Desde que subió al gobierno Joe Biden en enero
pasado, su equipo ha retomado la estrategia de Barack Obama (2009-17) y
trasladado el centro de la disputa por la hegemonía mundial a Asia
Oriental y el Pacífico. Para ello se retiró abruptamente de Afganistán y
firmó sorpresivamente el pacto militar AUKUS (Australia-Reino
Unido-Estados Unidos, por su nombre en inglés). La misma lógica de
formación de bloque rigió la reunión del QUAD (Estados Unidos, India,
Japón y Australia) que se realizó este viernes 24 en Washington. Por el
contrario, China no sólo aprovechó la cumbre de la Organización de
Cooperación de Shanghai (SCO, por su nombre en inglés), que se cerró en
Duyambé (Tayiquistán) el pasado 16 de septiembre, para afirmar junto a
Rusia su liderazgo euroasiático, sino que incrementa aceleradamente sus
capacidades defensivas en los mares litorales, mientras solicita el
ingreso al Tratado Transpacífico. A la lógica de bloques Pekín opone la
búsqueda del beneficio mutuo.
Los líderes norteamericanos,
británicos (sobre todo) y australianos están eufóricos tras haber
anunciado el pasado 15 de septiembre la firma del pacto militar. La
elite australiana percibe como belicosa la afirmación de los derechos
soberanos de China en el Mar Meridional y se recuesta en la alianza con
Estados Unidos. Ahora están exultantes, porque –sostienen- “Australia
pasa a jugar en la primera liga de la política mundial”.
Los
líderes norteamericanos, por su parte, ven AUKUS como una victoria,
porque mostrar músculo sería el recurso ideal para “disuadir” a China.
Y
para el Reino Unido, finalmente, AUKUS es una expresión tangible de la
estrategia de “Gran Bretaña Global” que aplican tras el Brexit, dirigida
especialmente hacia el Pacífico y complementada con los acuerdos
comerciales con Japón, Corea del Sur y Australia. AUKUS reafirma también
la posición del Reino Unido como aliado principal de Estados Unidos y
su capacidad para marcarle la agenda.
La atención internacional se
ha centrado en el compromiso de ambas potencias anglosajonas para dotar
a Australia de una flota de submarinos de propulsión nuclear. Se trata,
sin duda, de un paso con importantes implicaciones estratégicas y
operativas para Australia. Junto con la adquisición prevista de misiles
de crucero lanzados desde el mar y el aire, los submarinos de propulsión
nuclear aumentarán sustancialmente las capacidades de ataque de largo
alcance de las Fuerzas de Defensa australianas, dado que estos
sumergibles ofrecen mayor velocidad, sigilo y alcance. Sin embargo, no
se han especificado los plazos de entrega de las unidades, ni su costo,
ni el grado de participación (si lo habrá) de la industria naval
australiana, de modo que Australia ha subordinado su ubicación
internacional por una promesa de cumplimiento todavía lejano.
Aún
más importante que los submarinos es la cooperación tripartita que AUKUS
promete en el desarrollo de capacidades avanzadas en áreas como la
cibernética, la inteligencia artificial y la computación cuántica. Los
primeros indicios apuntan a que en Australia AUKUS gozará de un
importante apoyo bipartidista. No obstante, es sorprendente que su
gobierno haya firmado este acuerdo "histórico" sin ningún debate
parlamentario o público previo. Todo induce a pensar que el acuerdo
tiene cláusulas secretas que el gobierno de Morrison no quiere dar a
publicidad o, por lo menos, no antes de que sea aprobado en el
Parlamento.
La adquisición de submarinos de propulsión nuclear
aumentará la dependencia tecnológica, política y económica de Australia
que, así, abandona todo intento de política exterior independiente,
sobre todo en la región. El previsible retraso en la entrega de los
submarinos, especialmente, hará que la brecha sea rellenada con un mayor
despliegue de activos navales y aéreos estadounidenses en Australia que
aumentarán los riesgos para el país-continente. Al adherir al pacto,
éste está violando también el Tratado de No Proliferación de Armas
nucleares que ratificó en 1973. Del mismo modo, al adquirir misiles de
crucero, trasgrede el marco del Régimen de Control de la Tecnología de
Misiles (RCTM).
