jueves, 18 de octubre de 2018

La internacional neofascista tiene límites

A pesar de Steve Bannon, Bolsonaro no es Trump

Aunque el ex asesor presidencial quiere sumar al líder brasileño a su “global movement”, las diferencias son mayores que las coincidencias
Eduardo J. Vior
por Eduardo J. Vior
Infobaires24
17 de octubre de 2018
El triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta de la elección presidencial brasileña y el apoyo público que recibió del ex asesor presidencial norteamericano Steve Bannon sugirieron en los medios de todo el mundo similitudes entre el presidente aupado a la Casa Blanca por el organizador de la derecha alternativa (“alt right”) y el ex oficial paracaidista devenido político. The Movement planea expandirse por Europa, América Latina y Asia, pero va a rebotar contra más de una realidad nacional.
En una entrevista mantenida el pasado miércoles 10 en Londres con el editor en jefe de Bloomberg, John Micklethwait, Steve Bannon sostuvo que los europeos deben abandonar el euro y elogió a líderes nacionalistas como el húngaro Viktor Orban a quien calificó de “heroico”. El otrora arquitecto del triunfo electoral de Donald Trump en 2016 dijo en la entrevista que “The Movement” tiene por finalidad convertir a la Unión Europea (UE) en “una colección de naciones soberanas”, en vez de un bloque integrado política y económicamente.
“Estoy convencido de que cada uno debe tener el control sobre su propia moneda”, declaró Bannon. En vistas a la elección del Parlamento Europeo en mayo próximo el ex asesor presidencial está tratando de coordinar a los partidos nacionalistas del continente, para alcanzar un tercio de los más de 700 diputados europeos. Éste sería el primer paso, para luego extender su movimiento a Brasil y Paquistán, fracturar la Iglesia Católica con el apoyo de los ultraconservadores y llegar hasta Filipinas y Argentina. “No se trata sólo de la UE; este movimiento es global por su propia naturaleza”, concluyó en la entrevista.
Bannon abrió el mes pasado en Bruselas la oficina de El Movimiento gracias a la colaboración de Mischael Modrikamen, presidente del pequeño Partido Popular Belga (PP), e inmediatamente emprendió con éste una gira por Roma, donde se reunió con su principal adalid, el ministro del Interior italiano Matteo Salvini, y Belgrado, donde conferenció con el presidente húngaro Viktor Orban.
Según Modrikamen, la nueva organización será un “club”, para “recaudar fondos en América y Europa que aseguren que las ideas ‘populistas’ sean escuchadas por los ciudadanos europeos”. El Movimiento va a destacar cuatro temas comunes a los partidos nacionalistas de la UE: el control de la inmigración, el “islamismo”, el aumento de la “seguridad” y la transformación de la Unión en “una Europa de naciones soberanas, orgullosas de sus identidades”.
Sin embargo, no todas son rosas. El pasado lunes 8, en una rueda conjunta con Salvini, Marine Le Pen cerró la puerta a futuras colaboraciones afirmando que “Bannon no es europeo. Es americano. Nosotros y sólo nosotros daremos forma a la fuerza política que resulte de las europeas de 2019”. La contundencia de estas declaraciones se vio, empero, matizada el jueves 11, cuando Bannon y Le Pen se reunieron en la ciudad francesa de Lille. Tras el encuentro, el vicepresidente de Reagrupación Nacional, Louis Aliot (que, además, es la pareja de Le Pen), concedió que su fuerza aceptaba a Bannon, porque “sólo quiere ofrecer asesoramiento a los partidos euroescépticos”.
El Movimiento tampoco ha podido hacer pie en Gran Bretaña, donde el nacionalista UKIP (Partido para la Independencia del Reino Unido) ha rechazado seguirlo, y donde Bannon aceptó no entrometerse, según manifestó en la entrevista con Bloomberg.
Entre tanto, Brasil debería ser el pivote para organizar El Movimiento en América Latina. Es público que Bannon asesora la campaña electoral de Jair Bolsonaro. Uno de los hijos del candidato presidencial, Eduardo (electo diputado federal por São Paulo), se reunió con Bannon en New York en mayo pasado donde cerraron el acuerdo de colaboración. La principal evidencia de esta intervención es la estrategia de guerra psicológica aplicada por la derecha en las redes. Mentiras, insultos y difamaciones han movilizado el odio de millones de electores contra el PT y sus candidatos.
Como Salvini ha elegido a Macron y Merkel como su principal enemigo para las elecciones europeas, hay quienes en Brasil asimilan este enfrentamiento a la confrontación entre Bolsonaro y Haddad. Sin embargo, las apariencias engañan. Mientras que Macron es un banquero de la Rothschild, Haddad es un profesor de Filosofía, que ha tenido una competente gestión como alcalde de São Paulo de donde salió sin cargo alguno por corrupción. Al contrario de Macron, un lobo neoliberal con piel de oveja, Haddad encarna lo que resta de una izquierda realmente progresista.
El trumpismo de Bolsonaro (“Tornem o Brasil Grande de Novo!”, “Hagan a Brasil grande de nuevo”) se asemeja al de Trump (“Make America great again!”). Sus persistentes apelaciones a la Patria, a la bandera y a las fuerzas armadas también suenan similares. No obstante, el aventurero brasileño no tiene interés en defender la industria nacional, los empleos ni la rica cultura de su país. A diferencia de su modelo norteamericano también ha avalado la tortura, la dictadura y el aniquilamiento físico de minorías y opositores. Bolsonaro no es fascista ni trumpista, sino muy brasileño, como apuntó el domingo el veterano periodista Mino Carta. “Un capitán del monte”, lo llamó, aludiendo a los salvajes cazaesclavos que en los siglos XVII y XVIII recorrían las serranías del Nordeste buscando a quienes habían huido de las plantaciones de azúcar.
Bolsonaro es un salvaje sanguinario a quien se ha encomendado la tarea de devolver al redil a tanto negro, indio y mulato liberado por Lula. Para ello está dirigido por el capital financiero especulativo concentrado y sostenido por los militares más reaccionarios. Sin embargo, el peligro es grande de que el payaso se crea dueño del circo y quiera eliminar a sus dadores de trabajo. Ni Steve Bannon podrá entonces limitar el caos en el país más grande de América Latina.
El ascenso de los nacionalismos en los países capitalistas centrales es producto de la combinación entre la creciente desigualdad, el desmontaje del Estado de Bienestar, la crisis de las izquierdas y de los movimientos obreros, la aparición de elites reaccionarias que ofrecen una nueva política identitaria y la facilidad de difusión que ofrecen las redes sociales.
Entre tanto, el Informe de Estabilidad Financiera 2018 del FMI, publicado en la reciente reunión de Singapur, constata que existe el riesgo concreto de una crisis global. Si se produce esta anunciada catástrofe, Bannon pretende pescar en río revuelto. No obstante, como demuestran los ejemplos de Francia y Brasil, las diferencias nacionales entre los ultraderechistas son más que las semejanzas.
La única alternativa posible a El Movimiento retificado, elitista, demagógico y (¡éste sí!) populista de los acólitos del suprematismo blanco mundial es el surgimiento de movimientos populares, democráticos, sociales, nacionales (en serio) e impregnados por una ética humanista y solidaria. Queda bastante por hacer.

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Eduardo J. Vior