miércoles, 10 de febrero de 2021

La CIA azuza la escisión entre Quito y Guayaquil

 

Ecuador va a la segunda vuelta profundamente dividido

La fragmentación del voto popular según aparentes clivajes regionales y culturales plantea incógnitas sobre las alianzas posibles para el 11 de abril y prolonga la crisis política aún más allá

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
10 de febrero de 2021

Eduardo J. Vior

La victoria del candidato correísta Andrés Arauz en la primera vuelta de las elecciones presidenciales celebrada el domingo pasado en Ecuador no ha sido ninguna sorpresa. La traición, la ineptitud y la corrupción del gobierno de Lenín Moreno (2017-21) hicieron que el 80% del electorado votara contra el neoliberalismo. Al mismo tiempo, el recuerdo de los logros de la “Revolución Ciudadana” (2007-17), la persecución sufrida por Rafael Correa y sus compañeros y las violentas represiones de 2019 impulsaron el triunfo del candidato de la Unión Nacional por la Esperanza (UNES). Sin embargo, sí sorprendió la excelente performance del candidato indigenista Yaku Pérez y del empresario socialdemócrata Xavier Herbas. Pérez superó los 19 puntos y puede pasar a la segunda vuelta en vez del banquero Guillermo Lasso, de la coalición CREO, a quien supera por apenas 0,27%. Como todavía falta contar algunos miles de votos y revisar los observados, el Consejo Nacional Electoral (CNE) aún demorará varios días hasta definir quién será el contendiente de Araúz en la ronda del 11 de abril. De su perfil dependerá el cariz de la campaña electoral y, mucho más, la futura gobernabilidad de un país profundamente dividido.

Con el 98,81% de votos escrutados a nivel nacional, ya se va conociendo el panorama que tendrá la próxima Asamblea Nacional. El mayor porcentaje de votos lo tiene UNES, liderada por Pierina Correa, hermana del expresidente Rafael Correa, con hasta ahora un 31,66% de los votos para el legislativo. Por su parte, Unidad Plurinacional Pachakutik se convertiría en la segunda fuerza parlamentaria con el 17,37% de los sufragios. Tercera salió la Izquierda Democrática, con el 12,25%. En cuarto y quinto lugar llegaron, en tanto, CREO, con 9,71 %, y el Partido Social Cristiano (PSC), con 9,38 % de las boletas.

Según datos del CNE, Yaku Pérez obtuvo la victoria en 13 provincias de la Sierra (así llaman en Ecuador a la región andina) y de la Amazonía, en tanto Andrés Arauz ganó en 8 provincias de la Costa. Por su parte, Guillermo Lasso triunfó en Pichincha (donde está la capital, Quito) y Galápagos. Finalmente, el empresario Xavier Herbas se llevó la victoria por Izquierda Democrática en Carchi, en la frontera con Colombia.

Ecuador está dividido entre la Sierra y la Amazonía, por un lado, y la Costa por el otro.
Ecuador está dividido entre la Sierra y la Amazonía, por un lado, y la Costa por el otro.

Yaku Pérez es, por lo menos, una figura poco trasparente. Inscrito al nacer en Cuenca en 1969 como Carlos Ranulfo Pérez Guartambel, de 2013 a 2019 fue presidente de la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa (ECUARUNARI), desde donde participó en manifestaciones contra el gobierno de Rafael Correa. En las elecciones seccionales de 2019 fue elegido como Prefecto de Azuay (cuya capital es Cuenca) y participó en las manifestaciones de octubre de 2019 contra el gobierno de Lenin Moreno.

En diferentes ocasiones criticó “las dictaduras” de Evo Morales y Nicolás Maduro. Por sus cambiantes apoyos a figuras de la elite política desde su entrada en política a mediados de los años 90, su autoadjudicada identidad indígena (que muchos le cuestionan), el apoyo que recibe desde los años 2000 por parte de organizaciones ecologistas norteamericanas, sus enfrentamientos con la dirección colegiada de CONAIE (Confederación Nacional de Organizaciones Indígenas de Ecuador), su estilo autoritario y aparentes malversaciones de fondos como Prefecto del Azuay, no sólo el correísmo, sino amplios sectores del movimiento indígena cuestionan su honestidad y su supuesto izquierdismo.

En tanto, la fuerza que hoy dirige, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik, fundado en 1995, fungió durante años como brazo electoral de CONAIE. Luego del triunfo de Rafael Correa en 2006 Pachakutik se unió a la coalición de gobierno y fue clave en la aprobación de la Constitución de Ecuador de 2008, de avanzado carácter intercultural. Sin embargo, a partir de 2009 rompió con el gobierno en desacuerdo con la nueva ley de aguas. Desde entonces hasta 2017 fue enérgico opositor al gobierno de la Revolución Ciudadana.

Cuando en 2017 Lenín Moreno sucedió a Correa e invirtió el curso político, la CONAIE se sumó al llamado “diálogo nacional”, mientras que en la Asamblea Nacional los legisladores de Pachakutik votaban junto con el oficialismo y formaban una coalición con Izquierda Democrática y partidos de derecha. Cuando en 2019 el movimiento popular hizo retroceder al gobierno de Moreno en sus intentos privatizadores, la dirección de Pachakutik dejó al gobierno operar durante 13 días, antes de reclamarle la derogación del decreto respectivo. Ese fue el tiempo que Moreno necesitó para arbitrar la imposición de las mismas medidas por otras vías.

El Movimiento Pachakutik aboga por la instauración de un Estado plurinacional con amplia autonomía para las regiones y comarcas, aunque, después de que en Wall Street ha comenzado a cotizarse el agua como una commodity, es fácil imaginarse qué puede suceder si una pequeña comunidad indígena (algunas de sólo 1.000 habitantes) debe negociar con una gran corporación internacional el aprovechamiento de sus recursos acuíferos. “Sólo el Estado nacional (en realidad, sólo un bloque regional) puede defender la soberanía hídrica”, sostiene Pedro Páez Pérez, ex ministro de Economía de Rafael Correa.

Declaraciones de Guillermo Lasso el pasado 3 de febrero.
Declaraciones de Guillermo Lasso el pasado 3 de febrero.

Ya en 2017 Pérez llamó a votar por Lasso para derrotar al correísmo (“es preferible un banquero a un dictador”, declaró entonces) y se cree que propondría lo mismo en caso de no alcanzar la segunda vuelta. Lasso, por su parte, ya hizo público su respaldo a Pérez si queda afuera del balotaje.

Enancado en un fuerte impulso mediático, Yaku Pérez se ha convertido en la carta alternativa para impedir el triunfo del correísmo. “No se trata de un clivaje regional o étnico”, afirmó acerbamente la asambleísta de UNES Jhajaira Urresta en entrevista con el autor de esta nota, “sino de un cambio de época. La mayoría de los votantes de la Sierra son jóvenes que no han vivido la presidencia de Correa y se han dejado arrastrar por la retórica supuestamente revolucionaria de Pérez”, sostiene. “Debemos escucharlos y atender sus demandas”, concluyó.