Como era de esperar, China ha respondido
negativamente al AUKUS, porque aumenta el riesgo de confrontación en el
Mar Meridional y amenaza la ruta comercial por el Estrecho de Malaca,
por la que pasa el 30% del comercio mundial. “El acuerdo entre EEUU,
Reino Unido y Australia de crear una alianza en la esfera de defensa y
seguridad como AUKUS pone en riesgo la paz en la región”, comunicó el
portavoz de la Cancillería de China, Zhao Lijian. El pacto AUKUS es para
China lo que la OTAN para Rusia: una amenaza directa. Para Pekín, el
proyecto socava la paz y la estabilidad regional.
Como confirmando
este temor, un día después de que AUKUS se presentara al público, el
destructor estadounidense USS Barry realizó un paso por la isla de
Taiwán, desencadenando unas maniobras militares de urgencia por parte
del Ejército Popular de Liberación chino. Para calentar aún más el
ambiente, este viernes 24 el portaaviones USS Ronald Reagan llegó a
Singapur con la intención de entrar al Mar Meridional de China.

El portaaviones USS Ronald Reagan llegó el viernes 24 al puerto de Singapur
En
el otro lado del tablero, en tanto, Japón y Taiwán han acogido con gran
satisfacción el AUKUS como prueba visible de la disposición australiana
a involucrarse en la política de cerco contra China.
Nueva
Zelanda, en cambio, está feliz de no haber sido incluida en el acuerdo
ni quiere serlo. Desde 1984 se ha declarado territorio libre de armas
atómicas y, aunque ligada a EE.UU. por el tratado ANZUS de alianza de
1951, ha procurado mantener la coexistencia pacífica en la región, al
tiempo que incentiva los lazos comerciales con China.
Al
introducir armas nucleares en el Asia-Pacífico, esta asociación abre una
caja de Pandora. Los submarinos nucleares son un tema muy sensible en
el ámbito de la no-proliferación nuclear, porque funcionan con uranio
enriquecido con el que se pueden fabricar armas nucleares. Es muy
probable, por lo tanto, que este club militar provoque en el
Asia-Pacífico una carrera en pos de la adquisición de armas nucleares con consecuencias imprevisibles.
Dado
el secreto con el que se negoció y la cancelación de un contrato para
la compra de 12 submarinos diésel a la empresa francesa Naval Group por
un valor de 66 mil millones de dólares, la firma del AUKUS ha provocado,
asimismo, una grave crisis diplomática entre Francia y los tres
signatarios. Además de la gigantesca pérdida económica, París esperaba
aprovechar el contrato naval con Canberra, para aumentar su presencia en
el Pacífico Sur, donde tiene territorios de ultramar.
La Unión
Europea también se vio sorprendida, ya que dio a conocer su propia
estrategia indo-pacífica el mismo día que se anunció el AUKUS. Sumado a
la precipitada retirada de Estados Unidos de Afganistán y,
anteriormente, el cambio de actitud de Washington ante el proyecto Nord
Stream 2, AUKUS hizo que los aliados europeos de Estados Unidos
reaccionaran airadamente. No obstante, faltos de liderazgo, de ideas
claras y de voluntad de afirmar su independencia, rápidamente callaron
sus micrófonos.
Para aumentar aún más la tensión, el presidente
Joe Biden recibió el viernes en la Casa Blanca a los líderes de India,
Australia y Japón para celebrar la primera reunión en persona de "La
Cuadrilateral" (QUAD), un grupo informal de países que muchos ven como
un esfuerzo para hacer frente a la influencia de China en la región del
Indo-Pacífico y que Pekín ha criticado por representar una mentalidad de
Guerra Fría.

