viernes, 8 de enero de 2016

El liderazgo protector vence al neoliberalismo

Con 44 años, suma fans en la política y las redes sociales

Canadá y el fenómeno Justin

Por Veintitres

06.01.2016
  
Con 44 años, suma fans en la política y las redes sociales

Canadá y el fenómeno Justin
Por Eduardo J. Vior
A dos meses de haber asumido el gobierno de Canadá, el primer ministro, Justin Trudeau, sigue encantando a la mitad de su país y a muchos extranjeros, pero pronto deberá presentarse a examen, para verificar hasta qué punto su desenfadado estilo representa una alternativa real a su acartonado predecesor Stephen Harper (2007-15) y a sus vecinos estadounidenses.
El segundo primer ministro más joven de la historia canadiense (44 años) fue la gran sorpresa de las elecciones parlamentarias del 19 de octubre pasado. En tres años de liderazgo llevó a su partido al primer puesto electoral, movilizó a las urnas a tres millones de votantes más que en 2011 y atrajo de vuelta al electorado mayor. Además del cansancio social ante la rispidez de su antecesor, Trudeau expresa la postura multiétnica, tolerante, no intervencionista y cuidadosa del Estado liberal de bienestar de la mayoría de la población que habita la mitad oriental del país. Por el contrario, en la mitad oeste predominan los votantes masculinos, de mayor edad y rurales, que rechazan las intervenciones excesivas del Estado y defienden la minería y la explotación petrolera.
Desde que asumió, el 4 de noviembre pasado, Trudeau ha subrayado reiteradamente las diferencias de estilo entre él y Harper. Mientras que éste conducía férreamente a sus ministros, el nuevo premier lleva adelante un “gobierno de gabinete” y alienta que sus miembros debatan en público. Contra la timidez de Harper, Trudeau se sumerge en las multitudes y expone públicamente su vida privada. El fanatismo que ha despertado en las redes (sólo comparable con el que provocaron los Kennedy a principios de la década de 1960) le ha valido el apodo de “Trudeau 2.0”. Los medios sensacionalistas subrayan su “sex appeal”.
Sin embargo, la dura realidad ya lo está poniendo a prueba. El alto nivel de deuda pública y el bajo crecimiento económico hacen inviable su promesa electoral de gobernar con un “moderado” déficit anual y realizar reformas redistributivas. El compromiso de recibir hasta febrero a 25.000 refugiados sirios, en tanto, chocó con dificultades organizativas insalvables. La postura ética de su partido se vio asimismo cuestionada, cuando se supo que un recaudador de su campaña (inmediatamente separado) vendía cenas con el futuro ministro de Finanzas. 
La erosión de las clases medias y la sensación de que se cerró el camino del progreso indefinido son comunes a Canadá y EE.UU. y favorecieron a Stephen Harper, en el primero, en 2011, como ahora lo hacen con Donald Trump, en el segundo, pero Justin Trudeau supo capitalizarlas en 2015 en otro sentido convenciendo a los votantes de que su liderazgo tranquilo los cuidaría mejor que la dureza de su predecesor. Para ello amplió el horizonte de los valores representados en el gobierno, al incorporar a las minorías postergadas. 
No obstante, los resultados electorales han demostrado que el país está dividido en dos partes (Este y Oeste), sólo unidas por su modo civilizado de dirimir los conflictos y –según los analistas– Justin Trudeau deberá aprobar diez exámenes, si quiere superar este cisma.
Contra lo previsto, el déficit presupuestario anual se elevará a cerca de 15 mil millones de dólares norteamericanos, sin considerar aún las reformas propuestas. La caída de los precios mundiales de las commodities (Canadá es gran exportador de petróleo, gas, minerales y pescado) y el estancamiento de la economía internacional agravan las perspectivas.
Trudeau se comprometió también a retirar los bombarderos de Siria e Irak y a contribuir de otro modo a la lucha contra el Estado Islámico, pero aún no definió cómo hacerlo. 
Las dificultades organizativas hacen, asimismo, imposible acoger tantos refugiados sirios como prometió.
Para cumplir con el documento de la cumbre climática de París, el primer ministro convocó para marzo a una conferencia con los mandatarios provinciales en la que deberían acordar un plan de acción para reducir las emisiones de carbono, pero los distritos carboníferos del Oeste ya anunciaron su resistencia.
En cambio, la promesa de llegar a un trato igualitario entre el Estado canadiense y las naciones indígenas ya está en práctica mediante la preparación de un informe sobre la desaparición y asesinato de mujeres de dichos pueblos y acuerdos para satisfacer sus necesidades de vivienda, educación, salud, infraestructura, niñez y seguridad local. 
En febrero de 2014, la Corte Suprema de Canadá había derogado la prohibición a los médicos para asistir la muerte consentida de pacientes terminales y había dado al gobierno un año para que promulgara la ley correspondiente que el nuevo gabinete ha prometido presentar el mes próximo.
El Senado Federal, en tanto, es una cámara cuyos miembros hasta ahora se designaban por acuerdo entre los partidos, lo que llevó a numerosas irregularidades y a casos de corrupción. Para subsanarlo, Trudeau ha prometido elaborar una lista de personalidades independientes que se someterán a audiencia pública antes de su designación por el Parlamento, a pesar de las críticas opositoras.
El primer ministro prometió asimismo reformar el sistema electoral de cuño británico en el que “el primero se lleva todo” y los votos de las minorías se pierden. Para ello prevé formar una comisión multipartidaria, aunque ya se lo acusa de buscar sacar ventajas.
El plan para legalizar y regular el consumo de marihuana, a su vez, requiere negociaciones que ya deberían estar comenzando, si se pretenden cumplir los plazos previstos.
Finalmente, la reforma de la legislación antiterrorista del gobierno conservador, para controlar mejor a los servicios de seguridad y proteger los derechos de los habitantes, lo obligará a una dura negociación y a afrontar campañas sensacionalistas en los medios.
El estilo de liderazgo de Justin Trudeau no ha resuelto todavía ningún problema de fondo, pero ha ampliado la base del gobierno. Canadá está social y étnicamente dividido, pero el culto de la diversidad es una marca nacional de exportación que puede aprobar los exámenes más rigurosos. 
Una agenda polémica 
  • Legalización del uso de marihuana 
  • Reforma del Senado 
  • Retiro bélico de Siria e Irak 
  • Reducción de emisiones de carbono
  • Trato igualitario a naciones indígenas 

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Eduardo J. Vior