Ante la indefinición sobre el segundo puesto (sobre la que hay fundados temores), sobran las especulaciones. Muchos sostienen que para Arauz sería más fácil enfrentar en la segunda vuelta a Lasso, porque el contraste entre ambos es neto y, además, el banquero “cogobernó” con Moreno y tendrá que hacerse cargo del desastre en que ambos han sumido al país. Esto es cierto, pero debe tenerse en cuenta que Lasso dispone de ingentes recursos financieros, mediáticos, políticos y judiciales que no dudará en movilizar en la campaña. Otros en el entorno de Arauz prefieren confrontar con Pérez, para desenmascarar su retórica presuntamente izquierdista y ecologista.

Sin embargo, hasta que no termine el recuento definitivo de los votos y se confirme quién será el competidor de Andrés Arauz en la segunda vuelta, será muy difícil determinar los ejes de la campaña electoral y prever cómo se conformarán las alianzas. En principio, parece muy probable que la derecha y Pachakutik confluyan en una coalición anticorreísta, aunque esta opción puede costar a Pérez la escisión e sectores genuinamente antioligárquicos. Por el otro lado, no está claro si la socialdemocracia se coaligará con UNES y a qué precio. De todos modos, la primera vuelta de las elecciones ecuatorianas muestra ya que, si bien el neoliberalismo es unánimemente repudiado por los pueblos suramericanos, aún no está derrotado y está en condiciones de contraatacar por líneas interiores, provocando el enfrentamiento entre sectores populares. De la habilidad del correísmo para tender puentes dependerá el futuro de Ecuador y buena parte de lo que suceda en el resto de la región.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Dos visiones del mundo contrapuestas

 

I 
 Brigitte Bardot contra un futuro decente de la humanidad
 Eduardo J. Vior

Más que bloques geopolíticos, en el reciente Foro de Davos chocaron dos visiones contrapuestas sobre el mundo por venir: el elitismo tecnofeudal contra una comunidad de paz

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
3 de febrero de 2021

Brigitte Bardot lo dijo con claridad: “Sobre la Tierra somos demasiados y el Covid restablece el orden de la Naturaleza”. Por su parte, Klaus Schwab, fundador y coordinador del Foro Económico Mundial (Davos), dijo lo mismo en su discurso inaugural de la reunión virtual del encuentro el pasado 21 de enero, pero con más finura. Sin embargo, la elite política y empresarial que asistía al encuentro fue sorprendida por la arrasadora ofensiva de Vladímir Putin y la suave pero enérgica línea que marcó Xi Jinping. La tercera década del siglo comienza con un ruidoso enfrentamiento ideológico y cultural. El futuro inmediato nos dirá cómo seguirá en los materiales terrenos de la política, la economía y las armas.

 

Para los tecnócratas del Foro la crisis sanitaria provocada por la pandemia y la catástrofe económica y social que ha desatado han cambiado, sobre todo, las condiciones para la toma de decisiones. Ya en junio de 2020 Klaus Schwab publicó su libro “El Gran Reinicio” (The Great Reset) en el que, ante el estallido de la doble crisis sanitaria y económica, propuso un nuevo acuerdo del liderazgo mundial, para la aplicación de estrategias que reordenen completamente el mundo y resuelvan las incongruencias y falencias del capitalismo actual.

La propuesta –reiterada durante las sesiones del Foro- reconoce como problema prioritario la depresión y la ansiedad provocadas por la doble crisis en vastos sectores de la población. Para estos afectados propone apoyos financieros e intervenciones terapéuticas de bajo costo (sic). La deriva hacia el teletrabajo forzada por el confinamiento forzoso al principio de la pandemia alteró los hábitos laborales de grandes sectores, pero brinda una oportunidad de cambio, dice el Foro. En muchas áreas de la economía la migración debe considerarse como definitiva.

Asimismo, afirman, la escasez de recursos, la brecha digital, la creciente desigualdad y el cambio climático plantean desafíos complejos que requieren de los líderes empresarios mundiales voluntad política, habilidad y visiones de largo plazo, para inducir cambios en las conductas sociales capaces de modificar el sistema. 

El Foro propone un mundo (bien) gobernado por las grandes corporaciones, los principales gobiernos y los mayores organismos multilaterales, planificado, medido, eficiente y sólo atravesado por conflictos menores. En este planeamiento no entran los pueblos, ni la democratización de la economía, ni una gestión del cambio climático respetuosa con las particularidades de cada cultura. Se trata de un plan tecnocrático para la administración de la crisis «desde arriba”. Los de abajo quedan afuera. Para los tecnócratas Brigitte Bardot tiene razón.

 

Se sabía con antelación que, después de doce años, Vladímir Putin volvería a participar en el Foro, pero los líderes políticos y empresarios occidentales se vieron sorprendidos por la ofensiva retórica del líder ruso: “La pandemia de coronavirus (…) sólo ha estimulado y acelerado cambios estructurales cuyas condiciones previas ya se formaron hace bastante tiempo. (…) Por supuesto, continuó, no hay paralelos directos en la historia, pero algunos expertos comparan la situación actual con la de los años 30 del siglo pasado. (…) en términos de la escala y la naturaleza compleja y sistémica de los desafíos se sugieren ciertas analogías.”

Y explicó: “Como saben, la incapacidad y la falta de voluntad para resolver estos problemas se convirtió en la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, relativizó, ahora espero que un conflicto global tan ‘candente’ sea básicamente imposible, porque significaría el fin de la civilización. Pero, repito, (…) existe la posibilidad de que haya un colapso real en el desarrollo mundial, plagado de una lucha de todos contra todos, con intentos de resolver contradicciones urgentes mediante la búsqueda de enemigos ‘internos’ y ‘externos’, con la destrucción no sólo de esos valores tradicionales, sino también de las libertades básicas, incluida la de elección y la privacidad.”

Más adelante cuestionó las recientes tendencias del capitalismo: “¿Dónde está la línea entre negocios globales exitosos, la consolidación de la big data y los intentos por manejar la sociedad con rudeza, a su propia discreción, reemplazar instituciones democráticas legítimas, usurpar o restringir el derecho natural de una persona para decidir por sí misma cómo vivir, qué elegir, qué posición expresar libremente? E infirió: “Tal juego sin reglas aumenta críticamente los riesgos del uso unilateral de la fuerza militar bajo uno u otro pretexto inverosímil. Esto multiplica la probabilidad de nuevos ‘puntos calientes’ en nuestro planeta.”

Y concluyó esbozando cuatro prioridades:

“Primero. Una persona debe tener un entorno de vida cómodo. Se trata de vivienda e infraestructura accesible: transporte, energía, servicios públicos. Y, por supuesto, el bienestar ambiental, esto nunca debe olvidarse.

Segundo. Una persona debe estar segura de que tendrá un trabajo que le proporcionará un ingreso en constante crecimiento y, en consecuencia, un nivel de vida decente. Debe tener acceso a mecanismos de aprendizaje efectivos a lo largo de su vida; hoy es absolutamente necesario que le permita desarrollar y construir su carrera y luego de su culminación recibir una pensión digna y un paquete social.

Tercero. Una persona debe estar segura de que recibirá una atención médica eficaz y de alta calidad cuando se requiera, que el sistema de salud en cualquier caso le garantice el acceso al nivel moderno de servicios.

Cuarto. Independientemente de los ingresos de la familia, los niños deben poder recibir una educación decente y desarrollar su potencial. Cada niño tiene este potencial.”