Países
miembros, interesados y candidatos a ingresar al Acuerdo Comprensivo y
Progresivo para una Asociación Transpacífica (CPTPP, por su nombre en
inglés)
Mientras tanto, demostrando su capacidad
de jugar en toda la cancha, Pekín presentó su oferta de adhesión al
Acuerdo General y Progresivo de Asociación Transpacífico (CPTPP, por su
sigla en inglés) como una demostración de su compromiso con una
cooperación económica y comercial de Asia-Pacífico basada en normas. La
solicitud de China para adherirse al CPTPP, justo horas después del
anuncio del AUKUS, puede haber sido, o no, una coincidencia, pero rompe
la lógica de bloques que sostiene el pacto militar y entrecruza las
alianzas.
Resulta irónico que el CPTPP, pensado originariamente en
2009 por Estados Unidos para aislar a China, pero del que Washington se
retiró durante el gobierno de Donald Trump, sea ahora para Pekín un
instrumento para aumentar su peso económico e influencia en toda el área
del Pacífico, incluida la costa suramericana.
La solicitud china
de incorporación al acuerdo transpacífico coincidió con la realización
en Duyambé (Tayiquistán) de una reunión de la Organización de
Cooperación de Shanghai (SCO) que confirmó el liderazgo compartido de
Rusia y China sobre Eurasia, estableció el marco para el reconocimiento
del gobierno talibán de Afganistán, inició el proceso de incorporación
de Irán a la Organización y recibió con beneplácito la presencia de una
delegación india como observadora. Nota al margen: a pesar de la
política nacionalista del gobierno de Narendra Modi, India mantiene
abiertos los canales hacia todas las direcciones de la región. Participa
en QUAD, pero compra cohetes rusos y asiste a la conferencia de la SCO.
Esto
se suma, además, a la conclusión de la Asociación Económica Integral
Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), un acuerdo comercial que
incluye a China y los países del ASEAN.
Existe una combinación
perfecta entre la enérgica postura de China en la defensa de su
soberanía en los mares litorales y su promoción de la cooperación
económica multilateral en la región. Con la primera pone coto a la
actitud agresiva de EE.UU. y Japón en la cota meridional y oriental del
país, en tanto con la segunda reafirma su voluntad de cooperar
pacíficamente de acuerdo al Derecho Internacional. Por supuesto, Pekín
muestra también un señuelo a sus vecinos: si se apartan de las políticas
agresivas de Washington, pueden hacer buenos negocios.
El abanico
de instrumentos a disposición de la diplomacia norteamericana es mucho
más reducido, porque Washington no participa en ninguno de los dos
acuerdos comerciales ni está en condiciones de competir con la República
Popular en un comercio libre y transparente. Al limitarse a confrontar
con China en el plano militar, EE.UU. está aumentando sideralmente los
costos que paga por la rivalidad hegemónica sin obtener beneficio
económico alguno.
Suponiendo que los miembros del CPTPP acepten
iniciar conversaciones de adhesión con China (aunque el Reino Unido está
por delante en la cola), habrá cuestiones difíciles de negociar, como
las subvenciones estatales, la resolución de conflictos y los flujos de
datos transfronterizos. De todas maneras, ya al solicitar su ingreso
Pekín ha mostrado que no piensa encerrarse en una lógica de bloques.
En
Asia Oriental y el Pacífico se contraponen la mentalidad norteamericana
del círculo de carretas que se defienden de los ataques de los indios,
como se veía en las antiguas películas sobre el la Conquista del Oeste,
con la búsqueda china del beneficio compartido, en el que todos los
participantes obtienen beneficios. Esta competencia va a durar todavía
algunos años. Mientras tanto van a escalar las tensiones regionales y
los actores intervinientes deben ser muy cuidadosos para no excederse.
Al final se verá quién ganó, si el encerrado o el que juega en toda la
cancha.
Sobre el autor: Dr. en Ciencias Sociales (Univ. de Giessen, Alemania)
Dr. en Sociología (Univ. do Paraná, Brasil)
Analista internacional.