la firma del AUKUS ha provocado, asimismo, una grave crisis diplomática entre Francia y los tres signatarios. Además de la gigantesca pérdida económica, París esperaba aprovechar el contrato naval con Canberra, para aumentar su presencia en el Pacífico Sur, donde tiene territorios de ultramar.

La Unión Europea también se vio sorprendida, ya que dio a conocer su propia estrategia indo-pacífica el mismo día que se anunció el AUKUS. Sumado a la precipitada retirada de Estados Unidos de Afganistán y, anteriormente, el cambio de actitud de Washington ante el proyecto Nord Stream 2, AUKUS hizo que los aliados europeos de Estados Unidos reaccionaran airadamente. No obstante, faltos de liderazgo, de ideas claras y de voluntad de afirmar su independencia, rápidamente callaron sus micrófonos.

Para aumentar aún más la tensión, el presidente Joe Biden recibió el viernes en la Casa Blanca a los líderes de India, Australia y Japón para celebrar la primera reunión en persona de "La Cuadrilateral" (QUAD), un grupo informal de países que muchos ven como un esfuerzo para hacer frente a la influencia de China en la región del Indo-Pacífico y que Pekín ha criticado por representar una mentalidad de Guerra Fría.




 Países miembros, interesados y candidatos a ingresar al Acuerdo Comprensivo y Progresivo para una Asociación Transpacífica (CPTPP, por su nombre en inglés)

Mientras tanto, demostrando su capacidad de jugar en toda la cancha, Pekín presentó su oferta de adhesión al Acuerdo General y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP, por su sigla en inglés) como una demostración de su compromiso con una cooperación económica y comercial de Asia-Pacífico basada en normas. La solicitud de China para adherirse al CPTPP, justo horas después del anuncio del AUKUS, puede haber sido, o no, una coincidencia, pero rompe la lógica de bloques que sostiene el pacto militar y entrecruza las alianzas.

Resulta irónico que el CPTPP, pensado originariamente en 2009 por Estados Unidos para aislar a China, pero del que Washington se retiró durante el gobierno de Donald Trump, sea ahora para Pekín un instrumento para aumentar su peso económico e influencia en toda el área del Pacífico, incluida la costa suramericana.

La solicitud china de incorporación al acuerdo transpacífico coincidió con la realización en Duyambé (Tayiquistán) de una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO) que confirmó el liderazgo compartido de Rusia y China sobre Eurasia, estableció el marco para el reconocimiento del gobierno talibán de Afganistán, inició el proceso de incorporación de Irán a la Organización y recibió con beneplácito la presencia de una delegación india como observadora. Nota al margen: a pesar de la política nacionalista del gobierno de Narendra Modi, India mantiene abiertos los canales hacia todas las direcciones de la región. Participa en QUAD, pero compra cohetes rusos y asiste a la conferencia de la SCO.

Esto se suma, además, a la conclusión de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), un acuerdo comercial que incluye a China y los países del ASEAN.

Existe una combinación perfecta entre la enérgica postura de China en la defensa de su soberanía en los mares litorales y su promoción de la cooperación económica multilateral en la región. Con la primera pone coto a la actitud agresiva de EE.UU. y Japón en la cota meridional y oriental del país, en tanto con la segunda reafirma su voluntad de cooperar pacíficamente de acuerdo al Derecho Internacional. Por supuesto, Pekín muestra también un señuelo a sus vecinos: si se apartan de las políticas agresivas de Washington, pueden hacer buenos negocios.

El abanico de instrumentos a disposición de la diplomacia norteamericana es mucho más reducido, porque Washington no participa en ninguno de los dos acuerdos comerciales ni está en condiciones de competir con la República Popular en un comercio libre y transparente. Al limitarse a confrontar con China en el plano militar, EE.UU. está aumentando sideralmente los costos que paga por la rivalidad hegemónica sin obtener beneficio económico alguno.

Suponiendo que los miembros del CPTPP acepten iniciar conversaciones de adhesión con China (aunque el Reino Unido está por delante en la cola), habrá cuestiones difíciles de negociar, como las subvenciones estatales, la resolución de conflictos y los flujos de datos transfronterizos. De todas maneras, ya al solicitar su ingreso Pekín ha mostrado que no piensa encerrarse en una lógica de bloques.

En Asia Oriental y el Pacífico se contraponen la mentalidad norteamericana del círculo de carretas que se defienden de los ataques de los indios, como se veía en las antiguas películas sobre el la Conquista del Oeste, con la búsqueda china del beneficio compartido, en el que todos los participantes obtienen beneficios. Esta competencia va a durar todavía algunos años. Mientras tanto van a escalar las tensiones regionales y los actores intervinientes deben ser muy cuidadosos para no excederse. Al final se verá quién ganó, si el encerrado o el que juega en toda la cancha.


Sobre el autor: Dr. en Ciencias Sociales (Univ. de Giessen, Alemania)
Dr. en Sociología (Univ. do Paraná, Brasil)
Analista internacional.