Después de dos años de gestación, finalmente hoy, 17 de agosto, recibí el volumen Global Latin(o) Americanos, editado por Mark Overmeyer-Velázquez y Enrique Sepúlveda III en Oxford University Press, en el que publiqué el capítulo "Bolivians in Buenos Aires: Human Rights, Immigration and Democratic Participation". Quien tenga interés en leerlo puede solicitar el envío de la copia en PDF.
jueves, 17 de agosto de 2017
lunes, 14 de agosto de 2017
Washington y Pyongyang hablan demasiado
Con su retórica belicista Trump y Kim hacen peligrar la paz mundial
Las amenazas cruzadas entre Washington y Pyongyang tienen al mundo en vilo. Beijing, Moscú, Tokio y Seúl intervienen para calmar los ánimos de ambos líderes
Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
13 de agosto de 2017
Tiempo Argentino
13 de agosto de 2017
AFP
Como nunca antes desde la crisis de los cohetes soviéticos en
Cuba en octubre de 1962, la supervivencia del mundo depende del sentido
común y la sensatez de los líderes de los Estados Unidos, Rusia y
China. Después de varios días de amenazas cruzadas entre Washington y
Pyongyang, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo
chino, Xi Jinping, entreabrieron ayer en una conversación telefónica la
puerta para una solución negociada a la crisis con Corea del Norte. Pero
solo fue una rendija.
Urgía que los dos conversaran, después de
que el viernes el mandatario norteamericano amenazara por Twitter a
Norcorea con una enérgica represalia, si emprendía alguna acción
ofensiva. Xi pidió a su interlocutor que ambos adversarios se contengan y
eviten apresuramientos. China propone, como primer paso, que Corea del
Norte suspenda su programa de armamento nuclear y que Washington y Seúl
se abstengan de realizar ejercicios militares en la zona. Beijing y
Moscú quisieran que se retomen las conversaciones entre las dos Coreas,
EE UU, China, Rusia y Japón suspendidas desde 2009, pero Pyongyang exige
que Washington y Seúl den el primer paso, mientras que Trump reclama
que sea Kim quien haga las primeras concesiones. Seúl, en tanto, no da
respuestas claras.
Tras la conversación, la Casa Blanca informó
que ambas partes "reiteraron su compromiso para desnuclearizar la
península de Corea", pero no adoptaron ninguna decisión. Incentivando la
tensión, en tanto, Corea del Norte anunció este sábado que unos 3,5
millones de ciudadanos se han alistado de manera voluntaria para luchar
contra EE UU. El país tiene unos 25 millones de habitantes y su ejército
cuenta con entre 700.000 y 1,3 millones de miembros, según los
expertos. El miércoles pasado Pionyang anunció un detallado plan para
bombardear con cuatro cohetes las cercanías de la estadounidense isla de
Guam, en el Pacífico occidental, a lo que Japón respondió ayer que ha
instalado su sistema antimisiles en el oeste del país que sería
sobrevolado por los proyectiles norcoreanos.
Ya antes el asesor en
Seguridad Nacional de EE UU, Herbert McMaster, informó que el Pentágono
se prepara para destruir “preventivamente” parte de la infraestructura
militar y reducir la capacidad ofensivade Corea del Norte. Jerry
Hendrix, capitán retirado de la Armada de EE.UU., en tanto, considera
que la operación militar de Washington contra Pyongyang supondría un
ataque multidimensional con aviones de caza, bombarderos y misiles
Tomahawk. La Marina estadounidense tiene en aguas japonesas 10 cruceros
portacohetes y destructores armados con Tomahawk y el sistema
antimisiles Aegis. Washington también podría inutilizar los sistemas
armamentísticos de Corea del Norte con ataques cibernéticos. En ese
sentido, el analista chino Yun Sunno duda de la capacidad de EE UU para
realizar ese ataque preventivo, pero advierte que "las consecuencias
serían desastrosas", ya que provocaría "una represalia total de Corea
del Norte contra el Sur, Japón y las tropas estadounidenses en la
región".
Cerca de la zona desmilitarizada (ZDC), a 55 km del área
metropolitana de Seúl, donde viven unos 25 millones de personas,
Pyongyang tiene desplegados al menos 8.000 cañones y lanzadores de
misiles aptos para realizar hasta 300.000 disparos sólo durante la
primera hora de combates. Por este motivo, si Washington desea atacar,
primero debería evacuar del Sur a decenas de miles de civiles
estadounidenses.