Finalizando: “nuestras prioridades se construyen en torno a una persona, su familia, orientadas al desarrollo demográfico y la salvación de las personas, a mejorar el bienestar de las personas, protegiendo su salud. Trabajamos para crear las condiciones para un trabajo digno y eficaz y un emprendimiento exitoso, para asegurar la transformación digital como base del orden tecnológico del futuro de todo el país y no de un grupo reducido de empresas.”

Como señaló el analista ucraniano Rostislav Ishchenko, el contenido del discurso de Putin fue inesperado, tanto como el que pronunció en Múnich en 2007 (que marcó el retorno de Rusia a la primera línea de la política mundial), pero, a diferencia de aquél, no provocó risas entre sus oyentes, sino que muchos de los 80 máximos líderes políticos y empresarios que lo escucharon inmediatamente después de que terminó solicitaron reuniones privadas con el Presidente.

Con tonos diferentes, las alocuciones de Putin y Xi Jinping fueron convergentes.

“La historia siempre sigue adelante, comenzó el líder chino, y el mundo nunca podrá regresar al pasado. (…) En este sentido, debemos dar solución a las cuatro principales asignaturas pendientes de nuestra era:
Primera, fortalecer la coordinación de políticas macroeconómicas para promover juntos el crecimiento vigoroso, sostenible, equilibrado e inclusivo de la economía mundial.

Segunda, desechar los prejuicios ideológicos para tomar juntos el camino de coexistencia pacífica, beneficio mutuo y ganancia compartida. La civilización humana no hubiera existido sin la diversidad, que es una realidad perdurable. La diferencia en sí misma no da miedo alguno, pero sí lo hacen la arrogancia, los prejuicios y el odio, y aquellos que pretenden discriminar a otras civilizaciones e imponer culturas y sistemas sociales propios.

Tercera, superar la brecha entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo para impulsar juntos el desarrollo y la prosperidad.

Cuarta, enfrentarnos juntos a los desafíos globales, en aras de crear juntos un futuro promisorio de la humanidad.”

Una vez fijadas las grandes cuestiones del presente, Xi pasó a proponer los caminos para resolverlas: “frente a los intrincados y complejos problemas del mundo, el camino correcto es defender y practicar el multilateralismo y promover la construcción de la comunidad de futuro compartido de la humanidad. Insistir en la apertura y la inclusión, en lugar del enclaustramiento y la exclusión.”

Estos caminos se orientan por valores universales: “Debemos guiarnos con el concepto de la comunidad de futuro compartido de la humanidad, persistir en los valores comunes de la humanidad de la paz, el desarrollo, la equidad, la justicia, la democracia y la libertad, desechar los prejuicios ideológicos y hacer todo lo posible para que los mecanismos, las ideas y las políticas de cooperación sean más abiertos e incluyentes, con vistas a salvaguardar la paz y la estabilidad mundiales. Insistir en respetar las leyes y reglas internacionales, en lugar de la supremacía y el egoísmo, así como insistir en las consultas y la colaboración, en lugar del conflicto y la confrontación. Necesitamos desechar los conceptos anacrónicos como la mentalidad de la guerra fría y el juego de suma cero. Y finalizó: insistir en avanzar con los tiempos en vez de rechazar cambios.”

Para terminar, enunció los cinco compromisos que su país asume en la coyuntura actual: “China seguirá participando activamente en la cooperación antiepidémica internacional; seguirá la estrategia de apertura orientada al beneficio mutuo y la ganancia compartida, promoviendo el desarrollo sostenible, fomentando la innovación científico-tecnológica y promoviendo el nuevo tipo de relaciones internacionales.”

La vieja diva de la “nouvelle vague” de los años 50 y 60 del siglo pasado puso en una frase brutal la misma idea que el Foro Económico Mundial más finamente difunde: el gobierno del mundo es muy complejo, como para dejarlo a los pueblos.

Por el contrario, los discursos de Putin y Xi fueron coincidentes. Partieron de la afirmación de las percepciones y necesidades cotidianas de los seres humanos comunes en tanto partícipes en grupos y culturas que los modelan y les dan identidad, para exigir estrategias de superación de las crisis respetuosas de la dignidad de cada uno y de cada pueblo, que se adopten por concertación y no por imposición y que tengan como finalidad que todos los habitantes del planeta puedan llevar una vida decente en un contexto de cuidado social, cultural y ambiental.

La lucha contra la pandemia de coronavirus enfrenta, más que dos bloques geopolíticos, dos visiones del mundo radicalmente opuestas: la de un mundo de robots que gobiernan a los seres humanos y los ponen a su servicio vs. un mundo humanizado, respetuoso de cada persona, cada grupo, cada cultura y el entorno natural.

A la geoestrategia de Brigitte Bardot se opone la cooperación entre los pueblos y culturas para la vida digna, la paz y la solidaridad universal.

sábado, 9 de enero de 2021

El Imperio se desgrana en una guerra civil en cuotas

 

No contaban con mi astucia

La asonada del miércoles 6 en Washington partió el Partido Republicano, dio inicio a la campaña electoral de 2024 y lanzó un movimiento nacionalista de masas de consecuencias imprevisibles

Eduardo J. Vior

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
9 de enero de 2021

El 24 de agosto de 1814, después de haber derrotado a los estadounidenses en la batalla de Bladensburg, una fuerza británica al mando del Mayor General Robert Ross prendió fuego a la ciudad de Washington. En el incendio quemaron la Casa Blanca, el edificio del Capitolio y otras dependencias oficiales. Por suerte, pocas horas después un tornado apagó el fuego. Esta fue la última vez que se invadió el edificio del Congreso norteamericano … hasta el pasado miércoles 6 de enero.

Tres días después de la toma del Capitolio por los trumpistas el establishment norteamericano sigue paralizado. Los líderes de ambos partidos en el Congreso han encontrado un chivo expiatorio en la policía del Congreso a cuya plana mayor quieren echar. Sin embargo, nadie en la primera línea de la política, de los medios o de las redes sociales pregunta públicamente cómo fue posible que un presidente a punto de abandonar el cargo (el llamado “pato rengo” del folklore político local) fuera capaz de convocar a decenas de miles de seguidores, cuestionar el resultado electoral del 3 de noviembre pasado y que éstos se sintieran impulsados a invadir la sede del Legislativo, vandalizar salas y despachos y revisar impunemente la documentación de los congresistas, para luego de una hora y poco más retirarse pacíficamente, cuando el mismo mandatario se lo pidió. En un país tan afecto a los gestos simbólicos se debería prestar atención al poder de la palabra de Donald Trump, porque la van a tener que soportar por algún tiempo más. Dueño de la agenda, al día siguiente el presidente confirmó en simultáneo que garantizará una transición pacífica y que seguirá denunciando el fraude cometido en la última elección.

La reanudada sesión de conteo de los votos electorales en la noche del miércoles estuvo marcada por el quiebre definitivo del presidente con su vice Mike Pence y parte de los legisladores republicanos que acordaron con los demócratas retomar la sesión de validación. Por el contrario, cerca de 100 congresistas republicanos insistieron –sin éxito- en debatir sobre la validez de los resultados en Arizona y Pensilvania.
Tras el choque provocado por el asalto al Capitolio, los líderes demócratas en el Congreso llamaron al vicepresidente Mike Pence a invocar la 25ª enmienda de la Constitución y a hacerse cargo ya del Ejecutivo, pero se trataría de un hecho demasiado disruptivo para un hombre del aparato como el vicepresidente. Si no, evocan iniciar un nuevo juicio político contra el republicano, pero esta alternativa lleva un tiempo hoy no disponible. Así que todas y todos deberán soportar a Trump hasta el día 20.