Entablar negociaciones inmediatas y poner fin a las amenazas
No
obstante, no hay indicios de que EE UU se esté preparando para alguna
acción bélica en ninguna parte del mundo. El contraste entre las
bravuconadas del presidente y la falta de preparativos militares sugiere
que este, en realidad, quiere negociar con su par norcoreano. Por eso,
el mismo viernes salió de una reunión con el Gabinete de seguridad
nacional ofreciendo dialogar. Por su lado, el secretario de Estado Rex
W. Tillerson reveló también el mismo día que el duro lenguaje del
presidente era parte de una estrategia, para obligar a Norcorea a
conversar.
Entre tanto, el ministro de Relaciones Exteriores de
Rusia, Serguei Lavrov, expresó su esperanza de que en Washington y en
Pyongyang prevalezca el sentido común. "No aceptamos que Corea del Norte
tenga status atómico", afirmó. Como lo explicó más adelante, hay dos
tipos de potencias atómicas: las reconocidas por el Tratado de No
Proliferación de 1968 (Rusia, Estados Unidos, China, Francia y Gran
Bretaña), legítimas poseedoras de tales armas, y las nuevas potencias
nucleares (Corea del Norte, India, Paquistán e Israel) que deben
someterse a la normativa existente. Corea del Norte había firmado el
Tratado de 1968, pero en 2002 lo abandonó. "Por eso –concluyó el
ministro–, se atribuye el derecho a fabricar armas nucleares y lo hace”.
Para
todo intérprete sensato está claro que, con su retórica belicista, Kim
Jong-un busca mejorar su posición para futuras negociaciones de desarme y
el levantamiento de las sanciones económicas. En cambio, no está
todavía claro, si Donald Trump pretende, efectivamente, destruir al
régimen norcoreano mediante un ataque preventivo, responder a las
fanfarronadas norcoreanas con el mismo calibre y/o avisar por elevación a
China y Rusia que toda negociación futura será muy dura. Finalmente, no
hay que descartar que ambos líderes necesitan afirmarse internamente y,
para ello, baten el tambor de guerra, aun con el riesgo de que un
mínimo error de percepción en los respectivos estados mayores accione el
botón nuclear y desate una catástrofe.
Se dice que un buen
diplomático piensa tres veces lo que va a decir … y después calla. En
las relaciones internacionales la fanfarronería y las amenazas son
signos de debilidad e indecisión. El débil prudente calla y espera su
oportunidad; el poderoso sensato actúa sin hablar. En los próximos días,
la paz mundial necesitará mucho silencio y sentido de la oportunidad. «
viernes, 11 de agosto de 2017
La retórica de Washington arriesga la paz mundial
Un troll en el salón oval
Estrella de su propio call
center, Trump se aferra a Twitter en medio de una lucha interna por el
poder. El eje Corea del Norte y la guerra de más de 140 caracteres.

El viernes por la mañana el presidente Donald Trump volvió a amenazar
al gobierno de la República Democrática Popular de Corea con una
represalia militar, si actúa “insensatamente”. La insistencia del
mandatario en hacer declaraciones altisonantes por Twitter es cada vez
más frecuentemente relativizada por las principales figuras de su
gabinete, generando la sensación de que el habitante del Salón Oval de
la Casa Blanca sufre de incontinencia dactilar. ¿O será una hábil
táctica para sobrevivir al copamiento del poder por el “Estado
profundo”? En todo caso, los efectos de estos vaivenes pueden tener un
impacto real y peligroso.
Desde el punto de vista práctico, el mensaje presidencial no añade
nada a la ya vigente alerta temprana de las fuerzas armadas
norteamericanas en el Pacífico. Sin embargo, hilando más fino, se nota
que ha moderado el tono respecto a mensajes anteriores de esta misma
semana. Todavía el martes pasado -parafraseando a Harry Truman en agosto
de 1945- Trump prometió responder a la amenaza norcoreana de atacar a
EE.UU. con cohetes intercontinentales y ojivas nucleares con “un fuego y
una furia que el mundo nunca ha visto”. El mismo miércoles Pionyang
respondió que, en caso de ataque estadounidense o surcoreano, enviaría
sus cohetes contra la base norteamericana de Guam, en pleno Océano
Pacífico.
Los analistas difieren en su evaluación de la seriedad de las
balandronadas de ambos presidentes. Mientras que los republicanos y
muchos demócratas toman literalmente las palabras de Kim Jong-Um y
aconsejan aumentar la presión militar, el New York Times y el Washington Post,
igual que muchos europeos, ven en los exabruptos del joven líder
norcoreano una calculada táctica para subir el precio de la negociación
con Washington y Seúl. Los medios no acuerdan asimismo sobre el
significado de las contradictorias manifestaciones de los funcionarios
norteamericanos: en tanto unos ven en las apaciguantes declaraciones del
Secretario de Defensa James Mattis o del Secretario de Estado Rex
Tillerson solamente correcciones a los desboques del primer mandatario,
otros toman las contradicciones entre Trump y sus funcionarios como el
juego del “policía bueno y el policía malo”.
De hecho, del comienzo al fin de esta semana ha ido mejorando la
consonancia interna de Washington. Las últimas expresiones del
presidente, por ejemplo, están en línea con las modulaciones previas de
Tillerson y Mattis, quienes entre martes y miércoles habían aclarado que
su país solo respondería en el caso de que Corea del Norte pasara de
las amenazas a los hechos.
Sin embargo, esta “corrección” del discurso presidencial indicaría
públicamente que las declaraciones de Donald Trump no representan
necesariamente la posición oficial de su gobierno, una realidad que la
élite política norteamericana ya ha aceptado, pero que resulta difícil
de trasmitir a otros países que no están acostumbrados a tratar a su
propio líder como a un troll de redes sociales.
Desde que el presidente debió ceder poder a los militares y a la
comunidad de inteligencia y aceptar que sus asesores y familiares sean
marginados de las decisiones más importantes, los medios difunden la
imagen de que el mandatario es “un anciano extraño que deambula frente a
los micrófonos y vocifera de manera impredecible y sin consecuencias”,
con lo cual, “para minimizar este caos”, pretenden que Trump no es
realmente el presidente. Para contrarrestar esta impresión, el habitante
del Salón Oval hace esfuerzos desesperados por demostrar que sigue
manejando el timón del país. Para ello, entre otros medios, acude a
declaraciones estentóreas que lo devuelvan al centro del escenario.
Los actores de esta lucha interna por el poder político en Washington
deberían, empero, entender que sus juegos tácticos tienen efectos
allende el océano. El joven Kim Jong-Um se balancea cada día entre la
satisfacción de las acuciantes necesidades económicas de su población y
el ansia de poder de sus generales. Si éstos se sintieran efectivamente
amenazados por Washington o –lo que es lo mismo- tuvieran la impresión
de que el Pentágono no reaccionaría a un primer ataque norcoreano,
podrían subir la apuesta sin medir las consecuencias. Por el contrario,
si su líder –atendiendo a la supervivencia de su pueblo- se mostrara
concesivo, podrían acusarlo de debilidad y remplazarlo o, simplemente,
eliminarlo.
China, Rusia y Japón se muestran preocupados por la escalada de
bravuconadas. Por ejemplo, Beijing hizo saber el viernes a través de los
medios que, si Corea del Norte ataca primero, mantendrá la neutralidad,
pero que, si EE.UU. ataca a Norcorea, saldrá en su defensa y
generalizará el conflicto. También los demás vecinos buscan la salida al
callejón.
Ojalá se trate tan sólo de la pirotecnia verbal previa a serias
negociaciones distensivas. De lo contrario sobre el mundo caerá algo más
que 140 caracteres.
miércoles, 2 de agosto de 2017
En Levante se sienten los acuerdos Trump-Putin
La guerra de las sociedades impensadas
Del Líbano a Hizbulá y de Rusia
a Estados Unidos, el mapa de la guerra en Medio Oriente parece trazar
el contorno de nuevos acuerdos y estrategias globales.

No parecía feliz el joven príncipe heredero saudita Mohamed bin
Salmán (31 años) en la foto que el domingo pasado lo mostró con Muqtada
al Sadr, jefe político de los chiítas iraquíes. Después de once años el
iraquí fue a negociar con el próximo rey la posguerra del Medio Oriente
en nombre de la coalición chiíta que, con el apoyo de Rusia, ha vencido
en Siria. El momento era doblemente oportuno: después de haber expulsado
a los terroristas de la frontera sirio-libanesa y antes del referendo
por la independencia del Kurdistán iraquí.
Unos 70 autobuses salieron el lunes 31 de Wadi Jmayed, en las alturas
de Arsal (en la frontera nororiental de Líbano con Siria), con 9.000
milicianos del antiguo Frente Al Nusra y sus familias en dirección a
Siria. Se van a reubicar en la provincia de Idleb (noroeste), controlada
por los yihadistas. Esta retirada fue posible gracias a una tregua
acordada entre los islamistas y el movimiento de resistencia libanés
Hizbulá el jueves 27, después de seis días de intensa ofensiva de la
milicia chiíta. Además serán evacuados combatientes del grupo Saraya Ajl
al Sham, que pidieron ser trasladados a la zona de Al Qalamun sirio (en
la central provincia de Homs).