A los manifestantes que protagonizaron la jornada del miércoles se los puede ubicar en la llamada Derecha Alternativa (Alt-Right). Uno de los personajes más caracterizados fue un joven de unos 30 años, con el rostro pintado y cubierto apenas con una piel de búfalo y un casquete con cuernos. Se trata de Jake Angeli, conocido como el chamán de QAnon, un movimiento de extrema derecha que sostiene que Donald Trump está librando una guerra secreta contra una secta liberal global formada por pedófilos satanistas. Surgió en la red 4chain en 2017, cuando uno de los usuarios –identificado como “Q”- afirmó ser un funcionario oficial y contó que la investigación del procurador especial Robert Mueller sobre la presunta relación entre la campaña de Trump y Rusia en realidad tenía como fin conseguir datos sobre élites globales y que el jefe de Estado había elaborado un plan secreto para arrestar a políticos y estrellas de Hollywood por corrupción y abuso infantil.
Según especialistas, estas milicias cuentan con varios miles de activistas que se comunican en las redes sociales con mensajes encriptados. El número de adeptos a esa corriente se disparó durante la campaña electoral. En agosto pasado aparecieron por primera vez en público en un acto de Trump en Tampa, Florida, al que asistieron con remeras con la letra «Q» y pancartas con leyendas como «Somos Q» y «El gran despertar». Actualmente la red tendría millones de seguidores no activos, pero constantes.

Jake Angeli desafiando a la policía en dependencias el Senado
Jake Angeli desafiando a la policía en dependencias el Senado

La Alt-Right (“alt” por “alternativa”, pero también por la tecla homónima de las computadoras) es un movimiento difuso, mayormente virtual, surgido del Tea Party de principios de la década pasada. Tiene dos facciones: una más intelectual, liderada por Richard Spencer, centrada en el tema de la raza, y otra liderada por Steve Bannon, el exconsejero político del presidente Donald Trump, y otra gente, que está más centrada en la preservación de la cultura. Esta segunda facción es la que ha hecho más por acercar el discurso de la Alt-Right al pensamiento del gran público. El asalto al Congreso es la culminación de un relato dirigido a condicionar el poder, pero no a ejercerlo, porque va contra su discurso antiestablishment.

Richard "Bigo" Barnett, 60, sentado el miércoles 6 en la oficina de Nancy Pelosi.
Richard «Bigo» Barnett, 60, sentado el miércoles 6 en la oficina de Nancy Pelosi.

Sería un grave error tratar el asalto al Capitolio como “la aventura de un grupo de loquitos”. Aunque en la manifestación sólo participaron entre 15 y 20 mil personas, tienen el respaldo de millones en todo el país. Según encuestas, dos de cada tres votantes republicanos no consideran la irrupción como «una amenaza para la democracia», e incluso casi la mitad respalda abiertamente esta acción. El sondeo de la firma YouGov, elaborado a partir de unas 1.400 entrevistas, mostró que el 62 por ciento de las personas encuestadas cuestiona sin ambages el asalto, un dato que se dispara al 93 por ciento entre los votantes demócratas. Entre los republicanos, sin embargo, solo un 27 por ciento cree que la movilización puso en riesgo la democracia y un 45 por ciento respalda «por completo o de alguna manera» el asalto. Quienes creen que hubo fraude en las elecciones de noviembre son más proclives a apoyarlo, con un 56 por ciento.

En cuanto a los responsables de lo ocurrido, un 55 por ciento del total de los encuestados señala a Trump, tendencia que se invierte en el caso de los republicanos, entre quienes un 52 por ciento responsabiliza al presidente electo, Joe Biden, por encima del 28 por ciento que culpa al actual mandatario. Las discrepancias se extienden también a cómo se denomina a los invasores. Entre los republicanos el término más repetido (50 por ciento) es el de «manifestantes», seguido de «patriotas», mientras que los demócratas optan por otros como «extremistas», «terroristas», «criminales» o «antidemócratas».

El efecto más importante del asalto del miércoles fue «el apoyo social» que demostró tener Donald Trump o, en su defecto, sus herederos, de cara a la elección presidencial de 2024. Por ello la previa del acto de masas la protagonizaron Egon, Ivanka y Donald Trump Jr., quienes anunciaron, primero, que dieron por iniciada una larga lucha, segundo, que éste ya no era el Partido Republicano, sino “el Partido Republicano de Donald Trump” y, tercero, que ponían en marcha un nuevo, gran movimiento nacional que ya no pararía.

Más allá de la retórica y de las muertes ocasionadas, algunos hechos duros están sobre la mesa: en el corto plazo hasta el 20 de enero nadie va a poder remplazar a Trump y el establishment seguirá dependiendo de su firma para muchas decisiones del día a día. Además, ante la fáctica fractura del Partido Republicano y la visibilidad que ha adquirido la oposición antisistema, los líderes de ambos partidos van a estar tentados a estrechar filas públicamente, lo que dejará todo el espacio político a Trump. Por su parte, Joe Biden subirá al gobierno lastrado por una imagen de gran debilidad y, probablemente, su entorno caiga en el accionismo para compensarla. Cuantas más iniciativas irreflexivas emprenda la alianza de poder, empero, más nítidamente se diferenciará el exmandatario, sentado cómodamente sobre el apoyo de 70 millones de votos.

En este contexto el Partido Republicano se enfrenta a la perspectiva más oscura. Si se alía visiblemente con los demócratas, deja a Trump todo el campo opositor. Si intenta mediar o conciliar, difuminará sus contornos y perderá atractivo. Finalmente, si se pliega al expresidente, deberá remover a toda su primera línea, perderá el apoyo de los votantes conservadores tradicionales y se convertirá en una fuerza reaccionaria de masas pronta al choque con el Estado.

Pero tampoco los demócratas la tienen fácil. El 80% de sus votantes sufragaron contra Trump, no por Biden. El partido absorbió demandas particulares de grupos sociales y culturales demasiado disímiles. Satisfacerlas manteniendo unido a este electorado requiere un liderazgo que no está a la vista. Es probable, entonces, que el gobierno de Biden, repleto de cuadros traídos de las administraciones de Clinton, Bush y Obama, pronto se empantane en iniciativas contradictorias y pierda el rumbo.

Ante la crisis política asoma la dictadura de los medios. El anuncio de Mark Zuckerberg, propietario de Facebook, de que había bloqueado los perfiles de Donald Trump y sus seguidores por sus afirmaciones falaces marcó la cancha a todo el sistema político: sólo las empresas de telecomunicaciones tienen la potestad de determinar la legitimidad de un actor político. De la democracia a la mediocracia.