El acuerdo fue firmado con la mediación del jefe de la Seguridad
General del Líbano, el general Abas Ibrahim. Las tropas libanesas
evitaron enfrentar directamente a los islamistas, aunque tendieron por
el oeste de la montañosa y árida región un cinturón de hierro, para que
los yihadistas no huyeran hacia el interior de Líbano, mientras Hizbulá
los atacaba desde Siria.
La región de Arsal era hasta hace poco la zona con mayores tensiones
en la frontera sirio-libanesa. Con la liberación de la misma y de la
vecina región siria de Flita la zona limítrofe ha quedado casi libre de
terroristas. Actualmente, el Ejército Libanés, armado por EE.UU. y
Arabia Saudita, lleva a cabo negociaciones indirectas con el Estado
Islámico (EI) en el vecino valle de la Bekaa, para que se retire hacia
Siria. No obstante, la aviación libanesa bombardeó el lunes 31 a
milicianos del EI que se desplazaban por la región.
El arreglo entre Hizbulá y el Ejército Libanés para liberar la
frontera es producto de los acuerdos que Vladimir Putin y Donald Trump
lograron durante sus reuniones en Hamburgo, a principios de junio
pasado. Hasta ahora, Estados Unidos y sus aliados habían tratado de
dividir los Estados de la región en republiquetas impotentes y rivales,
pero ahora aceptan aliarse con la coalición liderada por Rusia contra
los yihadistas. En la retórica Irán, Siria y Hizbulá siguen siendo
enemigos de Arabia Saudita y sus socios, pero en la práctica se han
convertido en socios, aunque no aliados.
En Medio Oriente Donald Trump ha logrado con ayuda de su consejero de
seguridad nacional, el general H.R. McMaster, y de su director de la
CIA, Mike Pompeo, poner fin a los programas secretos de ayuda a los
yihadistas.
La ofensiva que el Ejército Árabe Sirio emprendió en Arsal junto con
Hizbulá y en coordinación con el Ejército Libanés es el primer resultado
visible del acuerdo ruso-norteamericano. Por su parte, aunque el primer
ministro libanés Saad Hariri critica la participación de Hizbulá en esa
ofensiva, a pedido de Arabia Saudita autorizó al Ejército Libanés a
participar por primera vez en la operación junto con los chiítas.
La progresiva expulsión de los yihadistas de la mayor parte del
territorio sirio, empero, prepara el terreno para una nueva
confrontación: apoyados por EE.UU. e Israel, en el norte de Siria e Irak
los kurdos han aprovechado la guerra contra el islamismo para armarse y
expandir su área de influencia. Turquía cuestiona el apoyo que
Washington da a los milicianos kurdos en el norte de Siria, porque los
identifica con los guerrilleros del Partido de los Trabajadores que
desde hace 30 años combaten en Turquía por la independencia de
Kurdistán. En Irak después de la liberación de Mosul el presidente de la
región autónoma kurda, Mazud Barzani, ha convocado para el 25 de
setiembre próximo a un referendo independentista que Bagdad, Damasco,
Teherán y Ankara rechazan. Aprovechando las múltiples crisis (con Catar y
en Yemen) en que se ha metido el heredero del trono saudita, Muqtada
Sadr ha viajado, entonces, a Riad para ofrecerle buena vecindad a cambio
de su oposición al referendo kurdo. A Mohamed bin Salmán no le queda
otra, aun al precio de dejar solo a su aliado Benjamin Netanjahu.
domingo, 23 de julio de 2017
La derrota del Estado Islámico prologa una nueva lucha
En Medio Oriente el después de la guerra es un antes de la guerra
Turquía reveló que en las bases norteamericanas en Siria se entrenan las milicias kurdas. La resolución de la crisis de Catar con sus vecinos árabes y la alianza de Israel con Arabia Saudita preanuncian conflictos.
por Eduardo J. Vior
Tiempo Argentino
23 de julio de 2017
Tiempo Argentino
23 de julio de 2017
No fue casualidad que la agencia estatal turca de noticias Anadolu
publicara el miércoles 18 un mapa del Kurdistán sirio con las bases
militares estadounidenses donde se adiestra a las milicias kurdas que
están derrotando al Estado Islámico (EI). En por lo menos dos de ellas
también están estacionados 75 efectivos franceses. El artículo reveló,
además, los tipos y números del personal, las armas y los vehículos.
Casi
en simultáneo, el presidente Donald Trump canceló el programa de la CIA
para armar y entrenar a grupos rebeldes en Siria. La medida –largamente
reclamada por Rusia– es una concesión mayor a Vladimir Putin y reduce
la influencia norteamericana en el país después de que el EI sea
derrotado. "En Siria venció Putin", declaró un directivo de la agencia
de inteligencia al The Washington Post. Ambos hechos forman parte de los
realineamientos que se están produciendo en todo Levante luego de las
reuniones que Trump y Putin mantuvieron en Hamburgo el pasado 7 de junio
durante el G20.
Con la publicación, Turquía mostró el apoyo
militar que Washington y París están dando al Partido de la Unión
Democrática del Kurdistán (PYD) al que Ankara considera una prolongación
del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que desde hace 30
años lleva una sangrienta guerra por la independencia de Kurdistán con
el Estado turco.
El "desliz" turco se produjo al mismo tiempo que
fuentes kurdas difundían fotos de un largo convoy motorizado
estadounidense que entraba a Siria desde Irak con la intención –según
observadores locales– de perpetuar la presencia estadounidense en el
norte de Siria después de la próxima caída de Rakka, la "capital" del
Estado Islámico.
Con su jugada, Turquía buscaría imponer al
Kremlin y a la Casa Blanca su presencia en el norte de Siria, mientras
que ambas superpotencias se estcionan en tres zonas desmilitarizadas del
suroeste y sur del país y EE UU parece tener el visto bueno ruso para
quedarse en el noreste.
No se sabe qué decidieron Putin y Trump durante sus conversaciones en Alemania, pero sus efectos se están viendo: la pacificación conjunta del sur de Siria coincide con el comienzo de solución para la crisis entre Catar y sus vecinos de la Península Arábiga. Efectivamente, la decisión de los cuatro países que desde hace un mes bloquean al pequeño emirato (Arabia Saudita, Baréin, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos) -al que acusan de apoyar internacionalmente a los Hermanos Musulmanes- de reducir sus trece demandas originales a seis, es resultado de la mediación de EE UU que quiere a sus aliados unidos, pero dejando de financiar el terrorismo islámico.
El gobierno turco de Recep Erdoğan ha salido victorioso de la crisis. Desde el inicio sostuvo a su aliado catarí y hasta aumentó el contingente turco allí, se acercó a Irán y ambos aprovisionaron al sitiado.
No se sabe qué decidieron Putin y Trump durante sus conversaciones en Alemania, pero sus efectos se están viendo: la pacificación conjunta del sur de Siria coincide con el comienzo de solución para la crisis entre Catar y sus vecinos de la Península Arábiga. Efectivamente, la decisión de los cuatro países que desde hace un mes bloquean al pequeño emirato (Arabia Saudita, Baréin, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos) -al que acusan de apoyar internacionalmente a los Hermanos Musulmanes- de reducir sus trece demandas originales a seis, es resultado de la mediación de EE UU que quiere a sus aliados unidos, pero dejando de financiar el terrorismo islámico.
El gobierno turco de Recep Erdoğan ha salido victorioso de la crisis. Desde el inicio sostuvo a su aliado catarí y hasta aumentó el contingente turco allí, se acercó a Irán y ambos aprovisionaron al sitiado.
En alianza con Israel, por el contrario, la monarquía
saudita (enfrascada en una conflictiva transición del Rey Salmán a su
hijo Mohamed bin Salman) decretó el bloqueo de Catar, después de que
durante su visita a Riad en mayo, Trump condenara públicamente a la
Hermandad Musulmana. Los sauditas creyeron que su pequeño vecino era pan
comido, pero se equivocaron. Kuwait y Omán no se sumaron al bloqueo,
Irán afianzó su vínculo con Catar y Turquía se inmiscuyó en el Golfo.
Rusia, en tanto, aumentó su rol mediador. Los sauditas y su aliado
Benjamin Netanyahu han salido derrotados de la crisis. Al rechazar el
plan ruso-norteamericano para Siria, además, el líder israelí se
encontró con que los rusos se estacionaron al pie de las alturas
ocupadas del Golán.
La crisis en torno a Catar profundizó la
división de Levante entre dos coaliciones enfrentadas que Rusia y
Estados Unidos intentan controlar. Para recuperar la iniciativa, es
probable que Tel Aviv apoye a los kurdos contra Siria, Irak y Turquía.