Parafraseando al Chavo, Trump puede decir “no contaban con mi astucia”. Dueño del mayor electorado unido, tiene un programa, el apoyo financiero de sus adherentes y una imagen antisistema sin competencia. Nadie puede ganar una elección sin él, pero nadie quiere hacerlo con él. El 6 de enero se ha agudizado el dilema norteamericano: o el establishment se democratiza y sucumbe a la presión popular o reprime al movimiento trumpista e instaura una dictadura que tampoco puede sostener a largo plazo. Los enfrentamientos que esperan en 2021 definirán la existencia de Estados Unidos.

martes, 29 de diciembre de 2020

Biden prepara un gobierno de delincuentes

 

Apología del crimen de Estado

Eduardo J. Vior

La designación de April Haines como futura Directora Nacional de Inteligencia de EE.UU. confirma la voluntad de Joe Biden de retomar las torturas y asesinatos de Bush y Obama.

Por Eduardo J. Vior
Infobaires24
29 de diciembre de 2020

Joe Biden insiste en afirmar ante quien quiera oírlo que su gobierno no será un Obama 3.0. Sin embargo, al menos los nombramientos que viene anunciando para las áreas de política exterior, defensa, inteligencia y seguridad indican que será peor, ya que potencia lo peor de Clinton, Bush y Obama juntos. Puede especularse que el futuro presidente quiera encaminar su gobierno rodeado de profesionales altamente cualificados y experimentados, pero al hacerlo está entregando a priori las riendas del poder. Todos los cuadros seleccionados son figuras descollantes dentro del poder imperial, tienen juego propio y ninguno de ellos se va a limitar a sostener la mano del anciano en el Salón Oval esperando hasta que Kamala Harris lo remplace. La escogida para conducir el aparato de inteligencia es un ejemplo.

La semana pasada el presidente electo confirmó que nombrará a Avril Haines (New York, 1969) como Directora de Inteligencia Nacional. Nacida y educada en un medio laico judeocristiano (su madre, quien murió joven, era judía), hasta sus 30 años recorrió la escena liberal de la intelectualidad norteamericana. Estudió Física en Chicago, tuvo junto con su marido una librería erótica en Baltimore y se doctoró en Derecho Internacional en Georgetown en 1999. Evidentemente, su pasaje por esa universidad tan cercana al poder de Washington dio frutos, ya que en 2001 se convirtió en asesora legal delegada en la Conferencia de La Haya sobre Derecho Internacional Privado, en 2002 comenzó a trabajar en un tribunal federal con jurisdicción sobre Kentucky y Michigan y en 2003, finalmente, comenzó su carrera en el gobierno federal, en la Oficina de Asesoramiento Legal del Departamento de Estado, donde permaneció hasta 2006. Siempre leal a sus cambiantes jefes, en 2007 y 2008 Haines se desempeñó en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado como Consejera Adjunta por la mayoría (demócrata) bajo la dirección del senador Joe Biden.

Luego volvió al Departamento de Estado, donde sirvió entre 2008 y 2010, surfeando sin problemas la transición entre los gobiernos de Bush y Obama. En 2010 dio el salto a la Casa Blanca, para trabajar como asesora adjunta del Presidente para asuntos de Seguridad Nacional. Como premio a su profesionalidad, luego de algún titubeo, en junio de 2013 Obama la designó como Subdirectora de la CIA. Fueron muy sonados su ocultamiento entonces del informe sobre las torturas realizadas por la CIA entre 2002 y 2009 en distintos centros de detención clandestinos esparcidos por el mundo y su participación como asesora legal en el programa de asesinato selectivo de sospechosos de terrorismo que el gobierno de Obama llevó a cabo con drones en distintos países de Oriente Medio y África Oriental. Se estima que unas 11.000 personas fueron asesinadas ilegalmente en esos años por orden directa del Presidente y bajo su supervisión.


April Danica Haines, futura Directora Nacional de Inteligencia 

Después de dejar el gobierno en enero de 2017, Haines tuvo un contrato en la Universidad de Columbia como miembro del Instituto de Derechos Humanos, mientras trabajaba para Palantir Technologies, una empresa de Denver (Colorado) especializada en el análisis de grandes bancos de datos y que fuera acusada de asistir al gobierno de Donald Trump con programas para la detención de inmigrantes. Al mismo tiempo no tuvo empacho en trabajar para WestExec Advisors, la empresa de software fundada por el futuro Secretario de Estado Antony Blinken y Michèle Flournoy, para asesorar a empresas que buscan contactos con el Pentágono. Con estos antecedentes Haines reúne todos los requisitos para dirigir a los espías: capacidad técnica, contricción al trabajo, oportunismo, inescrupulosidad y cinismo. Altamente respetada por estas cualidades y su experiencia gubernamental, Haines va a ser la primera Directora Nacional de Inteligencia.

No obstante, se espera que durante el proceso de confirmación en el Senado sea cuestionada por su participación en el programa de asesinatos con drones y en el ocultamiento del informe sobre el programa de torturas clandestinas de la CIA. Estos antecedentes han suscitado acerbas críticas de la izquierda demócrata y de organismos defensores de los derechos humanos contra la nominación de Haines, aunque, por ejemplo, Human Rights Watch resalta su “franqueza” y “transparencia”.

Como Directora Nacional de Inteligencia deberá coordinar el trabajo de los 16 servicios del país. Consecuentemente con la estrategia general demócrata, se espera que ponga el acento en el cerco, aislamiento y boicot contra Rusia, a quien ve como el enemigo principal. Es posible también que intensifique las campañas de desestabilización contra China, así como el ciberespionaje para contrarrestar el ascenso del país asiático. Retornando a las prácticas del gobierno de Obama, seguramente se inmiscuirá en los asuntos internos de sus aliados, suscitará alzamientos contra gobiernos desafectos y acumulará el máximo pensable de datos sobre toda la humanidad, para luego comercializarlos o usarlos en conflictos, según pinte la ocasión.

Avril Haines es una eficiente, experimentada, ambiciosa y ciega servidora del peor poder norteamericano. Con ella a cargo del aparato de espionaje, Biden confía en poder dormir tranquilo delegando las principales decisiones exteriores, sin atisbar que está llamando a una guerra entre caciques. Todas las figuras que el futuro presidente y sus asesores están nominando para dirigir la política exterior, las fuerzas armadas, la inteligencia y la seguridad del país rezuman las mismas cualidades y todos ambicionan más poder. Cada uno es más aventurero que el otro. Evidentemente, el “Estado profundo” ha decidido que, repitiendo las fórmulas fracasadas en los 1990, los 2000 y los 2010, se puede alcanzar el éxito que se esfumó entonces. No parece entender que el mundo ha cambiado, que los adversarios también juegan, son mucho más poderosos y no están más dispuestos a dejar impunes los crímenes cometidos en nombre de la libertad. El entronizamiento de esta banda de criminales es un búmerang que va a retornar sobre el corazón de Washington. Quien siembra vientos, cosecha tormentas.

lunes, 14 de diciembre de 2020

La corte corona hoy al rey pro tempore de EE.UU.