Por eso la publicación del mapa debe entenderse como una seria
advertencia de Erdoğan. El cercano fin de la guerra preanuncia el avance
confluyente de Ankara y Damasco sobre los kurdos. En Levante, el
después de la guerra es antes de la guerra. «
Berlín y Ankara apuestan alto
Después
del fallido golpe de Estado en Turquía en julio de 2016 y a medida que
la guerra en Siria se acerca a su fin, las relaciones entre la Unión
Europea (UE) y el gobierno de Recep T. Erdoğan han empeorado
aceleradamente. En Turquía hay diez alemanes detenidos por motivos
políticos y los dirigentes de ambos lados han cruzado duros epítetos. El
valor estratégico que Turquía tenía durante el bipolarismo de Obama y
la guerra en Siria desapareció por las buenas relaciones entre Alemania,
Rusia y China y por el actual realineamiento en Levante, pero en
Turquía sobreviven todavía tres millones de refugiados que podrían
inundar Europa, si la UE cierra definitivamente las negociaciones para
la admisión del país en la Unión. Ambas partes tienen a la vez intereses
divergentes y convergentes que se balancearán la próxima semana, cuando
en Bruselas se reúnan representantes de Turquía y de la UE donde
mantendrán una reunión para discutir las relaciones bilaterales. Ese día
se sabrá cuánto cuesta un compromiso.
miércoles, 19 de julio de 2017
El final de la guerra en Siria preanuncia nuevos conflictos
El búmerang catarí
Al bloquear a Catar, la familia
Saud acató la demanda de Trump de romper con la Hermandad Musulmana,
pero la aguda división de Levante amenaza su poder

La crisis desatada hace seis semanas entre Arabia Saudita, Egipto y
los Emiratos Árabes Unidos, por un lado, y Catar, por el otro, se agrava
día a día, generando una cadena de reacciones y desestabilizando a sus
iniciadores. Acabando con el santuario catarí, la realeza saudí esperaba
consolidar su hegemonía regional y asegurar que la sucesión venidera
transcurra en paz, pero no dimensionó el alcance que tendría la crisis.
Ésta es parte del tortuoso final de la guerra en Siria y de la
subsecuente formación de nuevos alineamientos en Levante que Rusia y
Estados Unidos intentan controlar. En el nudo entre las corrientes
encontradas se encuentra hoy el pequeño emirato del Golfo.
Luego de que The Washington Post revelara el domingo que los
Emiratos Árabes Unidos (EAU) habían organizado en mayo pasado el hackeo
de los servicios electrónicos de la Agencia de Noticias de Catar (QNA,
por su sigla en inglés), para atribuir al Emir, Sheik Tamim Bin Hamad
al-Tani, posiciones favorables a Irán, la Hermandad Musulmana y Hamás,
el conflicto del Golfo Pérsico se trasladó al interior del gobierno
norteamericano. Mientras que el Presidente Donald Trump había respaldado
a los sauditas, el Secretario de Estado Rex Tillerson pasó casi toda la
semana pasada viajando infructuosamente entre las capitales del Golfo
en busca de un compromiso. Los EAU han rechazado la acusación, que
deslegitima el bloqueo total que dispusieron junto con Baréin,
Saudiarabia y Egipto el pasado 5 de junio.
El hackeo se produjo el 24 de mayo, apenas Trump en Riad condenó a la
Hermandad Musulmana. Emiratíes, bareiníes y sauditas se sintieron
entonces autorizados para bloquear Catar. Como respuesta, salieron a luz
los intensos contactos entre el embajador emiratí en EE.UU. y la
Fundación para la Defensa de las Democracias, un lobby pro-israelí con
sede en Washington.
También los ministros de Exteriores británico, francés y alemán
recorren la zona tratando de mediar. Los europeos temen la ruptura de la
coalición antiiraní en el Golfo y compiten entre sí para sacar provecho
de los cambios en la región.
Parece que la crisis detonó, porque en abril pasado Catar pagó a
milicias suníes y chiítas en Irak y Siria un total de 900 millones de
dólares, para rescatar a 26 rehenes cataríes y asegurar el traslado de
civiles desde pueblos sunitas sitiados en Siria. Sin embargo, según la
CNN, más importantes serían acusaciones mutuas de haber violado acuerdos
secretos que los gobiernos de la región hicieron entre 2013 y 2014. Los
bloqueadores acusan a Catar de estar apoyando a la Hermandad Musulmana
en distintos países y a la TV catarí Al Jazeera de ser un órgano de
agitación contra los regímenes regionales.
La Hermandad Musulmana fue refundada por la inteligencia británica en
1951 sobre la base de un grupo homónimo ya disuelto, para combatir al
nacionalismo panárabe. Originariamente apelaba a métodos pacíficos, pero
desde el surgimiento de Hamás en Gaza hace 30 años se radicalizó.