 

En el reino del revés

No el pueblo, sino 538 electores eligen este lunes 14 al 46º presidente de EE.UU., en un país donde hay demócratas que rechazan el voto popular directo y algunos republicanos son pacifistas

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
14 de diciembre de 2020

Eduardo J. Vior

Durante más de un siglo y medio el sistema político norteamericano ha contradicho muchas reglas de la democracia, pero esta anomalía se ha hecho insostenible para sus propios sostenedores. Este lunes 14 se reúnen en sus respectivos estados los 538 miembros del Colegio Electoral de los Estados Unidos para elegir al 46º presidente del país. En 48 de los 50 estados el ganador se lleva todo (o sea que se desconsideran los votos del segundo) y en 17 de los 50 los electores pueden votar a quien quieran. Los defensores del sistema argumentan que así se defienden los derechos de los estados menos poblados. Sin embargo, en cinco ocasiones (1824, 1876, 1888, 2000 y 2016) el voto electoral contradijo el popular y la fractura ideológica que recorre la nación hace que muchos derechistas aboguen por el voto popular directo. La misma inversión de los alineamientos tradicionales se manifiesta en la discusión sobre la ley de Defensa. La presidencia Biden-Harris será un tiempo de batalla.

Durante las últimas cinco semanas el presidente Donald Trump y sus leales dentro del Partido Republicano han cuestionado los resultados en algunos estados oscilantes en los cuales denunciaron distintas formas de fraude. En todos los casos los tribunales rechazaron las demandas. La última derrota la sufrieron el pasado viernes, cuando la propia Corte Suprema desestimó la demanda de Texas contra Michigan por graves infracciones durante el escrutinio.

Entre las muchas peculiaridades del sistema hay que contar que hoy los electores sólo se reúnen en las respectivas capitales estaduales, en diversos tipos de locales y a diferentes horas. Se supone que se hace así, para evitar que una multitud los presione, pero de este modo la posibilidad de manipulación se multiplica por 50.

A diferencia del 3 de noviembre, cuando en la mayoría de los estados se votó electrónicamente, este lunes se sufraga en papel. Las legislaciones de 33 estados y del Distrito de Columbia (ciudad de Washington) obligan a los electores a optar por quien obtuvo la mayoría del voto popular en su distrito, pero los restantes 17 les dan libertad de elección.

Los electores fueron escogidos según listas presentadas por los partidos. En general, se trata de activistas, funcionarios estaduales y locales, donadores y personas estrechamente vinculadas a los candidatos. La única restricción es que no sean funcionarios federales. En general, los electoers son leales al mandato recibido de sus votantes.

Finalmente, el 6 de enero corresponderá al Congreso hacer el recuento final de los votos electorales. El vicepresidente Mike Pence deberá entonces abrir los sobres en orden alfabético según el nombre del estado y presentarlos a los cuatro relatores (dos por el Senado y dos por la Cámara) que harán el conteo a viva voz. Cuando éste finalice, el vicepresidente proclamará al vencedor. Recién entonces la elección estará oficialmente terminada y el triunfador prestará su juramento al mediodía del 20 de enero. 

Muchos detractores del sistema esperan que ésta sea la última vez en la que el Colegio Electoral se arrogue la facultad de elegir al presidente. El llamado Pacto Interestatal en pro del Voto Popular Nacional (NPVIC, por su sigla en inglés) está movilizando activamente, para que en la mayor cantidad posible de estados las legislaturas mocionen la transición hacia el voto directo y lo propongan al Congreso de la Unión. El movimiento se está concentrando actualmente en nueve estados en los que espera persuadir a las legislaturas. En casi todos ha obtenido la aprobación de una de las cámaras, pero le falta la otra.

En general, en años recientes el voto indirecto ha beneficiado a candidatos republicanos (George W. Bush en 2000 y Donald Trump en 2016), pero pequeños estados del interior con gobiernos demócratas tampoco quieren abandonar el sistema, porque les da un peso en las campañas electorales nacionales muy por encima de su importancia poblacional o económica.

La unificación del sistema electoral a nivel nacional, su trazabilidad mediante la combinación de voto electrónico y boleta en papel y el voto popular directo democratizarían sustancialmente la política estadounidense, promoverían a nuevos líderes y disminuirían el peso de los aportes financieros en las campañas. Sin embargo, esta propuesta es demasiado democrática para la elite y va a enfrentar serias resistencias.

El mismo sistema de frenos y restricciones opera en la política de Defensa Nacional. Cuando el viernes pasado el Senado aprobó por 84 votos contra 13 la Ley de Presupuesto para la Defensa, se hizo evidente la fractura del Partido Republicano entre trumpistas y partidarios del establishment. Quienes se ven con chances de candidatearse en 2024, si el actual presidente no repite su intento, tienen en vista el liderazgo de éste y no se apartan ni un centímetro de su línea.

 

Josh Hawley, Tom Cotton, Ted Cruz y Rand Paul: halcones trasmutados en palomas
Josh Hawley, Tom Cotton, Ted Cruz y Rand Paul: halcones trasmutados en palomas

Paradójicamente, esta lealtad ha llevado a conocidas figuras reaccionarias a contradecir posiciones que sostuvieron durante años. Resulta extraño ver a senadores tan conservadores como Josh Hawley (Montana), Tom Cotton (Arkansas), Ted Cruz (Texas) y Rand Paul (Kentucky) defendiendo el derecho del presidente a retirar las tropas de Afganistán sin necesidad de autorización parlamentaria o criticando el derecho de las empresas de comunicación a decidir por sí solas sobre los contenidos que pueden circular por sus redes.

El Senado aprobó el viernes la ley para el financiamiento de la Defensa y la envió al poder ejecutivo, tal como ha hecho en los últimos 59 años, pero esta vez es muy probable que el presidente la vete. Aunque la mayoría que la aprobó es suficiente para rechazar un veto presidencial, el episodio va a servir al mandatario para subrayar ante sus 71 millones de votantes su firmeza de convicciones y a los potenciales candidatos del futuro para ponerse a su sombra.

Como consecuencia de sus denuncias contra la censura sobre sus tuits durante la campaña electoral, el presidente y sus seguidores reclaman la abrogación del artículo 230 de la Ley de Decencia en la Comunicación, de 1996, que concedió a las plataformas de Internet el exclusivo derecho a determinar los contenidos que pueden circular por sus redes.

Por otra parte, piden también que se quite de la ley de Defensa una enmienda incluida por la senadora demócrata Elizabeth Warren (Massachusetts) que obliga a retirar de cuarteles y unidades militares todo símbolo que recuerde a la Confederación (1861-65). El reclamo conservador es un gesto demagógico hacia sus seguidores en el sur del país, pero no menos relevante de cara a la elección de 2024.

En el reino del revés hay conservadores que abogan por el voto popular directo, el retiro de las tropas de Afganistán y la limitación del monopolio de las corporaciones sobre los contenidos en Internet. La elección del 3 de noviembre aún no ha terminado y ya comenzó la campaña para 2024. ¿Podrán por el camino aparecer posiciones más coherentes o seguiremos teniendo que escudriñar en la niebla?

miércoles, 2 de diciembre de 2020

La elección brasileña de 2022 se dirimirá en el Ejército

 

El triunfo militar aumenta la inestabilidad de Brasil

La concentración y dispersión de la mayoría de los votos en un “Gran Centro” amorfo y oportunista deja la política brasileña a merced de las luchas facciosas dentro del Ejército

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
2 de diciembre de 2020

Eduardo J. Vior

El pasado domingo 29 de noviembre se realizó la segunda vuelta de las elecciones municipales en Brasil. Los votantes de 57 ciudades de más de 200.000 habitantes, en las que en el primer turno, quince días antes, ningún candidato a intendente (prefeito) hubiera alcanzado más del 50% de los sufragios, debieron concurrir a sufragar entre los dos candidatos mejor posicionados. Los medios concentrados, la Bolsa de São Paulo y un sector del gobierno y de las Fuerzas Armadas, conservador, pero distante del presidente Jair Bolsonaro y su ministro de Economía, Paulo Guedes, festejaron el crecimiento de los partidos del Centrão (el gran centro político), una amalgama de unas diez fuerzas pequeñas, conservadoras, oportunistas y corruptas, pero alejadas del extremismo del presidente y sus acólitos. Obviamente, también celebran la mala performance del centroizquierda y de la izquierda en general, especialmente la del PT.