Fuertemente reprimida en Egipto, la Hermandad tiene hoy sus bases
principales en Turquía, Sudán y Catar, aunque sus milicianos combaten
también en Libia, el Sahara, Yemen, Siria e Irak. Los sauditas los
apoyaron intermitentemente, pero –presionados por Trump– ahora los
combaten.
Cuando Riad y sus aliados decretaron el bloqueo, esperaban la pronta
rendición de Doha, pero el activo apoyo turco, primero, y la apertura de
Irán para los suministros a Catar, después, complicaron el conflicto.
Aunque prudentemente, también Rusia interviene a favor de los civiles
cataríes. Turquía, incluso, ha enviado mil militares a Doha. El pliego
de 13 condiciones para levantar el bloqueo llevó, al contrario, a
fortalecer la alianza turco-catarí y acercó a Ankara con Teherán.
Para hacer aún más compleja la relación de fuerzas en la región, el
pasado miércoles 12 China informó que su primera base naval en el
extranjero ha comenzado a funcionar en Yibutí. Se trata de una
ex-colonia francesa situada enfrente de Yemen, en la conexión entre el
Océano Índico y el Mar Rojo. Aunque sea para combatir a los piratas
somalíes y asegurar el tráfico comercial con Europa, China se instala en
Levante y al lado de una base de la Marina de EE.UU.
En su encuentro del 7 de julio pasado en Hamburgo Vladimir Putin y
Donald Trump alcanzaron acuerdos aún desconocidos para regular sus
conflictos, pero fueron inmediatamente torpedeados por sus adversarios
internos y externos. La decisión de habilitar el estacionamiento de
tropas norteamericanas en tres regiones del sur de Siria habría llevado
al fin de la guerra en ese país, en tanto Estados Unidos habría dejado
de cuestionar la ocupación rusa en Crimea, pero el pasado viernes 14
Benjamin Netanjahu rechazó el plan. Las nuevas sanciones adoptadas el
martes 18 contra Irán y las altisonantes declaraciones antirrusas en el
Congreso norteamericano tampoco contribuyen al aumento de la confianza
mutua.
Al mismo tiempo, la detención el sábado 15 del hermano y asesor del
presidente iraní Hasán Rohaní por delitos financieros es una advertencia
de la inteligencia militar a los ayatolás, para que mantengan la
distancia con los Hermanos Musulmanes, fuertes en Turquía, contra
quienes combate Irán en Siria y Yemen.
Urgido por la búsqueda de éxitos exteriores, para asegurarse una
calma asunción del trono saudita, el joven Mohamed bin Salmán (31 años),
hijo del Rey Salmán y Ministro de Defensa, se equivocó por tercera vez
en poco tiempo. Apoyó a los salafistas en Siria y fue derrotado, invadió
Yemen en 2015 y está empantanado en una guerra sin fin. Ahora bloqueó a
Catar, dividiendo Levante en dos bloques, fortaleciendo a Irán y
aumentando la influencia de Rusia. No hay más margen de error.
Mientras que Moscú se mueve entre bambalinas,
Washington está amarrado a ambos lados de la fractura. Teherán, a su
vez, busca aprovechar la ruptura entre sus enemigos, pero está tironeado
por el conflicto interno entre militares y ayatolás.
Si la crisis se prolonga, es previsible que Israel desempate
provocando una guerra por delegación. Si turcos y sirios convergen sobre
el norte de Siria, Tel Aviv podría empujar a la guerra a los kurdos en
Siria, Irak y Turquía. El fin de la guerra en Siria preanuncia el
comienzo de otra más abarcadora que puede acabar con la dinastía de Ibn
Saud y aislar a Israel.
domingo, 9 de julio de 2017
En Hamburgo cambió el sistema de alianzas
Más allá de la Cumbre entre Trump y Putin, apenas un poco más que nada
El encuentro se focalizó en reuniones bilaterales, y entre ellas las de los mandatarios de EE.UU. y Rusia se llevó todas las miradas
Angela Merkel
quería capitalizar en la campaña para la elección general de setiembre
próximo los acuerdos que esperaba se dieran en la Cumbre del G20 en
Hamburgo, pero el vandalismo del Bloque Negro y la tozudez de Donald
Trump le robaron la escena. En el documento final difundido ayer sólo se
alcanzó un impreciso acuerdo comercial y la constatación de la
diferencia de opiniones sobre el cambio climático. La canciller alemana
logró impedir que la Cumbre estallara, pero el comunicado final está
lleno de aire.