Todo salió de acuerdo a la estrategia del Alto Mando militar: en 2014 impulsaron el impeachment que en 2016 llevó a la deposición de Dilma Rousseff, en 2017 al juicio contra Lula, en 2018 a su detención y a la elección de Jaír Bolsonaro, en 2019 desmontaron el Lava Jato y desplazaron a Sergio Moro (su promotor principal), también durante ese mismo año intervinieron las comunicaciones del país y siempre agitaron las “carpetas” que podrían destruir cualquier carrera política. De ese modo obtuvieron el total disciplinamiento de la elite política y empresaria.

Las consecuencias están a la vista, ya que nadie tiene alternativas al poder omnímodo de esta nueva dictadura militar con disfraz civil. Sin embargo, el secreto del futuro está en el detalle del presente.

Si sólo se comparan los votos obtenidos con los de 2016, el Partido de la Social Democracia Brasileira (PSDB), del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, fue el gran perdedor y, sin embargo, su candidato Bruno Covas ganó en la ciudad de São Paulo. También el presidente Bolsonaro perdió votos, pero los partidos que probablemente le den apoyo en 2022 (REP, avante, Podemos, PSC, etc) aumentaron su caudal.

El tradicional MDB (la oposición consentida de la época de la dictadura, hoy un partido “fisiológico”) y el PSDB fueron quienes más votos trasvasaron hacia el “centro bolsonarista”. No obstante, mantuvieron el control de capitales importantes, como la mencionada São Paulo y también Porto Alegre. El partido Demócratas (DEM, supervivencia del oficialismo dictatorial), creció mucho y será clave para definir la candidatura presidencial conservadora. En él se destacan el bahiano Antonio Carlos Magalhães y el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia.

En el centroizquierda el Partido Socialista Brasileiro (PSB) perdió muchos municipios, pero mantuvo Recife y ganó en Maceió (capital de Alagoas). El Partido Democrático Laborista (PDT, fundado por Leonel Brizola) también cayó un poco, pero conservó Fortaleza (capital de Ceará) y conquistó Aracajú (capital de Sergipe). Ambos partidos preservaron sus bases electorales, pero siguen confinados en el nordeste.

En la izquierda, en tanto, el PT perdió 71 intendencias, pero creció en las grandes ciudades y en la cantidad de población que gobierna. Entre tanto, el Partido Comunista do Brasil (PCdoB) perdió muchas intendencias y no consiguió ninguna victoria relevante, ni siquiera en el estado de Maranhão, donde su líder Flávio Dino es el gobernador. Tanto este partido como la Rede, de Marina Silva (ex ministra de Medio Ambiente en el primer gobierno de Lula) corre el riesgo de no superar en 2022 la barrera del 5% y perder presencia parlamentaria y televisiva. También el Partido Socialismo e Liberdade (PSOL), que en la reciente elección paulista tuvo una excelente performance con Guilherme Boulos, corre ese riesgo.

Salvo que se produzca una hecatombe económica, Bolsonaro será candidato a un segundo mandato con el apoyo de un «Gran Centro» remozado. João Dória (PSDB), gobernador de São Paulo, estará en la fórmula de la derecha tradicional. El PT también va a presentar candidato, quizás junto con el PSOL y el PCdoB. Está asimismo cantado que Ciro Gomes (PDT) será el candidato de la coalición entre el PDT y el PSB. Sin embargo, si las fuerzas de izquierda y centroizquierda no se unen, el triunfo del bolsonarismo será muy probable y varias de ellas quedarán fuera de juego.

Más allá del tablero electoral, la izquierda debe preocuparse por la manipulación de las campañas. ¿Hubo fraude, como denunció el presidente? No es imposible, habida cuenta de que Brasil tiene un sistema de voto electrónico sin respaldo en papel, con un software comprobadamente vulnerable y que el general Augusto Heleno, desde el Gabinete de Seguridad Institucional de la Presidencia, monitorea todas las comunicaciones. Pero las intensas fake news, las milicias ultraderechistas, la prédica de las iglesias pentecostales y la compra de votos también inciden contra las izquierdas.

Significativamente, este trasvase de votos beneficia a toda la derecha. Nadie gana demasiado, pero todos cosechan un poco del ataque permanente contra las izquierdas. El Alto Mando está perfeccionando así la ingeniería política que experimentó bajo la dictadura. En vez de dos partidos, como entonces, ahora ha aparecido un sinfín de lemas, de modo que ninguno se torne demasiado fuerte y todos deban coaligarse, para obtener sus minutos de televisión y poder negociar cargos más ventajosamente.

Sin embargo, el poder omnímodo que el Ejército de Brasil ha alcanzado puede volvérsele en contra. Mientras que el general Heleno y otros altos oficiales bajo las órdenes de la embajada norteamericana han colaborado activamente con el desguace del Estado y la entrega de la soberanía, numerosos cuadros, entre ellos el vicepresidente, general Hamilton Mourão, y el jefe de la Casa Civil, general Walter Braga Netto, resisten el desmonte de algunas empresas estatales estratégicas y, especialmente, de las industrias militares y se oponen a la política extremadamente neoliberal del ministro de Economía Paulo Guedes.

No es previsible que en el corto plazo sectores de la oficialidad busquen la alianza con fuerzas de izquierda, nacionalistas o de centroizquierda. Sin embargo, sus arremetidas contra el titular de Economía cuentan con el beneplácito de grandes sectores empresarios y de las corporaciones ruralistas que, para salir de la crisis, necesitan expandir los negocios con China y con Argentina. Así puede surgir una alianza militar-conservadora-empresaria que dé un vuelco a la política económica. Como no tiene alternativas para la Presidencia, en esa eventualidad se dislocaría el poder político y se abriría un ciclo de inestabilidad y crisis que habilitaría la irrupción de nuevos actores. Hoy el partido se juega en los casinos militares, pero pronto puede desbordar. Brasil es más impredecible que nunca en los últimos cincuenta años y está abierto a desarrollos muy caóticos que van a sorprender a propios y extraños.

martes, 24 de noviembre de 2020

Vuelve el Imperio, vuelve la guerra

 

El retorno de los zombis

Eduardo J. Vior

Los integrantes del equipo de política exterior que Joe Biden presentó ayer son veteranos del “Estado profundo” diplomático y de inteligencia que gobierna a EE.UU. desde 1945

por Eduardo J. Vior
Infobaires24
24 de noviembre de 2020

Nadie sabe aún quién ganó la elección presidencial norteamericana del 3 de noviembre, pero los medios, Wall Street y la comunidad de inteligencia ya han proclamado al candidato demócrata como nuevo mandatario de Estados Unidos y se han apresurado a designar en el gobierno a su propia gente. Los nombramientos para el área de política exterior y seguridad que el elegido de los poderosos anunció este lunes 23 ratifican la vuelta de las estrategias imperiales aplicadas entre 1993 y 2017. Sin embargo, en estos últimos cuatro años el mundo ha cambiado mucho y la esperanza de que, utilizando los mismos ingredientes de entonces se alcancen los mismos resultados, pronto se va a chocar con la realidad.

La ronda de nombres presentados ayer por Joe Biden incluye a Anthony Blinken como secretario de Estado, a Alejandro Mayorkas para la Secretaría de Seguridad Interior, a Avril Haines como Directora de Inteligencia Nacional y a Linda Thomas-Greenfield para representar al país ante las Naciones Unidas.

Anthony Blinken en Corea del Sur en 2016

Blinken, de 58 años, fue subsecretario de Estado y subasesor presidencial de Seguridad Nacional durante las presidencias de Obama (2009-17). En Washington se lo ve como “uno de los nuestros”, de buenos modales, conocedor de cada resquicio del gobierno y el Congreso y con buen trato con demócratas y republicanos, lo que seguramente le aliviará la confirmación por el Senado. Al mismo tiempo se espera que sirva también de mediador hacia los sectores progresistas y los incluya en la agenda diplomática de los próximos cuatro años.

Blinken hizo la escuela media en París, estudió Derecho en Harvard y, ya graduado, también trabajó como periodista. Durante el gobierno de Bill Clinton (1993-2001) fue funcionario del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por su sigla en inglés) y durante seis años jefe de los asesores de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado que presidía Joe Biden. Durante la presidencia de Obama, en tanto, Blinken fue subasesor de Seguridad Nacional y subsecretario de Estado. 

Avril Haines, en tanto, sirvió como subdirectora de la CIA y principal subasesora de Seguridad Nacional bajo Obama. De ser confirmada, se convertiría en la primera Directora Nacional de Inteligencia de EE.UU.

Alejandro Mayorkas, por su parte, es un cubano-estadounidense de 61 años de edad, con una larga experiencia como abogado y lobista para grupos latinos. Entre 2013 y 2016 fue subdirector de Seguridad Interior. Durante el segundo gobierno de Obama fue asimismo responsable por el programa para la acogida (controlada) de niños inmigrantes (DACA, por su sigla en inglés).

Greenfield, a su vez, es una diplomática afronorteamericana con una carrera de 30 años en el servicio exterior, hasta que se retiró en 2017.

Como  secretario de Estado, a Blinken le cabrá el endurecimiento del trato con países y regímenes con los cuales Donald Trump fue especialmente cuidadoso, como Turquía, Corea del Norte y Rusia, entre otros. Sin embargo, sus mayores desafíos los hallará en el trato con China e Irán. Es de esperar que el eventual gobierno demócrata combine severas críticas a las políticas de derechos, trato de minorías, soberanía territorial e independencia tecnológica de Beijing, tratando al mismo tiempo de negociar acuerdos comerciales, cooperar en la lucha contra la pandemia y en el cuidado del medio ambiente. Una verdadera cuadratura del círculo. 

Respecto a Irán, en tanto, es probable que Blinken busque imponerle condiciones, para poder justificar el regreso norteamericano al acuerdo nuclear de 2015 sin perder prestigio. De su éxito en la maniobra depende que pueda frenar el impulso belicista de la coalición israelo-saudita-emiratí-bajreinita para atacar al vecino persa. Sin embargo, desde que Washington se retiró del acuerdo en 2017, Teherán siguió enriqueciendo uranio y desplegando sus cohetes antiaéreos, por lo que es dudoso que quiera retroceder al estadio de 2015, aunque necesita el levantamiento de las sanciones y el bloqueo.

Joe Biden comenzó su carrera senatorial en 1972, en plena Guerra Fría, y continuó ininterrumpidamente hasta 2009, cuando fue electo vicepresidente, para acompañar a Barack Obama. Durante gran parte de su trayectoria participó en y/o presidió la Comisión de Relaciones Exteriores, por lo que tiene una sólida formación en el área, conoce a numerosos diplomáticos, militares y espías, así como a representantes y funcionarios extranjeros. 

Su visión sobre las relaciones con Rusia y China está enteramente moldeada por el exsecretario de Estado (1969-74) Henry Kissinger quien, a sus 96 años, sigue asesorando al que lo quiera oír. Por ello fue que recientemente Biden definió a China como un “competidor estratégico”, pero señaló a Rusia como la mayor amenaza.

El “Estado profundo” busca separar a China de Rusia, para aislar a ésta y provocar el cambio de régimen, pero las circunstancias han cambiado mucho desde 2015. La iniciativa china del Nuevo Camino de la Seda y la Franja absorbió desde 2017 al Espacio Económico Euroasiático pergeñado por el Kremlin. La incorporación de Rusia a la Organización de Seguridad de Shanghai (SSO, por su sigla en inglés) y al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), además, ha creado sinergias tales que ninguna maniobra diplomática puede romper.

Por cierto, si Rusia entrara en crisis, China no se va a inmiscuir en sus asuntos internos, pero sabe que necesita una socia unida y fuerte, para poder extender su influencia sobre Asia Central y Occidental y llegar al Mediterráneo. Para la República Popular los próximos 15 años son esenciales en la marcha hacia la “sociedad socialista avanzada con rostro chino” y no puede permitirse un entorno inestable ni separarse de sus aliados.


Un agente de la policía china gesticula en Beijing, cerca de la Ciudad Prohibida, el 8 de noviembre de 2017, en ocasión de la visita de Donald Trump 

No solo que el Reino del Medio es la única gran potencia que termina 2020 creciendo y habiendo vencido a la pandemia, sino que las sanciones comerciales de Estados Unidos la han inducido a completar las cadenas productivas en sus desarrollos científico-tecnológicos de mayor avanzada.

La lógica de la política interna norteamericana se extiende a sus relaciones exteriores. Una elección dudosa, cuyo resultado es proclamado por los medios concentrados que, al mismo tiempo, marcan la agenda del próximo gobierno, repercute en el modo en que pretenden recuperar la iniciativa estratégica a nivel mundial. Partiendo de la apreciación realista de que los demócratas alcanzarán el gobierno por la fuerza más que por los votos, es previsible que a la vez intenten restablecer todos los acuerdos y tratados multilaterales que Trump interrumpió o abandonó, se comprometan en la expansión de la OTAN hacia el Este de Europa, en dar protección a sus aliados medioorientales contra supuestas agresiones iraníes, incrementar su presencia militar en el área indopacífica, tratar de obtener la neutralidad de China, mientras la atacan en Tibet y Xinjiang y recuperar la delantera tecnológica en los desarrollos de armas hipersónicas y radares que han perdido ante Rusia.

Quien mucho abarca, poco aprieta, dice el refrán. Como mientras tanto no cesará la resistencia de Donald Trump y sus 71 millones de seguidores, lo más probable es que el poder norteamericano se enrede en una maraña de conflictos mezclados y combinados que terminarán por maniatar su fuerza. El retorno de los muertos vivos hará que en los próximos cuatro años la todavía superpotencia sea muy agresiva. No hay que atacarla, sólo sentarse a esperar que caiga por su propio atolondramiento.