Donald Trump estaba exultante, ya que,
envuelto en una vaga defensa del comercio libre, el documento acordado
lo autoriza explícitamente a aplicar medidas proteccionistas cuando lo
considere necesario. A cambio, Washington se comprometió a concertar con
sus socios del G20 la regulación de los mercados financieros. Al mismo
tiempo, 19 de los 20 países ratificaron su adhesión al Acuerdo de París
sobre el Cambio Climático, mientras reconocían la opinión diferente de
Estados Unidos.
En su discurso final Merkel subrayó los acuerdos
alcanzados para promover inversiones privadas en algunos países
africanos y para apoyar a mujeres empresarias en países emergentes, pero
todos coincidieron en que lo más productivo de estos dos días fueron
los encuentros bilaterales. Quienes más aprovecharon esta modalidad
fueron Vladimir Putin y Donald Trump con su encuentro del viernes a la
tarde, pero los demás líderes no se quedaron atrás.
La reunión
entre ambos mandatarios estaba planeada para media hora, pero duró dos
horas y media. Se realizó a puertas cerradas y en ella sólo participaron
los presidentes, sus intérpretes, el ministro de Exteriores ruso
Serguei Lavrov y el secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson.
Con la mira puesta en el público norteamericano, Trump comenzó
inquiriendo por las interferencias rusas en la campaña electoral de
2016, pero Putin le respondió que no había pruebas y que mejor miraran
al futuro. Que fue lo que hicieron. La mayor parte del tiempo la
dedicaron a Siria, hasta alcanzar un acuerdo para el cese del fuego en
el suroeste del país, en la cuádruple frontera entre Siria, Líbano,
Jordania y los territorios del Golán ocupados por Israel donde al-Qaeda
lleva desde hace semanas una ofensiva contra las fuerzas gubernamentales
apoyada por la artillería israelí y las fuerzas especiales
norteamericanas ingresadas desde Jordania. Si se produjera un
enfrentamiento directo entre Siria e Israel, se desataría una guerra en
gran escala que Trump y Putin buscan ahora evitar. También convinieron
moderar juntos las crisis en Corea y en Ucrania.
Según informó más
tarde el ministro Lavrov, conversaron asimismo sobre ciberseguridad,
aunque, en realidad, ninguno de los dos lo toma muy en serio. Si lo
hicieran, Washington debería reconocer que los últimos ataques
informáticos fueron realizados con armas robadas a la Agencia Nacional
de Seguridad (NSA) por un grupo que se hace llamar “Los corredores de
Bolsa en las sombras” (Shadow Brokers) y que vende en las redes
suscripciones para recibir periódicamente virus actualizados, sin
preocuparse por su uso. Hasta ahora Washington sigue sin reconocer el
robo ni ha informado a sus aliados qué armas le fueron hurtadas. Por el
otro lado, ambas potencias desean poder continuar espiando y saboteando a
las empresas y personas que les convenga.
En Hamburgo los países
del G20 acordaron, además, combatir el financiamiento del terrorismo y
su propaganda en Internet. Los europeos ambicionaban también acordar
medidas para superar la crisis causada por la afluencia de centenares de
miles de refugiados, pero sólo lograron vagas promesas de combatir el
tráfico de personas. En este contexto de desunión, pocos atendieron al
mensaje del Papa Francisco en el que pidió a los líderes mundiales que
se hagan cargo de la miseria y las catástrofes naturales que provocan
las masivas migraciones internacionales, que sean solidarios con quienes
más lo necesitan y que resuelvan los conflictos pacíficamente.
Desde
el inicio la Cumbre se apartó del plan de viaje fijado por los
organizadores alemanes: los temas políticos impusieron su peso sobre los
económicos y ecológicos, las reuniones bilaterales ocuparon más tiempo
que las multilaterales y hasta el plan de actividades para las y los
consortes de los mandatarios debió ser alterado varias veces por los
choques en las calles de la ciudad.
Para los europeos el único
saldo de esta reunión ha sido que el G20 no se rompió. En cambio, el
presidente de los Estados Unidos vuelve a casa sin haber hecho ni una
concesión de importancia y después de haber legitimado –como quería- a
su colega ruso como interlocutor privilegiado. No es extraño, entonces,
que Xi Jinping haya intensificado sus lazos con Angela Merkel.
La
Cumbre no resolvió ningún problema y dejó una ciudad muy dañada. Las
reuniones bilaterales, en cambio, fueron muy provechosas, pero
profundizaron los alineamientos de las potencias en bloques. Ahora el
paquete pasó a manos de Mauricio Macri, quien en 2018 debe organizar la
reunión en Buenos Aires. Un paquete muy, muy pesado. «
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